HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

sábado, 30 de mayo de 2009

Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson

No podía dormir. Estaba intranquilo, así que, abandoné la cama, y me cobijé en mi biblioteca consorte, en busca de alguna lectura nocturna que silenciara mi desazón. Fijé mi vista en la amplia Colección Millenium y pasadas las doce de la noche, topé inesperadamente con Dr. Jekyll y Mr. Hyde del colosal Robert Louis Stevenson. Pensé rápidamente en la ejemplificación literaria de una doble personalidad. Dos seres antagónicos luchando por manifestarse en un mismo cuerpo y disputándose su alma. Abrí el libro y… ¡zum!, me atrapó. Entré a la velocidad del rayo en un Londres lúgubre y tenebroso, con calles iluminadas como para una procesión y tan vacías como una iglesia; envuelto en una bruma victoriana y con la pálida luz macilenta de sus farolas de gas. Retrocedí así, a una época convulsa en la que el índice de desempleo había llegado a unas cifras alarmantes y Jack el Destripador acechaba por los callejones en busca de prostitutas a las que mutilar. Con todo ese ambiente trágico y misterioso me quedé clavado en mi silla giratoria y hundí mi vista en cada página del libro, dispuesto a dejarme cautivar.

Dos hombres de hosco semblante, el abogado Mr. Utterson y su compañero de paseos urbanos, Mr. Enfield, emprenden su caminata de rigor por la ciudad y sus pasos les conducen hacia una calle lateral de un concurrido barrio de Londres en la que encuentran un edificio con dos pisos de aspecto siniestro y una única puerta con la pintura ampollada y desteñida. Al verla Mr. Richard Enfield recuerda una historia muy extraña ocurrida no hace mucho. Una noche de regreso a su casa, hacia las tres de una negra madrugada de invierno, presenció cómo un hombrecillo se chocaba en una esquina de la calle contra una niña a la que seguidamente y sin ningún miramiento pisoteó en el suelo, dejándola a sus espaldas llorando. Depués de indagar en el relato, Mr. Utterson revisa el testamento de su cliente, el Dr. Jekyll, y advierte que ese perverso individuo llamado Mr. Hyde es el heredero y benefactor de todas sus posesiones.

“Odié a aquel hombre desde el momento mismo que lo vi. [...] Hay algo extraño en su apariencia; algo desagradable, algo francamente detestable. Nunca vi a un hombre que me gustara menos y, sin embargo, no sé por qué. Debe ser algún tipo de deformidad.”

El doctor Jekyll mantiene la teoría de que químicamente se puede separar la parte maligna y la benigna del ser humano. Para ello elabora una droga en su laboratorio que induce a esta disociación. Su deseo ahora consiste en librarse de la carga moral que conllevan todos los malignos actos y pensamientos del reprimido Mr. Hyde, de tal forma que enmancipándose de él, el peso de la culpa no recaiga en Jekyll. Sus dos naturalezas tienen únicamente en común, la memoria. Las demás facultades quedan desigualmente compartidas formando un mosaico muy singular en cada personalidad.

“Con cada día que pasaba, y desde ambos lados de mi inteligencia, el moral y el intelectual, me iba acercando cada vez más a esa verdad, cuyo descubrimiento parcial me ha condenado a una bajeza tan terrible: que el hombre en verdad no es uno, sino dos. Digo dos, porque el estado de mi propio conocimiento no va más allá de ese punto. Seguirán otros, otros que me superarán siguiendo ese mismo camino; y aventuro la supusición de que el hombre será finalmente conocido como una mera conjunción de personalidades múltiples, incongruentes e independientes.”

R. L. Stevenson escribió esta obra en menos de tres días, fruto de una pesadilla en la que soñó que se transformaba en un ser horrendo y monstruoso. La escribió postrado en la cama cuando su salud ya estaba muy deteriorada debido a una tuberculosis que le provocaba hemorragias. Stevenson se sentía muy mal y recibía un tratamiento con cornezuelo del centeno (LSD) en un hospital local, por lo que es completamente seguro que el cuento se escribiera bajo la influencia de este poderoso alucinógeno. Dr. Jekyll y Mr. Hyde hace referencia a la lucha de la conciencia entre el bien y mal, relata alegóricamente un desdoblamiento de la personalidad y describe con total maestría la naturaleza de dicha escisión mental que desgraciadamente el propio Stevenson sufrió tras sus experiencias accidentales con dicha droga, produciéndole severas pérdidas del control de sí mismo.

Robert Louis Stevenson murió en 1894, ocho años después de finalizar este libro. Sucedió mientras se esforzaba por abrir una botella de vino en su cocina. Se cayó al suelo y de pronto exclamó que su cara había cambiado de aspecto. Seguramente Mr. Hyde se adueñó de su mente y de su rostro, poniendo fin a la vida de su desdichado Henry Jekyll. Seis horas después murió debido al reventón de un vaso sanguíneo en el cerebro. Curioso.

Lectura imprescindible, ¡pardiez que sí! Es terrorífica. La primera versión aún tuvo que serlo más. No es nada seguro, pero se dice que Stevenson tiró el primer manuscrito a las llamas después de que su mujer lo leyera y le dejara sus críticas apuntadas en los márgenes del esbozo, como hacía siempre. En esta ocasión el contenido sexual inadecuado debió parecerle tremebundo e inaceptable. Y él lo quemó por completo puesto que ahí residía la pulpa jugosa con la que cronstruyó su relato. Al final la señora Stevenson convenció a su marido para que escribiera el cuento haciendo uso de la alegoría, valiéndose de la figura literaria (Dr. Jekyll y Mr. Hyde) la cual hoy podemos leer en esta legendaria obra maestra de la literatura. Afortunados los lectores. Disfruten de la Literatura de Altura.

1 comentario :

Czestochowa dijo...

Estimado Sr.: ¿Me podría indicar las fuentes en las que se basa cuando comenta que Stevenson estaba enfermo y tomaba drogas? Es un dato qeue me es útil para un estudio pero tengo que citar la fuente. Muchas gracias.