HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

lunes, 26 de julio de 2010

Guardianes de la intimidad, de Dave Eggers

Este tipo me gusta. Tiene estilo. Su escritura es limpia. Reluciente. Narra con transparencia. Es inteligencia integral impresa en papel. Su ritmo... elegante. Transmite y contagia. Tiene buen rollo, es potente, decididamente coherente y suscita un idealismo de mejora, una insurgencia política y cultural desde todos los ángulos de su expresión. El 80% de sus frases son cortas y redondas. La novela es una lluvia. Moja.

Dave Eggers es posiblemente el mejor escritor joven que publica en nuestro planeta. ¿Por qué? El libro en sí se convierte en un absoluto artilugio artístico, guardián de lo más autentico y racional. Su edición es pluscuamperfecta. Sus frases, concisas. Salpican una sensibilidad superior. Uno siente estar en una cápsula formada por una membrana literaria que te transporta a distintas escenas desde las cuales vivenciar el mundo con una mirada que roza la totalidad. El cierre de cada relato provoca una explosión de conciencia, una vigilia transpersonal. Se trata, inexorablemente, de un intenso Huracán en papel. Constátenlo en su intimidad. Este tipo sabe lo que hace.

“Dios es el sol. Lo que no sé es porqué no caímos antes en la cuenta. El sol estaba todos los días, ardiendo, con nuestro planeta y los otros girando a su alrededor, siempre disculpándose, y no se nos ocurrió que era Dios. ¿Para que iba a existir un Dios y además el sol? Por su puesto que Dios es el sol.”

domingo, 11 de julio de 2010

Las afinidades electivas, de Johann Wolfgang von Goethe

Elegí esta obra con el deseo de inundarme de universalidad y una vez más quedé satisfecho. Aquí se haya un lúcido estudio sobre el porqué de nuestras afinidades electivas, un trasunto que explicaría incluso el origen de este blog dedicado a la literatura y que persigue insistentemente la llegada de un Nuevo Huracán en papel. Antes de que esto ocurra tengo la necesidad de explorar las joyas precedentes que escojo con la libertad que me otorgan mis pasiones más absolutas: devorar la más pura literatura. Esta es una.

Cada pueblo, cada época ha de crear su propia literatura. El genio poético se destaca por extraer de su sustancia una creación dramática tan natural, grande y original como los griegos hicieron con la suya. La literatura construye una totalidad viva con el lenguaje que es una forma de pensamiento, un diccionario del alma en lenguaje y poesía formando una unidad. El lenguaje no es el mero envoltorio del pensamiento, sino el instrumento del pensar mismo. Y el lenguaje expresa a la vez al hombre entero y cada una de las lenguas a un pueblo, una personalidad colectiva o carácter nacional que le habla a lo largo de la historia. Y de esto deduzco que la literatura no puede consistir en una mera imitación de anteriores modelos literarios puesto que la historia no se detiene sino que se transforma, está viva y en constante tránsito.

Las afinidades electivas supuso en su época un cambio hacia una Nueva Literatura y por lo tanto hacia un nuevo pensamiento insurgente que hoy conocemos como romanticismo, priorizando por encima de todo los sentimientos, la fantasía individual, la creatividad frente a la imitación neoclásica, la exaltación del yo y la primacía del genio creador de un universo propio fracturando los patrones estéticos y filosóficos del Clasicismo basados en la búsqueda de la belleza ideal por medio de la sencillez, la proporción y la armonía. Goethe se reveló contra este canon racionalista lacerante y aburrido con el fin de darle a lo corriente un sentido sublime, a lo cotidiano una apariencia misteriosa, a lo conocido la dignidad de lo desconocido y a lo finito un semblante infinito.

Johann Wolfgang von Goethe se convirtió en una de las personalidades literarias más ricas, versátiles e influyentes de todos los tiempos. Representó el deseo de libertad del individuo, de las pasiones y de los instintos del «yo» como galería de subjetivismo del poeta como demiurgo de una cosmovisión autosuficiente, pletórica y pasional. Y la mejor manera para explicar esto es a través de la literatura. Goethe eligió a dos enamorados: Eduardo y Carlota. Veamos cual es su contexto y sus pretextos. Les interesará.

