HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

lunes, 21 de abril de 2008

Un viejo que leía novelas de amor de Luis Sepúlveda

Estamos ante uno de los grandísimos best sellers hispanoamericanos. Más de 18 millones de lectores han entrado sigilosamente en la Amazonía ecuatoriana de la pluma realista del chileno Luis Sepúlveda, desde 1989, gracias a este breve relato tan vibrante y entrañable. Da pena su corta extensión de tan solo 137 páginas. Posee una escritura llana, concisa y de gran impacto. Dentro hay párrafos inolvidables que pueden ser releídos y saboreados repetidas veces. Uno siente que por fin está ante una novela auténtica que le dejará una huella imborrable.

Se trata de la historia de Antonio José Bolivar Proaño, un hombre que vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar quienes le enseñan a conocer y respetar verdaderamente la Selva y sus leyes, pero también a cazar el temible tigrillo como jamás ningún blanco pudo hacerlo. Un buen día decidió leer con pasión las novelas de amor -del que hace sufrir- que dos veces al año le lleva el dentista Rubicundo Loachamín para distraer las solitarias noches ecuatoriales de su incipiente vejez.

He sentido una gratificante satisfacción al leer esta novela, a la que calificaré de sorprendente y mágica. Me ha contagiado unas ganas irrefrenables de viajar hasta las entrañas de la Amazonía. Me ha devuelto de nuevo la fascinación por los maravillosos seres que habitan la Naturaleza. Aquí se nos muestra una conciencia de la vida inigualable. Este libro está lleno de lecciones, es toda una escuela de Medio Ambiente que les aportará un sentido pleno sobre el respeto y la convivencia dentro del planeta.

Al ver la portada del libro sentí la imperiosa necesidad de leer esta novela a orillas de un río, en contacto con la Naturaleza, y dediqué, durante tres días, unas pocas horas a caminar por la ribera del Ebro mientras me adentraba literariamente en la Selva Amazónica para acompañar a Antonio José Bolivar Proaño, un héroe que supo leer auténticas novelas de amor, como El Rosario de Florence Barclay o Corazón de Edmundo D´Amicis. Disfruten, queridos lectores, disfruten.

martes, 15 de abril de 2008

Las aventuras de Barbaverde de Cesar Aira

Es el primer libro que leo del argentino Cesar Aira. Su escritura es limpia. Crea continuamente nuevos escenarios y da gusto disfrutar de su creatividad. Por lo demás, con esta novela ambientada en un universo de héroes y villanos, al estilo del comic estándar, me he aburrido notoriamente y no me ha aportado nada interesante, excepto sus impresiones sobre el arte contemporáneo. Las cuatro historias que componen esta obra no me han hecho vibrar en ningún momento. No atrapa en su narrativa aunque deja presentes escenas curiosas e imaginativas que aligeran un tanto la lectura.

El legendario Barbaverde prácticamente no aparece en la novela y esto deja paso a un periodista, Aldo Sabor, que quedará inmerso en los acontecimientos con su amada fotógrafa, Karina, y juntos danzarán en la lucha entre el Bien y el Mal, contra el eterno rival, el malvado profesor Frasca.

Para los amantes del comic tienen la oportunidad de leer a gran velocidad literatura de una gran riqueza expresiva y disfrutar con los originales escenarios que aquí son ambientados. Encontrarán tanto en el primer relato El gran salmón como en el tercero Los juguetes mucha acción, lucha de opuestos, sorpresa y desenlances heroicos para tener encantada a la chica. Del resto juzguen ustedes mismos. Yo espero poder entrar a una nueva novela de Cesar Aira con una temática más sustancial. Hagan lo que puedan con este libro.

domingo, 30 de marzo de 2008

Mil cretinos de Quim Monzó

La entrada en sus escenas literarias es serena, en su lectura notas que algo destaca, que desentona en el contexto descrito o que reluce en ese pequeño lienzo narrativo, al poco la narración da un giro y aquello que se realzó revuelve el sentido de todo el texto hacia lo trágico, con seriedad, reflejando lo irremediable y absurdo. Monzó pinta literatura contemporánea, sus pinceladas cortas pero bien trazadas plasman los colores básicos y contrastados de los que está hecha la vida que va captando en su etapa más madura. Como lector he recogido todas estas piezas para formar el puzzle de sentimientos que me han sido entregados en estos diecinueve relatos. No se trata de un pululante recorrido de anécdotas sino de un peregrinaje transfronterizo por la barroca geografía de la insondable existencia tragicómica y de los que a ella pertenecemos como tipos y subtipos en sus multivariados formatos de lo grotesco.

