HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

lunes, 9 de noviembre de 2009

Trauma de Patrick McGrath

Me llamó la atención su título. Al verlo, actuó como una fría gota que cae en el lago de las percepciones inundándolo de vibración. Su narrativa posee ingredientes literarios y científicos de gran peso excepto en su final, en el cierre. Pretende impresionar y lo único que produce es un sensacionalismo disparatado. Todas las informaciones que nos va entregando durante el desenlace sobre la naturaleza del trauma generan una gran expectación y un deseo de bucear hacia las profundidades del relato. Los personajes son muy reales. Por encima de sus cabezas sobrevuela la tragedia del trauma, de un choque emocional que produjo un daño duradero en el inconsciente y del que queremos ser informados. Si abren la primera página les enganchará.

Patrick McGrath tiene una escritura transparente que te permite observar cada suceso y a sus personajes con total nitidez. Nació en Londres en 1950 y pasó su infancia junto al manicomio de Broadmoor, del que su padre era superintendente. Sin duda, esta experiencia ha influido en la construcción de sus personajes. Es autor de un libro de relatos, Sangre y agua (1988), y de las novelas Grotesco (1989), Spider (El araña) (1990), Dr. Haggard's Disease (1993), La historia de Martha Peake (2000), Locura (2001) y Port Mungo.

El argumento mezcla novela íntima con una pizca de thriller, que a mi parecer estropea la historia.

El psiquiatra Charlie Weir se dedica a acabar con los demonios de la gente, pero todavía no ha encontrando la manera de resolver los conflictos que tiene con su propia familia, especialmente la rivalidad con su hermano Walt o la pérdida de su mujer y su hija. A través de su hermano conoce a Nora, que pronto se convierte en su amante. Pero la vulnerabilidad de Nora, al principio tan irresistible, empieza a ocupar demasiado espacio en su vida. Charlie quiere averiguar la fuente de tanto sufrimiento, pero en su búsqueda, él mismo se encuentra con su inconsciente que le revelará un secreto espeluznante.


“Aristóteles vio en la compasión, como es sabido, un estado de ánimo morboso y peligroso, que fuera bueno tratar de cuando en cuando con un purgante; consideró la tragedia como una catarsis.”

El trauma de Joshep Stein ofrece peculiaridades muy interesantes para aprender como actúan los mecanismos del alma herida. Me recuerda, aunque en versión anglosajona, al caso de Ignacio en Los renglones torcidos de Dios de Torcuato Luca de Tena. Charlie realmente hace aquí una labor más de psicoterapeuta que de psiquiatra.

Lo que yo estaba intentando obtener de él era la historia traumática en sí: lo que había pasado, los detalles del incidente, qué había sentido él, que había hecho su cuerpo, que significaba todo aquello. Sólo cuando tuviéramos la historia del trauma, y él la hubiera asimilado en el seno de su memoria consciente -en su yo-, podríamos avanzar a la fase siguiente, que incluía volver a conectarlo con el mundo, concretamente con su familia y con la comunidad donde vivía.


Charlie trata también a Billy Sullivan y a Danny, excombatientes de la Guerra del Vietnam, hombres que habían vuelto sus armas contra sí mismos. En estas sesiones grupales aprenden que la perdida de compasión es sinónimo de perdida de humanidad. Aquella guerra se cobró su precio con un alto porcentaje de suicidios. En el Vietnam War Memorial de Washington se guardan ya muchos restos de ese trauma nacional.

La constante de la novela gira en torno al Síndrome postraumático y a los muertos. McGrath llega a apuntar que nunca vemos con claridad a nadie. Sólo vemos los fantasmas de los otros ausentes, y confundimos con la realidad las ficciones que construimos a partir de planos trazados en la primera infancia. Ahí radica el problema, según su interesante forma de observar la realidad.

Aquella imagen se quedó uncida en mi psique a la culpa que yo sentía. Y el recuerdo no se diluyó ni cambió para nada. Regresaba con toda la inmediatez y con todo el detalle de la experiencia en sí, normalmente en mis sueños. Es un infierno recordar así, poseer una memoria que no se marchita.

En la página 144 hay un descuido de género por parte de la editorial. Mondadori parece que baja la guardia. No es "lo" sino "la", porque se refiere a la joven que se dispara en la cabeza encerrada en su habitación:

Fui yo quien lo (la) había encontrado en su habitación.

Les dejo con algunas de las frases que más llamaron mi atención. Y por último les señalo que la mujer de la portada puede que sea Nora Chiara, la enigmática y elegante chica que conocerá Charlie en casa de su hermano Walt. La otra opción sería Agnes. Pero no lo creo. Opinen ustedes si lo desean.

A menudo es por medio del simple coraje y una buena mujer que se superan los problemas psicológicos, y sin ninguna ayuda de gente como yo.

Tenía un sofá en el despacho, un viejo Chesterfield de mi época de la Johns Hopkins, un mueble espacioso y tapizado en cuero granate, todo lleno de grietas y arrugas y muy cómodo.

La mayor parte de las cosas que llamamos amor son nuestra resistencia a la idea de marcharnos de casa.

1 comentario :

Anónimo dijo...

Muy buena opinión y coincido con el fallo del final a mi también me resultó artificioso. Creo que transmite bastante bien los conflictos a los que tenemos que poner atención los terapeutas:
• La sublimación en ayudar a los pacientes de la manera que no hemos podido ayudar a nuestros padres
• Las consecuencias de situarse en una posición salvadora con los pacientes
• La tendencia a la melancolía y depresión que subyace en los terapeutas
• La necesidad del terapeuta estar en terapia para no dejarse llevar por la contratransferencia, intimamente relacionados con los conflictos familiares no resueltos
• La dificultad del terapeuta para llevar una vida en familia por las tendencias egolatras de los terapeutas.