HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

lunes, 28 de junio de 2010

El insoportable Bassington, de Saki

“—Comus —dijo, en voz baja y cansada—, tu caso es el opuesto al de la Caja de Pandora. Tienes todo el encanto y las virtudes que un chico podría desear para abrirse camino en la vida, y al final de todo ello guardas el don maldito y fatal de la desesperanza más absoluta.”

Comus Bassington es el atractivo y frívolo hijo de la viuda Francesca Bassington. Irresponsable y desagradecido. Si su madre no consigue que éste se case con la sobrina de su vieja amiga Shopie Chetroff, propietaria de la casa en la que viven, perderá el hogar que tanta felicidad le reporta porque la dueña se lo cederá a Emmeline Chetroff para su matrimonio. Una casa situada en Blue Street, el corazón aristocrático de Londres, en Westminster, símbolo de la monarquía inglesa. Dentro hay dos tesoros: el salón de té y un cuadro de Adam Frans van der Meulen. La casa tiene alma. Los hilos deben empezar a moverse cuanto antes. La hipocresía da mucho juego.

El insoportable Bassington nos lleva al retrato satírico de la clase alta británica en los albores del siglo veinte y a la manera de enfrentarse a lo socialmente correcto para sobrevivir entre clichés y costumbres implantadas. Ellos deben aparentar poder político y fortuna, al estilo gentleman. Ellas, ser unas perfectas flapper, adeptas a la moda de faldas cortas, lucir un corte de pelo estilo bob cut, no usar corsé, escuchar y bailar jazz, fumar, beber alcoholes de alta graduación y conducir a gran velocidad como si fueran réplicas humanas de Betty Boop. Si Comus no consigue su posición social le espera otro destino. De Westminster irá directo a África.

Esta fue la primera novela corta de Saki, pseudónimo literario de Héctor Hugh Munro, un escritor nacido en la antigua Birmania, al que Borges calificó como el Oscar Wilde de su tiempo por la trivialidad y delicadeza de sus relatos en cuya íntima trama se debatía lo más amargo y cruel de las circunstancias.

Saki dejó escrito en esta novela que un veinte por ciento de las presuntas obras maestras que colgaban del Louvre estaban atribuidas erróneamente. El tiempo le ha dado la razón. Incluso se quedó corto. Aquí pueden ver el supuesto Van der Meulen que yo sospecho colgaba sobre el armarito de marquetería de la pared del entrañable salón de Francisca Bassington, la sala de estar en la que guardaba los servicios de té de Worcester de tan vivos colores y sus diversos tesoros del pasado. Este cuadro contiene las claves del drama del inaguantable Comus Bassington. Si lo leen sabrán por qué. Sobre todo les hará pensar.

Arrivée de Louis XIV au camp devant Maastricht (1673)

En cuanto a los seis relatos que incluye esta edición de la editorial Valdemar ninguno de ellos me ha gustado, tal vez destaco El almanaque por su despiadada crítica al uso de la predicción. Echo en falta sobre todo su cuento más famoso, La ventana abierta. De todas maneras tengo claro que es uno de los autores a los que de seguro volveré. Engancha. Ha sido un lujo toparme con él mientras exploraba l'actualité littéraire. Téngalo en cuenta. Se reirán con su humor negro y les devolverá la pasión por la literatura. Esto ya es un buen motivo para acertar. Disfruten.

miércoles, 23 de junio de 2010

La venus de las pieles y otros relatos, de Leopold Sacher-Masoch

Ha sido terrible. Siento un peso en el pecho. Como una gruesa placa metálica que oprime mis blandos pulmones impidiéndome respirar. Como si las galerías por donde transita el oxígeno hubieran quedado obstruidas, en un estado de hipoxia fatal. Esta obra ha mermado la capacidad de mi expresión nada más terminar de leerla y sin embargo necesito explicarme para romper la falta de impulso verbal. Es como si la literatura de Sacher-Masoch hubiera creado un estado nefasto de confusión y de temor en mi palabra. Su ficción me ha herido. Leer puede suponer también una experiencia adversa y fatigosa, pues lo real es que soy víctima de una nebulosa paralizante en mi razón. Tengo cierta dificultad para visualizar lo que me ha pasado mientras leía. Y a la vez sé que debo desencriptar lo que reposa subyacente en toda esta porfía de lujuria masoquista. Así que voy a emprender un catártico esfuerzo de síntesis para arrojar mis impresiones y parte de mi penalidad al silencio de la blogosfera. Esto tiene que quedar grabado en el tiempo.

"te lo suplico, dame patadas, si no me volveré loco"


Velvet Underground - Venus de las pieles

Al comenzar la lectura me sedujo en parte la propuesta de Severin. De repente los roles convencionales de sexualidad se transformaron por completo. De arriba a abajo. De martillo a yunque, como diría el Fausto de Goethe. El hombre pasaba a manos de la mujer. Expuesto íntegramente a su merced. A su despotismo veleidoso. La idea era interesante, experimental. Ahora soy consciente de la gravedad de este asunto. De ahí mi tensión. Creo que sufrirlo como lector me ha permitido liberarme a la postre de la subliminalidad de esta algolagnia caprichosa y cruel.

“siento en lo más profundo de mi ser cómo mi vida depende de la tuya; si te separas de mi moriré, sucumbiré.”

Severin se comporta como un asno con la Venus de las pieles, para encandilarla, pero sobre todo, a mi juicio, para instalarse en las comodidades ventajosas de la potentada mujer. Su sierva invitación procede de las garras de un lobo sediento de lujos y extravagancias. Su severidad y su placer queda desenmascarado tras inocular en la Venus de las pieles el veneno del egoísmo y la dominación. Un regalo difícil de rechazar por la morbosa actitud inicial de amor y admiración. El juego patológico que desencadena esta perversión erótica genera una enfermiza relación amo-esclavo, en la que se describe meticulosamente las prácticas sexuales de dos amantes dispuestos a llegar a la raíz de la depravación más indigna, hacia una sucinta vejación in crescendo y brutal. Mezclando fascinación, amor, deseo, sexualidad, fetichismo, poder, libertad, roles de género, dependencia, contrato social y límites del placer. El vínculo entre ellos se inicia por medio de una atractiva propuesta de poder y dominación. Severín le pide a Wanda que le ate, que le golpee, le humille y le sodomice. Descaradamente. Sin privación. Una relación claramente escandalosa de masoquismo. En esta obra, encontrarán las minuciosas confesiones de Severin von Kusiemski, un hipersensual que asegura encontrar placer en el sufrimiento, en el azote del látigo y la humillación, a través de los tormentos más terribles, incluso la muerte si llegara. Solemne ¿verdad? Pues aún hay más.

“Yo quiero ser el yunque. No puedo ser feliz si miro con desprecio a mi amada. Quiero adorar a una mujer, y eso sólo puedo hacerlo si es cruel conmigo. [...] Tan solo se puede amar lo que está por encima de nosotros, una mujer que nos somete con su belleza, su temperamento, su espíritu, su fuerza de voluntad, que sea despótica.”

En un balneario de los Montes Cárpatos de Austria, conoce a Wanda von Dunajew, la Venus de las pieles, de la que quedará prendidamente enamorado por su belleza y sus coquetos encantos. Musa de su depravación le pide insistentemente ser su esclavo, ser el mártir del ideal que ella representa: una dama de grandeza egoísta, como lo fue Catalina II de Rusia o Dalila, la perdición de Sansón.

“Si no puedo gozar plenamente de la dicha del amor, entonces quiero saborear sus dolores, sus tormentos, hasta el final, entonces quiero ser maltratado, traicionado por la mujer a la que amo, y cuanta mayor sea su crueldad, tanto mejor. ¡También eso es un placer!”

Tras mucha resistencia por parte de Wanda y un dialogo de titanes, las claves del juego se van asentando poco a poco.

“Pues claro -dijo ella-, presta atención a lo que voy a decirte: nunca te sientas seguro con una mujer a la que amas, pues la naturaleza de la mujer alberga más peligros de los que crees. Las mujeres no son tan buenas, como dicen sus admiradores y defensores, ni tan malas como las pintan sus enemigos. El carácter de la mujer es la falta de carácter.”

Severin consigue presentar con severos argumentos su solicitud de mortificación y Wanda termina aceptando excitada esta propuesta de subyugación. Todas las apetencias y deseos se describen con desmesurada transparencia, inmortalizadas ya en el apellido de este autor. Hacerse atar, azotar y humillar por una mujer corpulenta vestida con pieles de armiño, similar a la que Tiziano pintó en 1555 en su obra Venus con espejo.

