HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

sábado, 27 de junio de 2026

En los sueños empiezan las responsabilidades, de Delmore Schwartz

 

«Soy anónimo y me he olvidado de mí mismo. Siempre es así cuando uno va al cine, es, como suele decirse, una droga.» 

Coordenadas inestables. Brooklyn. Principios del siglo XX. Tal vez 1909. En la pantalla proyectan una película muda. Los actores visten ropas ridículas y caminan demasiado rápido. Un destello sucede al otro a saltos repentinos. Dentro de la sala, sumergido en la oscuridad, observa absorto a su padre caminando hacia la casa de su madre para cortejarla. Está viendo el pasado y conoce el presente. No puede controlar sus lágrimas. La anciana que se ha sentado a su lado en el cine se molesta y reprime su llanto. Sus padres se dirigen a la parada del tranvía para visitar Coney Island, dar una vuelta por el paseo marítimo y tener una cena agradable. 

«En el asta del paseo, la bandera americana late al ritmo del viento intermitente que llega del mar.»  

Sus padres contemplan distraídos el océano encrespado. El sol sobre sus cabezas no les molesta pero es un sol terrible que destroza la vista y al mortal y despiadado océano. Fascinado por esta escena y por la indiferencia de sus padres rompe de nuevo a llorar. La anciana le da unas palmaditas en el hombro.

«Vamos, vamos, si sólo es una película, jovencito, sólo una película.»  

Incapaz de controlar sus lágrimas se levanta y va al servicio de caballeros, tropezándose con los pies del resto de la gente sentada en su fila. Al regresar, sus padres disfrutan del tiovivo. Su padre monta un caballo negro y su madre uno blanco. Por un momento parece que nunca bajarán del tiovivo. 

«Pasean por el entarimado mientras la tarde desciende a pasos imperceptibles hasta el violeta increíble del anochecer.»  

Sus padres buscan un lugar para cenar. Su padre sugiere el mejor local del paseo y su madre pone reparos, de acuerdo con sus principios. Sin embargo van al mejor lugar. Mientas cenan, su padre explica sus planes de futuro y su madre demuestra con rostro expresivo  lo mucho que le interesan. Quiere ampliar el negocio y sentar cabeza. Tiene veintinueve años y vive solo desde los trece. 

«Cuando el vals alcanza el momento en que todos los bailarines se balancean como locos, entonces, entonces con sumo arrojo, entonces le pide a mi madre que se case con él.»  

Su madre, sollozando, le dice que es lo único que ha deseado desde el momento en que lo vio. Y es en ese momento cuando se levanta de la butaca y grita en medio del cine: 

«No lo hagáis. No es demasiado tarde para cambiar de opinión. No conseguiréis nada bueno, sólo arrepentimiento, odio, escándalo, y dos hijos de carácter monstruoso.»  

Sigue gritando e intenta que el público se ponga de su lado pero todos le piden que se calle, el acomodador  le expulsa del cine y él despierta del sueño. 

Simple. Magistral ¡Blum!

viernes, 26 de junio de 2026

A oscuras, de Thomas Pynchon

 

«Cuando los problemas llegan a la ciudad, suelen venir por las vías férreas de la North Shore Line.» 

Literatura sólida, profética y sorprendente. Tras doce años de silencio, aquí llega el Huracán. ¿Cómo es posible que no se esté hablando masivamente de esta obra en las redes? ¿De verdad no hay cohetes para uno de los mejores escritores vivos del planeta? Ya sabemos que no le van a dar nunca el Premio Nobel de Literatura. Es otra parte del propósito alcanzado. Tampoco se interesaría ni por recogerlo, ni por el dinero del premio. Tiene noventa años. Este obsequio, publicado por Tusquets el 13 de mayo de 2026, podría ser el comienzo de una despedida  en el ocaso de su vida. Su obra de máxima madurez para alertarnos de los peligros que acechan a la Humanidad. Pynchon alza su voz posmodernista con nuevas verdades que flotan en las corrientes de nuestra cultura. Amplifica estos puntos de luz y los hace audibles para resaltar las dinámicas de poder, control y agendas ocultas que atraviesan la política de una sociedad paranoica.

