HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

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sábado, 14 de septiembre de 2024

Los cuerpos del verano, de Martín Felipe Castagnet

Los cuerpos del verano (2012), la primera novela del escritor argentino Martín Castagnet, es una obra que desafía las fronteras del cuerpo, la identidad y la tecnología. En un panorama literario latinoamericano cada vez más abierto a la exploración de nuevos horizontes temáticos y formales, esta novela corta emerge como una pieza de ciencia ficción especulativa que se adentra en las implicaciones éticas, emocionales y filosóficas de la digitalización del ser humano. Aunque Castagnet no es aún un nombre masivo, su obra comienza a ocupar un lugar importante dentro de las nuevas voces narrativas que mezclan tradición y modernidad en el contexto literario contemporáneo.

Los cuerpos del verano es una obra con elementos ciberpunk. Este subgénero, que explora las posibles consecuencias del desarrollo tecnológico sobre la humanidad, tradicionalmente se ha vinculado a autores anglosajones como William Gibson y Philip K. Dick. Sin embargo, Castagnet aporta a la ciencia ficción un enfoque desde lo latinoamericano, donde las tecnologías no se presentan de manera fría o distópica, sino que están profundamente atravesadas por las idiosincrasias locales, lo que genera un diálogo fascinante entre lo global y lo regional.

La trama de Los cuerpos del verano parte de una premisa que puede resultar familiar a los seguidores de la ciencia ficción. En un futuro indeterminado, la muerte física ya no es un problema definitivo. Las personas pueden “resucitar” al cargar su conciencia en cuerpos nuevos, lo que plantea preguntas sobre la identidad, el deseo y las limitaciones del cuerpo humano. El protagonista de la novela, un hombre llamado Ramiro Olmedo, ha sido resucitado después de haber muerto varias décadas antes. Sin embargo, el cuerpo que ahora habita no es IDEAL. Es el cuerpo de una mujer gorda que nadie quiere, pues en este futuro no todos pueden permitirse cuerpos jóvenes o perfectos.

La obra se adentra en la performatividad, una noción que proviene de la teoría queer, especialmente de Judith Butler, y que propone que las identidades (especialmente las de género, pero también en otros sentidos) se construyen y performan mediante la repetición de ciertos actos y comportamientos. En Los cuerpos del verano, la idea del cuerpo como un ente intercambiable pone en crisis la noción tradicional de identidad. Si un individuo puede cambiar de cuerpo, ¿qué permanece constante en su ser? La novela invita al lector a cuestionar si la identidad está ligada a la biología, a la memoria o a los actos de comunicación y relación con otros.

Ramiro, el protagonista, se enfrenta a la tarea de re-aprender cómo habitar un cuerpo que no es suyo, cómo moverse, cómo ser visto por otros en esta nueva carcasa física. El contraste entre su yo mental y el cuerpo que ocupa resalta la dislocación entre mente y cuerpo, problematizando la noción de identidad unificada. Castagnet utiliza este desfase para poner en tensión el concepto del yo como algo fijo e inmutable. ¿Somos nuestros cuerpos? ¿O nuestros cuerpos son solo una herramienta transitoria que ocupamos por un tiempo limitado?

En ese sentido, la novela puede leerse como una crítica a la obsesión contemporánea con la juventud, la belleza y la perfección física. Los cuerpos, en este futuro especulado, se convierten en mercancías, objetos de consumo que se pueden adquirir, desechar o reemplazar según las posibilidades económicas. Así, la obra también entra en un diálogo con la teoría del posthumanismo, que estudia cómo la tecnología puede alterar lo que entendemos por "humano". En este futuro, el cuerpo deja de ser algo natural y se convierte en un artefacto, en algo completamente manipulable.

En Los cuerpos del verano, Castagnet utiliza una focalización interna, es decir, la narrativa está mediada por la perspectiva de Ramiro, lo que permite que el lector se sumerja en su desconcierto, frustración y descubrimiento ante el nuevo mundo en el que ha sido “resucitado”. Esta focalización interna es crucial porque, al estar el protagonista fuera de su tiempo, se genera un paralelismo entre su desconcierto y el del lector, que también está frente a un futuro extraño y, en muchos sentidos, inquietante.

