HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

martes, 28 de abril de 2009

Casa de muñecas, de Henrik Ibsen

Henrik Ibsen, fue poeta y un excelente dramaturgo noruego. Considerado el más importante dramaturgo en su país y uno de los autores que más ha influido en la dramaturgia moderna, padre del drama realista moderno y antecedente del teatro simbólico. En su época (1828 - 1906), sus obras fueron consideradas escandalosas por una sociedad dominada por los valores victorianos, obras que cuestionaban el modelo de familia y de sociedad dominantes. Sus obras no han perdido vigencia y es uno de los autores más representado en la actualidad. Un perpetuo Huracán en papel.

La obra puede compararse con un antivírico contra el machismo. El personaje de Nora, en los tres actos, representa a muchas mujeres atrapadas de por vida en una casa de muñecas, muñecas-mujer cuando están casadas, y muñecas-niñas en casa de papá. Mujeres o más bien seres humanos con los que el género masculino se encapricha infantilizándolas e inutilizándolas, sujetas a un salón de recreo y viviendo de las piruetas de su máscara cándida y pueril. Toda su vida se reduce a una representación, a un teatro, en el que se muestran amables el uno con el otro, juegan y juegan, para provocarse una alegría insulsa y caricaturizada. Resulta gracioso el juego, igual de gracioso que les resulta a sus hijos, que hacen de muñecos cuando Nora juega con ellos. Pero... ¿a qué les conduce todo esto?... Toda esta farsa, este hogar artificioso, esta casa de muñecas, quedará sellada gracias a un universal portazo que pone punto y final a una pantomima alienante.

Ibsen abogó por la causa feminista en favor de la autorrealización de la mujer y del ser humano. Consciente de lo masculinizada que estaba la sociedad, sus leyes , la religión, o incluso un simple panfleto publicitario, plasmó su sincero deseo por arrancar a las mujeres de ese espacio asfixiante. Valores como la educación, conocerse a si mismo, el regreso a las raíces personales, rebatir y encararse contra los nudos de la sociedad en favor de los valores individuales, el derecho a la libertad plena entre hombres y mujeres sin ataduras moralistas de dominio, la irrelevancia del honor en aras del ser amado, o la firmeza en su propósito por derrumbar con su voluntad toda una vida de insatisfacción, la mantienen en el más alto pedestal del modernismo literario. Nora es quien ayuda a todos, es la heroína y su portazo resuena en mi alma como un estallido de gloria y libertad. Imprescindible su lectura aún en nuestro siglo XXI, por favor.

"Me entran ganas de romperme en mil pedazos"

viernes, 24 de abril de 2009

La perla, de John Steinbeck

"En el pueblo se cuenta la historia de la Gran Perla del Mundo, de cómo fue encontrada y de cómo volvió a perderse. Se habla de Kino, el pescador, y de su esposa, Juana, y del bebé, Coyotito. Y como la historia ha sido contada tan a menudo, ha echado raíces en la mente de todos. Y, como todas las historias que se narran muchas veces y que están en los corazones de las gentes, sólo tiene cosas buenas y malas, y cosas negras y blancas, y cosas virtuosas y malignas, y nada intermedio.

Si esta historia es una parábola, tal vez cada uno le atribuya un sentido particular y lea en ella su propia vida. En cualquier caso, dicen en el pueblo que..."

John Steinbeck, el escritor de Las uvas de la ira, o Al este del edén ganó el Nobel en 1962, seis años antes de su muerte . Al igual que Faulkner se le clasificó como el escritor sureño de Norteamérica, obsesionado por reflejar la pobreza de California y Nuevo México.

Esta novela corta está repleta de sentimentalismo y desprovista de moraleja para que el lector realice su propio análisis e interpretación de los hechos. La narrativa te sumerge con severidad en la aspereza de los sucesos y con gran maestría te muestra los matices y detalles más precisos que consiguen dibujar las escenas en tu mente asegurándose un efecto imponente en el lector. Es una perla literaria que se conserva incólume en las arenas del tiempo.

miércoles, 22 de abril de 2009

La busca, de Pío Baroja

Esta novela me estaba esperando desde hace ya tiempo. Puede que dos años. Aguardaba en un lugar desconocido para mi desde el momento en que una persona muy leída compartió sus sensaciones sobre esta obra en un blog dedicado a la lectura. Su pasión por Baroja me salpicó, así que anoté la obra en mi Libreta Dorada.

Durante mi viaje a Trujillo, el pueblo natal de Pizarro, fui recorriendo diferentes pueblos y ciudades de Castilla y León , y Extremadura. Molinos de Duero (Sória), Zamora, Salamanca, Hervás (Cáceres), Badajoz, Mérida, Cáceres, Trujillo, Parque Nacional de Monfragüe, Cáparra, Valle de Ambroz, Valle del Jerte, Parque Natural de la Garganta de los Infiernos, Garganta la Olla, Monasterio de Yuste y Jaraiz de la Vera. Todo un descubrimiento de las maravillas que reposan ocultas aún para muchos en España.

Explorando esta Extremadura de Conquistadores en la que confluyen la Ruta de la Plata y la Ruta de Carlos V, mis pasos me llevaron a una curiosa librería dedicada a los libros antiguos, situada en el casco medieval y silencioso de Cáceres, en un perfecto ambiente de recogimiento. Un lugar donde sientes que el tiempo se ha detenido y todo permanece intacto. También los libros. Y allí, en ese secreto lugar de la literatura, abrí su Puerta de Cristal y las maderas crujieron a cada movimiento que mi cuerpo realizaba en la búsqueda y elección de una joya literaria para mi biblioteca interminable. De repente, todo un estante dedicado a Pío Baroja me inundó de placer y encontré varias ediciones antiguas de la trilogía Lucha por la vida. Comparé todas ellas y sin más dilación me hice con un ejemplar de 1972 de La busca, que tiene más años que yo, del editor Caro Raggio, marido de la hermana de Pío Baroja. Al abrir esta reliquia encontré las ilustraciones de su hermano Ricardo Baroja y un prólogo de Julio Caro Baroja, hijo del editor y sobrino de Pío Baroja. ¡Excepcional! Salí de la librería con sensación de riqueza literaria, portando en mis manos, la obra que mejor reflejaría en los albores del siglo XX el derrumbe y la decadencia de lo que un día fue el Imperio español.

La busca es un texto fundamental sobre la sociedad y las clases mas desfavorecidas de la España y del Madrid de comienzos de siglo XX. Su protagonista Manuel Alcázar llega a Madrid con diez años donde su madre, La Petra, viuda, está empleada como sirvienta de una casa de huéspedes. Manuel trabaja en varios lugares, como la zapatería del señor Ignacio o una tahona, mientras frecuenta la compañía de su primo Vidal y del "Bizco", que vagabundean por los barrios bajos de la ciudad ejerciendo de ladronzuelos y descuideros.

Leyendo La busca se aprende sobre todo en que consiste la lucha por subsistir, desde la visión hiperrealista de uno de los escritores más potentes de la literatura española, que puso su mirada en los arrabales y las clases bajas de Madrid, utilizando sus expresiones fonéticas y transcribiendo sus entonaciones. Su lectura te ayuda a desprenderte del materialismo sin sentido y a observar la parte más espiritual del ser humano.

Baroja, miembro de la Generación del 98, e influido por las filosofías irracionalistas de Nietzsche y Schopenhauer, dejó patente con sus agrias pinceladas existencialistas el panorama tan desolador de crisis, de incomodidad y desubicación que se respiraba frente al mundo excesivamente mecanizado y maquinista que había creado la Revolución industrial. Pesimista con el hombre y sensible con los marginados y hambrientos, mostró por los indefensos una notable ternura y fustigó sin piedad la crueldad de sus tiempos.

Cuando Pío Baroja murió, su ataúd fue llevado en hombros entre otros por dos de sus admiradores, Ernest Hemingway y Camilo José Cela, el uno era premio Nobel de literatura y el otro llegaría a serlo años más tarde. John Dos Passos también declaró su profunda admiración y su deuda con el escritor.

