HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

martes, 20 de abril de 2010

Fin de partida, de Samuel Beckett

He llegado a un Nuevo Tránsito. He encontrado una de las escamas del hombre moderno. Y es por esto que me siento más liberado, pero les advierto que la experiencia ha sido angustiosa. Terrible. He sufrido desde la totalidad. A través de las crípticas sombras y el minimalismo literario de Samuel Beckett. Mis alas han sobrevolado una obra gris, explosiva, metafórica y potente. En ella se conserva su verdadera furia literaria, la que ha electrizado inexorablemente cada una de mis plumas para volar. Aquí. En este frío escenario estático, lóbrego y mortecino. En esta casa tablero descrita en la novela, en este hogar patriarcal situado en una playa frente al mar. Hundido en un espacio eterno donde sólo quedan cuatro piezas. Cuatro infelices Stauntons que proyectan el cometido de sus vidas con vehemencia, en un constante ritual abocado al desastre. En el final de una partida irrevocable. Un final de una existencia absurda que se acaba, consumidos por las mismas pasiones que nos enaltecen y nos degradan. Los cuatro son seres lisiados. Seres heridos, mutilados, lastimados por la guerra de los tiempos, furiosos, absurdos, reales, que habitan este interior desamueblado de luz grisácea con dos ventanas altas. Desde una se ve la arena y desde la otra el mar. Afuera, tupido y gris. Las olas de plomo. No hay sol. Todo el universo es negro claro. Es difícil enfrentarse a eso. Sólo un héroe puede sentir ese inmenso y Alto Vacío.

En la casa están Hamm, Clov, Nagg y Nell. Hamm es un ciego que no puede ponerse de pie y permanece sentado en una silla de ruedas. Busca siempre la posición más poderosa, el centro de la habitación, como el rey de un tablero. Clov es su sirviente, su guante. Su tara consiste en no poder sentarse, lo que le convierte en el más activo. Actúa a las tiránicas órdenes de Hamm, por inercia. A veces emite algunos impulsos propios de autonomía, como observar las paredes o ir a la cocina. Es torpe y menos inteligente pero posee atributos valiosos como la vista y su deseo por cantar. Ambos se necesitan. Fueron por mucho tiempo complementarios, pero ahora, al final de la partida, ya no se aguantan. Han llegado a un sin sentido. Nagg y Nell son los padres de Hamm. Ambos están dentro de un cubo de basura cada uno. Son viejos. Presentados como inútiles. Su único deseo es comer y sus conversaciones son irresolutas. Nell, la madre, emerge del fondo del cubo para arrojar una frase que les hará temblar. Y que a su vez es la tesis de toda la obra.

“No hay nada más divertido que la infelicidad.”

sábado, 17 de abril de 2010

La Regenta, de Leopoldo Alas "Clarín"

Regresar a nuestra literatura añeja, oxigena. Siempre. Y más aún cuando se trata de la sátira severa de un ateo liberal como lo fue "Clarín". Madame Bovary, de Flaubert, y Ana Karenina, de Tolstoi son almas gemelas de esta intensa obra española. Al leerla penetraremos en la más profunda interioridad de una ciudad, Vetusta, y de sus personajes , lo que nos inducirá a una interesante regeneración moral y cultural. Sentiremos la pasión por la libertad y las nuevas ideas. Nos hará entregarnos en cuerpo y alma al desenlace.

La Regenta fue la primera novela de Leopoldo Alas "Clarín". Empezó a escribirla en 1883, cuando tenía 31 años, y fue publicada en dos tomos entre 1884 y 1885. En contra del clero. Unos años antes, en 1878 había obtenido ya el título de doctor en Derecho civil y canónico, con la calificación de sobresaliente. En su cátedra como profesor de Universidad nunca aceptó ni sobornos ni recomendaciones. Se lo acusaba de carecer de ningún tipo de benevolencia.

Parace ser que lo que ocurre en Vetusta y lo que ocurría en Oviedo no era muy diferente, las coincidencias fueron demasiadas y muchos empezaron a identificar a los personajes entre los habitantes reales. Suscitó una total agitación local, estatal y finalmente universal.

“
La heroica ciudad dormía la siesta. El viento Sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte.”

Esta es la historia de una mujer en una cruzada entro lo místico y lo pasional. Clarín tuvo que publicar La Regenta en Barcelona, en medio de un duro enfrentamiento con el clero debido a la temática de la obra. En concreto al personaje absolutamente diseccionado de Fermín De Pas.

Reflejo del Oviedo del s.XIX, la ciudad de Vetusta se convierte en una de las protagonistas de la obra para acoger una historia provocadora que no dejó a nadie indiferente en el año de su publicación. Ana Ozores, una bella y joven mujer, se casa con don Víctor Quintanar, exgerente de varias audiencias de Vetusta, y mucho mayor que ella. De él recibe el pseudónimo de la Regenta. Su vida, monótona y vacía, le lleva a la desesperación y a la búsqueda de una realidad diferente. Encontrará dos caminos: el místico y el pasional. Encarnados en dos hombres: el Magistral don Fermín de Pas, y el don Juan del lugar, Álvaro Messía. Uno será su confesor, el otro su amante, generando en ambos un sentimiento de atracción sexual, bajo la atenta mirada de los habitantes de Vetusta.

Es perfecta. Cuando observo una torre o un campanario me imagino que Fermín De Pas nos está vigilando con su catalejo. Todo sigue funcionando de la misma manera. Esa es mi impresión más firme tras leer esta soberbia obra maestra de la literatura. Estamos obligados al tránsito y a la regeneración de ideas. Sea cual sea nuestra época. ¡Avancemos!

martes, 30 de marzo de 2010

El diablo en Semana Santa y otros relatos, de Leopoldo Alas "Clarín"

Nada más ver el título sentí la necesidad de leerlo. Frecuentaba la biblioteca, una vez más. Mi cabeza me pedía leer un totem de la literatura española. Una portuguesa llamada Adelaide, enamorada de nuestra lengua, me habló con devoción de Leopoldo Alas "Clarín". Encajó a la perfección con mis altas necesidades. Nada más salir por la puerta me arrojé a su lectura. Paseando. ¿En qué ocupaba su tiempo el diablo en estas fechas? La curiosidad robó toda mi atención. En las calles podía sentir como resonaban los tambores y el frugal aroma de los hilos invisibles del incienso. Compré unos cuernos con crema y Clarín empezó a contármelo todo.

Por esta época el diablo bosteza como un león en su jaula. Se aburre. Bosteza de hambre de picardías que le faltan durante la Semana Santa, tal como se muere el cómico de inanición en estos días. Cuando la tierra madre comienza a hincharse con la comezón de dar frutos, yéndosele los antojos en flores, llenándolo todo de aromas y de alas de mariposa. Así que El diablo en Semana Santa cuando ve que brota la primavera en los botones de las plantas y en la sangre bulliciosa de los animales, se dice a sí mismo: “Esta es la mía.” Y en ese momento se le ocurre una idea extremo diabólica que nos despertará la inquietud con gran maestría. Y les calentará las manos.

El segundo relato es la historia de Pepe Francisca y su manjar soñado, la Boraña. En una tarde de agosto Pepe regresa rico a su pueblo natal. Trae consigo una fortuna pero también una pena y un fuerte anhelo.

“¡Madre, torta! ¡Leche y boroña, madre!”

Primitivo Protocolo era un niño seco, delgaducho, encogido de hombros, de color aceituna; un museo de sarampión, escarlatina, ictericia, catarros, bronquitis y diarreas, que vivía malamente gracias al jarabe de rábano yodado y a la emulsión Scott. Primitivo fue aumentando su talento con cada fiebre y cada enfermedad, rodeado en la cama de mapas, libros técnicos y diversos aparatos para su alarmante precocidad. Al entrar en la Academia se convirtió en El número uno de su promoción. El relato de la sobredotación intelectual. Su final es hiperrealista. Fascina.

Doña Indalecia es una viuda de sesenta años, nacida para jefe superior de Administración o para Ministro del Tribunal de Cuentas o acaso mejor para inspector general de policía. Una beata antilimosnas que conocerá a Don Pantaleón Bonilla, director de la Biblioteca provincial, un vejete muy distraído únicamente atento a sus libros, sus teorías de filósofos y de bibliófilo científico que reparte donativos, calderilla a puñados, como el labrador que siembra y arroja el grano sin responder, más que con la esperanza de que la simiente fructifique… Para vicios. Un relato precioso.

Mariquita Varela, casta esposa de Fernando Osorio es La imperfecta casada. Mejor no les cuento por qué. Les recomiendo que lo descubran ustedes, amantes de la literatura.

Todo esto se lee en un suspiro. Las letras de “Clarín” son perfectas. Sus palabras resaltan como el oro y su mensaje se experimenta como un baño de humanismo. Que alegría me da comprobar cómo la literatura también puede ser una procesión. Yo la sigo a donde vaya. ¿Me acompañan? Aprenderemos muchas cosas... pero sobre todo, sentiremos grandes cosas.

lunes, 29 de marzo de 2010

Los muertos, de Jorge Carrión

Literatura de interferencias. Flashes. Reminiscencias. La ficción se hace más real que nunca. Los muertos se presentan en nuestra percepción para vivir con total autonomía. Al leer no sabremos nunca si el paso siguiente será la «pisada final». Tampoco donde nos encontramos. Interferencia. Experiencia. Sólo esto. Si alguno de nosotros supiera que estamos haciendo, o hacia donde vamos, sería mejor que no nos lo dijera. Carrión desea contarlo. Con interferencias. Mediante el influjo de los personajes que han existido en la ficción, tanto literaria como fílmica.

El mérito de esta obra reside en parapetar los dramas de los muertos como el espejo de la vida. La mente del escritor ha quedado enmarañada siguiendo a los fantasmas alzados ante él por otros escritores y pretende curarse de su éxtasis delirante explorando sentimientos humanos en un lenguaje humano, mediante escenas que permitirían a un ermitaño hacerse una opinión de los asuntos del mundo y a un confesor predecir el curso de las pasiones. Carrión propone una nueva descontextualización. Interferencias.

El relato está tejido con frases cortas. Acción. Movilidad escénica. La trama arranca en Nueva York. Un callejón aislado, oscuro. Un agujero negro en el centro de la metrópolis del mundo. Allí yace arrojado en el suelo, el Nuevo. Un inmigrante que acaba de llegar a la ciudad. En breve va a ser apaleado. Pateado. A través de este personaje conoceremos los verdaderos valores cívicos que deben ser rescatados con urgencia. La solidaridad. La ayuda. La participación. Ofrecer nuestra mano al extranjero. Todos somos Nuevos en este mundo.