En el primer relato conoceremos al anciano señor Beneset, transmutándose, vistiéndose y acicalándose de mujer sofisticada en una residencia geriátrica. Este singular personaje rendido a su devota metamorfósis me hizo rememorar el caprichoso entretenimiento sensitivo del lúcido y genial Richard Wagner, gran aficionado al travestismo más esnob. Beneset o el alter ego de Monzó se me apareció como alguien que concienzudamente queda desdibujado a nuestros convencionales ojos y dedica sus atenciones a crear y a reinventar su propia y legítima individuación intuitiva con el rojo pintalabios, el insistente esmalte de uñas y un luciente bigote blanco. Descarté la posibilidad de un retrato desvariado, las frases de Beneset rebosan memoria, ética y coherencia, así que pronto capté la notoria presencia de este simpático y sordo señor que reforma su existencia entregándose a ella como si fuera un entretenimiento para engañar la dolorosa monotonía de la vejez, con actitud benevolente y comprensiva. Sólo me preocupó la distancia que le separaba de su muerte. Y de este cuento crucé a El amor es eterno, y así lo entiendo yo igualmente de eterno por lo que provoca, una completa curación en todos los aspectos del individuo, redención y plenitud. Los matices me enriquecieron los sentidos. Después entré a la casa de la "mujer desolladora" que despellejaba despiadadamente su pasado y su presente con meticulosidad obsesiva, alimentando un rencor autopunitivo y desaforado a golpe de tijera, martillo y cortafrío, descorchando y aniquilando ropa, armarios, baldosas, paredes y cualquier huella familiar, palpitante en su casa, que le uníera a su fugado marido. La tensión se incrementa paulatinamente en cada página, las acciones se cuadruplican, todo se endurece hasta la catástasis, en la mañana silenciosa del el Sábado, su tercer cuento, que me produjo un horror visceral al presenciar su final fogosamente acorde. Y hasta ahí llega, ya no hace falta saber más de la mujer despellejadora. En Dos sueños me empañé de las sustancias oníricas del Eros y Thanatos, los deseos y los miedos, me sirvió como un refresco, como un descanso en la caminata de episodios. Y de allí me cobijé en un piso alto situado en una bocacalle de las Ramblas de Barcelona y con la atención plenamente consciente Miro por la ventana, y me hice cargo verdaderamente de las cosas que sucedían en mi vida. En este punto mi poder de reflexión se incrementó deliciosamente. Seguidamente ocurre algo sorprendente, un relato tenebroso, que destaco como uno de los más impactantes de este recorrido, titulado La alabanza, del cual no adelanto nada para asegurarles el mismo impacto que yo recibí. Con ese sobrecogimiento continué el camino hacia La llegada de la primavera, de nuevo regreso a la recurrente temática del geriátrico. Microrrelatos dentro del relato sobre hijos que visitan a sus ancianos padres cautivos en celdas dedicadas a la senectud más letal. Se debate la eutanasia, la muerte acelerada, la ausencia de consciencia, los ejércitos de cretinos indiferentes, la búsqueda de alivio, la memoria difusa y los secos deseos. En esta parte yo sentí un dolor irónico. Dejé la lectura durante un día. Me distancié de Monzó para pensar en él. Al día siguiente nada más ver el libro en la mesa del salón, lo agarré. Otra vez mio. Con mano firme retomé la lectura y me dí cuenta de que a partir de ese último relato leído, casualmente, empezaba la segunda parte del recorrido y me apareció una nota de un enigmático autor surrealista del Movimiento Pánico, Roland Topor que escribe -Mamá - dijo el pequeño Serge cuando despertó - esta noche ha venido un señor y se ha hecho pipí en la cama. - Esto supone adentrarse en las galerías del inconsciente para acceder a la pertinente Realidad. Mi viaje se llena de misterio y me veo como un espectador de La sangre del mes que viene observando una conversación que mantiene María con el arcángel San Gabriel sobre el hijo que Dios le manda tener y al que llamará Jesús obligatoriamente. Tan breve que ocupa sólo una página, pero, tan sustancioso como un secreto íntimo. Todos los siguientes relatos son intencionadamente cortos, a los sumo cuatro páginas, Treinta lineas describe en cincuenta y dos lineas el ejercicio de la escritura y lo deja palpablemente demostrado en Un corte para que podamos observar el ímpetu del autoritarismo antisocial. De ahí nos trasladamos a un sentimiento opuesto, la entrega de amor Una noche en la que un príncipe se ve obligado a excitar los sentidos de la bella durmiente, que tiene un gran paralelismo con la siguiente Otra noche en el que se describen los diferentes usos que se le dan a la lectura antes de dormir. Y de ahí, ya poco nos queda para finalizar tan suculento banquete literario, que dejo a su sorpresa. ¿Realmente ustedes piensan que el relato corto tiene sus días contados?

