HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

jueves, 31 de diciembre de 2009

Lowboy de John Wray

Cierro este año convulso con la sexagésimo séptima lectura de una ruta repleta de múltiples literaturas huracanadas que me han permitido explorar nuevos estilos y temáticas sin dejar de vigilar a los sólidos y robustos clásicos. Y echo el cierre con un joven escritor neoyorkino afincado en el mismo distrito en el que vive Paul Auster o vivió Herman Melville, el barrio de Brooklyn.

En este caso John Wray publica su tercera novela y lo hace para tratar un tema complejo, la esquizofrenia y los trastornos paranoides. La historia te sumerge en su tensión de forma inmediata. Un joven de dieciseis años se escapa de Bellavista, un psiquiátrico en el que está internado en regimen completo, controlado a base de una ensalada de medicamentos: Lagactil, Clozapine, Zyprexa y Depakine. Al huir su madre se pone en contacto con la unidad de desaparecidos para que empiecen a buscarle y a partir de allí empezamos a conocer a los cinco personajes que completarán la obra en un escenario que destaca principalmente sobre los demás, el metro de Nueva York. Un nexo underground que nos recuerda al estilo contracultural del virtuoso Don Delillo en Submundo.

“No tienen ni idea de cómo funciona el Largactil, ni la Clozapine, ni ninguna de sus balas de plata. La esquizofrenia bien podría contraerse por ingerir azucar glas.”

Lowboy es el apodo que le pusieron las celadoras en Bellavista. Un lowboy es una cómoda baja, un objeto inútil que suele estar por casa, junto a los demás muebles. La novela nos permite profundizar en su historia, observar cómo interactua con los demás, percibir sus conflictos y mantenernos alerta por la manera que tiene de comunicarse con algunos personajes. En concreto con un señor que encuentra en un vagón de metro. Lowboy esconde una agresividad subyacente en su conducta, en sus contactos con el otro. Sufre delirios de persecución. Su mente ha creado a dos misterioros seres, Calavera y Esqueleto. Ambos aparecen y desaparecen dentro de las galerías del metro. Su miedo se manifiesta precisamente en el sitio más bonito del mundo para Lowboy. Union Square.

Durante la novela podremos leer las interesantes descripciones que hace de los vagones del metro. Comenta que son vehículos diseñados en base al miedo de ser atacado. Para empezar son impermeables,lo más cómodo para limpiarlo con una manguera en caso de derramamiento de sangre. Y están planteados para gente miedosa, nadie se sentaba de espaldas a nadie. Curioso.

En ciertos momentos Lowboy expone su extrañas teorías sobre diversos temas que no dejan de causar estupor. Uno de ellos el de las percas. Lowboy dice que las percas de los Grandes Lagos de Norteamerica se extingen. Dice que ya no hay crías porque las aguas contienen medicamentos. Al mear la gente los expulsa en el retrete y los retretes van al agua y ese agua es el que respiran los peces. Traminex, Zypresa y Depakine vertidos en los Gran Lagos. ¿Rocambolesco?

En fin. Una lectura muy interesante que complementa el conmoverdor caso de esquizofrenia de la hija del escritor Michael Greenberg, relatado en su primera novela llamada Hacia el amanecer y publicada también en este sugestivo año.

Bien. Aqui sello el cierre Blog 2009. Les deseo una potente entrada en el 2010 y que sus literarias visiones se cumplan hasta extremos hiperrealistas. Ha sido un placer compartir con ustedes el amor por la literatura. Yo me he empapado de ustedes y sé que ustedes han volado tal vez durante un minuto en este Alto Vacío dedicado a los Huracanes en papel. ¡Disfruten! El próximo año vienen cosas muy interesantes. Esto continua. La lectura es la fábrica de la imaginación que nos vuelve cada vez más libres. Hasta el año que viene, amantes de la Literatura de Altura.

domingo, 27 de diciembre de 2009

La náusea de Jean Paul Sartre


Su primera novela. Entró en el templo de la escritura y causó un verdadero estallido para la literatura. Sartre la terminó de escribir cuando contaba con 33 años, en 1936, y en ella arrojó todo su demiurgo filosófico y literario convirtiéndose en uno de los más importantes exponentes del existencialismo y el marxismo humanista. Su propuesta aún sigue vigente en nuestra literatura, si bien lo único que ha cambiado es la fragmentación de lo fenomenológico.

Estoy solo en esta calle blanca bordeada de jardines. Solo y libre. Pero esta libertad se parece un poco a la muerte.

La náusea de Sartre es deudora de la filosofía fenomenológica del Ser y tiempo de Heiddeger cargada de nihilismo, postmodernidad y post-capitalismo. Sartre siente una náusea que le posee, que le debilita, capturándole hacia el tedio, la melancolía y el desdén. Le fuerza a un estado meditabundo sobre la existencia evocada en los conceptos originales de Sören Kierkegaard. Padre-motor del existencialismo.

Mi pasado ha muerto.

