HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

lunes, 3 de mayo de 2010

Moderato cantabile, de Marguerite Duras

Literatura introspectiva con el tempo de la nouveau roman. Esta es la historia de una fascinación que transcurre en diez días. Anne Desbaresdes acompaña a clases de piano a su hijo para que sea instruido por la estricta profesora Giraud. La partitura es una sonatina de Diabelli que debe tocarse en Moderato cantabile, un ritmo moderado y cantante, como si se tratara de una canción para dormirse. Y este será el continuo compás del que pretende huir la novela con un lirismo poético. La sobriedad y continencia de esta pieza pronto nos hará entender que está en total sintonía con el mundo de deseos ocultos, represión y tedio en el que vive Anne, una rica mujer llena de hastíos que está inmersa en una lluviosa ciudad de provincias, como una moderna mademe Bovary.

Un hecho insólito cambiará por completo su vida. En la calle un gentío se agolpa en la puerta de un café. Llega una furgoneta negra. Es la policía. Anne baja a ver lo que sucede. Han matado a una mujer que yace en el suelo inerte. Un hombre, aferrado a sus hombros, la llama calmadamente Amor mío. Amor mío. Es su amante y asesino. La besa afligido en sus labios que emanan hilos de sangre. El signo de la pasión más verdadera.

Este accidente generará en la protagonista una fascinación absoluta que le subyuga a ahondar en sus anhelos y fantasías más escondidos. Al día siguiente entra en el café para conocer más detalles de la historia entre esos dos amantes y allí conocerá a un interesante hombre. Chauvin. La seducción y el sentido de vivir con libertad se desprenden poco a poco del decoro moderato cantabile que gobernaba su anterior vida.

Atrapados en este giro inusitado ya no podrán dejar la lectura hasta conocer el cautivador desenlace. Y en cuanto a la autora, a muchos de ustedes les sonará por un libro muy famoso que llegó a ser un éxito mundial y que consiguió el Premio Goncourt en 1984: El amante. Es una escritora que no podemos perdernos. Marguerite Duras nació en Saigón, Vietnam. Fue novelista, guionista y directora de cine francesa. Pasó su infancia y adolescencia en la Indochina Francesa. Al volver a Francia estudió Derecho, Matemáticas y Ciencias Políticas. Estuvo siempre muy cercana desde sus letras a la literatura de Stendal, Flaubert, Virginia Woolf, Kafka o de franceses como Sartre o Camus. Se interesó por la exploración de los flujos de conciencia y evitó hacer descripciones de cualquiera de sus personajes para profundizar en el verdadero magma de su psicología. Al igual que Beckett destaca en la severidad y el minimalismo de su estructura narrativa. El efecto final de esta obra es imponente. De fondo quedan el Boulevard marítimo, las magnolias, el sonido de la sirena, los melancólicos pasos de Anne Desbaresdes y la atrayente excepción a la regla. Otro Huracán en papel que les incitará a un enigmático tránsito. Sopesen y exploren, amantes de la Literatura de Altura.

martes, 20 de abril de 2010

Fin de partida, de Samuel Beckett

He llegado a un Nuevo Tránsito. He encontrado una de las escamas del hombre moderno. Y es por esto que me siento más liberado, pero les advierto que la experiencia ha sido angustiosa. Terrible. He sufrido desde la totalidad. A través de las crípticas sombras y el minimalismo literario de Samuel Beckett. Mis alas han sobrevolado una obra gris, explosiva, metafórica y potente. En ella se conserva su verdadera furia literaria, la que ha electrizado inexorablemente cada una de mis plumas para volar. Aquí. En este frío escenario estático, lóbrego y mortecino. En esta casa tablero descrita en la novela, en este hogar patriarcal situado en una playa frente al mar. Hundido en un espacio eterno donde sólo quedan cuatro piezas. Cuatro infelices Stauntons que proyectan el cometido de sus vidas con vehemencia, en un constante ritual abocado al desastre. En el final de una partida irrevocable. Un final de una existencia absurda que se acaba, consumidos por las mismas pasiones que nos enaltecen y nos degradan. Los cuatro son seres lisiados. Seres heridos, mutilados, lastimados por la guerra de los tiempos, furiosos, absurdos, reales, que habitan este interior desamueblado de luz grisácea con dos ventanas altas. Desde una se ve la arena y desde la otra el mar. Afuera, tupido y gris. Las olas de plomo. No hay sol. Todo el universo es negro claro. Es difícil enfrentarse a eso. Sólo un héroe puede sentir ese inmenso y Alto Vacío.

