HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias
Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Homero, Cervantes y Quevedo. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026
martes, 28 de abril de 2026
Gato encerrado, de William S. Burroughs
El Golem, de Gustav Meyrink
He leído El Golem con la paciencia que exige toda obra que pretende habitar la ciudad de Praga. Meyrink conoce las calles del antiguo ghetto, sus portales hundidos, el aire denso que parece respirar aún con la fe de generaciones enterradas. Praga no es un escenario, es una herida que sangra en silencio. Pero cuando el autor intenta convertir ese silencio en espectáculo, la novela se quiebra. Lo oculto no debe anunciarse con tambores, debe insinuarse, como una grieta en el suelo que uno evita pisar sin saber por qué. Meyrink, en cambio, lo exhibe. Amontona símbolos como mercancías, los pule hasta que brillan bajo la luz del sensacionalismo, y los vende como misterio. Yo no busco el misterio; busco lo que el misterio oculta, la culpa sin delito, la ley sin juez, el cuerpo que camina sin saber si ya está muerto.
El Golem no debería hablar. Debería ser el peso de lo creado contra su creador, la forma sin alma que obliga al alma a interrogarse. Meyrink le otorga demasiada teatralidad, demasiados gestos. Prefiero la quietud de un pasillo que no termina, la sombra que se mueve sin dueño, el documento administrativo que decide un destino sin explicación. La literatura no necesita gárgolas para ser inquietante, basta con nombrar lo cotidiano con la precisión exacta que revela su abismo.
«Debía ser medianoche. La luna llena oscilaba sin brillo como un pálido plato de latón tras velos de niebla.»
No niego el mérito de Meyrink. Ha sabido leer la piel de Praga y extraer de ella un sueño febril. Pero el sueño, una vez escrito, debe conservar su respiración entrecortada. El suyo jadea. Y en ese jadeo, lo sobrenatural se vuelve ruido, y el ruido, al final, nos devuelve al silencio que tanto tememos. Tal vez esa sea la verdadera maldición del Golem, no el hecho de haber sido creado, sino el de haber sido contado en voz demasiado alta. Y yo sigo preguntándome si el verdadero monstruo no es el homúnculo de arcilla, sino la prisa con que los hombres quieren nombrar lo innombrable para sentirse dueños de él.
jueves, 23 de abril de 2026
El último secreto, de Dan Brown
Dan Brown no hace literatura en sí. Produce entretenimiento masivo con guiones muy americanos que el marketing digital convierte en bestsellers trepidantes y sorpresivos para satisfacer la curiosidad de un público cada vez más necesitado de efectos especiales. En una reciente entrevista reconoció que nunca lee ficción y sin embargo se ha convertido en un referente mundial del thriller especulativo. Su modus operandi consiste en decodificar lo científico y transmutarlo en una ficción superficial y sin originalidad que encienda el debate. Si hablan de él, vende, porque como lector, toda su infraestructura mercantil te ha preparado una amplia gama de estimulación con turismo literario, verosimilitud, redes sociales activas, experiencia inmersiva, gamificación y una adaptación cinematográfica asegurada en Netflix. Así que vas a caer y te lo vas a leer por pura curiosidad. Dentro, claro que hay un secreto, pero no una verdad. Todo está envuelto de una fantasía decepcionante.
En esta ocasión ha plagiado la trama de Stranger Things cambiando el proyecto MKUltra por el de Stargate en Praga. Sumergido en un misticismo futurista se arroja hacia la parapsicología, tocando temas abstractos como la potencial no localidad de la conciencia, la experiencia extracorporal, la visión remota; unido a los fractales, las sustancias psicoactivas como Rohypnol y la realidad virtal inmersiva. Temas de inmesa complejidad reducidos a lo más simple.
La CIA, junto con la empresa In-Q-Tel, ha construido por debajo de un antiguo refugio nuclear que fue utilizado en los años cincuenta en el silencioso subsuelo de Praga, una cámara secreta de aspecto sobrio, futurista y puramente tecnológico, que dispone de un vagón monorrail para acceder hasta un laboratorio médico, denominado Umbral, donde esconden un quirófano y una máquina muy inquietante, suspendida sobre una pulcra mesa de operaciones, con cuatro brazos robóticos articulados para la neurocirugía craneal. Experimentan con la plasticidad neuronal y la reconfiguración del cerebro humano. ¿Con qué propósito? Ganar la carrera armamentística parapsicológica a través de la Visión Remota.
«Somos una única conciencia.»