Nueva York sufre una agitación híbrida, vagabundos arrodillados, ciclistas con prisa, transeúntes anónimos, repartidores de publicidad. Un zepelín sobrevuela la avenida. Roy, un pensionista advierte por una de sus cámaras como golpean a el Nuevo y acude a salvarlo. Selena, su pareja, ejerce el psicoanálisis. La identidad es un valor en alza.

Los muertos, aún sin sufragio universal pueden provocar un tránsito transgeneracional. A través de ellos nuestra vida puede entrar en alteridad. Son como una vela que nos ilumina por dentro. Tienen la virtud de derrocar los tópicos y por lo tanto suscitar una revolución conceptual. Aquí he defendido muchas veces que esa es una de las fuerzas que posee la literatura. Con ella podemos trascender. Volvernos a enamorar. Profundamente. La literatura es un camino. Leyendo marcamos un itinerario de identidad. Toda nuestra personalidad queda vulnerada a su exposición. Nos permite sopesar y reflexionar. Leer es una dificultad placentera que convierte la experiencia en un acto sublime. Somos seres solitarios en busca de la universalidad. Por nosotros bailan generosos los memes de la literatura, para nosotros, amantes del arte letrado. Dispuestos al tránsito. A la regeneración conceptual.

“Con el tranvía aún en marcha Roy se apea en una parada desierta. Un complejo de apartamentos, paredes cubiertas de grafitis: "¿Quién vigila a los vigilantes?", "No Dios; Bienvenidos al Planeta Infierno.", "Corred putas al poder, que vuestros hijos ya llegaron.", muros que rodean solares, pavimentos en putrefacción. La ciudad se disfrega a cada paso.”

En esta primera novela de Jorge Carrión se acumulan elementos del ciberpunk, la novela postraumática, el cómic, nociones del afterpop, el mundo del hampa, la metáfora underground de Don Delillo, la interconexión del mundo virtual de Second Life, la ciencia ficción de Blade Runner y el reto de la innovación literaria. Secuencias cortas. Arroja instantáneas. Fragmentos. Híbrido del Western y Crónica de Viaje. Una novela utópica con un disfraz antiutópico. Yo he sentido una nueva estética. Digamos que es un saludo a los lectores. Ahora tendrá que trabajar en el contenido. En un guion sólido. La debilidad de todos estos saltos hipertextuales está en la falta de cohesión. La sensación final me deja una impresión borrosa. Un intenso análisis de series de televisión y una fuga del poder de la literatura. Produce insubstancialidad siendo en su inicio como una bomba, una bomba de humo. Houdini habría desaparecido en el acto mientras que a Carrión se le sigue viendo en el escenario. Aún es un mago en ciernes de la literatura. Confío en que nos entregue en su próximo proyecto un truco rematado. Promete. Creo que debe decidirse entre la literatura o el cine. Tiempo al tiempo.

“La cicatriz es nuestro segundo ombligo. No tenemos memoria de ella. De algún modo es la huella de lo que causó nuestro tránsito. Y tú no tienes. Sin cicatriz es más difícil la memoria. La memoria de la muerte. Sólo la memoria de la muerte lleva a la afirmación de la vida, digámoslo así: integramos en nosotros lo extranjero.”

jueves, 18 de marzo de 2010

Tierra desacostumbrada, de Jhumpa Lahiri

Fue declarado por el periódico The New York Times como el mejor libro del 2008 y algunos ya empiezan a decir que Jhumpa Lahiri se ha consolidado como una de las voces más importantes de la literatura norteamericana. Esta escritora de ascendencia bengalí nació en Londres y a los dos años se trasladó con su familia a Rhode Island, Estados Unidos. Sus tres libros giran en torno a la migración, la identidad y la familia. Todas sus historias de amor son inexorablemente tristes. Todas. Y lo son para que podamos entender la parte más difícil de la vida. Habla de bodas arregladas, de tradición familiar, de conflictos personales y de la emancipación personal. Tiene la virtud de mostrarnos ampliamente la conciencia de sus personajes imaginarios para entrar en la vida de esa gente como si fuera un viaje extraordinario. Detalla sus comidas, sus vínculos singulares, sus miedos, sus pasiones, y la importancia que poseen los lugares para que podamos desarrollarnos individualmente, lejos de esas tierras agotadas, donde ya no crece la patata por haber sido plantada durante demasiadas generaciones. Jhumpa Lahiri confiesa necesitar nuevos territorios, tierras desacostumbradas, tierras fértiles para crecer y tener una vida plena. Este deseo es el núcleo de investigación narrativa con el que parte para llegar con su literatura de victoria y realismo fidedigno a los más de 700 mil lectores de ascendencia bengalí en Estados Unidos que comparten estas vivencias y emociones sobre el exilio, la desilusión y la madurez obtenida en nuestra sociedad moderna, dentro de un mundo cada vez más fragmentado.

En Tierra desacostumbrada seremos testigos de ocho relatos independientes que se relacionan. Relatos sobre la vida bengalí exiliada en Norteamérica. Los personajes muestran todas sus inquietudes y preocupaciones de su cultura bengalí. Todo en este libro es bengalí. La sensación que me queda es de ser un libro para bengalíes, vetado a bengalíes. Yo, sinceramente, me he aburrido como un batracio en una pecera sin comida. No he podido extrapolar nada a mi mundo. Tengo la sensación de haber caído en un espacio hermético. El efecto provocado como lector es infecundo. A mi no me conmueve. Y me recuerda a otra obra aparecida recientemente donde sí removió todos y cada uno de mis sentimientos. Pero estas eran otro tipo de tierras. Fue la lectura En tierras bajas de Herta Müller. Una estructura similar. Once relatos interrelacionados para evocar el desarraigo de una comunidad de ascendencia suaba. Todos los relatos te atravesaban el alma. Soy consciente de que hay tierras y tierras. Ahora elijan ustedes.

domingo, 14 de marzo de 2010

El Dios de la sonrisa oscura, de Michael Chabon

Tras la lectura de Enemigos públicos, la enriquecedora e intelectual correspondencia entre Michel Houellebecq y Bernard-Henri Lévy que se cruzaron en 2008 y la sugestiva revisión de Un perro andaluz de Luis Buñuel, sentí unos irrefrenables deseos de arrojarme a un relato policíaco y tenebroso que me situara al borde de la frontera entre lo macabro, lo infecto y corrompido. Y en ese afán apareció en mi biblioteca El Dios de la sonrisa oscura de Michael Chabon. La idea de una risa oscura me produjo tensión y en cuanto me puse a leer para averiguar quien era ese Dios de artimaña insondable surgió de un bosque de Asthown el cadáver ensangrentado de un payaso grotescamente vestido con un traje de velvetón naranja y púrpura brutalmente asesinado.

Y así, nada más captar esa tétrica escena reapareció en mi imaginario literario la atmósfera lúgubre y misteriosa de los cuentos de Lovecraft y Poe. Noté que algo muy extraño estaba ocurriendo y además era de ese tipo de cosas que se nos escapa a la percepción de nuestro ordenado mundo rutinario. Edward D. Satterlee, el fiscal del distrito escribe esta intensa crónica-informe para describir lo sucedido y lo hace como carta de dimisión ante esta última risotada funesta que le presenta el destino.

“El mundo es una broma que no se puede entender y nuestra necesidad humana de explicar sus prodigios y sus horrores, nuestro ingenio atroz para inventar esas explicaciones, no es nada más que el redoble de tambores que acompaña el final del chiste.”

El relato va in crescendo por momentos hasta producir un inquietante misterio. Las pistas nos permiten ir descubriendo como es la vida de este escalofriante personaje y el leitmotiv de sus perseguidores. Les alerto, sobre todo cuando entren en la cueva en la que el payaso se refugiaba y observen bien el tipo de lecturas profundas que estudiaba. Este punto revaloriza mucho la narración y aumenta la tensión del desenlace. Aquí Michael Chabon escribe con fuerza, no tiene nada que ver con su enclenque novela El sindicato de policía yiddish. Puedo decir que se trata de un relato extremadamente corto pero sobrecogedor. Tiene potencia. Incluso ya presiento que la próxima vez que vaya al Circo si de alguien me voy a acordar es de Chabon y de su estremecedora risotada literaria. Sentiré un gélido temblor en el cuerpo por esos imperios invisibles, por las profecías antiguas y por la invocación de oscuras emanaciones cósmicas. Paparruchas... ¿no creen? Ficciones. Pero ficciones... que acojonan.

jueves, 25 de febrero de 2010

El banquero anarquista, de Fernando Pessoa

Este libro llegó a mí de manera casual. Entré en la librería en busca de otra literatura. Realmente quería leer Los muertos de Jorge Carrión que acaba de ser publicado por Mondadori. Deseaba emociones fuertes. Pero resultó que ya no quedaban más ejemplares. De momento estaba agotado. Y en ese estado de incertidumbre y contradicción mis ojos abatidos cayeron en esta portada. Mi mirada, perfectamente, podría haberse precipitado sobre la sección de narrativa norteamericana o sobre la estantería de novela negra, mi campo visual era amplio, pero no. Se hundieron en la portada de El banquero anarquista del portugués Fernando Pessoa. Y ya no pude dejar de observarlo. He de confesar que me sentí inmediatamente seducido, quedé perplejo por el chocante y paradójico personaje que mostraba. ¿Cómo se puede ser banquero y a la vez anarquista? Es insólito. El primero favorece al capital y el segundo lo combate. Esta conjugación de términos me resultó inaudita, incluso extravagante. No podía ser. Es como si creáramos a un personaje llamado "El periodista analfabeto". Todo nuestro esqueleto conceptual temblaría irresoluto. Sin más. Sería un ataque directo contra nuestra lógica, un estacazo contra nuestro avanzado lóbulo frontal. Sólo de imaginármelo mi sistema límbico se achanta. Me resulta incómodo visualizar al discordante personaje en acción. Porque claro, ¿cómo alguien que no sabe ni leer ni escribir podría trabajar en la esfera de la comunicación? ¿cómo? Arrasaría con toda su deontología profesional. Digo yo. La cuestión es que mediante este heterónimo u ortónimo de Pessoa se crea durante el relato un muy interesante diálogo socrático entre el propio banquero anarquista y otro intrigado individuo que le pregunta asombrado en un juego literario que nos permite imaginar que estamos hablando o interrogando al mismísimo Fernando Pessoa, uno de los mayores poetas y escritores de la lengua portuguesa y de la literatura europea.

