HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

lunes, 16 de agosto de 2021

Basilisco, de Jon Bilbao

Western abstracto, multigénero y experimental para una literatura rompecabezas en su mezcla de escenarios asimétricos, en el tiempo, en el espacio y en la temática.  Su cómoda originalidad recae en la táctica de hibridar textos precisos desde una creación miscelánea para entregar al lector un Basilisco literario o tortilla western, con personajes superfluos y acciones lacónicas, sin la elaborada estrategia de una narrativa planificada, resbalando en el cuento exiguo y seco, desperdiciando el talento en las sombras del caos para dejar escapar toda la luz que se presuponía en el delicado personaje de Katharina. Si la idea era abarcar un gran horizonte sólo he tocado los matorrales. La literatura en Iberia necesita claridad, reflexión y anclajes de un pasado heroico que nos ayuden a recuperar nuestros ideales de libertad, justicia y una firme búsqueda de la felicidad. Con este western no he llegado ni al entretenimiento. Todos estos estilos churrigerescos del arte corrompen la atención de lo sublime. Sólo ofrecen imágenes tan voluminosas como vacías . ¡Blum!

sábado, 26 de diciembre de 2020

La posada Jamaica, de Daphne du Maurier

 

Una obra extraña de la literatura de misterio escrita por una de las autoras británicas más valoradas de su generación y elegida por Alfred Hitchcock para ser inmortalizada en el Séptimo Arte.

Daphne du Marier nació en Londres en 1907 dentro de una familia talentosa, teatral y artística que la bendijo desde una edad muy temprana con una vívida imaginación y fuerte deseo de escribir. Este deseo fue alimentado aún más por su amor inmediato por Cornwall, Gran Bretaña, después de que sus padres compraran una casa de vacaciones en Bodinnick, cerca de la costa, donde pudo empezar a ambientar sus historias.

La posada Jamaica fue escrita tras una experiencia en una fría y espeluznante noche de 1930 en la que Daphne se hospedó en Jamaica Inn y al día siguiente fue con una amiga a montar a caballo pero de repente cayó la niebla, se perdieron y empezó a oscurecer. Desmontaron de sus caballos y les ahuyentaron para ver si les llevaban de regreso y afortunadamente eso sucedió. Sin embargo Daphne se quedó unas cuantas noches más para recuperarse de la terrible experiencia y el posadero tuvo tiempo contarle las leyendas de contrabandistas asociadas a este lugar.

Jamaica Inn fue construida en 1750 en la antigua carretera de peaje entre Launceston y Bodmin, Inglaterra, los viajeros interrumpían su viaje por el páramo para descansar. La ubicación aislada de la  posada la convertía en un lugar de parada perfecto para los contrabandistas y saboteadores que transportaban sus mercancías de contrabando –brandy, té, tabaco, seda, joyas– desde un lugar de desembarco de la costa, en una época del s.XVIII en la que el gobierno de Inglaterra aumentó los impuestos para ayudar a financiar las guerras en Europa. Se estima que la mitad del brandy ilícito de Gran Betraña y una cuarta parte del té pasaba cerca de Cornualles, por lo que el contrabando se convirtió en una ocupación muy común, ayudado por el hecho de que había muy pocos agentes del orden e incluso si los contrabandistas eran capturados, era probable que los jueces los trataran con indulgencia, pues ellos mismos eran clientes de estos productos ilícitos.

La posada Jamaica narra la historia de Mary Yellen cuando pierde a su madre de un infarto al corazón y antes de morir le hace prometer que vendará la granja y se marchará con su tía Patience y su tío Joss Merlyn a la Posada Jamica para continuar con su futuro, sin saber lo que esta decisión le deparará, pues la posada está maldecida por todos los vecinos de sus alrededores, que intuyen que Joss Merlyn opera con una banda de gitanos y malhechores en el proceso del contrabando.



miércoles, 13 de mayo de 2020

El problema de los tres cuerpos, de Cixin Liu

Esta novela es un claro ejemplo de cuando un escritor sin creatividad pero con muchas ganas de obedecer al caos sigue los dictados del cientificismo teórico y genera en su narrativa robotizada todos aquellos temas políticamente correctos del globalismo para alzarse con el Premio Hugo 2015. Y esto es tan sencillo como dedicarse a la ciencia ficción y empoderar el transhumanismo con la implantación de nanotecnología en el cuerpo al respirar una lluvia de hilos magnéticos en forma de sedosas hebras que caen del cielo, pequeñas porciones de un protón, una materia que no está formada por átomos; embellecer  a su país dictatorial con una supuesta pero falsa era de apertura y reformas por parte del Comité Central del Partido Comunista Chino; concienciar a sus jóvenes lectores con la llegada de una flota alienígena, llamada el Juicio Final, desde Alfa Centauro, mucho más avanzada que la especie humana con la que entraremos en guerra y a la que tendremos que servir. Pero el cuento prosigue con dosis cada vez más grotescas de fantasía porque por supuesto esta civilización trisolariana es capaz de viajar por el espacio a una décima parte de la velocidad de la luz; han experimentado con la energía nuclear para enviarnos dos protones de hidrógeno que al llegar a la Tierra bloquearán cualquiera de nuestros avances científicos. Sí, con dos protones. Su Proyecto Sofón consiste en transformar un protón en un ordenador superinteligente. En Trisolaris se creen más listos que Dios Todopoderoso y nos dicen que han aprendido a controlar once dimensiones, siete dimensiones adicionales a las cuatro ya conocidas, por lo que nos consideran insectos a su lado. 

