HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

viernes, 29 de octubre de 2010

Pastoral americana, de Philip Roth

Demoledora crítica social sobre la familia ideal americana. Los Levov sufren como tantas familias un desenfrenado desorden y son víctimas de la vulnerabilidad, la fragilidad y el debilitamiento de las cosas que parecían supuestamente robustas. Esta es la historia de una brecha abierta en la fortificación familiar de "El Sueco", un tierno hombretón rubio, cívico, amable, respetuoso, buen bateador, dueño de una fábrica de guantes de piel y casado con la Miss New Jersey. Un hombre hecho así mismo y adorado por toda su comunidad. Este americano perfecto va a dejar de sonreír para el resto de su vida cuando un día su hija, Merry, la tartamuda, coloca una bomba en la oficina de correos y mata a un hombre, que además es médico. ¿Cómo puede hacer algo así una hija que tiene un padre tan estimado por su comunidad? Seymour Levov, "El Sueco" contrata al escritor Nathan Zuckerman para que relate la tragedia de su familia.

Pastoral americana es un análisis psicológico nítido e inquisitivo de los tres personajes principales que componen esta familia para descubrirnos los cochambrosos valores pusilánimes en los que se cimenta la simulada familia feliz americana. Philip Roth afila su mirada y con una exactitud exquisita penetra en cada uno de los recovecos de esta impostura petulante y artificial. Con la misma receta que Tolstoi presentó a Ivan Ilich: desvistiendo su falsa autenticidad. Esa vida ordinaria, de familia feliz, esconde la mayor de las tragedias, una vida de vacío. Seymour Levov es víctima de un cliché, un Hombre-barro. Su hija será la otra cara de la moneda, rebelde, antisistema, antiburguesa, transformada en tartamuda, asesina y jainita, hasta su última aparición harapienta y espectral. Con ella Roth revisará la Guerra de Vietnam, el Watergate y los cánceres de la nación, judíos y cristianos incluidos.

Una obra maestra ambientada en el mismo Newark que Indignación, de la que destaco en su lectura sus dos primeras partes, Paraíso recordado y La caída, de las tres que componen este imprescindible Huracán en papel que le sirvió a Roth para ganar el Premio Pulitzer y la National Medal of Arts. Se dice que en 2012 el director de cine Phillip Noyce la plasmará en imágenes. Será otra catástrofe, pero bien. Disfruten de la consciencia histórica y social de Philip Roth en esta potente novela coral. Es una de sus mejores obras. Al empezar a leerla queda claro porqué, pero en la mitad de la narración, esta afirmación se hace indiscutible. Potente, potente.

Así pues, en conjunto, la reunión nunca era tan mala como todos habían esperado y, de todos modos, sólo se reunían una vez al año y en el terreno neutral, exento de religión, de la festividad de Acción de Gracias, cuando todo el mundo come lo mismo y nadie se escabulle para comer cosas curiosas, ni torta de patata ni pescado relleno ni hierbas amargas, sino sólo un pavo colosal para doscientos cincuenta millones de personas, un pavo colosal que los alimenta a todos. Una moratoria sobre los alimentos curiosos, las maneras no menos curiosas y la exclusividad religiosa, una moratoria sobre los tres milenios de nostalgia de los judíos, una moratoria sobre Cristo, la cruz y la crucifixión para los cristianos, cuando todo el mundo en Nueva Jersey y los demás lugares puede ser más pasivo sobre sus irracionalidades de lo que lo son el resto del año. Una moratoria sobre todos los motivos de queja y los resentimientos, y no sólo para los Dwyer y los Levov sino para todos los demás norteamericanos que sospechan de todos los demás. Es la pastoral americana por excelencia y dura veinticuatro horas.

domingo, 24 de octubre de 2010

Indignación, de Philip Roth

¿Qué puedo decir de Philip Roth que se ajuste a su maestría? Difícil. Pero puedo contar que su lectura me embruja. Su ladino modo de presentar los conflictos personales produce reflexiones pluscuamperfectas. Me siento muy afortunado por vivir en una época en la que puedo leer todo lo que va publicando. Sentiré una apoteósica satisfacción el día que le den el Premio Nobel. Confío en que sea pronto. Su contribución a entender las vicisitudes y la vulnerabilidad del individuo en nuestra sociedad, rozan la perfección. Es implacable. Su más alto valor reside en el uso literario que hace de la moralidad. Moralidad e inteligencia unidas contra las paradojas e insensateces de la sinrazón.

