HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

Mostrando entradas con la etiqueta norteamericana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta norteamericana. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de octubre de 2023

Holly, de Stephen King

 

Había soltado mi última lectura y estaba muy reconfortado con sus efectos. Cuando esto me ocurre me entra mucha hambre de lectura. Necesito un aliciente literario que supere a lo anterior. Ese día noté que estaba cambiando el tiempo. Caminé por la ciudad en busca de una librería y en el primer escaparate encontré la nueva portada de Stephen King. En ese momento fui plenamente consciente de la sincronicidad entre literatura y el ciclo de la vida. Había llegado el otoño. Los días perdían luz. Había que prepararse para el recogimiento con sumo cuidado. La casa de madera de estilo "Queen Anne"  victoriano de la portada del libro se teñía de grises metálicos tras la caída del entrelubricán y el rojo de esta oblicuidad vespertina me transmitió un presagio.

«Un día más de vida, un día más cerca de la tumba»

El Rey King tiene un mensaje para el mundo. No se trata de un ligero entretenimiento. Estamos ante uno de los escritores contemporáneos más populares, exitosos y prolíficos del planeta. Ha vendido más de 350 millones de copias de sus libros. Comparte este apreciado Olimpo junto a J.K. Rowling y Dean Koontz. Trabaja en la ficción como la única forma de vida posible que pudo elegir. ¿Qué hace la gente cuando entramos en el otoño que no sale a las librerías a comprar la última obra del más grande escritor de la literatura de terror?

«Concédeme la serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar»

Emmily Harris y Rody Harris utilizan una furgoneta verde para secuestrar a sus víctimas. Son un matrimonio de profesores jubilados de la Universidad. Emmily daba clases y seminarios de literatura inglesa, con ocultas tendencias racistas y Roddy de ciencias biológicas, al que apodan "Ruidoso Roddy el Nutricionista Loco". Holly Gibney  ha sido contratada para investigar la desaparición de Bonnie Rae Dahl. Poco a poco se irán atando los cabos gracias a su sagaz y persistente trabajo. Por la novela comienzan a aparecer diversos personajes, todos muy bien trazados, que describen a una sociedad norteamericana habitada por soberbios, locos, envidiosos, xenófobos y gente solidaria con sus grises y sombras. La lectura es muy cómoda, muy amena, ágil, y engancha. No hay nada de especial, nada que destaque, excepto los personajes de Bárbara, una jovencísima poeta con un fuerte impulso creativo que escribe para deshacerse de un veneno, y Olivia, una poeta centenaria, que conserva una sensibilidad extraordinaria para detectar el talento. La trama avanza por el transcurso de las desapariciones y las búsquedas. La casa de los Harris se convierte en una pesadilla, los detalles se van sumando y van haciendo cada vez más daño. En ese estado del horror es cuando empiezas a necesitar a Holly y las páginas se mueven a una velocidad de vértigo para acabar con tanta oscuridad. Muchos temas —la comparativa entre literatura latinoamericana e inglesa; la forma de vida que rodea los campus universitarios o el maltrato hacia los afroamericanos— se quedan en la superficie y restan atractivo al libro. Se centra en atar las conexiones entre los personajes y dosificar el volumen de violencia. El final es de una tenebrosidad atroz. La psicopatía alcanza rasgos demenciales. El Rey King ha vuelto a conseguirlo, sin embargo, este libro parece un encargo del partido demócrata. Falla en su composición.
 
Holly es una novela bipolar. Por un lado consigue crear la estética y el ritmo de una potente historia de terror pero por otro lado elige un trasfondo y una ambientación que tiene un tono simplón, infantil y sin criterio. El Rey King se limita a pontificar en este escenario de ignorancia. Él mismo es una parte substancial de  la incultura que asola al país. Son capaces de montar shows monumentales y atrapar la atención del mundo entero pero si rascas es todo plástico procedente de China. El mensaje es humo. Cuando el miedo se une con la incultura genera productos artificiosos. No ha conseguido que llegue el otoño. 

«Los dones son frágiles. Nunca confíes los tuyos a personas que puedan romperlos».

domingo, 9 de diciembre de 2018

El pescador, de John Langan

Una historia de paganismo laureada con el premio Bram Stoker 2016 y creada para deformar la naturaleza espiritual de la gente joven. 

El Pescador de John Langan, calificado de "horror poético", erige inestables escenarios y personajes truncados desde el imaginario incierto que causan escepticismo y vulgaridad. Partimos de unos cimientos venáticos. Sus planteamientos atomistas del alma desencadenan tibieza y desinterés. El avance narrativo es lento y descompasado, mete tanta paja entre medias que cuesta llegar al río para recoger aunque sólo sea frescor. Disfrutarán y les aprovechará mucho más el tiempo si se leen a Anaximandro o  Anaxímenes de Mileto. Este Leviatán es humo en tierras de cierzo. 

lunes, 3 de octubre de 2016

Las chicas, de Emma Cline

Literatura underground. El debut literario de la joven norteamericana Emma Cline requiere atención pues narra, desde una emotividad divergente, la vida de una chica que está luchando con su sexualidad emergente, que le suscita interés, peligro y que le aporta una sensación poderosa. El mensaje de fondo permite revisar la cotidianidad subyacente en la humanidad a través de la calidad en las relaciones personales. Su publicación,  en junio de este verano, ha despertado el interés de muchos amantes de la literatura. Será llevada a la gran pantalla. Requiere un paréntesis.

