HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

jueves, 13 de marzo de 2008

La Casa de los Encuentros de Martin Amis

Martin Amis, se le conoce como el genio cómico. Debutó brillantemente como novelista en 1973 con El libro de Rachel , galardonada con el premio Somerset Maugham que reconoce al mejor escritor británico menor de treinta y cinco años, premio que también consiguió su padre Kingsley William Amis, el creador de Ian Fleming, el verdadero James Bond. Su madrastra, ElizabethJane Howard, también escritora, le aficionó a la narrativa de JaneAusten. Tras trabajar como crítico de literatura en prestigiosas revistas de literatura, decide dedicarse en exclusiva a la escritura y se convierte en director de la sección literaria del célebre New Statesman.

En sus novelas, caracterizadas por su aguda sátira, refleja temas cotidianos y contemporáneos como las drogas, el sexo o el medio ambiente. Su principal y más destacada obra es Dinero (1984). En este momento, junto con Ian McEwan, representa a una de las más prestigiosas plumas de la literatura británica actual.

La casa de los encuentros es otra nueva historia de amor, una narración que gira en torno a un triángulo amoroso entre dos hermanos y una judía por la que competían y a la que amarán toda la vida. Los hermanos son encarcelados entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y la muerte de Stalin por irrisorias, imaginarias y paranoicas transgresiones políticas y ambos acaban en Norlag, el mismo campo de trabajo de Siberia, un lugar casi zoológico en donde se disputan las jerarquías del horror, los sanguijuelas, las langostas, los cerdos, las víboras y los comemierda. Pero, sorprendentemente, entre los barracones del campo que albergan a los hambrientos y desnutridos esclavos hay también una Casa de los encuentros, donde se permiten visitas conyugales y por lo tanto la posibilidad de una relación sexual. Las mujeres viajan durante semanas o meses con la esperanza de pasar una noche en una pequeña choza con sus famélicos maridos, para poder recrear sus paraísos perdidos. ¿Se trataba de una perversión más en un sistema perverso? Lev, el hermano menor llegó al gulag en febrero de 1948, de noche , recién casado con Zoya, su admirada judía, la mujer de este intenso triángulo. Su hermano, el narrador sin nombre de esta historia, el superviviente y el protector, aunque también rival, emigrado desde hace años a América vuelve a Rusia como turista o tal vez como suicida y rinde cuentas a una hijastra fantasmal con aplastante sinceridad para hundirse en el espesor de la realidad.

En la literatura existe un canon velado que empuja a los escritores forjados en la literatura de altura a citar en sus novelas a aquellos maestros de las letras que están unidos al país en el que se sitúan los acontecimientos de su historia. En La casa de los encuentros nos adentraremos en los vastos y ensangrentados territorios de la Unión Soviética y exploraremos las galerías anímicas de una Rusia que agoniza y a mitad de la narración notaremos cómo brotan los pámpanos literarios de Pasternak, Dostoiovski, Joseph Conrad, Eugenia Ginzburg y el Tolstói de Rusia: Vasily Grossman. Tomaremos contacto con la incomprendida situación de un país desfragmentado que vive una pesadilla de mucho talento. Martin Amis nos entrega un admirable resumen comprimido del desarrollo evolutivo del último siglo consumido en la llanura septentrional euroasiática, lugar en el que se cometieron menos errores contra la humanidad que en Alemania y hoy, sin embargo, compararlos resulta abominable puesto que Rusia padece un castigo superior y es alimentado políticamente por un comunismo totalitarista basado originalmente en ideales nutridos en el antropocentrismo de la Ilustración. A través de esta madura obra tomaremos consciencia de la irremediable enfermedad soviética y de la necesidad de aplicar una sanadora inyección letal que permita el tránsito hacia un lado más luminoso.

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