Indignación es un alegato en contra de los fascismos de la religión y los guetos conservadores de la América profunda. Marcus Messner, alter ego de Roth, entra en el segundo curso de la conservadora Universidad de Winesburg, en Ohio, para seguir estudiando Derecho, porque su padre, un esforzado carnicero kosher de barrio, ha enloquecido de temor y aprensión antes los peligros de la vida adulta, los peligros del mundo, los peligros que en cada esquina acechan a su querido hijo. Marcus decide asistir a esta singular universidad para no sufrir en casa las constantes preocupaciones de su desquiciado padre que no cesa de advertirle peligros desaforadamente. Corre 1951, el segundo año de la guerra de Corea y están mandando a muchos jóvenes a filas.

El relato es adictivo y sobre todo cuando descubrimos que Marcus saca todo sobresalientes, que es una mente brillante, que posee una alta concentración en sus estudios, y... que admira a Bertrand Russell, Nobel de literatura, quien expresó unos muy lúcidos razonamientos en su ensayo Por qué no soy cristiano, en 1927. Ideas demasiado revolucionarias para la mentalidad de Winesburg.

Describiendo la vida en la universidad, sus costumbres y a sus compañeros, hay un momento en la novela donde es imposible no troncharse a carcajada limpia, por el contraste de sensibilidades entre los alumnos. Justo el momento en el que Marcus le pide a Elwyn, su segundo compañero de habitación, que lea la carta que le escribe Olivia, sincerándose, para ver lo que le parece su intento de suicidio. Añado que Elwyn le dejó su coche para que tuviera su primera cita con ella.

—¿Esta es la que te la chupó?
— Bueno... sí.
— ¿En el coche?
— Bueno, ya lo sabes... sí.
— Estupendo —replicó—. Lo único que necesito es que una zorra como esa se abra las venas en mi LaSalle.

Otro de los momentos más potentes del libro es la batalla dialéctica entre Marcus Messner vs El decano Caudwell. Salen chispas. Ateísmo lúcido vs Religión infantil. Marcus echa mano del filósofo, matemático y escritor británico, Bertrand Russell para defender sus pensamientos y actitudes. Inexpugnable. Su capacidad oratoria podría convertirle en uno de los mejores abogados del país si consigue terminar la carrera, pese a los obstáculos que encuentra debido a su personalidad coherente.

“¡In-dig-na-ción! De repente me pregunté cómo se diría en chino. Quería aprenderla e ir por el campus gritándola a pleno pulmón.”

La conversación que Marcus mantiene con su madre acerca de la inestabilidad emocional de Olivia, para que tenga mucho cuidado con las decisiones que toma, es un punto álgido de la novela. Un análisis muy sibilino del proceder de la familia Messner y sus consecuencias. Destaca la importancia del racionalismo como ideal supraexistencial.

“¿Podrás hacer frente a sus gritos histéricos, si llega a ese extremo?¿Podrás hacer frente a sus súplicas desesperadas?¿Podrás mirar a otro lado cuando una persona que sufre te ruega una y otra vez lo que quiere de ti y tu no vas a darle? [...] Debes estar por encima de tus sentimientos. No soy yo quien te lo exige: es la vida. De lo contrario los sentimientos te arrastrarán. Te arrastrarán al mar y desaparecerás para siempre. Los sentimientos pueden ser el mayor problema de la vida. Los sentimientos pueden jugarte las más terribles pasadas.”

Por último, decir que su final es explosivo. Convierte el relato en una defensa de los derechos inalienables del ser humano. Manque le pese al señor Caudwell, Ratzinger, o sea quien sea el mojigato. No la pierdan de vista. Se lee en tres horas. Y... suscita alteridad.

