HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

martes, 6 de diciembre de 2016

La isla, de Giani Stuparich


Giani Stuparich se sentaba a hablar con Kafka en el café Europa de Praga sobre el sentido de la vida, la literatura y la muerte –temática identitaria entre los escritores de Trieste que han tenido muy presente en sus obras la linea que marca el fin de las cosas o les da pleno sentido–. Stuparich escribió novelas, ensayos y poesía, pero su talento explosionaba en el relato corto y en la memoria autobiográfica.

En La isla  fue donde Stuparich dio lo mejor de sí mismo. Es la narración de un encuentro en la isla de Istria entre padre e hijo, un encuentro propuesto y deseado por el padre, a las puertas de su muerte. El padre descubrirá lo que significa dejar descendencia y el joven afrontará el sentido de la pérdida. La isla es el escenario perfecto,  el más poético, pues simboliza la complejidad de esta huida, el refugio contra el amenazador asalto del mar del inconsciente, un territorio entre la conciencia y la voluntad, donde se condensan las fuerzas ilógicas al borde del océano. Padre e hijo juntos navegan por este tránsito guiados por el instinto y la naturalidad de sus emociones. Los sentimientos son la brújula que dirige el barco. Si llegan a esta isla serán aspirados por un Huracán en papel. Ojalá algún día caiga en sus manos. ¡Blum!

«Ya no era más que un hombre cansado, con profundas arrugas en el rostro, la boca amarga y entreabierta, como si sufriera al respirar.»

viernes, 2 de diciembre de 2016

Un castillo en la Romaña, de Igor Štiks

Igor Štiks nació en 1977 en Sarajevo, Bosnia Herzegovina y abandonó su ciudad natal en 1992, meses después de estallar la guerra. Se instaló primero en Zagreb, Croacia, donde estudió literatura comparada y luego en París, logrando la maestría en Filosofía. Más tarde fue a Chicago para impartir clases en la Northwestern University y actualmente vive en Edimburgo, Escocia, investigando en un proyecto artístico que contribuye a los espacios ciudadanos, a los estudios culturales urbanos, así como a la erudición sobre los movimientos sociales y el arte comprometido. 

Un castillo en la Romaña fue en 2006 la primera novela del joven autor bosnio en lengua croata. El narrador es un joven bosnio exiliado que visita un castillo del Renacimiento italiano donde encuentra a un guía franciscano y refugiado bosnio como él, que le relata dos historias de pasión e intriga, muy separadas en el tiempo, pero que expresan la ley del eterno retorno, sobre cómo la historia se repite y la nostalgia de la tierra natal produce un sentimiento agridulce de desarraigo. Narrada con pulso erudito, avanza con precisión, creando una atmósfera envolvente entre lo medieval y la modernidad. Francamente interesante.

Yugoslavia fue poco a poco envenenada moralmente, durante los años 90, por la prensa internacional, controlaba por George Soros, provocando una fuerte segregación de los serbios contra Croacia y Bosnia. La Fundación Soros compraba periodistas influyentes para neutralizar a los detractores de su propaganda belicista, acusándoles o bien de neonazis o sino de antisemitas. Ninguna institución les puso freno. Aquí es donde vemos el eterno retorno. El Papa Pio XII no movió un dedo cuando Hitler invasión Polonia, y el Papa Juan Pablo II tampoco hizo nada cuando E.E.U.U. bombardeó e invadió Yugoslavia. Sin embargo hemos aprendido que la prensa convencional es un instrumento de estas fuerzas oscuras que financian las guerras para lucrarse con la muerte. Así que la pregunta que hoy nos hacemos es si serían capaces de volver a engañarnos para crear discordia entre la humanidad. Intuyo que no, amantes de la literatura. Nuestra calma es la respuesta más potente para progresar. No dejen de sentir la bondad que anida en sus corazones. ¡Tránsito!

martes, 29 de noviembre de 2016

La iniciación de un hombre: 1917, de John Dos Passos

Cuando vi la portada en la estantaría de la librería me recordó a Belchite Viejo, un pueblo en ruinas de Zaragoza, por culpa de la locura de una guerra atroz. Seguidamente, cuando leí el nombre del escritor sentí que era el momento de acercarme a su obra. Su mundo se aproximaba al  mío y me quedaba pendiente traspasar el velo de su literatura el día que leí Enterrar a los muertos, de Ignacio Martínez de Pisón, donde mostró la nobleza humana y la inteligencia de John Dos Passos. 

La iniciación de un hombre: 1917 fue su primera novela y narra la experiencia de John Dos Passos como conductor de ambulancias en el frente francés durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Allí es testigo de lo más absurdo del ser humano. Su honesta visión le permitió encontrar el origen de esta cruel sinrazón, ejecutada por humanos, pero promovida por banqueros. J.P. Morgan, tomó el control de los principales veinticinco periódicos de Estados Unidos con el fin de hacer propaganda a favor de la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial. Además, el Comité del Senado informó de que entre 1915 y enero de 1917, los Estados Unidos prestaron 27 millones de dólares a Alemania y en el mismo período, prestaron 2.300 millones al Reino Unido y a sus aliados, casi cien veces más. Mientras tanto, millones de personas murieron en las trincheras de Europa para favorecer esos mezquinos intereses.

–Y en América, ¿les gusta la guerra?
–No saben lo que es. Son como niños. Se creen todo lo que les dicen; no tienen experiencia alguna en cuestiones internacionales, como ustedes los europeos. A mi entender, nuestra participación en la guerra ha sido una tragedia. 

América está regida por la prensa y la prensa responde a oscuras fuerzas que manipulan a hordas de inocentes, engañados por constantes falsedades que les asfixian. Los dóciles y bondadosos han perdido la senda de la libertad y han quedado convertidos en esclavos consentidores. La guerra es su principal enemigo. Es inadmisible. Hay que pararla. Lo primero que hay que hacer es traer la paz, como simiente en nuestras mentes para que crezca el árbol del progreso, y la vida no sea una burla, una amarga burla que aniquile nuestro valor interior. Segundo, debe haber un asedio contra la mentira en todos sus formatos. Tampoco es tolerable. Es una distorsión de cobardía. Tercero, somos energía y podemos tomar el rol de co-creadores del Universo, con cada acción y con cada pensamiento. Debemos preguntarnos: ¿hacía donde va mi energía?, ¿tengo conmigo el poder, o se lo cedí a los gobiernos, a las religiones, a la propiedad, a los médicos y a los militares?. ¿Qué hay de nuestra libertad?, ¿qué acepto y qué rechazo? ¿hemos olvidado también la paz que reina en el silencio?

La iniciación de un hombre: 1917 fue totalmente ignorada por la crítica. No alimentaba el patriotismo sino otros valores universales, y ningunearon al autor por su peligrosa claridad y acierto. Esa crítica operó para oscurecer el arte, y es la misma que trabaja en los medios de comunicación convencionales para alzar al adoctrinado y silenciar la voz común que observa insólita. Esa crítica fue, ha sido y es, sierva de los intereses de trece ricos adoradores del mal y lo material, que forjan rebaños a su voluntad. No permiten que despiertes con otras ideas. Te prefieren sumiso, sin que cuestiones la autoridad, dentro de una corriente ignorante y sin sensibilidad. Pero nunca calculan que el universo es infinito y que la literatura es una de sus múltiples vías de libertad, lo que explica que John Dos Passos esté hoy aquí, como un Huracán en papel. ¡Libre! ¡incólume! Atravesando el tiempo para alimentar tu espíritu. ¡Recárgate!