El estilo de Castagnet es directo, despojado de florituras innecesarias, lo que facilita la inmersión en un mundo tecnológicamente avanzado, pero no completamente deshumanizado. A diferencia de otras obras de ciencia ficción, donde el lenguaje puede volverse árido o frío para reflejar la artificialidad del entorno, Castagnet mantiene una narrativa ágil y cercana, con diálogos fluidos que capturan la cotidianidad de los personajes. El tono es a menudo irónico, lo que refuerza la extrañeza de la situación sin caer en lo solemne o lo trágico.

A pesar de su ambientación futurista, Los cuerpos del verano es, en muchos sentidos, una metáfora del presente. La novela aborda, a través de su trama especulativa, cuestiones que ya forman parte del debate contemporáneo, la creciente dependencia de la tecnología, la mercantilización del cuerpo y las tensiones entre lo físico y lo virtual. Ramiro Olmedo podría ser un reflejo de cualquiera de nosotros en un mundo cada vez más definido por nuestra presencia en redes sociales, avatares digitales y personalidades construidas en el espacio virtual.

La obra de Castagnet nos invita a repensar el significado de la vida, la muerte y la trascendencia en una era donde las barreras entre lo físico y lo digital se desdibujan. ¿Qué significa vivir en un cuerpo que puede ser sustituido? ¿Qué permanece cuando el cuerpo desaparece? Los cuerpos del verano no ofrece respuestas definitivas, pero sí provoca una reflexión profunda sobre lo que nos hace humanos en un futuro donde, quizás, lo humano como lo conocemos ya no exista.

viernes, 2 de agosto de 2024

Discotecas por fuera, de Victor Balcells

Discotecas por fuera es una novela distópica que sigue la vida de Víctor, un especialista en posicionamiento web, que se encuentra en medio de una crisis personal tras la ruptura con su pareja, Ur. A raíz de esta ruptura, Víctor compra el dominio Monstruopedia.com, donde crea una enciclopedia de monstruos online, paralelamente a la creación de otros sitios web relacionados con la escritura. Mientras intenta superar su duelo, el mundo en el que vive se ve afectado por una anomalía cibernética conocida como El Halo, que altera el comportamiento de las personas de manera extraña. A medida que el fenómeno se expande, Víctor y sus amigos, quienes también trabajan en el ámbito digital, se ven inmersos en una lucha clandestina contra El Halo utilizando sus habilidades en posicionamiento web y en videojuegos. La novela explora temas como la desconexión humana en un mundo hipertecnológico, la alienación digital, el duelo, y la lucha por mantener un sentido de realidad en medio del caos.

 

La novela de Víctor Balcells ofrece una visión crítica y distópica del mundo contemporáneo, donde la hiperconexión digital contrasta con la desconexión emocional y humana. El estilo de Balcells es mordaz, a veces casi clínico, en su descripción de la realidad virtual y las relaciones humanas, lo que refuerza la atmósfera distópica. La narrativa es fragmentaria y, en ocasiones, caótica, reflejando el estado mental del protagonista y la desintegración de la realidad en la que vive. La inclusión de elementos como el ciberespacio, los monstruos y las anomalías tecnológicas permite a Balcells tejer una metáfora poderosa sobre el impacto de la tecnología en nuestras vidas y en nuestras emociones. El ritmo desigual y la sobrecarga de detalles técnicos ofrece mucho realismo al lector.

Discotecas por fuera tiene un atractivo particular para un público joven y adulto, especialmente aquellos interesados en la ciencia ficción, la distopía, y las críticas al mundo digital y sus efectos en la sociedad. Su enfoque en temas actuales como el impacto de la tecnología y la alienación hace que sea relevante y atractivo para el mercado contemporáneo. No obstante, su complejidad y estilo literario pueden limitar su alcance a un público más especializado, lo que podría dificultar su éxito comercial masivo. Podría tener éxito en círculos académicos o entre lectores que buscan una reflexión profunda sobre la sociedad moderna.