El argumento va absorviéndote a cada renglón. Roquentin, el protagonista, inicia su diario un lunes, un lunes 29 de enero de 1932, y en él estampa sus impresiones cotidianas con una lenta morosidad que mucho tiene que ver con ese mundo absurdo y solitario en el que está inserto.

Doy unos pasos y me detengo. Saboreo el olvido total en que he caído. Estoy entre dos ciudades: una me ignora, la otra ya no me conoce. ¿Quién se acuerda de mí? Quizá una mujer joven y pesada en Londres... ¿Y acaso piensa en mí? Además está ese tipo, ese egipcio. Tal vez acaba de entrar en su cuarto, tal vez la ha tomado en sus brazos. No soy celoso; bien sé que ella sobrevive. Aunque me quisiera con toda el alma, sería un amor de muerta. Yo he tenido su último amor vivo. Pero con todo, él puede darle esto: placer.

La literatura de Sartre está totalmente engarzada con el estilo literario de Kafka y Queneau. Su protagonista vive en un mundo sin sentido, absurdo y sin fundamento. De repente pierde su vocación de historiador. Deja de interesarle el marqués de Rollebon. Sartre ve en la burguesía un velo de inteligibilidad para presenciar la existencia. Lo único que le calma es la carencia de explicaciones. Desea existir por existir. La escritura se convierte en su acto más coherente en sintonía con su ser. Aspira a crear una ficción, algo precioso y semilegendario: un libro.

Sartre quiso titular La náusea como un cuadro de Alberto Durero llamado Melancolía I. Gallimard le convenció con este otro. En este cuadro podemos ver en el centro a un ángel pensativo que se aferra al libro con su mano izquierda mientras con la derecha parece estar escribiendo lo que surge de su mundo interior. Concentrado en un problema que no puede resolver pero que tampoco puede desechar.


En la época de Durero se decía que los melancólicos eran malvados, avaros, mentirosos, olvidadizos, apáticos y con tendencia al estudio en soledad. El retrato del intelectual. La náusea es una declaración autobiográfica y escrita de forma narrativa, por consejo de Simone de Beauvoir, del propio deseo-necesidad de Jean-Paul Sartre de convertirse en escritor e intelectual aceptando todas sus consecuencias, incluso las desagradables. Esta obra, considerada como una de las cien joyas de la literatura, forzó a su autor a un tránsito irrevocable hacia una nueva vida dedicada al acto de la escritura, con la voluntad férrea que muestra el ángel en el centro del cuadro de Durero.

¿Soy yo quien ha cambiado? Si no soy yo, entonces es este cuarto, esta ciudad, esta naturaleza; hay que elegir. Creo que soy yo quien ha cambiado; es la solución más simple. También la más desagradable.

Sobre el final no quiero revelarles nada. Es impactante. Tan sólo decirles que se quedarán muy sorprendidos con lo que hace el personaje Autodidacto en la biblioteca. Les recomiendo que mientras finalizan de leer el Diario de Bouville, a partir del miércoles, escuchen todas las versiones que puedan del Some of these days, que nombra Ronquentin, el Raskolnikof de Sartre. Y eso es todo, amantes de la literatura de altura. Les confieso que nada más terminar de leerlo sentí ganas de escribir. Sentí unas irrefrenables ganas de inundar con pensamientos las aterradoras hojas en blanco que existen en mi imaginario existencialista. Algo me lo impide, no sé que es. Desconozco el motivo. De momento seguiré leyendo. Me apacigua y me libera, volar sobre letras que me roban la mirada. Ustedes me entienden.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Invisible de Paul Auster

La novela arranca con un inicial triángulo amoroso invisible. Muy invisible. El de Adam, Rudolf y Margot. Son personajes muy interesantes. Atraen nuestra atención pero en su interacción no convencen. Fallan las alianzas. Sin embargo los escenarios por los que se mueven poseen una literariedad muy visible y muy valiosa. Lo entenderán sobretodo cuando lleguen a la Isla del Diablo.

Me resultó muy interesante la relación que se crea entre Adam y Rudolf. Realmente es inverosímil, descabellada, sin embargo motiva durante la lectura intentar descubrir que le mueve a Rudolf plantearle la propuesta de una revista literaria que llevará al poeta francés Bertrand de Born como icono y estandarte de su proyecto.

Los signos de ambientación para evocar Nueva York con Riverside Park o el hotel de París son todo un acierto. La novela explota en intensidad cuando Adam y Rudolf son atracados en la calle por un negro con una pistola sin balas. Yo pensé inmediatamente que Rudolf había preparado todo el acontecimiento para hacerle a Adam una jugarreta con el dinero que le paga para empezar con el trabajo de edición de la revista. Pero no. Es una cosa muy rara. Cuando se metan en escena sentirán esa misma incertidumbre.

