HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

jueves, 29 de enero de 2009

El lobo, de Joseph Smith

Esta fábula ha sido publicada en España el 16 de enero. Fue uno de los tres libros más importantes de la feria de Fráncfort 2007 y a su vez ha sido comparado con La carretera de Cormac McCarthy y El oso de William Faulkner.

El escritor Joseph Smith es un filósofo de 29 años que da clases de piano a los hijos de sus vecinos y que ha visto cómo, en apenas un año, esta breve fábula se ha publicado en una decena de idiomas. Con gran impacto en las ferias de Londres y de Fráncfort del año 2007, Smith ha presentado esta obra, publicada por Mondadori, en la que ofrece una reflexión sobre el animal, el hombre y la naturaleza. Este joven escritor ha conseguido una historia breve pero de una gran intensidad. La fábula rezuma espiritualidad y salvajismo en aras de la supervivencia. Nos expresa el lenguaje de los animales a través del significado de las imágenes que sus cuerpos y sus ojos proyectan. Pone todo su talento en captar dichas percepciones y sutilezas. Dentro de esta aventura viviremos pasajes que nos someterán a juicios filosóficos ineludibles. La caza depredadora. La granja del peligro. El zorro y su astuto secreto. La laguna nauseabunda. El cisne y la libertad. El silencio compasivo. La muerte de los débiles.

En un paisaje invernal e inhóspito, la voz de un lobo hambriento irrumpe en nuestra mente. Es un depredador feroz y través de sus ojos sabrás cómo se siente la nieve entre sus patas, la textura de la carne entre sus dientes y el sabor de la sangre en su boca. La dureza del invierno empieza a ser un desafío a su supremacía y a su entendimiento de sí mismo. Y cuando el lobo se encuentra con un depredador tan hambriento como él, un competidor al cual debería matar, lo duda... y se embarca en un viaje extraño que le demuestra que, antes de poder enfrentar su propia mortalidad, debe enfrentar su propia naturaleza. El lobo es una novela singular que embarca al lector en una travesía inolvidable por un paisaje desolador y lo obliga a ver el mundo a través de los ojos de un cazador, con todo su salvajismo, terror y magia.

Compadezco a todos los débiles! A todos los que por tendencia, defecto o fuerza mayor tienen que correr por la tierra despavoridos ante sus propias carencias mientras yo existo, más fuerte y veloz, más rápido de mente, y para saciar el hambre debo lanzarme desde las sombras tras ellos con ojos ardientes y ser su asesino. (...) Ahora yo también soy demasiado débil, como ellos. Las heridas me han rebajado a errar entre ellos con miedo a la muerte y el sufrimiento y, si antes conocía la lástima, ahora que estoy débil, la siento."

Tras devorar con impaciencia e intriga las letras de esta intensa fábula me queda disfrutar de la moraleja que subyace a tan trascendente relato. Este lobo sin nombre ha llegado para despertarnos de nuevo a la vida, aunque el autor manifieste que su intención fue únicamente entretenernos como lectores. Desde Huracanes en papel alzo mi voz para expresar que en esta fábula hay mucho más que un simple pasatiempo literario. Joseph Smith demuestra ser un experto en percepción y conocimiento, un urbanita londinense capaz de rescatar y mostrar la furia vital que anida en nuestra primigenia naturaleza. Una furia que en su caso delata su ímpetu lobezno por adentrase con valentía en el Bosque de la Literatura. Esperaré su próxima literatura con especial interés.

En Inglaterra, Amis, McEwan y Banville ya tienen a un prosélito que les sigue la pista. Disfruten de los neófitos. Aullarán de placer.


