HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

jueves, 31 de diciembre de 2009

Lowboy de John Wray

Cierro este año convulso con la sexagésimo séptima lectura de una ruta repleta de múltiples literaturas huracanadas que me han permitido explorar nuevos estilos y temáticas sin dejar de vigilar a los sólidos y robustos clásicos. Y echo el cierre con un joven escritor neoyorkino afincado en el mismo distrito en el que vive Paul Auster o vivió Herman Melville, el barrio de Brooklyn.

En este caso John Wray publica su tercera novela y lo hace para tratar un tema complejo, la esquizofrenia y los trastornos paranoides. La historia te sumerge en su tensión de forma inmediata. Un joven de dieciseis años se escapa de Bellavista, un psiquiátrico en el que está internado en regimen completo, controlado a base de una ensalada de medicamentos: Lagactil, Clozapine, Zyprexa y Depakine. Al huir su madre se pone en contacto con la unidad de desaparecidos para que empiecen a buscarle y a partir de allí empezamos a conocer a los cinco personajes que completarán la obra en un escenario que destaca principalmente sobre los demás, el metro de Nueva York. Un nexo underground que nos recuerda al estilo contracultural del virtuoso Don Delillo en Submundo.

“No tienen ni idea de cómo funciona el Largactil, ni la Clozapine, ni ninguna de sus balas de plata. La esquizofrenia bien podría contraerse por ingerir azucar glas.”

Lowboy es el apodo que le pusieron las celadoras en Bellavista. Un lowboy es una cómoda baja, un objeto inútil que suele estar por casa, junto a los demás muebles. La novela nos permite profundizar en su historia, observar cómo interactua con los demás, percibir sus conflictos y mantenernos alerta por la manera que tiene de comunicarse con algunos personajes. En concreto con un señor que encuentra en un vagón de metro. Lowboy esconde una agresividad subyacente en su conducta, en sus contactos con el otro. Sufre delirios de persecución. Su mente ha creado a dos misterioros seres, Calavera y Esqueleto. Ambos aparecen y desaparecen dentro de las galerías del metro. Su miedo se manifiesta precisamente en el sitio más bonito del mundo para Lowboy. Union Square.

Durante la novela podremos leer las interesantes descripciones que hace de los vagones del metro. Comenta que son vehículos diseñados en base al miedo de ser atacado. Para empezar son impermeables,lo más cómodo para limpiarlo con una manguera en caso de derramamiento de sangre. Y están planteados para gente miedosa, nadie se sentaba de espaldas a nadie. Curioso.

En ciertos momentos Lowboy expone su extrañas teorías sobre diversos temas que no dejan de causar estupor. Uno de ellos el de las percas. Lowboy dice que las percas de los Grandes Lagos de Norteamerica se extingen. Dice que ya no hay crías porque las aguas contienen medicamentos. Al mear la gente los expulsa en el retrete y los retretes van al agua y ese agua es el que respiran los peces. Traminex, Zypresa y Depakine vertidos en los Gran Lagos. ¿Rocambolesco?

En fin. Una lectura muy interesante que complementa el conmoverdor caso de esquizofrenia de la hija del escritor Michael Greenberg, relatado en su primera novela llamada Hacia el amanecer y publicada también en este sugestivo año.

Bien. Aqui sello el cierre Blog 2009. Les deseo una potente entrada en el 2010 y que sus literarias visiones se cumplan hasta extremos hiperrealistas. Ha sido un placer compartir con ustedes el amor por la literatura. Yo me he empapado de ustedes y sé que ustedes han volado tal vez durante un minuto en este Alto Vacío dedicado a los Huracanes en papel. ¡Disfruten! El próximo año vienen cosas muy interesantes. Esto continua. La lectura es la fábrica de la imaginación que nos vuelve cada vez más libres. Hasta el año que viene, amantes de la Literatura de Altura.

domingo, 27 de diciembre de 2009

La náusea de Jean Paul Sartre


Su primera novela. Entró en el templo de la escritura y causó un verdadero estallido para la literatura. Sartre la terminó de escribir cuando contaba con 33 años, en 1936, y en ella arrojó todo su demiurgo filosófico y literario convirtiéndose en uno de los más importantes exponentes del existencialismo y el marxismo humanista. Su propuesta aún sigue vigente en nuestra literatura, si bien lo único que ha cambiado es la fragmentación de lo fenomenológico.

Estoy solo en esta calle blanca bordeada de jardines. Solo y libre. Pero esta libertad se parece un poco a la muerte.

La náusea de Sartre es deudora de la filosofía fenomenológica del Ser y tiempo de Heiddeger cargada de nihilismo, postmodernidad y post-capitalismo. Sartre siente una náusea que le posee, que le debilita, capturándole hacia el tedio, la melancolía y el desdén. Le fuerza a un estado meditabundo sobre la existencia evocada en los conceptos originales de Sören Kierkegaard. Padre-motor del existencialismo.

Mi pasado ha muerto.

El argumento va absorviéndote a cada renglón. Roquentin, el protagonista, inicia su diario un lunes, un lunes 29 de enero de 1932, y en él estampa sus impresiones cotidianas con una lenta morosidad que mucho tiene que ver con ese mundo absurdo y solitario en el que está inserto.

Doy unos pasos y me detengo. Saboreo el olvido total en que he caído. Estoy entre dos ciudades: una me ignora, la otra ya no me conoce. ¿Quién se acuerda de mí? Quizá una mujer joven y pesada en Londres... ¿Y acaso piensa en mí? Además está ese tipo, ese egipcio. Tal vez acaba de entrar en su cuarto, tal vez la ha tomado en sus brazos. No soy celoso; bien sé que ella sobrevive. Aunque me quisiera con toda el alma, sería un amor de muerta. Yo he tenido su último amor vivo. Pero con todo, él puede darle esto: placer.

La literatura de Sartre está totalmente engarzada con el estilo literario de Kafka y Queneau. Su protagonista vive en un mundo sin sentido, absurdo y sin fundamento. De repente pierde su vocación de historiador. Deja de interesarle el marqués de Rollebon. Sartre ve en la burguesía un velo de inteligibilidad para presenciar la existencia. Lo único que le calma es la carencia de explicaciones. Desea existir por existir. La escritura se convierte en su acto más coherente en sintonía con su ser. Aspira a crear una ficción, algo precioso y semilegendario: un libro.

Sartre quiso titular La náusea como un cuadro de Alberto Durero llamado Melancolía I. Gallimard le convenció con este otro. En este cuadro podemos ver en el centro a un ángel pensativo que se aferra al libro con su mano izquierda mientras con la derecha parece estar escribiendo lo que surge de su mundo interior. Concentrado en un problema que no puede resolver pero que tampoco puede desechar.


En la época de Durero se decía que los melancólicos eran malvados, avaros, mentirosos, olvidadizos, apáticos y con tendencia al estudio en soledad. El retrato del intelectual. La náusea es una declaración autobiográfica y escrita de forma narrativa, por consejo de Simone de Beauvoir, del propio deseo-necesidad de Jean-Paul Sartre de convertirse en escritor e intelectual aceptando todas sus consecuencias, incluso las desagradables. Esta obra, considerada como una de las cien joyas de la literatura, forzó a su autor a un tránsito irrevocable hacia una nueva vida dedicada al acto de la escritura, con la voluntad férrea que muestra el ángel en el centro del cuadro de Durero.

¿Soy yo quien ha cambiado? Si no soy yo, entonces es este cuarto, esta ciudad, esta naturaleza; hay que elegir. Creo que soy yo quien ha cambiado; es la solución más simple. También la más desagradable.

Sobre el final no quiero revelarles nada. Es impactante. Tan sólo decirles que se quedarán muy sorprendidos con lo que hace el personaje Autodidacto en la biblioteca. Les recomiendo que mientras finalizan de leer el Diario de Bouville, a partir del miércoles, escuchen todas las versiones que puedan del Some of these days, que nombra Ronquentin, el Raskolnikof de Sartre. Y eso es todo, amantes de la literatura de altura. Les confieso que nada más terminar de leerlo sentí ganas de escribir. Sentí unas irrefrenables ganas de inundar con pensamientos las aterradoras hojas en blanco que existen en mi imaginario existencialista. Algo me lo impide, no sé que es. Desconozco el motivo. De momento seguiré leyendo. Me apacigua y me libera, volar sobre letras que me roban la mirada. Ustedes me entienden.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Invisible de Paul Auster

La novela arranca con un inicial triángulo amoroso invisible. Muy invisible. El de Adam, Rudolf y Margot. Son personajes muy interesantes. Atraen nuestra atención pero en su interacción no convencen. Fallan las alianzas. Sin embargo los escenarios por los que se mueven poseen una literariedad muy visible y muy valiosa. Lo entenderán sobretodo cuando lleguen a la Isla del Diablo.

Me resultó muy interesante la relación que se crea entre Adam y Rudolf. Realmente es inverosímil, descabellada, sin embargo motiva durante la lectura intentar descubrir que le mueve a Rudolf plantearle la propuesta de una revista literaria que llevará al poeta francés Bertrand de Born como icono y estandarte de su proyecto.