Las chicas está ambientada en el norte de California, durante el violento final de la década de 1960. En el comienzo del verano, Evie Boyd, una adolescente inteligente y reflexiva que atraviesa por un proceso de soledad, ve a un grupo de chicas en el parque, que le roban inmediatamente su atención, por la consumada libertad de comportamiento, su vestimenta descuidada y su peligrosa aura de abandono. Al poco tiempo, Evie quedará magnetizada por Suzanne, una chica más mayor con una energía enigmática, que le introduce en el círculo de una secta infame, liderada por un carismático músico, llamado Russell que vive en un extenso rancho escondido en las colinas, un lugar inquietante y descuidado, pero que a Evie le resulta exótico, emocionante, cargado de interés y en el que se siente desesperada por ser aceptada por el grupo. A medida que pasa más tiempo lejos de su madre, de su amiga Connie y de los ritmos de su vida diaria, su obsesión por Suzanne se intensifica. Evie no se da cuenta que se acerca cada vez más hacia una violencia impensable, en un momento en la vida de una chica en donde todo puede ir muy mal.

Las chicas está inspirada en el líder satánico Charles Manson y los espeluznantes asesinatos que sus seguidoras cometieron en el verano de 1969. Sin embargo la historia de Emma Cline agarra ese horror en segundo plano. Su protagonista, Evie Boyd, contiene toda la fuerza de esta historia. Ella ha pasado su vida dejando que los días se desmoronen muy lejos, como los restos de un acantilado. Es ya una persona adulta, pero abatida por el cultivo de una invisibilidad gentil viviendo entre los espacios de las existencias de otras personas. Ella capta las demandas deshumanizantes de los hombres, la violencia ocasional con la que se hacen cumplir esas exigencias y las relaciones de explotación que le producen orgullo y desesperación. Pero a esa edad ella necesita aprobación.









La novela de Cline realiza una retrospección de ida y vuelta, con notas de apatía, cambiando entre la vida estática de Evie en la actualidad y el tiempo infame en el que fue una chica de catorce años, recluida en el rancho de Russell, versión clineana de Manson; mientras su país carbonizaba Vietnam y las universidades entraban en erupción. Por esa época sus padres se habían divorciado recientemente y ella se encontraba a la deriva de su padre y su madre, en un forcejeo distraído. La presencia de Suzanne, tan trágica e independiente, como un rey en su exilio, le deja cautiva, además de por su belleza con la que Evie desea congraciarse,  y que le arrastra a situaciones perjudiciales. Todos estos momentos son los más notables de la novela donde la capacidad literaria de Cline para articular las angustias hacia la edad adulta en un lenguaje que es magníficamente poético sin perder la autenticidad de la conciencia del adolescente, las reflexiones melancólicas de su madurez o la impetuosidad de sus impulsos infantiles, deja toda la obra trenzada en armonía. La novela permite ir apreciando todos los cambios psicológicos de Evie, después de pasar las dos primeras semanas en el rancho de Russell, notar su su facilidad para  mentir a sus padres, para entregarse a Russell o para obtener de forma aguda el afecto de Suzanne.

Emma Cline ha escrito una novela explosiva mediante un acto de obsesión y curiosidad, que le llevó a interesarse treinta años después del crimen de Manson, explorando videos en YouTube y leyendo todo tipo de libros sobre el líder y su secta, de la que aporta muy pocos detalles, centrándose en el desenlace de destrucción y el homicidio múltiple que incluía ritos satánicos, nacidos de un lugar tranquilo, desde el que Evie, una de las chicas de Manson se confiesa con plena ebullición, anhelo y terror. Evie alude a los asesinatos infames, con una vergüenza latente y con un asombro silencioso de como "accidentalmente" una vida puede partir hacia el desastre. 

«La vida es un continuo alejarse del filo.»

¿Hasta donde llega este concepto de "accidental"? Cualquier chica no es blanco fácil para sucesos de este calibre. No hay que caer en el temor, una emoción de la que excede esta novela. Algo así sucedería con personas que cultiven el rencor, el aislamiento, la egolatría, o el narcisismo, además de distanciarse por completo de sus familiares y seres queridos; o en personas que buscan obtener poder y seguridad del grupo. Charles Manson vino a este mundo a hacer daño y a manipular. Fue estudiante de la Cienciología para controlar a la gente con métodos sibilinos. Era un psicópata adorador de satán, miembro de la Iglesia de Satán, actualmente metido en la cárcel con una pena de cadena perpetua por todos sus crímenes. Sus conexiones con la masonería y el satanismo han sido demostradas. Las chicas que vivían con él, además de reunir muchos caracteres de la psicopatía, estaban narcotizadas, bajo los efectos de diferentes drogas y siempre en un programa de hipnotización, mediante símbolos, gestos, frases recurrentes para conseguir su manipulación mental. De lo contrario algo así jamás habría ocurrido. Pueden estar muy tranquilas las personas que se rigen por la bondad y la empatía.

