HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

jueves, 29 de enero de 2009

El lobo de Joseph Smith

Esta fábula ha sido publicada en España el 16 de enero. Fue uno de los tres libros más importantes de la feria de Fráncfort 2007 y a su vez ha sido comparado con La carretera de Cormac McCarthy y El oso de William Faulkner.

El escritor Joseph Smith es un filósofo de 29 años que da clases de piano a los hijos de sus vecinos y que ha visto cómo, en apenas un año, esta breve fábula se ha publicado en una decena de idiomas. Con gran impacto en las ferias de Londres y de Fráncfort del año 2007, Smith ha presentado esta obra, publicada por Mondadori, en la que ofrece una reflexión sobre el animal, el hombre y la naturaleza. Este joven escritor ha conseguido una historia breve pero de una gran intensidad. La fábula rezuma espiritualidad y salvajismo en aras de la supervivencia. Nos expresa el lenguaje de los animales a través del significado de las imágenes que sus cuerpos y sus ojos proyectan. Pone todo su talento en captar dichas percepciones y sutilezas. Dentro de esta aventura viviremos pasajes que nos someterán a juicios filosóficos ineludibles. La caza depredadora. La granja del peligro. El zorro y su astuto secreto. La laguna nauseabunda. El cisne y la libertad. El silencio compasivo. La muerte de los débiles.

En un paisaje invernal e inhóspito, la voz de un lobo hambriento irrumpe en nuestra mente. Es un depredador feroz y través de sus ojos sabrás cómo se siente la nieve entre sus patas, la textura de la carne entre sus dientes y el sabor de la sangre en su boca. La dureza del invierno empieza a ser un desafío a su supremacía y a su entendimiento de sí mismo. Y cuando el lobo se encuentra con un depredador tan hambriento como él, un competidor al cual debería matar, lo duda... y se embarca en un viaje extraño que le demuestra que, antes de poder enfrentar su propia mortalidad, debe enfrentar su propia naturaleza. El lobo es una novela singular que embarca al lector en una travesía inolvidable por un paisaje desolador y lo obliga a ver el mundo a través de los ojos de un cazador, con todo su salvajismo, terror y magia.

Compadezco a todos los débiles! A todos los que por tendencia, defecto o fuerza mayor tienen que correr por la tierra despavoridos ante sus propias carencias mientras yo existo, más fuerte y veloz, más rápido de mente, y para saciar el hambre debo lanzarme desde las sombras tras ellos con ojos ardientes y ser su asesino. (...) Ahora yo también soy demasiado débil, como ellos. Las heridas me han rebajado a errar entre ellos con miedo a la muerte y el sufrimiento y, si antes conocía la lástima, ahora que estoy débil, la siento."

Tras devorar con impaciencia e intriga las letras de esta intensa fábula me queda disfrutar de la moraleja que subyace a tan trascendente relato. Este lobo sin nombre ha llegado para despertarnos de nuevo a la vida, aunque el autor manifieste que su intención fue únicamente entretenernos como lectores. Desde Huracanes en papel alzo mi voz para expresar que en esta fábula hay mucho más que un simple pasatiempo literario. Joseph Smith demuestra ser un experto en percepción y conocimiento, un urbanita londinense capaz de rescatar y mostrar la furia vital que anida en nuestra primigenia naturaleza. Una furia que en su caso delata su ímpetu lobezno por adentrase con valentía en el Bosque de la Literatura. Esperaré su próxima literatura con especial interés.

En Inglaterra, Amis, McEwan y Banville ya tienen a un prosélito que les sigue la pista. Disfruten de los neófitos. Aullarán de placer.

Fuente de foto: "Metarretrato".- Tránsito®

miércoles, 28 de enero de 2009

Bartleby y compañía de Enrique Vila-Matas

Este libro habla de los que dejan de escribir (Arthur Rimbaud, Juan Rulfo, Monterroso, Arthur Cravan , Hart Crane, Robert Walser, Felipe Alfau, Sócrates, Wittgenstein, Valéry Larbaud, J. Rodolfo Wilcock, Pepín Bello, Bobi Bazlen, Clément Cadou, Pedro Garfias, Maria Lima Mendes, Ferrer Lerín, Josep Joubert, Marcel Duchamp, Jacques Vaché, Chamfort, Thomas De Quincey, Jordi Llovet, Edmundo de Bettencourt, Carlos Díaz Dufoo, Salinger, Enrique Banchs, Barón de Teive, Hofmannsthal, John Keats, Marcel Schwob, J.V. Foix, Henry Roth, Juan Ramón Jimenez y un largo e interesante etcétera.) e indaga en los motivos de cada uno para preferir no hacerlo.