El talento solía significar libertad, una luz luchando contra la oscuridad.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Piedras de colores, de Adalbert Stifter

Me apareció esta pieza literaria en un pasillo recóndito de la biblioteca que más frecuento estos días de otoño. La portada me fascinó y la edición tan cuidadosa completó el resto de la decisión. Al abrir la primera página observé que nadie se había llevado este pequeño libro. No aparecía ninguna fecha en la hoja de préstamos. Así que la sensación de estar frente a un tesoro que nadie había descubierto se hizo en mi interior muy poderosa, y como es de tamaño de bolsillo, lo he llevado conmigo, acompañándome a todos los lugares a los que he ido. Como quien lleva castañas asadas en invierno. 

Empecé saboreando cada página de la introducción hasta alcanzar una atmósfera de respeto y admiración por el autor.

Si algo bueno y noble hay en un escritor, eso será lo que refleje su obra, escriba lo que escriba, porque las leyes que rigen lo pequeño son las mismas que rigen el Universo. La manifestación de la ley que mueve el mundo está tanto en el soplo de la brisa, en el correr del agua, el verde de los sembrados como en la majestuosa tormenta que arrasa los campos, amenaza casas, o destruye los árboles. Y esto mismo  ocurre de forma similar en el interior del ser humano. Hay mayor grandeza en aquellos espíritus que llevan una vida equilibrada en la que se hace uso del buen juicio, se siente admiración por lo bello y se mantiene una actitud serena ante la cercanía de la muerte, que en aquellos en los que dominan los impulsos de cólera, destrucción o venganza y que en su exaltación arrastran su propia vida.

La manifestación de la dulce ley que mueve al género humano es la que Stifter reconoce y plasma en Piedras de colores, mostrando la ley de la equidad que hace que cada cual pueda vivir entre los otros, no bajo la amenaza, sino en el respeto y la dignidad, que le van a hacer posible cumplir su destino humano. Esa ley actúa tanto en las cabañas como en los palacios, y se puede percibir tanto en la abnegación de una pobre mujer como en el desprecio soberano de la muerte que hace gala el héroe que se sacrifica por la humanidad. Para Stifter el arte es lo más elevado, después de Dios. No fue un escritor que perteneciera a ningún movimiento de su época. Se limitó a describir su entorno priorizando la estética y la simplicidad con la motivación de crear para el lector un rato agradable y contribuir con un grano de bondad a la construcción de lo eterno.

El éxito de Piedras de colores  fue total, no sólo en los círculos literarios o entre otros escritores, sino que produjo una honda impresión en amplios sectores del público. Los críticos literarios ponderaron la claridad y pureza de sus líneas, reconociendo la paz, la belleza y la nobleza de los sentimientos que irradiaban en los dos relatos de este magistral libro, Cristal de roca y Creta blanca. El primero les llevará a las enigmáticas montañas y el segundo a un castillo en la llanura. Disfruten del paseo. Volverán renovados. ¡Tránsito!





jueves, 3 de noviembre de 2016

El martirio del obeso, de Henri Béraud


¿Se dan cuenta que a veces los libros nos escogen y no al revés? Así fue como me sedujo esta obra. Vi la portada entre muchas novelas de amor. Un hombre de época de presencia señorial. Un barco evocando un viaje emocional por alta mar, pues lo que se sustenta sobre unas tripas sólo puede traer una inmersión sentimental.  Corrían las letras de un escritor francés a quienes recuerdo con una sensibilidad muy racional. Leí la primera página. Y me agarró.

Se trata de la escritura fluida, profunda y atemperada de un Premio Goncourt, galardón literario de mayor prestigio en Francia, recibido en 1922 por Henri Béraud. El martirio del obeso narra la historia de un martirio amoroso con los desprecios y la indiferencia que las mujeres cometen hacia los hombres gordos, pero con el humor y la frescura de una inteligencia que supo trascender a su persona y describir la vida como un banquete de oportunidades y herramientas para alcanzar la felicidad.

No esperen encontrar a un glotón y a un zafio descortés. La voz de esta novela pertenece a un miembro del Club de los Cien Kilos, extremadamente selectivo, procuaz, risueño, muy sociable y afectuoso. Su trato bonachón les acompañará hacia un baile de personalidades y situaciones jocosas, para reivindicar lo sano que es reírse de uno mismo. Los gordos atesoran una serie de cualidades invisibles al resto de los mortales, probablemente por quedar ocultas bajo una capa de grasa, y es de ahí de donde nacen una serie de prejuicios que los hace propensos a ser víctimas del abuso, especialmente del abuso emocional, por lo que queda redimido cuanto pueda achacárseles: todo en los gordos está bien y es digno de admiración, y lo que de malo les ocurre trae por causa la inquina, la envidia, la incomprensión y la ignorancia ajena, horrores todos ellos nacidos en el mundo de los escuálidos. ¿Te atreves a seguir aprendiendo? ¡Tránsito!



viernes, 21 de octubre de 2016

Los bosques de Nyx, de Javier Tomeo

Literatura sorprendente. Llegó a mis ojos esta obra de Javier Tomeo, en una fría tarde de otoño, en la que las temperaturas bajaron y el cierzo me instigó a cerrar todas las puertas y ventanas del salón para que no fuera herido la calidez de mi hogar . En ese momento, mi concentración era toda propiedad de Los bosques de Nyx. Me olvidé de quien era, desaparecí en el tiempo, fui lanzado a un lugar sin espacio, en el que tomó presencia Esquilo, Sófocles, Eurípides, Menandro y Homero.

Nyx, en la mitología griega, es la diosa de la Noche, hija del Caos y hermana de Erebo, con quien se une para engendrar a Éter, la luminosidad y puro brillo, y a una serie de divinidades, la mayoría de ellas abstracciones personificadas como la Muerte, el Dolor, el Sueño, el Destino, la Perdición, el Castigo Merecido, el Fraude, la Senectud, la Discordia, la Amistad, la Ternura, la Hijas de la Tarde, el Engaño. Nyx representa las tinieblas sublunares, mientras que Erebo es la expresión de la noche subterránea. Nyx posee un carro tirado por caballos negros que atraviesan el cielo envuelto en su sombrío manto cubierto de estrellas y es considerada como la "buena consejera" a la que se veneraba en compañía de Apolo, sacrificando para ella, gallos y ovejas negras. Su figura animal es representada por el búho y la adormidera o la amapola del opio. Nyx es una de las figuras mitológicas que más personalidad adquirieron en la poesía y en el arte, a pesar de no haber tenido un culto popular ni altares. Nyx es el centro de esta pieza literaria.

Los bosques de Nyx narra la historia de doce mujeres que perdieron a sus seres amados en la Guerra de Troya sin renunciar a sus tristes recuerdos porque saben que olvidar significa tanto como renunciar definitivamente a todos aquellos a quienes una vez amaron. Así que no están dispuestas a hacerlo. No importa que sus corazones se han convertido en inmensas necrópolis. Ellas viven en su espacio mágico amasando desesperadamente sus penas, tratando de recuperar las lágrimas perdidas. Pero un día, penetra en el bosque un Mensajero. Procede de una nueva guerra y propone a las mujeres que regresen con él al mundo de los vivos. La misión de las doce heroínas no es fácil. Habrán de ser ellas quienes, alzándose sobre sus recuerdos y aureolas por sus respectivas tristezas, se ofrezcan a los nuevos combatientes como símbolo de dolor que nunca se extingue, para convencerles para que abandonen las armas y regresen definitivamente a la paz. Si ésto lo consiguen podrán encontrar por fin justificación a sus viejas penas y, sobre todo, a la muerte de todos los viejos guerreros que ellas amaron un día sin más límites que los que señaló la eternidad de sus almas inmortales.

