HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

lunes, 14 de junio de 2010

Fin de David Monteagudo

El título me agarró. Sobrio. Determinante. Apocalíptico. No quise leer la trama y retuve un dato mucho más revelador mostrado en la solapa. David Monteagudo descubría su vocación literaria a los cuarenta años. Esta era su primera novela. Entendí que se trataba de una ficción de insurgencia en completo estado de tránsito y al leer la primera página me sentí adherido y en sintonía con la situación, con el arranque de la novela. La llamada de teléfono explosionó en mi atención y lo compré inquietante. Los personajes eran ordinarios, personas normales y corrientes. Cualquiera de nosotros. Un grupo de antiguos amigos después de muchos años se citaban en un refugio de montaña para pasar un fin de semana. Ya no tienen nada en común, excepto el amargo recuerdo de un turbio episodio contra uno de ellos, Andrés "El Profeta". Armados con todo tipo de artefactos tecnológicos, móviles, relojes, coches y todoterrenos, sufren un fulminante apagón eléctrico que les deja completamente incomunicados. Un hecho insólito que empezará a traer poco a poco más quebraderos de cabeza.

El progreso de la obra viene determinada por la aparición inaudita de diversos animales asociada a la desaparición de estos amigos. Un corzo, un buitre, cabras, un oso, leones, un camello, galgos, un tigre. Situaciones kafkianas que hacen replantearse a cada uno de ellos lo que les está pasando, de tal manera que nos hacen testigos de sus conflictos y su imaginario resolutivo. Constantemente se mantiene la tensión de una posible venganza por parte de "El profeta", o bien la vivencia de un sueño colectivo.

“a lo mejor los que desaparecen vuelven al mundo normal, al de verdad, porque esto, esta situación... Algo pasó allí, aquella noche, en el refugio, una fractura... a lo mejor hemos pasado a otra... a otra dimensión. ¡Yo qué sé! Y los que desaparecen vuelven al mundo normal...”

Los capítulos están titulados con los nombres de los nueve personajes. Hugo, Cova, María, Ginés, Nieves, Amparo, Ibañez, Maribel y Rafa. En el transcurso de los acontecimientos, hacen lo que les dicta la lógica pero empiezan a desconfiar de su método de salvación.

Vamos a ver... -dice Amparo, con un gesto de irritación-. Es que a mí... a mí me da mucha rabia eso de explicarlo todo con un sueño. Es como las películas: la típica película en la que van pasando cosas, un montón de cosas, y luego, como no saben cómo acabarla... pues resulta que todo era un sueño, y ya está: a cobrar por el guión... ¡No te jode! Como si no notara una la diferencia entre estar soñando y estar despierta...

El objetivo consiste en llegar a Villallana, la Capital. Hacia el sur. Cada vez se ven más coches parados. Estrellados. Todo el mundo ha desaparecido. No encuentran a nadie, ni si quiera muertos. Nadie. Y mientras, ellos siguen enfrentados a sus propios conflictos de conciencia. Quietud, inactividad. Peligro inminente. Llegarán a oír un lamento inarmónico formado por una infinidad de voces, un grito inarticulado y grave, sonoro y vibrante, múltiple como el que podría producir un gigantesco instrumento de metal. Un sonido que tiene el sello del dolor y la desesperación, que suena cada vez más fuerte y que se oye con más intensidad mientras ellos se acercan con las bicis, rodando hacia el horrible y quejumbroso bramido. Suena cerca. Debe de estar cerca. Al final sólo quedará uno, en un escenario apocalíptico y revelador.

Fin posee un plantamiento arriesgado muy bien presentado. Los dos primeros capítulos pueden hacer huir a más de un lector, pero si confían en el proyecto de innovación de Monteagudo y traspasan esa barrera quedarán muy satisfechos. Es un híbrido entre La carretera de McCarthy y el guión de R.E.C. El misterio va creciendo paulatinamente lo que te lleva a leerla de tirón. Las descripciones son austeras, poco literarias, destinadas más bien a profundizar en la acción. Destaco principalmente la escena de los galgos en la gasolinera y el vínculo final entre María y Ginés. La transformación en Eva y su crítica a reconocer la falta de amor son el destello que más perdura en mi memoria.

Casualmente llevé esta novela el fin de semana pasado a una casa rural en la que me junto con unos muy buenos amigos, todos los años, pero no lo toqué. Como dije no sabía ni de qué trataba. También estuvimos observando las estrellas con un telescopio y disfrutando del ambiente rural, como hacen los personajes de Monteagudo. Ahora sé que todo habría sido diferente en caso de haberla leído antes de entrar por ese pórtico soriano del siglo XVII. No duden en leerla. Sobre todo si son asiduos a la escapada rural. Los silencios se convertirán en una presencia más. Puede que palpable. Disfruten. Teman. Exploren. Nosotros no hemos desaparecido. Existimos.

4 comentarios :

Carlos dijo...

