miércoles, 29 de julio de 2026

Las hortensias, de Felisberto Hernández

 

Literatura inclasificable y claustrofóbica. La narración asfixiante de Felisberto Hernández (Uruguay) genera una atmósfera de hipnosis y extrañeza, sin necesidad de rozar el género de lo fantástico. Su giro en espiral es profundamente orgánico, táctil, visual y auditivo. Los objetos inertes son los verdaderos protagonistas. El tono ingenuo, confesional y casi infantil del narrador contrasta brutalmente con el contenido fetichista, voyeur y de una erótica macabra, generando un unheimlich freudiano, que se cierra sobre sus propios pasos hacia lo siniestro.

Las hortensias  gira en torno a Horacio, un hombre adinerado que ha convertido su casa negra en un santuario para su colección de muñecas de tamaño real. Junto a su esposa, María Hortensia, organiza exhibiciones privadas en vitrinas de cristal, acompañadas por la música del pianista Walter. De fondo, junto al jardín, suena el incesante ruido de las máquinas de una cantera industrial, opresiva, que se filtra entre las plantas y los árboles, como un leitmotiv de presagio, mientras Horacio intenta controlar el microcosmos hermético de sus vitrinas. Nada puede evitar la fuerza extrema y caótica que anuncia la invasión de lo mecánico en lo humano, junto a la imposibilidad de aislar la locura y el inevitable colapso del protagonista, que termina entregándose a ese sonido como a un destino fatal.

«Es necesario que la marcha de la sangre cambie de mano; en vez de ir por las arterias y venir por las venas, debe ir por las venas y venir por las arterias.»

Felisberto creó esta obra en 1949 cuando el país vivía un boom económico de bonanza. Esta prosperidad fomentó una sociedad burguesa obsesionada por las apariencias, el estatus, el mobiliario de calidad, la superficialidad y el "qué dirán", elementos que supo retratar con una ironía soterrada. También el matrimonio se convirtió en una institución de fachada y vacío afectivo en el que latía una profunda insatisfacción. Las muñecas eran el síntoma de lo artificial y controlable frente a la complejidad de lo humano. Felisberto demostró que la vanguardia residía en la exploración de lo invisible y la materia inerte, logrando una obra que perdura como un enigma literario absoluto para las generaciones futuras de escritores y críticos por igual, marcando un antes y un después en la estética de lo insólito. André Bretón lo llamó el "animal literario más raro". En su pluma solitaria se vislumbra el secreto que humilla a los vanidosos, dotando de pulso, memoria y mirada a los objetos inertes de nuestra propia realidad. Tan sólo aplicando una luz lateral. 

Las hortensias  es un viento helado y enloquecedor de un paisaje devastado al abrir la puerta de la casa negra de Horacio y María, que nos arrastra junto a sus muñecas hacia el abismo. Es el bramido ensordecedor de una maquinaria que anuncia la destrucción. En el ojo de este Huracán en Papel se aprecia una aparente calma y cortesía burguesa que es el centro silencioso de la locura por la que giran la ingenuidad, la obsesión fetichista, los celos y la macabra vitalidad de las hortensias, con una violencia incontrolable.

 «Todos los días, después que los empleados se iban, a él le gustaba pasearse solo entre la penumbra de las salas y mirar las muñecas de las vidrieras iluminadas.»

 

 

martes, 28 de julio de 2026

Kentukis, de Samantha Schweblin

Samanta Schweblin es rioplatense y una de las escritoras más potentes de iberoamérica por sus relatos cortos. Posee orden, claridad y precisión para, en diez páginas, dejarte knockout. Su estilo elegante y su perfecto ritmo aprovecha nuestras debilidades, miedos, anhelos y guaridas de la normalidad para despedazar nuestro status quo. 
 
Kentukis es una distopía doméstica, literatura fragmentada con una precisa dirección. Esta obra explora desde su eje central la conexión humana, establecida mediante mascotas robóticas, llamadas los kentukis. Cargadas de tecnología en remoto, emiten video, audio y son teledirigidas. Existen dos opciones: comprar la tablet para observar (voyeurismo) o comprar el kentuki y  ser observado (exhibicionismo). 

Kentukis es la segunda y última novela de Samanta Schweblin, escrita en 2018. La trama se convierte en puro terror. La intriga por descubrir el secreto del objeto, transforma lo inquietante en náusea, nerviosismo y desasosiego.  Con una narración limpia, pausada y constante pero incómoda, teje historias breves y cruzadas, en las que la tecnología intensifica la soledad, el deseo y la dependencia emocional en un mundo hiperconectado y sin sentido. Múltiples escenarios, personajes heterogéneos, vidas polifacéticas donde mirarnos. Y los kentukis, miles de kentukis, cada vez más kentukis por todos lados y en los momentos más íntimos del ser humano. Grabando. Emitiendo. Ordenando las relaciones humanas. Haciendo que lo extraño parezca familiar y lo familiar, extraño. Demostrando que lo fantástico no es un género de evasión, sino una herramienta profunda para explorar la condición humana. Tal y como está el actual panorama literario, es muy difícil superar este listón  si no se utilizan las artes más depuradas de la literatura contemporánea.  De momento Samanta lleva ocho años en silencio, sin publicar otra novela. Ese día llegará, sin vértigo, y yo iré raudo a comprar su próximo Huracán en Papel porque confío en su genio que irradia una fuerza que no podrá ser sepultada. ¡Blum!
 