Eduardo y Carlota se quisieron de jóvenes apasionadamente pero sus compromisos familiares les separaron. A Eduardo, su padre le hizo unirse a una mujer rica bastante más vieja y Carlota tuvo que darle su mano a un hombre acomodado, respetable, pero a quien no quería. Con el tiempo volvieron a quedar libres. Primero Eduardo, al morir su mujer, dejándole como dueño de una gran hacienda y más tarde Carlota, pudiendo reencontrarse y vivir juntos sin estorbos en un romántico castillo. Carlota tiene una hija adolescente, Luciana, a la que ha enviado a un internado, al igual que a su sobrina Otilia, su protegida. Carlota se encarga de todo lo relacionado con la casa y Eduardo con todo lo de fuera , el jardín y los exteriores de la finca. Quieren vivir al encuentro de todos sus deseos, sólo para ellos y probar un tiempo para ver hasta donde pueden llegar de esta manera. No dejan entrar nada que sea un estorbo, nada que les sea ajeno. Sin embargo toda esta idílica armonía se romperá con la llegada de la joven Otilia. Joven, hermosa, educada y mucho más moderna, que quiebra todos los cánones del clasicismo en favor de un nuevo modo de entender la existencia: el romanticismo.

La lealtad, la fidelidad, las afinidades, el deseo y el fantasma del adulterio se convocan en la trama de esta magnífica novela, cuya modernidad y lucidez a la hora de examinar las relaciones humanas siguen siendo sobrecogedoras.

La obra muestra con inteligente subjetividad el malestar del hombre en la sociedad en la que está inmerso, encorsetado por las diferencias sociales y las hipocresías morales. El tema del genio de la juventud en contra de los estándares aceptados y su entusiasmo por la naturaleza también está muy presente, contrarrestando lo anterior. Surge una necesidad de crear desde dentro y darle paso a todas nuestras afinidades electivas. En este sentido Goethe escribe como un Charlie Parker literario, con plasticidad. Rompiendo la rigidez de un canon calcificado.

La creación o la naturaleza, actúa y se revela mediante los sentidos y las pasiones, y los sentidos y las pasiones ni hablan ni entienden otra cosa que imágenes, las cuales Goethe salpica con gran maestría. La interpretación imaginativa de la creación del mundo y de la naturaleza contienen en este caso más verdad que las teorías ilustradas y nos fomenta la lucha por suscitar las capacidades creativas. Un lujo. Un Huracán en papel que no nos podemos perder. Mucha atención a los Diarios de Otilia. Contienen una gran belleza cognitiva. Yo me he enamorado de su prosa.

“En todos los seres naturales que observamos, notamos ante todo una referencia a sí mismos. Ciertamente, suena raro decir algo que se entiende por sí solo, pero únicamente cuando se ha llegado a un pleno acuerdo sobre lo conocido cabe pasar juntos hacia lo desconocido.”

martes, 6 de julio de 2010

La tía Tula, de Miguel de Unamuno

Ahora ya conozco cual es la tragedia de La tía Tula. Una tragedia pedagógica. Cierro la tapa del libro y me siento lector y testigo de un infortunio fatídico donde deslumbra la huella moral y espiritual que Gertrudis imprimió en su familia. Leer a Unamuno es ir a lo seguro y en esta ocasión, con la llegada de los calores, he dirigido mi mirada a una de las mejores obras de la literatura en castellano del siglo XX. Ha sido un placer conocer a esta mujer inconformista, indomable y moderna, de una personalidad y ética férreas. Poderosamente inteligente. Universalmente materna. Un amor en la literatura que eclipsa inexorablemente a todo lo cercano irreverente.