La novela destaca especialmente por su forma de tratar el incesto entre Adam y Gwyn. Sin culpa ninguna, puesto que según ellos no hacen daño a nadie. Todo queda en su interior. Un tema realmente espinoso, que habrá generado cierto erotismo en los lectores pero que en mi caso ha suscitado únicamente inverosimilitud y un profundo escepticismo hacia su literatura del veto moral. Se queda a medias. Y por otro lado creo que Auster es todo menos maestro en erotismo. En un punto muy curioso de la novela describe un episodio de sexualidad dentro de una biblioteca que resulta un tanto grotesco. Sigo pensando que los inicios de sus ideas son muy potentes, son visionarios, pero no se consagran en su desarrollo. Se vuelven viscosos.

Tengo que confesar que me fascinó encontrar en esta obra una extraña referencia de Auster hacia uno de nuestros mejores escritores vivos españoles. Al gran Vila-Matas. Califica sus libros de inútiles. Me quedé pasmado, isofacto. Vila-Matas inútil, ¡já! Es una afirmación terrible. ¡Monstruosa!

“Intenté leer pero, en aquellos momentos tal actividad se encontraba fuera del alcance de mis facultades de concentración. Todos los libros inútiles que había metido en la maleta para las vacaciones al sol. Novelas de Bernhard y Vila-Matas, poemas de Dupin, y Du Bouchet, ensayos de Sacks y Diderot: todos libros valiosos, pero ya inútiles, ahora que había llegado a mi destino.”

Después de esto no me preocupa en absoluto que Auster pueda molestarse con las ingeniosas críticas que le hace James Wood a su literatura.

Y para finalizar quiero aplaudir los enfoques que utiliza para tratar diferentes temas políticos, como el abuso que EEUU hace en la guerra contra Afganistán (el Vietnam de Obama), la pesadilla de las armas en Nueva York, el atentado contra las Torres Gemelas o el mayo del 68 francés. Junto a estos temas escoge también un tema de plena actualidad. La caída del Muro de Berlín. Comenta que constituyó uno de los acontecimientos más alarmantes de los últimos tiempos. La guerra fría había mantenido unido al mundo durante cuarenta y cuatro años en un simple pero efectivo universo binario compuesto de blanco y negro. Con la caída del muro entramos por lo tanto en un periodo de inestabilidad semejante al de los años previos a la Primera Guerra Mundial. Cuando ambas partes pueden hacerse desaparecer entre ellas ninguna aprieta el gatillo. Es un punto muerto permanente. La respuesta más elegante a la agresión militar en la historia de la humanidad. Interesante ¿no creen?

Pues nada más. Por mi parte aquí sello mis impresiones sobre la última obra de uno de los escritores más comerciales del planeta Tierra. Su final me gusta. Aún resuenan los martillazos contra esos pedruscos del colonialismo. Puedo decir que es la mejor novela que he leído de su repertorio, con un comienzo muy potente, como hizo con Un hombre en la oscuridad, a la que supera con creces sobretodo por centrarse en un ambiente mucho más literario, y con la que demuestra haberse empapado con muchísimas obras de la Literatura de Altura durante los siete meses que le costó escribirla en esa atractiva casa de Brooklyn repleta de libros. ¡Por cierto! Hace dos meses ha terminado de escribir otra novela muy finita que saldrá en 2010. Millones de personas la leeremos. Auster es un imán. ¡Disfrútenlo!
“Durante el resto de mi vida, esté donde esté, haga lo que haga, irá siempre conmigo.”

lunes, 7 de diciembre de 2009

Submundo de Don Delillo

La historia es el resultado de anhelos a gran escala.

Con esta épica he sido lector y testigo de la última victoria de ese fracaso anticipado que consiste en alcanzar la gran novela norteamericana. Una proeza que llevó a cabo su antecesor, Scott Fitzgerald, en El gran Gatsby con gran éxito, y lo que a su vez cerró casi todas las puertas a nuevas opciones de modernidad para la literatura. Sin embargo a Don Delillo aún le quedaba una bala: contar aquello que hay en los espacios en blanco. Describir esos momentos en los que la gente pone el televisor para escuchar los acontecimientos históricos, tal y como hizo en Libra con la muerte de JFK.

En Submundo esta vez elige un histórico partido de béisbol ocurrido en la ciudad de Nueva York por los años cincuenta para desarrollar su tesis. En ella expone como las civilizaciones no terminan de definirse por lo que son o por lo que creen sino que se definen por lo que desechan, por su basuras. Ahí reside la lúcida idea para un gran tránsito en la literatura, un gran apocalipsis literario. Delillo analiza los residuos de la mafia, la mugre de las guerras, espía los despojos arrojados por la civilización para mostrarnos el verdadero valor de la historia y de las personas.

Cotter Martin es un chaval de Harlem de 14 años. Es uno y a la vez es muchos porque representa esos anhelos que respiraba la ciudad en aquella época. 1951. El 3 de octubre, sin un céntimo en el bolsillo y en horario de escuela, saltó la valla de control del estadio de Nueva York junto con otros intrépidos hinchas para presenciar el partido de béisbol de los Giants contra los Doggers, los favoritos. De manera insólita Thomson, bateador de los Giants, hizo un home run que les dio el título para el equipo de Harlem. Cotter, sentado en las gradas, se hace con la pelota de esa victoria histórica. El mismo día la Unión Soviética probaba la bomba atómica. Y así arranca la novela, con una pelota de béisbol y una lejana pero temerosa bomba atómica.