Fuente de foto: "Metarretrato".- Tránsito®

miércoles, 28 de enero de 2009

Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas

Este libro habla de los que dejan de escribir (Arthur Rimbaud, Juan Rulfo, Monterroso, Arthur Cravan , Hart Crane, Robert Walser, Felipe Alfau, Sócrates, Wittgenstein, Valéry Larbaud, J. Rodolfo Wilcock, Pepín Bello, Bobi Bazlen, Clément Cadou, Pedro Garfias, Maria Lima Mendes, Ferrer Lerín, Josep Joubert, Marcel Duchamp, Jacques Vaché, Chamfort, Thomas De Quincey, Jordi Llovet, Edmundo de Bettencourt, Carlos Díaz Dufoo, Salinger, Enrique Banchs, Barón de Teive, Hofmannsthal, John Keats, Marcel Schwob, J.V. Foix, Henry Roth, Juan Ramón Jimenez y un largo e interesante etcétera.) e indaga en los motivos de cada uno para preferir no hacerlo.

En relación al Síndrome de Bartleby hay dos obras referenciales: Bartleby, el escribiente de Herman Melville y Wakefield de Nathaniel Hawthorne. En ellas emerge la literatura del No, el laberinto de la negación, la pulsión negativa que paraliza las mejores mentes, exploradores que avanzan hacia el vacío.

Todos conocemos a los Bartlebys, son esos seres en los que habita una profunda negación del mundo. Toman su nombre del escribiente Bartleby, ese oficinista de un relato de Herman Melville que, cuando se le encargaba un trabajo o se le pedía que contara algo sobre su vida, respondía siempre, indefectiblemente diciendo: - Preferiría no hacerlo. En Bartleby y compañía se habla del mal endémico de las letras contemporáneas, de la pulsión negativa o atracción por la nada. El narrador del libro, que está escribiendo un diario que al mismo tiempo es un cuaderno de notas a pie de página que comentan un texto invisible, demuestra su amplia solvencia como rastreador de bartlebys al pasear por el Laberinto del No, por los caminos de la que considera la más perturbadora y atractiva tendencia de las literaturas contemporáneas, tendencia en la que ve el único camino que queda abierto a la auténtica creación literaria, pues para él sólo de la pulsión negativa, del rechazo, sólo del Laberinto lúcido del No puede surgir la escritura por venir.

Esta obra magistral persigue la no-literatura como la esencia de lo que quiere y quisiera apasionadamente descubrir. Quien afirme a la literatura en sí misma, no afirma nada. Quien la busca, sólo busca lo que se escapa, quien la encuentra, sólo encuentra lo que está aquí o, cosa peor, más allá de la literatura. Cuando se acaban las palabras, finaliza también el mundo conocido, y puede que por este motivo Franz Kafka le dijera a Gustav Janouch en alguna de sus conversaciones que "un escritor que no escribe es un monstruo que invita a la locura".

Hubo un tiempo en el que el malestar de la cultura se presentó bajo lagunas de formas extremas como la negación, la renuncia o el mutismo. La forma extrema por excelencia fue la que llegó con la Segunda Guerra Mundial, cuando el lenguaje quedó encima mutilado y Paul Celan sólo pudo excavar en una herida iletrada en tiempo de silencio y destrucción:

Si viniera,
si viniera un hombre
si viniera un hombre al mundo, hoy, con
la barba de luz de los
patriarcas: sólo podría,
si hablara de este
tiempo, sólo
podría balbucir, balbucir
siempre siempre
sólo sólo.

jueves, 22 de enero de 2009

Árbol de humo, de Denis Johnson

Tras un año de espera fue traducido y publicado en España por la interplanetaria Mondadori el National Book 2007. Se la considera la novela definitiva sobre la Guerra de Vietnam. En mi caso es la primera vez que leo sobre este turbulento y espinoso tema.

El escritor, Denis Johnson, nació en Munich, pero creció en Tokio, Manila y Washington. Apenas habla con los medios y vive recluido en Idaho con su familia. Desde la publicación de sus primeras obras fue comparado con Charles Bukowski y William S. Burroughs y se convirtió en un autor de culto en Estados Unidos. Ha recibido la beca Lanna Fellowship y el Whiting Writer's Award, entre otros. Entre sus obras traducidas se encuentran Hijo de Jesús (Debolsillo, 2003) y El nombre del mundo (Mondadori, 2003).