El argumento es magnético. Se despliega con una triada. Gertrudis, su hermana Rosa y Ramiro, el pretendiente de Rosa. Gertrudis hará de Celestina consiguiendo que Ramiro se convierta en su cuñado casi de la noche a la mañana. Como todos los matrimonios disfrutarán de su noche de bodas y al poco empezarán a llegar los hijos. Ahí tenemos ya a Gertrudis ejerciendo de tía Tula. Tía de tres sobrinos. Pero el tercero debilita mortalmente a Rosa y ésta le pide a su hermana que le prometa que no deje por nada del mundo que tengan madrastra y que se case con su marido, con Ramiro, tras su muerte. A partir de este punto crítico entenderán porque la obra es una joya de nuestra literatura.

La tía Tula representa el alma de cualquier tía de cualquier familia funcionalmente bienhechora. Sé que Gertrudis no es de carne y hueso pero le he cogido mucho cariño. Me ha permitido reflexionar sobre muchas cuestiones afines al afecto y a la protección familiar. Gertrudis es una heroína. Libre. La heroína más libre que he conocido en toda la literatura. Siempre protegerá el corazón de sus lectores. La declaro protagonista de nuestra eterna memoria colectiva. La declaro un Huracán en papel. Una vez más... ¡Unamunémonos!

“La tradición del arte de las abejas de la fábrica del panal y el laboreo de la miel y la cera, es, pues, colateral y no de transmisión de carne, sino de espíritu, y débase a las tías, a las abejas que ni fecundan huevecillos ni los ponen.”

jueves, 1 de julio de 2010

Radio Ciudad Perdida, de Daniel Alarcón

La buena escritura habla por sí misma y ésta es de las que deja huella. No porque esté avalada por sus premios o por su respaldo mediático, sino porque al leerla te toca. El "peruano" Daniel Alarcón se ha consagrado en la literatura actual como uno de los veinte faros más luminosos de todos los jóvenes escritores norteamericanos de su generación que están por debajo de los cuarenta años. Así lo ha enunciado el prestigioso grupo de editores de The New Yorker en un artículo publicado a mediados de junio. Cuentan que están brotando y floreciendo jóvenes y deslumbrantes talentos que representan las múltiples hebras de la inventiva y la vitalidad que caracteriza a la mejor ficción. De los veinte elegidos, Alarcón es el único que maneja el castellano.

Radio Ciudad Perdida fue escrita en inglés. Alarcón ha ingerido de niño una herencia literaria anglosajona. Todo lo que ha leído lo ha hecho en inglés. Ha sido lector de Shakespeare y nunca ha buceado en El Quijote. Para escribir utiliza siempre las técnicas literarias de los mejores escritores en lengua inglesa, porque es como más cómodo se siente. La lectura que hoy les presento es su traducción. Alarcón ha vivido en los EEUU desde los tres años y fue educado en inglés. La narración es muy limpia. Sencilla. Directa. Te atraviesa como las ondas radiofónicas.

Radio Ciudad Perdida es un análisis de la historia de Perú. Un intento por recuperar la memoria a través de una compleja investigación de hechos y testimonios que desvelan el trauma y el dolor. La familia de Alarcón se marchó de Perú en los años ochenta y él en esta incompresiva separación de sus raíces necesitaba recobrar en forma literaria esa niñez que no tuvo en el Perú. Un deseo por entender qué pasaba en su país de origen mientras el vivía en los EEUU, haciéndose consciente de la vida tan diferente que hubiera tenido en Lima.

Sus temas de análisis son la violencia, las migraciones, el movimiento de personas de la periferia al centro o viceversa. Temas que proceden de su propia biografía familiar y que han marcado su vida. Alarcón viajó como antropólogo por África, Medio Oriente y Asia recabando datos periodísticos de diferentes culturas. Radio Ciudad Perdida supuso una exploración minuciosa de su país natal convirtiéndola en una novela muy latinoamericana de un país sin nombre porque entendió que la problemática existente no era en ninguno de los sentidos localista sino todo lo contrario: mundial. Ocurría en muchas partes del mundo.

La idea original de titular de esta manera su obra surge de un programa de radio llamado Busca personas que se emitió durante los años 2001 y 2002 en Lima. Alarcón era fan de este programa y lo escuchaba cada domingo. Descubrió que el mismo formato existía en la mayor parte de los países, también África o la Unión Soviética, donde habían ocurrido graves guerras. Se daba en similares circunstancias, desaparecidos que habían emigrado a ciudades extrañas en las que debían encontrar su camino. Un síntoma de una enfermedad social que ocurría en muchas partes del planeta. La desaparición o la pérdida de personas queridas. El frío del silencio. La incertidumbre del Gran Apagón.