Monzó, eres cojonudo. Mete caña, que yo te sigo.

jueves, 13 de marzo de 2008

La Casa de los Encuentros de Martin Amis

Martin Amis, se le conoce como el genio cómico. Debutó brillantemente como novelista en 1973 con El libro de Rachel , galardonada con el premio Somerset Maugham que reconoce al mejor escritor británico menor de treinta y cinco años, premio que también consiguió su padre Kingsley William Amis, el creador de Ian Fleming, el verdadero James Bond. Su madrastra, ElizabethJane Howard, también escritora, le aficionó a la narrativa de JaneAusten. Tras trabajar como crítico de literatura en prestigiosas revistas de literatura, decide dedicarse en exclusiva a la escritura y se convierte en director de la sección literaria del célebre New Statesman.

En sus novelas, caracterizadas por su aguda sátira, refleja temas cotidianos y contemporáneos como las drogas, el sexo o el medio ambiente. Su principal y más destacada obra es Dinero (1984). En este momento, junto con Ian McEwan, representa a una de las más prestigiosas plumas de la literatura británica actual.

La casa de los encuentros es otra nueva historia de amor, una narración que gira en torno a un triángulo amoroso entre dos hermanos y una judía por la que competían y a la que amarán toda la vida. Los hermanos son encarcelados entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la muerte de Stalin por irrisorias, imaginarias y paranoicas transgresiones políticas y ambos acaban en Norlag, el mismo campo de trabajo de Siberia, un lugar casi zoológico en donde se disputan las jerarquías del horror, los sanguijuelas, las langostas, los cerdos, las víboras y los comemierda. Pero, sorprendentemente, entre los barracones del campo que albergan a los hambrientos y desnutridos esclavos hay también una Casa de los encuentros, donde se permiten visitas conyugales y por lo tanto la posibilidad de una relación sexual. Las mujeres viajan durante semanas o meses con la esperanza de pasar una noche en una pequeña choza con sus famélicos maridos, para poder recrear sus paraísos perdidos. ¿Se trataba de una perversión más en un sistema perverso? Lev, el hermano menor llegó al gulag en febrero de 1948, de noche , recién casado con Zoya, su admirada judía, la mujer de este intenso triángulo. Su hermano, el narrador sin nombre de esta historia, el superviviente y el protector, aunque también rival, emigrado desde hace años a América vuelve a Rusia como turista o tal vez como suicida y rinde cuentas a una hijastra fantasmal con aplastante sinceridad para hundirse en el espesor de la realidad.