En su última novela hace un recorrido visceral por los extremos físicos, morales y espirituales de la Guerra de Vietnam, 1963-1970 . El periplo se inicia en la Bahía de Subic, en Isla Grande, con el joven marinero en prácticas William Houston, que se acerca con un rifle del calibre veintidós para ir practicando las artes de la caza. Allí ya ocurre un acontecimiento estremecedor.

Por otro lado, Skip Sands es un americano ingenuo y patriota convencido de su papel en la detención del avance del comunismo en Filipinas. Tras el asesinato de un sacerdote acusado de pasar armas a los comunistas, comienza a sospechar que la guerra que estaba ansioso por librar no es tan buena como creía. Su tío, el héroe de guerra conocido como «el Coronel», tiene grandes planes para derrotar a los comunistas: una ofensiva psicológica con armas atómicas y agentes dobles vietnamitas con el nombre en clave de «Árbol de Humo». En el último eslabón de la cadena de mando, los soldados voluntarios Bill y James Houston, procedentes de las clases rurales de Arizona, se enfrentan al horror y la brutalidad de las guerrillas, y de sus propios instintos. La amante ocasional de Skip y un subalterno del Coronel, obsesionado con la operación Árbol de Humo, son otros de los personajes de esta novela sobre la guerra, sobre todas las guerras, y sobre aquellos que han encontrado su propio corazón de las tinieblas. Árbol de Humo es una novela destinada a convertirse en una de las obras clásicas de la literatura engendradas por esa guerra trágica y asombrosamente familiar.

Adentrarse en estos territorios supone toparse con el napalm; la bomba de azufre blanco; la atmósfera de silencio; el campamento Eco instalado con sus generadores MASH mientras a la salida del sol la montaña regurgita humo negro como si fuera un volcán; con el ejército del norte; los morteros del Vietcong; el Purple Bar, una choza enorme, un antro donde merodean prostitutas de cara sombría, niñas abandonadas cuyas familias han fallecido y en donde nunca entra ninguna chica del lugar. Vietnam es asediada por los F-16 y los cazabombarderos F-5E, dejando tras de sí vidas que desaparecen ignotamente, bajo alfombras de fuego y humo, mientras sopla un viento pestilente de ilusión. Entretanto los helicopteros americanos ametrallan cualquier cosa que se mueve por los ríos y las patrullas de tierra queman aldeas sin sentido masacrando despiadadamente a sus nativos. La escena del hombre torturado en una de las aldeas es repugnantemente atroz. Es realmente escabrosa y sanguinaria. Denis Johnson intenta mostrarnos una mota de la suciedad humana que se respiró en tan descabellada guerra.

El misterioso tema de las grutas subterráneas excavadas por los nativos suscita una disposición a la lectura digna de un bestseller. Los vietnamitas cavaron los túneles con simples palas de mano, a veces, a una tasa de sólo uno o dos metros por día. La tierra se la llevaban en cestas y, para evitar ser descubiertos, la arrojaban en lugares muy distantes. Las entradas, rectángulos de cuarenta por treinta centímetros aproximadamente, se camuflaban con vegetación. Tan desapercibidos pasaban estos pasadizos subterráneos que los norteamericanos montaron una base sobre ellos, sin darse cuenta de que sus enemigos vivían debajo. Los vietnamitas salían por la noche y les robaban comida.

Como se puede comprobar en la novela, a finales de 1968 los norteamericanos descubrieron, al fin, una entrada. Aún así era muy difícil acabar con aquella fortaleza subterránea. Se intentó destruir los túneles con explosivos o quemando gas de acetileno. Pero la dureza de la tierra y la capacidad del los vietnamitas para reparar durante la noche lo destruido impedía que estos ataques norteamericanos tuvieran éxito. También se enviaron perros para localizar a los guerrilleros, pero las trampas colocadas en los túneles los mataban o mutilaban.