En la casa están Hamm, Clov, Nagg y Nell. Hamm es un ciego que no puede ponerse de pie y permanece sentado en una silla de ruedas. Busca siempre la posición más poderosa, el centro de la habitación, como el rey de un tablero. Clov es su sirviente, su guante. Su tara consiste en no poder sentarse, lo que le convierte en el más activo. Actúa a las tiránicas órdenes de Hamm, por inercia. A veces emite algunos impulsos propios de autonomía, como observar las paredes o ir a la cocina. Es torpe y menos inteligente pero posee atributos valiosos como la vista y su deseo por cantar. Ambos se necesitan. Fueron por mucho tiempo complementarios, pero ahora, al final de la partida, ya no se aguantan. Han llegado a un sin sentido. Nagg y Nell son los padres de Hamm. Ambos están dentro de un cubo de basura cada uno. Son viejos. Presentados como inútiles. Su único deseo es comer y sus conversaciones son irresolutas. Nell, la madre, emerge del fondo del cubo para arrojar una frase que les hará temblar. Y que a su vez es la tesis de toda la obra.

“No hay nada más divertido que la infelicidad.”

sábado, 17 de abril de 2010

La Regenta, de Leopoldo Alas "Clarín"

Regresar a nuestra literatura añeja, oxigena. Siempre. Y más aún cuando se trata de la sátira severa de un ateo liberal como lo fue "Clarín". Madame Bovary, de Flaubert, y Ana Karenina, de Tolstoi son almas gemelas de esta intensa obra española. Al leerla penetraremos en la más profunda interioridad de una ciudad, Vetusta, y de sus personajes , lo que nos inducirá a una interesante regeneración moral y cultural. Sentiremos la pasión por la libertad y las nuevas ideas. Nos hará entregarnos en cuerpo y alma al desenlace.

La Regenta fue la primera novela de Leopoldo Alas "Clarín". Empezó a escribirla en 1883, cuando tenía 31 años, y fue publicada en dos tomos entre 1884 y 1885. En contra del clero. Unos años antes, en 1878 había obtenido ya el título de doctor en Derecho civil y canónico, con la calificación de sobresaliente. En su cátedra como profesor de Universidad nunca aceptó ni sobornos ni recomendaciones. Se lo acusaba de carecer de ningún tipo de benevolencia.

Parace ser que lo que ocurre en Vetusta y lo que ocurría en Oviedo no era muy diferente, las coincidencias fueron demasiadas y muchos empezaron a identificar a los personajes entre los habitantes reales. Suscitó una total agitación local, estatal y finalmente universal.

La heroica ciudad dormía la siesta. El viento Sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte.

Esta es la historia de una mujer en una cruzada entro lo místico y lo pasional. Clarín tuvo que publicar La Regenta en Barcelona, en medio de un duro enfrentamiento con el clero debido a la temática de la obra. En concreto al personaje absolutamente diseccionado de Fermín De Pas.

Reflejo del Oviedo del s.XIX, la ciudad de Vetusta se convierte en una de las protagonistas de la obra para acoger una historia provocadora que no dejó a nadie indiferente en el año de su publicación. Ana Ozores, una bella y joven mujer, se casa con don Víctor Quintanar, exgerente de varias audiencias de Vetusta, y mucho mayor que ella. De él recibe el pseudónimo de la Regenta. Su vida, monótona y vacía, le lleva a la desesperación y a la búsqueda de una realidad diferente. Encontrará dos caminos: el místico y el pasional. Encarnados en dos hombres: el Magistral don Fermín de Pas, y el don Juan del lugar, Álvaro Messía. Uno será su confesor, el otro su amante, generando en ambos un sentimiento de atracción sexual, bajo la atenta mirada de los habitantes de Vetusta.

Es perfecta. Cuando observo una torre o un campanario me imagino que Fermín De Pas nos está vigilando con su catalejo. Todo sigue funcionando de la misma manera. Esa es mi impresión más firme tras leer esta soberbia obra maestra de la literatura. Estamos obligados al tránsito y a la regeneración de ideas. Sea cual sea nuestra época. ¡Avancemos!

martes, 30 de marzo de 2010

El diablo en Semana Santa y otros relatos, de Leopoldo Alas "Clarín"

Nada más ver el título sentí la necesidad de leerlo. Frecuentaba la biblioteca, una vez más. Mi cabeza me pedía leer un totem de la literatura española. Una portuguesa llamada Adelaide, enamorada de nuestra lengua, me habló con devoción de Leopoldo Alas "Clarín". Encajó a la perfección con mis altas necesidades. Nada más salir por la puerta me arrojé a su lectura. Paseando. ¿En qué ocupaba su tiempo el diablo en estas fechas? La curiosidad robó toda mi atención. En las calles podía sentir como resonaban los tambores y el frugal aroma de los hilos invisibles del incienso. Compré unos cuernos con crema y Clarín empezó a contármelo todo.