«Tras la familiaridad o la indiferencia, se está cociendo una profunda maldad.» 

Hicks McTaggart, un ex rompehuelgas convertido en detective privado y bailarín semiprofesional, es enviado en una misión para localizar a Daphne Airmont, hija del magnate lácteo/jefe criminal Bruno Airmont, también conocido como el "Al Capone del Queso" (Trump), un imbécil malvado y peligroso por el poder que su mal merecida riqueza le permite ejercer. Aparentemente, Daphne se ha fugado con su amante, el clarinetista de jazz, Hop Wingdale, así que Hicks tendrá que encontrarla, aunque reacio a su trabajo pero fiel al Manual del Sabueso.

«Eres un genio como guía a través de los campos de la juventud, Hicksie.» 

Un romance con la amante de un mafioso le obliga a salir de Milwaukee con destino a Nueva York y sedado, bajo los efectos de una aguja con hidrato de coral es metido en el transatlántico Stupendica,  que le deja en Belgrado, Serbia. Allí contacta con un agente de la Interpol que le insiste en prestar atención a una de las manos derechas de Bruno y Hicks acepta esta doble misión llamada Shadow Ticket con la que Pynchon nos adentra en una red de influencias oscuras que atraviesan Hungría, Transilvania y Croacia. Por donde quiera que va, un tema vibra constantemente de fondo: el inminente ascenso del fascismo y las maniobras clandestinas de sus partidarios, los nacionalistas germano-estadounidenses hasta las facciones nazis de Europa Central. Pero existe un antídoto, el más potente del mundo para combatir esta lacra ideológica y reside en la esencia identitaria de España (Iberia). ¡Oh! ¡Yeah!

«España es famosa por sus anarquistas, del mismo modo que otros países son famosos por su vino, su cocina, o la calidad de su diversión dentro de sus fronteras. También están la Iglesia, el Ejército, el viejo dictador Primo de Rivera, y su hijo, que está organizando su propia falange de fascistas. El odio entre la derecha y la izquierda empeora cada día que pasa, Asturias está a punto de explotar. En cuanto pueda hacerme con una metralleta, voy a salir a la calle antes de desayunar y voy a empezar a matar fascistas.»

A oscuras es una novela política de sabor pretérito que se remonta a 1932 y traza una linea oblicua desde la emergente expansión del fascismo en Italia y la llegada de la Alemania nazi a los actuales Estados Unidos de Trump, destinados a sufrir bajo el peso de sus tendencias fascistas latentes y el absurdo inherente de sus ideales contradictorios. No hay un cierre en la novela. Pynchon conecta con nosotros para que construyamos el futuro con diversión. Deja abierto el desenlace y nos invita al foco de aumentar nuestra curiosidad...  El submarino U-13 sigue emitiendo noticias en directo.

«Las frecuencias cambian continuamente, pero estarán entre los 3 y los 30 megahercios de banda»

Prepárate para una aventura pynchoniana, transformadora y contracultural que expandirá tu sentido de lo posible, dejándote con dudas sobre todo lo que creías saber. La próxima crisis no estará fomentada por el colapso de la producción industrial, sino por la producción patrocinada por la vigilancia tecnofascista, el Estado policial, el inminente estallido de la burbuja de la IA y la continua consolidación de todo bajo el sol en una Dinastía Plutocrática  Global. 

Busca, como debes hacerlo, busca todo lo que quieras. La única satisfacción es encontrar el Huracán en Papel. En breve Pynchon publicará otra nueva obra. Siempre ha trabajado en varias a la vez. Esto tiene pinta de ser una Trilogía de la Oscuridad ¡Blum!

«Ahora mismo tenemos un par de puestas de sol por delante para ver juntos

sábado, 13 de junio de 2026

La península de las casas vacías, de David Uclés


Literatura incómoda. Las nuevas generaciones de lectores disponen de esta potente cápsula de memoria para evitar que se degraden los Hechos de Nuestra Historia.  Con esta creación literaria en tono de realismo mágico, se adentrarán en uno de los temas más delicados, silenciados y falseados de la historia de Iberia: su guerra civil. Sin manipulaciones, reduccionismos ni censuras. Todo expuesto para el debate, la lógica, la expresión y la memoria democrática.