New York Times. Portada del 4 de octubre de 1951.

Parelelamente y como referencia a la lucha que se producía entre un imperioso Goliat y un modesto David en los anales del deporte norteamericano, Delillo hace mención a un histórico combate de boxeo que tuvo lugar en Toledo, Ohio, el 4 de julio de 1919, entre Jack Dempsey VS Jesse Willard en el que Dempsey se coronó campeón del mundo de los pesos pesados. Aunque Willard era favorito Dempsey lo masacró derribándolo siete veces en el primer asalto y logrando el triunfo en el tercer round, como podrán ver en este video. Es espectacular. Una muchedumbre de hombres sigue la pelea a cuarenta y tres grados en mangas de camisa y sombreros de paja, muchos con pañuelos extendidos bajo el sombrero hasta los hombros, como si fueran disfrazados de árabes, y la enormidad de la paliza que soportó el gran Jess en aquel ardiente cuadrilátero blanco, el modo en el que el sudor y la sangre manaban vaporizados de su rostro cada vez que Dempsey le golpeaba. Fíjense ustedes.


PRÓLOGO: EL TRIUNFO DE LA MUERTE

Russ Hodges retransmitía el partido en ese día que amenazaba lluvia a los pocos que se habían acercado para verlo, agentes de seguros, ricachones de clubes nocturnos y peces gordos de Broadway. Entre el público, cerca del banquillo de los Giants se encontraban Frank Sinatra, Jackie Gleason, Toots Shor y J. Edgar Hoover, número uno de la administración de la nación.

A Hoover le cae en su hombro la página de una revista y esto le irrita. Clava su mirada en la imagen y descubre la reprsentación de un cuadro en color atiborrado de figuras medievales agonizantes o muertas, un paisaje de desolación y ruina visionarias. Edgar nunca ha visto un cuadro como aquel. Sobre la tierra rojiza y pardusca desfilan ejércitos de esqueletos. Hombres empalados en lanzas, colgados de horcas, clavados en ruedas de púas previamente aseguradas en árboles desnudos, cuerpos abiertos a los cuervos. Legiones de muertos que forman tras escudos hechos de tapas de ataúdes. La muerte en persona a lomos de un jamelgo esquelético, en busca de sangre, la guadaña presta mientras acucia a aturdidas masas de gente en dirección a la entrada de quién sabe que trampa mortal. La página proviene de la revista Life. Branca lanza.

El triunfo de la muerte - Pieter Bruegel (XVI) Pintura flamenca. El Prado. Madrid.

Edgar Hoover descubre en la mitad de la escena a una segunda muerta montada por un esqueleto. Si pinchan en la foto se abrirá el cuadro con una mayor resolución para examinarla. La postura es de carácter incuestionablemente sexual. Los muertos caen sobre los vivos. Y comienzan a darse cuenta de que los vivos son pecadores. Los jugadores de naipes, los amantes que juguetean, el rey envuelto por un manto de armiño y con su fortuna almacenada en los toneles. Los muertos han venido a vaciar las camtimploras de vino, a servir calaveras en bandeja a la gente de bien durante el almuerzo. Se ve gula, lujuria y codicia. Los viejos muertos follándose a los vivos. Terror universal. Los muertos extrayendo ataudes del suelo. Los muertos de la colina tañendo las viejas y ásperas campanas que repican por los pecados del mundo.

Este importante cuadro, tal vez donde reside el alma o el verdadero icono del Submundo de Don Delillo se encuentra en El Prado. Durante mucho tiempo estuvo en La Granja (Segovia) y al final fue cedido al museo. Pero antes sepan una cosa. El Metropolitan de Nueva York intentó hacerse con este cuadro y sus negociaciones fracasaron. Un B-52 y un avión nodriza colisionaron durante un reaprovisamiento rutinario a comienzos de 1966 y cuatro bombas de hidrógeno se estrellaron contra las costas españolas descargando material radiactivo. Las negociaciones por trasladar El triundo de la muerte de Bruegel a los EEUU como pago a la defensa que mantenía con sus fuerzas aéreas en España se interrumpieron por lo que el cuadro no se ha movido de su sitio. Sigue perteneciendo al fondo cultural español. En realidad las Bases Aéreas Norteamericanas son un peligro.