Por esta época el diablo bosteza como un león en su jaula. Se aburre. Bosteza de hambre de picardías que le faltan durante la Semana Santa, tal como se muere el cómico de inanición en estos días. Cuando la tierra madre comienza a hincharse con la comezón de dar frutos, yéndosele los antojos en flores, llenándolo todo de aromas y de alas de mariposa. Así que El diablo en Semana Santa cuando ve que brota la primavera en los botones de las plantas y en la sangre bulliciosa de los animales, se dice a sí mismo: “Esta es la mía.” Y en ese momento se le ocurre una idea extremo diabólica que nos despertará la inquietud con gran maestría. Y les calentará las manos.

El segundo relato es la historia de Pepe Francisca y su manjar soñado, la Boraña. En una tarde de agosto Pepe regresa rico a su pueblo natal. Trae consigo una fortuna pero también una pena y un fuerte anhelo.

“¡Madre, torta! ¡Leche y boroña, madre!”

Primitivo Protocolo era un niño seco, delgaducho, encogido de hombros, de color aceituna; un museo de sarampión, escarlatina, ictericia, catarros, bronquitis y diarreas, que vivía malamente gracias al jarabe de rábano yodado y a la emulsión Scott. Primitivo fue aumentando su talento con cada fiebre y cada enfermedad, rodeado en la cama de mapas, libros técnicos y diversos aparatos para su alarmante precocidad. Al entrar en la Academia se convirtió en El número uno de su promoción. El relato de la sobredotación intelectual. Su final es hiperrealista. Fascina.

Doña Indalecia es una viuda de sesenta años, nacida para jefe superior de Administración o para Ministro del Tribunal de Cuentas o acaso mejor para inspector general de policía. Una beata antilimosnas que conocerá a Don Pantaleón Bonilla, director de la Biblioteca provincial, un vejete muy distraído únicamente atento a sus libros, sus teorías de filósofos y de bibliófilo científico que reparte donativos, calderilla a puñados, como el labrador que siembra y arroja el grano sin responder, más que con la esperanza de que la simiente fructifique… Para vicios. Un relato precioso.

Mariquita Varela, casta esposa de Fernando Osorio es La imperfecta casada. Mejor no les cuento por qué. Les recomiendo que lo descubran ustedes, amantes de la literatura.

Todo esto se lee en un suspiro. Las letras de “Clarín” son perfectas. Sus palabras resaltan como el oro y su mensaje se experimenta como un baño de humanismo. Que alegría me da comprobar cómo la literatura también puede ser una procesión. Yo la sigo a donde vaya. ¿Me acompañan? Aprenderemos muchas cosas... pero sobre todo, sentiremos grandes cosas.

lunes, 29 de marzo de 2010

Los muertos, de Jorge Carrión

Literatura de interferencias. Flashes. Reminiscencias. La ficción se hace más real que nunca. Los muertos se presentan en nuestra percepción para vivir con total autonomía. Al leer no sabremos nunca si el paso siguiente será la «pisada final». Tampoco donde nos encontramos. Interferencia. Experiencia. Sólo esto. Si alguno de nosotros supiera que estamos haciendo, o hacia donde vamos, sería mejor que no nos lo dijera. Carrión desea contarlo. Con interferencias. Mediante el influjo de los personajes que han existido en la ficción, tanto literaria como fílmica.

El mérito de esta obra reside en parapetar los dramas de los muertos como el espejo de la vida. La mente del escritor ha quedado enmarañada siguiendo a los fantasmas alzados ante él por otros escritores y pretende curarse de su éxtasis delirante explorando sentimientos humanos en un lenguaje humano, mediante escenas que permitirían a un ermitaño hacerse una opinión de los asuntos del mundo y a un confesor predecir el curso de las pasiones. Carrión propone una nueva descontextualización. Interferencias.

