HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

domingo, 24 de marzo de 2013

Aire de Dylan, de Enrique Vila-Matas

Ninguno de nosotros somos una isla. Ninguno somos algo completo en sí mismo. Somos un fragmento del mundo, una parte del conjunto de nuestra sociedad de aire, cenizas que llegan a playas de arena blanca para fundirse en el océano. 

Vilnius Lancastre, tiene Aire de Dylan. Viste de negro, su nariz y su larga cabellera son como las de Bob Dylan. Y mientras el mundo gira, Vilnius huye de todas las máscaras modernas para viajar a lo auténtico, hacia la emoción original, situándose en un lugar inédito y raro, un lugar nunca hollado por nadie, cargado de ruidos infraleves y extraños,  por donde viaja hipnotizado tras la estela más hermética del ruido eterno, como hizo Hamlet en su Teatro de la Realidad unido a las voces del espectro, que le atraviesan clamando venganza por la muerte de su padre. A veces la gente se ríe por la calle, al confundirlo con el cantante. 

Vilnius es presentado por Vila-Matas como una nueva variante del síndrome de Bartleby, encogido a no hacer nada, y como mucho a coleccionar en un Archivo General del Fracaso,  con sucesos del desastre.   El arte de Vilnius será lograr la quietud en medio del caos. Justo en el momento en el que se baja del taxi o justo cuando observa los labios de la persona que le habla por los laberintos de la sin lógica. Un arte baldío que manifiesta una fuerte crítica contra la actual banalidad de la cultura española, que le recuerda a Oblomov, el personaje radicalmente gandul de la literatura rusa, atraído por la nada.

Aire de Dylan es un claro esfuerzo de investigación literaria y una exploración a los territorios aún vírgenes de la literatura. Amantes de las letras doctas,  no intenten regresar al pasado y busquen una casa en el camino. Yo con estos vientos la  he encontrado. Sigo en tránsito gracias al tifón de Vila-Matas. Somos como un Kafka que se dirige a su hogar. Ahora sé que no daré nada por absolutamente certero porque el falibilismo arroja mucha más verdad.  Somos aire de modernidad, aire de Dylan, máscaras de multipersonalidad, ensueños en Tempus Fugit que prosperan hacia la sincronicidad. Que resurja el carácter del joven que se forja en los rigores del combate. Respiren ¡la alteridad! Hasta la próxima. ( Gracias V-L ).

"Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien"

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El hombre caja, de Kōbō Abe

Kōbō Abe ha sido uno de más importantes escritores contemporáneos de Japón. Su obras están emparentadas con la literatura de Kafka y Samuel Beckett por sus ajustes surrealistas, sus imágenes grotescas y sus recurrentes temas sobre la alienación humana.

El hombre caja despide un veneno letal. Ha perdido su identidad. Muchos hombres caja llevan una vida sigilosa en varias partes de Japón. Si no se ha hablado hasta ahora de su existencia en ninguna parte, es porque, la sociedad prefiere callarse en todo lo que se refiere al hombre caja. Sin duda, la presencia de un hombre caja no es llamativa, suele confundirse con basura, medio escondido debajo de un puente peatonal o en el espacio que hay entre un baño público y un callejón. El hombre caja rehúye y se esconde en su dispositivo de seguridad como un caracol en su habitación portátil. Pero su vida de anonimato va a verse amenazada. Hay un francotirador dispuesto a disparar a los hombres caja y una mujer quiere pagarle cincuenta mil yenes por su caja. ¿Qué podría ganar con un acto tan absurdo? Un hombre caja no puede dejar su caja con el único propósito de reincorporarse a la vida ordinaria. Se quitará la caja sólo cuando esté seguro de pasar a otra etapa de su vida, al igual que el cambio de piel de un insecto. Pero... ¿qué clase de animal puede brotar de la crisálida llamada hombre caja?

Su lectura atrapa desde el comienzo y aunque fue escrita en 1973, cada día su mensaje está más vigente. Antes de empezar a leer esta experimental obra tengan en cuenta que un hombre caja no tiene nada que ver con un vagabundo. Es muy importante hacer esta distinción. Un hombre caja es un hombre caja.



Dicen que un ave salvaje, al ser atrapada, se niega a tomar alimento hasta morir de hambre, pero un hombre condenado a muerte, fuma un cigarrillo con fruición.

domingo, 11 de noviembre de 2012

La felicidad conyugal, de León Tolstói

He retomado a Tolstói. Él fue uno de los más grandes escritores de occidente y de la literatura mundial. Su expresión literaria se convirtió en la cúspide del realismo, reflejando, de forma asombrosa, la sociedad que le tocó vivir.

La felicidad conyugal es expuesta en esta naturalista obra como un proyecto de vida, como la relación más completa y compleja que se puede darse entre un hombre y una mujer, basada en la decisión libre de unirse para ser felices. Las obsesiones individuales, la responsabilidad y el amor frente a los demás, son claves en esta historia basada en la propia vida de Tolstói. 

La novela transcurre en la Rusia del XIX y narra, por su protagonista, María Alexandrovna, una joven de 16 años, el enamoramiento de su tutor. Sergei Mijailovich llega a la casa de campo de Porposkaya para administrar la herencia de María Alexandrovna. Ella es doce años más joven que él, pero entre ambos surge un amor que se consuma en un dichoso matrimonio. Se casa con él, y al principio viven tiempos felices, sin embargo, su felicidad conyugal se verá alterada cuando la pareja se traslade a San Petersburgo y al éxito de María en la vida de la alta sociedad le acompañen los celos de su esposo. La relación deteriora, pero la honestidad entre ambos se mantiene, confesándose, descubren nuevos sentimientos. 

"Viví muchas cosas y ahora creo que hallé lo que se necesita para ser feliz. Felicidad familiar. Una vida aislada y tranquila en el campo, con la posibilidad de ser útil para quienes es fácil hacer el bien -la gente- y que no están acostumbrados a que se lo hagan. Y un trabajo que se espera sea de utilidad. Y el descanso, la naturaleza, libros, música, amar al prójimo. Ésa es mi idea de felicidad. Y sobre todo eso, tú como compañera; niños, quizás. ¿Qué más puede desear un hombre?"



miércoles, 31 de octubre de 2012

El árbol de las brujas, de Ray Bradbury

Hoy les traigo, amantes de la literatura, antes de que lleguemos a la medianoche, una novela del género fantástico, que narra un cuento de terror en esta fría Noche de las Brujas.

Ahora que el día ya se fue y las casas están cerradas contra el viento, la espesura de la noche se hizo con la ciudad y la invisibles pisadas de los gatos trazan sus rutas nocturnas, pueden introducirse en una de las mejores obras de Ray Bradbury y seguir los pasos de Joe Pipkin, el chico más extraordinario que hubiera existido jamás, quien emprende un viaje a lo desconocido, en el que descubrirá los orígenes del miedo a la muerte, la función de los fantasmas o muchos de los sitios que jugaron un papel fundamental en el desarrollo de las civilizaciones.

El árbol de las brujas con sus tantas ramas cargadas de calabazas brillantes ahuyentará a cualquier espíritu maligno que merodee por sus moradas. Elijan ... ¿truco o trato? Buenas y literarias noches.

martes, 30 de octubre de 2012

La asesina ilustrada, de Enrique Vila-Matas

Con esta obra irrumpió Enrique Vila-Matas en la literatura. Todo aquel que la lea sentirá el miedo de una muerte inminente que le acecha, porque eso es, para Vila-Matas, la literatura, un forma de darse muerte y transformar la realidad.