Prefiero no contarles nada sobre argumento. Tan sólo hacer mención a tres personajes que provocan una atracción hercúlea en la historia: Víctor, el niño de once años y medio, Zahir y Rey, el botánico. Hay magia en ellos. Todas las hojas del libro están vivas, son como plantas de una misma selva o como ventanas de una misma ciudad, por donde atraviesan las ondas anímicas de Radio Ciudad Perdida, una heterotopía para el tránsito. Les gustará. Seguro. No la pierdan de vista porque su efecto resuena en las profundas cavidades del alma. Es desgarradora.

“Estaban incendiado todo. Arrasaban las casas con bulldozers y prendían fuego a los escombros. De noche, desde la sala de reuniones, podía verse, hacia el este, el distrito en llamas. De día, el humo cubría la ciudad, pero ni los periódicos ni la mayoría de emisoras de radio lo mencionaban.”

lunes, 28 de junio de 2010

El insoportable Bassington, de Saki

“—Comus —dijo, en voz baja y cansada—, tu caso es el opuesto al de la Caja de Pandora. Tienes todo el encanto y las virtudes que un chico podría desear para abrirse camino en la vida, y al final de todo ello guardas el don maldito y fatal de la desesperanza más absoluta.”

Comus Bassington es el atractivo y frívolo hijo de la viuda Francesca Bassington. Irresponsable y desagradecido. Si su madre no consigue que éste se case con la sobrina de su vieja amiga Shopie Chetroff, propietaria de la casa en la que viven, perderá el hogar que tanta felicidad le reporta porque la dueña se lo cederá a Emmeline Chetroff para su matrimonio. Una casa situada en Blue Street, el corazón aristocrático de Londres, en Westminster, símbolo de la monarquía inglesa. Dentro hay dos tesoros: el salón de té y un cuadro de Adam Frans van der Meulen. La casa tiene alma. Los hilos deben empezar a moverse cuanto antes. La hipocresía da mucho juego.

El insoportable Bassington nos lleva al retrato satírico de la clase alta británica en los albores del siglo veinte y a la manera de enfrentarse a lo socialmente correcto para sobrevivir entre clichés y costumbres implantadas. Ellos deben aparentar poder político y fortuna, al estilo gentleman. Ellas, ser unas perfectas flapper, adeptas a la moda de faldas cortas, lucir un corte de pelo estilo bob cut, no usar corsé, escuchar y bailar jazz, fumar, beber alcoholes de alta graduación y conducir a gran velocidad como si fueran réplicas humanas de Betty Boop. Si Comus no consigue su posición social le espera otro destino. De Westminster irá directo a África.

Esta fue la primera novela corta de Saki, pseudónimo literario de Héctor Hugh Munro, un escritor nacido en la antigua Birmania, al que Borges calificó como el Oscar Wilde de su tiempo por la trivialidad y delicadeza de sus relatos en cuya íntima trama se debatía lo más amargo y cruel de las circunstancias.

Saki dejó escrito en esta novela que un veinte por ciento de las presuntas obras maestras que colgaban del Louvre estaban atribuidas erróneamente. El tiempo le ha dado la razón. Incluso se quedó corto. Aquí pueden ver el supuesto Van der Meulen que yo sospecho colgaba sobre el armarito de marquetería de la pared del entrañable salón de Francisca Bassington, la sala de estar en la que guardaba los servicios de té de Worcester de tan vivos colores y sus diversos tesoros del pasado. Este cuadro contiene las claves del drama del inaguantable Comus Bassington. Si lo leen sabrán por qué. Sobre todo les hará pensar.