“Yo quiero ser el yunque. No puedo ser feliz si miro con desprecio a mi amada. Quiero adorar a una mujer, y eso sólo puedo hacerlo si es cruel conmigo.”

Wanda poco a poco va tomando conciencia y desplegando las diversas emociones que las posibilidades de su rol de dueña le permiten, y gracias a la literatura de Sacher-Masoch podemos profundizar fielmente en la psicología de ambos personajes socabados en su cometido excepcional.

“Para que tengas toda la sensación de estar en mis manos, he añadido un segundo documento en el que declaras que estás decidido a quitarte la vida. Puedo incluso matarte si quiero.”

Y como colofón hiperdesaforado la furia y el deseo de control llegará a su extremo cuando Wanda, la Venus de las pieles, redacte el contrato que Severin deberá firmar como esclavo , e incluso admitir en sus escenas de sumisión a un tercer amante, Apolo, el griego. Para exasperar más sus nervios o, mejor aún, su sensualidad demoníaca insatisfecha.

El señor Severin von Kusiemski deja de ser en el día de hoy el prometido de la señora Wanda von Dunajew y renuncia a todos sus derechos como tal; en cambio se obliga con su palabra de honor como hombre y caballero a ser en adelante el esclavo de la susodicha y además hasta el momento en que ella misma le devuelva la libertad.

En su condición de esclavo de la señora von Dunajew habrá de obedecer al nombre de Gregor, cumplir incondicionalmente cada uno de sus deseos, obedecer cada una de sus órdenes, tratar a su propietaria con la debida sumisión, considerar cada signo de su favor como una merced extraordinaria.

La señora von Denajew no podrá castigar únicamente a su esclavo por cualquier falta o descuido, según su buen parecer, sino que también tendrá el derecho a maltratarle según capricho o tan sólo por entretenerse, como ella tenga en consideración, incluso a matarle, si así lo estima; en suma, ejercerá sobre él un derecho de propietario ilimitado.

En el caso de que la señora von Denejew tuviera a bien devolver la libertad a su esclavo, el señor Severin von Kusiemski se compromete a olvidar todo lo que haya conocido y soportado como esclavo nunca jamás, bajo ninguna circunstancia, pensará en venganza y represalias.

La señora von Dunajew, por su parte, promete aparecer ante él, como su señora, siempre que sea posible, vestida con pieles, en especial cuando haya sido cruel con su esclavo.


Al leer el contrato, Severin siente un profundo espanto y empieza a pensar en una retracción, pero la demencia de la ciega pasión le arrebata. Aún tiene aguante para continuar y ella se arma de ayuda para encontrar los límites y "curarle".

“Mientras ella me azota, el semblante de Wanda adquiere ese carácter cruel y burlón que a mí me embelesa de forma tan siniestra.”

A los latigazos y la risa cruel de Wanda se le suman los ignominiosos latigazos de Apolo, y uno tras otro terminan arrancándole toda la poesía que alojaba su lascivia fantasía, hasta llevarle al saco, a la red de la mujer traicionera, a la miseria, a la esclavitud y al abandono, porque ella coge las maletas y desaparece con el griego, mientras él queda ensangrentado por los latigazos y encogido como una lombriz a la que se pisa. La historia se repite en cada nuevo vinculo creado desde una relación de masoquismo. El que golpea se cansa de su víctima y la deja para encontrar a alguien que le aporte fortaleza.

Severin, al leer de nuevo sus confesiones, añade una interesante moraleja. Por un lado dice que quien se deja azotar, merece que le azoten y por otro dice que

“La mujer tal y como la ha creado la naturaleza y como se relaciona en el presente con el hombre, es su enemigo, y sólo puede ser su esclava o su déspota, pero nunca su compañera. Sólo podrá ser esto último, cuando gocen de los mismos derechos, cuando haya igualdad en la formación y en el trabajo.”

Lo que está claro es que ni los monos sagrados de Benarés (nombre con el que calificaba Schopenhauer a la mujer) ni el gallo de Platón son la imagen de la perfección. Esta es la historia de otra des-ilusión. La experiencia ha sido terrible. Tengo la sensación de que el alma del escritor estaba determinada por una constante súplica. Descubrí durante la lectura que las últimas palabras Leopold von Sacher-Masoch justo antes de morir fueron "ámame".

En cuanto a los otros relatos, también recreados con pieles de armiño, poseen en común la venganza; la venganza de La zarina negra; la venganza de una mujer Vendida; la venganza de Teresa contra el pintor Friedrich Briege en La novela de un egoísta; la venganza en Un duelo americano entre un artista y un coronel por una mujer traidora, donde las cartas de una baraja decidirán sus destinos. Rojo, vida. Negro, muerte. A esto le sigue la venganza de Warndorf hacia una femme incomprise, tras pasar Una prueba cruel; la Venganza femenina de Nadeschda von Olsufiev contra la princesa Katinka Gagarin para hacerse con el amor del conde Dimitri Strogonoff, su preferido; la venganza de la señora Mellin contra el capitán Pauloff por medio de una tortura de Amor con el bastón del sargento; la captura del talentoso pianista Theodor Döhler por medio de las estratagemas de la princesa C, en un escenario romántico y pastoril que recuerda a las pinturas de Caspar David Friedrich y para finalizar el relato de Las amigas y sus celos de conquista. Un broche que remata la serie narrativa regresando al tema de la belleza despiadada y a la necesidad de servir y hacerse esclavo de una cruel mujer. Francamente terrible. Una literatura a la que jamás volveré. Tengo la impresión de que Sacher-Masoch nunca leyó ni a Walt Whitman ni a Friedrich Hölderlin. Sólo aboga al sufrimiento y al dolor. Un erotismo antinatural del que por fin me he liberado. La síntesis termina aquí.

lunes, 14 de junio de 2010

Fin, de David Monteagudo

El título me agarró. Sobrio. Determinante. Apocalíptico. No quise leer la trama y retuve un dato mucho más revelador mostrado en la solapa. David Monteagudo descubría su vocación literaria a los cuarenta años. Esta era su primera novela. Entendí que se trataba de una ficción de insurgencia en completo estado de tránsito y al leer la primera página me sentí adherido y en sintonía con la situación, con el arranque de la novela. La llamada de teléfono explosionó en mi atención y lo compré inquietante. Los personajes eran ordinarios, personas normales y corrientes. Cualquiera de nosotros. Un grupo de antiguos amigos después de muchos años se citaban en un refugio de montaña para pasar un fin de semana. Ya no tienen nada en común, excepto el amargo recuerdo de un turbio episodio contra uno de ellos, Andrés "El Profeta". Armados con todo tipo de artefactos tecnológicos, móviles, relojes, coches y todoterrenos, sufren un fulminante apagón eléctrico que les deja completamente incomunicados. Un hecho insólito que empezará a traer poco a poco más quebraderos de cabeza.

El progreso de la obra viene determinada por la aparición inaudita de diversos animales asociada a la desaparición de estos amigos. Un corzo, un buitre, cabras, un oso, leones, un camello, galgos, un tigre. Situaciones kafkianas que hacen replantearse a cada uno de ellos lo que les está pasando, de tal manera que nos hacen testigos de sus conflictos y su imaginario resolutivo. Constantemente se mantiene la tensión de una posible venganza por parte de "El profeta", o bien la vivencia de un sueño colectivo.

“a lo mejor los que desaparecen vuelven al mundo normal, al de verdad, porque esto, esta situación... Algo pasó allí, aquella noche, en el refugio, una fractura... a lo mejor hemos pasado a otra... a otra dimensión. ¡Yo qué sé! Y los que desaparecen vuelven al mundo normal...”

Los capítulos están titulados con los nombres de los nueve personajes. Hugo, Cova, María, Ginés, Nieves, Amparo, Ibañez, Maribel y Rafa. En el transcurso de los acontecimientos, hacen lo que les dicta la lógica pero empiezan a desconfiar de su método de salvación.

“Vamos a ver... -dice Amparo, con un gesto de irritación-. Es que a mí... a mí me da mucha rabia eso de explicarlo todo con un sueño. Es como las películas: la típica película en la que van pasando cosas, un montón de cosas, y luego, como no saben cómo acabarla... pues resulta que todo era un sueño, y ya está: a cobrar por el guión... ¡No te jode! Como si no notara una la diferencia entre estar soñando y estar despierta...”