En nuestros albores del siglo XXI La busca me lleva a recordar irremediablemente a los 4.010.700 desempleados registrados en abril de 2009 en las oficinas del INEM y en cómo procederá su lucha por subsistir en un país que depende cada vez más de las subvenciones europeas y nacionales. Ayudarles a encontrar trabajo es el objetivo más urgente de todos a los que se enfrenta el país. ¡Ánimo! valientes.

domingo, 19 de abril de 2009

El chino, de Henning Mankell

En esta ocasión vamos directamente a la trama y seguidamente expondré mis impresiones:

Una helada mañana de enero de 2006, un fotógrafo hace un descubrimiento aterrador: en el pueblecito sueco de Hesjövallen aparecen brutalmente asesinadas diecinueve personas. La policía sospecha que es obra de un perturbado; pero la jueza Birgitta Roslin, que se interesa por el caso en cuanto sabe que entre las víctimas figura la familia adoptiva de su madre, sostiene otra teoría. Una cinta de seda roja encontrada en la nieve le pone en la pista de un sospechoso llegado de fuera, y de una inquietante trama oculta que parece arrancar en Pekín. Birgitta ignora que todo se remonta a una vieja historia del año 1860, cuando miles de chinos fueron llevados a Estados Unidos a trabajar casi como esclavos en la construcción del ferrocarril en la costa oeste. Las consecuencias de esa dramática odisea, encarnada en los descendientes de los hermanos Wu, San y Gou Si, llegan hasta la conflictiva pero poderosa China del siglo xxi, donde cruentas luchas de poder en el seno del Partido Comunista Chino están decidiendo el futuro del país a las puertas de los Juegos Olímpicos. Pero su persecución del asesino, en solitario y al margen de la policía, se interrumpe en cuanto Birgitta siente en la nuca el aliento frío de quienes quieren acabar con su vida.

Así, a simple vista, parece interesante ¿verdad? Asesinatos, un pueblecito sueco, una cinta roja, una venganza que surge desde Pekín, política de contrastes, comunismo vs. capitalismo, etc. Las editoriales saben muy bien como mostrar una obra de una menera apetitosa, pero...

Hening Mankell dijo que su última novela era completamente superior a todas las que leyó de la Serie Larsson. Bien. Esto fue lo que me hizo escoger su última novela para descubrir quien de los dos provocaba en mi mayor impacto sobre su narrativa. Como lector, puedo decir que la trama de Mankell me ha resultado floja, cansina y agotadora. Únicamente, se podrían rescatar, los comentarios que aporta sobre la historia de los últimos cuarenta años de China: la Revolución Cultural; la masacre de la plaza de Tiananmen; el imperialismo comunista de Mao Zedong para rescatar a los campesinos del latifundismo inhumano hacia una ideología industrial utópica que originó desgraciadamente una devastadora hambruna, la cual precipitó a millones de chinos a la muerte; así como el abismo existente entre pobres y ricos que mantiene el Partido Comunista a golpe de censurar la libertad de expresión y de bloquear una civilizada tendencia del ser humano a la verdadera democracia para que les permita evolucionar económica y socialmente. En cuanto a todo lo demás, Hening Mankell no le llega ni a la suela de los zapatos a la trama ni a los personajes de Stieg Larsson. Para mi el asunto está finiquitado. Larsson es incontestablemente superior. El final de la novela me ha resultado de lo más fatigoso, carente de tensión y predecible. Creo que les hago un favor advirtiéndoselo.

domingo, 15 de marzo de 2009

Historia de un idiota contada por él mismo, de Félix de Azúa

Esta es la historia de un idiota desde su infancia hasta su edad mediana (1986), pasando linealmente por la adolescencia, el descubrimiento del sexo, la vida universitaria, las broncas juveniles, el amor, los filósofos meses cuartelarios de la mili, la tentativa de suicidio, el ambiguo mundo del arte y la búsqueda sistemática del contenido de la felicidad.

Félix de Azúa conduce a su Idiota no tanto por la vida como por las ideas, en su sendero donde la primavera camina recta mientras las segundas se curvan y se retuercen. Su obcecado estudio sobre de la felicidad degenera hábilmente e inevitablemente en un tratado sobre la soledad y la incomunicación del hombre, brindándole una sonrisa.

Su prosa está llena de metáforas titánicas, que envuelve con un cristalino ingenio intelectual. Sus ideas son directas y contundentes. Provocan un sólido impacto en nuestra percepción. Se lee muy rápido y se hace notablemente corta. Tiene ese tamaño preciso que al finalizar la obra salta a nuestra memoria la legendaria frase de Baltasar Gracián: Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Sonría antes, mientras y después.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Sida mental, de Lionel Tran

Obra completamente autobiográfica que narra la desolación, la soledad y la ira de un niño-adolescente de un barrio periférico de Lyon, Francia. Educado en una familia disfuncional, de padres divorciados, siendo víctima de la tiranía de una madre rabiosa de la generación del Mayo del 68 que necesita asistir a continuas reuniones del Grupo de Mujeres, para autoafirmarse. El autor nos muestra dando saltos en el tiempo, entre los 70, los 80 y los 90, algunos momentos en su vida que definen a una generación de jóvenes acusada de sida mental por haber perdido toda su inmunidad natural, a la que todos los virus degenerativos la afectan.

Está relatado en primera persona con frases cortas y frías. Frases repletas de movimiento y escenas que presentan un silencio afligido como protagonista, con un estilo corrosivo y mordaz. Escoge detalles que permiten situarte perfectamente en el contexto alienante que le rodea. Expresa su relación con el sexo desde niño, experimentado de una forma hiriente, agresiva.

Se trata de Literatura Underground. En este caso parece una obra trasladada del cómic a hojas desprovistas ahora de imágenes, como si leyeras viñetas literarias. Su mundo está cargado de una ciencia ficción perturbadora que conecta con toda la angustia de una generación europea desdeñada al extrarradio, en la que sobresalen viviendas de protección oficial, locales de cemento, cartones de embalaje, cáscaras de huevo por las calles, trozos de papel higiénico, poliestireno, botellas de vino rotas y como telón de fondo los hangares del IKEA o las inmensas chimeneas estrechas y negras en un cielo gris y rojo.

Cuenta que de niño salía a la terraza con una escopeta de juguete deseando que fuera real para terminar con todo aquel que sus ojos visionaban. Y en sus horas de tristeza, lloraba y envidiaba la vida de los otros que observa por la ventana. Esta repulsión social es uno de los síntomas del sida mental que sufre esta sorprendente generación en toda Europa.

En ocasiones describe escenas simpáticas, escenas en las que destaca una importante sensibilidad por parte del autor, sin embargo la mayor parte de las situaciones son inquietantes, angustiosas, agobian, son fóbicas, hostiles. Pero lo interesante es que las experimentas con cierta piedad . Resalta un fuerte contraste entre esas emociones. Y al finalizar la obra sientes un collage global de la vida individual y generacional de Lionel Tran que te permite entender y aproximarte a la naturaleza de esta enfermedad. Tenemos aquí a un nuevo escritor francés con ganas de golpear duro y ser abyecto. Imprescindible si queremos desvestir la verdad. Con esta obra sumarán reflexión y comprensión.

jueves, 5 de marzo de 2009

Hacia el amanecer, de Michael Greenberg

Es una obra conmovedora. Se sufre. Muchísimo. Es inevitable. Se trata del testimonio real de un padre que ve como en el verano de 1996 su hija de quince años se vuelve loca, presa de una psicosis aguda. Y aceptar esto resulta espeluznante. Aterrador. Sally es una niña de padres divorciados, fascinada por la literatura, que relee una y otra vez los Sonetos de William Shakespeare o disfruta escuchando las Variaciones Goldberg de Bach, interpretadas por el magnífico pianista Glen Gould. En vista de esta sensibilidad uno empieza a preguntarse si se trata de un... ¿genio o un trastorno mental? ¿Cómo diferenciarlos? ¿transitorio o vitalicio? Todo resulta extraño cuando Michael encuentra un coche patrulla aparcado enfrente de su casa, en Bank Street (Nueva York). La policía se encuentra allí porque su hija intentaba embestir a los coches segura de que podría detenerlos en su camino. ¿Tal vez las drogas? ¿Ácido? ¿Éxtasis? No. Todo producto de su mente. El establishment psiquiátrico de corte milimétricamente biomédico determina que padece un Trastorno Bipolar. ¿Porqué ella? ¿Hereditario o producto del descontrol de una familia disfuncional? No se cuestiona. Directamente es internada en un psiquiátrico, en la «Cámara de Aislamiento Acolchada» donde la nutren de haloperidol y del anticonvulsivo ácido valproico, con el fin de inducirle indiferencia, bloqueando toda su dopamina, la responsable del pensamiento secuencial y la que nos ayuda a hacer funcionar el sistema motor y determina la fluidez con que movemos brazos y piernas. Le practican una auténtica lobotomía química a la que deberá estar sometida de por vida. Un negocio para el farmacéutico, de unos setecientos veinticuatro dólares, incluyendo el relajante muscular Cogentine, más una píldora para dormir, más un ansiolítico. Todo para reducir sus estallidos visionarios llenos de grandilocuencia.