Otro de los elementos que refuerzan Árbol de humo son los personajes casuales que van apareciendo en la trama, como el Teniente Virgen , el Sargento Storm o Cadwallader. Con ellos se va completando el mosaico calidoscópico de esa realidad llamada Guerra de Vietnam, que junto a las descripciones que plasma el escritor sobre ciudades como Hanoi, Na Trahng o Saigón, más el incesante calor pegajoso del clima que transmite, y un sinfín de detalles acertados, ayudan a penetrar literariamente en uno de los países del Lejano Oriente más fascinantes y exóticos de los que forman toda indochina. El año pasado recorrí el país de norte a sur y leyendo esta novela he sentido recuperar algunas trizas de ese Vietnam cautivador y exultante. Disfruten cuanto puedan, se trata del Bukowski de nuestro siglo XXI.

Fuente de foto: Bahía de Halong. Vietnam.- Tránsito®

lunes, 22 de diciembre de 2008

El castillo de los destinos cruzados, de Italo Calvino

El castillo de los destinos cruzados fue considerada por Italo Calvino como una de sus mejores obras y el más fantástico libro entre su prolífica creación literaria. Fue publicado en 1973, tras un complejo proceso de elaboración a través de métodos combinatorios que había iniciado cinco años antes. Contiene dos narraciones construidas a partir de un mismo desafía formal: las posibles interpretaciones de dos diferentes mazos de tarot - el Visconti, para El castillo de los destinos cruzados, con sus delicadas miniaturas que reflejan el refinamiento renacentista, y, para La taberna de los destinos cruzados, el de Marsella, de trazos más toscos y que requiere un lenguaje más popular.

Se compone de diferentes historias cortas, las cuales son relatadas dentro de un castillo situado en medio de un espeso bosque, cruzando un destartalado puente levadizo; un alcázar que sirve de refugio a todos aquellos a los que la noche sorprendía en camino: damas y caballeros, séquitos reales y simples viandantes. En una sala alta y espaciosa y al rededor de una larga mesa iluminada por candelabros, el protagonista se sienta acompañado de un rica corte de comensales, todos de bella apariencia y vestidos con atildada elegancia, pero privados de conversación, puesto que nadie decía una palabra. Cuando uno de los huéspedes quería pedir al vecino que le pasase la sal o el jengibre, lo hacía con un gesto, y también con gestos se dirigía a los criados para que le cortasen una rodaja de timbal de faisán o le escanciaran media pinta de vino. Sólo se escuchaba el repiqueteo de las cucharas y el tintineo de copas y platos. Era evidente que el viaje por el bosque les había costado a cada uno de ellos la pérdida del habla. Terminada la cena en un mutismo que los ruidos de la masticación y los chasquidos de las lenguas al paladear el vino no hacían más afable, permanecieron sentados mirándose las caras, con la angustia de no poder intercambiar las muchas experiencias que cada uno quería comunicar, y en ese momento, sobre la mesa recién recogida, el que parecía ser el castellano posó una baraja de naipes; cartas del tarot más grandes que las de jugar o que las barajas con las que las gitanas predicen el futuro y empezaron a desparramarlas sobre la mesa, boca arriba, como para aprender a reconocerlas y darles su justo valor en los juegos, o su verdadero significado en la lectura del destino. Sin despegar los ojos de las doradas teselas de aquel mosaico, uno de los comensales, recogió las cartas dispersas, cogió una y la echó. Todos advirtieron la semejanza entre su cara y la cara de la figura (Caballero de Copas) por lo que entendieron que con aquella carta se disponía a contar su historia... la Historia del ingrato castigado.