Y es en esta lúcida conversación en la que poco a poco descubrimos la meticulosa ideología y el compromiso activo que el banquero anarquista despliega con el fin de luchar contra la opresión. Lo hace combatiendo contra las ficciones sociales en las que se asienta la burguesía y que a su vez entorpecen la creación de la libertad futura del individuo. Para ello, utiliza la Técnica del anarquista: tratar a las personas como capaces, como dignas de libertad, porque sólo de este modo podremos todos confiar en nosotros mismos y prepararnos para una auténtica Revolución Social, arruinando las defensas burguesas y reduciéndolas a la inactividad. Pero cuidado. Este trabajo sólo puede ejercitarse individualmente, estando unidos únicamente por el mismo fin. De lo contrario podríamos caer en fáciles imposiciones entre los unos y los otros. En tiranía. ¿Qué les parece? ¿les va convenciendo? Yo, les aseguro, que al cerrar el libro me he sentido completamente hipnotizado por esta doctrina tan civilizada. Aséptica de bombas y armamento. Gracias a la palabra y al pensamiento ordenado. Una vez más... ¡viva la literatura! Recomendado para banqueros despistados y glorioso e imprescindible para los amantes de la libertad.

“En realidad, eres anarquista dije. En todo caso, da risa, después de haberte oído, comparar lo que eres con lo que son los anarquistas que andan por ahí.”

domingo, 21 de febrero de 2010

Push, de Sapphire

Sobrecogedor relato. Esta es la historia de Claireece Precious Jones, una niña que es sistemáticamente violada por su padre y por su madre. La narración arranca con el nacimiento de su segundo hijo a la edad de dieciséis años en ese ambiente de incesto y abuso. El primero de sus hijos nació con el síndrome de Down, fruto de las vejaciones de su padre, cuando ella tan sólo contaba con doce años. Su abuela se hizo cargo de él. Precious tiene una única escapatoria, la Escuela de Enseñanza Alternativa, donde la carismática profesora Blue Rain la guiará por un camino recto hacia el progreso, su Graduado Escolar. Empujándola hacia el aprendizaje, la escritura y la independencia.

Push fue descubierta por Charlotte Sheedy, una agente literaria feminista. Generó tal interés sobre la obra que le llovieron multitud de ofertas a su escritora. El libro fue publicado por fin en 1996 por la prestigiosa editorial Vintage, editorial que ha publicado a escritores como Salman Rushdie, Philip K. Dick, Albert Camus, Raymond Chandler, William Faulkner, Richard Yates, Richard Ford, Cormac McCarthy, Alice Munro, Haruki Murakami, Vladimir Nabokov o Philip Roth. En este momento pertenece a una subdivisión de Random House, como saben, la editorial más potente en lengua inglesa. El tirón de ventas fue colosal.

El año pasado el director de cine Lee Daniels presentó una película titulada Precious, basada en esta estremecedora novela, en el Festival de Sundance ganando el Premio del Público y el Gran Premio del Jurado al mejor drama, así como un Premio Especial del Jurado a la mejor actriz de reparto, Mo'Nique. Ganó el People's Choice Award en el Toronto International Film Festival en septiembre y en Cannes no dejó a nadie indiferente. Si la ven fíjense bien en una de las trabajadoras de la guardería. Es Sapphire. Un genio de las letras. Este año no se nos podía escapar este Huracán en papel reeditado por Anagrama con la precisa traducción de Jesús Zulaika de 1998. Impresionante.

Al final del libro podrán devorar la rugiente calidad literaria de Nuestras vidas: el libro de nuestra clase en el que las diferentes alumnas de la Escuela, todas ellas con vidas lacerantes y un pasado displicente, escriben el relato de su existencia. La verdad brota con la fuerza poética de la supervivencia y la catarsis. Es admirable. Durante la lectura encontraremos todos los fantasmas de la raza negra, sus controversias con los blancos y su empuje de dignidad. El claroscuro del amor y la rabia. Si intento imaginarme ahora a Precious Jones, la visualizo en un aula, pero esta vez de profesora. Como una ciudadana íntegra, solidaria. Preciosa.

jueves, 18 de febrero de 2010

Lo real, de Belén Gopegui

Belén Gopegui construye otra nueva literatura con el fin de provocar un tránsito y una regeneración de ideas. Su narrativa cuestiona conceptos existencialistas asentados en nuestra sociedad como rocas imperecederas: la libertad, el poder, el amor y lo real. Y lo hace para incitarnos al progreso. Sólo cuestionándonos estos sólidos constructos podremos emprender el verdadero camino hacia una evolución social y personal. Pero su forma de hacerlo nos cogerá por sorpresa inexorablemente. Aunque hayamos leído mucho, aunque en nuestra biblioteca atesoremos a diversos filósofos o aunque creamos ser unos libertarios por el tipo de vivencias que se han grabado en nuestra piel, Belén Gopegui volverá de nuevo a desestabilizar con maestría todo aquello que hemos incorporado como "real".

Al leer a Gopegui entendemos inmediatamente que es una intelectual comprometida responsabilizada con la socialización reaccionaria del individuo a través de la tenue literatura. Su estilo es panfletario. Nos arroja instrucciones para que las podamos llevar a cabo con el fin de perturbar los acólitos efluvios del franquismo agazapado, la banca. Lo real indaga en los límites de lo clandestino. Los límites de lo real. Su protagonista, Edmundo Gómez Risco, tendrá como misión cortarle la cabeza al dragón de lo que puede quedar de esa organización llamada Matesa que provocó uno de los mayores escándalos de fraude político-económico de la última etapa del franquismo y que provocó el encarcelamiento de su padre.

Estamos ante un Huracán en papel. Se trata de literatura construida para cambiar la percepción que tenemos de las cosas. Esta es la función más honorable de la literatura. Disfrútenlo.


domingo, 31 de enero de 2010

Las tinieblas, de Leonid Andréyev

Las tinieblas de Leonid Andréyev representan ese estado de la moral impuro pero a la vez tan necesario para que otros se puedan ensalzar en valores y causas nobles sobre los adulterados, por quienes a su vez, luchan en sus batallas. Andréyev acerca estos dos mundos antagónicos a través de un idealista revolucionario y una licenciosa prostituta para que se reconozcan el uno en el otro y encuentren su punto de unión y respeto. Es una obra preciosa. Sensible. La tensión es constante. La he leído como un regalo que la literatura me ha entregado de manera fortuita. Estaba curioseando por la Biblioteca pública y me topé con ella sin un orden lógico de elección. Los escritores rusos siempre me han parecido muy interesantes y éste era un completo desconocido. Puede que ese fuera el motivo. De lo que sí estoy seguro es de que ahora me siento muy orgulloso por la casual lección que me ha entregado. Ya verán. Vayamos con el argumento.

“No he hecho nunca daño a nadie. He consagrado mi vida al bien de los demás.”

Alexéi lucha contra el capitalismo y la autocracia zarista en los años de inicio de la revolución rusa. 1905. Tiene veintiséis años. Es virgen. Abstemio. De una moral intachable. El partido soviet le ha conferido el honor de colocar bombas para asediar la monarquía y la burocracia de la dinastía Romanov. Ahora está agotado y necesita descansar. Durante dos días ha sido perseguido sin tregua por espías del zar, Nicolás II, por las calles de San Petersburgo y el frío de octubre no perdona. Si se queda dormido corre el riesgo de que lo capturen como a un borracho. Así que decide meterse en una de esas casas de lenocinio. Un lupanar. Donde las mujeres mercadean con sus cuerpos. Un lugar indigno para él, que le provoca una gran repugnancia. Y aun así entra, para proteger su vida.

Les adelanto que la lectura del relato es ágil. La narración está repleta de detalles expresionistas que enfatizan más la visión interior del personaje y la expresión de sus sentimientos que la descripción objetiva de la realidad o su impresiones sobre ésta. Andréyev literaturiza incluso los Déjà vu de Alexéi para incidir en los pensamientos y en la importancia que tienen sobre este cisma de la moral individual.

“Durante aquella noche agitada, se sorprendió algunas veces de que los hombres y las cosas evocaran en él vagas reminiscencias, como si llegaran de las tinieblas del pasado o acaso de la nada. Le parecía haber estado allí: tan conocido y familiar era para él cuanto le rodeaba. Este sentimiento le resultaba desagradable, le alejaba de sí mismo y de sus camaradas de combate y le aproximaba a aquella casa de lenocinio con toda su porquería y su vida sucia, repugnante.”

Liuba, la prostituta, tras dejarle dormir un rato y notar su completo rechazo hacía ella le mete un bofetón en toda la jeta, al decoroso revolucionario. Él le pregunta que por qué y ella le contesta porque hacía falta. Hacía falta. Sin más. Eso no es una razón le objeta. Vale más que no busquemos razones, le dice ella. Él no ceja. Procura comprender porqué había caído sobre él la cólera de Liuba. Se sentía ultrajado. Cuando se pega a un hombre por lo menos hay que decirle la razón. Él estaba acostumbrado a dominar sus deseos sexuales y mirar a las mujeres incluso con indiferencia. Así que los motores de su intelligentsia se aceleran para descubrir el porqué de esta ofensa.

“Habitualmente su pensamiento era pesado y lento; pero una vez preocupado empezaba a trabajar febrilmente, con una fuerza y una inflexibilidad casi mecánicas. Se convertía en algo así como una prensa hidráulica que, cayendo lentamente, rompe las piedras, dobla las barras de hierro, aplasta a los hombres si están allí, y todo ello con impasibilidad, lenta e inexorablemente. Sin mirar ni a derecha ni a izquierda, indiferente a los sofismas, a las alusiones y a las respuestas a medias, manejaba su pensamiento pesadamente, aun cruelmente, hasta el límite extremo de la lógica, detrás del cual no hay ya más que el vacío y el misterio. No separaba jamás su pensamiento de su persona; todo su cuerpo estaba penetrado de él, y cuando llegaba a una conclusión lógica cualquiera, la adoptaba inmediatamente, como todas las gentes de su temperamento, para las cuales el pensar no es un juego, una diversión, sino el fondo mismo de su vida.”

Alexéi descubre que Liuba le ha pegado porque le insultó con su piedad y le pide hacer las paces. Le ofrece incluso su virginidad. Este momento es el que traza la verdadera línea de división entre ellos. Liuba también posee una verdad y asistiremos a la fusión de ambas. La narración versa sobre ese cruce de estilos de vida y cómo uno y otro se intentan entender. A veces con irritación.