Con esta obra Michael Greenberg realiza su debut en la literatura, narrando su difícil experiencia personal. La revista Time la ha escogido como uno de los diez mejores libros del 2008 y Amazon lo ha seleccionado como el segundo mejor libro del 2008. Próximamente será llevado al cine.

Yo particularmente destacaría en este honesto ensayo la claridad con la que describe su desazón, su sentimiento de culpabilidad, las emociones de su hija, las metáforas sobre el nebuloso rastro de la locura, o las referencias de la paranoia que encuentra en la literatura, sobre todo el paralelismo que descubre en Lucia, la hija de James Joyce, a la que se le diagnosticó esquizofrenia y trastorno bipolar de ciclo rápido, al poco de que el autor concibiera su Finnegans Wake como una novela de la noche inconsciente, una novela de oscuros juegos de palabras y asociaciones, aproximándose, todo lo que una obra literaria puede hacerlo al cerrado mundo de la psicosis, sin ser demente ella misma. Según Joyce, esto, seguramente, al infiltrarse en el cerebro de su hija pudo precipitar las enigmáticas expresiones de Lucía trastornándola, al igual que le ocurre a Sally tras devorar los Sonetos de William Shakespeare. Este punto nos hará reflexionar mucho durante la lectura. Lucia le dijo una vez a James Joyce que la razón por la que estaba mentalmente enferma era porque él no le había transmitido ninguna moral. A esto James Joyce le respondió que cómo podía darle algo que ni el mismo tenía. Muy triste respuesta ¿no? Aquí hay mucho con lo que reflexionar. Sufrirán con esta obra, pero también les hará sentirse más humanos. Suerte.

martes, 24 de febrero de 2009

Jacob von Guten, de Robert Walser

Literatura en su estado más puro y luminoso, que refulge y destella palabras, frases, pensamientos y emociones con la potencia descriptiva y el acierto efusivo de la pluma de uno de los escritores más lúcidos y enigmáticos con los que me he topado buscando el corazón de la literatura de altura. Aquí se encuentra el germen de la escritura de Franz Kafka, en el titánico y colosal Robert Walser. Cada página es un tesoro, un talismán que resplandece cálido, capaz de entibiar nuestras manos en el invierno más glacial . El elixir de las letras. La ambrosía de los dioses. Tras su lectura siento estar en un Alto Vacío, propulsado por la energía intelectual de este inolvidable Huracán en papel.

Jacob von Guten fue su tercera novela y la más amada por el autor, pero también la más discutida e innovadora, escrita en 1909 en Berlín, tres años después de haber dejado el Instituto donde se había educado. A través del diario de Jacob iremos conociendo todos los secretos, dramas y pequeñas tragedias y misterios del Instituto Benjamenta. A parte de la perspicacia delicada de Jacob von Guten nos aparecerán personajes de lo más fascinantes como su condiscípulo y querido Kraus o los directores del Instituto, la maestra Fräulein Benjamenta y Herr Banjamenta.

Robert Walser nació en Biel (Suiza) el 15 de abril de 1878 y murió, caído sobre la nieve, el día de Navidad de 1956. Su vida, semejante a la de sus personajes, fue inquieta y errática, siempre escapando a cualquier forma de duración o permanencia. A los 14 años abandonó los estudios y ejerció los más diversos oficios: fue empleado de banca, secretario, archivero; incluso sirvió de criado en un castillo de Silesia. Walser despreciaba los ideales de prosperidad, aborrecía el éxito, era incapaz de someterse a ningún tipo de rutina o atadura. Vivió siempre, de un lugar a otro, sin domicilio fijo, con graves problemas económicos. A partir de 1925 empieza a sufrir trastornos nerviosos y alucinaciones auditivas; se embriaga y tiene periodos de enorme agresividad. Su hermana Lisa, la única ayuda constante que recibió, le recomienda que ingrese en un sanatorio psiquiátrico.

Pasó los últimos veintiocho años de su vida encerrado en los manicomios de Waldau y Herisau, dedicado a una frenética actividad de letra microscópica, ficticios e indescifrables galimatías en unos minúsculos trozos de papel. Sumergido en un ambiguo silencio. Durante toda su vida se sintió como un cero a la izquierda. Imbuido en la estética del desconcierto, deseando ser olvidado. No lo ha conseguido. Es imposible olvidarse de Robert Walser. Una vez sus letras entran en contacto con tus sentidos, estos te muestran la personalidad trashumante que despliega, el entusiasmo por su prosa se convierte en una presencia imperecedera.

«Y si alguna vez una ola me levantase y me llevase hacia lo alto, allí donde impera la fuerza y el prestigio, haría pedazos las circunstancias que me han favorecido y me arrojaría yo mismo abajo, a las ínfimas e insignificantes tinieblas. Sólo en las regiones inferiores consigo respirar.»

«Hoy es necesario que deje de escribir. Me excita demasiado. Y las letras arden y bailan delante de mis ojos.»

«Pluma, si no me asistes, no sé cómo avanzar.»

No habrá ningún lector de Walser que, bajo los efectos de su estilo, que actúa como una música, no se sienta reconfortado y tal vez mejor persona. Leer a Walser nos libera de embrollos éticos y nos limpia de mezquindad. Disfruten cuanto puedan. Kafka lo leía en voz alta a sus amistades.

miércoles, 4 de febrero de 2009

El castillo, de Franz Kafka

Fui hacia la librería afanoso, e incluso turbado. Mi cuerpo entró por el umbral casi en volandas directo a la K de Kafka en busca de su castillo letrado. Y en un estante del que rebosaban soberbios literatos - John Keats, Paul Klee, Kapuscinski, Michael Kenny, Jack Kerouac, Philip Keer, Heinrich von Kleist, Alfred Kubin, Rudyard Kipling, Imre Kertész, Arthur Koestler, Agota Kristof, Ismail Kadare, Rosa Kruger, Milan Kundera, Kakinomoto no Hitomaro o Elia Kazan, entre otros - concentré mi vista bulliciosa en el objeto de mi deseo. Allí, en esa espesura de intelectualidad, mi mano temblorosa se lanzó para apoderarse del alcázar kafkiano y al sacarlo de su enjuto espacio aprisionado me topé con la magnífica portada de la editorial Cátedra. Un castillo flotante. Un fortín vacilante y movedizo, que en ese instante, me transmitió inestabilidad y oscilación existencial, miedo al peligro de un derrumbe inminente. Y con ese desconcierto pasé por caja para pagar mi nudo literario. La joven dependienta al verlo echó su cabeza hacia atrás con una leve inclinación y mientras digería perceptualmente el objeto de compra sintetizó sus impresiones y me soltó: "¡Kafka!... bueno -sonrisa oblicua-, suerte". Y con todo este berenjenal kafkiano salí al espacio abierto con mi nuevo libro dispuesto a penetrar en la compleja ciudadela. ¡Diantres, en la que me he metido!

De lo primero que me entero en el prólogo es de que la obra está incompleta y que la escribió dos años antes de fallecer, tras sufrir un colapso nervioso de gravedad y aquejado de una enfermedad de pulmón que le llevó hasta la localidad montañosa de Spindlermühle para recuperarse, y lugar en el que inicia la novela. Aquí entra de nuevo en una etapa de creatividad incesante. Le conceden la jubilación definitiva con treinta y nueve años y sintiéndose abocado a la escritura debido a sus propias debilidades empieza a escribir por imperativo de su voluntad, solo y sin descendencia. Escribir se convierte en su vida. Una vida en la que ha sacrificado el matrimonio, la familia y los hijos. El castillo supone un momento de tránsito en la vida de Kafka, que se refleja claramente en las intenciones del protagonista de la obra, K. el agrimensor. Su deseo es alejarse de su mundo para acceder al territorio del castillo y allí iniciar una nueva vida. El hecho de que la obra quedara incompleta evidencia un sentimiento de incapacidad para aceptar una vida de logros.

El mismo día de su muerte, el 3 de junio de 1924, pidió al joven amigo Klopstock, que, junto con Dora, quien no se separó prácticamente de él en las últimas semanas de enfermedad, le aplicase una inyección de morfina para de este modo acabar con su vida, con la advertencia de que si no lo hacía sería tenido por criminal, según el testimonio de Max Brod.