Los signos de ambientación para evocar Nueva York con Riverside Park o el hotel de París son todo un acierto. La novela explota en intensidad cuando Adam y Rudolf son atracados en la calle por un negro con una pistola sin balas. Yo pensé inmediatamente que Rudolf había preparado todo el acontecimiento para hacerle a Adam una jugarreta con el dinero que le paga para empezar con el trabajo de edición de la revista. Pero no. Es una cosa muy rara. Cuando se metan en escena sentirán esa misma incertidumbre.

La novela destaca especialmente por su forma de tratar el incesto entre Adam y Gwyn. Sin culpa ninguna, puesto que según ellos no hacen daño a nadie. Todo queda en su interior. Un tema realmente espinoso, que habrá generado cierto erotismo en los lectores pero que en mi caso ha suscitado únicamente inverosimilitud y un profundo escepticismo hacia su literatura del veto moral. Se queda a medias. Y por otro lado creo que Auster es todo menos maestro en erotismo. En un punto muy curioso de la novela describe un episodio de sexualidad dentro de una biblioteca que resulta un tanto grotesco. Sigo pensando que los inicios de sus ideas son muy potentes, son visionarios, pero no se consagran en su desarrollo. Se vuelven viscosos.

Tengo que confesar que me fascinó encontrar en esta obra una extraña referencia de Auster hacia uno de nuestros mejores escritores vivos españoles. Al gran Vila-Matas. Califica sus libros de inútiles. Me quedé pasmado, isofacto. Vila-Matas inútil, ¡já! Es una afirmación terrible. ¡Monstruosa!

“Intenté leer pero, en aquellos momentos tal actividad se encontraba fuera del alcance de mis facultades de concentración. Todos los libros inútiles que había metido en la maleta para las vacaciones al sol. Novelas de Bernhard y Vila-Matas, poemas de Dupin, y Du Bouchet, ensayos de Sacks y Diderot: todos libros valiosos, pero ya inútiles, ahora que había llegado a mi destino.”

Después de esto no me preocupa en absoluto que Auster pueda molestarse con las ingeniosas críticas que le hace James Wood a su literatura.

Y para finalizar quiero aplaudir los enfoques que utiliza para tratar diferentes temas políticos, como el abuso que EEUU hace en la guerra contra Afganistán (el Vietnam de Obama), la pesadilla de las armas en Nueva York, el atentado contra las Torres Gemelas o el mayo del 68 francés. Junto a estos temas escoge también un tema de plena actualidad. La caída del Muro de Berlín. Comenta que constituyó uno de los acontecimientos más alarmantes de los últimos tiempos. La guerra fría había mantenido unido al mundo durante cuarenta y cuatro años en un simple pero efectivo universo binario compuesto de blanco y negro. Con la caída del muro entramos por lo tanto en un periodo de inestabilidad semejante al de los años previos a la Primera Guerra Mundial. Cuando ambas partes pueden hacerse desaparecer entre ellas ninguna aprieta el gatillo. Es un punto muerto permanente. La respuesta más elegante a la agresión militar en la historia de la humanidad. Interesante ¿no creen?

Pues nada más. Por mi parte aquí sello mis impresiones sobre la última obra de uno de los escritores más comerciales del planeta Tierra. Su final me gusta. Aún resuenan los martillazos contra esos pedruscos del colonialismo. Puedo decir que es la mejor novela que he leído de su repertorio, con un comienzo muy potente, como hizo con Un hombre en la oscuridad, a la que supera con creces sobretodo por centrarse en un ambiente mucho más literario, y con la que demuestra haberse empapado con muchísimas obras de la Literatura de Altura durante los siete meses que le costó escribirla en esa atractiva casa de Brooklyn repleta de libros. ¡Por cierto! Hace dos meses ha terminado de escribir otra novela muy finita que saldrá en 2010. Millones de personas la leeremos. Auster es un imán. ¡Disfrútenlo!
“Durante el resto de mi vida, esté donde esté, haga lo que haga, irá siempre conmigo.”

lunes, 7 de diciembre de 2009

Submundo de Don Delillo

La historia es el resultado de anhelos a gran escala.

Con esta épica he sido lector y testigo de la última victoria de ese fracaso anticipado que consiste en alcanzar la gran novela norteamericana. Una proeza que llevó a cabo su antecesor, Scott Fitzgerald, en El gran Gatsby con gran éxito, y lo que a su vez cerró casi todas las puertas a nuevas opciones de modernidad para la literatura. Sin embargo a Don Delillo aún le quedaba una bala: contar aquello que hay en los espacios en blanco. Describir esos momentos en los que la gente pone el televisor para escuchar los acontecimientos históricos, tal y como hizo en Libra con la muerte de JFK.

En Submundo esta vez elige un histórico partido de béisbol ocurrido en la ciudad de Nueva York por los años cincuenta para desarrollar su tesis. En ella expone como las civilizaciones no terminan de definirse por lo que son o por lo que creen sino que se definen por lo que desechan, por su basuras. Ahí reside la lúcida idea para un gran tránsito en la literatura, un gran apocalipsis literario. Delillo analiza los residuos de la mafia, la mugre de las guerras, espía los despojos arrojados por la civilización para mostrarnos el verdadero valor de la historia y de las personas.

Cotter Martin es un chaval de Harlem de 14 años. Es uno y a la vez es muchos porque representa esos anhelos que respiraba la ciudad en aquella época. 1951. El 3 de octubre, sin un céntimo en el bolsillo y en horario de escuela, saltó la valla de control del estadio de Nueva York junto con otros intrépidos hinchas para presenciar el partido de béisbol de los Giants contra los Doggers, los favoritos. De manera insólita Thomson, bateador de los Giants, hizo un home run que les dio el título para el equipo de Harlem. Cotter, sentado en las gradas, se hace con la pelota de esa victoria histórica. El mismo día la Unión Soviética probaba la bomba atómica. Y así arranca la novela, con una pelota de béisbol y una lejana pero temerosa bomba atómica.

New York Times. Portada del 4 de octubre de 1951.

Parelelamente y como referencia a la lucha que se producía entre un imperioso Goliat y un modesto David en los anales del deporte norteamericano, Delillo hace mención a un histórico combate de boxeo que tuvo lugar en Toledo, Ohio, el 4 de julio de 1919, entre Jack Dempsey VS Jesse Willard en el que Dempsey se coronó campeón del mundo de los pesos pesados. Aunque Willard era favorito Dempsey lo masacró derribándolo siete veces en el primer asalto y logrando el triunfo en el tercer round, como podrán ver en este video. Es espectacular. Una muchedumbre de hombres sigue la pelea a cuarenta y tres grados en mangas de camisa y sombreros de paja, muchos con pañuelos extendidos bajo el sombrero hasta los hombros, como si fueran disfrazados de árabes, y la enormidad de la paliza que soportó el gran Jess en aquel ardiente cuadrilátero blanco, el modo en el que el sudor y la sangre manaban vaporizados de su rostro cada vez que Dempsey le golpeaba. Fíjense ustedes.


PRÓLOGO: EL TRIUNFO DE LA MUERTE

Russ Hodges retransmitía el partido en ese día que amenazaba lluvia a los pocos que se habían acercado para verlo, agentes de seguros, ricachones de clubes nocturnos y peces gordos de Broadway. Entre el público, cerca del banquillo de los Giants se encontraban Frank Sinatra, Jackie Gleason, Toots Shor y J. Edgar Hoover, número uno de la administración de la nación.

A Hoover le cae en su hombro la página de una revista y esto le irrita. Clava su mirada en la imagen y descubre la reprsentación de un cuadro en color atiborrado de figuras medievales agonizantes o muertas, un paisaje de desolación y ruina visionarias. Edgar nunca ha visto un cuadro como aquel. Sobre la tierra rojiza y pardusca desfilan ejércitos de esqueletos. Hombres empalados en lanzas, colgados de horcas, clavados en ruedas de púas previamente aseguradas en árboles desnudos, cuerpos abiertos a los cuervos. Legiones de muertos que forman tras escudos hechos de tapas de ataúdes. La muerte en persona a lomos de un jamelgo esquelético, en busca de sangre, la guadaña presta mientras acucia a aturdidas masas de gente en dirección a la entrada de quién sabe que trampa mortal. La página proviene de la revista Life. Branca lanza.

El triunfo de la muerte - Pieter Bruegel (XVI) Pintura flamenca. El Prado. Madrid.

Edgar Hoover descubre en la mitad de la escena a una segunda muerta montada por un esqueleto. Si pinchan en la foto se abrirá el cuadro con una mayor resolución para examinarla. La postura es de carácter incuestionablemente sexual. Los muertos caen sobre los vivos. Y comienzan a darse cuenta de que los vivos son pecadores. Los jugadores de naipes, los amantes que juguetean, el rey envuelto por un manto de armiño y con su fortuna almacenada en los toneles. Los muertos han venido a vaciar las camtimploras de vino, a servir calaveras en bandeja a la gente de bien durante el almuerzo. Se ve gula, lujuria y codicia. Los viejos muertos follándose a los vivos. Terror universal. Los muertos extrayendo ataudes del suelo. Los muertos de la colina tañendo las viejas y ásperas campanas que repican por los pecados del mundo.