En relación al Síndrome de Bartleby hay dos obras referenciales: Bartleby, el escribiente de Herman Melville y Wakefield de Nathaniel Hawthorne. En ellas emerge la literatura del No, el laberinto de la negación, la pulsión negativa que paraliza las mejores mentes, exploradores que avanzan hacia el vacío.

Todos conocemos a los Bartlebys, son esos seres en los que habita una profunda negación del mundo. Toman su nombre del escribiente Bartleby, ese oficinista de un relato de Herman Melville que, cuando se le encargaba un trabajo o se le pedía que contara algo sobre su vida, respondía siempre, indefectiblemente diciendo: - Preferiría no hacerlo. En Bartleby y compañía se habla del mal endémico de las letras contemporáneas, de la pulsión negativa o atracción por la nada. El narrador del libro, que está escribiendo un diario que al mismo tiempo es un cuaderno de notas a pie de página que comentan un texto invisible, demuestra su amplia solvencia como rastreador de bartlebys al pasear por el Laberinto del No, por los caminos de la que considera la más perturbadora y atractiva tendencia de las literaturas contemporáneas, tendencia en la que ve el único camino que queda abierto a la auténtica creación literaria, pues para él sólo de la pulsión negativa, del rechazo, sólo del Laberinto lúcido del No puede surgir la escritura por venir.

Esta obra magistral persigue la no-literatura como la esencia de lo que quiere y quisiera apasionadamente descubrir. Quien afirme a la literatura en sí misma, no afirma nada. Quien la busca, sólo busca lo que se escapa, quien la encuentra, sólo encuentra lo que está aquí o, cosa peor, más allá de la literatura. Cuando se acaban las palabras, finaliza también el mundo conocido, y puede que por este motivo Franz Kafka le dijera a Gustav Janouch en alguna de sus conversaciones que "un escritor que no escribe es un monstruo que invita a la locura".

Hubo un tiempo en el que el malestar de la cultura se presentó bajo lagunas de formas extremas como la negación, la renuncia o el mutismo. La forma extrema por excelencia fue la que llegó con la Segunda Guerra Mundial, cuando el lenguaje quedó encima mutilado y Paul Celan sólo pudo excavar en una herida iletrada en tiempo de silencio y destrucción:

Si viniera,
si viniera un hombre
si viniera un hombre al mundo, hoy, con
la barba de luz de los
patriarcas: sólo podría,
si hablara de este
tiempo, sólo
podría balbucir, balbucir
siempre siempre
sólo sólo.

jueves, 22 de enero de 2009

Árbol de humo de Denis Johnson

Tras un año de espera fue traducido y publicado en España por la interplanetaria Mondadori el National Book 2007. Se la considera la novela definitiva sobre la Guerra de Vietnam. En mi caso es la primera vez que leo sobre este turbulento y espinoso tema.

El escritor, Denis Johnson, nació en Munich, pero creció en Tokio, Manila y Washington. Apenas habla con los medios y vive recluido en Idaho con su familia. Desde la publicación de sus primeras obras fue comparado con Charles Bukowski y William S. Burroughs y se convirtió en un autor de culto en Estados Unidos. Ha recibido la beca Lanna Fellowship y el Whiting Writer's Award, entre otros. Entre sus obras traducidas se encuentran Hijo de Jesús (Debolsillo, 2003) y El nombre del mundo (Mondadori, 2003).

En su última novela hace un recorrido visceral por los extremos físicos, morales y espirituales de la Guerra de Vietnam, 1963-1970 . El periplo se inicia en la Bahía de Subic, en Isla Grande, con el joven marinero en prácticas William Houston, que se acerca con un rifle del calibre veintidós para ir practicando las artes de la caza. Allí ya ocurre un acontecimiento estremecedor.