A mí me gustó. Aunque reconozco que el libro al principio parece una novela de Stephen King, luego aparece un misterio peor del que esperan.
Aún me estoy planteando porqué desaparecen.

Tránsito Blum dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Carlos. Un inicio débil pero que en cuestión de cuatro capítulos empieza a coger tensión. Sobre el final me rondan varias interpretaciones. "Ellos" (los desaparecidos) ven a Eva como se hunden sus rizos en el espejismo de Villallana. La observan desde la ¿dimensión de la muerte? o ¿desde la vigilia del que fuera antes su sueño colectivo? Otra posibilidad que se me ocurre es que toda la novela narra la metáfora de la dependencia a la tecnología y como sin esta los propios animales nos terminan devorando. Narra el apocalipsis de nuestra era. Creo que la escena de los galgos es clave o la de los bramidos ensordecedores de la granja. El único que aparece muerto es "El profeta" porque ningún animal ha podido entrar al coche para comérselo.

Saludos, Carlos.

Anónimo dijo...

Paseando por Huracanes en papel veo el comentario de Fin, no sé decir si me ha gustado.
Reconozco el planteamiento arriesgado y el ritmo de intriga bien conseguido.
Aún estoy esperando El Profeta. Las sucesivas desapariciones te dejan clavado en la silla.

El autor David Monteagudo es sencillo, discreto y diáfano en las entrevistas que he podido ver.
Van a hacer una película, si que resulta cinematográfica.

Imma

Tránsito Blum dijo...

Hola Imma. La verdad es que es un libro muy singular. Sobre el tema de la película lo estuve pensando unos días después de leerlo y tengo la sensación que va a ser estrepitosamente mala. Fíjate que si tuviera que crear un vínculo de semanjanza, rápidamente me viene a la cabeza La carretera de Cormac McCarthy. No sé si Monteaguado pensó en esta obra mientras escribía Fin pero para mí es su versión española indiscutiblemente más cercana. Rural y castiza. Y si falló a la americana, naufragará mil y una vez a la española. No es un buen material para Amenabar ni para Balagueró. Se la cargarían. Tal vez en manos de Daniel Monzón o de un director novel totalmente desconocido con ganas de romper cánones podría conseguir llegar a la cúpula más alta del cine de vanguardia.

La fuente desde la que pueden emerger mayores emociones en el espectador debe centrarse en los animales. Cada animal posee una fuerza descomunal en nuestro imaginario sorpresivo. El galgo en la gasolinera es su cenit. El director de cine que quiera lucirse con este guión debe explotar la aparición y presencia de cada uno de los animales como entes fantasmagóricos que anuncian un tránsito inevitable hacia la muerte, hacia un apocalipsis ejemplar, como pasarela hacia una nueva dimensión/conciencia/sensibilidad. En el inicio se debe representar lo más puramente cotidiano. La llamada de teléfono debe sonar como una explosión. Lo más atronador posible en un escenario de monotonía, de tedio, de abandono. Debe doler y rasgar la escena para que sintamos que todo va a empezar a cambiar. La elección del timbre o del tono será la primera clave del éxito de la película. Tiene que sonar como si procediera del más allá. De lo urgente, de la culpa. De lo único. Lo que se debate de fondo es la conciencia emotiva. El peligro de hacernos un daño que perdurará siempre en el tiempo. La piña de amigos tiene que generar una moral desfragmentada. Vacía. Un nudo en la conciencia que decidirá su destino inexplicable. Puede jugar con lo rural y lo urbano, lo ancestral y con lo caótico moderno. Creo que es una película que se debe hacer pensando en todos los que hemos leído el libro. Si a nosotros nos agita... imagina que exitazo provocará en la piel de todos esos cuerpos dolientes que arrastran una culpa maltratada, podemos ser cualquiera de nosotros. En este sentido roza lo universal. El escenario de lo rural nos traslada al pasado, a lo remoto, a lo originario. Los animales emanan una pureza bestial y lo insólito nos despierta de la filfa y la patraña. De la vigilia invariable y descuidada. El verbo estar toma en esta obra un sentido pleno. Sobre todo cuando comprobamos que El Profeta sige permaneciendo en el escenario. Muerto, pero presente. Si el director consigue plasmar esto en imágenes, la cultura española regresará al podium que le pertenece, porque está claro que Fin de Monteagudo ha apostado por la innovación y por el tránsito. Desgraciadamente se consume más cine que libros y sería una manera de fusionar la narrativa visual con lo puramente primigenio.

No soy muy amigo de ver películas y menos procedentes de grandes libros. Me chafan generalmente la pompa ficticia que yo mismo me he construido minuciosamente en la cabeza, lo que pasa es que a veces me puede la curiosidad y me entrego al cine digital esperando y esperando que me agarre. Pero nada. Aqui sigo enamorado una y otra vez de la literatura. El Estanque Dorado de los sueños.

Saludos Imma.