«Suzanne tenía los ojos como un muro de ladrillo. Las anfetaminas tensaban sus sienes.»

Cline ha entrado con fuerza en la escena literaria. Tiene veintisiete años y ha firmado con Random House un contrato de dos millones de dólares por éste libro y otros dos más que saldrán muy pronto. Una vez leas este libro, inevitablemente tendrás ganas de leer algo suave, del pulso de Jane Austen, para rebajar toda la carga negativa que experimentarás con los personajes. Lo bueno es que se lee del tirón. Es muy rápida y muy ágil. Lo malo, que genera mucha aflicción y desasosiego. No hay un sólo personaje que tenga luz. Me ocurrió hace muchos años con Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides.


jueves, 8 de enero de 2015

Los vagabundos de la cosecha, de John Steinbeck

El origen de Las uvas de la ira yace en este relato, un documento periodístico sobre el nomadismo de miles de agricultores que emigraron de la Dust Bowl –cuenca del polvo– afectados por la sequía y las tormentas de polvo en los años 30, con el fin de trasladarse hacia el Oeste, empujados por la pobreza y el hambre, para trabajar como braceros y temporeros en los inmensos campos de California, repletos de uvas hinchadas, ciruelas, manzanas, lechugas y ese algodón que tan rápido madura. Los residentes locales les repudiaban porque temían que les trajeran enfermedades, aumentaría el gasto en educación para sus hijos, y en sanidad con los recursos de sus hospitales. Sin embargo, los propietarios de las granjas agrícolas les necesitaban para obtener mayor productividad y eso dió pie a la explotación, a los sueldos infrahumanos, a la creación de vigilantes para intimidar a los trabajadores que se agrupaban para formar sindicatos y exigir derechos.

Los vagabundos de la cosecha, escrita en 1936, es una obra de máxima actualidad para España, con la pobreza y el desempleo que atenaza a seis millones de españoles que se ven en las mismas tesituras de explotación, víctimas de la avaricia y la codicia empresarial, que se explaya con todos, con los que actualmente trabajan presionados por el despido y con los más desfavorecidos cuando no disponen de los recursos mínimos para re-estructurarse. John Steinbeck se adentró en el estudio de este fenómeno social con sensibilidad, buen juicio y responsabilidad, aportando ideas y medidas para asegurar la dignidad de los trabajadores. Todo lo que se cuenta y muchas de las fotografías que se muestran en esta cuidada edición del Asteroide, nos harán pensar y tomar acciones y desde luego calará hondo en nuestra conciencia colectiva. De fuera hacia dentro. No cierren los ojos. ¡Abranlos más todavía! La ignorancia o la insensibilidad del pasado no deben prolongarse al futuro por el bien de las crecientes sociedades. Son momentos de tránsito. ¡Blum!


A los emigrantes los necesitamos y los odiamos.




lunes, 7 de diciembre de 2009

Submundo, de Don Delillo

La historia es el resultado de anhelos a gran escala.

Con esta épica he sido lector y testigo de la última victoria de ese fracaso anticipado que consiste en alcanzar la gran novela norteamericana. Una proeza que llevó a cabo su antecesor, Scott Fitzgerald, en El gran Gatsby con gran éxito, y lo que a su vez cerró casi todas las puertas a nuevas opciones de modernidad para la literatura. Sin embargo a Don Delillo aún le quedaba una bala: contar aquello que hay en los espacios en blanco. Describir esos momentos en los que la gente pone el televisor para escuchar los acontecimientos históricos, tal y como hizo en Libra con la muerte de JFK.

En Submundo esta vez elige un histórico partido de béisbol ocurrido en la ciudad de Nueva York por los años cincuenta para desarrollar su tesis. En ella expone como las civilizaciones no terminan de definirse por lo que son o por lo que creen sino que se definen por lo que desechan, por su basuras. Ahí reside la lúcida idea para un gran tránsito en la literatura, un gran apocalipsis literario. Delillo analiza los residuos de la mafia, la mugre de las guerras, espía los despojos arrojados por la civilización para mostrarnos el verdadero valor de la historia y de las personas.

Cotter Martin es un chaval de Harlem de 14 años. Es uno y a la vez es muchos porque representa esos anhelos que respiraba la ciudad en aquella época. 1951. El 3 de octubre, sin un céntimo en el bolsillo y en horario de escuela, saltó la valla de control del estadio de Nueva York junto con otros intrépidos hinchas para presenciar el partido de béisbol de los Giants contra los Doggers, los favoritos. De manera insólita Thomson, bateador de los Giants, hizo un home run que les dio el título para el equipo de Harlem. Cotter, sentado en las gradas, se hace con la pelota de esa victoria histórica. El mismo día la Unión Soviética probaba la bomba atómica. Y así arranca la novela, con una pelota de béisbol y una lejana pero temerosa bomba atómica.

