HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

jueves, 26 de enero de 2012

Diario de invierno de Paul Auster

Lo compré en Amazon por 10,44 euros y lo descargé en la Samsung Galaxy Tab de 7 pulgadas para poderlo leer con la máxima rapidez. Dentro de cuatro días (1 de febrero) cualquier lector la podrá comprar en papel. En mi caso yo sentí una prisa más capital. Invisible me dejó un buen recuerdo y tal vez este año algo parecido podría volverse a repetir. Qué craso error. La lectura no ha ido nada bien. Primero porque se trata de una malograda probatina experimental, de insípida literatura invernal y segundo porque este formato electrónico no lo puedo colocar junto a las demás obras de Paul Auster que ordeno meticulosamente en mi librería de opulentos y truncados por igual. Así que la literatura portátil me ha empezado a incomodar. Tengo la sensación tener entre manos un libro fantasma. ¿De qué forma lo tengo que guardar? Consumo las ideas del autor, capto sus giros y reflexiones, planeo en sus memorias rasgadas, ¿pero el libro donde está? No llego a sentirlo en su totalidad. Paso las páginas rozando la táctil pantalla pero pierdo siempre el grosor. Necesito la tapa de compuerta y pasadizo, el papel inerte servicial, manchado de esa tinta intencional, ese objeto cerrado, indolente, que puedo mirar en su estante y pensar: Uno más.

Diario de invierno es el frío y baldío soliloquio de Paul Auster hacia Paul Auster, escrito a puño y letra, y transcrito al ritmo de su imperecedera Olympia que compró en Francia en 1974 en un mercado de segunda mano. Una obra apagada. Un diario para los incondicionales de Paul Auster que deseen saber más detalles de los vapores biográficos de este mediático autor que publica una obra por año. Su escritura tengo que decir que seduce. Es sincera. Hay alma en sus letras. No se puede negar. Pero cierras el libro y tan sólo queda un recuerdo gris. El recuerdo de un hombre que ha llegado a los sesenta y cuatro años y empieza a temerle a la muerte, a la inevitable cuenta atrás. Su diario de invierno es una suerte de salvación, un rescate de vivencias y sucesos remotos que extienden la huella de su existir, olvidando su ficción, hacia una toma de consciencia en la que se arroja a la cara cada cosa que hizo, bien o mal, como la hizo y su soledad.

Puede que el día de mañana para cerrar por completo el círculo de esta lectura compre la novela de papel en un mercado de segunda mano gracias a alguien que la deje escapar. Y sin más, finalizo esta reseña con la única frase que puedo rescatar de este diario inclemente que me ha dejado hibernal. Es resto para mi es silencio.

“Todos somos extraños para nosotros mismos, y si tenemos alguna sensación de quienes somos, es sólo porque vivimos dentro de la mirada de los demás.”