Este importante cuadro, tal vez donde reside el alma o el verdadero icono del Submundo de Don Delillo se encuentra en El Prado. Durante mucho tiempo estuvo en La Granja (Segovia) y al final fue cedido al museo. Pero antes sepan una cosa. El Metropolitan de Nueva York intentó hacerse con este cuadro y sus negociaciones fracasaron. Un B-52 y un avión nodriza colisionaron durante un reaprovisamiento rutinario a comienzos de 1966 y cuatro bombas de hidrógeno se estrellaron contra las costas españolas descargando material radiactivo. Las negociaciones por trasladar El triundo de la muerte de Bruegel a los EEUU como pago a la defensa que mantenía con sus fuerzas aéreas en España se interrumpieron por lo que el cuadro no se ha movido de su sitio. Sigue perteneciendo al fondo cultural español. En realidad las Bases Aéreas Norteamericanas son un peligro.

Y volvemos al partido. Thomson consigue un strike en la esquina interior. Bobby golpea en dos noventa y dos consiguiendo un sencillo y un doble. Marca el primer tanto de los Giants con un largo fly en el centro del campo. Brooklyn marcha en cabeza cuatro a dos. Branza lanza. No es un buen lanzamiento para golpear, es elevado y va por dentro, pero Thomson lanza el bate, que golpea la pelota como un mazazo, y todos, todos lo miran. Pafko corre hacia la esquina del campo izquierdo. Alcanza el muro. La gente se pregunta donde estará la pelota. Y Cotter, en la sección 35, ve venir la pelota en dirección a él. Siente como si su cuerpo se convirtiera en humo. Los Giants han ganado el título. Intuye que la pelota caerá por la segunda fila y en ese punto acierta a recibirla cuando un blanco estira su mano para engancharla y se produce entre ellos un forcejeo espartano.

Cotter, el chaval de catorce años, se hace con la pelota pero Bill, un tipo que se había sentado cerca de él, un blanco, le persigue incluso fuera del estadio para quitarsela y éste se escabulle hacia el Harlem para llevarse su trofeo. Es la bola que golpea Thomson y la que le da el triunfo a los Giants.

PARTE 1: LONG TALL SALLY (PRIMAVERA-VERANO 1992)

Aparece Nick en un Lexus. Tiene 57 años. Está en el desierto. Esto nos recuerda a la portada. A lo lejos ve acercarse un taxi neoyorkino. Dentro, casualidades de la vida va Klara Sax., una ex-novia y con ella van estudiantes de arte, historiadores, profesores, piratas informáticos ya hastiados en busca de un mundo sin redes computarizadas. Lucen camisetas impresas con las palabras Long Tall Sally. Sally es una mujer blanca esbelta muy sexy. Icono de la belleza y la fuerza de América. Luego descenderemos al submundo de este icono y al interesante contenido que subyace.

Nick trabaja como gestor de desechos. Sí. Basura. Hace un viaje de negocios. Conversa con su antigua amiga Klara que le enseña su actividad artística con los aviones. Aviones ruinosos. Un proyecto muy interesante. A los pocos días regresa a casa. Está casado con Marian y viven también con su madre. La madre de Nick.

Un día alguien le invita a ir al estadio de los Dodgers y allí le cuentan la historia del home run de Bobby Thomson y de un individuo de personalidad obsesiva que buscó afanosamente la famosa pelota del partido. Después de cuarenta años la gente aún rememora el gran golpe de Thomson.

Un día entra inesperadamente en una tienda dedicada a la condología. Condones de todos los tipos y usos. Escena genuina en la literatura que engarza con el submundo planteado por Delillo y la naturaleza de las civilizaciones.

Nick le regala a Marian, su mujer, un vuelo en globo el día de su cumpleaños.

Descubrimos que el padre de Nick desapareció un día. Salió a comprar un Lucky Strike y jamás regresó. El tabaco está muy presente en esta novela como recuerdo de lo traumático.

MANX MARTIN 1

Cotter regresa a casa con la pelota disimulando que estuvo en el colegio. Su hermana Rosie de dieciseis años está enfrascada en sus deberes. Tiene dos hermanos mayores, uno está en infantería y el otro en aviación. Hay dos norteaméricas. Una negra y otra blanca.

Cotter le enseña la pelota a su padre, Manx Martin, cuando llega a casa. Él no le cree. Es algo insólito. No sabe si le está tomando el pelo. Decide creerle y empieza a pensar en una importante ganancia.

PARTE 2: ELEGÍA PARA LA MANO IZQUIERDA (MEDIADOS DE LOS OCHENTA - COMIENZOS DE LOS NOVENTA)

El Asesino de la Autopista. Sepulturas espaciales.

PARTE 3: LA NUBE DEL DESCONOCIMIENTO (PRIMAVERA DE 1978)

La dietrología de la mafia, o la ciencia de lo que subyace en los sucesos, de el Llanero Solitario, del caballo Silver. Historia iconográfica. Muy interesante.

El secreto de Groenlandia ¿por qué no sabemos de nadie que ha estado allí? ¿por qué ocultaron la caida de un B-52 en la década de los 70?

Los zapatos spectator de Charlie Parker vestido de traje blanco en un club de jazz de Nueva York. Uno de los más grandes músicos de jazz, por no decir el mejor y de quien no podía prescindir para penetrar en el submundo de la historia de norteamerica.



MANX MARTIN 2

En esta parte de la novela rescata el cine de Sergéi Eisenstein para analizar su estilo en películas como Iván el terrible, Que viva México y El acorazado Potemkin, la película sobre la que más se ha escrito en toda la historia del cine. Su innovadora técnica de montaje sirvió de inspiración para el cine posterior. La elección de este icono de la cultura está en total sintonía con su tesis puesto que para Eisenstein el protagonista en sus obras es la masa, el pueblo... la civilización.

Relata el arte puramente vanguardista de Ismael Muñoz, el graffitero de los vagones del metro de Nueva York. Es un personaje ficticio. En esta parte volvemos a descender al excitante submundo. Nadie puede destronar a Muñoz. Era superior a todos los artistas de la ciudad. Como ven es otro icono imprescindible para que la obra rezume autenticidad. Debíamos recorrer el soterrado subway neoyorkino.


Y de vez en cuando va metiendo algún petardazo que otro contra el judaismo, contra sus incongruencias y sus clasismos.

“La propiedad lo es todo. Cada uno es producto de su propia geografía. Si eres un católico de Nueva York, eres judío. Si eres un judío de Butte, Montana, eres de lo menos judío que hay. Eres como un puré de patatas instantáneo.”

Uno de los mejores momentos de la obra se encuentra en la descripción del espectáculo que ofrecía Lenny Bruce, en 1962. Este cómico fue en 2004 colocado en el tercer puesto de la lista de los cien mejores comediantes que ha tenido norteamerica. Se trata de la conversación surrealista que Castro mantiene con el arcángel San Gabriel. Está descrito en la página 599. No lo puedo transcribir porque ocupa tres páginas enteras y creo que es de obligada lectura. La escena es treméndamente divertida y muy inteligente. El arcángel San Grabiel se aparece en el cielo, sobre La Habana. Los guardaspaldas de Castro le despiertan y él les dice, Dejadme en paz, pero ellos responden, es el mensajero de Dios, y Castro se monta en un helicóptero y sube a ver que pasa. El ángel lleva una túnica blanca y sostiene una trompeta flamígera en la mano, y Castro se extraña de ver que el tío es negro. Piensa, estupendo, un negro que sabe hablar, podremos mantener una auténtica conversación sin gilipolleces. Y le dice al ángel, Escucha, yo no creo en Dios, pero déjame que te pregunte una cosa: ¿de parte de quien estáis vosotros? Y el ángel dice, Solo te lo diré una vez: estamos de parte de quienes tengan béisbol y jazz. Dice Castro, nosotros tenemos béisbol y jazz. Lo llamamos música afrocubana y te encantaría, tío. Tiene un ritmo increíble. Y Gabriel dice: no me menosprecies cacho hijo de puta. Yo tocaba con Bird, por si no lo sabes. Sí, tocábamos juntos en Minton en los viejos tiempos. De acuerdo, ¿quieres saber de qué lado estamos? Estamos del lado de los que tengan madres y tarta de manzana. Y dice Castro, No problema. Los rusos tienen madres y tarta de manzana. La llaman yablochi pirog. Dice el ángel, Muy bien listillo, estamos del lado de los que tengan al Pato Donald, a Mickey Mouse y a la mafia. Y Castro dice, Maldita sea, a la mafia la echamos de Cuba, pero ¿cómo es posible que os aliéis con ellos? Dice el ángel, Porque Nuestro Señor Jesús tiene especial cariño a la mafia, y dice Castro, ¿Y eso?, y dice el ángel, ¿Qué te crees, tío? Es italiano.

