HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

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domingo, 24 de octubre de 2010

Indignación, de Philip Roth

¿Qué puedo decir de Philip Roth que se ajuste a su maestría? Difícil. Pero puedo contar que su lectura me embruja. Su ladino modo de presentar los conflictos personales produce reflexiones pluscuamperfectas. Me siento muy afortunado por vivir en una época en la que puedo leer todo lo que va publicando. Sentiré una apoteósica satisfacción el día que le den el Premio Nobel. Confío en que sea pronto. Su contribución a entender las vicisitudes y la vulnerabilidad del individuo en nuestra sociedad, rozan la perfección. Es implacable. Su más alto valor reside en el uso literario que hace de la moralidad. Moralidad e inteligencia unidas contra las paradojas e insensateces de la sinrazón.

Indignación es un alegato en contra de los fascismos de la religión y los guetos conservadores de la América profunda. Marcus Messner, alter ego de Roth, entra en el segundo curso de la conservadora Universidad de Winesburg, en Ohio, para seguir estudiando Derecho, porque su padre, un esforzado carnicero kosher de barrio, ha enloquecido de temor y aprensión antes los peligros de la vida adulta, los peligros del mundo, los peligros que en cada esquina acechan a su querido hijo. Marcus decide asistir a esta singular universidad para no sufrir en casa las constantes preocupaciones de su desquiciado padre que no cesa de advertirle peligros desaforadamente. Corre 1951, el segundo año de la guerra de Corea y están mandando a muchos jóvenes a filas.

El relato es adictivo y sobre todo cuando descubrimos que Marcus saca todo sobresalientes, que es una mente brillante, que posee una alta concentración en sus estudios, y... que admira a Bertrand Russell, Nobel de literatura, quien expresó unos muy lúcidos razonamientos en su ensayo Por qué no soy cristiano, en 1927. Ideas demasiado revolucionarias para la mentalidad de Winesburg.

Describiendo la vida en la universidad, sus costumbres y a sus compañeros, hay un momento en la novela donde es imposible no troncharse a carcajada limpia, por el contraste de sensibilidades entre los alumnos. Justo el momento en el que Marcus le pide a Elwyn, su segundo compañero de habitación, que lea la carta que le escribe Olivia, sincerándose, para ver lo que le parece su intento de suicidio. Añado que Elwyn le dejó su coche para que tuviera su primera cita con ella.

—¿Esta es la que te la chupó?
— Bueno... sí.
— ¿En el coche?
— Bueno, ya lo sabes... sí.
— Estupendo —replicó—. Lo único que necesito es que una zorra como esa se abra las venas en mi LaSalle.

Otro de los momentos más potentes del libro es la batalla dialéctica entre Marcus Messner vs El decano Caudwell. Salen chispas. Ateísmo lúcido vs Religión infantil. Marcus echa mano del filósofo, matemático y escritor británico, Bertrand Russell para defender sus pensamientos y actitudes. Inexpugnable. Su capacidad oratoria podría convertirle en uno de los mejores abogados del país si consigue terminar la carrera, pese a los obstáculos que encuentra debido a su personalidad coherente.

“¡In-dig-na-ción! De repente me pregunté cómo se diría en chino. Quería aprenderla e ir por el campus gritándola a pleno pulmón.”

La conversación que Marcus mantiene con su madre acerca de la inestabilidad emocional de Olivia, para que tenga mucho cuidado con las decisiones que toma, es un punto álgido de la novela. Un análisis muy sibilino del proceder de la familia Messner y sus consecuencias. Destaca la importancia del racionalismo como ideal supraexistencial.

“¿Podrás hacer frente a sus gritos histéricos, si llega a ese extremo?¿Podrás hacer frente a sus súplicas desesperadas?¿Podrás mirar a otro lado cuando una persona que sufre te ruega una y otra vez lo que quiere de ti y tu no vas a darle? [...] Debes estar por encima de tus sentimientos. No soy yo quien te lo exige: es la vida. De lo contrario los sentimientos te arrastrarán. Te arrastrarán al mar y desaparecerás para siempre. Los sentimientos pueden ser el mayor problema de la vida. Los sentimientos pueden jugarte las más terribles pasadas.”

Por último, decir que su final es explosivo. Convierte el relato en una defensa de los derechos inalienables del ser humano. Manque le pese al señor Caudwell, Ratzinger, o sea quien sea el mojigato. No la pierdan de vista. Se lee en tres horas. Y... suscita alteridad.

¡Alzaos, los que rehusáis a ser esclavos!