La novela avanza junto a una constante premisa: todos somos uno. Cada porción individual contiene el todo y todo es una ilusión. Las imágenes que entran en la mente modulan y condicionan todo lo que hacemos y decimos. Vivimos en una mente holográfica, en el anima mundi. Rusia, China y EEUU trabajan en una tecnología RLS de chips intracraneales. Proyecto Umbral se prepara para una operación a gran escala tras experimentar con una chica rusa llamada Sasha. Muy en la linea de lo que le hacen a Once en Stranger Things.
Pero en esta historia los protagonistas son Katherine Solomon y Robert Langdon, una pareja de investigadores de la conciencia muy suspicaces que ahora están en peligro. Ella está a punto de publicar un libro sobre noética en el que trata la posibilidad de diseñar un chip para reducir los niveles de GABA del cerebro, lo que puede poner en jaque los planes de la CIA. Su tesis doctoral ya iba encaminada hacia la creación de la neurona artificial y ahora plantea la posibilidad de integrar una tecnología de biofilamentos nanoeléctricos con el árbol dendrítico de las neuronas en más de cien billones de sinapsis para convertir el contenido psíquico en datos binarios que interactúen con las máquinas. La CIA ha seguido todos sus diseños científicos de transhumanismo hacia la Era Cyborg pero con otro objetivo: captar las imágenes del Tercer Ojo. Y para ello van a utilizar a pacientes epilépticos de un psiquiátrico ruso. Pueden tenerles más de una hora en estados de trance para aprovechar sus capacidades de visión remota y espiar los planes y actividades de otras naciones.
El último secreto es un thriller de fantasía que niega al ser humano la posibilidad de tener una vida en libertad y de sentir el desapego del yo. Dan Brown insiste en su crítica al materialismo sin defender una alternativa coherente. Construye unos personajes planos y unidimensionales para abordar cuestiones filosóficas, científicas y teológicas de gran calado pero reducidas al más espurio sensacionalismo. Lo más grotesco de la novela es el Golem. Así que me parece un fraude de libro. Pura charlatanería norteamericana. ¡Blum!
miércoles, 1 de octubre de 2025
La biblia de neón, de John Kennedy Toole
Ambientada en Mississippi, en el sur rural de Estados Unidos durante la Gran Depresión, la novela sigue a David, un niño sensible atrapado en un mundo de pobreza, fanatismo religioso y opresión social. Narrada en primera persona con una voz introspectiva y contenida, La Biblia de neón evita los excesos dramáticos para construir, con precisión quirúrgica, una atmósfera de asfixia moral. Cada capítulo es un ladrillo en una arquitectura de desilusión, por la caída del padre, la sumisión de la madre, la persecución de la tía Mae —único faro de arte y libertad— y la iglesia como teatro de hipocresía, donde una Biblia iluminada con luces de neón simboliza la vacuidad de una fe convertida en espectáculo.
Lo que asombra no es solo la temática, sino cómo Toole la maneja. A los dieciséis años, ya dominaba los recursos del realismo sureño con una economía narrativa que recuerda a Carson McCullers o a los primeros cuentos de Flannery O’Connor. Su prosa es sobria, casi minimalista, pero cargada de resonancias emocionales. No necesita gritar para conmover. Basta un silencio, un gesto reprimido, el sonido lejano de un tren para transmitir la soledad absoluta de su protagonista. Esta contención es, paradójicamente, una de las mayores pruebas de su dominio técnico. Sabe cuándo callar, cuándo insinuar, cuándo dejar que el lector complete el horror.
Para los lectores que buscan obras de culto con sustancia, La Biblia de neón es una oportunidad única. No es una novela fácil ni consoladora, pero es profundamente honesta. Carece del humor desbordante de La conjura de necios, pero en su lugar ofrece una mirada cruda sobre la pérdida de la inocencia, la violencia del conformismo y la lucha por preservar la humanidad en un entorno que la castiga. Es, en esencia, una Bildungsroman invertida o novela de formación al revés. David no se integra al mundo adulto, lo rechaza, porque descubre que ese mundo está podrido en su núcleo.
Más allá de su valor biográfico —como ventana al joven Toole antes de su colapso existencial—, la obra brilla por su estructura impecable. Cada escena avanza la trama emocional sin artificios. El simbolismo (el tren, la música, la luz artificial) se integra orgánicamente, nunca como adorno. Y el final, ambiguo y perturbador, se niega a ofrecer redención fácil, forzando al lector a confrontar las consecuencias morales de la opresión.
En un panorama editorial saturado de ruido, La Biblia de neón es un recordatorio de que la gran literatura no siempre necesita ser estruendosa. A veces, basta con la voz de un niño que observa en silencio cómo su mundo se desmorona, y decide, al final, huir —no hacia la salvación, sino hacia la posibilidad de ser uno mismo.