Cuatro años más tarde Lenny Bruce moría a sus 40 años en su domicilio de Los Ángeles, de intoxicación aguda por morfina, desnudo en el suelo de su cuarto de baño, las extremidades rígidas, la nariz destilando mucosidades, los ojos vidriosos y aún abiertos, la jeringa aún clavada en el brazo. Una fotografía policial de 20x25 de su cuerpo hinchado -fotografía que bien podría haberse titulado El triunfo de la muerte- figuraba en los archivos personales del director. Unas horas depués de ser descubierto el cadáver empezó a circular el rumor de que había muerto asesinado por el Estado, debido a un efecto paranoide de la época.



Una de sus frases más legendarias fue:

Si no me amáis incondicionalmente, moriré. Tales son los términos de nuestra relación.



Durante una de sus actuaciones en el Cafe Au Go Go, del Greenwich Village neoyorquino, en 1964, Bruce usó más de 100 palabras obscenas. Agentes de policía camuflados asistieron a la actuación, y después testificaron contra Bruce. La acusación fue ofrecer una actuación obscena.

Sus actuaciones incluían gráficas descripciones del sexo oral, por ejemplo, además de la historia de un hombre cojo que intenta evitarse el trayecto por el pasillo de su casa hasta el cuarto de baño orinando en el fregadero de la cocina. Su fama se cimentó en ácidos monólogos en los que hablaba de sexo, religión, racismo, jazz, ética, política, patriotismo, leyes, aborto, drogas, el Ku Klux Klan y judaismo. En buena parte de la década de los sesenta fue considerado un paria, ahora se le valora como el hombre que cambió por completo el concepto de stand-up comedy, los monólogos humorísticos que EEUU ha exportado a todo el mundo, incluida España.

En este punto abro un inciso para comentarles que existe una película de Bob Fosse realizó un biopic con Dustin Hoffman quien interpreta el papel de Lenny. Es interesante adentrarse en la ambientación. No es una gran película pero sí es entrañable y nos permite conocer como eran los espectáculos de Lenny Bruce. Aquí les dejo el punto de descarga.


La frase más beatnik que aparece en el libro es el “¡Vamos a morir todos!”, la que gritaba Lenny en su espectáculo. Aquello era la revolución de la psique, un lamento surgido de sus propias almas, de ese desesperado lugar sepultado al que uno exige el reconocimiento de sus derechos y necesidades primordiales. El momento cumbre de un sermón excéntrico soltado con acento hard bop a la chusma del desierto.

Vivían en la era de las bombas de megatones, armas basadas en organismos patógenos, destrucción, la guerra contra Vietnam, el bloqueo contra Cuba, espectáculos conspirativos para cripto-niños. Tiempos en los que un equipo de guerrilla urbana proyectaba un asalto a las basuras del número 4936 de Thirtieth Place, Northwest, Washington, DC. Aquello era el fin del mundo por triplicado. Querían llevárse la basura de gira. Alquilar salas en las principales ciudades. Contratar sociólogos de izquierda para que las analizaran artículo por artículo. Hippies dispuestos a frotarse el cuerpo desnudo con ella. Poco menos que a follársela. Poetas que escribían poemas al respecto. Y, finalmente, en la última ciudad de la gira, planeaban comérsela. Y luego, defecarla, en público. Algo tan normal como sacar la basura se covertía de pronto en fuente de la más profunda ansiedad.

“Según los dogmas beatnik era el enfermizo estado de Norteamerica lo que había producido la bomba. [...] Todo el paisaje beat estaba dominado por la bomba. Siempre lo había estado. Los beats no necesitaban una crisis de los misiles para pensar en la bomba. La bomba era la referencia más próxima que tenían de la endeblez moral de América, a ese país culpable de la existencia de altas chimeneas industriales y de grandes ciudades impersonales, dominada por la revista Time y J. Edgar Hoover, en la que la gente se encogía sobre sus tazas de café a lo largo de un millar de cafés de carretera azotados por la lluvia en las praderas de jazz, trotskistas secretos y patéticas ninfómanas de coños budistas.”

En el Submundo de Don Delillo está esa voz tan peligrosa para el Estado, la voz de los grupos secretos de insurgentes, anarquistas y revolucionarios de mirada inquieta, que se esfuerzan por desencadenar un tránsito, un cambio apocalíptico y exitoso. Ante esto, la apasionada tarea del Estado consiste en refrenarlos, estrechando el puño y preservando su derecho a controlar la mayor fuerza destructiva posible. Con las armas nucleares, dicho poder se identificaba con el Estado. El hongo nuclear representaba la divinidad de la Destrucción y la Ruina. El Estado controla los medios del Apocalipsis. Pero algún día las ideas se tornaran insurgentes y renacerán las bandas rebeldes, hombres y mujeres de cabellos largos, desaliñados y follando a diestro y siniestro, avanzando hacia la resistencia armada y organizada, intentando quebrantar al Estado e instaurar el fin del orden existente. En este punto describe una performance activista en protesta de las injusticias del sistema. En sus gritos está marcada la insurgencia.

Los desechos de la sociedad.
Un bebé asiático muerto por cada mocasín de Gucci.
¡Vietnam! ¡Ámalo o déjalo!
¡Asesinos blancos con pajarita negra!

Don Delillo nos descubre el contenido que subyace en los iconos de norteamérica para que descubramos su verdadera historia. Uno de ellos es la Long Tall Sally que hay pintada en el morro del B-52. Una rubia esbelta de largas piernas muy sexy. La verdadera era una negra a la que Little Richard le dedicó una canción que lleva su nombre, Long Tall Sally. Su Sally estaba en un callejón. Y el viejo tío John en el callejón con ella. Hecha a correr. Con todo lo que hay que tener. Yes baby woo baby. Vamos a divertirnos esta noche. Pero en realidad se trataba de una canción escrita por una mujer negra de Apaoloosa, Mississippi. Richard añadió los toques finales.


MANX MARTIN 3

Manx, el padre de Cotter, consigue hacer la venta de la pelota histórica, la bola del home run.

PARTE 6: ARREGLO EN GRIS Y NEGRO (OTOÑO 1951 - VERANO 1952)

Los datos del histórico partido de béisbol tienen relación con el número trece, el número de la muerte, el número de la transformación. Encuentra signos de ese número en la mayor parte de las informaciones que giran en torno al partido.

Sus multiples personajes se desnudan para mostrarnos como son y cómo les hizo la historia. En este punto hay una frase muy interesante cuando Matty, entusiasmada con el Catecismo de Baltimore, observa en la lección quinta una ilustración en la que aparece un hombre y una mujer relativamente desnudos bajo un manzano con una serpiente enrollada en una rama. Al ver eso llama a su hermano Michael Kalenka y le pide que identifique al hombre y a la mujer. Mientras él reflexiona ella le dice que los que están en la foto son los primeros padres de todos nosotros. Michael Kalenka sonrie y dice:

“Tarzán y Jane.”

Al poco después inicia un discurso sobre la ciencia. Arroja descripciones muy interesantes sobre aspectos de la realidad. Evolución, gestación, tránsito, población, universo, energía, masa, cifras, letras, mapas, átomos...

¿Cómo es de pequeño el átomo? Os lo diré. Si las personas tuvieran el tamaño de átomos la población de nuestro planeta cabría en la cabeza de un alfiler.

Y la trama se cierra con una escena muy potente. Con un estallido. Nick se dirige a casa. Es de noche. Asciende por una estrecha calle en dirección a su edificio. Siente un impulso y se desvía por la puerta de una verja y desciende por unos escalones en dirección a los traspatios, a los sótanos. El pasadizo exterior no tenía luz y tanteó las paredes en busca de la puerta que daba acceso al interior. Percibió el aroma a piedra húmeda. El portero había estado regando los suelos. Entró y pasó junto al cuerto de calderas hasta alcanzar la puerta que había al final del pasillo. George estaba como siempre en la habitación, haciendo un solitario. Nick se sienta con él a charlar y a echar una partida. Rien y juegan a las cartas durante una hora. George le dice a Nick que le quiere enseñar algo que ha encontrado hace un par de día dentro de un coche abandonado. Y saca del estante una escopeta. Una recortada. Con un cañón de cinco centímetros.
Nick la coge para observarla. Se pone de pie. La sopesa. Tiene en las manos un arma clandestina. Es vieja, está oxidada y desgastada. Es un trozo básicamente de chatarra. Nick empezó a adoptar una pose con ella como si fuera la pistola de un pirata o una vieja sílex de Kentucky. George sonrie. Nick le pregunta si está cargada. Contesta que no lo está y sonrie más abiertamente. Nick aprieta el gatillo. Y un estruendo retumbó en la estancia. Él se quedó allí pensando débilmente que no lo había hecho. Fijó la mirada en la sonrisa de George y le pareció que reinaba un espíritu de desafío. ¿Por qué iba a decir el tipo que no si estaba cargada?