El castillo relata la historia de un agrimensor que acude a la llamada de un pueblo adscrito a un castillo para que realice trabajos profesionales abandonando para ello su patria, su trabajo y su familia. Pero cuando llega allí le hacen saber que no hace ninguna falta, se siente marginado de la comunidad desde el primer momento y comienza su lucha a ciegas por conseguir una entrevista con la administración, que habita en el castillo. Pero su lucha fracasará, puesto que a su alrededor se cierran todas las puertas.

"Es cierto que se dice que todos formamos parte del castillo, que no existe ningún tipo de diferencias y que no hay nada que salvar y que puede que esto sea por lo común cierto, pero por desgracia hemos tenido la ocasión de ver que cuando se trata precisamente de ello, eso no es cierto."

"Fui contratado aquí como agrimensor, pero no fue más que en apariencia, hicieron de mi un juego, me echaban de todas las casas, todavía hoy siguen jugando conmigo, pero qué complicado les es todo esto, he ganado en cierta manera en importancia, lo que ya significa algo por poca cosa que sea, con todo tengo un hogar, un puesto y un trabajo auténtico, tengo una novia que cuando estoy ocupado en otros asuntos se encarga de las tareas de mi empleo, me casaré con ella y me haré miembro del municipio."

La lectura encierra en su totalidad el núcleo de identidad kafkiano dentro de la figura de K., con toda su sensibilidad, sus angustias y sus ambiciones. El destino de K. el agrimensor queda inmerso en una búsqueda de realización ferviente por integrarse en el mundo social, en el mundo del amor y en el del trabajo. Sin embargo, como consecuencia de diversos factores, sobre todo internos e inherentes a su personalidad, es desterrado de ese castillo que custodia y preserva únicamente a los victoriosos. Notaremos a un Kafka inmerso y preocupado en la resolución de los problemas más inmediatos. Destaca su afán de autonomía y su necesidad de comprometerse con un proyecto de identidad desde el cual reconciliarse con su propias contradicciones. Y, en la cabaña de Gerstäcker, seguramente, muchos nos preguntaremos... ¿qué es lo que intenta la madre de Gerstäcker contarle a K. tras tenderle su mano temblorosa y pedirle que se siente a su lado? ¡Qué!

Fuente de imagen: "La Chateau des Pyrenees".- Magritte Rene

jueves, 29 de enero de 2009

El lobo, de Joseph Smith

Esta fábula ha sido publicada en España el 16 de enero. Fue uno de los tres libros más importantes de la feria de Fráncfort 2007 y a su vez ha sido comparado con La carretera de Cormac McCarthy y El oso de William Faulkner.

El escritor Joseph Smith es un filósofo de 29 años que da clases de piano a los hijos de sus vecinos y que ha visto cómo, en apenas un año, esta breve fábula se ha publicado en una decena de idiomas. Con gran impacto en las ferias de Londres y de Fráncfort del año 2007, Smith ha presentado esta obra, publicada por Mondadori, en la que ofrece una reflexión sobre el animal, el hombre y la naturaleza. Este joven escritor ha conseguido una historia breve pero de una gran intensidad. La fábula rezuma espiritualidad y salvajismo en aras de la supervivencia. Nos expresa el lenguaje de los animales a través del significado de las imágenes que sus cuerpos y sus ojos proyectan. Pone todo su talento en captar dichas percepciones y sutilezas. Dentro de esta aventura viviremos pasajes que nos someterán a juicios filosóficos ineludibles. La caza depredadora. La granja del peligro. El zorro y su astuto secreto. La laguna nauseabunda. El cisne y la libertad. El silencio compasivo. La muerte de los débiles.

En un paisaje invernal e inhóspito, la voz de un lobo hambriento irrumpe en nuestra mente. Es un depredador feroz y través de sus ojos sabrás cómo se siente la nieve entre sus patas, la textura de la carne entre sus dientes y el sabor de la sangre en su boca. La dureza del invierno empieza a ser un desafío a su supremacía y a su entendimiento de sí mismo. Y cuando el lobo se encuentra con un depredador tan hambriento como él, un competidor al cual debería matar, lo duda... y se embarca en un viaje extraño que le demuestra que, antes de poder enfrentar su propia mortalidad, debe enfrentar su propia naturaleza. El lobo es una novela singular que embarca al lector en una travesía inolvidable por un paisaje desolador y lo obliga a ver el mundo a través de los ojos de un cazador, con todo su salvajismo, terror y magia.

"¡Compadezco a todos los débiles! A todos los que por tendencia, defecto o fuerza mayor tienen que correr por la tierra despavoridos ante sus propias carencias mientras yo existo, más fuerte y veloz, más rápido de mente, y para saciar el hambre debo lanzarme desde las sombras tras ellos con ojos ardientes y ser su asesino. (...) Ahora yo también soy demasiado débil, como ellos. Las heridas me han rebajado a errar entre ellos con miedo a la muerte y el sufrimiento y, si antes conocía la lástima, ahora que estoy débil, la siento."

Tras devorar con impaciencia e intriga las letras de esta intensa fábula me queda disfrutar de la moraleja que subyace a tan trascendente relato. Este lobo sin nombre ha llegado para despertarnos de nuevo a la vida, aunque el autor manifieste que su intención fue únicamente entretenernos como lectores. Desde Huracanes en papel alzo mi voz para expresar que en esta fábula hay mucho más que un simple pasatiempo literario. Joseph Smith demuestra ser un experto en percepción y conocimiento, un urbanita londinense capaz de rescatar y mostrar la furia vital que anida en nuestra primigenia naturaleza. Una furia que en su caso delata su ímpetu lobezno por adentrase con valentía en el Bosque de la Literatura. Esperaré su próxima literatura con especial interés.

En Inglaterra, Amis, McEwan y Banville ya tienen a un prosélito que les sigue la pista. Disfruten de los neófitos. Aullarán de placer.


Fuente de foto: "Metarretrato".- Tránsito®

miércoles, 28 de enero de 2009

Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas

Este libro habla de los que dejan de escribir (Arthur Rimbaud, Juan Rulfo, Monterroso, Arthur Cravan , Hart Crane, Robert Walser, Felipe Alfau, Sócrates, Wittgenstein, Valéry Larbaud, J. Rodolfo Wilcock, Pepín Bello, Bobi Bazlen, Clément Cadou, Pedro Garfias, Maria Lima Mendes, Ferrer Lerín, Josep Joubert, Marcel Duchamp, Jacques Vaché, Chamfort, Thomas De Quincey, Jordi Llovet, Edmundo de Bettencourt, Carlos Díaz Dufoo, Salinger, Enrique Banchs, Barón de Teive, Hofmannsthal, John Keats, Marcel Schwob, J.V. Foix, Henry Roth, Juan Ramón Jimenez y un largo e interesante etcétera.) e indaga en los motivos de cada uno para preferir no hacerlo.

En relación al Síndrome de Bartleby hay dos obras referenciales: Bartleby, el escribiente de Herman Melville y Wakefield de Nathaniel Hawthorne. En ellas emerge la literatura del No, el laberinto de la negación, la pulsión negativa que paraliza las mejores mentes, exploradores que avanzan hacia el vacío.

Todos conocemos a los Bartlebys, son esos seres en los que habita una profunda negación del mundo. Toman su nombre del escribiente Bartleby, ese oficinista de un relato de Herman Melville que, cuando se le encargaba un trabajo o se le pedía que contara algo sobre su vida, respondía siempre, indefectiblemente diciendo: - Preferiría no hacerlo. En Bartleby y compañía se habla del mal endémico de las letras contemporáneas, de la pulsión negativa o atracción por la nada. El narrador del libro, que está escribiendo un diario que al mismo tiempo es un cuaderno de notas a pie de página que comentan un texto invisible, demuestra su amplia solvencia como rastreador de bartlebys al pasear por el Laberinto del No, por los caminos de la que considera la más perturbadora y atractiva tendencia de las literaturas contemporáneas, tendencia en la que ve el único camino que queda abierto a la auténtica creación literaria, pues para él sólo de la pulsión negativa, del rechazo, sólo del Laberinto lúcido del No puede surgir la escritura por venir.

Esta obra magistral persigue la no-literatura como la esencia de lo que quiere y quisiera apasionadamente descubrir. Quien afirme a la literatura en sí misma, no afirma nada. Quien la busca, sólo busca lo que se escapa, quien la encuentra, sólo encuentra lo que está aquí o, cosa peor, más allá de la literatura. Cuando se acaban las palabras, finaliza también el mundo conocido, y puede que por este motivo Franz Kafka le dijera a Gustav Janouch en alguna de sus conversaciones que "un escritor que no escribe es un monstruo que invita a la locura".