En el Estado español, como en otros países europeos, después de la Primera Guerra Mundial, la democracia sustituyó a la monarquía. En España, la Segunda República, que fue elegida democráticamente en 1931, reflejaba los deseos de justicia e igualdad de muchos de los ciudadanos. Su Constitución definía el país como «una república democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en regimen de libertad y justicia». Se crearon medidas progresistas como el matrimonio civil y el divorcio, la educación pública, el voto para la mujer y medidas para una más justa distribución de la propiedad agraria y los salarios, así como la protección laboral.  Por lo tanto, el golpe de Estado y la guerra entre dos bandos, fue el resultado de la lucha de clases, a la que se añadió una exterminación bien planificada y un intento de frenar cualquier aspiración de autodeterminación de las naciones que forman parte del Estado español.  

El golpe de estado franquista a un gobierno democrático, con la colaboración de la Iglesia católica, provocó 600.000 muertes en sus tres años de guerra, más de 350.000 asesinatos durante la represión franquista (1936-1950), más de 150.000 víctimas de desaparición forzada y más de 30.000 recién nacidos robados por la Iglesia. Actualmente hay constancia al menos de 2.232 fosas documentadas de las que solo se han abierto 390. Este dato convierte a España en el segundo país en el mundo en número de fosas comunes por detrás de Camboya. Los hechos referidos nunca han sido investigados penalmente por la Justicia española, por lo que, hasta el día de hoy, la impunidad ha sido la regla frente a unos acontecimientos que pueden ser constitutivos de crimen contra la humanidad. 

Esta obra opera como una gimnasio de la conciencia, como un laboratorio perceptual y ético que rompe la ilusión de un yo aislado y lo expone a su identidad diversa, social y global para reconocer la agresión, entender sus duelos, ponerle palabras, identificar el dolor, la heridas y los traumas que nos son transmitidos.

David Uclés fue portador, desde niño, de todas las historias de este libro gracias a su abuelo Luis, un andaluz de Jaén. Tardó diez años en terminarla y decidió aplicar al montaje de la obra una estructura costumbrista, viajando por toda la península para recoger anécdotas y datos objetivos de cada plaza, pueblo, ciudad o territorio de la guerra para recrear cada capítulo con meticulosidad. Todas sus páginas te mantienen en una constante sorpresa, descrito con riqueza lingüística, repleto de personajes luminosos, grises o turbios. Contempla la linea temporal completa sobre la guerra convirtiéndose en la única obra literaria hasta la fecha en lograrlo. Su público empezó siendo gente muy mayor pero poco a poco el libro llegó a los institutos y la gente joven lo acogió con mucho entusiasmo por su poder pedagógico. Lleva 32 ediciones hasta la fecha. Su lectura es cercana y comprometida. Nos recuerda que el duelo sigue congelado y aún no se ha llevado a cabo de forma abierta, pública y colectiva. Así que es el momento para hacer un esfuerzo de empatía. Es imposible olvidar. Y además es dañino para la salud social e individual.

La península de las casa vacías ha sido premiada, traducida y leída como un manifiesto generacional. Esta obra poética no busca cerrar heridas, sino enseñarnos a habitarlas y evitar la confusión. Han pasado 90 años desde ese golpe de Estado. Si queremos ser protagonistas de nuestro futuro, tenemos que ser valientes y elaborar lo que hemos heredado transgeneracionalmente. La península les espera, con sus luces muertas, torturas, batallas, desaparecidos y sus verdades vivas. Nos hemos acostumbrado a los silencios cargados de emociones que esperan verdad y justicia. La historia es un pasado abierto, inmenso, que guarda significados para quien quiera preguntarse el por qué de la historia y que quiera saber cómo curar el dolor heredado desde la perspectiva de la reparación, haciendo consciente lo inconsciente del genograma. Podemos vivir con las cicatrices limpias sin esconderlas y mejorar el presente a través de nuestras palabras desenterradas. Es momento de más Verdad, más Democracia y más Justicia ¡Blum!


martes, 28 de abril de 2026

Gato encerrado, de William S. Burroughs

Estoy unido a dos gatos arrebatadores y al tantear curiosidades literarias por la librería vi esta simplificada portada de Burroughs y reapareció en mi conciencia un renovado espíritu underground infectando el pensamiento con un lenguaje virulento, convertido en arte, arte como instrumento de desprogramación social. Encorvé mi mano y me lo llevé sintiendo un ronroneo en el pecho. 
 