“Tu cálculo era bien sencillo: «Voy a sacrificarle mi pureza —te dijiste—, y con ello me haré más puro todavía. De ese modo tendré algo así como una moneda de oro intransferible y eterna. Se la puedo dar a los mendigos, pero vuelve siempre a mis bolsillos». No, querido, no te valdrá eso.
—¿No?
—No, querido, no soy tan estúpida como todo eso. He visto ya a mercaderes así: amontonan millones con todas las injusticias y luego dan diez céntimos a la iglesia y creen que han salvado su alma. No, querido, construye tú mismo la iglesia, da cuanto amas. Tu inocencia no vale gran cosa; quizá me la ofreces porque no tienes necesidad de ella; está ya caducada, llena de polvo...”

Constantemente asistimos a un análisis psicológico y existencial, donde los personajes se plantean su situación en el mundo, su identidad, con un sentimiento de alienación que les provoca conductas desordenadas, psicóticas, violentas, irreflexivas, sin lógica ni coherencia. Cada visión se plasma con un lenguaje dinámico, conciso, elíptico, simultáneo, concentrado y sintácticamente deformado. Es una literatura que se aproxima mucho a la modernidad de las descripciones del expresionismo de Kafka, sin representar ese absoluto absurdo del que está hecha su literatura. Aquí nos movemos por unas vías más estables. De vez en cuando recibimos pistas.

“Un canalla tiene ante sí muchos caminos; un hombre honrado tiene sólo uno.”

Y para terminar les dejo con una legendaria canción que me ha recordado a Las tinieblas con las que Andréyev literaturiza de forma magistral la rosacea y semioscura habitación de este lupanar proyectado como escenario del mundo. Me gusta como está empezando este año. ¿Qué sería de nuestras vidas sin la literatura? Un mundo de tinieblas.


sábado, 30 de enero de 2010

El mar, de John Banville

El mar posee una atracción misteriosa. Emocional. Su inmensidad oscilante, de crecidas y bajadas, nos advierte sobre la permanente impermanencia de lo real, del imperecedero tránsito. Al mar no podemos mentirle. Nos arrojaría nuestra propia filfa a los pies, ahogada, exánime. Sin embargo podemos preguntarle por nuestros recuerdos. Podemos regresar al mar para descubrir lo que somos y para revitalizar nuestro presente, aunque esté trágicamente herido. El mar o el recuerdo son un refugio afable para recuperarse. Esta es la tesis literaria de John Banville, y con la que obtuvo el Premio Man Booker 2005. Una obra que ha centelleado durante toda esta última década convirtiéndose en un referente para los lectores que persiguen la Literatura de Altura y las historias con autenticidad. Como esta historia, la historia de Max Morden. Un tipo auténtico.

Max Morden, historiador de arte se retira a escribir al pueblo costero en el que de niño veraneó junto a sus padres tras la reciente muerte de su esposa después de una larga enfermedad. El pasado se convierte entonces en el único refugio y consuelo para Max, que rememorará el intenso verano en el que conoció a los Grace, por quienes se sintió inmediatamente fascinado, y en el que se inició a la vida y sus placeres –la amistad y el amor– pero también, al dolor y la muerte.

John Banville posee una escritura precisa, valiente. Su dominio del lenguaje es admirable. La creación del personaje de Max Morden corresponde a un trabajo minucioso, a un análisis psicológico profundo, a una exploración interior que ahonda en las cavidades más subterráneas de las emociones. Toca el alma de cada uno de nosotros. Nos quiere verdaderos. Enteros. Reales. Disfrútenla. Deja huella. Y posiblemente es una de las mejores novelas de la última década. Irlanda puede estar profundamente orgullosa de sus actuales literatos.

miércoles, 27 de enero de 2010

El honor perdido de Katherina Blum, de Heinrich Böll

Perdido y vilipendiado. Katherina Blum es una atractiva mujer, empleada de hogar, eficiente, romántica, algo ingenua. La noche de carnaval baila con un desconocido y deciden irse juntos a casa. A la mañana siguiente él se marcha y ese mismo día la policía acude al apartamento de Katharina para llevársela a comisaría con el fin de que les informe sobre este incierto individuo, que resulta ser atracador de bancos y sospecho de asesinato. La prensa sensacionalista rapaz inicia su fétido "trabajo" emitiendo licenciosos juicios sobre Katherina Blum. Y sobre su familia. Y sobre su pasado. Y sobre cualquier detalle que potencie el escándalo y el oprobio. Mentiras, difamaciones y calumnias se extienden por la opinión pública con mayor facilidad que la verdad.

El honor perdido de Katharina Blum fue escrito en 1974 por Böll, un maestro de la literatura, dos años después de haber recibido el Premio Nobel. En 1975 fue llevada a la pantalla por Schlöndorff. Böll describe al estilo de crónica novelada la realidad social de los años setenta y de como el imperio mediático sensacionalista servía de instrumento fiel a los oscuros intereses del poder mientras una frágil mujer cometía como único pecado haber sido demasiado honrada.

Cuando el periodista acude a casa de Katherina Blum viviremos una de las escenas más potentes y heroicas de la literatura del siglo XX. Su final es glacial. Todos los flashback que aparecen durante la narración conectan en un punto de explosión literario donde los hechos que Böll proyecta para sus dos últimas páginas nos redimirán de la tensión sufrida. La obra es un magnífico reportaje que reprocha con dureza la inmoralidad del sistema capitalista y a sus esbirros amarillos. Me declaro, por siempre, fan acérrimo de Katharina Blum.

sábado, 23 de enero de 2010

Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez

Alberto Méndez murió once meses después de escribir estos cuatro potentes relatos entrelazados entre sí y ambientados en nuestra desgarradora Guerra "Incivil" Española. No llegó a conocer el éxito que terminó alcanzando dentro de la literatura española. Pero, fíjense, estamos ante el libro más vendido de la prestigiosa editorial Anagrama en lengua castellana. La calidad de su lenguaje es asombroso. Deslumbrante. Alberto Méndez maduró esta obra en las herméticas galerías de su fuero interno durante toda una vida. Y en cada frase respiramos los vapores de su alma que recorre una por una las oraciones sobre la derrota de una guerra construida con silencios.

La narración se basa en cuatro historias que discurren paralelas y ligeramente interrelacionadas. Un capitán del ejército de Franco que, el mismo día de la Victoria, renuncia a ganar la guerra; un muchacho poeta que huye de la guerra junto a su también joven compañera embarazada, viviendo una vertiginosa historia de madurez y muerte en el breve plazo de unos meses; un preso de la cárcel de Porlier que se niega a vivir en la impostura para que el verdugo pueda ser calificado como tal; y, un diácono rijoso que enmascara su lascivia tras el fascismo apostólico que reclama la rapiña contra el vencido.

Las dos historias centrales son supremas, excelsas, magistrales. La historia del poeta me volteó el corazón. Sentí una punzada lacerante en el pecho. Y con la historia de Miguel Eymar sufrí una rabia iracunda que me subía y me bajaba por todo el cuerpo, de impotencia, una rabia de injusticia. Ambas me han permitido visualizar e interiorizar con vigor las heridas mal curadas de esas víctimas abatidas de la postguerra. De esa gran tragedia que traen las guerras.

“Hasta el alba no volvería a haber vida y la vida iniciaba siendo heraldo de la muerte. Sabían que a las cinco de la mañana comenzarían a oírse nombres y apellidos en el patio y que los nombrados subirían a unos camiones para ir al cementerio de la Almudena de donde nunca volverían.”

Tras leer este Huracán en papel, esta Literatura de Altura elevada en este Alto Vacío y tras sentir el trauma histórico que aún revolotea latiente en nuestro avanzado siglo XXI, aquí le presto este espacio, muy generoso, para que ruja poderosa en nuestra memoria con el fin de luchar por la dignidad y la clausura catártica de un dolor que necesita ser atendido con todos sus honores. Yo me transmuto, aquí, impetuoso, como conducto de tránsito para que Los girasoles ciegos pase de mano en mano, de corazón en corazón, para que su mensaje se expanda en los confines del cosmos propagando los valores de la democracia, la igualdad y la libertad. Y ya tan sólo me quedan gritar dos máximas... sólo dos, que ¡viva España! y ¡viva la República!

miércoles, 20 de enero de 2010

El conservador, de Nadine Gordimer

Este año se competirá en la República de Sudáfrica por la Copa Mundial de fútbol así que todas las miradas se posarán en uno de los territorios más fascinantes y castigados del planeta tierra. Por esto mismo he querido empezar el 2010 acercándome a la lúcida literatura de una escritora sudafricana que obtuvo en 1991 el Premio Nobel de Literatura. Nadine Gordimer. Dentro de ciento cuarenta días, cuando empiece este titánico torneo, en mi cabeza sobrevolará la obra de Gordimer, con su realismo social, dispuesta a revelar la infausta crónica del país de Nelson Mandela.

En sus letras, Gordimer, muestra como telón de fondo la colonización, el apartheid, los conflictos interétnicos entre afrikaneers, xhosas y zulús. Su literatura exhibe la avaricia del hombre blanco por controlar la riqueza de los yacimientos de diamantes y minas de oro, la guerra entre británicos y bóers por el control de los recursos minerales del país. La historia de un territorio saqueado a nativos milenarios hechos esclavos y condenados a la mirada sucia y engreída del racismo. Una subyugación en la que los bóers se revelaron y lucharon con furia pero sin éxito puesto que no podían hacer frente al devastador ejercito británico, que les instigaba utilizando la táctica de la tierra quemada. Destruir cualquier recurso que pudiera hacerles subsistir: campos de cereales, granjas, transportes, refugios, poblaciones locales y suministros. Sin compasión. Como en todas las guerras.

Con la victoria, planearon una estrategia de control poblacional. Prácticamente el 75% de la población era negra, la táctica política subsiguiente fue la segregación. Sólo los blancos tenían derecho a voto, sólo ellos podían viajar libremente por el país y se les permitía ganar más dinero por la ejecución del mismo trabajo. Los negros eran expulsados a vivir alejados de los blancos y su educación se veía limitada a escuelas separadas de un ámbito empobrecido en recursos. Con el paso de los años, el apartheid provocó repudio, rechazo e indignación en el mundo entero. Numerosos países rompieron relaciones diplomáticas y comerciales con Sudáfrica, generando un creciente aislamiento del gobierno sudafricano. El país fue excluido de los Juegos Olímpicos, de las Copas Mundiales de fútbol, rugby y otras competencias deportivas. Su presencia era intolerable.