En torno a la negra hoguera de la guerra, Javier Tomeo convoca a un aquelarre a doce heroínas del teatro griego para mantener un apasionante y vivaz debate sobre los desastres bélicos, la fascinación de los hombres por la herencia de Marte y el dolor reflexivo e infinito de las mujeres. Se trata de un relato didáctico de gran profundidad emocional al que todo el mundo puede adentrarse, pues ha sido forjado en esa mágica dimensión que se encuentra entre la literatura de siempre y la ciencia-ficción del mañana, que sólo es posible en nuestra mente. El Diálogo de las Muertas fue una excepción en la narrativa tomeana siempre inundada de personajes estrictamente masculinos donde las mujeres actúan como mero contrapunto. Los bosques de Nyx están regidos por una comunidad matriarcal que ha embrujado esta recóndita arboleda en un letargo abismal, y ellas, heroínas de la Antigüedad  van a ser reclamadas  en una noche tenebrosa para manifestar con todo el esplendor de la razón y el corazón unidos, lo absurdas que son las guerras, hasta poner en pie de paz a griegos y troyanos. ¡Magistral Javier Tomeo! Integra la brevedad de Chéjov con la potencia argumental de Samuel Beckett. No ha podido llegar a mi vida en un momento de mayor sincronicidad. Mañana justo me han programado una salida de fin de semana al bosque para celebrar mi cumpleaños. Así que allí plantaré satisfecho, mi espíritu en ascensión, en actitud de paz con el Universo. ¡Tránsito!


«Sea cual fuere el bando en el que se luche, las guerras son un negocio de unos pocos»



sábado, 8 de octubre de 2016

Amado monstruo, de Javier Tomeo

Encontré las obras de Javier Tomeo en una pequeñita biblioteca muy cerca de mi casa, paseando por un inmenso parque con pinos de más de treinta metros de altura. La biblioteca llevaba su nombre y mi interés creció al comprobar que dentro, en el mismo recibidor, había una vitrina con la mayor parte de sus obras expuestas. La bibliotecaria se acercó de propio a explicarme su contribución en este mueble-vitrina. Era un tesoro en la ciudad. Y al seguir su delicada presentación recuperé el amor y la atracción por la literatura. No había dudas de que se trataba de un escritor prolífico. Su imaginación había producido casi cincuenta novelas. Desconocido en Zaragoza, pero muy premiado en el extranjero, sobre todo en Francia y Alemania. Ésta fue la que más llamó mi atención. Con ella alcanzó la fama y fue llevada al teatro. Hice caso a mi intuición.

«De acuerdo, soy un nuevo Robespierre que se ha pasado treinta años viendo como su madre hacía calceta.»

H.J. Krugger, director del Departamento de Personal de un Banco, habla con un ligero acento extranjero arrastrando las erres y oscureciendo las vocales. Por razones obvias dice que no puede prescindir de su empleo. Está obligado a mantenerse en la clandestinidad, pues pertenece a la poesía secreta y podrían acusarle de quitacolumnista, además de suponer el fin de su carrera en el Banco. Ahora tiene en frente, para una entrevista de trabajo a Juan D., que lleva treinta años pegado a las faldas de su madre y ha decidido presentarse al puesto de vigilante de Banco, sin la aprobación de su madre. Él no tiene experiencia y dicho empleo requiere el uso de armas de fuego. No vale ir con un garrote, como desearía Juan. El prestigio del Banco depende de las pistolas. Se trata de una cuestión de imagen de empresa.

«En estos tiempos de apoteosis informática, de sofisticadas redes de teleproceso y de dinero electrónico, resultaría de lo más ridículo ver a los vigilantes de cualquier banco armados con garrotes.»

En esa entrevista ellos van a hablar, de música, de literatura, de arte, de gastronomía, incluso de sus madres y, cuanto más se extienden en detalles, más se les permite aligerar sus conciencias.

«He aprendido a clasificar a la gente en dos grandes grupos: el de los que tienen dinero, y el de los que no lo tienen. No me preocupan los linajes, ni los cuarteles en los escudos, sino la cuenta corriente de nuestros clientes y, en última instancia, la educación que sólo puede dar el dinero. Todo lo demás son pamplinas.

Juan D. dispone aún de treinta minutos para convencerle de que es el candidato ideal y le confiesa cada detalle relacionado con el impulso por abandonar la casa de su madre. Le habla del reproche que su madre tiene contra él por haber nacido con seis dedos en cada mano, como si fuera un monstruo. Su madre lo sabe bien. ¿A dónde piensa ir? Los hombres como él deben renunciar al mundo, antes de que el mundo los rechaze a ellos.

«Los hijos son como lámparas en un hogar oscuro y nosotros no nos hubiésemos permitido jamás dejar a su madre en tinieblas.»


lunes, 3 de octubre de 2016

Las chicas, de Emma Cline

Literatura underground. El debut literario de la joven norteamericana Emma Cline requiere atención pues narra, desde una emotividad divergente, la vida de una chica que está luchando con su sexualidad emergente, que le suscita interés, peligro y que le aporta una sensación poderosa. El mensaje de fondo permite revisar la cotidianidad subyacente en la humanidad a través de la calidad en las relaciones personales. Su publicación,  en junio de este verano, ha despertado el interés de muchos amantes de la literatura. Será llevada a la gran pantalla. Requiere un paréntesis.

Las chicas está ambientada en el norte de California, durante el violento final de la década de 1960. En el comienzo del verano, Evie Boyd, una adolescente inteligente y reflexiva que atraviesa por un proceso de soledad, ve a un grupo de chicas en el parque, que le roban inmediatamente su atención, por la consumada libertad de comportamiento, su vestimenta descuidada y su peligrosa aura de abandono. Al poco tiempo, Evie quedará magnetizada por Suzanne, una chica más mayor con una energía enigmática, que le introduce en el círculo de una secta infame, liderada por un carismático músico, llamado Russell que vive en un extenso rancho escondido en las colinas, un lugar inquietante y descuidado, pero que a Evie le resulta exótico, emocionante, cargado de interés y en el que se siente desesperada por ser aceptada por el grupo. A medida que pasa más tiempo lejos de su madre, de su amiga Connie y de los ritmos de su vida diaria, su obsesión por Suzanne se intensifica. Evie no se da cuenta que se acerca cada vez más hacia una violencia impensable, en un momento en la vida de una chica en donde todo puede ir muy mal.

Las chicas está inspirada en el líder satánico Charles Manson y los espeluznantes asesinatos que sus seguidoras cometieron en el verano de 1969. Sin embargo la historia de Emma Cline agarra ese horror en segundo plano. Su protagonista, Evie Boyd, contiene toda la fuerza de esta historia. Ella ha pasado su vida dejando que los días se desmoronen muy lejos, como los restos de un acantilado. Es ya una persona adulta, pero abatida por el cultivo de una invisibilidad gentil viviendo entre los espacios de las existencias de otras personas. Ella capta las demandas deshumanizantes de los hombres, la violencia ocasional con la que se hacen cumplir esas exigencias y las relaciones de explotación que le producen orgullo y desesperación. Pero a esa edad ella necesita aprobación.