New York Times. Portada del 4 de octubre de 1951.

Paralelamente y como referencia a la lucha que se producía entre un imperioso Goliat y un modesto David en los anales del deporte norteamericano, Delillo hace mención a un histórico combate de boxeo que tuvo lugar en Toledo, Ohio, el 4 de julio de 1919, entre Jack Dempsey VS Jesse Willard en el que Dempsey se coronó campeón del mundo de los pesos pesados. Aunque Willard era favorito Dempsey lo masacró derribándolo siete veces en el primer asalto y logrando el triunfo en el tercer round, como podrán ver en este video. Es espectacular. Una muchedumbre de hombres sigue la pelea a cuarenta y tres grados en mangas de camisa y sombreros de paja, muchos con pañuelos extendidos bajo el sombrero hasta los hombros, como si fueran disfrazados de árabes, y la enormidad de la paliza que soportó el gran Jess en aquel ardiente cuadrilátero blanco, el modo en el que el sudor y la sangre manaban vaporizados de su rostro cada vez que Dempsey le golpeaba. Fíjense ustedes.


PRÓLOGO: EL TRIUNFO DE LA MUERTE

Russ Hodges retransmitía el partido en ese día que amenazaba lluvia a los pocos que se habían acercado para verlo, agentes de seguros, ricachones de clubes nocturnos y peces gordos de Broadway. Entre el público, cerca del banquillo de los Giants se encontraban Frank Sinatra, Jackie Gleason, Toots Shor y J. Edgar Hoover, número uno de la administración de la nación.

A Hoover le cae en su hombro la página de una revista y esto le irrita. Clava su mirada en la imagen y descubre la representación de un cuadro en color atiborrado de figuras medievales agonizantes o muertas, un paisaje de desolación y ruina visionarias. Edgar nunca ha visto un cuadro como aquel. Sobre la tierra rojiza y pardusca desfilan ejércitos de esqueletos. Hombres empalados en lanzas, colgados de horcas, clavados en ruedas de púas previamente aseguradas en árboles desnudos, cuerpos abiertos a los cuervos. Legiones de muertos que forman tras escudos hechos de tapas de ataúdes. La muerte en persona a lomos de un jamelgo esquelético, en busca de sangre, la guadaña presta mientras acucia a aturdidas masas de gente en dirección a la entrada de quién sabe que trampa mortal. La página proviene de la revista Life. Branca lanza.

El triunfo de la muerte - Pieter Bruegel (XVI) Pintura flamenca. El Prado. Madrid.

Edgar Hoover descubre en la mitad de la escena a una segunda muerta montada por un esqueleto. Si pinchan en la foto se abrirá el cuadro con una mayor resolución para examinarla. La postura es de carácter incuestionablemente sexual. Los muertos caen sobre los vivos. Y comienzan a darse cuenta de que los vivos son pecadores. Los jugadores de naipes, los amantes que juguetean, el rey envuelto por un manto de armiño y con su fortuna almacenada en los toneles. Los muertos han venido a vaciar las cantimploras de vino, a servir calaveras en bandeja a la gente de bien durante el almuerzo. Se ve gula, lujuria y codicia. Los viejos muertos follándose a los vivos. Terror universal. Los muertos extrayendo ataúdes del suelo. Los muertos de la colina tañendo las viejas y ásperas campanas que repican por los pecados del mundo.

Este importante cuadro, tal vez donde reside el alma o el verdadero icono del Submundo de Don Delillo se encuentra en El Prado. Durante mucho tiempo estuvo en La Granja (Segovia) y al final fue cedido al museo. Pero antes sepan una cosa. El Metropolitan de Nueva York intentó hacerse con este cuadro y sus negociaciones fracasaron. Un B-52 y un avión nodriza colisionaron durante un reaprovisamiento rutinario a comienzos de 1966 y cuatro bombas de hidrógeno se estrellaron contra las costas españolas descargando material radiactivo. Las negociaciones por trasladar El triundo de la muerte de Bruegel a los EEUU como pago a la defensa que mantenía con sus fuerzas aéreas en España se interrumpieron por lo que el cuadro no se ha movido de su sitio. Sigue perteneciendo al fondo cultural español. En realidad las Bases Aéreas Norteamericanas son un peligro.

