HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

miércoles, 18 de agosto de 2010

Memoria de elefante de António Lobo Antunes

No queda tiempo para malgastarlo en obras menores. En esta ocasión he querido sobrevolar por las impetuosas letras de un firme candidato a Premio Nobel de Literatura, y en concreto, a través de la vigorosa obra con la que afrontó el épico reto de escribir.

Memoria de elefante fue su primera novela. Su salto al vacío. Escrita en 1979. El año del tránsito. Tras una crisis existencial y en medio de una separación, Lobo Antunes, psiquiatra de profesión, pero siempre afín al noble Movimiento Antipsiquiatría, toma la firme decisión, con 37 años, de volcarse en su más alta pasión, la literatura. A través de esta novela realiza un impecable esfuerzo por encontrar su identidad perdida, su ego ausente, siguiendo todas aquellas pistas que le conducen hasta su territorio más ambicioso: ser escritor. Y sobretodo, con la misma libertad que le atribuyó a La gaviota de Chéjov.

“Aquella gaviota soy yo y yo también soy quien huye de mi. Y no tengo el valor necesario para volver atrás y ayudarme.”

Pues bien. Demos ese paso hacia delante, porque todos los triunfos nacen cuando nos atrevemos a comenzar. Avancemos hacia el tránsito. Literatura, memoria y visiones nobles de la realidad. Este septiembre estaré en el Hay Festival 2010, con el Lobo Antunes y muchos más. De seguro, les traeré un nuevo Huracán en papel. Disfruten pues, amantes de la Literatura. Esto,cada vez, se pone más interesante. Lean y asciendan. La ciudad y el asfalto se toleran mejor.

lunes, 16 de agosto de 2010

El afinador de habitaciones de Celso Castro

Estuve explorado nuevas fuentes de literatura a través de la Blogosfera y descubrí el nombre de una nueva editorial llamada Libros del Silencio. Rápidamente me zambullí en sus aguas literarias y encontré una gran y desconocida fauna de escritores que suscitaban modernidad, elegancia y pureza. Le abrí la puerta a mi intuición y elegí esta obra porque estaba toda escrita en minúsculas. Excepto la palabra DISONANTE. Curioso, ¿verdad? Pues aún no saben lo dichoso que me siento por haber topado con ella. Es grandiosa. Está escrita con la piel. Está escrita con el alma. Procede de un absoluto amante de la literatura. Amante del pensamiento, la filosofía y la esencia de la vida.

El afinador de habitaciones existe. Tú puedes ser un afinador de habitaciones y entonar el espacio que te rodea. Perfeccionarlo. Cada habitación tiene un sonido. Algunas son disonantes y por medio de la sensibilidad es posible afinarlas. Iniciar una inteligente metamorfosis. Provocar un tránsito sinfónico para que suene exultante la melodía de la existencia. Con todas sus emociones. Pero sobretodo las más refinadas.

Sus virtudes son muchas. La primera es que sientes que habla tal y como es, sin pausas, correteando, soltando su sensapensamiento como el ovillo de Ariadna. Su laberinto ficcionado aloja una realidad literaria más real que la realidad misma. Es ejemplo empapelado o ejemplo letrado del postromanticismo de Gustav Mahler, o Richard Strauss, mundo propio y placer por la introspección más sibilina. Confluyen grandes maestros de la literatura —Proust, Becket, Cervantes, Rimbaud— y poetas poco nombrados —Maiakovski, Nikolai Bunik—, a los cuales deseo pronto leer porque, para mi es irrebatible, Celso Castro contagia. Es una caja de resonancia brutal.

En cuanto abran la tapa de este libro y su córnea enfoque tan sólo la primera frase ebullirá el placer por la literatura. Sin más. De la manera más natural posible. Quieran o no quieran... afinará su estancia en Sol Mayor. Mi recomendación es que aprovechen para leer mientras suena el Metamorphosen de Richard Strauss. Cuando terminen estas 157 pasionales páginas entenderán el porqué... y ascenderán. Se trata de un Huracán en papel. A mi, me ha electrizado.

“[...] he oído decir, o lo he leído en alguna parte, que la única razón de nuestra existencia es encontrar a alguien, o encontrar algo, lo que sea, que nos proporcione esa —sensación de sentido— y yo había encontrado a esther, a mi pequeña asíntota —mi más pequeña y querida asíntota— [...]”