La asesina ilustrada seduce, amablemente. Y sí. Toda tu vida corre peligro, como le sucedió al poeta Juan Herrera, la primera víctima de esta irónica y sutil obra. Al leerla, saldrás fuera del mundo. 

¿Cómo asegurar un prólogo o una reseña que le haga justicia? Esta será la mejor de las preguntas, porque en ella empieza la ficción y la metaliteratura. Vila-Matas es un maestro obsesionado con la fragilidad del lector. A mi, me fascina su técnica, su táctica y su potencia literaria.  Ténganla muy en cuenta.

Cerrar el libro será para el lector como cerrar la losa que cubrirá su tumba.

domingo, 28 de octubre de 2012

El mar, el mar de Iris Murdoch

La humillación de Philip Roth tiene bastantes similitudes con ésta profunda obra de Iris Murdoch. El actor se debate ante una encrucijada nada más retirarse de los escenarios. Reencuentra a su primer y gran amor, convertida en algo así como la Nora de Casa de muñecas de Henrik Ibsen, una mujer-muñeca atrapada en un matrimonio infantilizador, que la relega a una mera posesión objetal y sin fundamento del marido. El espíritu de amor y libertad de Charles Arrowby pondrá en jaque a éste y alterará cada uno de los elementos que constituyen su actual vida en Shruff End, mientas la presencia insomne del mar le devuelve todas sus obsesiones, los espectros del pasado, los fantasmas de sus errores y la angustia de un futuro cansado. Una peregrinación de demonios.

Con esta novela Iris Murdoch obtuvo en 1978 el Premio Booker. Dentro de sus veinticinco obras, El mar, el mar está considerada como su creación más identitaria. La escritora que un día declaró  —Tengo el poder de seducir a quien quiera.—, mostró en su fluída literatura, los más altos niveles de valentía e independencia. Su mayor virtud: profundizar con excelsa maestría en la moral de las personas. Leer a Murdoch es una intensa experiencia. El mar, el mar igual que el tiempo, puede curarlo todo. Ahora mismo, no recuerdo como llegué a esta novela. Me ha sido imposible detectar una conexión certera. Puede que haya sido otro regalo del destino. Voy a colocarla en la estantería, al lado de Steinbeck.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Barrio perdido, de Patrick Modiano

Regresé de París hace unos días y la ciudad se me volvió a aparecer de manera súbita convertida en carrusel de ficciones cuando encontré esta intrigante novela en el escaparate de la librería que más empiezo a frecuentar de mi querida ciudad natal: Zaragoza. Modiano era reeditado por Cabaret Voltaire para la actualidad literaria de septiembre. Tan sólo había pasado una semana desde mi vuelta y yo sentía haberme alejado ya un siglo de tan romántica experiencia. Ahora podía explorar el París desde otras miradas, y esta obra me adentró de pleno en la ciudad crepuscular de Jean Dekker, de su Barrio perdido, y sus recuerdos en blanco y negro, con las sombras del género literario policíaco de Earl Biggers, Rufus King, Phillips Oppenheim, Saint-Bonnet y Dornford Yates. Todo un reencuentro con la Ciudad Eterna y otros misterios. ¿A dónde irá esa mujer volátil alejándose del Sena? ¿Quién la estará siguiendo?¿Un hombre? Puedo notar que la sigue muy de cerca.

Acabo de terminar la lectura y tengo una sensación similar a la que obtuve con La Petite Bijou, aunque menos relevante, pero sin caer en la vacuidad que me produjo El horizonte. Modiano te envuelve. Entras en su atmósfera, te muestra unos simples detalles. Empiezas a hacerte preguntas. Indagas. Retomas sus palabras. Te mueves por zonas y lugares extraños, encuentras a personajes extraños. Observas. Interpretas. Revives París. Te transporta con elegancia y al ir finalizando la novela... te agarra. Ya no puedes escapar. Estás en el universo Modiano. Éste es el París de Modiano, con su visión sofocada. Una obra recomendada para nostálgicos de la Ciudad Eterna porque volverán a cruzar el Puente de l'Alma y experimentarán la misma sensación de irrealidad ante la Torre Eiffel que ante el barrio perdido de Ambrose Guise. El suspense está servido.

martes, 25 de septiembre de 2012

Un mundo aparte, de Gustaw Herling-Grudziński


Entré en la librería con ganas de una literatura potente. Acudí en este caso a Los portadores de sueños, uno de los espacios más singulares que posee Zaragoza para saborear la Alta Literatura.  Allí desplegué mis alas y mi apetito, en una librería reconocida por el mismísimo Vila-Matas como "El abismo". Arrojé mis ojos a l'actualitè littéraire en busca de un Nuevo Tifón Literario y al verme acuciado por tan variado banquete, reclamé la opinión de Félix, un joven librero hipervivaz, que mantiene fresca y en  completo movimiento la Cultura en la ciudad. Tanto, que he llegado a pensar que es el hijo de Enrique Vila-Matas. Creanme que se parece. O a mi, me lo parece, el hijo de Vila-Matas.

El tema es que hablando y hablando de autores, libros, estilos de literatura y de atmósferas literarias... llegamos a Un mundo aparte de Gustaw Herling-Grudziński. ¡Blum!  La trama y la recomendación que dejó escrita Albert Camus me ataron de inmediato a su revisión. Y ahora, recorrido todo ese mundo aparte, hilvanando lapsus en el tiempo que me han ayudado a completar esta robusta lectura, les dejo con la síntesis de dicha experiencia.

Herling-Grudziński pasó dos años en Arjánguelsk, un gulag soviético, que le permitió dar testimonio del horror y analizar el sufrimiento humano en clave de piedad y esperanza. Ninguna editorial en Francia tuvo el valor de publicarlo y tuvieron que pasar más de treinta años para que fuera traducida por fin al francés. La izquierda europea se negaba a reconocer que Rusia empleaba los mismos procedimientos de tortura, presidio y vileza con todo aquél que no siguiera los absurdos dictámenes de la Unión Soviética, en una época de guerras y desconfianza hacia el ser humano. 

Un mundo aparte nos enseña a vivir otra vez. A reconocer el placer de la libertad. A descubrir el valor de la amistad, la normalidad y la confianza en el prójimo. Para ello deberán entrar a este sucio y horrible gulag, observar cómo funcionaba su casa de visitas, el día de descanso, como padecían el hambre. Escucharán gritos nocturnos, leerán parte de los Apuntes de la casa muerta de Dostoievski, comprenderán el poder de resurrección que habitaba en sus hospitales y la gris tristeza que se adueñaba del mortuorio. Pero no teman, a pesar de tanto dolor, la lectura se convierte en un canto de catarsis que desemboca en un espléndido epílogo sobre la caída de París y el desmoronamiento de toda Europa. Este gran final nos deja un rastro, una estela... la recuperación de la libertad, París, siempre París, el centro del triunfo y la emancipación. Es todo suyo. Vivir y aprender. ¡Cuídense! 

El hospital era para el campo lo que un puerto para el náufrago.

lunes, 3 de septiembre de 2012

La oceanada, de Réjean Ducharme

Aquí finaliza mi periplo por la Colección Réjean Ducharme. Ésta es la literatura de un niño prodigio que irrumpió en la escena literaria quebequense causando sorpresa y admiración en la crítica, como no podía ser de otra manera, por su juego de palabras, sus sonoridades, su invención lingüística, y su búsqueda poética, con la valiente pretensión de inventar una lengua propia para sus jóvenes personajes, a los que supo envolver de frías imágenes azules, oceánicas y universales con el telón de la soledad y las impersonales ciudades alienantes.