Por otro lado, Skip Sands es un americano ingenuo y patriota convencido de su papel en la detención del avance del comunismo en Filipinas. Tras el asesinato de un sacerdote acusado de pasar armas a los comunistas, comienza a sospechar que la guerra que estaba ansioso por librar no es tan buena como creía. Su tío, el héroe de guerra conocido como «el Coronel», tiene grandes planes para derrotar a los comunistas: una ofensiva psicológica con armas atómicas y agentes dobles vietnamitas con el nombre en clave de «Árbol de Humo». En el último eslabón de la cadena de mando, los soldados voluntarios Bill y James Houston, procedentes de las clases rurales de Arizona, se enfrentan al horror y la brutalidad de las guerrillas, y de sus propios instintos. La amante ocasional de Skip y un subalterno del Coronel, obsesionado con la operación Árbol de Humo, son otros de los personajes de esta novela sobre la guerra, sobre todas las guerras, y sobre aquellos que han encontrado su propio corazón de las tinieblas. Árbol de Humo es una novela destinada a convertirse en una de las obras clásicas de la literatura engendradas por esa guerra trágica y asombrosamente familiar.

Adentrarse en estos territorios supone toparse con el napalm; la bomba de azufre blanco; la atmósfera de silencio; el campamento Eco instalado con sus generadores MASH mientras a la salida del sol la montaña regurgita humo negro como si fuera un volcán; con el ejército del norte; los morteros del Vietcong; el Purple Bar, una choza enorme, un antro donde merodean prostitutas de cara sombría, niñas abandonadas cuyas familias han fallecido y en donde nunca entra ninguna chica del lugar. Vietnam es asediada por los F-16 y los cazabombarderos F-5E, dejando tras de sí vidas que desaparecen ignotamente, bajo alfombras de fuego y humo, mientras sopla un viento pestilente de ilusión. Entretanto los helicopteros americanos ametrallan cualquier cosa que se mueve por los ríos y las patrullas de tierra queman aldeas sin sentido masacrando despiadadamente a sus nativos. La escena del hombre torturado en una de las aldeas es repugnantemente atroz. Es realmente escabrosa y sanguinaria. Denis Johnson intenta mostrarnos una mota de la suciedad humana que se respiró en tan descabellada guerra.

El misterioso tema de las grutas subterráneas escavadas por los nativos suscita una disposición a la lectura digna de un bestseller. Los vietnamitas cavaron los túneles con simples palas de mano, a veces, a una tasa de sólo uno o dos metros por día. La tierra se la llevaban en cestas y, para evitar ser descubiertos, la arrojaban en lugares muy distantes. Las entradas, rectángulos de cuarenta por treinta centímetros aproximadamente, se camuflaban con vegetación. Tan desapercibidos pasaban estos pasadizos subterráneos que los norteamericanos montaron una base sobre ellos, sin darse cuenta de que sus enemigos vivían debajo. Los vietnamitas salían por la noche y les robaban comida.

Como se puede comprobar en la novela, a finales de 1968 los norteamericanos descubrieron, al fin, una entrada. Aún así era muy difícil acabar con aquella fortaleza subterránea. Se intentó destruir los túneles con explosivos o quemando gas de acetileno. Pero la dureza de la tierra y la capacidad del los vietnamitas para reparar durante la noche lo destruido impedía que estos ataques norteamericanos tuvieran éxito. También se enviaron perros para localizar a los guerrilleros, pero las trampas colocadas en los túneles los mataban o mutilaban.

Otro de los elementos que refuerzan Árbol de humo son los personajes casuales que van apareciendo en la trama, como el Teniente Virgen , el Sargento Storm o Cadwallader. Con ellos se va completando el mosaico calidoscópico de esa realidad llamada Guerra de Vietnam, que junto a las descripciones que plasma el escritor sobre ciudades como Hanoi, Na Trahng o Saigón, más el incesante calor pegajoso del clima que transmite, y un sinfín de detalles acertados, ayudan a penetrar literariamente en uno de los países del Lejano Oriente más fascinantes y exóticos de los que forman toda indochina. El año pasado recorrí el país de norte a sur y leyendo esta novela he sentido recuperar algunas trizas de ese Vietnam cautivador y exultante. Disfruten cuanto puedan, se trata del Bukowski de nuestro siglo XXI.

Fuente de foto: Bahía de Halong. Vietnam.- Tránsito®