Arrivée de Louis XIV au camp devant Maastricht (1673)

En cuanto a los seis relatos que incluye esta edición de la editorial Valdemar ninguno de ellos me ha gustado, tal vez destaco El almanaque por su despiadada crítica al uso de la predicción. Echo en falta sobre todo su cuento más famoso, La ventana abierta. De todas maneras tengo claro que es uno de los autores a los que de seguro volveré. Engancha. Ha sido un lujo toparme con él mientras exploraba l'actualité littéraire. Téngalo en cuenta. Se reirán con su humor negro y les devolverá la pasión por la literatura. Esto ya es un buen motivo para acertar. Disfruten.

miércoles, 23 de junio de 2010

La venus de las pieles y otros relatos, de Leopold Sacher-Masoch

Ha sido terrible. Siento un peso en el pecho. Como una gruesa placa metálica que oprime mis blandos pulmones impidiéndome respirar. Como si las galerías por donde transita el oxígeno hubieran quedado obstruidas, en un estado de hipoxia fatal. Esta obra ha mermado la capacidad de mi expresión nada más terminar de leerla y sin embargo necesito explicarme para romper la falta de impulso verbal. Es como si la literatura de Sacher-Masoch hubiera creado un estado nefasto de confusión y de temor en mi palabra. Su ficción me ha herido. Leer puede suponer también una experiencia adversa y fatigosa, pues lo real es que soy víctima de una nebulosa paralizante en mi razón. Tengo cierta dificultad para visualizar lo que me ha pasado mientras leía. Y a la vez sé que debo desencriptar lo que reposa subyacente en toda esta porfía de lujuria masoquista. Así que voy a emprender un catártico esfuerzo de síntesis para arrojar mis impresiones y parte de mi penalidad al silencio de la blogosfera. Esto tiene que quedar grabado en el tiempo.

"te lo suplico, dame patadas, si no me volveré loco"


Velvet Underground - Venus de las pieles

Al comenzar la lectura me sedujo en parte la propuesta de Severin. De repente los roles convencionales de sexualidad se transformaron por completo. De arriba a abajo. De martillo a yunque, como diría el Fausto de Goethe. El hombre pasaba a manos de la mujer. Expuesto íntegramente a su merced. A su despotismo veleidoso. La idea era interesante, experimental. Ahora soy consciente de la gravedad de este asunto. De ahí mi tensión. Creo que sufrirlo como lector me ha permitido liberarme a la postre de la subliminalidad de esta algolagnia caprichosa y cruel.

“siento en lo más profundo de mi ser cómo mi vida depende de la tuya; si te separas de mi moriré, sucumbiré.”

Severin se comporta como un asno con la Venus de las pieles, para encandilarla, pero sobre todo, a mi juicio, para instalarse en las comodidades ventajosas de la potentada mujer. Su sierva invitación procede de las garras de un lobo sediento de lujos y extravagancias. Su severidad y su placer queda desenmascarado tras inocular en la Venus de las pieles el veneno del egoísmo y la dominación. Un regalo difícil de rechazar por la morbosa actitud inicial de amor y admiración. El juego patológico que desencadena esta perversión erótica genera una enfermiza relación amo-esclavo, en la que se describe meticulosamente las prácticas sexuales de dos amantes dispuestos a llegar a la raíz de la depravación más indigna, hacia una sucinta vejación in crescendo y brutal. Mezclando fascinación, amor, deseo, sexualidad, fetichismo, poder, libertad, roles de género, dependencia, contrato social y límites del placer. El vínculo entre ellos se inicia por medio de una atractiva propuesta de poder y dominación. Severín le pide a Wanda que le ate, que le golpee, le humille y le sodomice. Descaradamente. Sin privación. Una relación claramente escandalosa de masoquismo. En esta obra, encontrarán las minuciosas confesiones de Severin von Kusiemski, un hipersensual que asegura encontrar placer en el sufrimiento, en el azote del látigo y la humillación, a través de los tormentos más terribles, incluso la muerte si llegara. Solemne ¿verdad? Pues aún hay más.

“Yo quiero ser el yunque. No puedo ser feliz si miro con desprecio a mi amada. Quiero adorar a una mujer, y eso sólo puedo hacerlo si es cruel conmigo. [...] Tan solo se puede amar lo que está por encima de nosotros, una mujer que nos somete con su belleza, su temperamento, su espíritu, su fuerza de voluntad, que sea despótica.”