“No eres «propietario» de un país simplemente por firmar un papelito, como compraste el título de propiedad de tu finca.”

El conservador es un industrial cincuentón que decide comprar una finca en Sudáfrica para sentir la belleza de la naturaleza. A su cargo tiene a varios nativos que le trabajan la tierra y le cuidan del ganado. Ninguno de ellos le cuestionada nada aunque Merhing no es muy docto en asuntos agrícolas. Un día Jacobus encuentra a un hombre muerto en la orilla del río que atraviesa su terreno. Este es el único hecho que generará inquietud en el propietario, mientras que a su empleado Jacobus le notaremos siempre una actitud mucho más alerta en sus rutinas diarias. Entre ellos la conservación de los huevos moteados de gallina de Guinea que se encuentran entre los juncos y que los niños capturan como trofeo y divertimento. Un patrimonio ecológico que sus ancestros siempre protegieron y que la transformación sociocultural en la que han entrado pone en peligro desde las nuevas generaciones.

“... los africanos disponían de papeles que les convertían en residentes temporales del lugar en que nacieron.”

Mehring vive obsesionado por la posesión de sus bienes. Su mayor deseo es conservar a toda costa la vida que lleva, con independencia de las peticiones de su amante izquierdista o de su hijo hippie que se aferra pretenciosamente al estilo de vida neoyorkino. En todas sus conversaciones destaca el lado más sincero de todos ellos.

“Es una idiotez ignorar que el sexo está mezclado con ideas emocionales que han ido creciendo a su alrededor hasta hacerse parte de él, desde el amor cortesano hasta la pasión inmoral y todas esas cosas, que no son dolores de crecimiento. Son tan poderosas a los cuarenta como a los diecisiete. Más. Cuanto más maduro eres, mejor y más humildemente reconoces su importancia.”

Al leer esta novela he podido apercibir una porción de la vida en África. He disfrutado de las descripciones del paisaje y de los detalles de su naturaleza. Durante la lectura tienes la sensación de estar junto a ellos y compartir sus vidas. Parece que no pasan grandes cosas y al finalizar la historia el círculo se cierra inexorablemente con ese final tan inesperado y que define la brecha creada entre afrikaneers y negros. En ese bosque silencioso. Es un final potente. Un final que dignifica a África. Y esto, quienes mejor lo han sabido hacer, han sido Olive Schreiner, Nadine Gordimer y Doris Lessing que posiblemente son los escritores que han estado más comprometidos con África en su escritura.

Este año, la que fue séptima mujer en ganar los Nobel, me hará acordarme de este mágico país de una manera más humana, más concreta y realista. Es una lástima que existan tantos Mehring en el planeta. Es una verdadera lástima. Por mi parte, cada patada que se le de al balón en el Mundial 2010, supondrá una patada al segregacionismo friático y cerril. Una victoria de la literatura y los derechos humanos.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Lowboy, de John Wray

Cierro este año convulso con la sexagésimo séptima lectura de una ruta repleta de múltiples literaturas huracanadas que me han permitido explorar nuevos estilos y temáticas sin dejar de vigilar a los sólidos y robustos clásicos. Y echo el cierre con un joven escritor neoyorkino afincado en el mismo distrito en el que vive Paul Auster o vivió Herman Melville, el barrio de Brooklyn.

En este caso John Wray publica su tercera novela y lo hace para tratar un tema complejo, la esquizofrenia y los trastornos paranoides. La historia te sumerge en su tensión de forma inmediata. Un joven de dieciséis años se escapa de Bellavista, un psiquiátrico en el que está internado en régimen completo, controlado a base de una ensalada de medicamentos: Lagactil, Clozapine, Zyprexa y Depakine. Al huir su madre se pone en contacto con la unidad de desaparecidos para que empiecen a buscarle y a partir de allí empezamos a conocer a los cinco personajes que completarán la obra en un escenario que destaca principalmente sobre los demás, el metro de Nueva York. Un nexo underground que nos recuerda al estilo contracultural del virtuoso Don Delillo en Submundo.

“No tienen ni idea de cómo funciona el Largactil, ni la Clozapine, ni ninguna de sus balas de plata. La esquizofrenia bien podría contraerse por ingerir azucar glas.”

Lowboy es el apodo que le pusieron las celadoras en Bellavista. Un lowboy es una cómoda baja, un objeto inútil que suele estar por casa, junto a los demás muebles. La novela nos permite profundizar en su historia, observar cómo interactúa con los demás, percibir sus conflictos y mantenernos alerta por la manera que tiene de comunicarse con algunos personajes. En concreto con un señor que encuentra en un vagón de metro. Lowboy esconde una agresividad subyacente en su conducta, en sus contactos con el otro. Sufre delirios de persecución. Su mente ha creado a dos misteriosos seres, Calavera y Esqueleto. Ambos aparecen y desaparecen dentro de las galerías del metro. Su miedo se manifiesta precisamente en el sitio más bonito del mundo para Lowboy. Union Square.

Durante la novela podremos leer las interesantes descripciones que hace de los vagones del metro. Comenta que son vehículos diseñados en base al miedo de ser atacado. Para empezar son impermeables, lo más cómodo para limpiarlo con una manguera en caso de derramamiento de sangre. Y están planteados para gente miedosa, nadie se sentaba de espaldas a nadie. Curioso.

En ciertos momentos Lowboy expone su extrañas teorías sobre diversos temas que no dejan de causar estupor. Uno de ellos el de las percas. Lowboy dice que las percas de los Grandes Lagos de Norteamérica se extinguen. Dice que ya no hay crías porque las aguas contienen medicamentos. Al mear la gente los expulsa en el retrete y los retretes van al agua y ese agua es el que respiran los peces. Traminex, Zypresa y Depakine vertidos en los Gran Lagos. ¿Rocambolesco?

En fin. Una lectura muy interesante que complementa el conmovedor caso de esquizofrenia de la hija del escritor Michael Greenberg, relatado en su primera novela llamada Hacia el amanecer y publicada también en este sugestivo año.

Bien. Aquí sello el cierre Blog 2009. Les deseo una potente entrada en el 2010 y que sus literarias visiones se cumplan hasta extremos hiperrealistas. Ha sido un placer compartir con ustedes el amor por la literatura. Yo me he empapado de ustedes y sé que ustedes han volado tal vez durante un minuto en este Alto Vacío dedicado a los Huracanes en papel. ¡Disfruten! El próximo año vienen cosas muy interesantes. Esto continua. La lectura es la fábrica de la imaginación que nos vuelve cada vez más libres. Hasta el año que viene, amantes de la Literatura de Altura.

domingo, 27 de diciembre de 2009

La náusea, de Jean Paul Sartre


Su primera novela. Entró en el templo de la escritura y causó un verdadero estallido para la literatura. Sartre la terminó de escribir cuando contaba con 33 años, en 1936, y en ella arrojó todo su demiurgo filosófico y literario convirtiéndose en uno de los más importantes exponentes del existencialismo y el marxismo humanista. Su propuesta aún sigue vigente en nuestra literatura, si bien lo único que ha cambiado es la fragmentación de lo fenomenológico.

“Estoy solo en esta calle blanca bordeada de jardines. Solo y libre. Pero esta libertad se parece un poco a la muerte.”

La náusea de Sartre es deudora de la filosofía fenomenológica del Ser y tiempo de Heiddeger cargada de nihilismo, postmodernidad y post-capitalismo. Sartre siente una náusea que le posee, que le debilita, capturándole hacia el tedio, la melancolía y el desdén. Le fuerza a un estado meditabundo sobre la existencia evocada en los conceptos originales de Sören Kierkegaard. Padre-motor del existencialismo.

“Mi pasado ha muerto.”

El argumento va absorviéndote a cada renglón. Roquentin, el protagonista, inicia su diario un lunes, un lunes 29 de enero de 1932, y en él estampa sus impresiones cotidianas con una lenta morosidad que mucho tiene que ver con ese mundo absurdo y solitario en el que está inserto.

“Doy unos pasos y me detengo. Saboreo el olvido total en que he caído. Estoy entre dos ciudades: una me ignora, la otra ya no me conoce. ¿Quién se acuerda de mí? Quizá una mujer joven y pesada en Londres... ¿Y acaso piensa en mí? Además está ese tipo, ese egipcio. Tal vez acaba de entrar en su cuarto, tal vez la ha tomado en sus brazos. No soy celoso; bien sé que ella sobrevive. Aunque me quisiera con toda el alma, sería un amor de muerta. Yo he tenido su último amor vivo. Pero con todo, él puede darle esto: placer.”

La literatura de Sartre está totalmente engarzada con el estilo literario de Kafka y Queneau. Su protagonista vive en un mundo sin sentido, absurdo y sin fundamento. De repente pierde su vocación de historiador. Deja de interesarle el marqués de Rollebon. Sartre ve en la burguesía un velo de inteligibilidad para presenciar la existencia. Lo único que le calma es la carencia de explicaciones. Desea existir por existir. La escritura se convierte en su acto más coherente en sintonía con su ser. Aspira a crear una ficción, algo precioso y semilegendario: un libro.

Sartre quiso titular La náusea como un cuadro de Alberto Durero llamado Melancolía I. Gallimard le convenció con este otro. En este cuadro podemos ver en el centro a un ángel pensativo que se aferra al libro con su mano izquierda mientras con la derecha parece estar escribiendo lo que surge de su mundo interior. Concentrado en un problema que no puede resolver pero que tampoco puede desechar.


En la época de Durero se decía que los melancólicos eran malvados, avaros, mentirosos, olvidadizos, apáticos y con tendencia al estudio en soledad. El retrato del intelectual. La náusea es una declaración autobiográfica y escrita de forma narrativa, por consejo de Simone de Beauvoir, del propio deseo-necesidad de Jean-Paul Sartre de convertirse en escritor e intelectual aceptando todas sus consecuencias, incluso las desagradables. Esta obra, considerada como una de las cien joyas de la literatura, forzó a su autor a un tránsito irrevocable hacia una nueva vida dedicada al acto de la escritura, con la voluntad férrea que muestra el ángel en el centro del cuadro de Durero.

“¿Soy yo quien ha cambiado? Si no soy yo, entonces es este cuarto, esta ciudad, esta naturaleza; hay que elegir. Creo que soy yo quien ha cambiado; es la solución más simple. También la más desagradable.”