El objetivo consiste en llegar a Villallana, la Capital. Hacia el sur. Cada vez se ven más coches parados. Estrellados. Todo el mundo ha desaparecido. No encuentran a nadie, ni si quiera muertos. Nadie. Y mientras, ellos siguen enfrentados a sus propios conflictos de conciencia. Quietud, inactividad. Peligro inminente. Llegarán a oír un lamento inarmónico formado por una infinidad de voces, un grito inarticulado y grave, sonoro y vibrante, múltiple como el que podría producir un gigantesco instrumento de metal. Un sonido que tiene el sello del dolor y la desesperación, que suena cada vez más fuerte y que se oye con más intensidad mientras ellos se acercan con las bicis, rodando hacia el horrible y quejumbroso bramido. Suena cerca. Debe de estar cerca. Al final sólo quedará uno, en un escenario apocalíptico y revelador.

Fin posee un planteamiento arriesgado muy bien presentado. Los dos primeros capítulos pueden hacer huir a más de un lector, pero si confían en el proyecto de innovación de Monteagudo y traspasan esa barrera quedarán muy satisfechos. Es un híbrido entre La carretera de McCarthy y el guion de R.E.C. El misterio va creciendo paulatinamente lo que te lleva a leerla de tirón. Las descripciones son austeras, poco literarias, destinadas más bien a profundizar en la acción. Destaco principalmente la escena de los galgos en la gasolinera y el vínculo final entre María y Ginés. La transformación en Eva y su crítica a reconocer la falta de amor son el destello que más perdura en mi memoria.

Casualmente llevé esta novela el fin de semana pasado a una casa rural en la que me junto con unos muy buenos amigos, todos los años, pero no lo toqué. Como dije no sabía ni de qué trataba. También estuvimos observando las estrellas con un telescopio y disfrutando del ambiente rural, como hacen los personajes de Monteagudo. Ahora sé que todo habría sido diferente en caso de haberla leído antes de entrar por ese pórtico soriano del siglo XVII. No duden en leerla. Sobre todo si son asiduos a la escapada rural. Los silencios se convertirán en una presencia más. Puede que palpable. Disfruten. Teman. Exploren. Nosotros no hemos desaparecido. Existimos.

viernes, 11 de junio de 2010

Cuentos carnívoros, de Bernard Quiriny

Cuidado ante esta lectura porque aquí se narran hechos pasmosos que si tomamos por reales, podrían volvernos locos, y si los tildamos de imaginarios, resultará que ya lo estamos. Sea como sea sufrirán el accidente. ¿Preparados?

Barfleur es un lugar para la calma y el reposo. Un balneario. Allí se encuentra un hombre, uno de tantos que intenta pasar desapercibido, pero que a los ojos del narrador pierde toda su invisibilidad una noche en la que antes de cenar le ve romper una cápsula de cristal que contiene sangre y que derrama sobre un zumo de dos naranjas. Sangre y naranjas. Qué extraña combinación. ¿Una medicina? No. Se trata de un rito fetichista que realiza con adicción desde hace quince años. Un ceremonial sangriento, que por supuesto, tiene una explicación, justo la que obtendremos al leer Sanguina, el primero de los catorce Cuentos carnívoros del inquietante, a ratos, Bernard Quiriny. En él conocerán a la mujer-naranja, una joven y hermosa veinteañera, perdida en la ciudad de Bruselas, de pelo rubio irreal con ojos cargados de un magnetismo asombroso que esconde un secreto cutáneo que causa deseo y pánico, y que les transportará a un final con moho azul y papilla deliciosa. Un banquete asesino de un erotismo frutal irreparable. Entre lo putrefacto y lo elisíaco. Lectura carnívora, o mejor aún literatura osmotrófica. Saquen una pajita, clávenla en la novela... y absorban.

“Debo de decirte algo. Prométeme que no tendrás miedo.”

En El episcopado de Argentina nos mosquearemos medianamente con las dos camas que utiliza en el dormitorio Su Excelencia ¿Pasa las noches con más compañía a parte de Dios? ¿o se trata de un variante del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde? Les adelanto que es muy flojo, insulso y apagado. Y en esa baja intensidad le siguen Qui habet aures..., Quidproquopolis o la lingüística yapu y Mareas negras, exceptuando la muy interesante lista y recopilación de sus escritores predilectos, autores en la sombra que los hacedores de antologías ignoran por pertenecer a esos literatos de segundo rango, discretos, excéntricos, los pequeños maestros, los olvidados, los discípulos de otro, los herederos de escuelas pasadas de moda, los provincianos, los exiliados, los aficionados, los que no llegaron a hacer época y los que se malograron, los inactuales, los estrafalarios, los modestos, todos esos que no se encuentran en las bibliotecas apartando los monumentos que los esconden, sin genialidad. Unos cuantos escritores, todos muertos a quienes la posteridad ha dado una fortuna inmerecida. Después, con sus Mezclas amorosas notaremos la multiplicidad de egos de Renouvier y su repertorio de imágenes masculinas que un espejo molesto proyecta incluso hecho añicos mientras su mujer, Élise, duerme, ajena. Tras esta caleidoscópica agonía aparecen las Crónicas musicales de Europa y otros lugares, de las cuales, rescato unicamente La música que flota en el aire por construir un retrato tan hiperrealista sobre lo sublime adiestrado. En ellos aprovecha para expresar la sinestesia hacia sus músicos predilectos, Bach, Debussy, el trompetista Adolf Scherbaum, Listz, Berlioz, Purcell, Aaron Copland, Sibelius, Beethoven, Fauré, o las hermosas piezas de jazz The Peacocks, Big Nick, Nefertiti, My Foolish Heart o Everything Happens to Me. Embriagador.

“¿Berlioz? Jara, bergamota, mandarina, piel de limón.”

En Recuerdos de una asesino a sueldo reaparece ese efecto de inquietud y turbación que posee su narrativa de lo insólito. Por mi parte este es el Bernard Quiriny que más me gusta. Me fascina.

“Rodéeme de una atmósfera de angustia, no me dé el menor respiro. Asústeme.”

El cuaderno desvela los secretos ocultos de un pródigo escritor bajo la mirada envidiosa de su más acérrimo admirador. Extraordinario Pierre Gould tiene alma. Es magnético. Vila-Matas le hace una emotivo prólogo. Aquí llego al verdadero valor de este libro. La fuerza de atracción que poseía Pierre Gould queda más que demostrada. Seguidamente aparece El pájaro raro que sobrevoló una de las obras de Jacques Armand, entre lo insólito y lo surrealista sin causar mucha tensión. Una borrachera perpetua puede dejarte trompa hasta la muerte lo que hará que tenga que cuidarte tu familia como a un niño idiota, prisionero feliz de tu borrachera perpetua. Y para finalizar la serie el broche llegará con el último y verdadero Cuento carnívoro, en donde nos contará el insólito caso del botánico John Latourelle a quien encontraron muerto en su invernadero con el cuerpo mutilado. Momento en el que la portada toma sentido, a pesar de que no podamos ver la Dionaea muscipula, la Venus atrapamoscas, reina de las carnívoras, que Darwin calificó de la más maravillosa del mundo. La concepción de su trampa es casi milagrosa. Segrega un néctar que atrae a los insectos y cuando estos rozan dos veces sucesivas cualquiera de los dientes, estos saltan como un resorte igual que una trampa para lobos. Así que imaginen una especie más grande, terrorífica y majestuosa. Con una personalidad verdaderamente asesina. Un ser al que temer y amar. Me consta que lo leerán con temblor. Su final es sorprendente. La solución del enigma resuena con ecos de ficción y realismo sibilinamente inquietante. Se trata de un escritor muy potente, que llega por primera vez traducido a España y que derramará mucho néctar en la dionaea literaria. Es el Dino Buzzati belga. Estamos de enhorabuena. Es joven. Nos irá llegando mucho más y terminaremos siendo devorados. Un accidente al que no nos podremos negar.

jueves, 3 de junio de 2010

La humillación, de Philip Roth

Elijan butaca y tomen asiento. Esto es una performance sobre la ansiedad y la depresión. La luz se ha encendido sobre el escenario, pero hasta que no abran la tapa de este libro, Simon Axler no aparecerá para agitarles. Él es uno de los mejores actores norteamericanos de teatro clásico. Sexagenario. Tiene un problema. No puede actuar. Todo su talento está muerto. Ha perdido su magia. Su impulso está agotado y no conecta con el público. Ahora parece un lunático. Ha perdido su capacidad para abordar un papel, él, que ha interpretado a Falstaff, Peer Gynt o Vania, alguien que desde los cuatro años le fascinaba que le hablaran. De niño siempre tuvo la sensación de que se hallaba en una representación teatral. Se servía de la intensidad al escuchar y de la concentración. Con las mujeres, de joven, tuvo siempre la capacidad de convertirlas en actrices, en las heroínas de sus propias vidas, les sacaba la historia que él les revelaba que tenían, una voz y un estilo que no pertenecían a ninguna otra.