En un balneario de los Montes Cárpatos de Austria, conoce a Wanda von Dunajew, la Venus de las pieles, de la que quedará prendidamente enamorado por su belleza y sus coquetos encantos. Musa de su depravación le pide insistentemente ser su esclavo, ser el mártir del ideal que ella representa: una dama de grandeza egoísta, como lo fue Catalina II de Rusia o Dalila, la perdición de Sansón.

“Si no puedo gozar plenamente de la dicha del amor, entonces quiero saborear sus dolores, sus tormentos, hasta el final, entonces quiero ser maltratado, traicionado por la mujer a la que amo, y cuanta mayor sea su crueldad, tanto mejor. ¡También eso es un placer!”

Tras mucha resistencia por parte de Wanda y un dialogo de titanes, las claves del juego se van asentando poco a poco.

“Pues claro -dijo ella-, presta atención a lo que voy a decirte: nunca te sientas seguro con una mujer a la que amas, pues la naturaleza de la mujer alberga más peligros de los que crees. Las mujeres no son tan buenas, como dicen sus admiradores y defensores, ni tan malas como las pintan sus enemigos. El carácter de la mujer es la falta de carácter.”

Severin consigue presentar con severos argumentos su solicitud de mortificación y Wanda termina aceptando excitada esta propuesta de subyugación. Todas las apetencias y deseos se describen con desmesurada transparencia, inmortalizadas ya en el apellido de este autor. Hacerse atar, azotar y humillar por una mujer corpulenta vestida con pieles de armiño, similar a la que Tiziano pintó en 1555 en su obra Venus con espejo.

“Yo quiero ser el yunque. No puedo ser feliz si miro con desprecio a mi amada. Quiero adorar a una mujer, y eso sólo puedo hacerlo si es cruel conmigo.”

Wanda poco a poco va tomando conciencia y desplegando las diversas emociones que las posibilidades de su rol de dueña le permiten, y gracias a la literatura de Sacher-Masoch podemos profundizar fielmente en la psicología de ambos personajes socabados en su cometido excepcional.

“Para que tengas toda la sensación de estar en mis manos, he añadido un segundo documento en el que declaras que estás decidido a quitarte la vida. Puedo incluso matarte si quiero.”

Y como colofón hiperdesaforado la furia y el deseo de control llegará a su extremo cuando Wanda, la Venus de las pieles, redacte el contrato que Severin deberá firmar como esclavo , e incluso admitir en sus escenas de sumisión a un tercer amante, Apolo, el griego. Para exasperar más sus nervios o, mejor aún, su sensualidad demoníaca insatisfecha.

El señor Severin von Kusiemski deja de ser en el día de hoy el prometido de la señora Wanda von Dunajew y renuncia a todos sus derechos como tal; en cambio se obliga con su palabra de honor como hombre y caballero a ser en adelante el esclavo de la susodicha y además hasta el momento en que ella misma le devuelva la libertad.

En su condición de esclavo de la señora von Dunajew habrá de obedecer al nombre de Gregor, cumplir incondicionalmente cada uno de sus deseos, obedecer cada una de sus órdenes, tratar a su propietaria con la debida sumisión, considerar cada signo de su favor como una merced extraordinaria.

La señora von Denajew no podrá castigar únicamente a su esclavo por cualquier falta o descuido, según su buen parecer, sino que también tendrá el derecho a maltratarle según capricho o tan sólo por entretenerse, como ella tenga en consideración, incluso a matarle, si así lo estima; en suma, ejercerá sobre él un derecho de propietario ilimitado.

En el caso de que la señora von Denejew tuviera a bien devolver la libertad a su esclavo, el señor Severin von Kusiemski se compromete a olvidar todo lo que haya conocido y soportado como esclavo nunca jamás, bajo ninguna circunstancia, pensará en venganza y represalias.

La señora von Dunajew, por su parte, promete aparecer ante él, como su señora, siempre que sea posible, vestida con pieles, en especial cuando haya sido cruel con su esclavo.