Le siguen trece historias más, en las que van apareciendo los veintidós Arcanos Mayores. Italo Calvino usó este método seguramente para romper sus bloqueos ayudándose de la diversidad de figuras y colores que emergen de estas esotéricas cartas y crear así narraciones instantáneas. Sin embargo el experimento literario, excepto al inicio, por su ambientación en ese misterioso castillo, me ha resultado insustancial, vacuo y pueril, de tan sobrecargado que está de personajes, se hace indigesto. En la edición de Siruela las cartas están impresas por cada una de las paginas del libro y me terminó resultando muy barroco, más que renacentista. Creo que no ha sido un acercamiento agradable, aún así le quiero dar una nueva oportunidad con Las ciudades invisibles, y transitar por la hermosa Cloe. Ahí nos veremos.

martes, 16 de diciembre de 2008

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson

Segundo volumen del exitoso fenómeno editorial apodado con el nombre de "La Serie Larsson". Esta trilogía ha despertado un interés adictivo e incondicional convirtiéndose en una novela de culto, no sólo por los perseverantes seguidores de Negra y Criminal, sino por todo un ejercito de intrigados lectores cautivos en las tramas financieras, de delito sexual y machismo que ha legado la literatura del fallecido escritor sueco y héroe antifascista, Stieg Larsson. En España el elefante editorial de Planeta ha fijado las entregas a años luz de las necesidades de los lectores. Yo empiezo a odiarles por ello. Sé que se me pasará, pero tendré que esperar hasta el 5 de junio de 2009. Nunca me había sentido un yonki de la Literatura como en este caso. Cuando entré en la librería le pregunté al librero cuando se publicaba la última entrega y al decirme que estaba prevista para dentro de siete meses se me escapó sin remedio un "mira que son perros", porque lo saben... y desde luego lo sabemos.

Destino compró los derechos cuando se enteraron de que en Francia estaba siendo todo un éxito. Ya han vendido dos millones de ejemplares de toda la trilogía Millennium. Vietnam ha sido el último país que ha comprado los derechos de la novela de Stieg Larsson, que se ha publicado en más de 30 países.

Tímido y retraído al principio, Larsson se abría a sus amigos y le gustaba hablar con ellos hasta altas horas de la madrugada. Kurdo Baksi y él trabajaron juntos en revistas antifascistas. Allí empezó a fraguarse Millennium. Al parecer él había escrito mucho pero un día lo quemó todo para empezar otra vez de cero. Así empezó esta serie, que iba a estar compuesta de diez libros y que al final solo se quedó en tres y medio. Ese medio forma parte del debate público que se ha generado en Suecia con la herencia del escritor, una fortuna que ha caído en manos de su padre y su hermano y no de su compañera. Larsson murió en 2004 de un ataque al corazón sin testamento. A las dos de la tarde empezó a encontrase mal en el trabajo y a las seis ya estaba muerto.

Larsson poseía el mejor archivo que existe en Suecia sobre racismo y nazismo, sus dos obsesiones. Tenía muchísimo material sobre Italia, España y Alemania. España era un país muy importante para cualquier izquierdista sueco. No se puede entender la historia de Europa sin conocer bien lo que ocurrió en países como Italia, Alemania y España. Y Larsson guardaba mucha documentación sobre Franco.

Stieg Larsson recibía decenas de amenazas de grupos fascistas. Pese a ello, era un activista convencido. Todos los días se sentaba a responder a cada uno de los que le escribían insultándole. Su amigo le decía que era una pérdida de tiempo, que no debía hacerlo, que no había que responder a esa gente. Pero él les escribía folios y folios. Durante muchos años también respondía a las cartas que él recibía con insultos y le decía lo mismo: "Si tú no les respondes lo haré yo e intentaré convencerles". Fue un escritor entregado a su revanchas.