Y volvemos al partido. Thomson consigue un strike en la esquina interior. Bobby golpea en dos noventa y dos consiguiendo un sencillo y un doble. Marca el primer tanto de los Giants con un largo fly en el centro del campo. Brooklyn marcha en cabeza cuatro a dos. Branza lanza. No es un buen lanzamiento para golpear, es elevado y va por dentro, pero Thomson lanza el bate, que golpea la pelota como un mazazo, y todos, todos lo miran. Pafko corre hacia la esquina del campo izquierdo. Alcanza el muro. La gente se pregunta donde estará la pelota. Y Cotter, en la sección 35, ve venir la pelota en dirección a él. Siente como si su cuerpo se convirtiera en humo. Los Giants han ganado el título. Intuye que la pelota caerá por la segunda fila y en ese punto acierta a recibirla cuando un blanco estira su mano para engancharla y se produce entre ellos un forcejeo espartano.

Cotter, el chaval de catorce años, se hace con la pelota pero Bill, un tipo que se había sentado cerca de él, un blanco, le persigue incluso fuera del estadio para quitársela y éste se escabulle hacia el Harlem para llevarse su trofeo. Es la bola que golpea Thomson y la que le da el triunfo a los Giants.

PARTE 1: LONG TALL SALLY (PRIMAVERA-VERANO 1992)

Aparece Nick en un Lexus. Tiene 57 años. Está en el desierto. Esto nos recuerda a la portada. A lo lejos ve acercarse un taxi neoyorkino. Dentro, casualidades de la vida va Klara Sax., una ex-novia y con ella van estudiantes de arte, historiadores, profesores, piratas informáticos ya hastiados en busca de un mundo sin redes computarizadas. Lucen camisetas impresas con las palabras Long Tall Sally. Sally es una mujer blanca esbelta muy sexy. Icono de la belleza y la fuerza de América. Luego descenderemos al submundo de este icono y al interesante contenido que subyace.

Nick trabaja como gestor de desechos. Sí. Basura. Hace un viaje de negocios. Conversa con su antigua amiga Klara que le enseña su actividad artística con los aviones. Aviones ruinosos. Un proyecto muy interesante. A los pocos días regresa a casa. Está casado con Marian y viven también con su madre. La madre de Nick.

Un día alguien le invita a ir al estadio de los Dodgers y allí le cuentan la historia del home run de Bobby Thomson y de un individuo de personalidad obsesiva que buscó afanosamente la famosa pelota del partido. Después de cuarenta años la gente aún rememora el gran golpe de Thomson.

Un día entra inesperadamente en una tienda dedicada a la condología. Condones de todos los tipos y usos. Escena genuina en la literatura que engarza con el submundo planteado por Delillo y la naturaleza de las civilizaciones.

Nick le regala a Marian, su mujer, un vuelo en globo el día de su cumpleaños.

Descubrimos que el padre de Nick desapareció un día. Salió a comprar un Lucky Strike y jamás regresó. El tabaco está muy presente en esta novela como recuerdo de lo traumático.

MANX MARTIN 1

Cotter regresa a casa con la pelota disimulando que estuvo en el colegio. Su hermana Rosie de dieciséis años está enfrascada en sus deberes. Tiene dos hermanos mayores, uno está en infantería y el otro en aviación. Hay dos Norteaméricas. Una negra y otra blanca.

Cotter le enseña la pelota a su padre, Manx Martin, cuando llega a casa. Él no le cree. Es algo insólito. No sabe si le está tomando el pelo. Decide creerle y empieza a pensar en una importante ganancia.

PARTE 2: ELEGÍA PARA LA MANO IZQUIERDA (MEDIADOS DE LOS OCHENTA - COMIENZOS DE LOS NOVENTA)

El Asesino de la Autopista. Sepulturas espaciales.

PARTE 3: LA NUBE DEL DESCONOCIMIENTO (PRIMAVERA DE 1978)

La dietrología de la mafia, o la ciencia de lo que subyace en los sucesos, de el Llanero Solitario, del caballo Silver. Historia iconográfica. Muy interesante.

El secreto de Groenlandia ¿por qué no sabemos de nadie que ha estado allí? ¿por qué ocultaron la caída de un B-52 en la década de los 70?

Los zapatos spectator de Charlie Parker vestido de traje blanco en un club de jazz de Nueva York. Uno de los más grandes músicos de jazz, por no decir el mejor y de quien no podía prescindir para penetrar en el submundo de la historia de Norteamérica.



MANX MARTIN 2

En esta parte de la novela rescata el cine de Sergéi Eisenstein para analizar su estilo en películas como Iván el terrible, Que viva México y El acorazado Potemkin, la película sobre la que más se ha escrito en toda la historia del cine. Su innovadora técnica de montaje sirvió de inspiración para el cine posterior. La elección de este icono de la cultura está en total sintonía con su tesis puesto que para Eisenstein el protagonista en sus obras es la masa, el pueblo... la civilización.

Relata el arte puramente vanguardista de Ismael Muñoz, el graffitero de los vagones del metro de Nueva York. Es un personaje ficticio. En esta parte volvemos a descender al excitante submundo. Nadie puede destronar a Muñoz. Era superior a todos los artistas de la ciudad. Como ven es otro icono imprescindible para que la obra rezume autenticidad. Debíamos recorrer el soterrado subway neoyorkino.