Y volvemos al partido. Thomson consigue un strike en la esquina interior. Bobby golpea en dos noventa y dos consiguiendo un sencillo y un doble. Marca el primer tanto de los Giants con un largo fly en el centro del campo. Brooklyn marcha en cabeza cuatro a dos. Branza lanza. No es un buen lanzamiento para golpear, es elevado y va por dentro, pero Thomson lanza el bate, que golpea la pelota como un mazazo, y todos, todos lo miran. Pafko corre hacia la esquina del campo izquierdo. Alcanza el muro. La gente se pregunta donde estará la pelota. Y Cotter, en la sección 35, ve venir la pelota en dirección a él. Siente como si su cuerpo se convirtiera en humo. Los Giants han ganado el título. Intuye que la pelota caerá por la segunda fila y en ese punto acierta a recibirla cuando un blanco estira su mano para engancharla y se produce entre ellos un forcejeo espartano.

Cotter, el chaval de catorce años, se hace con la pelota pero Bill, un tipo que se había sentado cerca de él, un blanco, le persigue incluso fuera del estadio para quitarsela y éste se escabulle hacia el Harlem para llevarse su trofeo. Es la bola que golpea Thomson y la que le da el triunfo a los Giants.

PARTE 1: LONG TALL SALLY (PRIMAVERA-VERANO 1992)

Aparece Nick en un Lexus. Tiene 57 años. Está en el desierto. Esto nos recuerda a la portada. A lo lejos ve acercarse un taxi neoyorkino. Dentro, casualidades de la vida va Klara Sax., una ex-novia y con ella van estudiantes de arte, historiadores, profesores, piratas informáticos ya hastiados en busca de un mundo sin redes computarizadas. Lucen camisetas impresas con las palabras Long Tall Sally. Sally es una mujer blanca esbelta muy sexy. Icono de la belleza y la fuerza de América. Luego descenderemos al submundo de este icono y al interesante contenido que subyace.

Nick trabaja como gestor de desechos. Sí. Basura. Hace un viaje de negocios. Conversa con su antigua amiga Klara que le enseña su actividad artística con los aviones. Aviones ruinosos. Un proyecto muy interesante. A los pocos días regresa a casa. Está casado con Marian y viven también con su madre. La madre de Nick.

Un día alguien le invita a ir al estadio de los Dodgers y allí le cuentan la historia del home run de Bobby Thomson y de un individuo de personalidad obsesiva que buscó afanosamente la famosa pelota del partido. Después de cuarenta años la gente aún rememora el gran golpe de Thomson.

Un día entra inesperadamente en una tienda dedicada a la condología. Condones de todos los tipos y usos. Escena genuina en la literatura que engarza con el submundo planteado por Delillo y la naturaleza de las civilizaciones.

Nick le regala a Marian, su mujer, un vuelo en globo el día de su cumpleaños.

Descubrimos que el padre de Nick desapareció un día. Salió a comprar un Lucky Strike y jamás regresó. El tabaco está muy presente en esta novela como recuerdo de lo traumático.

MANX MARTIN 1

Cotter regresa a casa con la pelota disimulando que estuvo en el colegio. Su hermana Rosie de dieciseis años está enfrascada en sus deberes. Tiene dos hermanos mayores, uno está en infantería y el otro en aviación. Hay dos norteaméricas. Una negra y otra blanca.

Cotter le enseña la pelota a su padre, Manx Martin, cuando llega a casa. Él no le cree. Es algo insólito. No sabe si le está tomando el pelo. Decide creerle y empieza a pensar en una importante ganancia.

PARTE 2: ELEGÍA PARA LA MANO IZQUIERDA (MEDIADOS DE LOS OCHENTA - COMIENZOS DE LOS NOVENTA)

El Asesino de la Autopista. Sepulturas espaciales.

PARTE 3: LA NUBE DEL DESCONOCIMIENTO (PRIMAVERA DE 1978)

La dietrología de la mafia, o la ciencia de lo que subyace en los sucesos, de el Llanero Solitario, del caballo Silver. Historia iconográfica. Muy interesante.

El secreto de Groenlandia ¿por qué no sabemos de nadie que ha estado allí? ¿por qué ocultaron la caida de un B-52 en la década de los 70?

Los zapatos spectator de Charlie Parker vestido de traje blanco en un club de jazz de Nueva York. Uno de los más grandes músicos de jazz, por no decir el mejor y de quien no podía prescindir para penetrar en el submundo de la historia de norteamerica.



MANX MARTIN 2

En esta parte de la novela rescata el cine de Sergéi Eisenstein para analizar su estilo en películas como Iván el terrible, Que viva México y El acorazado Potemkin, la película sobre la que más se ha escrito en toda la historia del cine. Su innovadora técnica de montaje sirvió de inspiración para el cine posterior. La elección de este icono de la cultura está en total sintonía con su tesis puesto que para Eisenstein el protagonista en sus obras es la masa, el pueblo... la civilización.

Relata el arte puramente vanguardista de Ismael Muñoz, el graffitero de los vagones del metro de Nueva York. Es un personaje ficticio. En esta parte volvemos a descender al excitante submundo. Nadie puede destronar a Muñoz. Era superior a todos los artistas de la ciudad. Como ven es otro icono imprescindible para que la obra rezume autenticidad. Debíamos recorrer el soterrado subway neoyorkino.