La novela de Cline realiza una retrospección de ida y vuelta, con notas de apatía, cambiando entre la vida estática de Evie en la actualidad y el tiempo infame en el que fue una chica de catorce años, recluida en el rancho de Russell, versión clineana de Manson; mientras su país carbonizaba Vietnam y las universidades entraban en erupción. Por esa época sus padres se habían divorciado recientemente y ella se encontraba a la deriva de su padre y su madre, en un forcejeo distraído. La presencia de Suzanne, tan trágica e independiente, como un rey en su exilio, le deja cautiva, además de por su belleza con la que Evie desea congraciarse,  y que le arrastra a situaciones perjudiciales. Todos estos momentos son los más notables de la novela donde la capacidad literaria de Cline para articular las angustias hacia la edad adulta en un lenguaje que es magníficamente poético sin perder la autenticidad de la conciencia del adolescente, las reflexiones melancólicas de su madurez o la impetuosidad de sus impulsos infantiles, deja toda la obra trenzada en armonía. La novela permite ir apreciando todos los cambios psicológicos de Evie, después de pasar las dos primeras semanas en el rancho de Russell, notar su su facilidad para  mentir a sus padres, para entregarse a Russell o para obtener de forma aguda el afecto de Suzanne.

Emma Cline ha escrito una novela explosiva mediante un acto de obsesión y curiosidad, que le llevó a interesarse treinta años después del crimen de Manson, explorando videos en YouTube y leyendo todo tipo de libros sobre el líder y su secta, de la que aporta muy pocos detalles, centrándose en el desenlace de destrucción y el homicidio múltiple que incluía ritos satánicos, nacidos de un lugar tranquilo, desde el que Evie, una de las chicas de Manson se confiesa con plena ebullición, anhelo y terror. Evie alude a los asesinatos infames, con una vergüenza latente y con un asombro silencioso de como "accidentalmente" una vida puede partir hacia el desastre. 

«La vida es un continuo alejarse del filo.»

¿Hasta donde llega este concepto de "accidental"? Cualquier chica no es blanco fácil para sucesos de este calibre. No hay que caer en el temor, una emoción de la que excede esta novela. Algo así sucedería con personas que cultiven el rencor, el aislamiento, la egolatría, o el narcisismo, además de distanciarse por completo de sus familiares y seres queridos; o en personas que buscan obtener poder y seguridad del grupo. Charles Manson vino a este mundo a hacer daño y a manipular. Fue estudiante de la Cienciología para controlar a la gente con métodos sibilinos. Era un psicópata adorador de satán, miembro de la Iglesia de Satán, actualmente metido en la cárcel con una pena de cadena perpetua por todos sus crímenes. Sus conexiones con la masonería y el satanismo han sido demostradas. Las chicas que vivían con él, además de reunir muchos caracteres de la psicopatía, estaban narcotizadas, bajo los efectos de diferentes drogas y siempre en un programa de hipnotización, mediante símbolos, gestos, frases recurrentes para conseguir su manipulación mental. De lo contrario algo así jamás habría ocurrido. Pueden estar muy tranquilas las personas que se rigen por la bondad y la empatía.

«Suzanne tenía los ojos como un muro de ladrillo. Las anfetaminas tensaban sus sienes.»

Cline ha entrado con fuerza en la escena literaria. Tiene veintisiete años y ha firmado con Random House un contrato de dos millones de dólares por éste libro y otros dos más que saldrán muy pronto. Una vez leas este libro, inevitablemente tendrás ganas de leer algo suave, del pulso de Jane Austen, para rebajar toda la carga negativa que experimentarás con los personajes. Lo bueno es que se lee del tirón. Es muy rápida y muy ágil. Lo malo, que genera mucha aflicción y desasosiego. No hay un sólo personaje que tenga luz. Me ocurrió hace muchos años con Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides.


sábado, 1 de octubre de 2016

El cazador, de Javier Tomeo

Javier Tomeo vivía solo. No tuvo hermanos. No tuvo hijos. Consagró su vida a la literatura. De niño leía a Julio Verne y a Salgari, pero lo que forjó su imaginario más pujante fueron las pinturas de Goya, con sus monstruos y sus personajes sardónicos. Así aprendió a relacionarse con el arte, mediante una experiencia moral, junto a criaturas y personajes incapaces de encajar en el mundo. De esa forma encontró su lugar en el mundo.

El cazador (1969) fue su primer libro, una ruptura con el mundo insípido y un ejemplo lúcido de cómo seguir su propio camino, el único y verdadero. Javier Tomeo trabajaba como abogado en Olivetti, empresa italiana de máquinas de escribir, y un día decidió encerrarse drásticamente en su habitación para disolver las frustraciones del pasado y sumergirse vibrante hacia su propio universo de individuación. El resultado produjo una obra inclasificable, marginal, de contenido pulsional e inconsciente, en trance con su alter ego, precipitándose contra los límites hacia la captura del más allá: su presa más ambiciosa. De estilo condensado, su narrativa avanza por golpes certeros de inteligencia y exactitud. Breve, profundo y matemático, como los delirios de Kafka o la espontaneidad genuina de Poe. Escribe lo que corresponde, y ya nada se puede parecer a él. Tan sólo caben reminiscencias de ligera aproximación, pero toda evocación será injusta. A Javier Tomeo se le lee y a partir de allí ocurre todo y uno entiende el placer de ser un lector minoritario , atípico y heteróclito; un lector de autores que estaban tan cerca de casa que parecían invisibles. Gracias Aragón. 


viernes, 7 de agosto de 2015

Historias escocesas, de R.L. Stevenson

Consciente de irme a Inglaterra por dos meses me apareció en la librería de mi ciudad natal una obra de R.L. Stevenson y no pude resistirme a comprarla. La idea de conocer los verdaderos relatos de Escocia de la mano de uno de los más heroicos literatos del país, me produjo una excitación palpitante por el incipiente deseo de entrar en contacto con la cultura de las tierras sombrías del norte del Reino Unido, envuelto en la prosa adictiva de Stevenson, artesano irrefrenable del lenguaje, a quien los propios indígenas de la isla de Samoa apodaron Tusitala, "hombre que cuenta cuentos", por sus dotes de narrador innato. Tuve así la seguridad de que este libro iba a servirme de instrumento para explorar íntimamente los lugares, escenarios y personalidades que aquí se desarrollaban. La narración de Stevenson con su estilo parco, fino y enérgico me llevó al mismísimo corazón de estas tierras que ahora estoy pisando, sin perder por un instante el asombro de mi mirada. 