 

miércoles, 22 de julio de 2026

Constructores de monstruos, de Javier Tomeo

Javier Tomeo, antes de empezar a escribir, prepara y esboza un escenario previo por el que transitarán sus personajes y seguidamente los dibuja. Meras criaturas desmadradas, esperpénticas, hipertrofiadas y goyescas, quienes, llegado el momento, eligen sus propios caminos y toman sus propias decisiones.

Ninguna de sus novelas contiene un verdadero argumento. Se trata de un espacio reducido en el que suceden situaciones dramáticas en las que las caricaturas se manifiestan por lo que dicen, no por lo que hacen. Estos espacios cerrados suelen ser una habitación, un teatro, un despacho, una ciudad desierta o el aposento de un viejo castillo, como en este caso.

«Los monstruos son necesarios para poner un poco de orden en este complicado mundo de nuestro tiempo.»

Raimonius von Bernstein estudió Física y Medicina con la finalidad de convertirse en un experto en la creación de monstruos, oficio que se ha puesto de moda en el país. Su tío le ha puesto a su disposición el castillo de Fursterndorf para que le construya un monstruo antes de que finalice el año para acabar con las revueltas y someter a su pueblo. El bicho horrendo se llamará Karolus. Contará con la colaboración de Tadeusz von Rippstein, un muchacho entusiasta y lleno de buenas intenciones.

«Primer día de trabajo. Había acordado con Tadeusz reunirnos a las ocho en punto de la mañana, pero se presenta con treinta minutos de retraso. Empezamos mal. Odio la falta de puntualidad y, además, no soporto su perfume, elaborado a base de almizcle y ámbar, sobre todo de almizcle. Le recibo, sin embargo, con una sonrisa cordial.»

Constructores de monstruos se mueve entre lo onírico y lo terrorífico, rayando en el absurdo y en un surrealismo de chiste negro. Tiene un ritmo adictivo, divertido y cargado de detalles científicos y filosóficos que aportan una mordaz frescura a la trama. El efecto es muy intenso si has cruzado anteriormente por la obra de Frankenstein. Párrafo tras párrafo, Javier Tomeo tiene la lúcida imaginación y perspicacia para añadir capas y atributos a la identidad de Karolus, convirtiéndolo en un monstruo canónico de su carismática ficción. Con mucha madurez y oficio, a sus setenta y ocho años consiguió publicar otra pieza creativa para sus fieles seguidores. La literatura es una fiesta de pluma aragonesa.

lunes, 13 de julio de 2026

Stone Junction, de Jim Dodge

Jim Dodge, novelista y poeta estadounidense, por muchos desconocido, publicó su tercera novela en 1990 y en 1997 fue aclamado por una de las voces más auténticas de la contracultura: Thomas Pynchon.

Stone Junction es una épica moderna y contracultural que mezcla magia, alquimia, crimen y misticismo al más puro estilo californiano. El ingrediente más valioso es su humor. La historia esta repleta de personajes excéntricos, subversivos, anárquicos y bondadosos, que sirven de maestros a Daniel Pearse, nuestro antiheroe y entrañable forajido, con quien diferenciaremos entre el robo y la restitución. El desarrollo de su alter ego le va a convertir en agente de los pobres por estar más cualificado y conocer mejor el arte del reajuste kármico.

«El secreto está en los chiles. Los cultivo yo mismo, de mis propias semillas. Llevo diez años perfeccionándolos. ¿te has fijado en ese pequeño invernadero que hay detrás del establo? Todo lo que hay plantado allí son chiles. Siempre que puedo voy y los insulto. Los llamo tontos del culo, hijos de puta, cerdos. Los pellizco, me meo encima de ellos, les parto una rama aquí y allá. Los riego lo justo para mantenerlos vivos. Poca agua; esa es la manera de volverlos picantes, pero los insultos son el secreto de que sean tan de puta madre.» 

Esta obra es imprescindible, como lo es mojarse en plena cuarta ola de calor en Zaragoza o como leer a Buenaventura Durruti cuando la ciudad supura gestos despiadados de imperialismos y bulos digitales. Stone Junction me ha devueto a la esencia de la vida, a lo auténtico y verdadero. La historia de Daniel y la Alianza de Malhechores y Ocultistas, una proto-red que recurre más a los teléfonos públicos, la correspondencia confidencial y las percepciones extrasensoriales, que a los terminales interconectados, describe formas de vida cuyo valor reside en resistir la tormenta digital, tomando la dirección opuesta con objetivos de otra índole igualmente honorables, alejados del control asfixiante de la Tecnología, tanto por parte de los Estados como de las empresas. Este libro es una obra de ficción, aunque puedes creer lo contrario y atenerte a las consecuencias, como me a ha pasado a mi. Entonces la sentirás como una Bildungsroman analógica y el dimante te llevará a una transfiguración, a un portal como metáfora de la iluminación espiritual. Cara a cara con el joker. Un cruce entre Arriba y Abajo. Un Huracán en Papel que pesa 744 gr entre las manos y tiene 589 páginas. Su lectura irradia un brillo inconquistable en la conciencia, como todas las piedras preciosas que participan del sentido general de los tesoros y riquezas. Es inerte y si lo interpelas no recivirás señal alguna. Nada. Y así comenzará un nuevo tránsito ¡Blum!