Desde mi perspectiva, Discotecas por fuera es una obra intrigante que mezcla la crítica social con elementos distópicos de manera eficaz. El enfoque de cómo la tecnología afecta nuestras relaciones y nuestra percepción de la realidad es particularmente relevante en el contexto actual. La densidad de la narrativa y la naturaleza fragmentaria del relato exigen una lectura atenta a la vez que muy estimulante. La novela es una obra valiosa que invita a la reflexión y que probablemente resonará con aquellos que buscan una literatura que cuestiona el mundo en que vivimos.

sábado, 29 de junio de 2024

La central, de Élisabeth Filhol

 

Literatura cruda y directa. El estilo de Filhol está despojado de adornos, lo que refuerza el carácter realista de la novela. El lenguaje es sencillo pero eficaz, capturando la crudeza de las condiciones laborales y el impacto psicológico en los trabajadores. Esto se refleja en la manera en que describe las rutinas y los pequeños detalles de la vida en la central. La narrativa a menudo presenta una estructura fragmentada, alternando entre la acción presente y los pensamientos y recuerdos del protagonista. Esta técnica de fluir de la conciencia permite una exploración profunda de la psicología del personaje, revelando sus miedos, ansiedades y reflexiones internas. La novela transmite una fuerte sensación de alienación, tanto física como emocional. Los trabajadores son presentados como nómadas, desconectados de sus entornos y entre sí. La descripción del paisaje industrial y la rutina mecánica refuerzan este sentimiento de desarraigo y deshumanización.

En Francia hay dieciocho centrales nucleares en activo en las que trabajan cuarenta mil hombres desperdigados por todo el territorio. Las centrales encienden cincuenta y ocho reactores , algunos con una antigua tecnología propia de gas-grafito con uranio natural sin enriquecer. Los que entran son carne de neutrones. Carne de rem. Carne de sievert. Cada doce meses no pueden exceder de veinte milisieverts, la dosis máxima de irradiación autorizada, que poco a poco se va agotando en sus cuerpos. Hay médicos dentro que les hacen análisis de sangre y antropogammametría cada seis meses. En el último medio año han muerto tres empleados. Muchos son etiquetados en su informe médico con las siglas DATR (Directamente Afectado por Trabajar bajo Radiación). Y entonces su contrato se anula. Desaparece su salario.

«Una noche vuelves a casa y vas a tope. Has sobrepasado la cuota de dosis reglamentaria. Eso puede suceder en cualquier momento y a cualquiera.»

Yann desempeña un papel crucial como agente SRP (Seguridad y Radioprotección). Se ocupa de la apertura de los generadores de vapor. No necesita llevar el uniforme completo porque la contaminación está en el interior. Después coloca las placas que garantizan la estanqueidad del circuito primario para que el agua altamente radiactiva no se escape. Cualquier fuga produciría una explosión. Monitorea los niveles de radiación en las áreas donde trabaja y se asegura de que se cumplan todas las normas de seguridad radiológica. Implementa medidas preventivas para minimizar la exposición de su cuerpo como la de sus compañeros de trabajo. Está subcontratado por una agencia de trabajo temporal. La mitad de la plantilla tiene el estatus de personal EDF (Électricité de France). El resto, como Yann, trabajan de tres a cinco semanas, de marzo a octubre, cruzando toda Francia, de una central a otra. 

«Las agencias de trabajo temporal crecen alrededor de las centrales como setas, después de unos meses de penurias no te puedes resistir: tragas, lo firmas.»

En Blayais hay tres agencias de trabajo temporal para una población de menos de dos mil habitantes. La central es el principal contribuyente y en respuesta a la gran cantidad de ingresos fiscales surge una desmesura de infraestructuras deportivas y de ocio. Ninguno de los vecinos trabaja en la central pero sufren la inquietud de residir tan cerca del epicentro.