Cuentos escoceses está compuesto de cinco relatos. El primero El ladrón de cadáveres se centra en un hecho real ocurrido en Escocia durante los sórdidos días del desarrollo de la anatomía como ciencia, cuando las aulas de la Universidad de Edimburgo debían estar bien abastecidas de cadáveres para las mesas de prácticas de los estudiantes, y criminales sin escrúpulos se las ingeniaban para saquear cementerios y profanar tumbas, e incluso suministrar cuerpos de carne más fresca. Janet la Torcida constituye la primera incursión de Stevenson en el género del cuento de miedo, que tanto apreciaba de niño, pues su nodriza solía dormirlo con ellos. El relato es una historia de brujería y posesión ambientado en un pueblo de Escocía que está anclado en viejas supersticiones, como que el demonio se aparecía en forma de hombre negro. Los risueños cuenta la búsqueda del tesoro de un galeón español naufragado en las escabrosas costas del norte de Escocia. El sótano de la peste es el primer relato que se conserva de RLS. Se cree que fue escrito en el verano de 1864, justo antes de cumplir los catorce años, en un intento por escribir algo sobre los covenanters, o partidarios del National Convenant, un pacto nacional redactado en 1638 para oponerse a las tentativas del rey Carlos I de anglicanizar la iglesia presbiteriana escocesa. La trama de este relato se desarrolla a comienzos de 1667, uno o dos meses después de la insurrección, con la ejecución de los sublevados, en una atmósfera opresiva que nos llevará hacia un sótano donde habita un mal de naturaleza innombrable. El pabellón en los Links esta ambientado en el noreste de Escocia, en un caserón de piedra blanda, expuesta a la mordaz erosión de la brisa costera. Allí se ha refugiado un comerciante perseguido por los miembros de una sociedad secreta italiana: los carbonari, que le reclaman una cuantiosa suma de dinero.

Relatos que uno desea que nunca acaben, que son capaces de envolverte y que alimentan la imaginación, la exploración, la inteligencia. Stevenson fue uno de los grandes, un Huracán en Papel, que si lo estudias en profundidad te ofrece una calidad literaria inigualable, para el público más exigente. Debe estar en boca de todos nosotros. No podemos permitir que sea eclipsado. Fue uno de los pocos maestros que tuvo Borges. ¡Blum!



jueves, 2 de julio de 2015

El cartero de Neruda, de Antonio Skármeta

En la costa del Pacífico, a orillas de ese océano con Siete Lenguas Verdes y Siete Tigres Verdes, se gestó El cartero de Neruda de Antonio Skármeta, en un periodo de catorce años para ser ultimado, tiempo en el que pudo volcar su poética visión, lentamente, con la tranquilidad con la que las olas se pasean por el manto marino hasta acariciar la playa, al ritmo que a usted, lector y amante de la literatura de altura, le predispondrá para saborear cada palabra, como si fueran alimento y bebida para su espíritu consternado. Así, de esta forma tan lánguida y sosegada, me nutrí con esta obra, sin saber nada de ella, excepto el nombre del poéta. La cogí minutos antes de salir de casa, del estante donde duermen las mejores obras de los escritores latinoamericanos,  con la idea de irme una semana de descanso al mar, a un rincón del Mediterráneo que me sirve de Isla Negra. Allí leí, pensé y disfruté como solo el mar te pide que lo hagas.

Pablo Neruda murió dos semanas después de que falleciera la democracia en Chile por un cruel golpe de Estado contra Salvador Allende. Con total sincronicidad morían al unísono la libertad y la poesía. No fue casualidad. También le ocurrió a Unamuno cuando Franco dió su golpe de estado. También le sucedió a Stefan Zweig cuando el fascismo de Hitler y Mussolini se apoderó de toda Europa. Vida y muerte, libertad y poesía. De esto trata, El cartero de Neruda y de algo más que prefiero silenciar para que la correspondencia custodiada por Mario Jiménez siga recorriendo el mundo, a través de la lectura, la narración, la literatura y nuestros corazones. Será una preciosa être de sortie en tu verano. ¡Refréscate! Todo lo insólito acontece durante el estío ¡Blum!



«Desnuda eres tan simple como una de tus manos.»


                               El rincón donde leí "El cartero de Neruda". Junio, 2015. Cataluña.

jueves, 11 de junio de 2015

Blitz, de David Trueba

Ayer se desplomó una tormenta en Zaragoza. Explotó cuando llegué a casa. El cielo retumbaba. Me puse a terminar de leer esta novela mientras las gotas resbalaban por el cristal de la ventana, mientras el olor a lluvia entraba en el salón, invitado por la tormenta. Sentí una calma empírea y suprema. Mis ojos recogían las letras, empapándose de ideas y conjeturas, y sentí que me limpiaban, dejándome ante un nuevo estado de tránsito. Hoy he llegado a la última página y ahora entiendo que cada cosa que sucedió durante el proceso de lectura, fue una danza acompasada por los antojos del destino, también los truenos y el chubasco, que fueron lo más auténtico del encuentro.

Encontré el libro el viernes en la biblioteca más moderna y exigua de la ciudad, la CUBIT, con el depósito de obras más pequeño de todas las que conozco. La había visto anunciada en la página web de Anagrama tiempo atrás, y la agarré, sin dudarlo un instante, de la sección de novedades. No esperaba mucho de ella aunque intuía que dentro había un mensaje importante, la portada mostraba cambios, movimiento, acción y una seria duda. El título tenía algo de eléctrico y dinámico al pronunciarse. En pocos días pude completarla. Y éste ha sido el resultado de la lectura.

Blitz es literatura de huída, de encuentros y desamor, que empuja a la metamorfosis de los afectos a través de experiencias divergentes y discordantes, en truncada sintonía con aquellos a los que les ha sacudido la actual crisis española. La obra de Trueba simboliza el azar, el destino y la providencia, las tres fuerzas que intervienen en un devenir. Todo personificado en Beto, un arquitecto paisajista en pleno hundimiento sentimental que viaja a Alemania para exponer su proyecto arquitectónico y optar a un cuantioso premio. Marta, su novia, le ha dejado asépticamente por un ex-novio uruguayo en el momento de sacar su nuevo disco. Helga, la traductora que le ayuda, es una mujer mayor que iluminará como un relámpago la vida de Beto. Doce capítulos dedicados, cada uno, a un mes del año, que se escurren como los granos de un reloj de arena.

Aunque la historia pierde cierta verosimilitud con la realidad, es interesante el análisis que arroja sobre las convenciones sociales, los estereotipos vinculantes, la fragilidad de la belleza o el rumbo caprichoso de la fatalidad; y así, entre todo este derrumbamiento afrontado con impulsividad y turbación, la trama avanza como un logos que penetra en las tinieblas, descendiendo al corazón mismo de la Naturaleza Humana. David Trueba va ofreciendo, una tras otra, escenas ociosas y tragicómicas pero que se evaporan en un simple entretenimiento, y que no valen, a mi juicio, la distinción del arte.  Como broche final elige una escena emotiva y afectuosa, pero anodina, que evoca un paisaje de ensueño oscurecido, donde más bien creí ver una escalera que conectaba con el Cielo, y a un hombre convertido en niño dependiente, que sufre ausencia de madre y no sabe bien poner los límites de lo inadecuado y lo imprudente; en lugar del cierre digno y relampagueante que habría electroagitado a cualquier alma atribulada. He sentido que prevalece más, la mano en la nuca de la duda, que el propio rayo ultra-alemanizado. Tal vez por eso, ha sucumbido. Los lectores no estamos para que también nos alemanicen los fenómenos naturales. ¡Cuídense! ¡Blum!


Me comportaba con ella con tal frialdad que después de hacer el amor podríamos haber puesto a enfriar las cervezas en mi corazón.


viernes, 5 de junio de 2015

Los escándalos de Crome, de Aldous Huxley

Una nueva obra ha caído con el peso de sus letras en este reducto de la literatura. Desde este corredor de mundos descubrí que uno sólo es feliz entregándose a la acción y así me moví una vez más como lo hace el viento cuando se revuelve entre los árboles, hasta dar con la primera novela de Aldous Huxley, que estaba dormida en una librería de antiguos y de ocasión, viejos y descatalogados.