La humillación se compone de tres actos, En el aire leve, La transformación y El último acto. Algo así como, presentación, nudo y desenlace, al estilo de Chéjov.

En el aire leve, presenciaremos la desconexión de Axler. El famoso actor acepta una propuesta para interpretar los papeles de Próspero (baja intensidad) y de Macbeth (alta intensidad) en el Kenedy Center pero proyecta una imagen tan ridícula que sufre un desmoronamiento colosal. A partir de aquí lo veremos convertirse en el hombre privado de sí mismo, de su talento y de su lugar en el mundo, un hombre detestable que no es más que el inventario de sus defectos. Victoria, su esposa, bailarina de profesión, queda presa del pánico y se marcha a vivir a otro lugar. La drogadicción de su hijo descarriado es constante y esto la desborda. Simon Axler decide ingresar en un hospital psiquiátrico para analizar toda su situación y descubrir que ha podido destruir su confianza. Esta en marcha una parodia de sí mismo que antes no existía. ¿Es una manifestación de la vejez? Su aspecto físico sigue siendo todavía impresionante. Sus objetivos como actor no han cambiado, ni su minuciosa manera de prepararse un papel. No hay nadie más riguroso, estudioso y serio, nadie que cuide mejor su propio talento o que se adapte mejor a las condiciones cambiantes de una carrera teatral a lo largo de tantas décadas. Dejar de ser el actor que era de manera tan precipitada resulta inexplicable, como si una noche, mientras dormía, le hubieran despojado del peso y la sustancia de su existencia profesional, de la capacidad de hablar y escuchar mientras le hablaban en un escenario... a eso se reducía todo, y eso era lo que había desaparecido. Dentro de esa isla de emociones, mantiene dos sesiones semanales con el psiquiatra, el doctor Farr. Hacen un examen de las circunstancias de su vida que precedieron a la aparición repentina de lo que el médico denominó «una pesadilla universal». No puede salir a escena. Es incapaz de actuar. Le humilla tanto como si tuviera que salir desnudo por una concurrida calle de la ciudad, como si no estuviera preparado para un examen decisivo, como si se cayese por un precipicio o como descubrir en la carrera que no te funcionan los frenos. Analizan todo tipo de variables. Matrimonio. La muerte de sus padres. La relación con su hijastro drogadicto. Infancia, adolescencia. Sus comienzos como actor. La muerte de lupus de su hermana mayor cuando él tenía 20 años. Axler se esfuerza al máximo por ser sincero y, en consecuencia, revelar los orígenes de su estado, y así recuperar sus facultades. Sin embargo en nada de lo que contaba se percibía una causa para «la pesadilla universal». A los veinte días de estar internado, esa noche duerme del tirón hasta las ocho de la mañana. Participa en las conversaciones grupales. Un anciano, maestro de escuela que había intentado ahorcarse en su garaje les dio una conferencia sobre las maneras en que los de fuera consideraban el suicidio: "El punto de vista más clínico, que ni castiga ni idealiza, es el del psicólogo, que trata de describir el estado mental del suicida, el estado mental que tenía cuando lo hizo." Axler interviene seguidamente y se percata de que lo hace para actuar ante un público más amplio desde que abandonara su profesión de actor.

“El suicidio es el papel que escribes para ti mismo -les dijo-. Lo habitas y representas. Todo está cuidadosamente puesto en escena... donde te encontrarán y de qué manera. -Entonces añadió-: Pero es una sola representación.”

Al terminar esta reunión aparece Sybil van Buren. Morena de piel pálida, menuda y delicada, con la fragilidad ósea de una muchacha enfermiza. Y allí, sentados en una mesa, le cuenta su tormentosa historia. Uno de los momentos más turbadores de la narración. En la página 30.

“No estoy loca. Le vi hacerlo.”

Cuando crucen esta escena las hojas pasarán por su retina a una velocidad vertiginosa porque se irá poniendo cada vez más interesante. Jerry Oppenheim, su agente le cuenta a Axler que en el Guthrie preparan Larga jornada hacia la noche. Preguntan por él. Quieren que represente a James Tyrone. Le propone soluciones. Le da los mejores consejos. Quiere que se centre.

“Una y otra vez tu manera de actuar me cogía por sorpresa, y a lo largo de los años, emocionabas infinidad de veces al público y siempre me emocionabas. Más que ningún otro actor, te alejabas de lo obvio tanto como era posible. No podías ser rutinario. Querías ir a todas partes. Lejos, lejos, lejos, tan lejos como pudieras. Y el público siempre creía en ti, donde quiera que lo llevases. Cierto que no hay nada establecido de un modo permanente, pero tampoco hay nada permanentemente perdido. Tu talento se ha extraviado, eso es todo.”

Sin embargo, Axler, no quiere atender. Está perdido en sus miedos.

“No, Jerry, ha desaparecido. No puedo hacer de nuevo nada de eso. O eres libre o no lo eres. O eres libre y es auténtico, es real, está vivo, o no es nada. Ya no soy libre.”

“En el fondo siempre he tenido la sensación de que carecía de talento.”

“Todo era una chiripa, mi talento era una chiripa, como lo fue que me viera privado de él. Esta vida es una chiripa desde el principio hasta el fin.”


Transformarse en otra persona le fue siempre liberador y sopesa la idea de meterse en el papel de James Tyrone. Además, su agente, le ha habla de Vicent Daniels, un psicólogo, inconformista, luchador, alguien que le hará volver a la contienda. La persona que le devolverá el espíritu de lucha. Le da su tarjeta para que se ponga en contacto con él y acabe con todo esto.

El segundo acto, La transformación, sirve de tránsito hacia el desenlace final. Axler, entra en otra etapa de su vida desde donde podrá explorar una nueva vía de curación. El amor. Lo catártico rothiano regresa inexorablemente al romance con veinteañeras. Ese es su constante filón literario. Pegeen, la hija lesbiana de unos amigos con los que representó en el pasado El fanfarrón del mundo aparece por su casa, causando un completo estrépito porque él se cae en las escaleras de la entrada y ella le cura las heridas de la mano y le da un vaso de agua. Luego le hace la cena mientras él la observaba sentado desde la mesa de la cocina bebiéndose una cerveza. Pegeen tiene una presencia vibrante, es firme, sana, está rebosante de energía, y pronto deja de tener la sensación de que, sin su talento, se hallaba solo en el mundo. De repente es feliz, un sentimiento inesperado. Axler va a la sala de estar y pone un disco de Schubert interpretado por Brendel. Y... a partir de aquí, empieza el conflicto rothiano. La diferencia de edad. ¿Por qué siendo lesbiana desea estar con alguien como Axler, con los problemas que eso implica? Sus padres eran amigos suyos. Hace que la relación sea un asunto tabú, clandestino. Además él, en el pasado tuvo una relación con su madre y critica la relación de «absurda y desacertada». Su mensaje lleva implícito: No te establezcas como cuidadora de un viejo chiflado. A todo esto se le suma que está empezando a tener dolores en la espina dorsal.

En El último acto, Simon sufre su golpe de realidad. Tras haber experimentado tríos sadomasoquistas para satisfacer a Pegeen y defender su amor por ella ante quien sea, descubre el peso de las limitaciones de su edad, sus frágiles posibilidades de paternidad y en un gesto extraordinariamente paradigmático del héroe de Roth, reflexiona seriamente y al sentir que no puede volver al escenario, sintiendo que el artista ya no puede crear, Roth sugiere, la nada por vivir y en un convincente y poderoso final, Axler hace un perfecto homenaje a Konstantin Gavrilovich, personaje universal de La gaviota de Antón P. Chéjov, quitándose la vida.

La humillación posee un fuerte paralelismo con el drama clásico de Sófocles, O'Neill o Shakespeare. Simon es un héroe trágico perfectamente defectuoso, un suicida deprimido, que sucumbe a un hecho aislado de autotormento. Fantasioso narcisista, se niega a los consejos constructivos de su agente acerca de enfrentarse a su miedo escénico haciendo una reaparición. Pero en lugar de esto, Simon Axler se obceca en restaurar su virilidad y su seguridad profesional por medio del deseo erótico y la renovación sexual para curar su temor a la humillación, al fracaso, a la mortalidad y a todas las espigas y flechas de las cuales la carne es heredera. El trágico método catártico-rothiano que cierra el telón con rugiente maestría.