Ducharme explora el mundo de la infancia, de los marginados, mezclando ternura y crueldad, para describir a una sociedad contemporánea en la que la familia se desintegra, mientras la ciudad aísla más aún al individuo, un ser que percibe abocado a la soledad y al fracaso. A lo largo de sus novelas hay una constante interrogación sobre la angustia que generan las relaciones personales, sobre el conflicto de nuestros deseos con la realidad y sobre la muerte indisociable de la vida.

¿Qué es Ducharme? El regente del encantamiento literario. El gran ordenador de las palabras. Su obra reflejará siempre ese escurridizo inconsciente insondable que se transfiere a través de monólogos interiores, de su fantasía desbordante, de esa realidad avasallante, que solicita, sí y sí, una vena carnavalesca que de rienda suelta a la epopeya de la vida. ¡Vayan y disfruten de... Ducharme!

"Lo alcanzamos. ¡Unámonos a él!"

jueves, 30 de agosto de 2012

El valle de los avasallados, de Réjean Ducharme

Réjean Ducharme es un Huracán en papel. Al igual que Thomas Pynchon, decidió como éste, invisibilizarse para el mundo y para la prensa. Nadie sabe donde está. Su existencia puede encontrarse en su obra y cuando accedes a ella, te arrolla de energía y vitalidad. Con él recuperas la intensidad de la infancia y los tesoros del sueño. Su universo literario es colosal.

No intento recordar las cosas que ocurren en un libro [...] Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar.

El valle de los avasallados es la historia de Bérénice Einberg, una niña prodigio de nueve años, disertadora, políglota, actriz, intérprete de diversos instrumentos, bailarina, experta en montar y desmontar armas de un solo vistazo. Desgraciada, lúcida, destinada al suicidio o dispuesta a envejecer, declarándose a sí misma agresivamente apátrida y perdidamente sin origen. Bérécine sufre por el desinterés de su madre, por la brutalidad de su padre, por la cobardía de su hermano, al que adora, y de la muerte próxima de su mejor amiga. 

Una obra imprescindible de un autor esencial de la literatura francófona contemporánea, a quien el Premio Nobel de Literatura 2008, Le Clézio, le dedicó su galardón, "A Réjean Ducharme, por la vida". Agradezco el esfuerzo dedicado a Ediciones Doctor Domaverso, por levantar a los universales.

"El libro es un mundo, las páginas sus ciudades, las lineas son calles y las palabras sus moradas."

miércoles, 22 de agosto de 2012

Plegarias nocturnas, de Santiago Gamboa

Todo esto sólo prueba que aún puedo soñar. Como decía Rimbaud, a la aurora, armados de una ardiente paciencia, entraremos en las espléndidas ciudades.

Plegarias nocturnas es la historia de Juana, una fuerte mujer que ha llegado a la meta de su alma. Con su solitaria voz humanitaria, elevada entre gritos, entre llantos, de un día naciente,  transmite una radiante energía con su firmeza y valor.

Esta narración transcurre entre Bogotá y Bangkok, o entre Colombia y Tailandia. Muestra el vínculo de amor inalcanzable entre Manuel y Juana, dos hermanos separados por un destino condicionado en una sociedad violenta. La sociedad de Uribe, el mandatario de los desaparecidos y el paraíso de los corruptos, que tanto sufrimiento causó.

Santiago Gamboa no escribe. Convierte el drama y la melancolía, con sus letras, en un arte literario. La literatura pasa por sus manos y las hojas del libro recogen su lirismo y su sensibilidad. La narración te arrastra, te envuelve, te hace vivir otra vida, que sin su escritura jamás llegarías a experimentar.

Así da gusto regresar a la literatura. Esta obra, que contiene muchas otras obras, te arroja al deseo de naufragar en años y años de más literatura. Inspira coraje y una urgente necesidad de actuar. Suya es, amantes de la literatura. Que la disfruten. Au revoir, arrivederci. Nos encontraremos donde alcance otro gran tifón literario.

domingo, 1 de julio de 2012

Los inmortales, de Manuel Vilas

Literatura fresca, enérgica, actual y divergente. Manuel Vilas muestra en su fantastic collage la tragicomedia del ser. Una danza creativa de personajes y escenarios que despiertan hacia una lectura de la lucidez, en un imaginario de sucesos que saltan entre lo inaudito, la vida cotidiana y la cultura pop. Su efecto, disfrutar.

Manuel Vilas escribe para que la gente se enamore. Todo lo demás, ni es real, ni existe, ni está... excepto el amor.

Me gusta el Gran Vilas.

Y en esta ocasión no me despido porque me dirijo a vosotros, inmortales. Sabed que en algún rincón del tiempo nos volveremos a encontrar.

domingo, 18 de marzo de 2012

Fascinación, de Don Delillo

Lightborne es un cutre pero educado comerciante de erótica Bric-à-brac que se entera de la existencia de una película pornográfica rodada dentro del búnker del Führer, los días previos a la caída deBerlín, en 1945 y que tiene como protagonista, ni más ni menos, que a Hitler. Nadie parece haber visto la película, pero las especulaciones son altas, y Lightborne intenta vender la cinta en varias direcciones a la vez. Diversos personajes pululan alrededor de este enigmático film, mafiosos, un senador codicioso, un espía de la CIA, marchantes de arte y una periodista que trabaja para una revista radical llamada Running Dog.

Seix Barral ha hecho el esfuerzo de recuperar una de las novelas más difíciles de encontrar de Don Delillo, debido a su temática morbosa desde la ficción más policíaca, sin embargo la novela avanza desprovista de relieve y deteriora poco a poco el interés por dicha cinta encubierta. Su lectura es rápida, pero su trama apagada.

Siento decir que en esta obra, Delillo, no consigue suscitar la fascinación, la alucinación ni la atracción irresistible que propagó en Submundo, Libra, Punto Omega o Body Art. Entiendo que todo este material fue el precursor de Libra, donde su narrativa adquiere la fuerza de un ciclón, al investigar el asesinato de JFK, con toda su crudeza. Fascinación es tan sutil que pierde todo el contacto potencial con las virtudes, la gravedad y la agitación de su tesis ficcionada. Cuenta Delillo, que la escribió muy rápido.

viernes, 2 de marzo de 2012

El Sunset Limited, de Cormac McCarthy

Una habitación. Dos hombres sin nombre. Blanco y Negro. Un profesor de universidad, que acaba de intentar quitarse la vida y un exconvicto convertido en evangelista afanado a una Biblia.

Novela dramática que explora dos concepciones opuestas de la existencia. Religión vs Ateísmo. Cormac McCarthy escribió esta obra de teatro en 2006 como si se tratara de un combate de ideologías, a vida o muerte. Posee la atmósfera fría y apocalíptica del Fin de partida de Samuel Beckett en versión McCarthy, con la poética underground de una tarde de gris urbana, que se borra y desaparece a cada hoja que pierdes.
Su final es poderoso. Rotundo. Por la inercia oculta que deja la futilidad del último acto.

Quien lea esta obra jamás se olvidará de las brillantes luces de El Sunset Limited, que resurgen de las sombras del vacío, estables, inertes, tranquilas.