En esta segunda entrega la tensión afloja con respecto a la trama de Los hombres que no amaban a las mujeres pero nos encontramos a una fascinante Lisbeth Salander que apresa nuestra atención con su insólita personalidad impetuosa. Seguirle sus pasos, en sí, define para mi la intriga de la novela. Ella posee el alma de Larsson, y su lucimiento corresponde al verdadero alter ego del escritor. Su sagacidad para recabar información y su espíritu indómito la convierten en uno de los personajes más fascinantes de la literatura contemporánea. Al abrir la novela Salander emerge solemne en su papel de Pipi Calzaslargas hacker dueña de un cofre lleno de monedas de oro arrebatado por medio de su diligente habilidad con los ordenadores. Descubriremos su dramática infancia, marcada por un acontecimiento doloroso que ella define como "Todo Lo Malo", y este nudo nos servirá para explorar los rincones perversos de una Suecia que ha estado escondiendo celosamente un pasado manchado de confabulaciones históricas, las cuales el propio Larsson exhibirá lúcidamente a través de Zala, Alexander Zalachenco, para no caer en el olvido y la ignorancia de los errores de su país.

El final es vertiginoso y trepidante. Alta tensión. Dentro hay escenas que son imposibles de olvidar. La cosa se ha puesto al rojo vivo. Estoy deseando como un lector codicioso que me dejen adquirir de una vez por todas la tercera y última entrega de la afamada Serie Larsson, La reina en el palacio de las corrientes de aire. Disfruten cuanto puedan. Ese día llegará.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Ébano, de Ryszard Kapuscinski

En África el tiempo aparece como consecuencia de nuestros actos y desaparece si lo ignoramos o dejamos de importunarlo. Es una materia que bajo nuestra influencia siempre puede resucitar, pero que se sumirá en estado de hibernación, e incluso en la nada, si no le prestamos nuestra energía. El tiempo es una realidad pasiva y, sobre todo, dependiente del hombre. Todo lo contrario de la manera de pensar europea. En alguna parte del mundo fluye y circula una energía misteriosa, la cual, si viene a buscarnos, si nos llena, nos dará la fuerza para poner en marcha el tiempo: entonces algo empezará a ocurrir. Sin embargo, mientras una cosa así no se produzca, hay que esperar; cualquier otro comportamiento será una ilusión o una quijotada.


Durante miles y miles de años, África anduvo a pie. La gente no tenía noción de la rueda, ni tan siquiera conseguía hacerse a tal idea. Hombres y mujeres iban a pie, se desplazaban caminando y todo lo que tenían que llevar lo llevaban en la espalda, en los brazos, y la más de las veces, sobre las cabezas. Entonces... os preguntareis, ¿de dónde han salido los barcos que se ven en los lagos, en el interior del continente? Del océano: los desmontaban en los puertos marítimos, transportaban las piezas sobre las cabezas y las montaban en las orillas de los lagos. Se han transportado, por tanto, al interior de África, por piezas, ciudades, fábricas, maquinaria para minas, plantas eléctricas y hospitales. Toda la civilización técnica del siglo XIX fue llevada al interior de África sobre las cabezas de sus habitantes.

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¿Cómo morían los elefantes? ¿Dónde yacían sus restos? ¿Dónde estaban sus cementerios? Se trataba nada menos, que de colmillos de elefante, del marfil, de las enormes cantidades de dinero que por él se pagaba. El cómo morían los elefantes era un secreto que los africanos habían guardado frente a los blancos durante mucho tiempo. El elefante es una animal sagrado y también lo es su muerte. Y todo lo sagrado está protegido por el más impenetrable de los misterios. La admiración la había despertado el hecho de que el elefante no tenía enemigos en el mundo animal. Nadie era capaz de vencerlo. Sólo podía morir de muerte natural. Esta solía producirse al ponerse el sol, cuando los elefantes acudían a sus abrevaderos. Se detenían en la orilla de una lago o de un río, alargaban las trompas, las sumergían en el agua y bebían. Pero llegaba un momento en que un elefante viejo y cansado ya no podía levantar la trompa y para saciar la sed tenía que adentrarse en el lago cada vez más. Y también cada vez más sus patas se hundían en el légamo. El lago lo succionaba, lo atraía a sus insondables profundidades. Él, durante un tiempo, se defendía agitándose, intentando liberar las patas de la tenaza del légamo para poder regresar a la orilla, pero su propia masa resultaba demasiado grande y la fuerza del fondo era tan paralizante que el animal, finalmente, perdía el equilibrio, se caía y desaparecía bajo las aguas para siempre. Y es ahí, en el fondo de esos lagos, donde se encuentran los eternos cementerios de los elefantes.