Y de vez en cuando va metiendo algún petardazo que otro contra el judaísmo, contra sus incongruencias y sus clasismos.

“La propiedad lo es todo. Cada uno es producto de su propia geografía. Si eres un católico de Nueva York, eres judío. Si eres un judío de Butte, Montana, eres de lo menos judío que hay. Eres como un puré de patatas instantáneo.”

Uno de los mejores momentos de la obra se encuentra en la descripción del espectáculo que ofrecía Lenny Bruce, en 1962. Este cómico fue en 2004 colocado en el tercer puesto de la lista de los cien mejores comediantes que ha tenido Norteamérica. Se trata de la conversación surrealista que Castro mantiene con el arcángel San Gabriel. Está descrito en la página 599. No lo puedo transcribir porque ocupa tres páginas enteras y creo que es de obligada lectura. La escena es tremendamente divertida y muy inteligente. El arcángel San Grabiel se aparece en el cielo, sobre La Habana. Los guardaespaldas de Castro le despiertan y él les dice, Dejadme en paz, pero ellos responden, es el mensajero de Dios, y Castro se monta en un helicóptero y sube a ver que pasa. El ángel lleva una túnica blanca y sostiene una trompeta flamígera en la mano, y Castro se extraña de ver que el tío es negro. Piensa, estupendo, un negro que sabe hablar, podremos mantener una auténtica conversación sin gilipolleces. Y le dice al ángel, Escucha, yo no creo en Dios, pero déjame que te pregunte una cosa: ¿de parte de quien estáis vosotros? Y el ángel dice, Solo te lo diré una vez: estamos de parte de quienes tengan béisbol y jazz. Dice Castro, nosotros tenemos béisbol y jazz. Lo llamamos música afrocubana y te encantaría, tío. Tiene un ritmo increíble. Y Gabriel dice: no me menosprecies cacho hijo de puta. Yo tocaba con Bird, por si no lo sabes. Sí, tocábamos juntos en Minton en los viejos tiempos. De acuerdo, ¿quieres saber de qué lado estamos? Estamos del lado de los que tengan madres y tarta de manzana. Y dice Castro, No problema. Los rusos tienen madres y tarta de manzana. La llaman yablochi pirog. Dice el ángel, Muy bien listillo, estamos del lado de los que tengan al Pato Donald, a Mickey Mouse y a la mafia. Y Castro dice, Maldita sea, a la mafia la echamos de Cuba, pero ¿cómo es posible que os aliéis con ellos? Dice el ángel, Porque Nuestro Señor Jesús tiene especial cariño a la mafia, y dice Castro, ¿Y eso?, y dice el ángel, ¿Qué te crees, tío? Es italiano.

Cuatro años más tarde Lenny Bruce moría a sus 40 años en su domicilio de Los Ángeles, de intoxicación aguda por morfina, desnudo en el suelo de su cuarto de baño, las extremidades rígidas, la nariz destilando mucosidades, los ojos vidriosos y aún abiertos, la jeringa aún clavada en el brazo. Una fotografía policial de 20x25 de su cuerpo hinchado -fotografía que bien podría haberse titulado El triunfo de la muerte- figuraba en los archivos personales del director. Unas horas después de ser descubierto el cadáver empezó a circular el rumor de que había muerto asesinado por el Estado, debido a un efecto paranoide de la época.

Una de sus frases más legendarias fue:

Si no me amáis incondicionalmente, moriré. Tales son los términos de nuestra relación.



Durante una de sus actuaciones en el Cafe Au Go Go, del Greenwich Village neoyorquino, en 1964, Bruce usó más de 100 palabras obscenas. Agentes de policía camuflados asistieron a la actuación, y después testificaron contra Bruce. La acusación fue ofrecer una actuación obscena.

Sus actuaciones incluían gráficas descripciones del sexo oral, por ejemplo, además de la historia de un hombre cojo que intenta evitarse el trayecto por el pasillo de su casa hasta el cuarto de baño orinando en el fregadero de la cocina. Su fama se cimentó en ácidos monólogos en los que hablaba de sexo, religión, racismo, jazz, ética, política, patriotismo, leyes, aborto, drogas, el Ku Klux Klan y judaísmo. En buena parte de la década de los sesenta fue considerado un paria, ahora se le valora como el hombre que cambió por completo el concepto de stand-up comedy, los monólogos humorísticos que EEUU ha exportado a todo el mundo, incluida España.

En este punto abro un inciso para comentarles que existe una película de Bob Fosse realizó un biopic con Dustin Hoffman quien interpreta el papel de Lenny. Es interesante adentrarse en la ambientación. No es una gran película pero sí es entrañable y nos permite conocer como eran los espectáculos de Lenny Bruce. Aquí les dejo el punto de descarga.


La frase más beatnik que aparece en el libro es el “¡Vamos a morir todos!”, la que gritaba Lenny en su espectáculo. Aquello era la revolución de la psique, un lamento surgido de sus propias almas, de ese desesperado lugar sepultado al que uno exige el reconocimiento de sus derechos y necesidades primordiales. El momento cumbre de un sermón excéntrico soltado con acento hard bop a la chusma del desierto.