El relato está tejido con frases cortas. Acción. Movilidad escénica. La trama arranca en Nueva York. Un callejón aislado, oscuro. Un agujero negro en el centro de la metrópolis del mundo. Allí yace arrojado en el suelo, el Nuevo. Un inmigrante que acaba de llegar a la ciudad. En breve va a ser apaleado. Pateado. A través de este personaje conoceremos los verdaderos valores cívicos que deben ser rescatados con urgencia. La solidaridad. La ayuda. La participación. Ofrecer nuestra mano al extranjero. Todos somos Nuevos en este mundo.

Nueva York sufre una agitación híbrida, vagabundos arrodillados, ciclistas con prisa, transeúntes anónimos, repartidores de publicidad. Un zepelín sobrevuela la avenida. Roy, un pensionista advierte por una de sus cámaras como golpean a el Nuevo y acude a salvarlo. Selena, su pareja, ejerce el psicoanálisis. La identidad es un valor en alza.

Los muertos, aún sin sufragio universal pueden provocar un tránsito transgeneracional. A través de ellos nuestra vida puede entrar en alteridad. Son como una vela que nos ilumina por dentro. Tienen la virtud de derrocar los tópicos y por lo tanto suscitar una revolución conceptual. Aquí he defendido muchas veces que esa es una de las fuerzas que posee la literatura. Con ella podemos trascender. Volvernos a enamorar. Profundamente. La literatura es un camino. Leyendo marcamos un itinerario de identidad. Toda nuestra personalidad queda vulnerada a su exposición. Nos permite sopesar y reflexionar. Leer es una dificultad placentera que convierte la experiencia en un acto sublime. Somos seres solitarios en busca de la universalidad. Por nosotros bailan generosos los memes de la literatura, para nosotros, amantes del arte letrado. Dispuestos al tránsito. A la regeneración conceptual.

“Con el tranvía aún en marcha Roy se apea en una parada desierta. Un complejo de apartamentos, paredes cubiertas de grafitis: "¿Quién vigila a los vigilantes?", "No Dios; Bienvenidos al Planeta Infierno.", "Corred putas al poder, que vuestros hijos ya llegaron.", muros que rodean solares, pavimentos en putrefacción. La ciudad se disfrega a cada paso.”

En esta primera novela de Jorge Carrión se acumulan elementos del ciberpunk, la novela postraumática, el cómic, nociones del afterpop, el mundo del hampa, la metáfora underground de Don Delillo, la interconexión del mundo virtual de Second Life, la ciencia ficción de Blade Runner y el reto de la innovación literaria. Secuencias cortas. Arroja instantáneas. Fragmentos. Híbrido del Western y Crónica de Viaje. Una novela utópica con un disfraz antiutópico. Yo he sentido una nueva estética. Digamos que es un saludo a los lectores. Ahora tendrá que trabajar en el contenido. En un guion sólido. La debilidad de todos estos saltos hipertextuales está en la falta de cohesión. La sensación final me deja una impresión borrosa. Un intenso análisis de series de televisión y una fuga del poder de la literatura. Produce insubstancialidad siendo en su inicio como una bomba, una bomba de humo. Houdini habría desaparecido en el acto mientras que a Carrión se le sigue viendo en el escenario. Aún es un mago en ciernes de la literatura. Confío en que nos entregue en su próximo proyecto un truco rematado. Promete. Creo que debe decidirse entre la literatura o el cine. Tiempo al tiempo.

“La cicatriz es nuestro segundo ombligo. No tenemos memoria de ella. De algún modo es la huella de lo que causó nuestro tránsito. Y tú no tienes. Sin cicatriz es más difícil la memoria. La memoria de la muerte. Sólo la memoria de la muerte lleva a la afirmación de la vida, digámoslo así: integramos en nosotros lo extranjero.”

jueves, 18 de marzo de 2010

Tierra desacostumbrada, de Jhumpa Lahiri

Fue declarado por el periódico The New York Times como el mejor libro del 2008 y algunos ya empiezan a decir que Jhumpa Lahiri se ha consolidado como una de las voces más importantes de la literatura norteamericana. Esta escritora de ascendencia bengalí nació en Londres y a los dos años se trasladó con su familia a Rhode Island, Estados Unidos. Sus tres libros giran en torno a la migración, la identidad y la familia. Todas sus historias de amor son inexorablemente tristes. Todas. Y lo son para que podamos entender la parte más difícil de la vida. Habla de bodas arregladas, de tradición familiar, de conflictos personales y de la emancipación personal. Tiene la virtud de mostrarnos ampliamente la conciencia de sus personajes imaginarios para entrar en la vida de esa gente como si fuera un viaje extraordinario. Detalla sus comidas, sus vínculos singulares, sus miedos, sus pasiones, y la importancia que poseen los lugares para que podamos desarrollarnos individualmente, lejos de esas tierras agotadas, donde ya no crece la patata por haber sido plantada durante demasiadas generaciones. Jhumpa Lahiri confiesa necesitar nuevos territorios, tierras desacostumbradas, tierras fértiles para crecer y tener una vida plena. Este deseo es el núcleo de investigación narrativa con el que parte para llegar con su literatura de victoria y realismo fidedigno a los más de 700 mil lectores de ascendencia bengalí en Estados Unidos que comparten estas vivencias y emociones sobre el exilio, la desilusión y la madurez obtenida en nuestra sociedad moderna, dentro de un mundo cada vez más fragmentado.