Cuando le condujeron hasta el coche patrulla había gente en los escalones de las casas, en bata, algunos, y cabezas en numerosas ventanas, pálidas y contritas, y cierto número de jóvenes se habían acercado a las proximidades del coche, algunos a los que conocía bien y a otros de pasada, y le escrutaron fijamente con expresión solemne, pensando esto es como una historia que ha ocurrido, aquí, en sus propias calles, remotas y corrientes.

EPÍLOGO (DAS KAPITAL)

Esta es la parte más moderna de la novela. Aquí hace un análisis de la cultura, la globalización, internet, la industria, las sociedades, residuos radiactivos, basuras y religión. Uno de los temas más interesantes es el referido a esos enfermos que se acercan en masa a minas de uranio para curarse. Llegan de Europa, Canadá y Australia, con sus muletas y sus sillas de ruedas, y se sientan en túneles bajo las montañas de Montana, allí donde las emisiones de radón son varios cientos de veces superiores al nivel de seguridad federal. Intentan curarse de artritis, diabetes, ceguera y cáncer. Cuentan historas de perros parlíticos que se han levantado y han echado a andar.

Una empresa de residuos usa como logo de empresa una gaviota. Las gaviotas se abalanzan sobre montañas de basura y siguen a los buques a la espera del destello de las expulsiones que sueltan por la popa.

En Dallas fabrican heces sintéticas, excremento humano simulado para poner a prueba distintas calidades de pañales y otras prendas protectoras. Se vende en forma de mezcla seca compuesta de almidones, fibras, resinas, gelatinas y polivinilos.

http://blk.www/dd.com/miraculum

El link está roto. El servidor de esta dirección no se encuentra operativo. Misterio. He estado a punto de escribir a Seix Barral para notificarlo pero estoy seguro de que ellos ya lo saben. Esta obra la escribió Delillo en 1997. Hace doce años. Internet también sufre las inclemencias del tiempo.

Pues bien. Esto es todo por mi parte. Y ahora tan sólo decirles que tener el Submundo de Don Delillo en las manos es como sujetar los últimos cincuenta años de la historia underground de Norteamérica entre sus manos. Supone sujetar los despojos y amasijos culturales de la ciudad de Nueva York. Masticarlos. Descubrir nuevos sabores gracias a la Literatura de Altura de Don Delillo, a su visión apocalíptica, la visión del tránsito. Y como águilas cósmicas en un vuelo circular fijarán su poderosa mirada en las basuras de este condenado país, basuras comestibles que son mejores que lo que en otros países se sirve en la mesa. Veran que tienen basuras con las que uno puede amueblarse la casa y dar de comer a sus hijos. Reconocer el opulento botín de ropas que la gente tira a la basura y que uno puede ponerse con toda tranquilidad. ¡Qué distinto si hacemos un recuerdo de los antiguos mayas! Ellos no enterraban a sus muertos con joyas relucientes ni con otros objetos de valor. Los mayas enterraban a sus muertos con jarrones rotos, quebrados, tazas desportilladas y brazaletes sucios. Utilizaban a sus muertos como un perfecto sistema para deshacerse de la basura. Porca miseria.

“Todo va depositándose indeleblemente en el pasado.”

domingo, 22 de noviembre de 2009

Ferdydurke de Witold Gombrowicz

Literatura traidora. Gombrowitcz lucha contra la "Forma". En ella ve al monstruo de la inmadurez, a la máscara estancada que petrifica la vitalidad del arte, la filosofía o la literatura. Atacó los cimientos ideológicos de la patria, la Alta Cultura de la tradición, la virilidad absurda y todos los signos del territorio nacional occidental moderno. Sus textos generaron una textualidad próxima a lo que Deleuze y Guattari llamaron literatura menor, literatura desterritorializada.

¿No entendéis que precisamente desde el punto de vista de la forma, del estilo, no hay nada que dé resultados más desastrosos, ya que aquel que se encuentra en una situación artificial, en una posición de baratillo, no es capaz de pronunciar ni una palabra que no sea de baratillo?

Ferdydurke fue la primera novela de Witold Gombrowicz, escrita poco tiempo antes de estallar la Segunda Guerra Mundial en Polonia y publicada en Varsovia en 1937. Witold experimentó todo lo que pudo con el lenguaje, creando neologismos, fusionando conceptos y saltándose los esteriotipos de la forma lingüística. Llegó a Buenos Aires durante el viaje inaugural del trasatlántico Chroby en 1939. En esa semana los nazis invadían Polonia. Gombrowicz rechazó su plaza para regresar en el crucero. No sentía ningún tipo de nostalgia. Allí conoció a un grupo de jóvenes interesados en una nueva literatura que hicieron todo lo posible por traducirla durante seis meses en las tertulias del Café Rex. La obra se puso a la venta a través de la editorial Argos en 1947. No tuvo ningún éxito y pasó dificultades económicas. En esa primera edición su autor dijo que sólo se parecía de lejos al Ferdydurke original, puesto que el lenguaje ofrecía grandes dificultades para los traductores. Y así es. Hay que tener cuidado con la edición. Algunas de ellas arrastran al lector a equívocos. Cuanto más antiguas peor. Ferdydurke está considerada como una de las mejores novelas del siglo XX. Sin embargo han tenido que pasar setenta años para que en España podamos disponer de una traducción fiel entre el polaco y el castellano que exprese las irónicas y rebeldes parrafadas de uno de los escritores más transparentes de la Literatura con mayúsculas. Pero ya se sabe que nunca es tarde si la dicha es buena.

Ernesto Sábato la declaró como una payasada metafísica en la que delirantemente estaban en juego los más graves dilemas de la existencia del hombre. En su lectura podemos encontrar los destellos de un Hamlet gombrowicziano que se emborracha de locura para encontrar un orden en la propia locura. Su locura es fingida. Sigue atendiendo a la simetría mientras aprovecha para experimentar y rondar a su presa, cansarla, agotarla, para que baje sus defensas y sea ella quien se ponga en evidencia mostrando su simbolismo secreto hasta desnudarse. Aquí es donde reside, a mi modo de ver, la genialidad de Gombrowicz, del nuevo Hamlet moderno. Al igual que en el enfoque que hace sobre la identidad, una identidad que depende en suma mayoría del contexto cultural y social del individuo.

“En realidad estamos en presencia de una mezcolanza compuesta de múltiples emociones y de muchas personas que, influyéndose mutuamente, producen una emoción colectiva.”

Witold Gombrowicz dijo que el supremo anhelo de Ferdydurke era encontrar la forma para la inmadurez, lo cual era imposible. Lo que quería conseguir a toda costa era una mayor libertad de palabra en este campo de la cultura, donde el escritor malo no puede decir nada porque es malo y el bueno tampoco puede decir algo porque es bueno. Así que Ferdydurke tiene un doble aspecto: por un lado es un relato y una novela, una descripción y, por otro, un acto de su lucha personal con la forma.

El ser humano no se expresa de manera directa y de acuerdo con su naturaleza, sino por medio de una forma definida, y esta forma, este estilo, esta manera de ser, no proviene sólo de nosotros, sino que nos vienen impuestos desde fuera. Y hé aquí por qué la misma persona puede manifestarse por fuera de modo sabio o necio, sanguinario o angelical, maduro o inmaduro, según el estilo que le pase por la cabeza y en función de su dependencia de la otra gente. Y si los gusanos y los insectos trajinan todo el santo día en pos de alimento, nosotros perseguimos sin cesar la forma.

Destaco especialmente todo el contenido del capitulo Filidor forrado de niño y seguidamente el microrrelato de Filiberto forrado de niño donde aparece el marqués de Filiberthe, Philippe Hertal de Filiberthe. Todo un personaje. No sólo es divertidísimo, sino de una literariedad artística. Conjuga surrealismo y crítica provocando un efecto muy potente en nuestro raciocinio y nuestra imaginación. Es genial. No tiene desperdicio. Yo lo releí varias veces y en cada una me brotó una carcajada. Es mejor leerlo del propio libro pero aun así lo voy a sintetizar para compartirlo con ustedes y tenerlo de recuerdo. Quien lo desee puede omitir la lectura de este siguiente párrafo. El resto es silencio.

El coronel de zuavos, sentado en las gradas de una pista de tenis envidia el juego perfecto de los tenistas y para impresionar a su prometida dispara con su pistola en medio del juego a la pelota. Los jugadores sin pelota que mueven sin sentido sus raquetas terminan zarandeándose entre ellos en su combate. La bala traspasa la pelota y le da a un industrial y armador que observa el partido de tenis en la gradería de sol. La esposa abofetea a la persona que siente sentado a su lado que resultar ser epiléptico y cae al suelo entre convulsiones, espasmos y espuma por la boca. El graderío aplaude. Mimetismo absurdo. Philippe Hertal de Filiberthe. Sale al centro de la pista como un gentlemen para pedir que ofendan a su mujer. Treinta y seis caballeros a paso lento y parsimonioso se acercan a la marquesa para insultarla y así sentirse también unos gentleman. Mimetismo absurdo. La marquesa malparió del susto. Filiberto forrado de niño de forma inesperada se sintió avergonzado y se fue a casa mientras una tempestad de aplausos estallaba entre el público.