Y miren, aquí lo tienen una vez más, con su trigésima novela y la séptima en la presente década. Con 76 años a sus espaldas, sigue siendo un coloso literario, cuya capacidad de inspirar, sorprender y enfurecer a sus lectores no ha disminuido ni un ápice. Cada vez refina más su estilo narrativo... ¿Dónde tienen los ojos el gabinete de los Premios Nobel? La humillación consiste en negárselo. Es un Huracán en papel. ¡Disfrutadlo!

lunes, 31 de mayo de 2010

Corona de flores, de Javier Calvo

Javier Calvo es una de las grandes promesas de la literatura actual dentro del panorama narrativo español, nacido en 1973 y adscrito involuntariamente y sin mucha emoción a ese indefinido grupo de jóvenes escritores llamados Generación Nocilla o Luna Nueva. Un clan que cada día que pasa van más por libre, como obliga la buena literatura.

Su obra más valorada por la crítica ha sido Mundo maravilloso (2007), calificada como "grotesca posmoderna" y no hace mucho tradujo Árbol de humo de Denis Johnson, aquella que he comentado por aquí sobre la Guerra de Vietnam en la que las escenas de violencia recuerdo fueron espeluznantes, con un nivel de brutalidad sobrecogedor. Ahora, su nueva novela, se puede ver por todos los escaparates del libro y en las convulsas casetas de la feria del arte letrado.

Pues bien. Si les gusta el ambiente gótico no duden en cogerla pero tampoco se hagan muchas ilusiones. Llenará su mente de atmósferas lúgubres y tenebrosas y conocerán personajes que le helarán la sangre, como Menelaus Roca, anatomista, agorafóbico, fotobóbico y con un pasado de locura homicida que sacan de prisión para que colabore en la captura del Asesino de la Esperanza, un perverso destripador que está cometiendo crímenes atroces por toda la ciudad. Corre el Año del Señor, 1877. Las revelaciones espirituales brotan por la ciudad secreta como si fueran caras de Cristo en las paredes descascarilladas. Sucias calles pedregosas y encharcadas, huella de un estado aún medieval. Casas y edificios de puertas fastuosas pero que guardan pasadizos prohibidos y ocultos secretos por los que matar. Al leerla notarán un alto grado de crueldad. Encontrarán puntos muy interesantes en esta batalla de pseudociencias del crimen, la frenología, la hipótesis de la Araña Basal y la máquina Pseudorquidea para capturarla. También les ofrecerá la posibilidad de descubrir uno de los libros científicos de medicina más influyentes todos los tiempos, De humani corporis fabrica de Vesalio, con profusión de imágenes alegóricas sobre anatomía humana, algunas de las más perfectas xilografías jamás realizadas. La combinación de personajes, Almarrosa, Roca, Semproni de Paula, Max Téller, Blokium y Liberata es un favorable aliciente para leerla de tirón. El final, por su puesto, atroz y deforme. Muy amante de lo grotesco.

Corona de flores posee una narrativa limpia, moderna, rápida. Muy norteamericana. Fabricada con esa bizarra influencia de monstruosidad sobre el género humano que dejó escrito Denis Johnson, aunque ahora en un ambiente completamente distinto, la Barcelona grotesco victoriana de finales del siglo XIX. Sospecho que Javier Calvo sabe que para hablar de posmodernidad, como bien enseña el maestro Pynchon, hay que regresar a este siglo de anarquistas e invenciones descabelladas para instigar a las mentes al codiciado tránsito abisal. Seguiremos explorando.

“El sol no derrama su luz enferma sobre las aguas grises. Las gaviotas no sueltan sus chillidos malhumorados por encima de la Muralla del Mar. La tormenta ha convertido la calle de las Tapias en una marisma llena de remolinos traicioneros donde giran las ratas muertas.”



miércoles, 26 de mayo de 2010

Fuck America, de Edgar Hilsenrath

Berlín. En la noche de los cristales rotos, del 9 al 10 de noviembre de 1938, Nathan Bronsky, judío y padre de familia, sufre de los nazis un demoledor linchamiento. A él le destrozan los huevos, violan a su mujer, prenden fuego a su casa, arrasan su negocio, confiscan sus bienes y bloquean su cuenta corriente. No les queda otra opción que escapar. La situación empeora por momentos y ya no queda tiempo. Esa misma mañana escribe al Cónsul General de los Estados Unidos de América para que les consiga visados de residencia en el plazo máximo de tres días para poder huir a América y éste le contesta ocho meses después diciéndole que deberán esperar mínimo trece años para la expatriación. Por lo menos hasta 1952. Cientos de miles de judíos en oleadas migratorias intentan llegar a Estados Unidos pero el sistema de cuotas de inmigración, sutilmente estudiado, busca desde hace veinte años el interés de un electorado marcadamente blanco, anglosajón y protestante. Su petición es inútil. América ya está harta de todos estos judíos bastardos que se apiñan en los puestos más altos de las universidades y Roosvelt en su política de interior no puede pasar por alto la tendencia antisemita de ciertas facciones de la burguesía americana poderosas en número ni resistir la presión de los aislacionistas y los antisemitas del Parlamento. El problema judío resulta demasiado engorroso. América les da la espalda y se desentiende. El tiempo pasa...

Nueva York, marzo de 1952. Finalmente la familia Bronsky consiguió los visados y emigró, pero ya sin brillo en los ojos. Con el alma perdida. Su hijo Jakob Bronsky rescató las cartas y ahora las lee en el Donald’s Pub de Times Square, un tugurio frecuentado por negros e inmigrantes. Él es un joven vagabundo, solitario, con cinco centavos en el bolsillo, sin trabajo, que siente la necesidad de escribir un libro, un best seller titulado El pajillero. Una novela basada en hechos reales, sobre los años de la guerra, con el fin de rellenar con la escritura ese agujero grande y negro que hay en su memoria. A partir de ahí le seguiremos continuamente los pasos, como si se tratara de un híbrido entre Charles Bukowsky y John Fante. Ambientes sórdidos frecuentados por putas y chaperos, pensiones de mala muerte plagadas de cucarachas, sus quebraderos de cabeza para trabajar de camarero, limpiaventanas, pasea-perros, lavaplatos o portero, siempre con míseros sueldos, trabajando para escribir y avanzar en su novela, a través de una vida austera, morosa y muchas duchas frías para calmar su polla, y así lograr escribir la última línea de El pajillero. Un testimonio sobre la Shoa, el gueto, la gran muerte, la desesperación y la esperanza.

Un libro sesgado contra la violencia y la barbarie, que nada dice en contra de la limpieza étnica que ahora comete Israel contra los palestinos invadidos, y dedicado especialmente a las nuevas generaciones de Alemania. Narrado con crudeza e ironía, atraviesa las capas más infrahumanas del underground americano para buscar, rebuscar y dar de una vez por todas con la clave del sinsentido. Destacan el negro enorme que orina en los baños del Donald's Pub y la psicóloga Mary Stone con la que podrá profundizar en la tragedia. El final es expectante y muy divertido. Hasta Max Brod, el descubridor de Kafka, jugará un papel fundamental en el desenlace. Todo muy risible, con párrafos salpicados de literatura pero falto de coherencia.

Fuck America es el cuarto libro editado por la Colección La Mujer Cíclope de Errata Naturae, que no sé si por error o adrede cometen una vistosa incorrección en la página 258 escribiendo "alún" en lugar de "algún". Paradojas de la literatura aparte, conocer a Jakob Bronsky, el Arturo Bandini del Holocausto, un poeta de alcantarilla que lucha por su buena vida, nos puede generar sensaciones disparatadas. A mi particularmente me ha sorprendido que este escritor deteste al Premio Nobel Kertész por considerarlo más un documentalista que un literato. Creo que Hilsenrath a sus 84 años no busca la verdad. Con este libro ha querido descubrir lo mal que se portó EEUU con los judíos con tono tendencioso y vengativo. Se declara judío, ateo y sionista, muy preocupado por la presencia de nazis en la Europa del este y Rusia, según él, por antiguos fascistas que pueden resurgir en cualquier momento. Sin embargo no muestra ningún tipo de interés por el genocidio palestino o la sistemática colonización que impera desde la sádica Israel con su Muro de la Vergüenza, como bien anuncian la mayor parte de los intelectuales, entre ellos, Noam Chomsky, Paul Auster, Jonathan Safran Foer, Saramago, Galeano, Jean Marie Le Clezio y un muy largo etcétera jasídico. Así que Fuck America, bien, pero por proteger a la Fuck Israel.

