HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

domingo, 14 de junio de 2009

El viajero del siglo de Andrés Neuman

Soberbia novela. Redonda. Íntima. Romántica. Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) tardó casi cinco años en escribirla, iniciando la historia en Granada en junio de 2003 y finalizándola en noviembre de 2008. La presentó al XII Premio Alfaguara de Novela bajo el seudónimo de von Stadler y fue seleccionada como la mejor novela de las seis que les llegaron al jurado presidido por Luis Goytisolo, de las quinienta y seis presentadas a concurso. Bingo.

Ambientada en la Alemania post-napoleónica del siglo XIX, en una ciudad llamada Wandernburgo, que condensa, a pequeña escala, los conflictos de la Europa moderna. Hans, un viajero enigmático llega en carruaje a una ciudad en forma de laberinto de la que parece imposible salir. Cuando el viajero está a punto de marcharse, un insólito organillero lo detiene, cambiando para siempre su destino. A partir de ahí, entraremos en una palpitante historia de amor, y en elocuentes diálogos intelectuales sobre literatura, filosofía y música, junto a interesantes personajes que visten la novela con total contextualización.

Su mayor virtud reside en la claridad con la que desglosa la antología de la literatura europea, destacando a los mejores escritores franceses, alemanes, ingleses, españoles y portugueses del siglo XIX. Desde Cervantes, Goethe, Hölderlin, Werther, Schiller, Quevedo, San Juan, Garcilaso, Juan Inés de la Cruz o Bocage, entre muchos de los rescatados.

La temática de las conversaciones en el Salón Gottlieb es muy jugosa. Charlan sobre todo tipo de libros; debaten sobre la educación lectora para rechazar los malos textos; y plantean la importancia de las jerarquías literarias formada por filólogos y críticos literarios para rehuir de la literatura cerril. Hans, el protagonista, critica despiadadamente la moda de las novelas históricas tildándolas de "penosas".

No tengo nada contra el género, sólo que rara vez se le hace justicia. Creo que el pasado no debería ser un entretenimiento, sino un laboratorio para analizar el presente. En esos folletines suele haber dos clases de pasado: paraísos bucólicos o falsos infiernos. Y en ambos casos el autor miente.”

Otro de los puntos interesantes aparece en su descripción del ideal literario a través del cual entiende el estilo como una búsqueda sin final y evita cualquier definición previa que la condicione. Destaca, a su vez, la inquietud de los poetas como el máximo exponente de una constante transición que asegura la república de las letras. Cita en varias ocasiones a Schlegel para aducir que la literatura de calidad o la poesía es un discurso que propone leyes propias, y que sus partes son ciudadanos libres que deben pronunciarse para llegar a un acuerdo.

En otros momentos de la novela, los personajes dialogan, a veces con profusa tensión, sobre las claves del pensamiento moderno, el que emanó de las propuestas filosóficas de Fitche, Kant, Hegel o Schopenhauer, lo que permite conocer la distancia de sus planteamientos y sus repercusiones en nuestra cultura actual.

Las cartas de amor entre Hans y Sophie son bellísimas. Las escenas en las que traducen juntos a diferentes poetas me han resultado exquisitas, eróticas y fraternales.

Puesto que el entrañable organillero es una de las figuras recurrentes en el devenir laberíntico de Hans, la música resuena en toda la novela. Mozart, Haydn, Beethoven, Boccherini, Von Weber... uno por uno nos ayudan a remontarnos a un pasado engalanado de genios que nos harán entender cómo era la Europa de aquel periodo y hasta que punto el tránsito de culturas y la diversidad de pensamiento favorecen el progreso y la universalidad. Todos somos Hans, El viajero del siglo. Cojan su maleta y atrévanse a viajar, por todo aquello que les espera. Disfruten. Nuevos vientos les darán la bienvenida, siempre.

1 comentario :

Anónimo dijo...

pues yo la estoy leyendo y, a parte de la sobriedad, me está pareciendo aburrida y con falta de ritmo y en muchos casos, retórica. Igual le sobran 200 páginas. Me parece que muchos de las expresiones que utilizan Hans y Alvaro no corresponden al siglo XVIII, sino más bien, a una converesación cualquira de hoy en día: maricón, joder, coño, no sé si se decían en el siglo XVIII, pero cada vez que lo leo me saca de la novela... Voy por la página 200 y estoy pensando, muy a mi pesar, en abandonarla.