Leí  al narrador del desmontaje, expresando su devoción hacia los muchos gatos que habían enriquecido su vida: Ruski, Ginger, Ed el gato albino, Smoky, Wimpy, Horatio, Calicó Jane, Fletch... y de repente noté que yo era uno más de ellos, un gato encerrado que no puede caminar solo y debe permanecer en su lugar. 
 
«Las personas y los animales pueden desaparecer de espíritu antes de desaparecer de cuerpo.» 
 
Burroughs nos somete a un proceso de desorientación deliberada que busca, paradójicamente, una forma de lucidez más radical. Si la narrativa tradicional intenta ordenar el mundo, la de Burroughs lo desordena para que puedas verlo. Es una experiencia sensible de emociones contenidas en un tono crepuscular.
 
 «Para mí el gato blanco es un mensajero que me cita para que afronte el horror de la devastación termonuclear.» 
 
Tras compartir este silencio cómplice abatido por las balas de su lenguaje, he comprendido que los gatos no nos pertenecen. Observan. Registran los fallos del sistema nervioso humano. Lamen las heridas sin permiso. No juzgan. Solo miden la distancia entre tu piel y la jaula. En sus ojos no hay moraleja, solo un espejo donde el lenguaje se oxida. Los tocas y sientes el pulso de otra máquina, más limpia, libre de la gramática del control. No son mascotas. Son testigos silenciosos del colapso. Cuando cierran los párpados, el virus se detiene. Un instante. Suficiente. Nos permiten estar con ellos ¡Blum!

El Golem, de Gustav Meyrink

 

He leído El Golem con la paciencia que exige toda obra que pretende habitar la ciudad de Praga. Meyrink conoce las calles del antiguo ghetto, sus portales hundidos, el aire denso que parece respirar aún con la fe de generaciones enterradas. Praga no es un escenario, es una herida que sangra en silencio. Pero cuando el autor intenta convertir ese silencio en espectáculo, la novela se quiebra. Lo oculto no debe anunciarse con tambores, debe insinuarse, como una grieta en el suelo que uno evita pisar sin saber por qué. Meyrink, en cambio, lo exhibe. Amontona símbolos como mercancías, los pule hasta que brillan bajo la luz del sensacionalismo, y los vende como misterio. Yo no busco el misterio; busco lo que el misterio oculta, la culpa sin delito, la ley sin juez, el cuerpo que camina sin saber si ya está muerto.

 El Golem no debería hablar. Debería ser el peso de lo creado contra su creador, la forma sin alma que obliga al alma a interrogarse. Meyrink le otorga demasiada teatralidad, demasiados gestos. Prefiero la quietud de un pasillo que no termina, la sombra que se mueve sin dueño, el documento administrativo que decide un destino sin explicación. La literatura no necesita gárgolas para ser inquietante, basta con nombrar lo cotidiano con la precisión exacta que revela su abismo.

«Debía ser medianoche. La luna llena oscilaba sin brillo como un pálido plato de latón tras velos de niebla.» 

No niego el mérito de Meyrink. Ha sabido leer la piel de Praga y extraer de ella un sueño febril. Pero el sueño, una vez escrito, debe conservar su respiración entrecortada. El suyo jadea. Y en ese jadeo, lo sobrenatural se vuelve ruido, y el ruido, al final, nos devuelve al silencio que tanto tememos. Tal vez esa sea la verdadera maldición del Golem, no el hecho de haber sido creado, sino el de haber sido contado en voz demasiado alta. Y yo sigo preguntándome si el verdadero monstruo no es el homúnculo de arcilla, sino la prisa con que los hombres quieren nombrar lo innombrable para sentirse dueños de él.