Al leer el contrato, Severin siente un profundo espanto y empieza a pensar en una retracción, pero la demencia de la ciega pasión le arrebata. Aún tiene aguante para continuar y ella se arma de ayuda para encontrar los límites y "curarle".

“Mientras ella me azota, el semblante de Wanda adquiere ese carácter cruel y burlón que a mí me embelesa de forma tan siniestra.”

A los latigazos y la risa cruel de Wanda se le suman los ignominiosos latigazos de Apolo, y uno tras otro terminan arrancándole toda la poesía que alojaba su lascivia fantasía, hasta llevarle al saco, a la red de la mujer traicionera, a la miseria, a la esclavitud y al abandono, porque ella coge las maletas y desaparece con el griego, mientras él queda ensangrentado por los latigazos y encogido como una lombriz a la que se pisa. La historia se repite en cada nuevo vinculo creado desde una relación de masoquismo. El que golpea se cansa de su víctima y la deja para encontrar a alguien que le aporte fortaleza.

Severin, al leer de nuevo sus confesiones, añade una interesante moraleja. Por un lado dice que quien se deja azotar, merece que le azoten y por otro dice que

La mujer tal y como la ha creado la naturaleza y como se relaciona en el presente con el hombre, es su enemigo, y sólo puede ser su esclava o su déspota, pero nunca su compañera. Sólo podrá ser esto último, cuando gocen de los mismos derechos, cuando haya igualdad en la formación y en el trabajo.

Lo que está claro es que ni los monos sagrados de Benarés (nombre con el que calificaba Schopenhauer a la mujer) ni el gallo de Platón son la imagen de la perfección. Esta es la historia de otra des-ilusión. La experiencia ha sido terrible. Tengo la sensación de que el alma del escritor estaba determinada por una constante súplica. Descubrí durante la lectura que las últimas palabras Leopold von Sacher-Masoch justo antes de morir fueron "ámame".

En cuanto a los otros relatos, también recreados con pieles de armiño, poseen en común la venganza; la venganza de La zarina negra; la venganza de una mujer Vendida; la venganza de Teresa contra el pintor Friedrich Briege en La novela de un egoísta; la venganza en Un duelo americano entre un artista y un coronel por una mujer traidora, donde las cartas de una baraja decidirán sus destinos. Rojo, vida. Negro, muerte. A esto le sigue la venganza de Warndorf hacia una femme incomprise, tras pasar Una prueba cruel; la Venganza femenina de Nadeschda von Olsufiev contra la princesa Katinka Gagarin para hacerse con el amor del conde Dimitri Strogonoff, su preferido; la venganza de la señora Mellin contra el capitán Pauloff por medio de una tortura de Amor con el bastón del sargento; la captura del talentoso pianista Theodor Döhler por medio de las estratagemas de la princesa C, en un escenario romántico y pastoril que recuerda a las pinturas de Caspar David Friedrich y para finalizar el relato de Las amigas y sus celos de conquista. Un broche que remata la serie narrativa regresando al tema de la belleza despiadada y a la necesidad de servir y hacerse esclavo de una cruel mujer. Francamente terrible. Una literatura a la que jamás volveré. Tengo la impresión de que Sacher-Masoch nunca leyó ni a Walt Whitman ni a Friedrich Hölderlin. Sólo aboga al sufrimiento y al dolor. Un erotismo antinatural del que por fin me he liberado. La síntesis termina aquí.

lunes, 14 de junio de 2010

Fin, de David Monteagudo

El título me agarró. Sobrio. Determinante. Apocalíptico. No quise leer la trama y retuve un dato mucho más revelador mostrado en la solapa. David Monteagudo descubría su vocación literaria a los cuarenta años. Esta era su primera novela. Entendí que se trataba de una ficción de insurgencia en completo estado de tránsito y al leer la primera página me sentí adherido y en sintonía con la situación, con el arranque de la novela. La llamada de teléfono explosionó en mi atención y lo compré inquietante. Los personajes eran ordinarios, personas normales y corrientes. Cualquiera de nosotros. Un grupo de antiguos amigos después de muchos años se citaban en un refugio de montaña para pasar un fin de semana. Ya no tienen nada en común, excepto el amargo recuerdo de un turbio episodio contra uno de ellos, Andrés "El Profeta". Armados con todo tipo de artefactos tecnológicos, móviles, relojes, coches y todoterrenos, sufren un fulminante apagón eléctrico que les deja completamente incomunicados. Un hecho insólito que empezará a traer poco a poco más quebraderos de cabeza.