“Creí que tenía la piel dura como el elefante.”

“Yo profeso la oscuridad. Esa noche disfrazada de día.”

domingo, 26 de febrero de 2012

Los nombres, de Don Delillo

James Axton es un escritor de poca monta y analista de riesgos que descubre una cadena de asesinatos cometidos por una secta llamada "Los nombres". Las muertes se producen mediante un culto desconcertante de asesinato ritual. Mueren en lugares cuyas iniciales corresponden al de sus víctimas. Tal y como dice uno de los asesinos:

“Abecedario. Esto es lo que somos. Los alumnos del alfabeto. Los principiantes.”

Los personajes de Los nombres parecen estar sepultados en el lenguaje. Sus conversaciones parecen intercambios ritualizados en lugar de un habla real. Uno tiene la sensación de presenciar una narrativa en movimiento, furiosa. Los miembros del culto están cometiendo sus asesinatos, no tanto para acabar con las personas sino para deshacerse de la lengua y lo que representa. Están matando el alfabeto.

Al examinar la compleja actividad de "Los nombres" vemos de cuantas formas Delillo es capaz de diseccionar y celebrar las estructuras de la mente, donde el lenguaje representa la última expresión (contundente).

“La mentira es más profunda en griego de lo que hubiera sido en inglés.”

Una obra policromada, original y reflexiva, que le permite al autor explorar diversos nudos y temáticas como el análisis de todos los estados de conciencia del erotismo con el turismo, a partir de la idea como América fue concebida por el resto del mundo frente a la idea de cómo el resto del mundo ha sido concebido por los americanos, desde la mística al fanatismo.

Una novela de intriga, que nos otorga el privilegio de movernos por diferentes lugares, pisarlos, mirarlos y sentirlos. Si la leen, serán afortunados y sabrán lo que digo cuando llegen al desierto y absorban toda la luz que contienen las potentes frases de uno de nuestros genios vivos de la literatura. En sus letras hay filo.

Ahora mi deseo es que reciba cuanto antes el Premio Nobel de Literatura. Puede que este año 2012, porque todo lo que él escribe genera en mi una necesidad de leerlo, por principios de sentido y de orden. Don Delillo, Philip Roth, Cormac McCarthy, Thomas Pynchon. Los hacedores complacientes del tifón literario.

jueves, 26 de enero de 2012

Diario de invierno, de Paul Auster

Lo compré en Amazon por 10,44 euros y lo descargé en la Samsung Galaxy Tab de 7 pulgadas para poderlo leer con la máxima rapidez. Dentro de cuatro días (1 de febrero) cualquier lector la podrá comprar en papel. En mi caso yo sentí una prisa más capital. Invisible me dejó un buen recuerdo y tal vez este año algo parecido podría volverse a repetir. Qué craso error. La lectura no ha ido nada bien. Primero porque se trata de una malograda probatina experimental, de insípida literatura invernal y segundo porque este formato electrónico no lo puedo colocar junto a las demás obras de Paul Auster que ordeno meticulosamente en mi librería de opulentos y truncados por igual. Así que la literatura portátil me ha empezado a incomodar. Tengo la sensación tener entre manos un libro fantasma. ¿De qué forma lo tengo que guardar? Consumo las ideas del autor, capto sus giros y reflexiones, planeo en sus memorias rasgadas, ¿pero el libro donde está? No llego a sentirlo en su totalidad. Paso las páginas rozando la táctil pantalla pero pierdo siempre el grosor. Necesito la tapa de compuerta y pasadizo, el papel inerte servicial, manchado de esa tinta intencional, ese objeto cerrado, indolente, que puedo mirar en su estante y pensar: Uno más.

Diario de invierno es el frío y baldío soliloquio de Paul Auster hacia Paul Auster, escrito a puño y letra, y transcrito al ritmo de su imperecedera Olympia que compró en Francia en 1974 en un mercado de segunda mano. Una obra apagada. Un diario para los incondicionales de Paul Auster que deseen saber más detalles de los vapores biográficos de este mediático autor que publica una obra por año. Su escritura tengo que decir que seduce. Es sincera. Hay alma en sus letras. No se puede negar. Pero cierras el libro y tan sólo queda un recuerdo gris. El recuerdo de un hombre que ha llegado a los sesenta y cuatro años y empieza a temerle a la muerte, a la inevitable cuenta atrás. Su diario de invierno es una suerte de salvación, un rescate de vivencias y sucesos remotos que extienden la huella de su existir, olvidando su ficción, hacia una toma de consciencia en la que se arroja a la cara cada cosa que hizo, bien o mal, como la hizo y su soledad.

Puede que el día de mañana para cerrar por completo el círculo de esta lectura compre la novela de papel en un mercado de segunda mano gracias a alguien que la deje escapar. Y sin más, finalizo esta reseña con la única frase que puedo rescatar de este diario inclemente que me ha dejado hibernal. Es resto para mi es silencio.

“Todos somos extraños para nosotros mismos, y si tenemos alguna sensación de quienes somos, es sólo porque vivimos dentro de la mirada de los demás.”


domingo, 16 de octubre de 2011

Knockemstiff, de Donald Ray Pollock

Este tipo de literatura es vital para recuperar la escurridiza confianza en la literatura, que en muchas ocasiones solemos perder, cuando al entrar en la librería somos importunados desde las zonas más visibles de los estantes, por narrativas grasientas, convencionales y de estructura naïf. El peso en la conciencia de tanta literatura pedestre suscita fatiga en nuestra certidumbre lectora y pocas ganas de dejarse atrapar.

Pero por suerte, existe la editorial Libros del Silencio y un escritor valiente llamado Donal Ray Pollock que moduló su lenguaje para crear Knockemstiff, una obra sobresaliente, brutal. Escrita con humor y transparencia, pese a que sus personajes son de una tristeza atroz, consumados en una hondonada, un agujero negro del que sus habitantes sienten que es imposible escapar.

La obra está compuesta por dieciocho relatos. El Hoyo de la Dinamita, Pildoras y Hondonada te forjan unas imágenes en la mente de una potencia admirable. La traducción de Javier Calvo es todo un lujo que consigue transmitir toda la fuerza emanada de las ficciones de Ray Pollock para tratar la sordidez, la violencia y la soledad de Knockemstiff, ese reducto irresoluto de Ohio, EEUU, un estado que vio nacer a inventores y pioneros como Neil Armstrong, los hermanos Wright o Thomas Edison.

Si escogen este explosivo, tengan cuidado con el prólogo de Kiko Amat. Es realmente bueno, por eso mismo les recomiendo que lo lean al final y que entren, por lo tanto, a bocajarro en el mundo de Pollock. Sin chaleco salvavidas, sin billete de regreso. Su lectura les deslumbrará y les oxigenará de fresca literatura. Knockemstiff es una medicina contra la trivialidad.

jueves, 25 de agosto de 2011

La subasta del lote 49, de Thomas Pynchon

He flipado, jajaja. Esta obra te nutre la mente de escenas y personajes reactivos y genuinos. Pynchon es libertad literaria, genialidad, creatividad y surrealismo hilarante. Está repleta de color, de relieve, pero sobre todo de movimiento. Es una micro-novela de tránsito donde fluye sin temor el alma de Pynchon. Literatura hacia la entropía que en su final te deja literalmente suspendido en el abismo y al lanzar la vista atrás tan sólo te queda reírte a carcajada limpia y pensar —¿Qué has hecho conmigo, Pynchon? Me has transportado a noventa lugares, me has hecho saltar siete, ocho, nueve veces en el tiempo (ya ni sé), he sentido cuarenta y nueve mil sensaciones dispares. ¿Por qué lo dejas aquí? Dale más vida a tu paranoia y déjanos escuchar a Loren Pardillo hasta saber que hay en ese intrigante lote 49. Ponnos sobre otra pista más que no nos lleve más que al deleitoso absurdo del entretenimiento y la fascinación. Tu universo es adictivo. Eres el James Joyce de la literatura contemporánea. Un Huracán en papel vivo. El ejemplo de que la literatura es talento, aprendizaje permanente y disposición hacia la libertad. Wah-wah ¡Que bien suena tu trompeta, cabronazo! Jajaja. Me siento un privilegiado por poderlo disfrutar—.