Sobre el final no quiero revelarles nada. Es impactante. Tan sólo decirles que se quedarán muy sorprendidos con lo que hace el personaje Autodidacto en la biblioteca. Les recomiendo que mientras finalizan de leer el Diario de Bouville, a partir del miércoles, escuchen todas las versiones que puedan del Some of these days, que nombra Ronquentin, el Raskolnikof de Sartre. Y eso es todo, amantes de la literatura de altura. Les confieso que nada más terminar de leerlo sentí ganas de escribir. Sentí unas irrefrenables ganas de inundar con pensamientos las aterradoras hojas en blanco que existen en mi imaginario existencialista. Algo me lo impide, no sé que es. Desconozco el motivo. De momento seguiré leyendo. Me apacigua y me libera,
volar sobre letras que me roban la mirada. Ustedes me entienden.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Invisible, de Paul Auster

La novela arranca con un inicial triángulo amoroso invisible. Muy invisible. El de Adam, Rudolf y Margot. Son personajes muy interesantes. Atraen nuestra atención pero en su interacción no convencen. Fallan las alianzas. Sin embargo los escenarios por los que se mueven poseen una literariedad muy visible y muy valiosa. Lo entenderán sobre todo cuando lleguen a la Isla del Diablo.

Me resultó muy interesante la relación que se crea entre Adam y Rudolf. Realmente es inverosímil, descabellada, sin embargo motiva durante la lectura intentar descubrir que le mueve a Rudolf plantearle la propuesta de una revista literaria que llevará al poeta francés Bertrand de Born como icono y estandarte de su proyecto.

Los signos de ambientación para evocar Nueva York con Riverside Park o el hotel de París son todo un acierto. La novela explota en intensidad cuando Adam y Rudolf son atracados en la calle por un negro con una pistola sin balas. Yo pensé inmediatamente que Rudolf había preparado todo el acontecimiento para hacerle a Adam una jugarreta con el dinero que le paga para empezar con el trabajo de edición de la revista. Pero no. Es una cosa muy rara. Cuando se metan en escena sentirán esa misma incertidumbre.

La novela destaca especialmente por su forma de tratar el incesto entre Adam y Gwyn. Sin culpa ninguna, puesto que según ellos no hacen daño a nadie. Todo queda en su interior. Un tema realmente espinoso, que habrá generado cierto erotismo en los lectores pero que en mi caso ha suscitado únicamente inverosimilitud y un profundo escepticismo hacia su literatura del veto moral. Se queda a medias. Y por otro lado creo que Auster es todo menos maestro en erotismo. En un punto muy curioso de la novela describe un episodio de sexualidad dentro de una biblioteca que resulta un tanto grotesco. Sigo pensando que los inicios de sus ideas son muy potentes, son visionarios, pero no se consagran en su desarrollo. Se vuelven viscosos.

Tengo que confesar que me fascinó encontrar en esta obra una extraña referencia de Auster hacia uno de nuestros mejores escritores vivos españoles. Al gran Vila-Matas. Califica sus libros de inútiles. Me quedé pasmado, iso facto. Vila-Matas inútil, ¡já! Es una afirmación terrible. ¡Monstruosa!

“Intenté leer pero, en aquellos momentos tal actividad se encontraba fuera del alcance de mis facultades de concentración. Todos los libros inútiles que había metido en la maleta para las vacaciones al sol. Novelas de Bernhard y Vila-Matas, poemas de Dupin, y Du Bouchet, ensayos de Sacks y Diderot: todos libros valiosos, pero ya inútiles, ahora que había llegado a mi destino.”

Después de esto no me preocupa en absoluto que Auster pueda molestarse con las ingeniosas críticas que le hace James Wood a su literatura.

Y para finalizar quiero aplaudir los enfoques que utiliza para tratar diferentes temas políticos, como el abuso que EEUU hace en la guerra contra Afganistán (el Vietnam de Obama), la pesadilla de las armas en Nueva York, el atentado contra las Torres Gemelas o el mayo del 68 francés. Junto a estos temas escoge también un tema de plena actualidad. La caída del Muro de Berlín. Comenta que constituyó uno de los acontecimientos más alarmantes de los últimos tiempos. La guerra fría había mantenido unido al mundo durante cuarenta y cuatro años en un simple pero efectivo universo binario compuesto de blanco y negro. Con la caída del muro entramos por lo tanto en un periodo de inestabilidad semejante al de los años previos a la Primera Guerra Mundial. Cuando ambas partes pueden hacerse desaparecer entre ellas ninguna aprieta el gatillo. Es un punto muerto permanente. La respuesta más elegante a la agresión militar en la historia de la humanidad. Interesante ¿no creen?

Pues nada más. Por mi parte aquí sello mis impresiones sobre la última obra de uno de los escritores más comerciales del planeta Tierra. Su final me gusta. Aún resuenan los martillazos contra esos pedruscos del colonialismo. Puedo decir que es la mejor novela que he leído de su repertorio, con un comienzo muy potente, como hizo con Un hombre en la oscuridad, a la que supera con creces sobre todo por centrarse en un ambiente mucho más literario, y con la que demuestra haberse empapado con muchísimas obras de la Literatura de Altura durante los siete meses que le costó escribirla en esa atractiva casa de Brooklyn repleta de libros. ¡Por cierto! Hace dos meses ha terminado de escribir otra novela muy finita que saldrá en 2010. Millones de personas la leeremos. Auster es un imán. ¡Disfrútenlo!
“Durante el resto de mi vida, esté donde esté, haga lo que haga, irá siempre conmigo.”

lunes, 7 de diciembre de 2009

Submundo, de Don Delillo

“La historia es el resultado de anhelos a gran escala.”

Con esta épica he sido lector y testigo de la última victoria de ese fracaso anticipado que consiste en alcanzar la gran novela norteamericana. Una proeza que llevó a cabo su antecesor, Scott Fitzgerald, en El gran Gatsby con gran éxito, y lo que a su vez cerró casi todas las puertas a nuevas opciones de modernidad para la literatura. Sin embargo a Don Delillo aún le quedaba una bala: contar aquello que hay en los espacios en blanco. Describir esos momentos en los que la gente pone el televisor para escuchar los acontecimientos históricos, tal y como hizo en Libra con la muerte de JFK.

En Submundo esta vez elige un histórico partido de béisbol ocurrido en la ciudad de Nueva York por los años cincuenta para desarrollar su tesis. En ella expone como las civilizaciones no terminan de definirse por lo que son o por lo que creen sino que se definen por lo que desechan, por su basuras. Ahí reside la lúcida idea para un gran tránsito en la literatura, un gran apocalipsis literario. Delillo analiza los residuos de la mafia, la mugre de las guerras, espía los despojos arrojados por la civilización para mostrarnos el verdadero valor de la historia y de las personas.

Cotter Martin es un chaval de Harlem de 14 años. Es uno y a la vez es muchos porque representa esos anhelos que respiraba la ciudad en aquella época. 1951. El 3 de octubre, sin un céntimo en el bolsillo y en horario de escuela, saltó la valla de control del estadio de Nueva York junto con otros intrépidos hinchas para presenciar el partido de béisbol de los Giants contra los Doggers, los favoritos. De manera insólita Thomson, bateador de los Giants, hizo un home run que les dio el título para el equipo de Harlem. Cotter, sentado en las gradas, se hace con la pelota de esa victoria histórica. El mismo día la Unión Soviética probaba la bomba atómica. Y así arranca la novela, con una pelota de béisbol y una lejana pero temerosa bomba atómica.

New York Times. Portada del 4 de octubre de 1951.

Paralelamente y como referencia a la lucha que se producía entre un imperioso Goliat y un modesto David en los anales del deporte norteamericano, Delillo hace mención a un histórico combate de boxeo que tuvo lugar en Toledo, Ohio, el 4 de julio de 1919, entre Jack Dempsey VS Jesse Willard en el que Dempsey se coronó campeón del mundo de los pesos pesados. Aunque Willard era favorito Dempsey lo masacró derribándolo siete veces en el primer asalto y logrando el triunfo en el tercer round, como podrán ver en este video. Es espectacular. Una muchedumbre de hombres sigue la pelea a cuarenta y tres grados en mangas de camisa y sombreros de paja, muchos con pañuelos extendidos bajo el sombrero hasta los hombros, como si fueran disfrazados de árabes, y la enormidad de la paliza que soportó el gran Jess en aquel ardiente cuadrilátero blanco, el modo en el que el sudor y la sangre manaban vaporizados de su rostro cada vez que Dempsey le golpeaba. Fíjense ustedes.


PRÓLOGO: EL TRIUNFO DE LA MUERTE

Russ Hodges retransmitía el partido en ese día que amenazaba lluvia a los pocos que se habían acercado para verlo, agentes de seguros, ricachones de clubes nocturnos y peces gordos de Broadway. Entre el público, cerca del banquillo de los Giants se encontraban Frank Sinatra, Jackie Gleason, Toots Shor y J. Edgar Hoover, número uno de la administración de la nación.

A Hoover le cae en su hombro la página de una revista y esto le irrita. Clava su mirada en la imagen y descubre la representación de un cuadro en color atiborrado de figuras medievales agonizantes o muertas, un paisaje de desolación y ruina visionarias. Edgar nunca ha visto un cuadro como aquel. Sobre la tierra rojiza y pardusca desfilan ejércitos de esqueletos. Hombres empalados en lanzas, colgados de horcas, clavados en ruedas de púas previamente aseguradas en árboles desnudos, cuerpos abiertos a los cuervos. Legiones de muertos que forman tras escudos hechos de tapas de ataúdes. La muerte en persona a lomos de un jamelgo esquelético, en busca de sangre, la guadaña presta mientras acucia a aturdidas masas de gente en dirección a la entrada de quién sabe que trampa mortal. La página proviene de la revista Life. Branca lanza.

El triunfo de la muerte - Pieter Bruegel (XVI) Pintura flamenca. El Prado. Madrid.

Edgar Hoover descubre en la mitad de la escena a una segunda muerta montada por un esqueleto. Si pinchan en la foto se abrirá el cuadro con una mayor resolución para examinarla. La postura es de carácter incuestionablemente sexual. Los muertos caen sobre los vivos. Y comienzan a darse cuenta de que los vivos son pecadores. Los jugadores de naipes, los amantes que juguetean, el rey envuelto por un manto de armiño y con su fortuna almacenada en los toneles. Los muertos han venido a vaciar las cantimploras de vino, a servir calaveras en bandeja a la gente de bien durante el almuerzo. Se ve gula, lujuria y codicia. Los viejos muertos follándose a los vivos. Terror universal. Los muertos extrayendo ataúdes del suelo. Los muertos de la colina tañendo las viejas y ásperas campanas que repican por los pecados del mundo.