Y de vez en cuando va metiendo algún petardazo que otro contra el judaismo, contra sus incongruencias y sus clasismos.

“La propiedad lo es todo. Cada uno es producto de su propia geografía. Si eres un católico de Nueva York, eres judío. Si eres un judío de Butte, Montana, eres de lo menos judío que hay. Eres como un puré de patatas instantáneo.”

Uno de los mejores momentos de la obra se encuentra en la descripción del espectáculo que ofrecía Lenny Bruce, en 1962. Este cómico fue en 2004 colocado en el tercer puesto de la lista de los cien mejores comediantes que ha tenido norteamerica. Se trata de la conversación surrealista que Castro mantiene con el arcángel San Gabriel. Está descrito en la página 599. No lo puedo transcribir porque ocupa tres páginas enteras y creo que es de obligada lectura. La escena es treméndamente divertida y muy inteligente. El arcángel San Grabiel se aparece en el cielo, sobre La Habana. Los guardaspaldas de Castro le despiertan y él les dice, Dejadme en paz, pero ellos responden, es el mensajero de Dios, y Castro se monta en un helicóptero y sube a ver que pasa. El ángel lleva una túnica blanca y sostiene una trompeta flamígera en la mano, y Castro se extraña de ver que el tío es negro. Piensa, estupendo, un negro que sabe hablar, podremos mantener una auténtica conversación sin gilipolleces. Y le dice al ángel, Escucha, yo no creo en Dios, pero déjame que te pregunte una cosa: ¿de parte de quien estáis vosotros? Y el ángel dice, Solo te lo diré una vez: estamos de parte de quienes tengan béisbol y jazz. Dice Castro, nosotros tenemos béisbol y jazz. Lo llamamos música afrocubana y te encantaría, tío. Tiene un ritmo increíble. Y Gabriel dice: no me menosprecies cacho hijo de puta. Yo tocaba con Bird, por si no lo sabes. Sí, tocábamos juntos en Minton en los viejos tiempos. De acuerdo, ¿quieres saber de qué lado estamos? Estamos del lado de los que tengan madres y tarta de manzana. Y dice Castro, No problema. Los rusos tienen madres y tarta de manzana. La llaman yablochi pirog. Dice el ángel, Muy bien listillo, estamos del lado de los que tengan al Pato Donald, a Mickey Mouse y a la mafia. Y Castro dice, Maldita sea, a la mafia la echamos de Cuba, pero ¿cómo es posible que os aliéis con ellos? Dice el ángel, Porque Nuestro Señor Jesús tiene especial cariño a la mafia, y dice Castro, ¿Y eso?, y dice el ángel, ¿Qué te crees, tío? Es italiano.

Cuatro años más tarde Lenny Bruce moría a sus 40 años en su domicilio de Los Ángeles, de intoxicación aguda por morfina, desnudo en el suelo de su cuarto de baño, las extremidades rígidas, la nariz destilando mucosidades, los ojos vidriosos y aún abiertos, la jeringa aún clavada en el brazo. Una fotografía policial de 20x25 de su cuerpo hinchado -fotografía que bien podría haberse titulado El triunfo de la muerte- figuraba en los archivos personales del director. Unas horas depués de ser descubierto el cadáver empezó a circular el rumor de que había muerto asesinado por el Estado, debido a un efecto paranoide de la época.



Una de sus frases más legendarias fue:

Si no me amáis incondicionalmente, moriré. Tales son los términos de nuestra relación.



Durante una de sus actuaciones en el Cafe Au Go Go, del Greenwich Village neoyorquino, en 1964, Bruce usó más de 100 palabras obscenas. Agentes de policía camuflados asistieron a la actuación, y después testificaron contra Bruce. La acusación fue ofrecer una actuación obscena.

Sus actuaciones incluían gráficas descripciones del sexo oral, por ejemplo, además de la historia de un hombre cojo que intenta evitarse el trayecto por el pasillo de su casa hasta el cuarto de baño orinando en el fregadero de la cocina. Su fama se cimentó en ácidos monólogos en los que hablaba de sexo, religión, racismo, jazz, ética, política, patriotismo, leyes, aborto, drogas, el Ku Klux Klan y judaismo. En buena parte de la década de los sesenta fue considerado un paria, ahora se le valora como el hombre que cambió por completo el concepto de stand-up comedy, los monólogos humorísticos que EEUU ha exportado a todo el mundo, incluida España.

En este punto abro un inciso para comentarles que existe una película de Bob Fosse realizó un biopic con Dustin Hoffman quien interpreta el papel de Lenny. Es interesante adentrarse en la ambientación. No es una gran película pero sí es entrañable y nos permite conocer como eran los espectáculos de Lenny Bruce. Aquí les dejo el punto de descarga.