Cixin Liu adora a la ciencia por encima de todo y la considera como la única posibilidad de salvación de China. Su civilización avanzada no tiene sitio para los ociosos porque cuando dejan de ser productivos les obligan a deshidratarse y les incineran. No aceptan la vejez. Aplican la eutanasia con calma e indiferencia. Estos son paradójicamente sus dogmas de supervivencia.

El problema de los tres cuerpos es un intento narrativo de distracción y pseudoexplicaciones científicas adornadas con la pompa de la teoría de la relatividad atomista que en realidad pretende esconder el verdadero fenómeno óptico llamado los tres soles, vislumbrado en el cielo desde muchos lugares de la Tierra, incluido China, que pone en entredicho la teoría orbital heliocentrista del planeta y todos los planteamientos propagandísticos de la NASA. 



El objetivo de este pastiche consiste en atraer a gente joven por sus inquietudes intelectuales que podrían despertar de los espejismos y las mentiras inculcadas desde la TV y descubrir la naturaleza de nuestro mundo en base a su razonamiento, con el fin de programarlos con ideas inhumanas y delirantes para usarlos como zombis en  los planes de la Nueva Normalidad. 

He perdido la fe en la raza humana. Nuestra sociedad es incapaz de mejorar por sí misma, necesitamos la intervención de una fuerza exterior. ¡La raza humana es monstruosa! La humanidad es un erma terminal

-Dios es un jugador sinvergüenza, ¡y nos ha abandonado! -exclamó de pronto Einstein.
-Efectivamente, Dios es un jugador. Y la única esperanza que le queda a la civilización trisolariana es sentarse a la mesa frente a él y hacer una respuesta decidida. 

martes, 5 de mayo de 2020

Qualityland, de Marc-Uwe Kling


Novela tragi-cómica, bien ambientada, recreada en una sociedad futurista dominada por robots. Los androides han ocupado todos los cargos de responsabilidad, incluidos los sillones de la política, la población utiliza auriculares microscópicos llamados gusanos del oído del tamaño de una larva de mosquito que se anclan en un vaso sanguíneo próximo al tímpano para extraer la bioenergía necesaria y encenderse tirando cuatro veces del lóbulo de la oreja para usar el asistente  What I Need, considerado el motor de búsqueda más inteligente del mundo frente al QualityCorp encargado de hacerte la vida mejor. Todos los ciudadanos tienen un sólo apellido que corresponde con el perfil profesional del padre si son hombres o de la madre si son mujeres. Erik Soldador, Natalie Bailarina, Mildred Oficinista, Sandra Administrativa, Tino Camionero, Juliet Au-Pair. QualityPartner se encarga de calcular cual es su media naranja. Interactúan como un modelo de castas, según el número de likes adquiridos al relacionarse. En QualityLand sólo hay un problema, una banda terrorista de "rompemáquinas" intenta frenar la invasión de máquinas en la sociedad preparando atentados contra los robots. Hay una fuerte oposición que critica y actúa, aunque sin éxito. El sistema computerizado se desarrolla sin encontrar presión social hasta que un joven llamado Peter Sinempleo recibe un objeto en su casa que no quiere ni ha pedido. 

QualityLand es una reflexión directa y calculada de cómo la tecnología va ocupando la esfera individual, colectiva y privada de las sociedades tecnocratizadas, deteriorando derechos, libertades y virtudes del ser humano. La digitalización, la automatización y la racionalización ponen en riesgo los puestos de trabajo y con ello retornan las viejas formas de explotación y de opresión que creíamos olvidadas. La inaguantable inteligencia artificial ha tomado el control y Marc-Uwe Kling ha visto el momento literario de habitar un lugar futurista con un destino robotizado, sin alma, sin inocencia, oscurecido y angustioso. Los cables, los chips, los drones, dispositivos cargados con software de manipulación social superan la pesadilla orwelliana de 1984. Notarás que en QualityLand se entra muy rápido. Engancha. Una vez dentro la respiración se congela como en el túnel de Sabato. Y una vez fuera ... ¡Blum!