Hubo un tiempo en el que el malestar de la cultura se presentó bajo lagunas de formas extremas como la negación, la renuncia o el mutismo. La forma extrema por excelencia fue la que llegó con la Segunda Guerra Mundial, cuando el lenguaje quedó encima mutilado y Paul Celan sólo pudo excavar en una herida iletrada en tiempo de silencio y destrucción:

“Si viniera,
si viniera un hombre
si viniera un hombre al mundo, hoy, con
la barba de luz de los
patriarcas: sólo podría,
si hablara de este
tiempo, sólo
podría balbucir, balbucir
siempre siempre
sólo sólo.”

jueves, 22 de enero de 2009

Árbol de humo, de Denis Johnson

Tras un año de espera fue traducido y publicado en España por la interplanetaria Mondadori el National Book 2007. Se la considera la novela definitiva sobre la Guerra de Vietnam. En mi caso es la primera vez que leo sobre este turbulento y espinoso tema.

El escritor, Denis Johnson, nació en Munich, pero creció en Tokio, Manila y Washington. Apenas habla con los medios y vive recluido en Idaho con su familia. Desde la publicación de sus primeras obras fue comparado con Charles Bukowski y William S. Burroughs y se convirtió en un autor de culto en Estados Unidos. Ha recibido la beca Lanna Fellowship y el Whiting Writer's Award, entre otros. Entre sus obras traducidas se encuentran Hijo de Jesús (Debolsillo, 2003) y El nombre del mundo (Mondadori, 2003).

En su última novela hace un recorrido visceral por los extremos físicos, morales y espirituales de la Guerra de Vietnam, 1963-1970 . El periplo se inicia en la Bahía de Subic, en Isla Grande, con el joven marinero en prácticas William Houston, que se acerca con un rifle del calibre veintidós para ir practicando las artes de la caza. Allí ya ocurre un acontecimiento estremecedor.

Por otro lado, Skip Sands es un americano ingenuo y patriota convencido de su papel en la detención del avance del comunismo en Filipinas. Tras el asesinato de un sacerdote acusado de pasar armas a los comunistas, comienza a sospechar que la guerra que estaba ansioso por librar no es tan buena como creía. Su tío, el héroe de guerra conocido como «el Coronel», tiene grandes planes para derrotar a los comunistas: una ofensiva psicológica con armas atómicas y agentes dobles vietnamitas con el nombre en clave de «Árbol de Humo». En el último eslabón de la cadena de mando, los soldados voluntarios Bill y James Houston, procedentes de las clases rurales de Arizona, se enfrentan al horror y la brutalidad de las guerrillas, y de sus propios instintos. La amante ocasional de Skip y un subalterno del Coronel, obsesionado con la operación Árbol de Humo, son otros de los personajes de esta novela sobre la guerra, sobre todas las guerras, y sobre aquellos que han encontrado su propio corazón de las tinieblas. Árbol de Humo es una novela destinada a convertirse en una de las obras clásicas de la literatura engendradas por esa guerra trágica y asombrosamente familiar.

Adentrarse en estos territorios supone toparse con el napalm; la bomba de azufre blanco; la atmósfera de silencio; el campamento Eco instalado con sus generadores MASH mientras a la salida del sol la montaña regurgita humo negro como si fuera un volcán; con el ejército del norte; los morteros del Vietcong; el Purple Bar, una choza enorme, un antro donde merodean prostitutas de cara sombría, niñas abandonadas cuyas familias han fallecido y en donde nunca entra ninguna chica del lugar. Vietnam es asediada por los F-16 y los cazabombarderos F-5E, dejando tras de sí vidas que desaparecen ignotamente, bajo alfombras de fuego y humo, mientras sopla un viento pestilente de ilusión. Entretanto los helicopteros americanos ametrallan cualquier cosa que se mueve por los ríos y las patrullas de tierra queman aldeas sin sentido masacrando despiadadamente a sus nativos. La escena del hombre torturado en una de las aldeas es repugnantemente atroz. Es realmente escabrosa y sanguinaria. Denis Johnson intenta mostrarnos una mota de la suciedad humana que se respiró en tan descabellada guerra.

El misterioso tema de las grutas subterráneas excavadas por los nativos suscita una disposición a la lectura digna de un bestseller. Los vietnamitas cavaron los túneles con simples palas de mano, a veces, a una tasa de sólo uno o dos metros por día. La tierra se la llevaban en cestas y, para evitar ser descubiertos, la arrojaban en lugares muy distantes. Las entradas, rectángulos de cuarenta por treinta centímetros aproximadamente, se camuflaban con vegetación. Tan desapercibidos pasaban estos pasadizos subterráneos que los norteamericanos montaron una base sobre ellos, sin darse cuenta de que sus enemigos vivían debajo. Los vietnamitas salían por la noche y les robaban comida.

Como se puede comprobar en la novela, a finales de 1968 los norteamericanos descubrieron, al fin, una entrada. Aún así era muy difícil acabar con aquella fortaleza subterránea. Se intentó destruir los túneles con explosivos o quemando gas de acetileno. Pero la dureza de la tierra y la capacidad del los vietnamitas para reparar durante la noche lo destruido impedía que estos ataques norteamericanos tuvieran éxito. También se enviaron perros para localizar a los guerrilleros, pero las trampas colocadas en los túneles los mataban o mutilaban.

Otro de los elementos que refuerzan Árbol de humo son los personajes casuales que van apareciendo en la trama, como el Teniente Virgen , el Sargento Storm o Cadwallader. Con ellos se va completando el mosaico calidoscópico de esa realidad llamada Guerra de Vietnam, que junto a las descripciones que plasma el escritor sobre ciudades como Hanoi, Na Trahng o Saigón, más el incesante calor pegajoso del clima que transmite, y un sinfín de detalles acertados, ayudan a penetrar literariamente en uno de los países del Lejano Oriente más fascinantes y exóticos de los que forman toda indochina. El año pasado recorrí el país de norte a sur y leyendo esta novela he sentido recuperar algunas trizas de ese Vietnam cautivador y exultante. Disfruten cuanto puedan, se trata del Bukowski de nuestro siglo XXI.

Fuente de foto: Bahía de Halong. Vietnam.- Tránsito®

lunes, 22 de diciembre de 2008

El castillo de los destinos cruzados, de Italo Calvino

El castillo de los destinos cruzados fue considerada por Italo Calvino como una de sus mejores obras y el más fantástico libro entre su prolífica creación literaria. Fue publicado en 1973, tras un complejo proceso de elaboración a través de métodos combinatorios que había iniciado cinco años antes. Contiene dos narraciones construidas a partir de un mismo desafía formal: las posibles interpretaciones de dos diferentes mazos de tarot - el Visconti, para El castillo de los destinos cruzados, con sus delicadas miniaturas que reflejan el refinamiento renacentista, y, para La taberna de los destinos cruzados, el de Marsella, de trazos más toscos y que requiere un lenguaje más popular.

Se compone de diferentes historias cortas, las cuales son relatadas dentro de un castillo situado en medio de un espeso bosque, cruzando un destartalado puente levadizo; un alcázar que sirve de refugio a todos aquellos a los que la noche sorprendía en camino: damas y caballeros, séquitos reales y simples viandantes. En una sala alta y espaciosa y al rededor de una larga mesa iluminada por candelabros, el protagonista se sienta acompañado de un rica corte de comensales, todos de bella apariencia y vestidos con atildada elegancia, pero privados de conversación, puesto que nadie decía una palabra. Cuando uno de los huéspedes quería pedir al vecino que le pasase la sal o el jengibre, lo hacía con un gesto, y también con gestos se dirigía a los criados para que le cortasen una rodaja de timbal de faisán o le escanciaran media pinta de vino. Sólo se escuchaba el repiqueteo de las cucharas y el tintineo de copas y platos. Era evidente que el viaje por el bosque les había costado a cada uno de ellos la pérdida del habla. Terminada la cena en un mutismo que los ruidos de la masticación y los chasquidos de las lenguas al paladear el vino no hacían más afable, permanecieron sentados mirándose las caras, con la angustia de no poder intercambiar las muchas experiencias que cada uno quería comunicar, y en ese momento, sobre la mesa recién recogida, el que parecía ser el castellano posó una baraja de naipes; cartas del tarot más grandes que las de jugar o que las barajas con las que las gitanas predicen el futuro y empezaron a desparramarlas sobre la mesa, boca arriba, como para aprender a reconocerlas y darles su justo valor en los juegos, o su verdadero significado en la lectura del destino. Sin despegar los ojos de las doradas teselas de aquel mosaico, uno de los comensales, recogió las cartas dispersas, cogió una y la echó. Todos advirtieron la semejanza entre su cara y la cara de la figura (Caballero de Copas) por lo que entendieron que con aquella carta se disponía a contar su historia... la Historia del ingrato castigado.