“Los americanos deberían haberlos salvado en 1939.”

domingo, 23 de mayo de 2010

Calle Katalin, de Magda Szabó

Desconocía por completo la existencia de esta autora pero el título y la portada me atrajeron. Lo encontré curiosamente en la sección de novedades aunque fue escrito en 1969. El libro llevaba una interesante cinta dorada para anunciar que había sido galardonada con el Premio Cévennes a la mejor novela europea publicada en 2007, coincidiendo con el año de su muerte. Dicha condecoración la otorga el periódico francés Le Monde des Livres, por medio de diez librerías, coordinadas por Sauramps, la segunda librería independiente más grande de Francia, que escogen las once mejores novelas europeas del año, publicadas en el país galo, con la ayuda de un jurado compuesto por escritores y editores de renombre internacional para elegir la mejor de ellas. Ahora había sido traducida al castellano y noté nada más leer la primera página que mis manos sujetaban literatura de altura. Y así fue.

Magda Szabó escribe con una naturalidad exultante. Con poco lo dice todo y su poética sencillez narrativa seduce ya en la primera frase. Al relatar calca la claridad del alma de sus íntimos personajes, cargados de sentimientos, inmersos en concretos escenarios, en elegidas fechas del tiempo y con la memoria fiel a sólo algunos hechos de sus episodios vitales más valiosos.

Szabó fue disidente de un régimen comunista devastador que no le pudo hacer callar. Formaba parte de la élite intelectual húngara y empezó a publicar justo acabada la II Guerra Mundial. El telón de acero no tardó en caer y Szabó vio con dolor como los tanques soviets entraban en Budapest para invadirlo todo, lo que le hizo convertirse durante diez años en una Bartleby, limitándose a cumplir con sus obligaciones como profesora de Filosofía. Su obra, de dimensión europea, es portadora de valores de una civilización hoy amenazada. Muchos países europeos la están ahora rescatando. Se trata de una de las mejores novelistas en húngaro de la historia de su país. Equiparable a la prosa de Imre Kertész. Murió el 19 de noviembre de 2007, con 90 años.

Calle Katalin narra la historia de tres familias que viven en la misma calle de Budapest, rozando el Danubio. Con lo que les pase a estos vecinos desde 1934 hasta 1968 explorará los límites de la culpa colectiva, interesándose por el comportamiento de los habitantes de una calle de la capital magiar que interpretan, cada uno a su manera, la desaparición de una joven durante la guerra. Seremos testigos de la nostalgia de la infancia y el destino que corren las relaciones que nacen de esos años dorados hasta llegar a la vejez. Sabremos como el tiempo reordena los recuerdos y las angustias, como cambiarán sus juicios y su escala de valores. A ellos nadie nunca les advirtió que la separación de la juventud no resultaba alarmante por lo que les quitaba, sino por lo que les daba: ni sabiduría, ni serenidad, ni sobriedad o calma, sino la conciencia de la desintegración del todo. Una obra deslumbrante que ayuda a reflexionar sobre nuestro tiempo en la tierra, nuestras más fuertes relaciones y sobre el regreso a nuestro pasado idílico en caso de no haberlo nunca dañado... nuestra querida Calle Katalin. Adelante con ella.

“A cada ser humano le hes dado tener en la vida una sola persona a quien invocar en el instante de la muerte. ¡Traed a casa a Blanka! ”

lunes, 17 de mayo de 2010

La apuesta, de John Boyne

No me convence nada este autor. Ya me pasó en El niño con el pijama de rayas. La escena final es memorable, no digo que no, pero su escritura me sigue pareciendo literatura insulsa. Es rancio. No le saca partido a las escenas. Sus personajes exhalan lasitud. La apuesta aparecía estos días por todos los rincones de las librerías y además de haberse convertido en un masivo éxito de ventas en Inglaterra, pertenecía a la serie Quick Reads, una iniciativa interesante lanzada con el fin de fomentar el hábito de lectura entre los adultos. Creí que la trama sería inquietante, por lo menos. Pues bien. ¡Que equivocado estaba! Me he aburrido hasta el tedio más soporífero. No es mi caso, pero si yo fuese uno de esos adultos que necesitan relatos señuelo para sucumbir a la fuerza que emana de la literatura, con esta obra saldría corriendo y despavorido, lo mismo que Andy en su apuesta con Sarah, y sufriendo un accidente peor, el coma de la sinlectura por mucho tiempo.

Déjenme entonces que por sensatez les haga una recomendación. Aléjense de Boyne. Corran hacia Roberto Bolaño, Paul Auster si hace falta, Cesar Aira, Philip Roth, hay decenas de escritores soberbios, y si buscan algo que les acongoje de verdad, asistan a La muerte de Iván Ilich o disfruten con El paseo de Robert Walser, pero... de verdad, aléjense de Boyne.

viernes, 14 de mayo de 2010

Contraluz, de Thomas Pynchon

El viernes pasado, nada más entrar en la librería... ¡zambombazo que va!, me llevé esta erudita sorpresa. Lo nuevo de Thomas Pynchon por fin traducido. La cogí inmediatamente. Pesaba como la cabeza de un muerto. Salí pitando con ella, sin pensármelo. Y me encerré en su amplia literatura. Le robé al día todas las horas que tuve. Puedo decir que he sido abducido por esta espectacular superproducción literaria sobre la electrizante aventura modernista del fin del siglo XIX. Una obra severamente ambiciosa y sofisticada, dotada de humor y versátiles extravagancias. Así que vamos por partes porque aquí, hay mucho de qué hablar. De momento les adelanto que he quedado totalmente fascinado con la lectura. Una lectura intensa, maratoniana. 1337 páginas. A unos 2 min./página de media deberán dedicar aproximadamente unas 44,5 horas para leerla. Yo lo he conseguido en 7 días, con un largo fin de semana de cobertura. La trama te lleva rápidamente hasta la página 800, casi sin darte cuenta. Del final hablaré luego, porque es su punto crítico. La diversidad de temáticas puestas en escena, ficción, ciencia, matemáticas, política, filosofía, física, psicología e historia, te envuelven en esa particular atmósfera pynchonesca hacia una aventura a contraluz que busca la quintaesencia del espacio-tiempo y que codicia sobre todo traspasar los umbrales del Tránsito Nanotemporal bajo el dominio de la luz. Se trata de una ficción que conjuga ciencia, fantasía, misterio y metafísica. Nos encontramos ante la sexta novela de Thomas Pynchon, tras cuarenta años de excelsa escritura. Literatura que no se nos puede escapar por su envergadura experimental y su cientificismo apocalíptico.

Fue publicada en EEUU hace cuatro años. En 2006. No quiero ni pensar el tiempo que le ha debido llevar escribirla. Antes de este trabajo publicó en 1997 su ópera magna Mason & Dixon cosechando todo tipo de elogios. Justo este sábado, el 8 de mayo, Thomas Pynchon ha cumplido 73 años. Por supuesto es otro de los fuertes candidatos a Premio Nobel de Literatura, todos los años. ¿Se adelantará a Philip Roth? Lo sabremos.

Bien. Antes de meternos en los rife rafes de la novela hay que prestar atención a esta primera frase que encabeza la obra. Es todo un acierto. Es una cita del Gran Thelenious Monk, tal vez cuando ya estaba en su fase más excéntrica:

“Siempre es de noche, si no, no necesitaríamos luz.”

Contraluz arranca con energía, con luz, con mucho movimiento. La macronovela está dividida en cuatro partes: La luz sobre las cumbres, Espato de Islandia, Bilocaciones y Rue du Départ. Los Chicos del Azar o también llamados los Vagabundos del Vacío pilotan un dirigible, el Inconvenience, hacia la Exposición Mundial Colombiana de Chicago, la Ciudad Blanca. Estamos en 1893. Con ellos va un perro llamado Pugnax que lee durante el trayecto La princesa Casamassima de Henry James. Ambientación total. Todo está en funcionamiento, anemómetro, flechastes, obenques, para que la envoltura elipsoidal avance a 1 milla/min por encima de las cabezas de las personas que lo miran asombradas, como si fuera el Globo Ocular de la sociedad, siempre vigilante desde las alturas. Al poco de llegar a Chicago empiezan a aparecer personajes que nunca abandonarán la novela, como el fotógrafo Merle Rideout, pillado in fraganti haciendo fotos a una joven desnuda, Chevrolette McAdoo. El profesor Heino Vanderjuice, Re Ipso, Foley Walker, un malo malísimo capitalista y magnate llamado Scarsdale Vibe y lo dejo aquí porque la lista es cosiderablemente amplia. A los que más deben vigilar son a toda la tripulación del Inconvenience, Lew, Kit y Dally. Con ellos se cierra la elipsis.