En la literatura existe un canon velado que empuja a los escritores forjados en la literatura de altura a citar en sus novelas a aquellos maestros de las letras que están unidos al país en el que se sitúan los acontecimientos de su historia. En La casa de los encuentros nos adentraremos en los vastos y ensangrentados territorios de la Unión Soviética y exploraremos las galerías anímicas de una Rusia que agoniza y a mitad de la narración notaremos cómo brotan los pámpanos literarios de Pasternak, Dostoiovski, Joseph Conrad, Eugenia Ginzburg y el Tolstói de Rusia: Vasily Grossman. Tomaremos contacto con la incomprendida situación de un país desfragmentado que vive una pesadilla de mucho talento. Martin Amis nos entrega un admirable resumen comprimido del desarrollo evolutivo del último siglo consumido en la llanura septentrional euroasiática, lugar en el que se cometieron menos errores contra la humanidad que en Alemania y hoy, sin embargo, compararlos resulta abominable puesto que Rusia padece un castigo superior y es alimentado políticamente por un comunismo totalitarista basado originalmente en ideales nutridos en el antropocentrismo de la Ilustración. A través de esta madura obra tomaremos consciencia de la irremediable enfermedad soviética y de la necesidad de aplicar una sanadora inyección letal que permita el tránsito hacia un lado más luminoso.

lunes, 3 de marzo de 2008

Chesil Beach de Ian McEwan

Chesil Beach es una playa llena de guijarros en la costa suroeste de Inglaterra, cerca de Portland, donde las olas embisten con furia el litoral en el que cada piedra posee una identidad única en un entorno presionado por el agua y el viento. Los pescadores locales alardean de su capacidad para emitir una ciega identificación de la ubicación original de un guijarro según su forma y textura, sobre Chesil Beach. Y es aquí, en este singular espacio en el tiempo donde conoceremos a Florence y Edward, dos educados jóvenes de veinte años que se aman, y llegan ambos vírgenes a su noche de bodas, una tarde de verano de 1962, en la costa de Dorset, en la suite de un pequeño hotel que ocupa una posición elevada en un campo desde donde se divisa la playa de los guijarros. Dentro de esta suite les resultará imposible mantener una conversación sobre sexualidad, para tratar sus dificultades más íntimas, lo que pone en riesgo su vergüenza, su disgusto y su pesar hacia una inevitable agonía, como si se tratara de un juego mortal. La vergüenza social se muestra como una hiriente posibilidad de destrucción.

Ian McEwan, uno de los escritores más prestigiosos de la narrativa inglesa, crea en su última novela un perpetuo afán en el lector por aprender lo que les sucede, hasta una febril desesperación por llegar a la revelación del secreto asunto entre la repugnancia y la alegría. En esta novela los guijarros saltan y son lanzados por culpa de una incomodidad sexual. Las escenas se mueven entre el horror y la comedia, algo así como una parodia erótico venenosa. Estén atentos a los vínculos que se crean entre los alimentos y el sexo, el psicoanálisis ayuda a descifrar ciertos nudos, pero en la Inglaterra de los años sesenta la palabra sexo era una palabra enorme, tanto, que dividía a hombres y mujeres. Esta historia nos adentrará en la mente de los dos protagonistas para entender su cortejo y su disolución por culpa de la fría incomprensión a la que su época les sometió. ¿Cómo se puede sentir plenamente algo si no se tienen las palabras para describirlo?