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He sentido habitar dentro de África. Si. Me ha dado la impresión de sobrevolarla, mientras observaba el discurrir y el hacer de sus gentes. He conocido varias de sus ciudades, poblados, etnias, culturas, sus necesidades... Es un relato muy sincero, que ayuda a identificarnos como europeos, como humanos y como parte de su historia. En esta obra se desgranan temas como la particular noción africana del tiempo, la ultracasa, Fashoda o el punto en el que se unen las líneas vertical (británica) y horizontal (francesa) que dividen África , los warlord o señores de la guerra que siembran el odio racial y tribal adueñándose de todo, la particular noción de la culpa, los diferentes golpes de Estado, los dictadores, la brujería o del significado de la vida. Es un repaso, no sólo de la geografía, sino de las diferentes formas de vida que a cada individuo le ha tocado vivir. Es un relato inolvidable. Su prosa permite visualizar el contexto, es generoso al describir las escenas y mantiene un constante hilo periodístico en su narración. Ahora entiendo porque a Ryszard Kapuscinski se le llamó el mejor reportero del siglo XX. Disfruten del África de Kapuscinski. Está llena de belleza y sorpresas, a pesar de la rudeza y crueldad de su entorno. Cada día son testigos de uno de los momentos más maravillosos del continente: el alba.

martes, 28 de octubre de 2008

Hiperión o El Eremita en Grecia de Friedrich Hölderlin

...no sabe cuánto peca el que quiere hacer del Estado una escuela de costumbres. Siempre que el hombre ha querido hacer del Estado su cielo, lo ha convertido en su infierno. El estado no es más que la ruda corteza que envuelve el meollo de la vida. Es el muro que rodea el jardín de los frutos y flores humanos....¡Oh lluvia del cielo! ¡Oh entusiasmo! Tú volverás a traernos la primavera de los pueblos...
Johann Christian Friedrich Hölderlin es una de las cumbres de la lírica alemana de todos los tiempos. Más joven que Goethe y Schiller, a los que admiró y conoció, pero de los que apenas recibió apoyo. Fue compañero de estudios y amigo de Schelling y Hegel, pasó por un periodo juvenil de entusiasmo por la Revolución Francesa, de la que le desilusionó la época del Terror.

Nació el 20 de marzo de 1770 en Lauffen am Neckar (Suabia, Alemania) y murió en Tübingen (Tubinga) el 7 de junio de 1843. La familia del poeta pertenecía a la Ehrbarkeit de Württemberg, que podría traducirse por «La lealtad» o «Los leales» y definirse como la alta burguesía fiel al Duque. Un pacto entre el Ducado y sus leales tuvo como consecuencia el compromiso de protección por el estamento nobiliario a cambio de la obediencia de esta minoría selecta. Los leales, en reciprocidad al acceso privilegiado a una sólida formación académica que les aseguraba el desempeño de los principales puestos del funcionariado y la Iglesia, sustentaban la autoridad del soberano.