Lo meritorio de esta voluminosa novela reside en la labor de ambientación para mostrarnos la opulencia de inventos y ciencia que se vivía en aquella modernista época: Nikola Tesla, Rienmann, Hamilton, Herman Minkowski, Oliver Heaveside, el Walt Whitman de la física, Edison, Michelson-Morley y un larguísimo etcétera. Y cuando digo que es una superproducción me amparo en la espectacular acumulación de objetos de época, anécdotas, literatura, personajes, experimentos y las diversas filosofías que se evocaban en esos años donde reinaba el esoterismo, los mediums, la magia de los escapistas como Houdini, los trucos con espejos y terciopelo negro, para intentar demostrar, que allí, en ese espacio ignoto y misterioso llamado la Cuarta Dimensión, nos esperaba otra nueva extensión de la mente, la Shambhala del misticismo tibetano. Pero como les digo hay mucho, muchísimo, temas de gran calado, como la agitación del sindicalismo anarquista, incluídos los altercados ocurridos en Cataluña. Se cita Cádiz y el estrecho de Gibraltar, los dinamiteros que abren el terreno para el ferrocarril, los atentados contra las monarquías europeas, el ragtime, los tommyknockers, ¿sigo? Mejor lo dejamos aquí. Únicamente dejo anotada una última apreciación. El final. Elíptico y apocalíptico. Es interesante, pero, no consigue la genialidad estructural que nos aportó con Mason & Dixon. Si bien despierta nuestro interés por temas como la bilocación, los Cuaternionistas, el espacio euclidiano o la dispensación automórfica, el reto se queda incompleto en un viaje que seduce y será por mucho tiempo inolvidable. Durante la lectura será muy útil que os hagáis con Espato de Islandia para disfrutar y entender todo lo que hay detrás de la simbología pynchoniana de esta pieza lumínica que resplandecerá con ímpetu y a contraluz en la literatura de nuestro siglo XXI. Pongo el mineral a vuestra disposición. Apreciaréis el tránsito de la luz. Este año está arrancando con fuerza. Siento que la literatura avanza. Disfrútenlo. Pronto llegará traducida su nueva obra Inherent vice. Les dejo un párrafo pynchonesco muy jugoso de este magistral alumno de Nabokov:

“Somos luz, ¿sabe?, nada más que luz: somos la luz que se les ofrece a los bateadores de críquet al final del día, los ojos brillantes del amado, el resplandor de la cerilla de seguridad en la ventana del edificio alto, las estrellas y nebulosas en plena gloria nocturna, la luna creciente a través de los cables del tranvía, la lámpara de nafta brillando sobre la carretilla del vendedor ambulante... Cuando perdimos nuestro ser etéreo y nos encarnamos, nos ralentizamos, espesamos y congelamos en... -se agarró ambos lados de la cara y los agitó-..., en esto. El alma misma es un recuerdo que conservamos de los tiempos en que nos desplazábamos a la velocidad de la luz y con su densidad. La primera etapa de nuestra Disciplina aquí consiste en aprender cómo se recupera esa rarefacción, esa condición luminosa, para ser de nuevo capaces de ir a donde deseemos, a través de los cuernos de linterna, a través del cristal y, con el tiempo, aunque corramos el riesgo de partirnos por la mitad, a través del espato de Islandia, que es una expresión en cristal de la velocidad de la Tierra mientras corre por el Éter, alterando las dimensiones y creando una refracción doble... -Se detuvo ante la puerta-. Coma algo, es usted un buen chico.”

viernes, 7 de mayo de 2010

Bilbao - New York - Bilbao, de Kirmen Uribe

Literatura de microrrelatos ensamblados hacia la novela collage con el fin de mostrar el declive del mar. El experimento literario de Kirmen Uribe deja salitre en la piel. Moja. Despierta nuestra alma adormecida con su metáfora poética y su afán de universalidad. Desnuda al relato y lo vuelve a vestir de funcionalidad. Investiga el detalle, estudia la forma y construye un contexto total. Un escenario de tesoros ocultos que nos llegan desde la familia, la geografía, la historia y la sociedad.

El inicio es muy potente. Es arrollador. Adictivo. La triple analogía de los anillos del árbol, con los anillos de las escamas de los peces, y la huella de la pérdida en las personas, muestra una sensibilidad fuera de lo común. Al finalizar el primer capítulo volví a mirar la portada y todos los elementos mostrados, la playa desierta, la barca Dos amigos, los fuertes contrastes del color y la fuga del avión, me salpicaron con una intensidad superior. Me envolvía Bilbao. Aurelio Arteta, Ricardo Bastida, los hermanos Zubiaurre, Guiard, Darío de Regollos, las lanchas boniteras, Gernika, Picasso y el cormorán. Un paisaje poético y muchas tragedias para rememorar, mientras caminamos hacia delante. Mientras decimos adiós y nos encontramos con los obsequios del presente.

Bilbao - New York - Bilbao
deja una presencia única en la narrativa española por la belleza y singularidad del latido euskera, por la materna fuerza de sus sentimientos, por el cariño a sus ancestros. Es una novela de fracciones, de contrastes, de idas y venidas, de saltos y reposos, pero sobre todo de la defensa de una identidad en construcción. El hombre y su mar. Maite maite literatura. Maite maite.

“Vuestra lengua parece el mapa del tesoro. [...] Si desenfocas el resto de las letras y percibes sólo la x parece como si te guiaran por la ruta del tesoro.”

miércoles, 5 de mayo de 2010

La historia siguiente, de Cees Nooteboom

Otro de los posibles candidatos al Premio Nobel de Literatura. Cees Nooteboom es un escritor neerlandés que derrama en su novela un fuerte sentimiento europeísta y cosmopolita. Siente un fuerte amor por España, por la cultura hispánica y por las lenguas muertas, el latín y el griego. Ha sido traductor de varios idiomas y ha recorrido la mayor parte de Europa en autostop. Su literatura atesora un criterio filosófico y profundo muy cercano a la sabiduría clásica y mitológica. Nos somete a temas imprescindibles para recuperar el alma, entre ellos, la muerte, la metamorfosis, la simultaneidad o la transitoriedad del ser.

La historia siguiente irrumpe en la habitación de un hotel de Lisboa. Herman Mussert, un profesor neerlandés de lenguas muertas, se despierta y siente un extraño escalofrío por la posibilidad de ser otro e incluso por la hilarante posibilidad de estar muerto. La noche anterior se había acostado en su tranquilo apartamento de Amsterdam. Tal vez ese hombre se está muriendo, lo que da pie a que el hombre de Lisboa cuente la historia de su vida y la de dos mujeres que fueron importantes en ella.

“Los dioses pueden transformarse a sí mismos, los hombres sólo pueden ser transformados.”

La novela nos envuelve en la nómada vida de Herman Mussert que siente su contemporaneidad salpicada con las sabias y clásica gotas del mundo grecolatino. Reflexiona su existencia desdoblada en base a las pistas que Ovidio dejó en su libro Metamorfosis, en base a la doctrina de la armonía de Pitágoras o a los pensamientos que nos llegaron de Sócrates. Descubre una atracción hacia la muerte entendida como cavilación catártica hacia la metamorfosis existencialista. Lo que la noche anterior era miedo ahora es emoción.

“El destino pertenecía a profetas ciegos, oráculos y coros que anunciaban la muerte; no pertenecía al jadeo junto al frigorífico, al manejo torpe de condones, esperar en una Holanda a la vuelta de la esquina y citas clandestinas en un hotel de Lisboa.”

La virtud de esta lectura se reduce en la posibilidad de permutar y transitar por un mundo de meditaciones y de transformaciones invisibles, o como dijo Nabokov, de sentir las incomparables punzadas de las misteriosas maniobras mentales necesarias para pasar de un estado a otro. La posibilidad de pensar en la inmortalidad aunque sólo sea un instante. Esta novela toca y contagia un espíritu revitalizante. Tomen. Observen la vida desde esta barandilla.

martes, 4 de mayo de 2010

Homer y Langley, de E.L.Doctorow

Interesante novela sobre el Síndrome Collyer sin un sólo ápice de moralidad. El laureado y uno de los posibles candidatos a Premio Nobel de Literatura, Edgard Lawrence Doctorow, revisa a sus 78 años la historia de un mito en Nueva York. Cuando él era adolescente encontraron los cadáveres de los hermanos Collyer en su mansión de la Quinta Avenida. En cuestión de horas se convirtieron en leyenda, en seres mitológicos. ¿Se trataba sólo de unos seres excéntricos que coleccionaban basura? No. El caso escondía un tipo de secreto mayor. Una crítica social. Se habían apeado de todo. En realidad fue una forma de emigrar, de huir. Procedían de una familia adinerada, con todas las ventajas, pero decidieron cerrar las puertas y ventanas de su mansión, como dos personajes de una historia de Poe, convertida ahora en el centro de un círculo de hostilidad hacia el ondulante exterior de sus vecinos los acreedores, la prensa, la municipalidad, y, por último, el futuro.