“¡Has llegado al remate
te declaro botarate! ”

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Una novelita lumpen de Roberto Bolaño

Una pequeña joya de la literatura. Un relato muy bien construido. Potente. Genera tensión y ofrece escenas muy bien delimitadas con personajes claramente definidos que suelen estar ausentes en la cultura oficial. Por eso mismo están más vivos en la novela. Poseen el infrarrealismo necesario para despertar todas nuestras curiosidades. Se lee con angustia y con ternura. Bianca, la protagonista, es una especie de Lisbeth Salander, pero sin computadora ni tramas financieras. Mucho más real.

Bianca y su hermano se han quedado huérfanos, su padres han muerto en un accidente de coche y la pensión que les da el estado no les llega para vivir decentemente, así que deberán hacer algo para tirar para adelante.

La novela empieza con una situación trágica que deja en el desamparo a dos jóvenes a muy corta edad. Bianca resulta más madura que su hermano y enseguida busca trabajo en una peluquería. Su hermano prefiere meterse en casa para ver películas pornográficas y cultivar su cuerpo. Un día trae a casa a dos tipos que hacen culturismo y con los que mantiene conversaciones obsesivas sobre anabolizantes, aparatos de gimnasia, ejercicios y campeonatos. Pero lo interesante es que los días que viven en su casa han preparado la comida, la cena y han limpiado toda la casa recogiendo cada cuarto y manteniendo el baño impoluto con lejía. A Bianca la han respetado en cada gesto y su única preocupación es competir en el mundo del culturismo. Aunque Bianca siente el impulso de desconfiar de ellos y revisar los armarios por si se han llevado algo, descubre constantemente que son personas honestas.

La psicosis de la delincuencia se manifiesta reiteradamente en su vida como una toxicomanía de la que debe escapar. La falta de dinero y la amputación de un futuro seguro le llevará a conocer a Maciste, un personaje muy peculiar de este mundillo del culturismo que salía en películas de serie B como
Maciste contra los tártaros, y que ostentó en su día el título de Campeón del Mundo de Culturismo. Ahora está ciego, sin embargo tiene mucho dinero. Sospechan que lo puede guardar en una caja fuerte dentro de su mansión. Maciste como todas las personas tiene necesidades sexuales y estas serán la puerta de entrada para que Bianca se introduzca en su laberinto plastificado. Entre ellos se crea una historia de sentimientos lumpen, sentimientos al fin y al cabo que desatarán el amor y las dudas.

Y en este ambiente lateral, anexo, contiguo y lumpen se desarrolla el relato. El ambiente de marginalidad permite que nos involucremos totalmente en la historia e intentemos descubrir como se sienten y como son sus vidas. Bolaño coloca casualmente en manos de Bianca un test de la revista
Donna Moderna para que podamos entender la cosmogonía de su universo existencial. Todas y cada una de las respuestas son la llave para que entremos en una realidad más potente que nos salve de la artificiosidad y el convencionalismo. Ya sólo por lo que contiene este test seremos propietarios de una nueva literatura. La literatura infrarrealista. Los amantes de la literatura de altura estamos de enhorabuena. Regresa el Bolaño que más amamos, el escritor que levanta huracanes en papel desde el Olimpo de la Contracultura, desde su alto vacío, en la cumbre de la Eternidad.

martes, 17 de noviembre de 2009

Un lugar llamado Oreja de Perro de Iván Thays

Se trata de un híbrido entre Una cuestión personal de Kenzaburo Oé e Insensatez de Horacio Castellanos Moya, rebajado en intensidad dramática y existencialismo. Fue finalista del Premio Herralde 2008 aunque para la crítica supuso un claro empate con Casi nunca del mexicano Daniel Sada. En total competían doscientas cuarenta y cuatro novelas. Así que estamos ante la más afilada literatura latinoamericana contemporánea de autores vivos.

Un lugar llamado Oreja de Perro es un relato introspectivo protagonizado por un hombre que acaba de perder a Paulo, su hijo de cuatro años y que ve cómo su matrimonio con Mónica se rompe. Tiene como encargo acudir como periodista a Oreja de Perro, una diminuta y perdida aldea que pertenece al distrito de Chungui, en el departamento de Ayacucho, Perú. Este recóndito lugar, que aparece en el territorio como un trozo de animal, como una oreja arrojada lejos del cuerpo, fue masacrado por el terrorismo más sangriento en los años de Fujimori y vive a la espera de un reconocimiento que permita hacer las paces con la memoria y con la historia de Perú. De momento sólo les queda esperar.

Lo peor de Oreja de Perro es el silencio. Un silencio cargado de moscas.

El protagonista llega despedazado anímicamente a este traumático lugar que está en sintonía con sus fantasmas de muerte, aislamiento e interrupción del futuro. Todo queda paralizado. En el albergue comparte habitación con Scamarone, un fotógrafo que fue corresponsal de guerra en distintos países con quien no será fácil interactuar por su napoleónico ego pero que pone un punto de cordura a los desvaríos de su tormento.

“La soledad de Oreja de Perro es mala consejera, sus moscas son unas musas gordas y sin gracia. Sólo saben hacer ruido. Aumentan la sensación de encierro.”

En la taberna conocerá a dos mujeres, Jazmín y Maru, dos personalidades opuestas que le llevarán sistemáticamente a rememorar su pasado triste y anubarrado y le servirán de catalizador para entender en que momento de su vida se encuentran sus vínculos afectivos.

“Somos dos que acabamos de hacer el amor y ahora vamos de la mano a buscar un cigarro. Así de simple son las cosas. Ésos son los mares en que nos sumergimos.”

Iván Thays nada en el lago de sus sentimientos más íntimos. Puedes notar incluso el pálpito de sus pensamientos más livianos y la acción de un verbo encadenado. Tiene la virtud de acercarnos sibilinamente a sus escenarios conflictivos mientras intenta curarse al describir la realidad deshecha y fragmentada, y nosotros atendemos al espectáculo rutinario del dolor y la amnesia que harán girar las ruedas dentadas de un reloj cualquiera que nos empuje a un nuevo tránsito catártico. Pero antes de eso habremos de reconocer nuestra estructura más animal o el zoo de facetas que manejamos en nuestra vida. Una por una.

“Hacemos reír a los que queremos que nos amen, como micos. Somos fieles a nuestros amigos, como perros. Comemos la fruta con la mano como los conejos. Inflamos nuestros cachetes llenos de comida y la rumiamos lentamente como las ratas. Dejamos de ser nosotros mismos, cambiamos de piel como serpientes. Nos aprovechamos de los demás como buitres. Terminamos meando encima de lo que creemos nuestro, como felinos. Nos reímos como hienas, lanzamos zarpazos de pánico como osos. Mónica me dio el primer beso cerrando los labios, haciendo un pico, como un pájaro. O como un animal extraordinario, incomprensible, un ornitorrinco. Cuando su útero soportaba el peso de Paulo parecía un marsupial. Una larga y ondulada madre canguro.”

El juego de metáforas que realiza durante toda la novela es muy atractivo, igual que la recapitulación de contexto. Actúan de valla, acotan la materia de análisis. Está claro que la literatura de Thays es otra forma de combatir la realidad, tal vez con un estilo más refinado, más aséptico, más taimado, como un búho agarrado a la rama de un árbol con inmensos ojos trabajando en los sucesos, consumiéndose. Es un autor que promete, que dará al mundo de la literatura una obra muy importante cuando se concentre en el estilo y deje de lado la metaliteratura. En un lugar llamado Oreja de Perro sólo hemos conocido una pequeña parte de las cualidades de Iván Thays. Esta ha sido su oreja literaria. El día que arroje todos sus sentidos al relato, latinoamerica le podrá confiar sus secretos identitarios al nuevo narrador contemporáneo. Estamos en tránsito.

He escuchado con toda claridad lo que me quieren decir sobre tu futuro. Y esas voces te aconsejan que te rindas, que aceptes que te han vencido. A veces es bueno rendirse y no seguir luchando, recoger tus restos y empezar de nuevo.”

domingo, 15 de noviembre de 2009

Amberville de Tim Davys

Ópera prima de Tim Davys, un sueco que aunque empezó a leer tarde desea narrar sus propias ficciones mientras se adapta a la vida neoyorkina. Jorge Herralde dijo que fue una de las sorpresas y uno de los libros más peleados de la Feria de Frankfurt de 2008. Se trata de un thriller convertido en fábula donde los personajes son animales de peluche que viven en una peculiar ciudad llamada Mollisan Town, metrópoli de gansters, clubs de jazz, luces de neón y ambiente puramente neoyorkino.

Amberville
es un barrio de Mollisan Town, una imaginaria ciudad habitada por animales de peluche, donde Eric Oso y su esposa Emma Coneja viven muy felices en un apartamento lujoso de Uxbridge Street. Se encuentran en un momento de su vida espléndido. Él trabaja en Mollisan Town Advertising, la agencia de publicidad más prestigiosa de la ciudad. Pero claro, esto no puede perdurar, no sería literario. El pernicioso pasado de Eric llamará a la puerta de su casa.

