HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

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miércoles, 22 de julio de 2026

Constructores de monstruos, de Javier Tomeo

Javier Tomeo, antes de empezar a escribir, prepara y esboza un escenario previo por el que transitarán sus personajes y seguidamente los dibuja. Meras criaturas desmadradas, esperpénticas, hipertrofiadas y goyescas, quienes, llegado el momento, eligen sus propios caminos y toman sus propias decisiones.

Ninguna de sus novelas contiene un verdadero argumento. Se trata de un espacio reducido en el que suceden situaciones dramáticas en las que las caricaturas se manifiestan por lo que dicen, no por lo que hacen. Estos espacios cerrados suelen ser una habitación, un teatro, un despacho, una ciudad desierta o el aposento de un viejo castillo, como en este caso.

«Los monstruos son necesarios para poner un poco de orden en este complicado mundo de nuestro tiempo.»

Raimonius von Bernstein estudió Física y Medicina con la finalidad de convertirse en un experto en la creación de monstruos, oficio que se ha puesto de moda en el país. Su tío le ha puesto a su disposición el castillo de Fursterndorf para que le construya un monstruo antes de que finalice el año para acabar con las revueltas y someter a su pueblo. El bicho horrendo se llamará Karolus. Contará con la colaboración de Tadeusz von Rippstein, un muchacho entusiasta y lleno de buenas intenciones.

«Primer día de trabajo. Había acordado con Tadeusz reunirnos a las ocho en punto de la mañana, pero se presenta con treinta minutos de retraso. Empezamos mal. Odio la falta de puntualidad y, además, no soporto su perfume, elaborado a base de almizcle y ámbar, sobre todo de almizcle. Le recibo, sin embargo, con una sonrisa cordial.»

Constructores de monstruos se mueve entre lo onírico y lo terrorífico, rayando en el absurdo y en un surrealismo de chiste negro. Tiene un ritmo adictivo, divertido y cargado de detalles científicos y filosóficos que aportan una mordaz frescura a la trama. El efecto es muy intenso si has cruzado anteriormente por la obra de Frankenstein. Párrafo tras párrafo, Javier Tomeo tiene la lúcida imaginación y perspicacia para añadir capas y atributos a la identidad de Karolus, convirtiéndolo en un monstruo canónico de su carismática ficción. Con mucha madurez y oficio, a sus setenta y ocho años consiguió publicar otra pieza creativa para sus fieles seguidores. La literatura es una fiesta de pluma aragonesa.

jueves, 15 de enero de 2015

La novia parapente, de Cristina Grande

Lo encontré por casualidad, si es verdad que eso existe. Ese día buscaba a una escritora, quería los pensamientos de una mujer, saber de sus emociones y acceder a su refugio imaginario. Prefería pocas páginas y recorriendo estante por estante en la G de Grande se me apareció La novia parapente y sus diecisiete relatos inolvidables. ¿Cual es el resultado? 

Hace muchos años que no leía un texto tan abierto, tan sibilino, tan certero y tan conciso. La palabra de Cristina Grande es por fín Literatura de Altura, un Huracán en Papel que te agita, que te remueve y te transporta por  el hecho de acompañar su palabra hasta el lugar más recóndito del alma humana. Su frases son gotas de rocío que anuncian un Nuevo Amanecer Sincero en las vidas de nuestras almas moribundas que se agotan cuando no hay un estímulo verdadero. No hay nada elaborado en sus relatos, pero uno a uno, como el mosaico enguijarrado adquiere la complejidad y la riqueza del mundo. Su ficción es espejo y envoltorio de lo real. Amplifica lo que estamos viviendo, con carácter risueño, ágil, previsor y optimista. Es una lectura de lujo, fabricada por la mirada distante, y que te deja cuando empieza, que se escapa de las manos por su breve sonido, pero dejando el perfume de las letras que bailan salpicando los buenos y poéticos recuerdos. Ha tenido muy buenos maestros. Puede que aprendiera a escribir según los leía y decidió probar con su propio tacto alcanzando una copia creativa perfecta, de colección. ¡Soberbia! ¡Grande!