La novela se desarrolla en Crome, Inglaterra, en una casa de campo de un matrimonio de la alta aristocracia británica. El Sr. y la Sra. Wimbush invitan a varios personajes para dar una fiesta, son tipos aburridos, egoístas, maniáticos, profundamente desgraciados en medio de sus extravagancias, personas de transición, residuos, desechos de un modo de civilización en decadencia. Y ello, sobre todo, por ser víctimas de una educación descuidada, deficiente y perniciosa. Todos han visto muchas cosas y no han profundizado ninguna. No hay en sus mentes un ideal que dé unidad a lo que saben y un sentido a sus vidas. Allí en Crome sale a relucir todo, como expuestos en el escenario de un teatro.

Aldous Huxley dijo que la piedra de toque del temperamento literario es la sensación de magia, el sentimiento de que las palabras tienen un poder, y que la parte verbal, la técnica de la literatura, es sencillamente una extensión de dicha magia, ya que son las palabras la invención primera y más grandiosa del hombre. Con el lenguaje el hombre ha creado un nuevo universo. Los literatos, descendientes de esos magos, continúan todavía el proceso, ensamblando fórmulas verbales, temblando de gozo y temor ante el poder del encanto producido, pues pueden llegar a evocar emociones hasta en los espíritus vacíos.

Los escándalos de Crome es una sátira escrita por uno de los más inteligentes escritores del siglo XX, que aprovechó la riqueza del lenguaje para concienciar al público de una época social en liquidación, ridiculizando sus vicios y ligerezas, con la agudeza de observación y la precisión psicológica propias de un erudito.

Aunque ya han pasado casi cien años desde que fue escrita (1921), los personajes resultan cercanos y perfectamente reconocibles pues sus personalidades y caracteres podrían pertenecer al Eterno Humano, de tal manera que algún día veas personas y digas que «parecen personajes de Crome». ¡Que el destino no lo quiera!


«Me siento hastiado de ver el espíritu humano encenegado en medio de la plétora social; prefiero describirlo retozando libre y deportivamente en el vacío.»

domingo, 1 de febrero de 2015

Vanina Vanini, de Stendhal

Me declaro stendhaliano tras reposar mis pupilas en su literatura universal. Me entrego y me someto a la defensa y a la difusión de la obra de Stendhal, escritor nacido en Francia y amante de Italia, que sufría al ver al país convertido en un estado de bárbaros y déspotas, pues los hombres más distinguidos habían tenido que huir o estaban en las cárceles, como el protagonista de esta novela corta, Pietro Missirilli, miembro de una sociedad secreta de vocación revolucionaria. Su modo de entregarse a la causa les dejará perplejos. La editorial Periférica nos pone a nuestra disposición lo más selecto de la Literatura de Altura, para ser contagiados de los nobles valores, los más humanistas, como hicieron Honoré de Balzac, Victor Hugo, Emile Zola o Gustave Flaubert, para todos aquellos que quisieran salir de las cavernas, y vivir con la amplitud de los horizontes de la libertad.

He borrado todas las anotaciones que hice durante la lectura para priorizar mis sensaciones más epidérmicas. El efecto final de esta historia se reduce a creer en la pasión. No puedo hacer menos que expresar mi admiración con lo que ahora siento. Stendhal no es sólo un escritor, es un gurú, un sabio, un profundo psicólogo del alma humana. Los dos personajes centrales de Vanina Vanini tienen tal fuerza literaria, a través de esta depurada historia de amor que se cierra en setenta y seis páginas perfectas y refinadas, que produce una corriente de masas de aire entre la mente y el pecho, que quedarás arrojado a la predilección por los más visionarios talentos. Una obra antigua pero de máxima modernidad y vigencia que conecta con nuestro tiempo de asaltos y putrefacción institucional, ofreciendo el Verdadero Espíritu Renacentista que nos salvará de este caciquismo provinciano. ¡Gracias Periférica! Podemos seguir confiando en vosotros, hoy que sólo interesa mercadear con lo más abyecto y adulterado, el pastiche más naif y anti-rococó. 

miércoles, 28 de enero de 2015

El hombre del salto, de Don Delillo

Un Gran Desastre que todos conocemos ocurrió en Nueva York. Plata surcando el azul. Se produjo un estrépito y el fragor del derrumbe, el humo y las cenizas rodando por las calles, doblando las esquinas, los folios y el papel de oficina pasando en vuelo rasante y cosas que no son de este mundo consternaron la paz en el fúnebre cobertor de la mañana del 11 de septiembre de 2001. Ese día que está en la memoria colectiva de todos los que vivimos con televisores produjo sus efectos en la literatura norteamericana cuando Don Delillo decidió narrar en 2007 esta tragedia a través de la familia de Keith Neudecker para dar memoria, sensibilidad y sentido a todo ese espacio de gritos y dolor.

Keith, un hombre de mala reputación, consiguió escapar del edificio demolido, llevaba traje y maletín, tenía cristal en el pelo y cápsulas veteadas de sangre y luz. Tenía claro donde quería ir cuando apareció delante de la puerta de su mujer, Lianne, de la que llevaba separado un tiempo y con quien tenía un hijo llamado Justin. Jamás ninguno se recuperaría del trauma.

«Tras esos primeros días del estrago, el sexo estaba por todas partes.»

Justin es el chico que aparece en la portada del libro con unos prismáticos. Observa asombrado a un hombre que trata de hacer arte con el horror. Está atento a las apariciones arrogantes de Bill Lawton, el Hombre del Salto, un artista callejero que se cuelga cabeza abajo con traje, corbata y zapatos de vestir, desde distintas estructuras, produciendo en los espectadores y los ciudadanos el horror y la desesperanza humana de aquellos siniestros instantes dentro de las torres gemelas en llamas, con la gente cayendo y obligada a saltar. En otras ocasiones ya lo habían visto colgado de una galería en el patio de un hotel y había salido escoltado por la policía de una sala de conciertos y de dos o tres edificios de pisos con terrazas o tejados accesibles. Bill Lawton contiene la mirada del mundo, como un personaje de un naipe del tarot. Nueva York es un teatro del horror, una ciudad orgullosa, levantada en las alturas, pero que ha caído desmoronada en ruinas para regresar al suelo y retomar un contacto con gente que había quedado olvidado.

«Ahí estaba la espantosa claridad de todo ello, algo que no habíamos visto, la figura única que cae arrastrando el espanto colectivo, el cuerpo que cae a estar entre nosotros.»

La actitud de Don Delillo hacia este trágico asunto es la continuación a toda la literatura de
sus anteriores trabajos premonitorios que consistió en estudiar los hechos históricos, como la guerra fría o el asesinato de J.F.K. tomando distancia para descomponerlo en sus elementos, fríamente y con claridad. Sin permitir que le destruyera. Verlo, medirlo y encontrar una enseñanza. Sin embargo en esta novela se nota que la distancia es aún muy pequeña y los efectos que produce son pequeños, poco satisfactorios e inadecuados a la dimensión real de los hechos, por toda la contaminación de documentales, artículos de periódico y noticias que nos aún están influyendo.