La frase más beatnik que aparece en el libro es el “¡Vamos a morir todos!”, la que gritaba Lenny en su espectáculo. Aquello era la revolución de la psique, un lamento surgido de sus propias almas, de ese desesperado lugar sepultado al que uno exige el reconocimiento de sus derechos y necesidades primordiales. El momento cumbre de un sermón excéntrico soltado con acento hard bop a la chusma del desierto.

Vivían en la era de las bombas de megatones, armas basadas en organismos patógenos, destrucción, la guerra contra Vietnam, el bloqueo contra Cuba, espectáculos conspirativos para cripto-niños. Tiempos en los que un equipo de guerrilla urbana proyectaba un asalto a las basuras del número 4936 de Thirtieth Place, Northwest, Washington, DC. Aquello era el fin del mundo por triplicado. Querían llevárse la basura de gira. Alquilar salas en las principales ciudades. Contratar sociólogos de izquierda para que las analizaran artículo por artículo. Hippies dispuestos a frotarse el cuerpo desnudo con ella. Poco menos que a follársela. Poetas que escribían poemas al respecto. Y, finalmente, en la última ciudad de la gira, planeaban comérsela. Y luego, defecarla, en público. Algo tan normal como sacar la basura se covertía de pronto en fuente de la más profunda ansiedad.

“Según los dogmas beatnik era el enfermizo estado de Norteamerica lo que había producido la bomba. [...] Todo el paisaje beat estaba dominado por la bomba. Siempre lo había estado. Los beats no necesitaban una crisis de los misiles para pensar en la bomba. La bomba era la referencia más próxima que tenían de la endeblez moral de América, a ese país culpable de la existencia de altas chimeneas industriales y de grandes ciudades impersonales, dominada por la revista Time y J. Edgar Hoover, en la que la gente se encogía sobre sus tazas de café a lo largo de un millar de cafés de carretera azotados por la lluvia en las praderas de jazz, trotskistas secretos y patéticas ninfómanas de coños budistas.”

En el Submundo de Don Delillo está esa voz tan peligrosa para el Estado, la voz de los grupos secretos de insurgentes, anarquistas y revolucionarios de mirada inquieta, que se esfuerzan por desencadenar un tránsito, un cambio apocalíptico y exitoso. Ante esto, la apasionada tarea del Estado consiste en refrenarlos, estrechando el puño y preservando su derecho a controlar la mayor fuerza destructiva posible. Con las armas nucleares, dicho poder se identificaba con el Estado. El hongo nuclear representaba la divinidad de la Destrucción y la Ruina. El Estado controla los medios del Apocalipsis. Pero algún día las ideas se tornaran insurgentes y renacerán las bandas rebeldes, hombres y mujeres de cabellos largos, desaliñados y follando a diestro y siniestro, avanzando hacia la resistencia armada y organizada, intentando quebrantar al Estado e instaurar el fin del orden existente. En este punto describe una performance activista en protesta de las injusticias del sistema. En sus gritos está marcada la insurgencia.

Los desechos de la sociedad.
Un bebé asiático muerto por cada mocasín de Gucci.
¡Vietnam! ¡Ámalo o déjalo!
¡Asesinos blancos con pajarita negra!

Don Delillo nos descubre el contenido que subyace en los iconos de norteamérica para que descubramos su verdadera historia. Uno de ellos es la Long Tall Sally que hay pintada en el morro del B-52. Una rubia esbelta de largas piernas muy sexy. La verdadera era una negra a la que Little Richard le dedicó una canción que lleva su nombre, Long Tall Sally. Su Sally estaba en un callejón. Y el viejo tío John en el callejón con ella. Hecha a correr. Con todo lo que hay que tener. Yes baby woo baby. Vamos a divertirnos esta noche. Pero en realidad se trataba de una canción escrita por una mujer negra de Apaoloosa, Mississippi. Richard añadió los toques finales.


MANX MARTIN 3

Manx, el padre de Cotter, consigue hacer la venta de la pelota histórica, la bola del home run.

PARTE 6: ARREGLO EN GRIS Y NEGRO (OTOÑO 1951 - VERANO 1952)

Los datos del histórico partido de béisbol tienen relación con el número trece, el número de la muerte, el número de la transformación. Encuentra signos de ese número en la mayor parte de las informaciones que giran en torno al partido.

Sus multiples personajes se desnudan para mostrarnos como son y cómo les hizo la historia. En este punto hay una frase muy interesante cuando Matty, entusiasmada con el Catecismo de Baltimore, observa en la lección quinta una ilustración en la que aparece un hombre y una mujer relativamente desnudos bajo un manzano con una serpiente enrollada en una rama. Al ver eso llama a su hermano Michael Kalenka y le pide que identifique al hombre y a la mujer. Mientras él reflexiona ella le dice que los que están en la foto son los primeros padres de todos nosotros. Michael Kalenka sonrie y dice:

“Tarzán y Jane.”

Al poco después inicia un discurso sobre la ciencia. Arroja descripciones muy interesantes sobre aspectos de la realidad. Evolución, gestación, tránsito, población, universo, energía, masa, cifras, letras, mapas, átomos...