«Las máquinas son esclavas. Y quien compite con un esclavo se convierte también en un esclavo»–Kurt Vonnegut.

miércoles, 15 de abril de 2020

El año del verano que nunca llegó, de William Ospina


En 1816 un azote de frío dejó al hemisferio norte de la Tierra sumido en la oscuridad y envuelto en un escenario de cielos crepusculares, cubiertos de tonos escarlata, morados, granates y ámbar. Europa acababa de escapar a la tormenta de las guerras napoleónicas, salpicada de hambrunas, barro y de heridas abiertas. Esa oscuridad se hizo más siniestra al asomarse sobre los paisajes alpinos de Ginebra y en junio de ese mismo año soltó sus fríos y sus sombras sobre los lagos suizos, cubriendo a todo el país en tres días tan oscuros como una larga noche interrumpida por crepúsculos. Cerca de allí, en las orillas del lago Lemán en una mansión llamada Villa Diodati quedaron atrapados varios artistas y pensadores europeos, entre ellos Lord Byron, Polidori, Mary Shelley y Persy Bysshe Shelley, dedicándose a inventar historias para asustarse mutuamente, de las cuales dos de ellas se convirtieron en hitos del género literario gótico: Frankenstein y El Vampiro.

William Ospina queda irreversiblemente obsesionado en ese vórtex de la historia de la literatura e inicia en primera persona un viaje en el tiempo para rescatar todos los detalles y acontecimientos que rodearon uno de los momentos de máxima creatividad de las letras, hasta hacernos testigos directos del poder de la naturaleza y la sabiduría que albergó el espíritu de la Vieja Europa durante el año sin verano.

El año del verano que nunca llegó es el tributo poético de un escritor colombiano a la literatura del romanticismo. Elaborado con pulso y esmero, narrado con la voz de un héroe que atraviesa una leyenda, consciente de que sus letras irrefrenables atraparán a los devotos de la literatura, entregados a los juegos de la creación sobrenatural, producto de la muerte de una época y el nacimiento de un nuevo mundo que requiere proveer de repuestos a nuestros cuerpos fatigados e inmersos en pesadillas que se pierden en la niebla de la triple noche. Sólo entonces y ayudados por el sueño de la razón, como nos dejó grabado Goya, la inteligencia tomará rumbo hacia una Era de Luces, en la que el instinto del hombre escapa de todo sufrimiento con su pensamiento activo, encarnando la plenitud de su futuro salvaje, vigoroso y espléndido a la luz de la Luna y la estrella de Venus. ¡Blum!

viernes, 10 de abril de 2020

La extinción de las especies, de Diego Vecchio

Binomio entre literatura y ensayo de estilo pynchoniano. Diego Vecchio fue relegado injustamente a finalista del Premio Herralde de Novela 2017 creando una ambiciosa novela que nos devuelve al centro del huracán para seguir la búsqueda de los orígenes del hombre a través de la etnología y los museos que viajan por espacios y épocas remotas. Cuando la sociedad se pierde en laberintos superficiales resurgen hombres apasionados al rescate de todas las pruebas antidiluvianas que poseen el valor de nuestra identidad. Este instinto perdura en personalidades honestas de carácter científico instruidas en la verificación del saber. La historia oficial no aporta pruebas, la arqueología, la lingüística y el arte, sí. Aquí pueden comprar su entrada al Museo de la Vida Primitiva y reencontrarse.

«Los primeros hombres (raza blanca) aparecieron en Norteamérica y desde ahí poblaron el resto del mundo, cruzando el istmo de Bering hacia el continente asiático [...]»

República luminosa, de Andrés Barba

Talento empobrecido. Esta obra será alegremente fagocitada por la voracidad del cine de terror pero no podrá nutrir los anhelos del alma hacia la excelencia. Una voz original, un narrador nítido, una escritura laboriosa que trabaja para la distopía y la decadencia. Andrés Barba es una promesa que no despega. Su  inteligencia parece eclipsada por los halagos del mercado editorial y su producto final no alcanza siquiera el rendimiento literario de un micro-relato de Roberto Bolaño, arrinconando sus ficciones en una frondosa y tupida selva tropical, iberoamericana, para arrojar toda su creatividad al alcantarillado de una ciudad absorta en sacrificios salvajes.

República luminosa es el hundimiento de las bases del hombre hasta niveles infrahumanos. Es sinónimo de anarquía y de sin razón. La infancia queda adulterada hasta la criminalidad como vía de escape para salvar un proyecto literario convertido en pesadilla atroz. Todo un esfuerzo cruel. Entonces me pregunto –¿Y si canaliza su agudeza onírica hacia la Gran Obra de la Literatura como hizo Borges en su tiempo, en su aquí y ahora?–. Presenciaremos lo que es natural ¡Blum!