Frunció sus cejas, bordadas a punto de cruz, mientras se llevaba una mano a la dolorida cabeza. No obstante y simultáneamente, un destello de picardía asomó a los botones negros de sus ojos.

Por la mañana temprano mientras Eric Oso aún remolonea en la cama después de que Emma se hubiera marchado a trabajar a su estudio, le hacen una intempestiva y estrepitosa visita Nicholas Paloma y sus gorilas, dueño del Casino Monokowskij y uno de los animales de peluche más peligrosos de Mollisan Town, que además controla la mayor parte del crimen organizado de esa barriada y para quien trabajó de recadero en el pasado. Necesita que le haga un favor: borrarle de la Lista de la Muerte. Y se lo pide a él porque su madre, Edda Rinoceronte, es la jefa del Ministerio de Medio Ambiente, el ministerio que controla la Lista de Crías y la limpieza de indeseables gracias a los Conductores, personas que van en furgonetas rojas saneando la ciudad. Él es el más apropiado para hacerse con esa lista y borrarle. De lo contrario, Nicholas Paloma que teme por su vida, descuartizará a su amada Emma Coneja. Así que metido en este brete Eric Oso decide reunir a los antiguos integrantes de su banda, Sam Gacela, Tom-Tom Corneja y Serpiente Marek. Su obsesión: encontrar a Magnus, el supuesto escritor de la Lista de la Muerte.

La portada utiliza una versión, adaptada a esta fábula, de uno de los cuadros más famosos de nuestra pintura contemporanea, el Nighthawks (Halcones de la noche) de Edward Hopper, o si lo prefieren, "Los noctámbulos del Phillies", un diner urbano del barrio natal de Hopper en Manhattan, con tres personas sentadas a la barra junto al camarero, y que aquí ha sido sustituido por el diner de Mollisan frecuentado por animales de peluche. El cuadro es un icono del realismo, la soledad y la alienación existencial. Pintado en 1942. Hopper célebre sobre todo por sus retratos de la soledad en la vida norteamericana contemporánea dibujaba imágenes urbanas inmersas en el silencio, en un espacio real y metafísico a la vez, que comunica al espectador un sentimiento de alejamiento del tema y del ambiente en el que está inmerso bastante fuerte. Hopper consigue esto por medio de una esmerada composición geométrica del lienzo, por un sofisticado juego de luces, frías, cortantes e intencionadamente "artificiales", y por una extraordinaria síntesis de los detalles. La escena aparece casi siempre desierta; en sus cuadros casi nunca encontramos más de una figura humana, y cuando hay más de uno lo que destaca es la alienación de los temas y la imposibilidad de comunicación resultante, que agudiza la soledad. Un cuadro que conecta realmente con el espíritu de la primera obra de Tim Davys y con su mensaje subyacente.


Encontraremos influencias de películas como El halcón maltés, Dick Tracy, Quién engañó a Robet Rabbit, Los soprano, Scarface, El padrino o Dexter. Eric Oso es una especie de Dick Tracy envuelto en un enredo con mafiosos.

Lo que más destaca en esta ficción es que en esta ciudad pasan cosas un tanto sospechosas. Hay conductores de furgonetas rojas que tiene la misión de quitarle la vida todos los años a animales de peluche que han sido seleccionados por motivos totalmente desconocidos. Y por otro lado existen también conductores de furgonetas verdes con una "Lista de Crías" que se encargan de entrar a la ciudad nuevos animales de peluche. Pero estas listas tienen también una interesante relación con Rut Rata, la Reina del Vertedero y los Limpiadores, el complemento de los Conductores. Y por supuesto con un pinguino llamado Odenrick, el fadux de la Sagrada Bastante. Eric Oso llegará a descubrir toda la trama por un chivatazo de Noé Camello.

La ciudad de Mollisan Town guarda secretos oscuros. Sus habitantes se hacen algunas preguntas. ¿Por qué habrían de fabricarse nuevos peluches? ¿Por qué debían ser retirados por los Conductores aquellos que ya existían en Mollisan Town? ¿Por qué vivían todos en el miedo, manifiesto o disimulado, que les infundía lo que los aguardaba en la otra vida? Y ¿quien había instaurado un sitema tan cruel? En la "Lista de la Muerte" se encuentran 18 nombres y sólo uno puede ser borrado o absuelto.

Eramos predecibles y, por tanto más fáciles de manejar para el Estado. A todos nos entregan con los mismos instintos, más o menos. Las generaciones anteriores, como las posteriores, reaccionarán como nosotros, eso se da por hecho.

Tim Davys, que estudió psicología, introduce durante la narración varias ideas funcionalistas sobre la bondad y la maldad, para darle más juego a la trama en la que están inmersos los personajes. Un signo claro que denota su fiel adaptación a la cultura de EEUU, la cuna del funcionalismo:

“La maldad existe en las experiencias. Jamás en las intenciones.”
“La maldad es lo que su víctima experimenta. Y nada más.”
“La maldad pura es un resultado, no una intención.”
“La maldad pura es una experiencia.”

Analiza también el efecto que la iglesia y las religiones tienen en los individuos y porqué se hace tan importante dentro de las sociedades, incluso en Mollisan Town.

“Si la vida de los peluches no tuviese fin, la iglesia no existiría. [...] Todos los rituales y los escritos, las ceremonias y los preceptos que constituían el mundo de la iglesia y su orden adquirían su fuerza en esa sencilla realidad: que la vida, tal y como la conocíamos, era finita. Y que la otra vida, la que por razones obvias, sólo conoceríamos después, no existiría más que en razón de la fe y de una dulce esperanza.”

La situación en la que están vinculados Eric y su hermano gemelo, Teddy, nos llevarán igualmente a plantearnos ciertos temas éticos o morales sobre la apariencia de determinados actos en los que su última finalidad podrían resultarnos incluso bondadosos.

“Existen situaciones en que lo bueno no es evidente. Dejar de contar algo es ocultarlo. Ocultar algo es engañar. Y contarlo es engañar. Y contarlo es arrasar con aquello que tanto ha tardado en construir.”

Ambos hermanos aman a la misma peluche. A Emma Conejo. Por lo que se crea un muy original triángulo amoroso que guarda una constante en su conflicto afectivo:

“Desear el mal ajeno era propio de los envidiosos.”

Amberville es una novela para adolescentes primerizos. Intenta ser madura pero no consige introducirnos en dualismos que ejerciten los estados más abstractos de nuestra conciencia. Se queda en un singular thriller psicológico de peluches norteamericanos, sin pistolas, sin disparos, sin atracos y sin humo. No suscita mucha tensión. Estoy seguro que en la Feria de Frankfurt 2008 se pujaron por obras superiores que no traten evidencias que tenemos ya tan masticadas. Veremos como evolucionan sus próximas novelas.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

La casa en el confín de la Tierra de William Hope Hodgson

Creo que es el cierzo. Llega el frío y cuando me meto en casa siento ganas de enclaustrarme entre mis libros mientras el viento se calma. Pero esta idea de soledad lleva oculta en realidad un deseo por acercarme a las historias de terror contadas en una noche cerrada y silenciosa. Y eso es lo que he hecho. Con esta obra me adentré en múltiples dimensiones del arte. Me interesaba el autor. Era del Círculo de Lovecraft. Mundos Exteriores y Horror Sobrenatural. Pero antes fíjense. La imagen de la portada como verán es impactante. Es un dibujo del inquietante polaco Zdzisław Beksiński. Murió asesinado a puñaladas en su casa de Varsovia en 2005, a los 75 años. Lo mató el hijo adolescente de la persona que cuidaba de Beksiński por negarse a darle un préstamo. Beksiński entró en la escena artística de su país en la década de los 50 y destacó por sus interpretaciones abstractas de esqueletos, sus criaturas monstruosas y otras imágenes apocalípticas evocadoras de la muerte y la decadencia. Es una pena que la editorial Valdemar haya recortado la imagen original privándonos del verdadero horizonte que pintó Beksiński. Bueno, no importa, yo se la muestro íntegra, más abajo. El bicho horrendo que sale con la cabeza vendada y ensangrentada tiene muy poco que ver con las Criaturas-cerdo que ponen en jaque al protagonista y que detalla de una manera que no concuerda con la imagen de Beksiński. Puede que él no leyera la novela de Hodgson:

Tenía una boca y una mandibula grotescamente humanas, pero no podía decirse que tuviera barbilla. Su nariz se prolongaba en un hocico que, junto con los ojos pequeños y las extrñas orejas, le daba un extraordinario aspecto de cerdo. Tenía la frente escasa y la cara de un desagradable color blancuzco.

Lo importante es que los escenarios sí que están en sintonía con las ficciones góticas de Hodgson. Marcan un ambiente fantasmagórico muy rico en detalles surrealistas, oníricos y tenebrosos, que deseo que observen antes de entrar en estos confines de la Tierra.