Vivían en la era de las bombas de megatones, armas basadas en organismos patógenos, destrucción, la guerra contra Vietnam, el bloqueo contra Cuba, espectáculos conspirativos para cripto-niños. Tiempos en los que un equipo de guerrilla urbana proyectaba un asalto a las basuras del número 4936 de Thirtieth Place, Northwest, Washington, DC. Aquello era el fin del mundo por triplicado. Querían llevarse la basura de gira. Alquilar salas en las principales ciudades. Contratar sociólogos de izquierda para que las analizaran artículo por artículo. Hippies dispuestos a frotarse el cuerpo desnudo con ella. Poco menos que a follársela. Poetas que escribían poemas al respecto. Y, finalmente, en la última ciudad de la gira, planeaban comérsela. Y luego, defecarla, en público. Algo tan normal como sacar la basura se convertía de pronto en fuente de la más profunda ansiedad.

“Según los dogmas beatnik era el enfermizo estado de Norteamerica lo que había producido la bomba. [...] Todo el paisaje beat estaba dominado por la bomba. Siempre lo había estado. Los beats no necesitaban una crisis de los misiles para pensar en la bomba. La bomba era la referencia más próxima que tenían de la endeblez moral de América, a ese país culpable de la existencia de altas chimeneas industriales y de grandes ciudades impersonales, dominada por la revista Time y J. Edgar Hoover, en la que la gente se encogía sobre sus tazas de café a lo largo de un millar de cafés de carretera azotados por la lluvia en las praderas de jazz, trotskistas secretos y patéticas ninfómanas de coños budistas.”

En el Submundo de Don Delillo está esa voz tan peligrosa para el Estado, la voz de los grupos secretos de insurgentes, anarquistas y revolucionarios de mirada inquieta, que se esfuerzan por desencadenar un tránsito, un cambio apocalíptico y exitoso. Ante esto, la apasionada tarea del Estado consiste en refrenarlos, estrechando el puño y preservando su derecho a controlar la mayor fuerza destructiva posible. Con las armas nucleares, dicho poder se identificaba con el Estado. El hongo nuclear representaba la divinidad de la Destrucción y la Ruina. El Estado controla los medios del Apocalipsis. Pero algún día las ideas se tornaran insurgentes y renacerán las bandas rebeldes, hombres y mujeres de cabellos largos, desaliñados y follando a diestro y siniestro, avanzando hacia la resistencia armada y organizada, intentando quebrantar al Estado e instaurar el fin del orden existente. En este punto describe una performance activista en protesta de las injusticias del sistema. En sus gritos está marcada la insurgencia.

Los desechos de la sociedad.
Un bebé asiático muerto por cada mocasín de Gucci.
¡Vietnam! ¡Ámalo o déjalo!
¡Asesinos blancos con pajarita negra!

Don Delillo nos descubre el contenido que subyace en los iconos de Norteamérica para que descubramos su verdadera historia. Uno de ellos es la Long Tall Sally que hay pintada en el morro del B-52. Una rubia esbelta de largas piernas muy sexy. La verdadera era una negra a la que Little Richard le dedicó una canción que lleva su nombre,
Long Tall Sally. Su Sally estaba en un callejón. Y el viejo tío John en el callejón con ella. Hecha a correr. Con todo lo que hay que tener. Yes baby woo baby. Vamos a divertirnos esta noche. Pero en realidad se trataba de una canción escrita por una mujer negra de Apaoloosa, Mississippi. Richard añadió los toques finales.


MANX MARTIN 3

Manx, el padre de Cotter, consigue hacer la venta de la pelota histórica, la bola del home run.

PARTE 6: ARREGLO EN GRIS Y NEGRO (OTOÑO 1951 - VERANO 1952)

Los datos del histórico partido de béisbol tienen relación con el número trece, el número de la muerte, el número de la transformación. Encuentra signos de ese número en la mayor parte de las informaciones que giran en torno al partido.

Sus múltiples personajes se desnudan para mostrarnos como son y cómo les hizo la historia. En este punto hay una frase muy interesante cuando Matty, entusiasmada con el Catecismo de Baltimore, observa en la lección quinta una ilustración en la que aparece un hombre y una mujer relativamente desnudos bajo un manzano con una serpiente enrollada en una rama. Al ver eso llama a su hermano Michael Kalenka y le pide que identifique al hombre y a la mujer. Mientras él reflexiona ella le dice que los que están en la foto son los primeros padres de todos nosotros. Michael Kalenka sonríe y dice:

“Tarzán y Jane.”

Al poco después inicia un discurso sobre la ciencia. Arroja descripciones muy interesantes sobre aspectos de la realidad. Evolución, gestación, tránsito, población, universo, energía, masa, cifras, letras, mapas, átomos...