En Tierra desacostumbrada seremos testigos de ocho relatos independientes que se relacionan. Relatos sobre la vida bengalí exiliada en Norteamérica. Los personajes muestran todas sus inquietudes y preocupaciones de su cultura bengalí. Todo en este libro es bengalí. La sensación que me queda es de ser un libro para bengalíes, vetado a bengalíes. Yo, sinceramente, me he aburrido como un batracio en una pecera sin comida. No he podido extrapolar nada a mi mundo. Tengo la sensación de haber caído en un espacio hermético. El efecto provocado como lector es infecundo. A mi no me conmueve. Y me recuerda a otra obra aparecida recientemente donde sí removió todos y cada uno de mis sentimientos. Pero estas eran otro tipo de tierras. Fue la lectura En tierras bajas de Herta Müller. Una estructura similar. Once relatos interrelacionados para evocar el desarraigo de una comunidad de ascendencia suaba. Todos los relatos te atravesaban el alma. Soy consciente de que hay tierras y tierras. Ahora elijan ustedes.

domingo, 14 de marzo de 2010

El Dios de la sonrisa oscura, de Michael Chabon

Tras la lectura de Enemigos públicos, la enriquecedora e intelectual correspondencia entre Michel Houellebecq y Bernard-Henri Lévy que se cruzaron en 2008 y la sugestiva revisión de Un perro andaluz de Luis Buñuel, sentí unos irrefrenables deseos de arrojarme a un relato policíaco y tenebroso que me situara al borde de la frontera entre lo macabro, lo infecto y corrompido. Y en ese afán apareció en mi biblioteca El Dios de la sonrisa oscura de Michael Chabon. La idea de una risa oscura me produjo tensión y en cuanto me puse a leer para averiguar quien era ese Dios de artimaña insondable surgió de un bosque de Asthown el cadáver ensangrentado de un payaso grotescamente vestido con un traje de velvetón naranja y púrpura brutalmente asesinado.

Y así, nada más captar esa tétrica escena reapareció en mi imaginario literario la atmósfera lúgubre y misteriosa de los cuentos de Lovecraft y Poe. Noté que algo muy extraño estaba ocurriendo y además era de ese tipo de cosas que se nos escapa a la percepción de nuestro ordenado mundo rutinario. Edward D. Satterlee, el fiscal del distrito escribe esta intensa crónica-informe para describir lo sucedido y lo hace como carta de dimisión ante esta última risotada funesta que le presenta el destino.

“El mundo es una broma que no se puede entender y nuestra necesidad humana de explicar sus prodigios y sus horrores, nuestro ingenio atroz para inventar esas explicaciones, no es nada más que el redoble de tambores que acompaña el final del chiste.”

El relato va in crescendo por momentos hasta producir un inquietante misterio. Las pistas nos permiten ir descubriendo como es la vida de este escalofriante personaje y el leitmotiv de sus perseguidores. Les alerto, sobre todo cuando entren en la cueva en la que el payaso se refugiaba y observen bien el tipo de lecturas profundas que estudiaba. Este punto revaloriza mucho la narración y aumenta la tensión del desenlace. Aquí Michael Chabon escribe con fuerza, no tiene nada que ver con su enclenque novela El sindicato de policía yiddish. Puedo decir que se trata de un relato extremadamente corto pero sobrecogedor. Tiene potencia. Incluso ya presiento que la próxima vez que vaya al Circo si de alguien me voy a acordar es de Chabon y de su estremecedora risotada literaria. Sentiré un gélido temblor en el cuerpo por esos imperios invisibles, por las profecías antiguas y por la invocación de oscuras emanaciones cósmicas. Paparruchas... ¿no creen? Ficciones. Pero ficciones... que acojonan.