Terrorífico e interesante, ¿verdad? Pues bien... ahora conozcamos al escritor. William Hope Hodgson (1875-1918) es sin duda uno de los representantes más originales de lo que se ha dado en llamar el «cuento materialista de terror». Nacido en Essex, Gran Bretaña en 1877. A los 13 años se enroló en la marina mercante, lo cual le permitió navegar por todo el mundo. Ocho años más tarde decide volver a tierra, cansado del mar y de la mala vida llevada por los marineros. En Inglaterra trabajó como fotógrafo y como profesor de gimnasia en una escuela de Blackburn. Abrió un gimnasio que no tuvo mucho éxito, aunque hay una anécdota un tanto perversa que sí se hizo famosa. Hodgson le planteó un reto a Houdini.

Los días 24 y 25 de Octubre de 1902 salieron unos anuncios en la prensa que preparaban el gran reto. Hodgson había preparado el terreno con mucha sabiduría. La fama de Houdini como escapista ya era grande por no decir que única. Es por eso que William debió redactar estas sospechosas palabras que le envió a Houdini en una carta. Tal vez estaba usando el ingenio para vencer la habilidad de Houdini:

Condiciones:

  1. Traeré mis propios grilletes.
  2. Usted traerá los suyos.
  3. Si usted no se libera el premio será donado a la enfermería Blackburn(¿tramposo pero altruista?)

Si gana usted seré el primero en felicitarle. En caso contrario, la enfermería saldrá beneficiada.


Houdini aceptó el reto en otra escueta carta. Con ello aceptaba también las condiciones. O al menos las aceptó en un principio.

En el Palace Theatre, Houdini y Hodgson serían atados de manos con grilletes. También se les ataría las muñecas y las piernas. Ganaría el que antes se escapase de esa trampa autoimpuesta. Curiosamente, podemos dudar que Houdini pudiese escapar de la trampa que su rival le había preparado. Pero todo son especulaciones. Los hechos que conocemos son los que narra una crónica de un periódico de esa época.

Al parecer Houdini se quejó de buenas a primeras de los grilletes de su rival. Decía que estaban falsificados, que los veía forzados. Hodgson respondió que las condiciones que habían impuesto se habían aceptado previamente: “Cada uno usaría sus propios grilletes”. Ese era un argumento impecable. Es por ello que siguieron adelante con el reto frente a un interesado y morboso público que probablemente quisiera contemplar a Houdini y apostase por él más que por el desconocido maestro de gimnasia.

Al cabo de media hora de forcejeos el hermano de Houdini, entre la concurrencia, pidió que liberasen las manos de su hermano para que le circulase la sangre durante unos minutos. El doctor de la sala le apoyó y dijo que era lo más conveniente. Pero Hodgson se negó en redondo. Ese no era el trato y debió sospechar de la mala fe de su contrincante.

Tres cuartos de hora más y Houdini consiguió liberar sus manos. Eso le hizo volver a pedir tiempo prestado para que le circulase la sangre y al cabo de diez minutos seguir con el resto de la liberación(muñecas y piernas). Hodgson, testarudo, se volvió a negar. Él ya se había liberado aunque éste es un punto que no queda explicado con nitidez en la crónica. Lo que está claro es que cuando Houdini liberó el resto de su cuerpo le dijo a la audiencia que en catorce años de profesión nunca le habían tratado con tanta brutalidad y que (erre que erre) los grilletes del otro estaban forzados, no eran tan “legales” como los suyos. Pero ya para entonces un policía había ordenado a Hodgson salir de la sala para evitar disturbios y la tormenta de público airado que se le avecinaba. A las doce y cuarto de esa mañana la gente abandonó más o menos decepcionada el teatro.

Más tarde Hodgson alegaría que él no había falsificado nada y que ya era mucho no haberse retirado de la competición cuando el otro le había recriminado tanto y con tanta injusticia. ¿Quién estaba en lo cierto? Bien... Había unas condiciones pactadas y Hodgson las siguió al pie de la letra. Atendiendo a ese detalle nuestro escritor es irreprochable. Pero sólo son conjeturas. Como podemos conjeturar también si Houdini pagó o no el dinero a la enfermería Blackburn.

Al poco de esta anécdota Hodgson cambió la gimnasia por la escritura. Por esa época Hodgson, además de sus artículos a las revistas deportivas, también escribía artículos y ensayos sobre temas marineros o sociales en gacetas literarias. Viendo que en el pequeño pueblo de Blackburn el negocio se le estaba viniendo a pique, y nunca mejor dicho, ya debió comenzar a sopesar la idea de hacerse escritor a tiempo completo. Y comenzó su carrera literaria.

La asombrosa facilidad de Hodgson para recrear atmósferas angustiosas y oprimentes fascinó a H.P. Lovecraft y los escritores de su círculo. A propósito de esta obra, decía Lovecraft:

«La casa en el confín de la tierra (1908) -quizá la mejor de todas las obras de Hodgson- trata de un caserón solitario y temido de Irlanda, que constituye el centro de espantosas fuerzas del trasmundo y soporta el asedio de híbridas y blasfemas anormalidades que surgen de secretos abismos inferiores. Los vagabundeos del espíritu del narrador durante ilimitados años-luz del espacio cósmico y kalpas de eternidad y su asistencia a la destrucción final del sistema solar, son algo casi único en la literatura fantástica. Por lo demás, a lo largo de la historia se pone de manifiesto la capacidad del autor para sugerir horrores vagos y emboscados en un escenario natural.»

H.P. Lovecraft y Clark Ashton Smith lo reivindicaron como maestro de la escuela norteamericana del Horror Sobrenatural junto a Ambrose Bierce y otros. Una etiqueta muy bien designada. El relato te pone los pelos de punta. Hay momentos en los que sientes la subida de una descarga eléctrica por la espina dorsal.

La casa en el confín de la Tierra incluye elementos como Criaturas-cerdo, el Orbe Blanco, la morada del Eterno, lo Inefable, el Mar del Sueño, la sombra del Sol Muerto, el Dios-Asno y múltiples detalles imaginarios que rondan por la mansión que está en rapport con otra remota y tremenda casa ubicada en una Llanura rojiza incomparable (lo único que en la portada se ajusta al relato) en un sorprendente viaje a través del tiempo y el espacio. La trama es muy sencilla. Dos amigos se van a una aldea de Ardrahan, un lugar remoto en el oeste de Irlanda para pescar en un río que uno de ellos encontró por casualidad no hace mucho en unas anteriores vacaciones. Descendiendo río abajo por el inhóspito paraje descubren unas ruinas dentro de un bosque sombrío de lo que en tiempos debió ser una mansión, y allí se topan con un manuscrito lleno de barro que resulta ser el diario de quien allí vivió durante mucho tiempo.

La entrada en el relato es adictiva. Genera mucha curiosidad, nos guste o no este tipo de género. El desarrollo es coherente, razonado, todo discurre dentro de la normalidad y el escenario empieza a resultar inquietante. Sin darte cuenta das un salto en el tiempo para intentar descubrir que ha sucedido en esas ruinas que en el pueblo dicen ser habitadas por el diablo.

Tengo que decir que hay párrafos en los que el anciano cruza puertas a un espacio interestelar que pueden resultar un tanto farragosos y aburridos, perjudicando el hilo de angustia que se crea en torno a la casa y a sus moradores en el confín de la Tierra. De todas maneras siempre es interesante visualizar nuevos escenarios nunca narrados en otros géneros. Si les digo la verdad yo llegé a pensar que Hodgson escribía bajo los efectos de algún tipo de alucinógeno. Las alteraciones de la percepción son constantes en muchos tramos.

Los dos últimos capitulos son frenéticos, terroríficos. Hodgson debió de acabar exahusto tras terminar de escribirla. Durante la lectura puedes percibir incluso el sudor de sus temores. Lo más interesante es el entorno de la casa siniestra de Ardrahan con su torre y el pozo tenebroso por el que se escapan las criaturas de las tinieblas. Me ha gustado mucho el final. Es potente y aumenta el realismo de la atmósfera sobrenatural. Estas historias en otoño, encerrado en casa, mientras el viento empuja las ventanas, pueden reactivar todos y cada uno de los poros de su piel. Asegúrense de cerrar bien el pestillo de la puerta e intenten no hacer caso a los ruidos extraños de su casa.

Bueno. Y para finalizar, no quiero cerrar la entrada de este blog sin recomendarles que le presten mucha atención al comic de Richard Corben. Es el Spilberg del cómic de terror adaptando obras de Edgar Allan Poe o Lovecraft. El guión es de Simon Revelstroke, otro maestro. Yo lo leí después de acabar con el relato de Hodgson y me ha resultado no sólo fascinante sino magistral. Conecta fielmente con la atmósfera original. Es un muy interesante complemento. Los dibujos y el texto convierten las ochenta y cuatro páginas del cómic en el bien llamado noveno arte. La editorial Norma lo tiene descatalogado así que desde Huracanes en papello pongo a su disposición para que puedan disfrutarlo enteramente:

La casa en el confín de la Tierra - Richard Corben (2000)








¡Qué lo disfruten! Me alegrará conocer sus impresiones tras su lectura. Yo sobreviví a la experiencia. Mi corazón sigue latiendo incluso con más fuerza. Buen provecho.