El progreso de la obra viene determinada por la aparición inaudita de diversos animales asociada a la desaparición de estos amigos. Un corzo, un buitre, cabras, un oso, leones, un camello, galgos, un tigre. Situaciones kafkianas que hacen replantearse a cada uno de ellos lo que les está pasando, de tal manera que nos hacen testigos de sus conflictos y su imaginario resolutivo. Constantemente se mantiene la tensión de una posible venganza por parte de "El profeta", o bien la vivencia de un sueño colectivo.

“a lo mejor los que desaparecen vuelven al mundo normal, al de verdad, porque esto, esta situación... Algo pasó allí, aquella noche, en el refugio, una fractura... a lo mejor hemos pasado a otra... a otra dimensión. ¡Yo qué sé! Y los que desaparecen vuelven al mundo normal...”

Los capítulos están titulados con los nombres de los nueve personajes. Hugo, Cova, María, Ginés, Nieves, Amparo, Ibañez, Maribel y Rafa. En el transcurso de los acontecimientos, hacen lo que les dicta la lógica pero empiezan a desconfiar de su método de salvación.

Vamos a ver... -dice Amparo, con un gesto de irritación-. Es que a mí... a mí me da mucha rabia eso de explicarlo todo con un sueño. Es como las películas: la típica película en la que van pasando cosas, un montón de cosas, y luego, como no saben cómo acabarla... pues resulta que todo era un sueño, y ya está: a cobrar por el guión... ¡No te jode! Como si no notara una la diferencia entre estar soñando y estar despierta...

El objetivo consiste en llegar a Villallana, la Capital. Hacia el sur. Cada vez se ven más coches parados. Estrellados. Todo el mundo ha desaparecido. No encuentran a nadie, ni si quiera muertos. Nadie. Y mientras, ellos siguen enfrentados a sus propios conflictos de conciencia. Quietud, inactividad. Peligro inminente. Llegarán a oír un lamento inarmónico formado por una infinidad de voces, un grito inarticulado y grave, sonoro y vibrante, múltiple como el que podría producir un gigantesco instrumento de metal. Un sonido que tiene el sello del dolor y la desesperación, que suena cada vez más fuerte y que se oye con más intensidad mientras ellos se acercan con las bicis, rodando hacia el horrible y quejumbroso bramido. Suena cerca. Debe de estar cerca. Al final sólo quedará uno, en un escenario apocalíptico y revelador.

Fin posee un planteamiento arriesgado muy bien presentado. Los dos primeros capítulos pueden hacer huir a más de un lector, pero si confían en el proyecto de innovación de Monteagudo y traspasan esa barrera quedarán muy satisfechos. Es un híbrido entre La carretera de McCarthy y el guion de R.E.C. El misterio va creciendo paulatinamente lo que te lleva a leerla de tirón. Las descripciones son austeras, poco literarias, destinadas más bien a profundizar en la acción. Destaco principalmente la escena de los galgos en la gasolinera y el vínculo final entre María y Ginés. La transformación en Eva y su crítica a reconocer la falta de amor son el destello que más perdura en mi memoria.

Casualmente llevé esta novela el fin de semana pasado a una casa rural en la que me junto con unos muy buenos amigos, todos los años, pero no lo toqué. Como dije no sabía ni de qué trataba. También estuvimos observando las estrellas con un telescopio y disfrutando del ambiente rural, como hacen los personajes de Monteagudo. Ahora sé que todo habría sido diferente en caso de haberla leído antes de entrar por ese pórtico soriano del siglo XVII. No duden en leerla. Sobre todo si son asiduos a la escapada rural. Los silencios se convertirán en una presencia más. Puede que palpable. Disfruten. Teman. Exploren. Nosotros no hemos desaparecido. Existimos.