Este importante cuadro, tal vez donde reside el alma o el verdadero icono del Submundo de Don Delillo se encuentra en El Prado. Durante mucho tiempo estuvo en La Granja (Segovia) y al final fue cedido al museo. Pero antes sepan una cosa. El Metropolitan de Nueva York intentó hacerse con este cuadro y sus negociaciones fracasaron. Un B-52 y un avión nodriza colisionaron durante un reaprovisamiento rutinario a comienzos de 1966 y cuatro bombas de hidrógeno se estrellaron contra las costas españolas descargando material radiactivo. Las negociaciones por trasladar El triundo de la muerte de Bruegel a los EEUU como pago a la defensa que mantenía con sus fuerzas aéreas en España se interrumpieron por lo que el cuadro no se ha movido de su sitio. Sigue perteneciendo al fondo cultural español. En realidad las Bases Aéreas Norteamericanas son un peligro.

Y volvemos al partido. Thomson consigue un strike en la esquina interior. Bobby golpea en dos noventa y dos consiguiendo un sencillo y un doble. Marca el primer tanto de los Giants con un largo fly en el centro del campo. Brooklyn marcha en cabeza cuatro a dos. Branza lanza. No es un buen lanzamiento para golpear, es elevado y va por dentro, pero Thomson lanza el bate, que golpea la pelota como un mazazo, y todos, todos lo miran. Pafko corre hacia la esquina del campo izquierdo. Alcanza el muro. La gente se pregunta donde estará la pelota. Y Cotter, en la sección 35, ve venir la pelota en dirección a él. Siente como si su cuerpo se convirtiera en humo. Los Giants han ganado el título. Intuye que la pelota caerá por la segunda fila y en ese punto acierta a recibirla cuando un blanco estira su mano para engancharla y se produce entre ellos un forcejeo espartano.

Cotter, el chaval de catorce años, se hace con la pelota pero Bill, un tipo que se había sentado cerca de él, un blanco, le persigue incluso fuera del estadio para quitársela y éste se escabulle hacia el Harlem para llevarse su trofeo. Es la bola que golpea Thomson y la que le da el triunfo a los Giants.

PARTE 1: LONG TALL SALLY (PRIMAVERA-VERANO 1992)

Aparece Nick en un Lexus. Tiene 57 años. Está en el desierto. Esto nos recuerda a la portada. A lo lejos ve acercarse un taxi neoyorkino. Dentro, casualidades de la vida va Klara Sax., una ex-novia y con ella van estudiantes de arte, historiadores, profesores, piratas informáticos ya hastiados en busca de un mundo sin redes computarizadas. Lucen camisetas impresas con las palabras Long Tall Sally. Sally es una mujer blanca esbelta muy sexy. Icono de la belleza y la fuerza de América. Luego descenderemos al submundo de este icono y al interesante contenido que subyace.

Nick trabaja como gestor de desechos. Sí. Basura. Hace un viaje de negocios. Conversa con su antigua amiga Klara que le enseña su actividad artística con los aviones. Aviones ruinosos. Un proyecto muy interesante. A los pocos días regresa a casa. Está casado con Marian y viven también con su madre. La madre de Nick.

Un día alguien le invita a ir al estadio de los Dodgers y allí le cuentan la historia del home run de Bobby Thomson y de un individuo de personalidad obsesiva que buscó afanosamente la famosa pelota del partido. Después de cuarenta años la gente aún rememora el gran golpe de Thomson.

Un día entra inesperadamente en una tienda dedicada a la condología. Condones de todos los tipos y usos. Escena genuina en la literatura que engarza con el submundo planteado por Delillo y la naturaleza de las civilizaciones.

Nick le regala a Marian, su mujer, un vuelo en globo el día de su cumpleaños.

Descubrimos que el padre de Nick desapareció un día. Salió a comprar un Lucky Strike y jamás regresó. El tabaco está muy presente en esta novela como recuerdo de lo traumático.

MANX MARTIN 1

Cotter regresa a casa con la pelota disimulando que estuvo en el colegio. Su hermana Rosie de dieciséis años está enfrascada en sus deberes. Tiene dos hermanos mayores, uno está en infantería y el otro en aviación. Hay dos Norteaméricas. Una negra y otra blanca.

Cotter le enseña la pelota a su padre, Manx Martin, cuando llega a casa. Él no le cree. Es algo insólito. No sabe si le está tomando el pelo. Decide creerle y empieza a pensar en una importante ganancia.

PARTE 2: ELEGÍA PARA LA MANO IZQUIERDA (MEDIADOS DE LOS OCHENTA - COMIENZOS DE LOS NOVENTA)

El Asesino de la Autopista. Sepulturas espaciales.

PARTE 3: LA NUBE DEL DESCONOCIMIENTO (PRIMAVERA DE 1978)

La dietrología de la mafia, o la ciencia de lo que subyace en los sucesos, de el Llanero Solitario, del caballo Silver. Historia iconográfica. Muy interesante.

El secreto de Groenlandia ¿por qué no sabemos de nadie que ha estado allí? ¿por qué ocultaron la caída de un B-52 en la década de los 70?

Los zapatos spectator de Charlie Parker vestido de traje blanco en un club de jazz de Nueva York. Uno de los más grandes músicos de jazz, por no decir el mejor y de quien no podía prescindir para penetrar en el submundo de la historia de Norteamérica.



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En esta parte de la novela rescata el cine de Sergéi Eisenstein para analizar su estilo en películas como Iván el terrible, Que viva México y El acorazado Potemkin, la película sobre la que más se ha escrito en toda la historia del cine. Su innovadora técnica de montaje sirvió de inspiración para el cine posterior. La elección de este icono de la cultura está en total sintonía con su tesis puesto que para Eisenstein el protagonista en sus obras es la masa, el pueblo... la civilización.

Relata el arte puramente vanguardista de Ismael Muñoz, el graffitero de los vagones del metro de Nueva York. Es un personaje ficticio. En esta parte volvemos a descender al excitante submundo. Nadie puede destronar a Muñoz. Era superior a todos los artistas de la ciudad. Como ven es otro icono imprescindible para que la obra rezume autenticidad. Debíamos recorrer el soterrado subway neoyorkino.


Y de vez en cuando va metiendo algún petardazo que otro contra el judaísmo, contra sus incongruencias y sus clasismos.

“La propiedad lo es todo. Cada uno es producto de su propia geografía. Si eres un católico de Nueva York, eres judío. Si eres un judío de Butte, Montana, eres de lo menos judío que hay. Eres como un puré de patatas instantáneo.”

Uno de los mejores momentos de la obra se encuentra en la descripción del espectáculo que ofrecía Lenny Bruce, en 1962. Este cómico fue en 2004 colocado en el tercer puesto de la lista de los cien mejores comediantes que ha tenido Norteamérica. Se trata de la conversación surrealista que Castro mantiene con el arcángel San Gabriel. Está descrito en la página 599. No lo puedo transcribir porque ocupa tres páginas enteras y creo que es de obligada lectura. La escena es tremendamente divertida y muy inteligente. El arcángel San Grabiel se aparece en el cielo, sobre La Habana. Los guardaespaldas de Castro le despiertan y él les dice, Dejadme en paz, pero ellos responden, es el mensajero de Dios, y Castro se monta en un helicóptero y sube a ver que pasa. El ángel lleva una túnica blanca y sostiene una trompeta flamígera en la mano, y Castro se extraña de ver que el tío es negro. Piensa, estupendo, un negro que sabe hablar, podremos mantener una auténtica conversación sin gilipolleces. Y le dice al ángel, Escucha, yo no creo en Dios, pero déjame que te pregunte una cosa: ¿de parte de quien estáis vosotros? Y el ángel dice, Solo te lo diré una vez: estamos de parte de quienes tengan béisbol y jazz. Dice Castro, nosotros tenemos béisbol y jazz. Lo llamamos música afrocubana y te encantaría, tío. Tiene un ritmo increíble. Y Gabriel dice: no me menosprecies cacho hijo de puta. Yo tocaba con Bird, por si no lo sabes. Sí, tocábamos juntos en Minton en los viejos tiempos. De acuerdo, ¿quieres saber de qué lado estamos? Estamos del lado de los que tengan madres y tarta de manzana. Y dice Castro, No problema. Los rusos tienen madres y tarta de manzana. La llaman yablochi pirog. Dice el ángel, Muy bien listillo, estamos del lado de los que tengan al Pato Donald, a Mickey Mouse y a la mafia. Y Castro dice, Maldita sea, a la mafia la echamos de Cuba, pero ¿cómo es posible que os aliéis con ellos? Dice el ángel, Porque Nuestro Señor Jesús tiene especial cariño a la mafia, y dice Castro, ¿Y eso?, y dice el ángel, ¿Qué te crees, tío? Es italiano.

Cuatro años más tarde Lenny Bruce moría a sus 40 años en su domicilio de Los Ángeles, de intoxicación aguda por morfina, desnudo en el suelo de su cuarto de baño, las extremidades rígidas, la nariz destilando mucosidades, los ojos vidriosos y aún abiertos, la jeringa aún clavada en el brazo. Una fotografía policial de 20x25 de su cuerpo hinchado -fotografía que bien podría haberse titulado El triunfo de la muerte- figuraba en los archivos personales del director. Unas horas después de ser descubierto el cadáver empezó a circular el rumor de que había muerto asesinado por el Estado, debido a un efecto paranoide de la época.

Una de sus frases más legendarias fue:

“Si no me amáis incondicionalmente, moriré. Tales son los términos de nuestra relación.”



Durante una de sus actuaciones en el Cafe Au Go Go, del Greenwich Village neoyorquino, en 1964, Bruce usó más de 100 palabras obscenas. Agentes de policía camuflados asistieron a la actuación, y después testificaron contra Bruce. La acusación fue ofrecer una actuación obscena.

Sus actuaciones incluían gráficas descripciones del sexo oral, por ejemplo, además de la historia de un hombre cojo que intenta evitarse el trayecto por el pasillo de su casa hasta el cuarto de baño orinando en el fregadero de la cocina. Su fama se cimentó en ácidos monólogos en los que hablaba de sexo, religión, racismo, jazz, ética, política, patriotismo, leyes, aborto, drogas, el Ku Klux Klan y judaísmo. En buena parte de la década de los sesenta fue considerado un paria, ahora se le valora como el hombre que cambió por completo el concepto de stand-up comedy, los monólogos humorísticos que EEUU ha exportado a todo el mundo, incluida España.