Le siguen trece historias más, en las que van apareciendo los veintidós Arcanos Mayores. Italo Calvino usó este método seguramente para romper sus bloqueos ayudándose de la diversidad de figuras y colores que emergen de estas esotéricas cartas y crear así narraciones instantáneas. Sin embargo el experimento literario, excepto al inicio, por su ambientación en ese misterioso castillo, me ha resultado insustancial, vacuo y pueril, de tan sobrecargado que está de personajes, se hace indigesto. En la edición de Siruela las cartas están impresas por cada una de las paginas del libro y me terminó resultando muy barroco, más que renacentista. Creo que no ha sido un acercamiento agradable, aún así le quiero dar una nueva oportunidad con Las ciudades invisibles, y transitar por la hermosa Cloe. Ahí nos veremos.

martes, 16 de diciembre de 2008

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, de Stieg Larsson

Segundo volumen del exitoso fenómeno editorial apodado con el nombre de "La Serie Larsson". Esta trilogía ha despertado un interés adictivo e incondicional convirtiéndose en una novela de culto, no sólo por los perseverantes seguidores de Negra y Criminal, sino por todo un ejercito de intrigados lectores cautivos en las tramas financieras, de delito sexual y machismo que ha legado la literatura del fallecido escritor sueco y héroe antifascista, Stieg Larsson. En España el elefante editorial de Planeta ha fijado las entregas a años luz de las necesidades de los lectores. Yo empiezo a odiarles por ello. Sé que se me pasará, pero tendré que esperar hasta el 5 de junio de 2009. Nunca me había sentido un yonki de la Literatura como en este caso. Cuando entré en la librería le pregunté al librero cuando se publicaba la última entrega y al decirme que estaba prevista para dentro de siete meses se me escapó sin remedio un "mira que son perros", porque lo saben... y desde luego lo sabemos.

Destino compró los derechos cuando se enteraron de que en Francia estaba siendo todo un éxito. Ya han vendido dos millones de ejemplares de toda la trilogía Millennium. Vietnam ha sido el último país que ha comprado los derechos de la novela de Stieg Larsson, que se ha publicado en más de 30 países.

Tímido y retraído al principio, Larsson se abría a sus amigos y le gustaba hablar con ellos hasta altas horas de la madrugada. Kurdo Baksi y él trabajaron juntos en revistas antifascistas. Allí empezó a fraguarse Millennium. Al parecer él había escrito mucho pero un día lo quemó todo para empezar otra vez de cero. Así empezó esta serie, que iba a estar compuesta de diez libros y que al final solo se quedó en tres y medio. Ese medio forma parte del debate público que se ha generado en Suecia con la herencia del escritor, una fortuna que ha caído en manos de su padre y su hermano y no de su compañera. Larsson murió en 2004 de un ataque al corazón sin testamento. A las dos de la tarde empezó a encontrase mal en el trabajo y a las seis ya estaba muerto.

Larsson poseía el mejor archivo que existe en Suecia sobre racismo y nazismo, sus dos obsesiones. Tenía muchísimo material sobre Italia, España y Alemania. España era un país muy importante para cualquier izquierdista sueco. No se puede entender la historia de Europa sin conocer bien lo que ocurrió en países como Italia, Alemania y España. Y Larsson guardaba mucha documentación sobre Franco.

Stieg Larsson recibía decenas de amenazas de grupos fascistas. Pese a ello, era un activista convencido. Todos los días se sentaba a responder a cada uno de los que le escribían insultándole. Su amigo le decía que era una pérdida de tiempo, que no debía hacerlo, que no había que responder a esa gente. Pero él les escribía folios y folios. Durante muchos años también respondía a las cartas que él recibía con insultos y le decía lo mismo: "Si tú no les respondes lo haré yo e intentaré convencerles". Fue un escritor entregado a su revanchas.

En esta segunda entrega la tensión afloja con respecto a la trama de Los hombres que no amaban a las mujeres pero nos encontramos a una fascinante Lisbeth Salander que apresa nuestra atención con su insólita personalidad impetuosa. Seguirle sus pasos, en sí, define para mi la intriga de la novela. Ella posee el alma de Larsson, y su lucimiento corresponde al verdadero alter ego del escritor. Su sagacidad para recabar información y su espíritu indómito la convierten en uno de los personajes más fascinantes de la literatura contemporánea. Al abrir la novela Salander emerge solemne en su papel de Pipi Calzaslargas hacker dueña de un cofre lleno de monedas de oro arrebatado por medio de su diligente habilidad con los ordenadores. Descubriremos su dramática infancia, marcada por un acontecimiento doloroso que ella define como "Todo Lo Malo", y este nudo nos servirá para explorar los rincones perversos de una Suecia que ha estado escondiendo celosamente un pasado manchado de confabulaciones históricas, las cuales el propio Larsson exhibirá lúcidamente a través de Zala, Alexander Zalachenco, para no caer en el olvido y la ignorancia de los errores de su país.

El final es vertiginoso y trepidante. Alta tensión. Dentro hay escenas que son imposibles de olvidar. La cosa se ha puesto al rojo vivo. Estoy deseando como un lector codicioso que me dejen adquirir de una vez por todas la tercera y última entrega de la afamada Serie Larsson, La reina en el palacio de las corrientes de aire. Disfruten cuanto puedan. Ese día llegará.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Ébano, de Ryszard Kapuscinski

“En África el tiempo aparece como consecuencia de nuestros actos y desaparece si lo ignoramos o dejamos de importunarlo. Es una materia que bajo nuestra influencia siempre puede resucitar, pero que se sumirá en estado de hibernación, e incluso en la nada, si no le prestamos nuestra energía. El tiempo es una realidad pasiva y, sobre todo, dependiente del hombre. Todo lo contrario de la manera de pensar europea. En alguna parte del mundo fluye y circula una energía misteriosa, la cual, si viene a buscarnos, si nos llena, nos dará la fuerza para poner en marcha el tiempo: entonces algo empezará a ocurrir. Sin embargo, mientras una cosa así no se produzca, hay que esperar; cualquier otro comportamiento será una ilusión o una quijotada.”


Durante miles y miles de años, África anduvo a pie. La gente no tenía noción de la rueda, ni tan siquiera conseguía hacerse a tal idea. Hombres y mujeres iban a pie, se desplazaban caminando y todo lo que tenían que llevar lo llevaban en la espalda, en los brazos, y la más de las veces, sobre las cabezas. Entonces... os preguntareis, ¿de dónde han salido los barcos que se ven en los lagos, en el interior del continente? Del océano: los desmontaban en los puertos marítimos, transportaban las piezas sobre las cabezas y las montaban en las orillas de los lagos. Se han transportado, por tanto, al interior de África, por piezas, ciudades, fábricas, maquinaria para minas, plantas eléctricas y hospitales. Toda la civilización técnica del siglo XIX fue llevada al interior de África sobre las cabezas de sus habitantes.

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¿Cómo morían los elefantes? ¿Dónde yacían sus restos? ¿Dónde estaban sus cementerios? Se trataba nada menos, que de colmillos de elefante, del marfil, de las enormes cantidades de dinero que por él se pagaba. El cómo morían los elefantes era un secreto que los africanos habían guardado frente a los blancos durante mucho tiempo. El elefante es una animal sagrado y también lo es su muerte. Y todo lo sagrado está protegido por el más impenetrable de los misterios. La admiración la había despertado el hecho de que el elefante no tenía enemigos en el mundo animal. Nadie era capaz de vencerlo. Sólo podía morir de muerte natural. Esta solía producirse al ponerse el sol, cuando los elefantes acudían a sus abrevaderos. Se detenían en la orilla de una lago o de un río, alargaban las trompas, las sumergían en el agua y bebían. Pero llegaba un momento en que un elefante viejo y cansado ya no podía levantar la trompa y para saciar la sed tenía que adentrarse en el lago cada vez más. Y también cada vez más sus patas se hundían en el légamo. El lago lo succionaba, lo atraía a sus insondables profundidades. Él, durante un tiempo, se defendía agitándose, intentando liberar las patas de la tenaza del légamo para poder regresar a la orilla, pero su propia masa resultaba demasiado grande y la fuerza del fondo era tan paralizante que el animal, finalmente, perdía el equilibrio, se caía y desaparecía bajo las aguas para siempre. Y es ahí, en el fondo de esos lagos, donde se encuentran los eternos cementerios de los elefantes.