¿Me permite preguntarle si ha venido a pujar, señora Mass?
—No —dijo Edipa—. Solamente a meterme donde no me llaman.



martes, 23 de agosto de 2011

La peste, de Albert Camus

Cuando entré al museo de los Premios Nobel en Estocolmo observé en una de sus vitrinas el libro de Camus acompañado de una foto en la que se le podía ver junto al laureado Jean-Paul Sartre, y supe que en algún momento remoto de mi vida me arrojaría a su famosa literatura y sentiría el peso de su adjurado existencialismo.

Ahora puedo decir que así ha sido. Ese momento ha llegado y se ha producido de una manera suave y en total sincronicidad, como si ambos nos necesitáramos, libro y lector. Curiosamente, sin yo saberlo, los sucesos de la novela acontecen en la mitad del mes de agosto. Encajando en este punto insólito del tiempo. Harto de calor. Llevaba unas semanas que no me apetecía leer nada. Quería leer muchas obras pero me costaba acercarme. Una barrera ficticia me lo impedía. Sin embargo, al repasar una por una las novelas sin leer de mis estanterías, La peste de Camus me cauterizó la herida. La lectura me cautivó desde el primer párrafo. Su literatura poética te impele a leer a un ritmo insistente, inmerso en una marea agitada de un océano afligido, abismado en una danza hacia la ciudad mortal donde hierve la fiebre de la peste.

“[...] y a veces, a la hora del crepúsculo, que en esta época llegaba ya más pronto, las calles estaban desiertas y sólo el viento lanzaba por ellas su lamento continuo. Del mar, revuelto y siempre invisible, subía olor de algas y de sal. La ciudad desierta, flanqueada por el polvo, saturada de olores marinos, traspasada por los gritos del viento, gemía como una isla desdichada.”

Su escritura posee una estética sinuosa. Pulcra. Tanto, que puedes llegar a sentir la necesidad de releer párrafos e incluso páginas enteras. Leerle es todo un placer. Es una fuga. Una libertad. Tomas conciencia de manera inmediata de la relevancia de su nombre. Y cada reglón que ya has leído es como si se perdiera un filamento de oro de esta joya de la literatura del siglo XX.

La peste es la alegoría del absurdo, del egoísmo y de la hipocresía. Cualquiera que lo lea en estos convulsos tiempos en los que nos encontramos, verá representada la irracionalidad de nuestro sistema social, y a la vez entenderá la importancia de la libertad individual, la solidaridad y el compromiso, valores enemistados contra la indiferencia, la autoridad o cualquier dictadura que asome su apestoso hocico. La peste descubre las claves que le permiten al hombre huir de todo sufrimiento. Mantiene una lúcida cadencia con el movimiento ateo y la filosofía anarquista versionando en grado frágil parte de la atmósfera de El proceso de Kafka. Camus aboga por una nueva moral basada en la honradez y el amor. Y les puedo decir que funciona. Sólo tienen que ver en acción a Rieux, Tarrou, Rambert y Grand. Es muy sencillo. Intuyo que los que la leyeron aún disfrutan de los efectos de este admirable Huracán en papel, y en parte es por esto, que la sociedad no se ha ido ya al mismísimo carajo.

“En tiempos de peste, prohibido escupir a los gatos.”


El Saint James Infirmary de Londres fue el hospital de leprosos más famoso, y es citado en esta obra.

martes, 14 de junio de 2011

Solar, de Ian McEwan

Lo dije hace unos meses en Twitter—Echo de menos a Ian McEwan.— Sentía la necesidad de sumergirme una vez más en su sofisticada y sutil literatura. Aún resuenan en mis abiertos pulmones aquellos vibrantes guijarros del duelo de Chesil Beach. Guijarros que me transmitieron la belleza y la urgencia de la comunicación. Han pasado ya tres vertiginosos años. Tres ciclos de contienda, libertad y literatura. Tres vueltas de la Tierra alrededor del Sol. Tres. Tres maravillosas vueltas. Tiempo que Ian McEwan ha destinado para declararle pleitesía al Astro Rey, en esta refulgente obra que el lector va ha poder disfrutar ahora que en nuestra vieja Europa está cubierta por la caleidoscópica primavera. No sé si les ocurrirá igual, no sé si cada libro posee oculto un propósito que detona en su voluntad, no lo sé pero a mi esta novela me ha expulsado fuera de casa. Me arrojó a la Ribera Fresca del Ebro, para que leyera a pocos metros de mi refugio-laboratorio, sobre la cariñosa hierba, y sobre bancos inertes que recogen nuestros cuerpos de marfil frente a las místicas aguas teñidas por lejanas tormentas de tránsito, y rocas bondadosas que yacen enamoradas de un esférico cielo que no deja de cambiar. Entre lo impertérrito y lo veleidoso, cada página entró por mis ojos salpicada de energía solar. Cada palabra emitió su destello, la tinta adquirió un brillo muy especial. Yo, Tránsito Blum, águila cósmica en la batalla, abrí las alas a su literatura y sus corrientes metaficticias me transportaron hacia un alto estrato de catarsis, de pasión y de fulgor por esta vida que aquí gastamos. Pasé mis manos una y otra vez acariciando las hojas como si al sol pudiera fundirme con las huellas de mi piel. Y fui solar. Sigo solar, y me declaro eternamente solar. He sentido esta misma sensación leyendo a David Eggers en los Guardianes de la intimidad o a Thomas Pynchon con su narrativa underground. Sus lecturas me han hecho sentirme solar. Solar. ¡Oh, grillos!, que palabra tán cósmica y potente, tan atractiva y catártica. Yo soy solar. Y tú, tu también eres solar. Todos somos un efecto foto-eléctrico, la combinación Einstein-Beard, el desenlace de las interacciones entre luz y materia, desplegada en una sucesión de pasos lógicos que nadie debería ignorar.

