Hace una semana explorando en la biblioteca las novedades editoriales me topé con la publicación en Valdemar de la primera novela del inclasificable y surrealista macabro Roland Topor. Pues bien. No podía dejar escapar este regalo del destino. La he leído y he sentido auténtico pavor. He sentido grima y claustrofobia. Desde hoy todos los ruidos que hagan mis vecinos me recordarán el sufrimiento de Trelkovsky o El quimérico inquilino. Esta es una obra diseñada para afligirse en la deformidad psicológica con una gran dosis de humor negro, lo que la convierte en su conjunto en un relato sórdido e inquietante construido con sutileza y gran juicio.El quimérico inquilino se desarrolla en tres actos (El nuevo inquilino, Los vecinos y La antigua inquilina). La historia narra la progresiva autodestrucción psicológica y física de Trelkovsky, su protagonista, al quedar aprisionado en la espiral de la locura y sus terrores. Trelkovsky es un joven oficinista parisino correcto y discreto, que necesita mudarse y alquila un apartamento que ha quedado libre en la calle Pyrénées, por recomendación de su amigo y compañero de trabajo, Simon. Para el cambio ha de pasar por ciertas negociaciones con Zy, el propietario. Poco a poco las relaciones con los vecinos y su obsesión por el trágico suicidio de la antigua inquilina, le van sumergiendo en una pesadilla llena de extrañas visiones, una grotesca trampa que adquiere las dimensiones precisas de un angustioso apartamento.
Los personajes que van apareciendo en el transcurso de esta mudanza serán la clave de nuestra turbación. Zy, el propietario del inmueble, la arisca portera, el misterioso suicidio de Simone Choule, la antigua inquilina o incluso Stella, su amiga. Ellos generan un ambiente que te envuelve en el conflicto. Leyendo da la sensación de que has quedado atrapado en la desolación de este frío y decadente edificio.
El final inesperado constituye una obra maestra del tercer acto, un desenlace en el que el autor sugiere la terrible idea de la historia circular, del eterno retorno del tormento. Una historia de terror tan estrechamente enrollada sobre sí misma, tan fría, sigilosa y mortal como una serpiente en la cama.
Quiero recomendarles que no se pierdan la película tras leer esta macabra y obsesiva paranoia. Fue adaptada al cine con mucho acierto en 1976 por Roman Polanski. Tanto el reparto como la puesta en escena son inmejorables. Lectura y película forman un binomio muy sólido para introducirnos en las galerías del terror psicológico y reflexionar sobre los bucles a los que nos puede someter la locura. Disfrútenlas. Y atent@s en la novela al detalle del diente. Es sobrecogedor.
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