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He sentido habitar dentro de África. Si. Me ha dado la impresión de sobrevolarla, mientras observaba el discurrir y el hacer de sus gentes. He conocido varias de sus ciudades, poblados, etnias, culturas, sus necesidades... Es un relato muy sincero, que ayuda a identificarnos como europeos, como humanos y como parte de su historia. En esta obra se desgranan temas como la particular noción africana del tiempo, la ultracasa, Fashoda o el punto en el que se unen las líneas vertical (británica) y horizontal (francesa) que dividen África , los warlord o señores de la guerra que siembran el odio racial y tribal adueñándose de todo, la particular noción de la culpa, los diferentes golpes de Estado, los dictadores, la brujería o del significado de la vida. Es un repaso, no sólo de la geografía, sino de las diferentes formas de vida que a cada individuo le ha tocado vivir. Es un relato inolvidable. Su prosa permite visualizar el contexto, es generoso al describir las escenas y mantiene un constante hilo periodístico en su narración. Ahora entiendo porque a Ryszard Kapuscinski se le llamó el mejor reportero del siglo XX. Disfruten del África de Kapuscinski. Está llena de belleza y sorpresas, a pesar de la rudeza y crueldad de su entorno. Cada día son testigos de uno de los momentos más maravillosos del continente: el alba.

martes, 28 de octubre de 2008

Hiperión o El Eremita en Grecia de Friedrich Hölderlin

“...no sabe cuánto peca el que quiere hacer del Estado una escuela de costumbres. Siempre que el hombre ha querido hacer del Estado su cielo, lo ha convertido en su infierno. El estado no es más que la ruda corteza que envuelve el meollo de la vida. Es el muro que rodea el jardín de los frutos y flores humanos....¡Oh lluvia del cielo! ¡Oh entusiasmo! Tú volverás a traernos la primavera de los pueblos...”
Johann Christian Friedrich Hölderlin es una de las cumbres de la lírica alemana de todos los tiempos. Más joven que Goethe y Schiller, a los que admiró y conoció, pero de los que apenas recibió apoyo. Fue compañero de estudios y amigo de Schelling y Hegel, pasó por un periodo juvenil de entusiasmo por la Revolución Francesa, de la que le desilusionó la época del Terror.

Nació el 20 de marzo de 1770 en Lauffen am Neckar (Suabia, Alemania) y murió en Tübingen (Tubinga) el 7 de junio de 1843. La familia del poeta pertenecía a la Ehrbarkeit de Württemberg, que podría traducirse por «La lealtad» o «Los leales» y definirse como la alta burguesía fiel al Duque. Un pacto entre el Ducado y sus leales tuvo como consecuencia el compromiso de protección por el estamento nobiliario a cambio de la obediencia de esta minoría selecta. Los leales, en reciprocidad al acceso privilegiado a una sólida formación académica que les aseguraba el desempeño de los principales puestos del funcionariado y la Iglesia, sustentaban la autoridad del soberano.

Uno de los destinos habituales de los vástagos de la Lealtad era la carrera eclesiástica, que por aquel entonces se comenzaba estudiando en las Klosterschulen, o escuelas monacales, y se culminaba en el Stif, o Seminario Superior, de Tubinga. Su madre, de fuertes convicciones pietistas, soñaba para su hijo una vida respetable en una parroquia suaba y una boda con una persona virtuosa. Hölderlin ingresó en las escuelas de Deckford (1784-86) y Maulbronn (1786-88). En esta segunda institución, más liberal que la anterior, empezó a mostrar un interés por la poesía que le hizo dudar de su vocación. Le pidió a su madre interrumpir sus estudios y comenzar los de Derecho. La madre se mostró renuente y en 1788 quedó matriculado en el Seminario Superior de Tubinga, la institución eclesiástica más prestigiosa, en la que coincidió con Schelling y Hegel. Los tres amigos formaron una sociedad poética, leyeron febrilmente a Spinoza, a Kant y a Jacobi y plantaron el árbol de la libertad mirando a Occidente, mirando a Francia, donde una revolución sin precedentes estaba en marcha. El duque, preocupado porque se infiltrara este pensamiento insurgente, empezó a ejercer un control estrecho con visitas constantes y con la vigilancia del profesorado. El ideal de Hölderlin consistía en retornar a sus sueños de grandeza individual. ¿Cómo intentar, pues, su realización? La futura vida de pastor le iba a asegurar tranquilidad, posición y buen casamiento... pero el temor a la posible mezquindad y al provincianismo le hizo romper con todo, incluso con su prometida Luise Nast, y buscar nuevos horizontes.

Esto no era tan fácil. Los Licenciados en Teología tenían la obligación de dedicarse al servicio eclesiástico y en caso de desistir debían acreditar un trabajo que los relevara de dicha servidumbre, así que escogió trabajar como preceptor privado o profesor particular de niños de familias acomodadas. En uno de estos trabajos, en Frankfort, vivió un amor apasionado con la esposa del banquero en cuya casa trabajaba, Susette Gontard, a la que rebautizó poéticamente como “Diotima”. Ella le inspiró su novela Hiperión, que nos cuenta la historia de un luchador por la libertad griega, publicada en 1797. Descubierto su idilio por el marido, fue expulsado por éste e interrumpida su relación con Susette, que moriría cuatro años más tarde.

Realizó diversos viajes y siguió trabajando como preceptor, pero su salud mental se fue deteriorando hasta que en 1806 fue internado en una clínica de Tubinga, de la que saldría un año después para pasar a vivir en casa del ebanista Zimmer, en la torre de su casa a orillas del Neckar, donde transcurrió la segunda mitad de su vida.

Publicó sus primeros poemas a los 21 años. Su obra poética, sólo parcialmente publicada en vida y apenas reconocida por sus contemporáneos, fue redescubierta en el siglo XX y apreciada primero por los más grandes espíritus de Alemania y posteriormente por el mundo entero. La poesía de Hölderlin, a un tiempo lírica, reflexiva, filosófica y mítica, clásica e innovadora, musical y profunda, no ha cesado de propagarse y de ser estudiada y admirada. Ediciones Hiperión le debe su nombre y su logotipo, y ha publicado gran parte de sus obras fundamentales, así como estudios sobre ellas y homenajes al poeta, y continúa en la tarea de darlo a conocer en España en las mejores traducciones.

Su literatura contiene una creación profética. Su obra es la precursora del estilo rítmico de Nietzsche, de la lírica de Verlaine, Baudelaire y Swinburne y de todo lo que hoy pugna por encontrar la más moderna poesía. Construyó un puente entre las escuelas clásica y romántica. La poesía de Hölderlin se caracteriza por una intensa subjetividad, y al mismo tiempo sus cualidades expresivas se ven atemperadas por la contención y el equilibrio del clasicismo griego. No usaba rima, en su lugar escribía con una forma poética flexible conocida más tarde como verso libre. En su lectura seremos testigos de su espíritu revolucionario y de sus cantos poéticos contra la tiranía, su literatura está repleta de metáforas preciosas que aluden a todos los elementos de la naturaleza, como un intento de acceder constantemente a lo divino. Tal vez de invocar a un nuevo Dios en un Reino Milenario. Disfruten si llega a sus manos.

Fuente de foto: Rio Neckar en Tubinga, Alemania.- Wikipedia®

domingo, 26 de octubre de 2008

El gaucho insufrible de Roberto Bolaño

Fue el último libro de cuentos que preparó Roberto Bolaño para publicación antes de morir el 14 de julio de 2003. El desorden aparente en los contenidos del libro y la publicación del libro en el mismo año que murió ha hecho creer a algunos que el libro es en realidad un cajón de sastre publicado apresuradamente por su editor Jorge Herralde con ocasión de su muerte. Pero la verdad es que el libro ya estaba definido y en preparación para la edición cuando Bolaño ingreso al hospital barcelonés donde le practicarían la cirugía de trasplante de hígado durante la cual falleció.