¡Alzaos, los que rehusáis a ser esclavos!

viernes, 22 de octubre de 2010

Las correcciones, de Jonathan Franzen

La mirada de este niño me ha llevado a uno de los más fascinantes tránsitos de conciencia. Las correcciones son el puente hacia un futuro mejor. Corregir es sinónimo de autorrealización para Jonathan Franzen. Es sinónimo de defensa, de identidad total, de dominio personal y de satisfacción íntegra. Su novela incide en la necesidad de realizar algunas correcciones para que todo tome un sentido más pleno. Corregir aquello que provoca un error. Corregir todas aquellas cosas que se hacen mal. Corregir. Enmendar. Un verbo que tras la lectura de este titánico reto narrativo se me aparece como un desafío catártico, universal y luminoso. Jonathan Franzen describe arrolladoramente la actual sociedad norteamericana que se hunde en la irascibilidad y el negativismo por culpa de una devastadora crisis financiera. La mejor radiografía contemporánea que se ha realizado de EEUU en los últimos veinticinco años. Superior a la visión de Don Delillo, superior a la retina de Dave Eggers. Jonathan Franzen es hoy por hoy, el mejor escritor norteamericano de nuestro siglo. Sus descripciones te clavan súbitamente en la escena, dejándote atónito, con una fuerza literaria que explota en su máximo exponente: penetrar en la realidad desde los frágiles hilos de la ficción.

El modelo literario de Frazen no puede ser más potente. Esta es la realidad que acontece. Corrijámosla. Es momento para el tránsito. Desde Huracanes en papel tengo el cósmico placer de blogosferar que por fin llegó nuestro anhelado Nuevo Tifón Literario. Franzen es el Joyce coetáneo que ambicionábamos los lectores de la Alta Literatura. Cuando entren en sus paráfrasis notarán que existen nuevas formas de crear conceptos modernos, que pertenecen a las vírgenes praderas de la escritura expansiva. Su inteligencia me ha hecho sobrevolar libremente por este mundo que gira con un pulso difícil de narrar. Su mensaje de vitalidad perdurará durante muchas generaciones. Wittgenstein sigue en auge porque Franzen escribe para la colectividad. Recuerden que para el próximo año, en 2011, llegará su última novela, Freedom, publicada en España por la Editorial Salamandra. Mi deseo es ígneo. Esperaré afanoso e inundado de más literatura. ¡Disfrútenlo! y... ¡corrijan lo infausto molesto! ¡corrijan! ¡corrijan! Es catártico.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Memoria de elefante, de António Lobo Antunes

No queda tiempo para malgastarlo en obras menores. En esta ocasión he querido sobrevolar por las impetuosas letras de un firme candidato a Premio Nobel de Literatura, y en concreto, a través de la vigorosa obra con la que afrontó el épico reto de escribir.

Memoria de elefante fue su primera novela. Su salto al vacío. Escrita en 1979. El año del tránsito. Tras una crisis existencial y en medio de una separación, Lobo Antunes, psiquiatra de profesión, pero siempre afín al noble Movimiento Antipsiquiatría, toma la firme decisión, con 37 años, de volcarse en su más alta pasión, la literatura. A través de esta novela realiza un impecable esfuerzo por encontrar su identidad perdida, su ego ausente, siguiendo todas aquellas pistas que le conducen hasta su territorio más ambicioso: ser escritor. Y sobre todo, con la misma libertad que le atribuyó a La gaviota de Chéjov.

“Aquella gaviota soy yo y yo también soy quien huye de mi. Y no tengo el valor necesario para volver atrás y ayudarme.”

Pues bien. Demos ese paso hacia delante, porque todos los triunfos nacen cuando nos atrevemos a comenzar. Avancemos hacia el tránsito. Literatura, memoria y visiones nobles de la realidad. Este septiembre estaré en el Hay Festival 2010, con el Lobo Antunes y muchos más. De seguro, les traeré un nuevo Huracán en papel. Disfruten pues, amantes de la Literatura. Esto, cada vez, se pone más interesante. Lean y asciendan. La ciudad y el asfalto se toleran mejor.

lunes, 16 de agosto de 2010

El afinador de habitaciones, de Celso Castro

Estuve explorado nuevas fuentes de literatura a través de la Blogosfera y descubrí el nombre de una nueva editorial llamada Libros del Silencio. Rápidamente me zambullí en sus aguas literarias y encontré una gran y desconocida fauna de escritores que suscitaban modernidad, elegancia y pureza. Le abrí la puerta a mi intuición y elegí esta obra porque estaba toda escrita en minúsculas. Excepto la palabra DISONANTE. Curioso, ¿verdad? Pues aún no saben lo dichoso que me siento por haber topado con ella. Es grandiosa. Está escrita con la piel. Está escrita con el alma. Procede de un absoluto amante de la literatura. Amante del pensamiento, la filosofía y la esencia de la vida.