La mayoría de los que trabajan en estas centrales son jóvenes que les gusta pasar miedo y tener emociones fuertes. El sábado por la noche salen como novatos de permiso para beber copas, irse con la primera que pasa, agarrar el volante pisando a toda velocidad y cuando acaban con la chica, largarse. Son los que están en el turno de noche, siempre a tope, pidiendo intercambiar días libres para chutarse adrenalina. El dinero se les escurre entre los dedos. Sin ataduras, viajando por toda Francia, hasta que el cuerpo aguante

«Los he visto caer desplomados de pronto en una obra, tiesos. Los evacúas y, al día siguiente, llega otro muchachito con el mismo empaque.»

Entre todo este escenario de autodestrucción surge la presencia carismática y la voz de Jean-Yves, compañero belga de Yann, con el que comparte el alquiler de la caravana, y que cuenta ya con un experiencia de más de 25 años trabajando en las centrales. Es el compañero ideal de los tímidos, de los callados y de los alicaídos. Su palabra fluida y su acento del Norte dan peso a las palabras convirtiendo sus historias y anécdotas en un descanso y en una brújula para enfrentar la realidad.

La Central de Elisabeth Filhol es una novela que explora la vida de los trabajadores en una central nuclear en Francia. A través de una narrativa que alterna entre la descripción de la rutina diaria y la introspección de los personajes, Filhol nos presenta un retrato crudo y detallado de la precariedad laboral, la exposición a riesgos y la lucha por la dignidad en un entorno altamente tecnificado y deshumanizante.

Los trabajadores de la central representan la clase obrera atrapada en un sistema que los aliena de su trabajo, de la naturaleza y entre ellos mismos. La narrativa destaca cómo estos individuos son reducidos a meros engranajes de la maquinaria económica y tecnológica, perdiendo su identidad y humanidad en el proceso. Al comienzo, son presentados de manera casi anónima, enfatizando su fungibilidad y la indiferencia del sistema hacia sus identidades individuales. Son descritos en términos de su función y eficiencia dentro de la central, en lugar de sus características personales.

A medida que la historia avanza, algunos personajes comienzan a mostrar signos de resistencia y cuestionamiento. Este despertar es lento y fragmentado, reflejando el profundo arraigo de la reificación en sus vidas cotidianas. La descripción del guarda de seguridad, que posee los "códigos y los medios para ennoblecer" a los trabajadores simplemente por la manera en que los recibe, ilustra el poder de las estructuras jerárquicas y tecnocráticas para definir la valía de los individuos.

Los relevos entre trabajadores, descritos como movimientos automáticos, simbolizan la perpetuación de la alienación. La idea de que uno puede ser sustituido "de inmediato" resalta la despersonalización y la precariedad inherente a su situación.

La constante exposición a la radiación y el riesgo de sobreexposición introducen una dimensión existencial a su alienación. La percepción de estar en una "línea de frente" contra un enemigo invisible (la radiación) agrava su sentimiento de desamparo y vulnerabilidad. Sin embargo, este riesgo compartido también fomenta una incipiente solidaridad entre los trabajadores, una chispa de humanidad en un entorno hostil.

Los trabajadores son descritos como nómadas, moviéndose de una central a otra, lo que refuerza su desconexión tanto física como emocional con cualquier lugar o comunidad específica. Este nomadismo es una consecuencia directa de la búsqueda constante de empleo y estabilidad económica en un mercado laboral precario. Pese a la movilidad constante, los personajes buscan formas de organizarse y encontrar un sentido de pertenencia. La descripción del camping, donde los trabajadores se reúnen y descansan, muestra sus intentos de crear un espacio de descanso y camaradería en medio de la deshumanización del trabajo en la central.

La Central de Elisabeth Filhol es una obra que refleja y critica las condiciones de alienación y reificación que caracterizan la vida de los trabajadores en un entorno tecnológico y capitalista avanzado. La evolución de los personajes, desde la alienación profunda hasta los atisbos de solidaridad y resistencia, ofrece una mirada incisiva sobre los costos humanos del progreso industrial y tecnológico. La novela nos invita a reflexionar sobre la necesidad de recuperar la humanidad y la dignidad en medio de un mundo cada vez más dominado por la lógica de la eficiencia y el control. Excelente debut de conciencia social.