¿Cómo es de pequeño el átomo? Os lo diré. Si las personas tuvieran el tamaño de átomos la población de nuestro planeta cabría en la cabeza de un alfiler.

Y la trama se cierra con una escena muy potente. Con un estallido. Nick se dirige a casa. Es de noche. Asciende por una estrecha calle en dirección a su edificio. Siente un impulso y se desvía por la puerta de una verja y desciende por unos escalones en dirección a los traspatios, a los sótanos. El pasadizo exterior no tenía luz y tanteó las paredes en busca de la puerta que daba acceso al interior. Percibió el aroma a piedra húmeda. El portero había estado regando los suelos. Entró y pasó junto al cuerto de calderas hasta alcanzar la puerta que había al final del pasillo. George estaba como siempre en la habitación, haciendo un solitario. Nick se sienta con él a charlar y a echar una partida. Rien y juegan a las cartas durante una hora. George le dice a Nick que le quiere enseñar algo que ha encontrado hace un par de día dentro de un coche abandonado. Y saca del estante una escopeta. Una recortada. Con un cañón de cinco centímetros.
Nick la coge para observarla. Se pone de pie. La sopesa. Tiene en las manos un arma clandestina. Es vieja, está oxidada y desgastada. Es un trozo básicamente de chatarra. Nick empezó a adoptar una pose con ella como si fuera la pistola de un pirata o una vieja sílex de Kentucky. George sonrie. Nick le pregunta si está cargada. Contesta que no lo está y sonrie más abiertamente. Nick aprieta el gatillo. Y un estruendo retumbó en la estancia. Él se quedó allí pensando débilmente que no lo había hecho. Fijó la mirada en la sonrisa de George y le pareció que reinaba un espíritu de desafío. ¿Por qué iba a decir el tipo que no si estaba cargada?

Cuando le condujeron hasta el coche patrulla había gente en los escalones de las casas, en bata, algunos, y cabezas en numerosas ventanas, pálidas y contritas, y cierto número de jóvenes se habían acercado a las proximidades del coche, algunos a los que conocía bien y a otros de pasada, y le escrutaron fijamente con expresión solemne, pensando esto es como una historia que ha ocurrido, aquí, en sus propias calles, remotas y corrientes.

EPÍLOGO (DAS KAPITAL)

Esta es la parte más moderna de la novela. Aquí hace un análisis de la cultura, la globalización, internet, la industria, las sociedades, residuos radiactivos, basuras y religión. Uno de los temas más interesantes es el referido a esos enfermos que se acercan en masa a minas de uranio para curarse. Llegan de Europa, Canadá y Australia, con sus muletas y sus sillas de ruedas, y se sientan en túneles bajo las montañas de Montana, allí donde las emisiones de radón son varios cientos de veces superiores al nivel de seguridad federal. Intentan curarse de artritis, diabetes, ceguera y cáncer. Cuentan historas de perros parlíticos que se han levantado y han echado a andar.

Una empresa de residuos usa como logo de empresa una gaviota. Las gaviotas se abalanzan sobre montañas de basura y siguen a los buques a la espera del destello de las expulsiones que sueltan por la popa.

En Dallas fabrican heces sintéticas, excremento humano simulado para poner a prueba distintas calidades de pañales y otras prendas protectoras. Se vende en forma de mezcla seca compuesta de almidones, fibras, resinas, gelatinas y polivinilos.

http://blk.www/dd.com/miraculum

El link está roto. El servidor de esta dirección no se encuentra operativo. Misterio. He estado a punto de escribir a Seix Barral para notificarlo pero estoy seguro de que ellos ya lo saben. Esta obra la escribió Delillo en 1997. Hace doce años. Internet también sufre las inclemencias del tiempo.

Pues bien. Esto es todo por mi parte. Y ahora tan sólo decirles que tener el Submundo de Don Delillo en las manos es como sujetar los últimos cincuenta años de la historia underground de Norteamérica entre sus manos. Supone sujetar los despojos y amasijos culturales de la ciudad de Nueva York. Masticarlos. Descubrir nuevos sabores gracias a la Literatura de Altura de Don Delillo, a su visión apocalíptica, la visión del tránsito. Y como águilas cósmicas en un vuelo circular fijarán su poderosa mirada en las basuras de este condenado país, basuras comestibles que son mejores que lo que en otros países se sirve en la mesa. Veran que tienen basuras con las que uno puede amueblarse la casa y dar de comer a sus hijos. Reconocer el opulento botín de ropas que la gente tira a la basura y que uno puede ponerse con toda tranquilidad. ¡Qué distinto si hacemos un recuerdo de los antiguos mayas! Ellos no enterraban a sus muertos con joyas relucientes ni con otros objetos de valor. Los mayas enterraban a sus muertos con jarrones rotos, quebrados, tazas desportilladas y brazaletes sucios. Utilizaban a sus muertos como un perfecto sistema para deshacerse de la basura. Porca miseria.

“Todo va depositándose indeleblemente en el pasado.”