HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

martes, 29 de septiembre de 2009

El quimérico inquilino de Ronald Topor

Hace una semana explorando en la biblioteca las novedades editoriales me topé con la publicación en Valdemar de la primera novela del inclasificable y surrealista macabro Roland Topor. Pues bien. No podía dejar escapar este regalo del destino. La he leído y he sentido auténtico pavor. He sentido grima y claustrofobia. Desde hoy todos los ruidos que hagan mis vecinos me recordarán el sufrimiento de Trelkovsky o El quimérico inquilino. Esta es una obra diseñada para afligirse en la deformidad psicológica con una gran dosis de humor negro, lo que la convierte en su conjunto en un relato sórdido e inquietante construido con sutileza y gran juicio.

El quimérico inquilino se desarrolla en tres actos (El nuevo inquilino, Los vecinos y La antigua inquilina). La historia narra la progresiva autodestrucción psicológica y física de Trelkovsky, su protagonista, al quedar aprisionado en la espiral de la locura y sus terrores. Trelkovsky es un joven oficinista parisino correcto y discreto, que necesita mudarse y alquila un apartamento que ha quedado libre en la calle Pyrénées, por recomendación de su amigo y compañero de trabajo, Simon. Para el cambio ha de pasar por ciertas negociaciones con Zy, el propietario. Poco a poco las relaciones con los vecinos y su obsesión por el trágico suicidio de la antigua inquilina, le van sumergiendo en una pesadilla llena de extrañas visiones, una grotesca trampa que adquiere las dimensiones precisas de un angustioso apartamento.

Los personajes que van apareciendo en el transcurso de esta mudanza serán la clave de nuestra turbación. Zy, el propietario del inmueble, la arisca portera, el misterioso suicidio de Simone Choule, la antigua inquilina o incluso Stella, su amiga. Ellos generan un ambiente que te envuelve en el conflicto. Leyendo da la sensación de que has quedado atrapado en la desolación de este frío y decadente edificio.

El final inesperado constituye una obra maestra del tercer acto, un desenlace en el que el autor sugiere la terrible idea de la historia circular, del eterno retorno del tormento. Una historia de terror tan estrechamente enrollada sobre sí misma, tan fría, sigilosa y mortal como una serpiente en la cama.

Quiero recomendarles que no se pierdan la película tras leer esta macabra y obsesiva paranoia. Fue adaptada al cine con mucho acierto en 1976 por Roman Polanski. Tanto el reparto como la puesta en escena son inmejorables. Lectura y película forman un binomio muy sólido para introducirnos en las galerías del terror psicológico y reflexionar sobre los bucles a los que nos puede someter la locura. Disfrútenlas. Y atent@s en la novela al detalle del diente. Es sobrecogedor.



Nota: Este sábado, antes de finalizar la lectura, solicité por la mañana el film en la biblioteca y se les había perdido. Por la tarde, escuché casualmente en la radio que Polanski había sido detenido en Zurich (Suiza) a petición de la justicia de EEUU por un delito de violación que tuvo lugar en 1977 contra Samantha Geimer, una menor de 13 años, a la que hizo beber alcohol para abusar de ella miserablemente, en casa del actor Jack Nicholson. Samantha dijo públicamente en 2003 que le perdonaba, pero dejó claro que Polanski la violó deliberadamente. Para evitar la justicia Polanski se fugó a vivir a Francia, donde ha permanecido prófugo más de treinta años sin pagar su castigo. Ahora, a sus 76 años, se enfrenta a una extradición para ser condenado a cadena perpetua y así cerrar el círculo de su atrocidad. Estaré muy atento a esta circunferencia existencial, que tiene una estrecha relación, a mi juicio, con la tercera y última obra de su «trilogía de apartamentos». La mejor obra de Polanski, gracias a la literatura de Topor. En ella podemos observar el poder que da sobre el otro el aislamiento, el sometimiento y la deformación psicológica del individuo apresado. Samantha Geimer se me aparece como la Simone Choule de El quimérico inquilino. Lo dejo como hipótesis de un lector apasionado.