domingo, 24 de febrero de 2008

La carretera de Cormac McCarthy

Me he quedado helado, tiritando, este frio lo llevaré conmigo mucho tiempo. Ayer lo terminé de leer. Acompañar a este padre con su hijo sin nombres por la carretera de cenizas de un territorio hostil calcinado por un reciente holocausto nuclear y amenazados por bandas de caníbales miserablemente hambrientos de supervivencia, empujando un carrito de la compra para guardar sus pocas pertenencias y con una mochila a la espalda con lo imprescindible, por si tienen que echar a correr, me ha resultado una experiencia heladora, aterradora y a la vez vibrante viendo como el padre intenta salvar a su hijo llevándoselo hacia el sur, hacia el calor y acechados por mil peligros. La portada del libro ya nos avisa con título rojo y fondo oscuro que caminaremos entre sangre y oscuridad, mucha oscuridad. Y asi es. Pónganse un anorak, gorro y bufanda. Apaguen la luz de su cuarto, utilicen una sutil luz ( de esas que venden a 2 euros en las ChinaShop) que alumbre únicamente las desoladas páginas literarias y al abrir su libro notarán como sus dedos se hielan y un viento gélido les baja los párpados sin soltar su mirada creciente que vigilará cada uno de los sonidos y movimientos que sucedan en esta obra maestra de la literatura que nos empuja a un final maduro, lleno de bondad, inolvidable, y que nos genera un remolino de vitalidad. Ahora tú, lector, ambientándote con la música de Tom Waits, tienes en esta obra la posibilidad de buscar en este terrotorio baldío a los buenos, los que repudian la destrucción y creen en un mundo mejor, volviendo la mirada al pasado, conscientes de la edad del planeta, antes de que existiera el hombre, en esa época en la que los arroyos estaban llenos de truchas , truchas que se retorcían, bruñidas y musculosas y se agitaban suavemente en las cañadas de un agua transparente y cristalina donde vivían y se murmuraba misterio.

En la narrativa norteamericana contemporanea resuenan cinco escritores de culto, Cormac MacCarthy, Philip Roth, Thomas Pynchon, Don Delillo y John Updike. Desde Huracanes en papel pedimos encarecidamente el Nobel para Roth y McCarthy por su notoria demostración de sus virtudes innegables con las letras.

McCarthy está de máxima actualidad ahora que los hermanos Coen han adaptado con fidelidad su novela No es país para viejos (2005) consiguiendo cuatro oscars a mejor película, mejor director, mejor guión adaptado y mejor actor de reparto ( nuestro fabuloso Bardem). Y esto no queda aqui. Ya se han comprado los derechos de Meridiano de sangre (1990) y La carretera (2006), con el que ha ganado un merecidísimo Premio Pulitzer 2007. Será Viggo Mortensen quien de vida al padre, aparecerá Charlize Theron en un flashback y se encargará de dirigirla John Hillcoat. Veremos si son capaces de transmitirnos lo mismo o parecido.

viernes, 15 de febrero de 2008

La mejor novela de ajedrez

En esta ocasión voy a transcribir íntegramente el texto que se muestra en la contraportada para que juzgen ustedes mismos el contexto literario en el que se presenta este tablero de ajedrez de 94 páginas:

Sin capacidad para cualquier otra actividad intelectual, Mirko Czentovicz se reveló, ya desde niño, como un genio del ajedrez, del que ha llegado a ser campeón del mundo. Pero, en un viaje en barco de Nueva York a Buenos Aires, se le presenta un enigmático contrincante: el señor B., noble vienés que huye de los nazis. Uno de los pasajeros del vapor se acerca a los dos personajes acompañando al lector a la confrontación entre los dos jugadores. Si Novela de ajedrez nos presenta el choque de dos naturalezas antagónicas, nos muestra también, y en buena medida, la capacidad de resistencia del ser humano sometido a una presión extraordinaria. Y todo ello con unas grandes dosis de intriga y maestría.

Stefan Zweig se consideraba un lector impaciente y de mucho temperamento. Su casa en Viena fue un auténtico cenáculo cultural por el que desfilaron desde Thomas Mann hasta Toscanini. Nueve de cada diez libros que caían en sus manos los tachada de tediosos, sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y con figuras secundarias inútiles, que les quitaba tensión y les restaba dinamismo. Escribía como le habría gustado leer, sin florituras anodinas. Fué uno de los más reputados y reconocidos escritores en toda la década de los años 30. Trás su suicidio en 1942 en Río de Janeiro junto a su esposa, desesperados, creyendo que el nazismo se extendería por todo el planeta dejó escrito: "Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal el bien más preciado sobre la Tierra". Años posteriores fue cayendo gradualmente en el olvido.

Para los apasionados del ajedrez y para los amantes de la literatura de altura les presento una obra vibrante y repleta de intriga que se les escurrirá sin darse cuenta una vez entren en el trasantláctico. Envidio a quienes no la han leido por todo lo que les espera. Disfruten y contagien a otros.

Si alguien conoce una novela sobre ajedrez mejor que ésta le ruego que me informe.