El Gaucho Insufrible está compuesto por cinco cuentos y dos transcripciones de conferencias o discursos escritos por Bolaño. De los cinco cuentos, tres (El gaucho insufrible, El policía de las ratas y El viaje de Álvaro Rousselot) tienen extensiones de aproximadamente treinta páginas y componen el cuerpo principal del libro.

El gaucho insufrible relata la aventura de Héctor Pereda, un ejemplar abogado argentino que se reconvirtió en gaucho de las pampas. Me reconfortó encontrarme con la personalidad de este interesante personaje. Tiene mucho que enseñarnos. El relato se me hizo corto.

El policía de las ratas es un homenaje a uno de los escritores a los que más admiraba: Kafka. Sin embargo el relato es débil. Te deja indiferente, no destaca en nada, excepto por el personaje de la rata policía. En ciertos momentos inquieta moverse por las lúgubres "alcantarillas muertas" y descubrir el submundo en el que habitan. La lectura se debe hacer con cautela para sobrevivir a tan inhóspitos lugares.

El viaje de Álvaro Rousselot nos desvela el inusual encadenamiento se sucesos de un escritor argentino de los años cincuenta, inesperadamente filmado –o plagiado– por un cineasta francés.

Dos cuentos católicos narra el azaroso encuentro entre un adolescente y un asesino en serie, poseídos ambos por la religión.

De las dos conferencias, Literatura + enfermedad = enfermedad nos sobrecoge con su humor y su inteligencia, y en Los mitos de Cthulhu ruedan unas cuantas cabezas de la escena literaria actual.


Disfruten cuanto puedan... se trata de Roberto Bolaño, el mejor detective salvaje.

viernes, 10 de octubre de 2008

Los excluidos de Elfriede Jelinek

Se trata de una escritora polémica, aclamada y controvertida. Es calificada de feminista radical y de pornógrafa roja. Sus obras se mueven entre la prosa y la poesía, e incluyen descripciones que van desde escenas teatrales a secuencias fílmicas. Su prosa, dedicada principalmente al movimiento y a la conducta de sus personajes, nos incita a crear imagénes muy nítidas de sus escenas literarias.

Elfriede Jelinek es una autora teatral, novelista y ensayista austriaca. Nació el 20 de octubre de 1946, en Mürzzuschlag, en la provincia de Estiria (Austria). De padre judío checo y madre de la clase acomodada Vienesa, perteneció al Partido Comunista Austriaco de 1974 a 1991, y gran parte de su trabajo se puede inscribir en la sofisticada tradición lingüista de la crítica social.

Es la décima mujer galardonada con el premio Nobel, y primera de nacionalidad austriaca, que obtuvo en 2004 por «el flujo musical de voces y contravoces en sus novelas y obras de teatro». Se hizo popular por su novela Las amantes (1975) que conquistó al público de lengua alemana. Otras obras suyas sobresalientes son las novelas, Somos reclamos, baby (1970), Los excluidos (1980), La pianista (1983), que plasmó en el cine el director Michael Haneke en 2001, Deseo (1989) y Una novela de entretenimiento (2000); el libro de poemas Las sombras de Lisa (1967), las obras teatrales Lo que ocurrió después de que Nora abandonara a su marido o pilares de las sociedades (1979), Nubes. Hogar (1988), Una pieza deportiva (1998), La Central (2003) y el ensayo Los hijos de los muertos (1995).

En 1960 empezó a estudiar piano y composición en el Conservatorio de Viena. Después de su Abitur (bachiller alemán) se matriculó en la Universidad de Viena y estudió Ciencias del Teatro e Historia del Arte. En 1967 interrumpió sus estudios y comenzó a escribir. Lírica y textos en prosa aparecen en antologías y revistas literarias, antes de la publicación de su primer libro Wir sind Lockvögel baby (Somos reclamos, baby') en 1970.

Como sus compatriotas Elías Canetti y Thomas Bernhard ha repudiado a su país, al que reprocha seguir anclado en su pasado nazi. Considerada como una de las autoras contemporáneas de habla alemana más importantes, crea en sus novelas la imposibilidad de las mujeres de lograr una vida completa en un mundo donde son pintadas con base en imágenes. Ha traducido al alemán a autores estadounidenses, Thomas Pynchon entre ellos, y actualmente reside entre Viena y Munich.

No quiso ir a recoger el Premio alegando que sufria fobia social. Como escritora defiende que debe estar con los marginados, y nunca aliada con los poderosos.

Jelinek intenta hacer frente al caos de una sociedad patriarcal dominada por el sexo, que como elemento vertebrador, parece ser tan sólo productor de podredumbre. Y para ponerla de relieve nada mejor que llevar la situación hasta extremos casi insoportables donde los personajes parecen perder su naturaleza de humanos para ser bestias. Quizás, piense Jelinek, tan sólo haciendo rebotar hacia lo más profundo del suelo a sus criaturas, se podrá conseguir el impulso que propicie el cambio.

Entre sus preocupaciones figuran la crítica social, el análisis de la condición de la mujer y el desarrollo de un lenguaje propio, muchas veces devenido en verdadero protagonista de sus obras. Feminista a ultranza y defensora de las ideas de la izquierda, Elfriede Jelinek ha sufrido en su país el ataque de los partidos de derecha y, tras la llegada al Gobierno del ultraderechista Jörg Haider, sus obras fueron prohibidas en los teatros públicos austriacos.

En esta obra, Los excluidos (1980), el mapa textual aborda un grupo de jóvenes, los hermanos Rainer y Anna y los amigos Sophie y Hans , que transita un orden residual. No se trata de marginalidades sociales, sino más bien de jirones históricos y políticos. El padre de Rainer y Anna , en tanto vencido nazi memorioso, rehace su camino ya no como responsable del campo de concentración, sino como jefe de una familia que le permite la creación de un "campo" alternativo. Allí experimenta científicamente, en el cuerpo de la esposa-madre y en sus hijos, un poder destructivo traspasado de angustia. En el otro frente de la ideología, la madre proletaria, filiada rígidamente a la ideología de clase, parodia inútilmente a la obrera orgánica e intenta traspasarle a su hijo, el obrero Hans , éticas y estéticas políticas en medio de una realidad ya enteramente inorgánica.

Los jóvenes funcionan en un presente que porta las excedencias de un pasado. Aunque transitan conceptualmente entre la literatura, la música, los discursos culturales, entregan sus cuerpos a prácticas desestabilizadoras del orden institucional y jurídico. Rainer , él, poeta, asesina a su propia familia profundizando hasta el paroxismo más exacerbado.

Sí, en los cuatro jóvenes están plasmadas las ideologías y las vocaciones, la dialéctica que confronta, pero también complementa, a los contrarios (nazismo y socialismo, masculino y femenino, burguesía y proletariado, trabajo intelectual y manual); sólo el fracaso es unívoco y altisonante. En la puesta en escena de Los excluidos el lector de la novela es abatido por una brutal fuerza dramática de la mano de una escritora que, según su propia confesión, no asiste jamás a la representación de sus obras teatrales, sino que se queda en su casa y ocupa su butaca de lectora desde donde devora sus propias palabras calóricas . Las que dan cuenta de un narrador que hilvana los espeluznantes acontecimientos y recurren a la intertextualidad para explicarle al lector sobre las influencias que George Bataille , o Albert Camus , o el Marqués de Sade han obrado sobre Rainer , quien, por cierto ha recibido ese nombre en honor a Rilke . Ese narrador omnisciente también le advierte al lector (devenido espectador de palabras), que Rainer , el incipiente poeta lenguaraz líder del grupo (más frustrado que maldito), es hermano gemelo de Anna , quien por mucho que se empeñe en ejecutar la música de Beethoven o de Bramhs , por más que calle - en contraposición a su hermano- no será jamás más músico que el verdadero poeta. Gemelos: la poesía y la música, el hablar y el callar, el macho y la hembra, hijos del fracasado nacionalsocialismo alemán, enamorados él de una burguesa y ella de un obrero, despreciados ambos por los verdaderos protagonistas del aparato productivo de la nueva promesa austriaca (como alemana), serán víctimas y victimarios; ejecutores y ejecutados; objeto y sujeto del más cruel ensañamiento en un final absolutamente dramático, en el que Rainer , tras entregarse a la policía con absoluta naturalidad, luego de haber asesinado a sus padres y a su hermana hasta dejar sus cuerpos irreconocibles, le asesta el golpe mortal al lector, proclamando: "Ahora ya lo saben todo y pueden disponer de mi", convirtiéndose él mismo, por el poder de la palabra, de lo silenciado y de lo inferido, en un poeta.