Esta obra salpica luz. En cuanto tenga la más mínima oportunidad pondré mi cuerpo desnudo frente al mar y dejaré a las olas que besen mis pies, en esas orillas de sal y burbujas de mar, en ese fresco manto azul empañado de sol. En ese manto fresco azul que lo empaña todo de amor, sin olvidar la crema solar en las sublimes horas de picor. ¡Larga vida al Sol!

lunes, 6 de junio de 2011

Vicio propio, de Thomas Pynchon

La última obra de Thomas Pynchon. Posiblemente, el mejor escritor vivo del Planeta Tierra. Su alma anarquista y su escritura más allá de la frontera convierten sus letras en un tránsito de conciencia. Así que con ese temblor me dirigí hacia su encuentro y al entrar en la librería todo la que la rodeaba quedó emborronado en la nada y lo invisible, y ahora puedo entender que si alguien me vió cogerla, tuvo que notar como mi mano y mi brazo se adelantaban a mi cuerpo con una inercia acentuadamente presurosa. Los mensajes que contienen sus obras son los bosquejos de un gurú. Emiten luz sobre un fondo negro. Se trata de un mente preclara. De un escritor enigmático trazando una Nueva Ruta en esa ficción que se hace más real que la propia realidad. Y resguardado en mis silencios, en esos ratos de tiempo muerto, pero vivo para la literatura, me zambullí en la atmósfera sesentera de Los Ángeles y conocí al sabio Doc Sportello. La experiencia ha sido... chachi. Muy chachi. Super chachi. Un vicio chachi.

jueves, 7 de abril de 2011

Dublinesca, de Enrique Vila-Matas

Asombroso. Vila-Matas es un genio de la literatura y esta obra que tienen aquí delante es un potente Tifón Literario. Un viaje hacia las entrañas de la literatura subversiva con paso ligero, o más bien, a toda prisa, en sintonía con la acción del sujeto de la portada. Dublinesca es una acción de tránsito, una evasión metafórica, real y condescendiente del propio escritor que nos habla de la huida de su fortaleza francesa, la cual ya no tiene sentido habitar porque le ha llevado a la rigidez y al encarcelamiento de su alma, eminentemente literaria, aunque aportándole un extenso mapa de experiencias identitarias en su camino hacia la anarquía y la perfección: encontrar en su galaxia interior esa obra maestra de la literatura universal que él se sabe contiene en su subconsciente más agilizado.


Dublinesca acojona. Vila-Matas deslumbra. Ha trazado un plan. Va directo al centro del universo. Allí intuye que se encontrará con Thomas Pynchon. Dentro del ojo del huracán.


Mis impresiones durante la lectura son de una intensidad difíciles de describir, aunque ahora que miro la portada, creo que tras leer las diez primeras páginas, sentí un súbito golpe de aire ascendente, proveniente del revuelo que esa gabardina mackintosh hace en la ajetreada e informal carrera escritura hacia Dublín, con el deseo de dar fin a toda una era, la estación Gutenberg, que deja visibles en su esencia a Joyce y Beckett. Sin perder de vista a Kafka. Pero ese revuelo inicial no sale de nada, todo lo contrario. Es el resultado de diferentes masas de aire, que Vila-Matas tiene la generosidad de citar. Estén atentos: Philip K. Dick, Robert Walser, Stanislav Lem, James Joyce, Fleur Jaeggy, Jean Echenoz, Philip Larkin, Marguerite Duras, W.G. Sebald, Vilém Vok, Andrew Breen, Hobbs Derek, O'Sullivan, Brendan Behan, Saul Below, Maurice Blanchot, Gracq, Philip Sollers, Julia Kristeva, Romain Gary, Andrew Breen, Houellebecq, Arto Paasilinna, Hobbs Derek, Martin Amis, Hart Craine, John Banville, Augusto Monterroso, Hugo Claus y su cercano Georges Perec.


Sabemos que hay muchos más, pero el banquete de Dublinesca, sirve estos a la mesa. Yo no he dejado de salivar. Por eso mismo, Dublinesca, acojona. Porque tanta belleza... nos va a matar. Si no estamos muertos ya.


Y para terminar, decir que, internet es, para el escritor moderno, la gran enciclopedia del otro. Esta devolución de sensaciones tras la lectura de Dublinesca está entrando por las retinas del autor. Tarde o temprano le están llegando y puede recoger el fruto de su cosecha, un momento que se debate entre lo misterioso, lo cruel o lo satisfactorio. Recuerdo que Michel Houellebecq confesaba en Enemigos públicos padecer la misma obsesión: recoger con la cosechadora de Google todo lo que se citaba con su nombre. No sé hasta que punto esto puede beneficiar en su literatura porque estoy a la espera de leerme su último proyecto literario, e incluso me pregunto que habría sido de la literatura de Proust, Joyce o Kafka si hubieran podido recoger las impresiones que suscitaban sus letras en lectores remotos, más allá del periodista literario, lectores afanados por la potencia de transformación que puede alcanzar la literatura, el artefacto más poderoso de la faz de la tierra. En mi caso concreto, internet ha mejorado potencialmente la práctica de leer. No me ha distraido. Ha supuesto un facilitador y una alejandría de complementos. Mientras leo puedo escuchar la música que se cita en la obra, observar los cuadros que comenta, audiovisuales, trozos aislados de películas que aportan un mensaje de claridad en el desarrollo, puedo trasladarme al lugar que desee con Google Earth, notar cómo son las calles, los espacios, detenerme en múltiples detalles o complementarme en mis deducciones. Me siento un observador creativo en esta epopeya mortal de la lectura porque mi deseo por presenciar al otro es mayúsculo. Y quiero añadir que he leído Dublinesca en formato digital, muy cómodamente, sintiendo el inmenso placer de la lectura, fluidamente. Así que si alguien quiere que le preste esta gran obra tan sólo debe dejar su correo en los comentarios, y esto es así, sencillamente, porque me apetece compartirla. En realidad lo más importante es que te lean y si procede y se puede, adquirirla físicamente para darle fuerza a la estantería de los grandes. ¡Disfruten!

Voy a Dublín a un funeral por la era de la imprenta, por la era dorada de Gutemberg. El funeral, siempre demorado, de la literatura como arte en peligro.

martes, 5 de abril de 2011

La guerra de los mundos, de H.G. Wells

Una ficción arrolladora. Wells nos arroja a un Londres debastado, arrasado y mortal. Muerte y destrucción despiadada causada por alienígenas. En Marte sí había vida. Y los marcianos deciden llegar hasta nuestro planeta y lanzan unos grandes cilindros desde Marte para atacar la Tierra. Dentro de cada cilindro hay dos marcianos y un sofisticado armamento que al llegar a nuestro planeta se despliega automáticamente convirtiéndose en gigantes arañas metálicas de cinco patas con cables que cuelgan para agarrar todo lo que está a su alcance, y un demoledor rayo calórico que todo lo destroza con su haz de energía calcinante. Por donde pasan extienden su humo negro y el terreno se llena de hierba roja que tiene un sabor muy metálico. Dos mundos enfrentados, de la noche a la mañana, por unos marcianos que transformarán mucho más la mentalidad del hombre que el paisaje de nuestro planeta. A la postre supondrán un beneficio para el hombre, pues nos han robado esa serena confianza en el futuro, que es la más fructífera fuente de decadencia, y han promocionado el concepto de una estrecha unión de toda la humanidad.