jueves, 23 de abril de 2026

El último secreto, de Dan Brown

 


Dan Brown no hace literatura en sí. Produce entretenimiento masivo con guiones muy americanos que el marketing digital convierte en bestsellers trepidantes y sorpresivos para satisfacer la curiosidad de un público cada vez más necesitado de efectos especiales. En una reciente entrevista reconoció que nunca lee ficción y sin embargo se ha convertido en un referente mundial del thriller especulativo. Su modus operandi consiste en decodificar lo científico y transmutarlo en una ficción superficial y sin originalidad que encienda el debate. Si hablan de él, vende, porque como lector, toda su infraestructura mercantil te ha preparado una amplia gama de estimulación con turismo literario, verosimilitud, redes sociales activas, experiencia inmersiva, gamificación y una adaptación cinematográfica asegurada en Netflix. Así que vas a caer y te lo vas a leer por pura curiosidad. Dentro, claro que hay un secreto, pero no una verdad. Todo está envuelto de una fantasía decepcionante. 

En esta ocasión ha plagiado la trama de Stranger Things cambiando el proyecto MKUltra por el de Stargate en Praga. Sumergido en un misticismo futurista se arroja hacia la  parapsicología, tocando temas abstractos como la potencial no localidad de la conciencia, la experiencia extracorporal, la visión remota; unido a los fractales, las sustancias psicoactivas como Rohypnol y la realidad virtal inmersiva.  Temas de inmesa complejidad reducidos a lo más simple.

La CIA, junto con la empresa In-Q-Tel, ha construido por debajo de un antiguo refugio nuclear que fue utilizado en los años cincuenta en el silencioso subsuelo de Praga, una cámara secreta de aspecto sobrio, futurista y puramente tecnológico,  que dispone de un vagón monorrail  para acceder hasta un laboratorio médico, denominado Umbral, donde esconden un quirófano y una máquina muy inquietante, suspendida sobre una pulcra mesa de operaciones, con cuatro brazos robóticos articulados para la neurocirugía craneal. Experimentan con la plasticidad neuronal y la reconfiguración del cerebro humano. ¿Con qué propósito? Ganar la carrera armamentística parapsicológica a través de la Visión Remota

 «Somos una única conciencia.»

La novela avanza junto a una constante premisa: todos somos uno. Cada porción individual contiene el todo y todo es una ilusión. Las imágenes que entran en la mente modulan y condicionan todo lo que hacemos y decimos. Vivimos en una mente holográfica, en el anima mundiRusia, China y EEUU trabajan en una tecnología RLS de chips intracraneales. Proyecto Umbral se prepara para una operación a gran escala tras experimentar con una chica rusa llamada Sasha. Muy en la linea de lo que le hacen a Once en Stranger Things.

Pero en esta historia los protagonistas son Katherine Solomon y Robert Langdon, una pareja de investigadores de la conciencia muy suspicaces que ahora están en peligro. Ella  está a punto de publicar un libro sobre noética en el que trata la posibilidad de diseñar un chip para reducir los niveles de GABA del cerebro, lo que puede poner en jaque los planes de la CIA. Su tesis doctoral ya iba encaminada hacia la creación de la neurona artificial y ahora plantea la posibilidad de integrar una tecnología de biofilamentos nanoeléctricos con el árbol dendrítico de las neuronas en más de cien billones de sinapsis para convertir el contenido psíquico en datos binarios que interactúen con las máquinas. La CIA ha seguido todos sus diseños científicos de transhumanismo hacia la Era Cyborg pero con otro objetivo: captar las imágenes del Tercer Ojo. Y para ello van a utilizar a pacientes epilépticos de un psiquiátrico ruso. Pueden tenerles más de una hora en estados de trance para aprovechar sus capacidades de visión remota y espiar los planes y actividades de otras naciones.

El último secreto es un thriller de fantasía  que niega al ser humano la posibilidad de tener una vida en libertad y de sentir el desapego del yo. Dan Brown insiste en su crítica al materialismo sin defender una alternativa coherente. Construye unos personajes planos y unidimensionales para abordar cuestiones filosóficas, científicas y teológicas de gran calado pero reducidas al más espurio sensacionalismo. Lo más grotesco de la novela es el Golem. Así que me parece un fraude de libro. Pura charlatanería norteamericana. ¡Blum!