¿Cómo es de pequeño el átomo? Os lo diré. Si las personas tuvieran el tamaño de átomos la población de nuestro planeta cabría en la cabeza de un alfiler.

Y la trama se cierra con una escena muy potente. Con un estallido. Nick se dirige a casa. Es de noche. Asciende por una estrecha calle en dirección a su edificio. Siente un impulso y se desvía por la puerta de una verja y desciende por unos escalones en dirección a los traspatios, a los sótanos. El pasadizo exterior no tenía luz y tanteó las paredes en busca de la puerta que daba acceso al interior. Percibió el aroma a piedra húmeda. El portero había estado regando los suelos. Entró y pasó junto al cuarto de calderas hasta alcanzar la puerta que había al final del pasillo. George estaba como siempre en la habitación, haciendo un solitario. Nick se sienta con él a charlar y a echar una partida. Ríen y juegan a las cartas durante una hora. George le dice a Nick que le quiere enseñar algo que ha encontrado hace un par de día dentro de un coche abandonado. Y saca del estante una escopeta. Una recortada. Con un cañón de cinco centímetros.
Nick la coge para observarla. Se pone de pie. La sopesa. Tiene en las manos un arma clandestina. Es vieja, está oxidada y desgastada. Es un trozo básicamente de chatarra. Nick empezó a adoptar una pose con ella como si fuera la pistola de un pirata o una vieja sílex de Kentucky. George sonríe. Nick le pregunta si está cargada. Contesta que no lo está y sonríe más abiertamente. Nick aprieta el gatillo. Y un estruendo retumbó en la estancia. Él se quedó allí pensando débilmente que no lo había hecho. Fijó la mirada en la sonrisa de George y le pareció que reinaba un espíritu de desafío. ¿Por qué iba a decir el tipo que no si estaba cargada?

Cuando le condujeron hasta el coche patrulla había gente en los escalones de las casas, en bata, algunos, y cabezas en numerosas ventanas, pálidas y contritas, y cierto número de jóvenes se habían acercado a las proximidades del coche, algunos a los que conocía bien y a otros de pasada, y le escrutaron fijamente con expresión solemne, pensando esto es como una historia que ha ocurrido, aquí, en sus propias calles, remotas y corrientes.

EPÍLOGO (DAS KAPITAL)

Esta es la parte más moderna de la novela. Aquí hace un análisis de la cultura, la globalización, internet, la industria, las sociedades, residuos radiactivos, basuras y religión. Uno de los temas más interesantes es el referido a esos enfermos que se acercan en masa a minas de uranio para curarse. Llegan de Europa, Canadá y Australia, con sus muletas y sus sillas de ruedas, y se sientan en túneles bajo las montañas de Montana, allí donde las emisiones de radón son varios cientos de veces superiores al nivel de seguridad federal. Intentan curarse de artritis, diabetes, ceguera y cáncer. Cuentan historias de perros paralíticos que se han levantado y han echado a andar.

Una empresa de residuos usa como logo de empresa una gaviota. Las gaviotas se abalanzan sobre montañas de basura y siguen a los buques a la espera del destello de las expulsiones que sueltan por la popa.

En Dallas fabrican heces sintéticas, excremento humano simulado para poner a prueba distintas calidades de pañales y otras prendas protectoras. Se vende en forma de mezcla seca compuesta de almidones, fibras, resinas, gelatinas y polivinilos.

http://blk.www/dd.com/miraculum

El link está roto. El servidor de esta dirección no se encuentra operativo. Misterio. He estado a punto de escribir a Seix Barral para notificarlo pero estoy seguro de que ellos ya lo saben. Esta obra la escribió Delillo en 1997. Hace doce años. Internet también sufre las inclemencias del tiempo.

Pues bien. Esto es todo por mi parte. Y ahora tan sólo decirles que tener el Submundo de Don Delillo en las manos es como sujetar los últimos cincuenta años de la historia underground de Norteamérica entre sus manos. Supone sujetar los despojos y amasijos culturales de la ciudad de Nueva York. Masticarlos. Descubrir nuevos sabores gracias a la Literatura de Altura de Don Delillo, a su visión apocalíptica, la visión del tránsito. Y como águilas cósmicas en un vuelo circular fijarán su poderosa mirada en las basuras de este condenado país, basuras comestibles que son mejores que lo que en otros países se sirve en la mesa. Verán que tienen basuras con las que uno puede amueblarse la casa y dar de comer a sus hijos. Reconocer el opulento botín de ropas que la gente tira a la basura y que uno puede ponerse con toda tranquilidad. ¡Qué distinto si hacemos un recuerdo de los antiguos mayas! Ellos no enterraban a sus muertos con joyas relucientes ni con otros objetos de valor. Los mayas enterraban a sus muertos con jarrones rotos, quebrados, tazas desportilladas y brazaletes sucios. Utilizaban a sus muertos como un perfecto sistema para deshacerse de la basura. Porca miseria.

“Todo va depositándose indeleblemente en el pasado.”