Sigamos vigilando Marte, el espacio sideral y todo lo que esté al alcance de nuestra vista. Formemos un único planeta, brillante, nítido, compacto, en el que podamos caminar entre lechos de flores en las colinas o por las calles adornadas de escaparates en nuestras ciudades residencia, junto a nuestros seres queridos. Yo lo he leído en mi ciudad, Zaragoza, paseando por la ribera fresca del Ebro, pero puede leerse en cualquier remoto lugar de nuestro planeta. Produce un terror catártico. Lo considero filosófico e imprescindible, y más aún, ahora que sabemos que en junio Spilberg lanzará Falling Skies. Todo un tributo para los fieles de V, Lost o Battlestar Galactica. ¡Disfruten y defiendan al planeta! En dos tirones la pueden leer.



martes, 15 de marzo de 2011

Purga, de Sofi Oksanen

Como todos los sábados por la mañana cogí el Pc-Tablet y me descargué la versión impresa en pdf del suplemento cultural Babelia de El país para conocer l'actualité litteraire y en la portada recibí una muy interesante noticia. Sofi Oksanen había sido galardonada con el Premio a la Mejor Novela Europea del 2010. Así que sin leer el artículo marqué el teléfono de la librería y me lancé a preguntar si ya estaba a la venta. La librera me dijo que sí. Me contó la gran acogida que había tenido, me contó que tal vez era una literatura para mujeres, intimista y que profundizaba en la psicología de los personajes. Yo le contesté que eso la convertía en una pieza todavía más interesante. Le gustó mi apertura. Seguimos charlando. Me contó que una mujer belga ya la había leído en francés pero que deseaba leerla también en español de lo mucho que le había gustado. Me fue dando más detalles. Mientras tanto el título me resonaba con más fuerza en la cabeza. Purga. Purga. Purga. La palabra me suscitaba catarsis y renovación. Le conté que acababa de leer 1Q84 y que había quedado muy decepcionado. Muchísimo. Le añadí que conocía la versión de Orwell. Ella también. Coincidimos en que cualquier versión orwelliana era candidata para indiferenciarla. Su fidelidad a Orwell me gustó. Yo aún le di una oportunidad a Murakami. Ella por suerte, no. Surgió contarle mi activismo como bloggero. Yo sabía que ella también mitigaba su crítica literaria en la eternidad de la bloggosfera. Intercambiamos los dominios, pero yo sabía más de ella que ella de mi. Eso me vino a la cabeza, un instante, hace cuatro años, en el 2007, le pregunté si sabía cuando llegaría el National Book Award 2007 traducido de Denis Johnson. La noté ágil. Noté que devoraba la literatura. Tenía muchísimo entusiasmo. No ha perdido ni un ápice. Siempre que he entrado en esa librería he puesto atención en lo que contaba. Ahora sigo sin acordarme del su Blog, tras colgar el teléfono se me esfumó. Busqué por Google con la palabras que creía haber recordado, La casa del libro perdido, pero no obtuve recompensa. ¡Qué cabeza la mía! Así que me fui sin dilación a comprarlo. Ni tan siquiera quise leer el artículo del Babelia. Quería entrar en blanco en esta premiada novela. Y lo compré en otra librería. No entré en la suya. Puede que por el título. Purga. Purga. Ahora... acabo de terminar de leerla y esto es lo que puedo decir de ella. No es mucho. Pero es algo.

Interesante escritura excesivamente premiada. La narración es fluida y en ocasiones alcanza un nivel estético rozando lo poético pero sin llegar a serlo. El estilo me hizo acordarme de Herta Müller por la brevedad de muchas de sus frases pero sin la potencia simbólica de su prosa. Escrita con mucho ritmo. Dibujando los temores psicológicos de dos mujeres que nos abrirán diversos mundos conectados con Estonia, la guerra de los Balcanes, la ocupación nazi, la invasión comunista de Stalin, el tráfico de mujeres, rivalidades, traiciones, humillación y miedo. Soki Oksanen está a medio camino entre Assa Larson y Herta Müller. Este es su tercer libro. Su literatura promete, pero aún pasará mucho tiempo hasta que alcance la Alta Literatura. Disfrutarán mucho con los personajes de Aliide y Zara. Con su vínculo. Sobrecoge y... purga. Purga. ¡Viva Estonia libre!

sábado, 26 de febrero de 2011

1Q84, de Haruki Murakami

Leí 1984 de Orwell en la misma época en la que descubrí el jazz, el sexo multicultural y la revolución de los sentidos. Me lancé a esta convulsa lectura estudiando la carrera en Salamanca, consciente del que sería uno de los mejores tránsitos literarios. Psicología, filosofía de la mente y literatura debían caminar siempre juntas para indagar en los verdaderos problemas de la humanidad, las preocupaciones morales del hombre, penetrar en lo más íntimo de la psicología humana hasta un nivel de profundidad catártico. Orwell creía en la inmortalidad personal y sabía muy bien que el hombre medio quedaría totalmente deteriorado si seguía trabajando como una bestia de carga o temblando por miedo a la policía secreta o cualquier cuerpo fascista de represión, cuestiones que le llevaron una y otra vez a planteamientos socio-políticos en sus obras. Orwell, en plena fase de reposo para curar su tuberculosis en Inglaterra, se marchó como un Quijote a luchar contra el fascismo que estallaba en la Guerra Civil Española, tomando una postura tanto antifascista como anticomunista puesto que su verdadero espíritu revolucionario era antitotalitario. Esto me causó una admiración total hacia su visión humanitaria de las sociedades y la política. Muchísimos años después, instalado en Zaragoza, recorrí la Ruta Orwell por Aragón para presenciar las barricadas en las que había luchado y revivir un quark de todo su espíritu libertario. Supe inmediatamente que Orwell ante todo era un hombre que nunca le tuvo miedo al poder, sino repulsa a aquello que oprimía la libertad del ser humano. Su ideal se definía en los valores democráticos y para divulgarlos luchó en contra de la manipulación de la historia, tema de completa relevancia en 1984 y que conecta con sus recuerdos en España. En 1944, el mismo año que terminó Rebelión en la granja dejó escrito en su columna literaria del semanario socialista Tribune, la siguiente idea que me gustaría que leyeran antes de que entremos en la crítica de la obra de Murakami:
“Durante la Guerra Civil Española tuve la sensación muy fuerte de que nunca se escribía o podría escribirse una verdadera historia de la guerra. Cifras exactas, relatos objetivos de lo que pasaba, simplemente no existían. [...] Y si Franco o cualquiera que se le parezca permanece en el poder, la historia de la guerra consistirá en gran medida en «hechos» que millones de personas actualmente saben que son mentiras. Uno de estos «hechos», por ejemplo, es que hubo un considerable ejército ruso en España. Existen pruebas abundantes de que no hubo tal ejército. Pero si Franco permanece en el poder, y si el fascismo en general sobrevive, ese ejército ruso aparecerá en los libros de historia y los escolares futuros creerán en ello. Así que, desde un punto de vista práctico, la mentira se habrá hecho verdad.”