 

miércoles, 1 de octubre de 2025

La biblia de neón, de John Kennedy Toole

La Biblia de neón fue la semilla oscura de un genio sureño. Antes de que John Kennedy Toole diera vida al inolvidable Ignatius J. Reilly en La conjura de necios, antes del Pulitzer póstumo y del mito literario, un adolescente de dieciséis años escribió en silencio una novela sobria, intensa y desgarradora. Publicada dos décadas después de su suicidio, esta obra temprana no es un mero ejercicio juvenil, sino una muestra asombrosa de madurez literaria precoz, una joya de culto que revela las raíces profundas de uno de los talentos más singulares de la literatura norteamericana del siglo XX.

Ambientada en Mississippi, en el sur rural de Estados Unidos durante la Gran Depresión, la novela sigue a David, un niño sensible atrapado en un mundo de pobreza, fanatismo religioso y opresión social. Narrada en primera persona con una voz introspectiva y contenida, La Biblia de neón evita los excesos dramáticos para construir, con precisión quirúrgica, una atmósfera de asfixia moral. Cada capítulo es un ladrillo en una arquitectura de desilusión, por la caída del padre, la sumisión de la madre, la persecución de la tía Mae —único faro de arte y libertad— y la iglesia como teatro de hipocresía, donde una Biblia iluminada con luces de neón simboliza la vacuidad de una fe convertida en espectáculo.

Lo que asombra no es solo la temática, sino cómo Toole la maneja. A los dieciséis años, ya dominaba los recursos del realismo sureño con una economía narrativa que recuerda a Carson McCullers o a los primeros cuentos de Flannery O’Connor. Su prosa es sobria, casi minimalista, pero cargada de resonancias emocionales. No necesita gritar para conmover. Basta un silencio, un gesto reprimido, el sonido lejano de un tren para transmitir la soledad absoluta de su protagonista. Esta contención es, paradójicamente, una de las mayores pruebas de su dominio técnico. Sabe cuándo callar, cuándo insinuar, cuándo dejar que el lector complete el horror.

Para los lectores que buscan obras de culto con sustancia, La Biblia de neón es una oportunidad única. No es una novela fácil ni consoladora, pero es profundamente honesta. Carece del humor desbordante de La conjura de necios, pero en su lugar ofrece una mirada cruda sobre la pérdida de la inocencia, la violencia del conformismo y la lucha por preservar la humanidad en un entorno que la castiga. Es, en esencia, una Bildungsroman invertida o novela de formación al revés. David no se integra al mundo adulto, lo rechaza, porque descubre que ese mundo está podrido en su núcleo.

Más allá de su valor biográfico —como ventana al joven Toole antes de su colapso existencial—, la obra brilla por su estructura impecable. Cada escena avanza la trama emocional sin artificios. El simbolismo (el tren, la música, la luz artificial) se integra orgánicamente, nunca como adorno. Y el final, ambiguo y perturbador, se niega a ofrecer redención fácil, forzando al lector a confrontar las consecuencias morales de la opresión.

En un panorama editorial saturado de ruido, La Biblia de neón es un recordatorio de que la gran literatura no siempre necesita ser estruendosa. A veces, basta con la voz de un niño que observa en silencio cómo su mundo se desmorona, y decide, al final, huir —no hacia la salvación, sino hacia la posibilidad de ser uno mismo.

Para quienes admiran a autores como Faulkner, McCullers o Salinger, y para quienes creen que la calidad literaria se mide en profundidad, no en volumen, esta novela es una lectura esencial. No es la obra más famosa de Toole, pero es, sin duda, la más reveladora. Una semilla oscura que, leída con atención, florece en comprensión, de un autor, de una época, y del poder duradero de la literatura de iniciación, a través de una prosa introspectiva que  fusiona lo personal con lo social, sin caer en el panfleto ni en el escapismo, sino en una mirada contenida, simbólica y profundamente humana.