HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

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domingo, 28 de junio de 2009

La reina en el palacio de las corrientes de aire, de Stieg Larsson

A las diez, como todas las mañanas, abrieron mi librería fetiche y allí estaba yo, cruzando el umbral de su puerta, mientras me quitaba las gafas de sol en tan brillante día. —¡Buenos días! (sonrisa radiante) ¡Ya es 18 de junio!— Félix, el joven librero, alargó la mano ipso facto por debajo del mostrador y sacó mi ansiado tesoro, liberándolo a mi afanosa vista, producto de la rabia por tan larga espera. Observé la portada cautivado, y me produjo desolación. Una mujer articulada, con sutil mimo y precisión acariciaba vigilante su azabache melena que le colgaba extensa por delante del cuerpo, fundiéndose en la oscuridad de sus soledades, con mirada suspicaz. La reina en el palacio de las corrientes de aire. ¿Quién será esta vez? Me ardía la curiosidad. Salí de la librería con diligente impulso y porté el macizo volumen hasta casa. Me senté en mi Silla Giratoria MARKUS e inicié tan codiciada lectura acompañado con una tetera rebosante de Té de Loto y dispuesto a calmar mi voracidad larssoniana.

Millenium III se centra sobre todo en el entramado de espionaje entre Rusia y Suecia durante los años setenta y ochenta, época en la que Lisbeth es internada en un psiquiátrico para anular su cuerdo testimonio y su peligrosa rebeldía. El personaje de Zalachenko (padre de Lisbeth Salander) le permite rescatar temas como el misterioso asesinato del socialdemócrata Primer Ministro Olof Palme, considerado por la Säpo como un espía ruso que conspira contra la extrema derecha de Suecia; destapa a su vez la avaricia de muchas empresas de su país que obtienen estratosféricas ganancias despidiendo a todos sus trabajadores y explotando a niños que trabajan en Vietnam o Tailandia por ridículos e inhumanos salarios, consiguiendo así importaciones a muy bajo coste. Esto favorece el análisis de la trama extendiendo el interés a más contenidos que enlazan con el deseo de Larsson por denunciar las injusticias sociales.

La novela tiene momentos muy tensos, la intriga es adictiva y te lleva a devorar las páginas compulsivamente, sin embargo hay tramos que se hacen muy pesados. Hasta trechos de cuarenta páginas que te introduce en detalles superfluos que no le aportan nada a la historia ni a los personajes. Mucha paja indigesta que la aleja de la vertiginosidad narrativa de Los hombres que no amaban a las mujeres.

Destaco como elementos decisivos y jugosos de la novela, el proceso judicial en el que está implicada Lisbeth; la lúcida y potente defensa de Annika Giannini, su abogada; la función de apoyo que cumplen los componentes del grupo Hacker Republic, y el desenlace final ambientado en esa inhóspita y tétrica fábrica abandonada.

Reconozco que me reí mucho por cómo Lisbeth aborda sexualmente a Dieter, un hombre de negocios alemán con sobrepeso y casado, que aparece de forma casual en sus vacaciones en Gibraltar. Me resultó una escena un tanto grotesca. Creo que me cortó el rollo que tenía montado en la cabeza con Salander. No sé, tal vez fue un simple choque conceptual de identidad, pero me reí de lo lindo.

Aunque no se trata de Literatura de Altura, en conjunto, estoy muy contento con toda la Trilogía Millenium. Estoy seguro que seguirá ganando lectores y eso es un absoluto triunfo para la literatura. Siento que Lisbeth Salander se ha convertido en la actual Nora de Casa de muñecas de Henrik Ibsen. Un potente icono del feminismo contemporáneo. Stieg Larsson permanecerá en mi memoria como un héroe literario atravesando las arenas del tiempo, portando una blanca bandera con los valores de la igualdad, el derecho a la información y la justicia universal. Deseo que la literatura siga sus pasos derrotando a muchos Zalachenkos y enalteciendo el espíritu convulso y rebelde de próximos Salanders y Blomkvists. ¡Qué gran legado nos ha dejado Larsson!