Pues bien. De esto trata la ficción mientras que el 1Q84 de Murakami me ha resultado literatura plana de narrativa circular, manida y sin pulso, que hace uso de una quincena de metáforas sintoístas para abrir el apetito pero desprovista de relieve, de luz y de singularidad. Me siento timado por este escritor japonés a la caza del bestseller para hacer otro bestseller y sigo sin entender porqué se le cita como candidato al Premio Nobel de Literatura con las patatas que publica. 1Q84 es un plagio estructural de Los hombres que no amaban a las mujeres de Steig Larsson hibridado con Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll y tres someras pinceladas de la auténtica 1984 del maestro Orwell, quien en su día generó en mi intelecto uno de los más huracanados impactos literarios de la literatura antitotalitaria. Aquí el concepto del Gran Hermano ha sido desprestigiado. Haruki Murakami me sigue pareciendo un escritor de adolescentes ya casi al mismo nivel que Federico Moccia o Stephenie Meyer, sin el mojigatismo de éstos, pero a años luz de la literatura de Kenzaburu Oe como referencia de tránsito en la literatura japonesa que saltó a los abismos del existencialismo. Murakami es un escritor completamente encajonado por los muros de las ventas con una su visión isla del que tan sólo consigo sacar una narración fluida, propia del barman inquieto que fue en su día, muy interesando por el jazz, la música docta, los gatos, la comida sana y sus carreras de runner mediático, pero que a ojos vista, expresa poco el poder y la grandeza subversiva que posee la Alta Literatura. Al penetrar en la naturaleza de la ficción muestra ideas letas, enclenques y gurruminas. Y con ello me remito al trasunto de la teoría A y la teoría B sobre realidad que, Aomame, protagonista de esta pauvres roman, mantiene con el lider esquizoide de una secta calco a los Testigos de Jeohvá al que presenta con poderes telekinésicos. Dentro de la lógica narrativa común estaríamos hablando de uno los momentos más álgidos de la historia, cuando acude a esa oscura y tétrica habitación de hotel de Tokyo para darle un quiromasaje que pueda mitigar la extraña insensibilidad (particularidad, que por cierto, me recuerda a la analgesia congénita que sufre uno de los esbirros de Zala en la Trilogía Larsson, otra coincidencia más de las tantas que aparecen) de una enfermedad muscular que nadie es capaz de sanar. El líder de Vanguardia sabe cual es el cometido de Aomame y la espera para que de fin a su tormentosa vida. Pero antes le dice cómo van a sucederse los acontecimientos. Le habla del gran amor que Aomame siente por Tengo y de lo que tiene que sacrificar para salvarle la vida. Toda una serie de argumentos y bagatelas que te alejan de lo que podría haber sido, tal vez, una trama adictiva. A partir de ahí se va poniendo cada vez más cansino. Entra en el tema de los perciever, los reciever, la daughter y los siete Littel Peopel y tengo la impresión de estar leyendo casi un poema de Gloria Fuertes. Y si además comparo a los protagonistas Murakami sale perdiendo porque Winston, era ateo. No cree en dios, pero entiende que existe un principio en el universo que termina destruyendo a aquellos que son malvados. Tal vez el espíritu del hombre. Él es el guardián del espíritu humano, mientras que Tengo, el protagonista de Murakami es un matemático con dotes para la narración pero incapaz de lanzarse al caos. Orwell salta a un futuro cercano y Murakami hipotetiza sobre un pasado cercano que podría haber sido otro del que ahora conocemos. Una ficción poco estimulante.

Tan sólo rescato de esta obra todo lo referente a la ciudad de los gatos. Ésta es la parte que para mi podría haber ocupado toda la novela por el peso de ficción y atracción que posee. Y, al igual que nos tiene acostumbrados Paul Auster en sus obras, Murakami también arroja buen cine, música y buenos libros dentro de sus viajes literarios. En cuanto a música cita la Sinfonietta de Janácek, lo más selecto de Bach y el Lachrimae de John Dowland. Sobre literatura rescata la maestría del Cantar de Heike, la Antología de los Cuentos del Pasado y las reglas narrativas de Chéjov. Al cine le dedica atención a Trono de sangre y La fortaleza escondida de Akira Kurosawa junto con La huida de Sam Peckinpah. No está nada mal, aunque todo ello queda deshilado de la narración, excepto la Sinfonietta, con la que logra un ritmo de intriga en el comienzo propio de un escritor al que se le espera tanto. Y lo que fue anunciado como su obra maestra se ha quedado en un folletín ambientado en un escenario con dos lunas, un amor melancólico y una crisálida borrosa. Aprovechando además para hacer publicidad patriótica de Toyota. No sólo es mala literatura sino que además 1Q84 de Haruki Murakami quiere tener tantos colores que pierde la advertencia grisácea orwelliana. Esta obra me hace entender lo poco que sabe Murakami de la tragedia de las guerras y lo fácil que es juzgar desde su sillón encumbrado. Aquí no hay nada de Orwell. Esto se acabó y poco me importa lo que contenga el tercer libro. Es una obra irrecuperable. Para mi, el resto, es silencio. Discúlpenme, amantes de Murakami, pero es que hasta el traductor no ha estado nada acertado.
Página 558
Aún así, la pongo a su disposición, para que ustedes mismos la lean y la valoren: Descargar. 

lunes, 31 de enero de 2011

Constatación brutal del presente, de Javier Avilés

¿Quién ahora sino Javier Avilés?, editor multiegoíco del metaliterario blog El lamento de Portnoy, ese mítico espacio para la reflexión más intelectual dedicada al cine y la literatura. Un debut, por mi parte, muy esperado, por la original posición en la que coloca su ojo crítico-fenomenológico para escudriñar la realidad siempre enmascarada. Su motor existencial avanza por túneles húmedos, tuberías estrechas, entre marañas de cables y tubos hacia una ficción ajena, recubierto de polvo y mugre, distanciado del texto, observándose así mismo escribir, hacia la muerte del narrador, contra la imposibilidad e inexistencia del lector, buscando el ideal en la nada, en la prisión catártica de una habitación milimétricamente habitada para el otro, afinada igual que la de Celso Castro, pero en clave grave de Do, con el ansia, el hambre y la sed de acelerar el tiempo hacia un apocalipsis que detone definitivamente lo narrativo, en pro de un mañana en el hoy. Y puesto que como apunta, con su arma brillante y aceitosa, ya todo está dicho en la literatura, lo único que puede suscitar el tránsito devendrá en la forma de contarlo. Esa puerta, hoy cerrada, nos dará paso a La Cúpula. Siga avanzando lector, no se detenga. La Constatación brutal del presente, y olvídese de ironías, podrá verificarse atendiendo al Sigma Fake de Allen Smith (el punto omega de Javier Avilés), documental que desmiente lo narrado y descubre la impostura de ese legendario funambulista, Phillipe Petit (actor en realidad), que cruzó en 1974 (todo mentira) por un cable de 60 metros de una a otra torre del Word Trade Center de Nueva York. Pura estafa, ficción mediática, pero a la postre real en la mente popular que lo presenció desde el celuloide. Y avanzando por estas tuberías-dendritas, nos traerá al recuerdo la literatura de Goethe o la supratécnica descriptiva de algunas de las mejores escenas de La chaqueta metálica de Kubrick, incluido el himno maquinal a Micky Mouse que cantan los soldados al final del largometraje por las orillas del Río del Perfume, uno de los lugares más asombrosos por los que he podido transitar, en ese viaje de contracultura que hice por Vietnam y asaltado, como no, por las imágenes de Apocalipsis Now, también referenciadas con el mismo afán. Un mapa cognitivo que nos despierta un dolor común, universal.

Javier Avilés innova una nueva literatura, despiadada, brutal, escatológica y dilatada, ampliando el texto cuadrilátero hasta el último aliento de su pulso articulado, sin tregua a la razón y consiguiendo párrafos de una profundidad artística. Hacia una captura nabokoviana de grises mariposas ceniza, símbolo implacable de la belleza en la muerte y la destrucción, nos va guiando poco a poco con sus teorías metaliterarias, por las ruinas que ha de atravesar para llegar , tal vez como lo hizo Cormac McCarthy por su carretera sanguinaria, a una textura literaria que emita luz y calor, que permita al pez soñar y al hombre del traje marrón superar su fuga Bartleby quinquenal, como brutalmente he podido constatar en esta tarde de lectura, oscuridad y fogonazos estroboscópicos hasta el metemerómofo más teatral. Me gusta desconocer a Javier Avilés. Le seguiré hasta ese ansiado final.


“Todo debe ser falso. Para que se pueda alcanzar la belleza, el escenario sobre el que se plasma debe ser falso.”