Hacinados desde el suelo hasta el techo con imponentes montañas de periódicos, cajas, maletas, un total de catorce pianos, media docena de juguetes de tren, lámparas de arañas, rollos de alfombras, un chasis de automóvil Modelo T y más de cien toneladas de basura, desde órganos humanos hasta munición de artillería pesada sin utilizar. Homer y Langley pasan gran parte de su vida como anacoretas, habitando en un reino sofocante delimitado por los muros de su casa, un inframundo hundido en la inmensa macrópolis de Nueva York. Objetos y deshechos recogidos desde una conducta obsesivo-compulsiva que concluyó en un trágico Síndrome de Diógenes, los cadáveres de los hermanos Collyer fueron encontrados por la policía, en su casa, infestada de ratas. Murieron de inanición y varias enfermedades.

21 de marzo de 1947, la policía entra en la mansión de los Collyer

La pregunta que nos persigue durante toda la lectura es, ¿cómo dos vástagos de una de las más antiguas familias de Nueva York llegaron a un final tan triste y ridículo? Esta historia ha fascinado a los escritores durante años. En 1954, Marcia Davenport la noveló en The Brother's Keeper, y en 2000, Richard Greenberg le siguió con The Dazzle. Ninguna de ellas publicadas en España. La leyenda nos llega ahora literaturizada por Doctorow, con su mezcla patentada de realidad y ficción, sin ningún tipo de resonancia moral, al contrario que hubiera sucedido en manos de Poe. Es simplemente una historia deprimente de dos confinados que se retiraron de la vida para presidir su propio reino de los escombros.

El registro de la policía dentro de la mansión de los Collyer

Doctorow va poco a poco narrando los sucesos más importantes que se producen en la familia Collyer. Langley, el mayor, sufrió un ataque con gas mostaza durante la I Guerra Mundial y regresó a su casa herido y posiblemente loco. Su hermano, Homer, quien narra la historia, se quedó ciego cuando era adolescente pero se convirtió en un experto pianista y disfrutó de la atención de muchas mujeres con las que se sentía un seductor impotente.

Langley Collyer

Los padres murieron durante la gran epidemia de gripe de 1918, y tras el regreso de Langley, los hermanos establecieron juntos la limpieza de la casa y durante mucho tiempo mantuvieron un compromiso con el mundo. Homer tiene un romance con Julia, una sirviente de la casa; Langley tiene un corto matrimonio con una mujer tempestuosa. Homer vincula sus platónicas emociones hacia Mary Elizabeth Riordan, que trabaja como su asistente en un cine mudo cuando él es contratado para que toque el piano. Visitan tabernas, discotecas y clubs, donde conocerán a Vincent el Gánster.

Langley se vuelve cada vez más excéntrico, alzando su tedio en su Teoría de los Reemplazos, una hipótesis cínica que sostiene que "todo en la vida se ha sustituido": que los niños son el reemplazo de sus padres, y que las nuevas generaciones de genios, los jugadores de béisbol y los héroes son sustitución de las generaciones anteriores de genios. Langley crea su propio proyecto para que pueda crear una Collyer edición de todos los tiempos, un periódico quijotesco de uso general donde se resumen todas las variedades de la experiencia humana en un conjunto de historias.

Los sucesos nos van dando diversas pistas sobre la personalidad de cada hermano. Montan en su gran salón una pista de baile cobrando entrada a sus vecinos. Homer descubre que las personas que acuden se sientan en las sillas cuando suena música rápida y alegre. Descubre con su virtuoso oído que van allí para abrazarse e ir a la deriva por el salón. Arrastran los pies con un sonido sinuoso y soñoliento. Emitían un extraño sonido ultraterreno.

Dirigiéndose directamente a nosotros en una voz un poco melancólica, Homer se convierte en un narrador bastante atractivo, que cuenta su vida de una manera muy conmovedora, ya que dibuja un retrato de las personas que entran y salen de su vida como un desfile que está pasando delante de nuestros ojos: la encantadora María Elizabeth, que deja de asistir a una universidad católica junior para servir en las misiones de países subdesarrollados; Harold Robileaux, el nieto de su cocinera y un cornetista con talento, que va a la guerra y nunca regresa, y el Sr. y la Sra. Hoshiyama, una pareja de japoneses, tranquila y laboriosa que se dedican al cuidado de la casa Collyer hasta que son arrestados por el FBI y enviados a un campo de concentración a raíz de Pearl Harbor.

Los hermanos Collyer mantienen entre ellos una dependencia que nos puede recordar perfectamente la relación de Hamm y Clov, los personajes que están igualmente aislados en la casa tablero de Fin de partida de Samuel Beckett. Una tragedia similar. El mismo ambiente antisocial y un estilo de vida que raya lo absurdo.

Langley deja de pagar las facturas y pronto entra en guerra con la ciudad y con la compañía de electricidad y agua, que terminan por apagar el suministro. La prensa empieza a hacer artículos sobre los hermanos, y a escribir sobre la decadencia de unos ciudadanos y la caída de una familia de buena reputación.

En su afán compulsivo Langley continua día tras día con su mastodóntico proyecto: enumerar y archivar artículos por categorías: invasiones, guerras, matanzas, accidentes de automóvil, tren y avión, escándalos amorosos, escándalos religiosos, robos, asesinatos, linchamientos, violaciones, tropelías políticas con un subapartado para las elecciones amañadas, fechorías policiales, vendettas entre bandas, huelgas, incendios en casas de vecindad, juicios civiles, juicios penales, etcétera, etcétera. Una categoría aparte incluía las catástrofes naturales, tales como las epidemias, los terremotos y los huracanes. Todo ello para recopilar suficientes datos estadísticos para reducir sus hallazgos a las clases de sucesos que eran. Después llevaría a cabo más comparaciones estadísticas hasta establecer el orden de las plantillas, que le permitiría saber que artículos debían ir en primera plana, cuales en segunda página, y así sucesivamente. Por cinco centavos el lector dispondría de un retrato en letra impresa de nuestra vida en el planeta. Un proyecto absurdo y descabellado que le generaba grandes expectativas y le mantenía el ánimo en el punto que a él le gustaba, sin más finalidad que sistematizar su propia visión lúgubre de la vida.

Y mientras tanto, las cosas en su casa parecen multiplicarse. Corredores de fardos de periódicos, montones de equipos, artículos de colección y de chatarra: las tripas de los pianos, motores envueltos con cables, cajas de herramientas, pinturas, piezas de carrocería, neumáticos, sillas apiladas, mesas sobre mesas, cabeceras de cama, barriles, pilas de libros derrumbados, lámparas antiguas, montones de ropa y alfombras enrolladas.

El caso se hizo en pocas horas una leyenda en Nueva York

Después de sólo seis horas de atravesar angostísimos pasadizos a través de todo tipo de objetos inimaginables, se tuvo la inmensa suerte de localizar el cuerpo sin vida de uno de los hermanos, Homer, sentado en una silla. Efectivamente fue suerte encontrar en sólo seis horas el cuerpo de Homer porque a pesar de que decenas de bomberos y policías trabajaron a destajo, no se pudo encontrar el cuerpo del otro hermano, Langley, hasta 18 días después (8 de abril de 1947). Hubo para ello que remover y retirar 136 toneladas de material diverso. Lo curioso de todo es que el cadáver del segundo hermano apareció a escasos metros del primero, lo que da una idea del infierno en que se había convertido aquella casa.

La silla en la que encontraron muerto a Homer Collyer

El cadáver del segundo hermano apareció en gran parte comido por las ratas y bajo una cantidad ingente de miles de libros, periódicos y otros objetos de todo tipo. Falleció aplastado por un derrumbe mientras intentaba acceder al rincón de la casa en donde se hallaba su hermano Homer para darle de comer pues éste era paralítico además de ciego. Nunca llegó pues murió aplastado por el camino. Su hermano Homer, como la autopsia posterior reveló, falleció de hambre y sed en una lenta e interminable agonía.

Como ven, una novela muy interesante que trastoca una vez más la historia de EEUU. Aunque la descripción de las excentricidades es leve y poco satisfactoria, puesto que no ahonda mucho en los motivos que les lleva a este calabozo antisocial, el relato nos presenta un bosquejo de este macabro caso inclinado hacia la crítica social y en sintonía con los esbozos que Don Delillo realizó en Submundo para ofrecernos una nueva visión de la sociedad norteamericana, desde el inframundo. Al terminar la lectura sentirán un fuerte deseo de emprender la interpretación de este inolvidable mito urbano. Yo les incito a que lo lean e incluso les hago un préstamo. Disfruten.

“Debemos plantar cara al mundo: no somos libres si es a costa del sufrimiento ajeno.”