Cierto es que hace años, Delillo escribió sobre el creciente aumento de los terroristas, del creyente letal, la persona que mata y muere por la fe; el poder de las multitudes, fusionado por los medios de comunicación, sobre la historia que cambia de forma turbulenta y con violencia; la seducción de la tecnología y la saturación que produce junto al brillo de la cultura pop; la institucionalización de la paranoia y el pensamiento conspirativo en la mente colectiva.
El lector de Delillo viene seguro preparado para seguir analizando su teorización del caos. ¿Se acuerdan de Unabomber? ¿aquel norteamericano de origen polaco llamado Kaczynski que también realizó varios atentados con carta bomba durante casi 18 años y que llegó a matar a tres personas? Unabomber, curiosamente, era el acrónimo de Universidad-Aerolíneas-Bombardero. El tipo intentó luchar contra lo que entendía que eran los efectos malignos del progreso tecnológico. Don Delillo recuerda a ese anterior terrorista y lo asocia a una versión más espeluznante, los Unaflyers que pilotaron los aviones que se hundieron contra las torres gemelas. Esto es EEUU. Ya no debemos extrañarnos.

«Después de la tormenta es cuando nos atrevemos a buscar el arcoiris.»


El hombre del salto no es ni mucho menos la novela epopéyica que podríamos esperar de un autor con la visión panorámica que desplegó en sus dos obras maestras, Submundo y Libra. Sus personajes centrales, Keith y Lianne, siguen siendo dos figuras no muy convincentes, a la deriva en el mar anónimo de la humanidad, balanceándose solos en sus propios pequeños salvavidas, desconectados del mosaico global y del espíritu de la época o la conmoción mundial que dejó a su paso, por lo que la novela causa una importante decepción. La creación de este lienzo no profundiza ni es lo suficientemente amplio, ni consigue entrelazar personajes ficticios con los reales, como Mohamed Atta, los cuales se deslizan por las grietas de la novela como presencias de tono casi espectral, llevando al lector por desarticulados incrementos de tensión hacia una estudiada escena final de primeros planos y silencios oblicuos con la muerte, lo que será una cita inexorable con el terror más crudo proyectado sobre los acontecimientos del 9/11. La obra nos deja con dos imágenes mezquinas: la del artista que salta y el de un hombre absorto en sí mismo, que acude a la ciudad atraído por el fuego y las cenizas de aquel día y decide pasar su previsible futuro jugando a juegos estúpidos de cartas en el desierto de Nevada. Será la gente corriendo por sus vidas, la parte de la historia que aún nos quedará por leer, porque es la parte que nos aleja más allá de las cifras de los muertos y de los desaparecidos, y nos produce una idea elevada del Ser. Aún así pasarán aún muchos años de reflexión hasta que un escritor sea capaz de plasmar con pureza el 9/11 en palabras.

«Hay algo vacío en el cielo.»

martes, 27 de enero de 2015

El expreso de Tokio, de Seicho Matsumoto

La novela policíaca tiene una atmósfera hiper-racional que me suele resultar atractiva. Esta obra está en estos momentos por las librerías españolas. Es un libro pequeño (13 x 20 cm) y amistoso, para llevarlo en la cartera y leerlo durante distancias cortas. La portada me resultó muy sugerente y sin conocer al autor lo compré. Lo he leído sin pena ni gloria, así que para los que aún estáis a tiempo de elegir otras lecturas os aconsejo que no lo leáis. Tengo mis razones. En esta ocasión culpabilizo a la editorial por simple prestidigitación.

Seicho Matsumoto fue un escritor japonés tardío que inició su carrera literaria con más de cuarenta años. Despegó rápidamente con su segundo libro convirtiéndose de la noche a la mañana en el escritor más popular del género policíaco de Japón. Le apasionaba la literatura y escribió muchas novelas. Dispone por lo tanto de un gran repertorio. Todas no pueden ser buenas. Esto mismo también le pasa a Thomas Pynchon. Aún así al leer a Matsumoto se nota que tiene una escritura pulcra, breve y directa. Da gusto seguir sus letras, pero no el desarrollo de esta historia. Resulta cansina. La editorial Libros del Asteroide ha elegido muy mal el lanzamiento de este autor puesto que el interés de la inmensa mayoría se vuelca en la publicación de Inspector Imanishi Investiga, que fue la más aclamada y no ésta novela que te marea la cabeza con tantos trenes, horarios, idas y venidas sin sentido, centrado en una relojería tediosa. Claramente, es un horror.

El expreso de Tokio utiliza al comienzo el procedimiento que sigue la misma tradición clásica del Inspector Maigret en Paris, de Georges Simenon; o el Inspector Van der Valk en Amsterdam, de Nicholas Freeling; o el Superintendente Beck en Estocolmo, de Maj Sjöwall y Per Wahloo; o el Mariscal Guarnaccia en Florencia, de Magdalen Nabb o el Inspector Jefe Dalgliesh en Inglaterrade, de P.D. James. Un hecho trágico activa la maquinaria deductiva de un sagaz inspector que rondará meticulosamente por todos los detalles del crimen hasta resolverlo. Es cierto que el inicio es muy atractivo. No lo duden. ¿Pero qué la lleva al desastre? Profundicemos un poco mas y verán como se desploma.



Kenichi Sayama y Toki aparecen muertos en la orilla de una playa, bajo la pálida luz de la mañana. Se especula que ha sido un doble suicidio inducido con cianuro potásico. Mueren sin dejar ninguna nota de suicidio. Al revisar el caso, el inspector se da cuenta que el hombre difunto había pasado seis días solo en su hotel y que en su bolsillo sólo encuentran un único billete de tren, así que como los amantes no han viajado juntos, empiezan a indagar y a revisar horarios de trenes, andenes, tiempos de espera, estaciones, alternativas de transporte, ferrys, autobuses, entradas y salidas, intervalos de trenes, donde pudo subir al tren su acompañante, si era ella o era otra, los tiempos de una ciudad a otra, los revisores, las llamadas de teléfono, los registros del hotel, y otro detalle y otro más y otro, y la cabeza se empieza a llenar de datos, trenes, horarios, entradas, salidas, gente que va y viene y al final se arma tal caos y tal incertidumbre que cuando resuelven la estratagema de los asesinos tienes ganas de que metan a la cárcel hasta al escritor.



El expreso de Tokio es un pegote de la editorial aprovechando la finalización de los derechos de autor de esta novela escrita en 1958 para sacarle máximo rendimiento a una novela pueril. Todo lo que reseña Fernando R. Lafuente en el ABC o Carlos Martinez Shaw en el Periódico de Cataluña es un efecto de prestidigitación vacua y comercial para hinchar las ventas. La novela no tiene nada de interesante y no aporta ningún elemento extra durante la historia. Los lectores sabemos que una de las excusas que te lleva a leer novelas policíacas es también la posibilidad de descubrir otras formas de vida y las costumbres en otros países. El escritor puede indagar en los estados de ánimo subjetivos, realizar un análisis interior de los personajes y sumergirse en la psicología de los protagonistas, incluso en la búsqueda de la identidad del país. Pero aquí sólo destaca que el protagonista bebe café. Es así de superflua. Manuel Vázquez Montalbán radiografiaba hasta la actitud de las ratas que cruzaban por la escena del crimen mientras hacía denuncia social y crítica política. Matsumoto en esta obra sólo aporta una frase para el recuerdo. La grabo en este blog huracanado para ser pensada o reinterpretada porque es lo único que puedo rescatar de este insustancial libro. El resto para mi es silencio. 