Para quienes admiran a autores como Faulkner, McCullers o Salinger, y para quienes creen que la calidad literaria se mide en profundidad, no en volumen, esta novela es una lectura esencial. No es la obra más famosa de Toole, pero es, sin duda, la más reveladora. Una semilla oscura que, leída con atención, florece en comprensión, de un autor, de una época, y del poder duradero de la literatura de iniciación, a través de una prosa introspectiva que fusiona lo personal con lo social, sin caer en el panfleto ni en el escapismo, sino en una mirada contenida, simbólica y profundamente humana.
martes, 19 de agosto de 2025
Solas en el silencio, de Silvia Itxaurrondo
En este tiempo de tránsito mi atención se posó en una mujer, en lo femenino y universal, desde su lado más humano. Y entonces se abrió una ventana hacia mi interior. Salté al pasado, surgió un presente más colorido, volé al futuro, desperté ante mi capacidad de libertad. Surgió el amor a la verdad y la honestidad. Pude honrar a la vida. Y cuando estaba en ese dulce momento de paz, apareció Silvia Itxaurrondo con su triunfo en la literatura contemporánea. Leí su debut narrativo asombrado por la profundidad y precisión con la que expone el trágico fenómeno de la violencia machista, poniendo el foco de atención en el silencio, ese cómplice del delito y la cobardía. Solté todo lo superfluo y denostado, y comencé a comerme de nuevo la vida con un coraje y energía extraordinaria.
La entrada en la lectura fue directa, fluída y adictiva. Los personajes destacan por sus actitudes, se mueven, tienen sentimientos marcados y pensamientos muy definidos. Sin darte cuenta ya eres uno más de este pueblo vasco que autoriza con los secretos, con la vergüenza y la desconexión. No hay páginas en esta obra. Hay sucesos y cada escena se muestra en 8K. Al llegar al final se produce una catársis. Un cierre profundo y esperanzador, como hizo el dramaturgo Henrik Ibsen en su clásico Casa de muñecas cuando Nora da ese magistral portazo al salir de la casa. Silvia intxaurrondo ha preferido la metáfora visual del rojo. Perfecto. Es poderosa. Invita a hablar de lo real. Vivimos en la era más hiperconectada jamás soñada. Tenemos solo una vida. No la desperdicies. El juego sigue ¡Blum!
sábado, 3 de mayo de 2025
El viejo y el mar, de Ernest Hemingway
jueves, 27 de febrero de 2025
Shakespeare & Cervantes, de Jorge Carrión
Shakespeare & Cervantes, es una pieza híbrida que dialoga con el lector desde múltiples planos para rendir un homenaje torcido a dos figuras inolvidables de la literatura universal, Miguel de Cervantes y William Shakespeare, y además, rescatar y amplificar la voz ensimismada de Jorge Luis Borges.
La premisa central de esta obra radica en la reconstrucción imaginativa de un cuento perdido de Borges titulado "Los otros dos". Esta elección no es casual, ya que Borges, conocido por su fascinación por las paradojas temporales, los laberintos conceptuales y los encuentros imposibles, sirve aquí como puente entre los dos gigantes literarios. La idea de un encuentro entre Shakespeare, Cervantes y Borges poco antes de la muerte de este último, en Ginebra, establece un escenario metafórico cargado de simbolismo. El lugar y el momento elegidos parecen ser una alusión a esa transición entre lo terrenal y lo eterno, un espacio liminal donde las barreras del tiempo y el espacio se desdibujan.
Carrión utiliza esta estructura para explorar temas tan manidos como la naturaleza de la creación artística, el legado literario y la inevitabilidad de la muerte. Al hacer dialogar a estos tres escritores dentro del mismo saco, el autor expone su desorden mediante una conversación narcisa que abarca siglos, culturas y perspectivas imposibles. Más allá de la simple recreación histórica o biográfica, lo que emerge es una meditación petulante sobre el papel del escritor como intermediario entre mundos visibles e invisibles.
En Shakespeare & Cervantes, la figura de Cervantes resulta subestimada, relegada a un segundo plano frente al brillante protagonismo de Shakespeare y la autorreferencialidad narcisista de Borges. Aunque se pretende homenajear al autor de Don Quijote, su voz queda diluida en comparación con el culto reverencial hacia Shakespeare, presentado como universal e intocable. Paralelamente, Borges asume un lugar privilegiado, no solo como mediador ficticio entre ambos genios, sino también como celebrador de una literatura obsesionada consigo misma, donde el laberinto conceptual prima sobre la humanidad cruda que caracteriza a Cervantes. Este desequilibrio reduce la riqueza social y crítica del español, cuya obra dialoga directamente con lo real, a favor de abstracciones metafísicas y formalismos estilísticos. Es una completa pérdida de tiempo.