En este punto abro un inciso para comentarles que existe una película de Bob Fosse realizó un biopic con Dustin Hoffman quien interpreta el papel de Lenny. Es interesante adentrarse en la ambientación. No es una gran película pero sí es entrañable y nos permite conocer como eran los espectáculos de Lenny Bruce. Aquí les dejo el punto de descarga.


La frase más beatnik que aparece en el libro es el “¡Vamos a morir todos!”, la que gritaba Lenny en su espectáculo. Aquello era la revolución de la psique, un lamento surgido de sus propias almas, de ese desesperado lugar sepultado al que uno exige el reconocimiento de sus derechos y necesidades primordiales. El momento cumbre de un sermón excéntrico soltado con acento hard bop a la chusma del desierto.

Vivían en la era de las bombas de megatones, armas basadas en organismos patógenos, destrucción, la guerra contra Vietnam, el bloqueo contra Cuba, espectáculos conspirativos para cripto-niños. Tiempos en los que un equipo de guerrilla urbana proyectaba un asalto a las basuras del número 4936 de Thirtieth Place, Northwest, Washington, DC. Aquello era el fin del mundo por triplicado. Querían llevarse la basura de gira. Alquilar salas en las principales ciudades. Contratar sociólogos de izquierda para que las analizaran artículo por artículo. Hippies dispuestos a frotarse el cuerpo desnudo con ella. Poco menos que a follársela. Poetas que escribían poemas al respecto. Y, finalmente, en la última ciudad de la gira, planeaban comérsela. Y luego, defecarla, en público. Algo tan normal como sacar la basura se convertía de pronto en fuente de la más profunda ansiedad.

“Según los dogmas beatnik era el enfermizo estado de Norteamerica lo que había producido la bomba. [...] Todo el paisaje beat estaba dominado por la bomba. Siempre lo había estado. Los beats no necesitaban una crisis de los misiles para pensar en la bomba. La bomba era la referencia más próxima que tenían de la endeblez moral de América, a ese país culpable de la existencia de altas chimeneas industriales y de grandes ciudades impersonales, dominada por la revista Time y J. Edgar Hoover, en la que la gente se encogía sobre sus tazas de café a lo largo de un millar de cafés de carretera azotados por la lluvia en las praderas de jazz, trotskistas secretos y patéticas ninfómanas de coños budistas.”

En el Submundo de Don Delillo está esa voz tan peligrosa para el Estado, la voz de los grupos secretos de insurgentes, anarquistas y revolucionarios de mirada inquieta, que se esfuerzan por desencadenar un tránsito, un cambio apocalíptico y exitoso. Ante esto, la apasionada tarea del Estado consiste en refrenarlos, estrechando el puño y preservando su derecho a controlar la mayor fuerza destructiva posible. Con las armas nucleares, dicho poder se identificaba con el Estado. El hongo nuclear representaba la divinidad de la Destrucción y la Ruina. El Estado controla los medios del Apocalipsis. Pero algún día las ideas se tornaran insurgentes y renacerán las bandas rebeldes, hombres y mujeres de cabellos largos, desaliñados y follando a diestro y siniestro, avanzando hacia la resistencia armada y organizada, intentando quebrantar al Estado e instaurar el fin del orden existente. En este punto describe una performance activista en protesta de las injusticias del sistema. En sus gritos está marcada la insurgencia.

“Los desechos de la sociedad.”
“Un bebé asiático muerto por cada mocasín de Gucci.”
“¡Vietnam! ¡Ámalo o déjalo!”
“¡Asesinos blancos con pajarita negra!”

Don Delillo nos descubre el contenido que subyace en los iconos de Norteamérica para que descubramos su verdadera historia. Uno de ellos es la Long Tall Sally que hay pintada en el morro del B-52. Una rubia esbelta de largas piernas muy sexy. La verdadera era una negra a la que Little Richard le dedicó una canción que lleva su nombre,
Long Tall Sally. Su Sally estaba en un callejón. Y el viejo tío John en el callejón con ella. Hecha a correr. Con todo lo que hay que tener. Yes baby woo baby. Vamos a divertirnos esta noche. Pero en realidad se trataba de una canción escrita por una mujer negra de Apaoloosa, Mississippi. Richard añadió los toques finales.


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Manx, el padre de Cotter, consigue hacer la venta de la pelota histórica, la bola del home run.

PARTE 6: ARREGLO EN GRIS Y NEGRO (OTOÑO 1951 - VERANO 1952)

Los datos del histórico partido de béisbol tienen relación con el número trece, el número de la muerte, el número de la transformación. Encuentra signos de ese número en la mayor parte de las informaciones que giran en torno al partido.

Sus múltiples personajes se desnudan para mostrarnos como son y cómo les hizo la historia. En este punto hay una frase muy interesante cuando Matty, entusiasmada con el Catecismo de Baltimore, observa en la lección quinta una ilustración en la que aparece un hombre y una mujer relativamente desnudos bajo un manzano con una serpiente enrollada en una rama. Al ver eso llama a su hermano Michael Kalenka y le pide que identifique al hombre y a la mujer. Mientras él reflexiona ella le dice que los que están en la foto son los primeros padres de todos nosotros. Michael Kalenka sonríe y dice:

“Tarzán y Jane.”

Al poco después inicia un discurso sobre la ciencia. Arroja descripciones muy interesantes sobre aspectos de la realidad. Evolución, gestación, tránsito, población, universo, energía, masa, cifras, letras, mapas, átomos...

“
¿Cómo es de pequeño el átomo? Os lo diré. Si las personas tuvieran el tamaño de átomos la población de nuestro planeta cabría en la cabeza de un alfiler.”

Y la trama se cierra con una escena muy potente. Con un estallido. Nick se dirige a casa. Es de noche. Asciende por una estrecha calle en dirección a su edificio. Siente un impulso y se desvía por la puerta de una verja y desciende por unos escalones en dirección a los traspatios, a los sótanos. El pasadizo exterior no tenía luz y tanteó las paredes en busca de la puerta que daba acceso al interior. Percibió el aroma a piedra húmeda. El portero había estado regando los suelos. Entró y pasó junto al cuarto de calderas hasta alcanzar la puerta que había al final del pasillo. George estaba como siempre en la habitación, haciendo un solitario. Nick se sienta con él a charlar y a echar una partida. Ríen y juegan a las cartas durante una hora. George le dice a Nick que le quiere enseñar algo que ha encontrado hace un par de día dentro de un coche abandonado. Y saca del estante una escopeta. Una recortada. Con un cañón de cinco centímetros.
Nick la coge para observarla. Se pone de pie. La sopesa. Tiene en las manos un arma clandestina. Es vieja, está oxidada y desgastada. Es un trozo básicamente de chatarra. Nick empezó a adoptar una pose con ella como si fuera la pistola de un pirata o una vieja sílex de Kentucky. George sonríe. Nick le pregunta si está cargada. Contesta que no lo está y sonríe más abiertamente. Nick aprieta el gatillo. Y un estruendo retumbó en la estancia. Él se quedó allí pensando débilmente que no lo había hecho. Fijó la mirada en la sonrisa de George y le pareció que reinaba un espíritu de desafío. ¿Por qué iba a decir el tipo que no si estaba cargada?

Cuando le condujeron hasta el coche patrulla había gente en los escalones de las casas, en bata, algunos, y cabezas en numerosas ventanas, pálidas y contritas, y cierto número de jóvenes se habían acercado a las proximidades del coche, algunos a los que conocía bien y a otros de pasada, y le escrutaron fijamente con expresión solemne, pensando esto es como una historia que ha ocurrido, aquí, en sus propias calles, remotas y corrientes.

EPÍLOGO (DAS KAPITAL)

Esta es la parte más moderna de la novela. Aquí hace un análisis de la cultura, la globalización, internet, la industria, las sociedades, residuos radiactivos, basuras y religión. Uno de los temas más interesantes es el referido a esos enfermos que se acercan en masa a minas de uranio para curarse. Llegan de Europa, Canadá y Australia, con sus muletas y sus sillas de ruedas, y se sientan en túneles bajo las montañas de Montana, allí donde las emisiones de radón son varios cientos de veces superiores al nivel de seguridad federal. Intentan curarse de artritis, diabetes, ceguera y cáncer. Cuentan historias de perros paralíticos que se han levantado y han echado a andar.

Una empresa de residuos usa como logo de empresa una gaviota. Las gaviotas se abalanzan sobre montañas de basura y siguen a los buques a la espera del destello de las expulsiones que sueltan por la popa.

En Dallas fabrican heces sintéticas, excremento humano simulado para poner a prueba distintas calidades de pañales y otras prendas protectoras. Se vende en forma de mezcla seca compuesta de almidones, fibras, resinas, gelatinas y polivinilos.

http://blk.www/dd.com/miraculum

El link está roto. El servidor de esta dirección no se encuentra operativo. Misterio. He estado a punto de escribir a Seix Barral para notificarlo pero estoy seguro de que ellos ya lo saben. Esta obra la escribió Delillo en 1997. Hace doce años. Internet también sufre las inclemencias del tiempo.

Pues bien. Esto es todo por mi parte. Y ahora tan sólo decirles que tener el Submundo de Don Delillo en las manos es como sujetar los últimos cincuenta años de la historia underground de Norteamérica entre sus manos. Supone sujetar los despojos y amasijos culturales de la ciudad de Nueva York. Masticarlos. Descubrir nuevos sabores gracias a la Literatura de Altura de Don Delillo, a su visión apocalíptica, la visión del tránsito. Y como águilas cósmicas en un vuelo circular fijarán su poderosa mirada en las basuras de este condenado país, basuras comestibles que son mejores que lo que en otros países se sirve en la mesa. Verán que tienen basuras con las que uno puede amueblarse la casa y dar de comer a sus hijos. Reconocer el opulento botín de ropas que la gente tira a la basura y que uno puede ponerse con toda tranquilidad. ¡Qué distinto si hacemos un recuerdo de los antiguos mayas! Ellos no enterraban a sus muertos con joyas relucientes ni con otros objetos de valor. Los mayas enterraban a sus muertos con jarrones rotos, quebrados, tazas desportilladas y brazaletes sucios. Utilizaban a sus muertos como un perfecto sistema para deshacerse de la basura. Porca miseria.

“Todo va depositándose indeleblemente en el pasado.”