«Cuando uno se da cuenta de que su superior se ha fijado en él, hace lo imposible para caerle en gracia, aunque esté utilizándolo. La ambición de querer ascender es así de triste.»

lunes, 26 de enero de 2015

Alabanza, de Alberto Olmos

Perseguía la buena literatura, aquella que te permite pensar y profundizar en el valor de lo real. Eso que debe ser contado. Estaba rodeado de libros y decidí rastrear l'actualité littéraire seleccionando una obra según su autor, y no al revés. Quería al mejor. No puedo evitarlo. No me fio de los titulares de las editoriales. Rótulos tan estudiados, alardeando de publicar la obra definitiva para el lector más exigente. Me entran naúseas sólo de pensarlo. Y me acordé rápidamente de un invicto. Sentí que me faltaba la última obra de Alberto Olmos, un escritor transparente.  No lo había apuntado en ningún sitio. Estaba en mi cabeza. Portaba este recuerdo desde hace casi un año, cuando lancé la reseña de Ejército enemigo el 14 de marzo de 2014, una pieza potente . Lo tenía interiorizado conmigo, en mi retentiva, porque lo siento como uno de los nuestros, de los más huracanados.  Y así apareció, súbitamente, ante esa necesidad, allanando el camino para progresar por los tornasolados senderos de la literatura. Cualquiera no puede abrirse camino por esas geografías. Hace falta un escritor con talento, en el que se reúnen condiciones humanas excepcionales y severas. 

Al leer el título advertí que iba a celebrar con palabras una gran fiesta de la literatura: el estilo narrativo y la agudeza intelectual de Alberto Olmos,  uno de los mejores jovenes escritores hispanohablantes nacidos a partir de 1975, junto a Javier Montes, Pablo Gutiérrez o Sonia Hernández.  Grandes coetáneos obstinados en extender la plasticidad artística de la literatura. La obra iba dedicada a sus padres. Esto se trataba de algo serio, circunspecto y ceremonioso. El resultado final fue superior a la expectativa inicial que suscitó mi imaginario en el acercamiento, pero esto lo quiero contar con detalle.

Alabanza es una obra metaliteraria, la Nueva Moda Vanguardista en Literatura, estilo procedente de las primeras excavaciones literarias de Enrique Vila-Matas, káiser imperial de esta modalidad tan fascinante, que revolucionó el panorama artístico de la literatura. El planteamiento se impulsa en escribir sobre lo que se está escribiendo y sobre lo que se va a narrar, o si lo prefieren, estirar las fronteras de la literatura, una práctica meta-existencialista del escritor que  explora la fabricación de la literatura mientras celebra la gala de las letras y las palabras que relatan el mundo, contra otros que inciden en el hiper-realismo más denostado, buscando el talante y la miga para exponer lo que no puede quedar silente y taciturno. Pintar con palabras parte del silencio y dejar el espacio preciso entre lineas para que el lector descubra lo realmente importante.

Alberto Olmos crea magistralmente dos personajes, Sebastián y Claudia, y articula su mente narrativa  con la vivacidad neuroplástica de un topo con arco, que socava las galerías y grutas más arriesgadas  de la identidad performativa y las psicosis de pareja, para llegar íntegro al corazón de su AlterMusa y despertarla con aplomo y puntería, mediante la flecha  de sus astutas quimeras y razones calculadas, como un escritor  que se niega a la melancolia, afín a sus intuitivas visiones, mitad ficción, mitad  lógica-poética. Presente con los vapores delirantes de la infidelidad,  las erosiones del tiempo, la acumulación de sus prácticas sexuales y los recuerdos del pasado, Sebastián intenta escribir durante unas vacaciones, su pieza maestra de la literatura, sumido en una aldea remota que no dispone de internet. Allí rememora a todas las amantes de su vida y las literaturiza con el brillo natural, espectral, glorioso y sucio de cada hecho marcó su perceptiva. Tal y como surjió en cada experiencia y fue sintetizada en su sentimiento racional. Procurando ser certero a cada folio blanco que empantana su cuarto, el espacio de la batalla.


«No estoy enamorado de tí.»

Claudia recorre el pueblo por todos los rincones y descubre que sólo habitan viudas enlentecidas y que la iglesia fue deflagrada. El único hombre que encuentra es el tendero y al hablar con él, entre prisas y agitación, le cuenta el suceso trágico de una mujer que perdió a su marido, asesinado de un tiro y que la hizo enloquecer tras su muerte, y pasado un tiempo incendió la iglesia de Santa María, tumbando el templo en llamas. Es aquí cuando la narración se va superando a sí misma y en la página 133 la novela te inmoviliza poderosamente, pues todo queda conectado. La historia funciona con ritmo propio y la lectura se sucede en tres dimensiones. Estás dentro con ellos. Hay transparencia. Las descripciones son exquisitas, propias de un Gran Talento de la Literatura, que trabaja con esfuerzo por la escritura, por recuperar su poder natural. En cada párrafo está su arte, la pasión, la ambición por mejorar la técnica y producir una composición sencilla y pluscuamperfecta. Un Huracán en Papel.  Estamos ante una alabanza a la literatura y a la constante creación. Frente a esta narrativa cualquier texto de David Safier, Assa Larson o E.L. James  es una brisa anodina y oficio plañidero, lo cual marcará por siempre la disyuntiva entre literatura de escape o Alta Literatura,  mi escusa creciente para  mantener este Blog y escribir reseñas entre la espesura. No merecemos menos los Amantes de la Literatura.

«Quiero internet, Sebastián. Así te lo digo.»

Sebastián es un personaje honesto, cabal en su estructura, que se comprende a sí mismo y alcanza un relieve perfecto, sin hebras de autoengaño ni estupidez, que pretende lo auténtico y que necesita moverse entre el magma original de la realidad espontánea y propia, la cual no defraudará jamás a ningún lector con quien tome contacto.  Su vida sigue una especie de broma experimental cuando entra en la sufrida aldea de Castilla que está unida a su pasado. Allí, él mismo es un muerto llamado Miguel. Su novia está harta de la situación, pero no sabe nada. Entre ellos hay una sintonía especial confubalada por los misteriosos designios planetarios. Sebastián esconde un secreto que no sabe como contar a Claudia. La narración te va arrastrando rápido con una sintáxis perfecta, y de forma anómala, a partir de  la página 195 hasta la 245 la lectura se hace monótona y plúmbea. Pero sin más. Al salir de ese breve bache y esa maldad, aparece el tercer acto, titulado «Mentira» y la obra te atraviesa, mediante una ficción arrolladora, pulida y brillante, demostrando persistencia de genio.

«Los hombres se enamoran de una solapa y las mujeres de una sinopsis.»

El cierre produce una explosión emocional ciclópea, fulminante, supra-literaria. A las 11:23 a.m. del desenlace, en plaza, cuando Miguel corre, surge el momento más literario de toda la narración, el renacimiento de la Gran Literatura del siglo XXI, la que había quedado pisoteada y muerta, ahora es exhibida con la lógica-poética de un escritor sensible, racionalmente perceptivo, que tiene el don de sublimar el dolor y convertirlo en cielo abierto por el que vuelan pájaros dignificados al son de músicas flotantes como el inmenso cielo de Castilla, de azul metálico, sobre tierras fecundas, festejando con hipnóticas alabanzas la Literatura de Altura que alza a los más fuertes Huracanes en papel, los que serán protegidos durante el tránsito de los tiempos. Alberto Olmos es Uno de los Nuestros, un literato grande, inmenso. Esta lectura estará en un estante de mi Biblioteca Fulgurante.