HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

domingo, 30 de enero de 2011

Warlock de Oakley Hall

Explorando en las vitales lecturas de Thomas Pynchon, descubrí que en la misma época en la que fue alumno de Nabokov, cayó en sus manos una novela de Oakley Hall que llegó a calificar como una obra de microculto, como una de las mejores obras de la literatura moderna norteamericana por su claridad y su profunda sensibilidad para adentrarse en los ásperos abismos en los que se fundó la sociedad americana.

Fui a la Biblioteca Pública y allí estaba solitaria. Esperando a que mis manos la capturaran. La he leído con las botas puestas y puedo decir que la experiencia es arrolladora. He tragado polvo y los disparos me han pasado muy cerca de mi cabellera. Se trata de una obra de culto que tilda a EEUU nación de pistoleros, país de alma dura, aislada, estoica y asesina, que aún está por ablandarse. Los padres fundadores de Norteamérica no fueron aquellos caballeros del siglo XVIII que constituyeron una nación en Filadelfia, sino aquellos que crearon violentamente una nación en un páramo implacable y opulento: pícaros, aventureros, grandes terratenientes, guerreros indios, comerciantes, misioneros, exploradores y cazadores que asesinaron y fueron asesinados hasta conquistar el territorio desolado.

La novela está basada en personajes y acontecimientos que tuvieron lugar en el OK Corral en Tombstone, Arizona. El diálogo suena tan cierto como el sonido de un dólar de plata arrojado en la barra. Oakley Hall construye esta hiper-realista ficción para mostrarnos como la persona que subyace en la figura del sheriff o del comisario es tan sólo un estoico asesino que acecha bajo la superficie de una conciencia colectiva y moduladora. Los ciudadanos de Warlock se sustentan gracias a la minería, y seguidamente, a la fabricación de ataudes, que irán a parar a Boot Hill, la Colina de las Botas. Cuatreros, mineros borrachos, pistoleros y asesinos, tienen por costumbre alterar el orden y llevarse con sus balas, las vidas polvorientas de aquellos que osan cruzarse en su camino.

Warlock está dividido entre los que desean la paz y el orden, representados por la Comisión de Ciudadanos y por otro lado los hombres de Abe McQuown, el Zorro Rojo. Un ladrón de ganado que causa un gran temor cuando acude desde San Pablo a la ciudad para jugar a póker y beber whisky en los salones de Warlock. Pero también, es quien pone orden entre los bandidos del valle y causa el caos en la ciudad de Warlock. Para evitar esto, la Comisión de Ciudadanos, contrata al hombre de las pistolas de oro, un tipo muy rápido que se enfrentará a cada uno de los maleantes y le prohibirá la entrada en la ciudad a aquel que no respete las normas cívicas de esta ciudad sin ley. Tres nombres les provocarán en la lectura una total intriga: Clay Blaisedell, Tom Morgan y Jonnhy Gannon. Así que prepárense... porque si entran en Warlock, algo de ustedes se quedará allí para siempre. Vigilen la llegada de Kate Dollar en la diligencia Concord, el modelo más extendido del Oeste y construido para la Wells Fargo Co. A partir de ahí, la lectura se vuelve apasionante. Thomas Pynchon no habría disfrutado con menos. Suyo es ahora el señuelo. No la pierdan de vista porque atrapa. La película de Edward Dmytryk no le llega ni a la suela de los zapatos. Curiosamente nada citó de lo mal que se portaba el Séptimo de Caballería. Un tema indispensable para entender que ocurre en Warlock. Y por último decir que me gustó mucho leer la introducción que le hizo Robert Stone a este titán de la literatura norteamericana. Las uniones entre estos autores se hacen cada vez más fuertes y acordes. Cobran un sentido mítico. Esto lo cuento para aquellos que quieran establecer vínculos entre los conflictos de Warlock, la guerra de Vietnam o los próximos duelos al sol en los que esta nación de pistoleros quiera jugarse el tipo. Es momento para el tránsito.

“¿Qué habré hecho yo para estar siempre matando una parte de mí con cada disparo? — Clay Blaisedell.”

2 comentarios :

Pynchoniano dijo...

También llegué a "Warlock" de la mano de T.P., pero he de confesar que me decepcionó el paisaje (me lo habían pintado con demasiada pasión).
Dices que el libro es superior a las películas que de estos hechos se han filmado; yo no lo veo así. "Duelo de titanes" refleja a la perfección unos hechos similares, con la ventaja que da el ser testigo directo. Y es que el libro está escrito como si de un guión de cine se tratara:
"-¡No digas nada contra Blaisedell delante de mí!-exclamó Carl.
Gannon percibió el odio en su tono.
-Carl- le dijo.
Pero él ni siquiera lo miró.
-¡Ni se te ocurra pronunciar su nombre-prosiguió Carl con voz ronca-, maldito cuatrero de poca monta!
-¿Acaso has dictado nuevas leyes? -masculló Curley, en tono amenazador-. Me parece que aún se puede hablar.
-A mí no me hables-replicó Carl-. Ni aquí ni en Bright's City. Ni tú ni ningún otro ladrón de ganado.
Gannon sacó el Colt y lo mantuvo frente aél con el cañón hacia abajo. Curley le lanzó una mirada; entre sus rígidas facciones, sólo sus ojos se movieron.
-Será mejor que te vayas, Curley- dijo Gannon."
El mundo que plantea sí que tiene puntos en común con T.P.: individualismo radical, tramas y motivaciones ocultas, visión negativa del Estado, sindicalismo... Pero poco más. Me quedo con Pynchon y con Duelo de titanes.
Saludos

El administrador de La novela antihistorica dijo...

De acuerdo con todo lo que se pueda decir del Western americano, pero recordad que hemos sido los europeos los que mejor hemos entendido sus claves. Leone, Blueberry, etc, etc...
La saga continúa en "Alcolea". Sólo hace falta entrar en el nº de 20 de julio de 2010 de "La novela antihistórica" para convencerse de ello.
Allí está "Alcolea", http://lanovelaantihistorica.wordpress.com,
Un veterano de la Guerra de África, de la de Secesión americana, de la Revolución Gloriosa de 1868, de la Comuna de París es llamado para resolver una serie de crímenes atroces hasta para el último invierno de la última guerra carlista.
El cuchillo del asesino brilla en la oscuridad en esas Navidades de 1875. También ladran las armas de fuego, los rifles Remington, los revólveres Lefaucheux y hasta algunos Colt Navy calibre 36 recuerdo de días pasados en el Medio Oeste, en la Policia del ferrocarril antes de volver a la vieja Europa para detener a un asesino implacable...