Uno de los destinos habituales de los vástagos de la Lealtad era la carrera eclesiástica, que por aquel entonces se comenzaba estudiando en las Klosterschulen, o escuelas monacales, y se culminaba en el Stif, o Seminario Superior, de Tubinga. Su madre, de fuertes convicciones pietistas, soñaba para su hijo una vida respetable en una parroquia suaba y una boda con una persona virtuosa. Hölderlin ingresó en las escuelas de Deckford (1784-86) y Maulbronn (1786-88). En esta segunda institución, más liberal que la anterior, empezó a mostrar un interés por la poesía que le hizo dudar de su vocación. Le pidió a su madre interrumpir sus estudios y comenzar los de Derecho. La madre se mostró renuente y en 1788 quedó matriculado en el Seminario Superior de Tubinga, la institución eclesiástica más prestigiosa, en la que coincidió con Schelling y Hegel. Los tres amigos formaron una sociedad poética, leyeron febrilmente a Spinoza, a Kant y a Jacobi y plantaron el árbol de la libertad mirando a Occidente, mirando a Francia, donde una revolución sin precedentes estaba en marcha. El duque, preocupado porque se infiltrara este pensamiento insurgente, empezó a ejercer un control estrecho con visitas constantes y con la vigilancia del profesorado. El ideal de Hölderlin consistía en retornar a sus sueños de grandeza individual. ¿Cómo intentar, pues, su realización? La futura vida de pastor le iba a asegurar tranquilidad, posición y buen casamiento... pero el temor a la posible mezquindad y al provincianismo le hizo romper con todo, incluso con su prometida Luise Nast, y buscar nuevos horizontes.

Esto no era tan fácil. Los Licenciados en Teología tenían la obligación de dedicarse al servicio eclesiástico y en caso de desistir debían acreditar un trabajo que los relevara de dicha servidumbre, así que escogió trabajar como preceptor privado o profesor particular de niños de familias acomodadas. En uno de estos trabajos, en Frankfort, vivió un amor apasionado con la esposa del banquero en cuya casa trabajaba, Susette Gontard, a la que rebautizó poéticamente como “Diotima”. Ella le inspiró su novela Hiperión, que nos cuenta la historia de un luchador por la libertad griega, publicada en 1797. Descubierto su idilio por el marido, fue expulsado por éste e interrumpida su relación con Susette, que moriría cuatro años más tarde.

Realizó diversos viajes y siguió trabajando como preceptor, pero su salud mental se fue deteriorando hasta que en 1806 fue internado en una clínica de Tubinga, de la que saldría un año después para pasar a vivir en casa del ebanista Zimmer, en la torre de su casa a orillas del Neckar, donde transcurrió la segunda mitad de su vida.

Publicó sus primeros poemas a los 21 años. Su obra poética, sólo parcialmente publicada en vida y apenas reconocida por sus contemporáneos, fue redescubierta en el siglo XX y apreciada primero por los más grandes espíritus de Alemania y posteriormente por el mundo entero. La poesía de Hölderlin, a un tiempo lírica, reflexiva, filosófica y mítica, clásica e innovadora, musical y profunda, no ha cesado de propagarse y de ser estudiada y admirada. Ediciones Hiperión le debe su nombre y su logotipo, y ha publicado gran parte de sus obras fundamentales, así como estudios sobre ellas y homenajes al poeta, y continúa en la tarea de darlo a conocer en España en las mejores traducciones.

Su literatura contiene una creación profética. Su obra es la precursora del estilo rítmico de Nietzsche, de la lírica de Verlaine, Baudelaire y Swinburne y de todo lo que hoy pugna por encontrar la más moderna poesía. Construyó un puente entre las escuelas clásica y romántica. La poesía de Hölderlin se caracteriza por una intensa subjetividad, y al mismo tiempo sus cualidades expresivas se ven atemperadas por la contención y el equilibrio del clasicismo griego. No usaba rima, en su lugar escribía con una forma poética flexible conocida más tarde como verso libre. En su lectura seremos testigos de su espíritu revolucionario y de sus cantos poéticos contra la tiranía, su literatura está repleta de metáforas preciosas que aluden a todos los elementos de la naturaleza, como un intento de acceder constantemente a lo divino. Tal vez de invocar a un nuevo Dios en un Reino Milenario. Disfruten si llega a sus manos.

Fuente de foto: Rio Neckar en Tubinga, Alemania.- Wikipedia®