El afinador de habitaciones existe. Tú puedes ser un afinador de habitaciones y entonar el espacio que te rodea. Perfeccionarlo. Cada habitación tiene un sonido. Algunas son disonantes y por medio de la sensibilidad es posible afinarlas. Iniciar una inteligente metamorfosis. Provocar un tránsito sinfónico para que suene exultante la melodía de la existencia. Con todas sus emociones. Pero sobretodo las más refinadas.

Sus virtudes son muchas. La primera es que sientes que habla tal y como es, sin pausas, correteando, soltando su sensapensamiento como el ovillo de Ariadna. Su laberinto ficcionado aloja una realidad literaria más real que la realidad misma. Es ejemplo empapelado o ejemplo letrado del postromanticismo de Gustav Mahler, o Richard Strauss, mundo propio y placer por la introspección más sibilina. Confluyen grandes maestros de la literatura —Proust, Becket, Cervantes, Rimbaud— y poetas poco nombrados —Maiakovski, Nikolai Bunik—, a los cuales deseo pronto leer porque, para mi es irrebatible, Celso Castro contagia. Es una caja de resonancia brutal.

En cuanto abran la tapa de este libro y su córnea enfoque tan sólo la primera frase ebullirá el placer por la literatura. Sin más. De la manera más natural posible. Quieran o no quieran... afinará su estancia en Sol Mayor. Mi recomendación es que aprovechen para leer mientras suena el Metamorphosen de Richard Strauss. Cuando terminen estas 157 pasionales páginas entenderán el porqué... y ascenderán. Se trata de un Huracán en papel. A mi, me ha electrizado.

“[...] he oído decir, o lo he leído en alguna parte, que la única razón de nuestra existencia es encontrar a alguien, o encontrar algo, lo que sea, que nos proporcione esa —sensación de sentido— y yo había encontrado a esther, a mi pequeña asíntota —mi más pequeña y querida asíntota— [...]”

lunes, 26 de julio de 2010

Guardianes de la intimidad, de Dave Eggers

Este tipo me gusta. Tiene estilo. Su escritura es limpia. Reluciente. Narra con transparencia. Es inteligencia integral impresa en papel. Su ritmo... elegante. Transmite y contagia. Tiene buen rollo, es potente, decididamente coherente y suscita un idealismo de mejora, una insurgencia política y cultural desde todos los ángulos de su expresión. El 80% de sus frases son cortas y redondas. La novela es una lluvia. Moja.

Dave Eggers es posiblemente el mejor escritor joven que publica en nuestro planeta. ¿Por qué? El libro en sí se convierte en un absoluto artilugio artístico, guardián de lo más autentico y racional. Su edición es pluscuamperfecta. Sus frases, concisas. Salpican una sensibilidad superior. Uno siente estar en una cápsula formada por una membrana literaria que te transporta a distintas escenas desde las cuales vivenciar el mundo con una mirada que roza la totalidad. El cierre de cada relato provoca una explosión de conciencia, una vigilia transpersonal. Se trata, inexorablemente, de un intenso Huracán en papel. Constátenlo en su intimidad. Este tipo sabe lo que hace.

“Dios es el sol. Lo que no sé es porqué no caímos antes en la cuenta. El sol estaba todos los días, ardiendo, con nuestro planeta y los otros girando a su alrededor, siempre disculpándose, y no se nos ocurrió que era Dios. ¿Para que iba a existir un Dios y además el sol? Por su puesto que Dios es el sol.”

domingo, 11 de julio de 2010

Las afinidades electivas, de Johann Wolfgang von Goethe

Elegí esta obra con el deseo de inundarme de universalidad y una vez más quedé satisfecho. Aquí se haya un lúcido estudio sobre el porqué de nuestras afinidades electivas, un trasunto que explicaría incluso el origen de este blog dedicado a la literatura y que persigue insistentemente la llegada de un Nuevo Huracán en papel. Antes de que esto ocurra tengo la necesidad de explorar las joyas precedentes que escojo con la libertad que me otorgan mis pasiones más absolutas: devorar la más pura literatura. Esta es una.

Cada pueblo, cada época ha de crear su propia literatura. El genio poético se destaca por extraer de su sustancia una creación dramática tan natural, grande y original como los griegos hicieron con la suya. La literatura construye una totalidad viva con el lenguaje que es una forma de pensamiento, un diccionario del alma en lenguaje y poesía formando una unidad. El lenguaje no es el mero envoltorio del pensamiento, sino el instrumento del pensar mismo. Y el lenguaje expresa a la vez al hombre entero y cada una de las lenguas a un pueblo, una personalidad colectiva o carácter nacional que le habla a lo largo de la historia. Y de esto deduzco que la literatura no puede consistir en una mera imitación de anteriores modelos literarios puesto que la historia no se detiene sino que se transforma, está viva y en constante tránsito.

Las afinidades electivas supuso en su época un cambio hacia una Nueva Literatura y por lo tanto hacia un nuevo pensamiento insurgente que hoy conocemos como romanticismo, priorizando por encima de todo los sentimientos, la fantasía individual, la creatividad frente a la imitación neoclásica, la exaltación del yo y la primacía del genio creador de un universo propio fracturando los patrones estéticos y filosóficos del Clasicismo basados en la búsqueda de la belleza ideal por medio de la sencillez, la proporción y la armonía. Goethe se reveló contra este canon racionalista lacerante y aburrido con el fin de darle a lo corriente un sentido sublime, a lo cotidiano una apariencia misteriosa, a lo conocido la dignidad de lo desconocido y a lo finito un semblante infinito.

Johann Wolfgang von Goethe se convirtió en una de las personalidades literarias más ricas, versátiles e influyentes de todos los tiempos. Representó el deseo de libertad del individuo, de las pasiones y de los instintos del «yo» como galería de subjetivismo del poeta como demiurgo de una cosmovisión autosuficiente, pletórica y pasional. Y la mejor manera para explicar esto es a través de la literatura. Goethe eligió a dos enamorados: Eduardo y Carlota. Veamos cual es su contexto y sus pretextos. Les interesará.

Eduardo y Carlota se quisieron de jóvenes apasionadamente pero sus compromisos familiares les separaron. A Eduardo, su padre le hizo unirse a una mujer rica bastante más vieja y Carlota tuvo que darle su mano a un hombre acomodado, respetable, pero a quien no quería. Con el tiempo volvieron a quedar libres. Primero Eduardo, al morir su mujer, dejándole como dueño de una gran hacienda y más tarde Carlota, pudiendo reencontrarse y vivir juntos sin estorbos en un romántico castillo. Carlota tiene una hija adolescente, Luciana, a la que ha enviado a un internado, al igual que a su sobrina Otilia, su protegida. Carlota se encarga de todo lo relacionado con la casa y Eduardo con todo lo de fuera , el jardín y los exteriores de la finca. Quieren vivir al encuentro de todos sus deseos, sólo para ellos y probar un tiempo para ver hasta donde pueden llegar de esta manera. No dejan entrar nada que sea un estorbo, nada que les sea ajeno. Sin embargo toda esta idílica armonía se romperá con la llegada de la joven Otilia. Joven, hermosa, educada y mucho más moderna, que quiebra todos los cánones del clasicismo en favor de un nuevo modo de entender la existencia: el romanticismo.

La lealtad, la fidelidad, las afinidades, el deseo y el fantasma del adulterio se convocan en la trama de esta magnífica novela, cuya modernidad y lucidez a la hora de examinar las relaciones humanas siguen siendo sobrecogedoras.

La obra muestra con inteligente subjetividad el malestar del hombre en la sociedad en la que está inmerso, encorsetado por las diferencias sociales y las hipocresías morales. El tema del genio de la juventud en contra de los estándares aceptados y su entusiasmo por la naturaleza también está muy presente, contrarrestando lo anterior. Surge una necesidad de crear desde dentro y darle paso a todas nuestras afinidades electivas. En este sentido Goethe escribe como un Charlie Parker literario, con plasticidad. Rompiendo la rigidez de un canon calcificado.

La creación o la naturaleza, actúa y se revela mediante los sentidos y las pasiones, y los sentidos y las pasiones ni hablan ni entienden otra cosa que imágenes, las cuales Goethe salpica con gran maestría. La interpretación imaginativa de la creación del mundo y de la naturaleza contienen en este caso más verdad que las teorías ilustradas y nos fomenta la lucha por suscitar las capacidades creativas. Un lujo. Un Huracán en papel que no nos podemos perder. Mucha atención a los Diarios de Otilia. Contienen una gran belleza cognitiva. Yo me he enamorado de su prosa.

“En todos los seres naturales que observamos, notamos ante todo una referencia a sí mismos. Ciertamente, suena raro decir algo que se entiende por sí solo, pero únicamente cuando se ha llegado a un pleno acuerdo sobre lo conocido cabe pasar juntos hacia lo desconocido.”