Literatura incómoda. Las nuevas generaciones de lectores disponen de esta potente cápsula de memoria para evitar que se degraden los Hechos de Nuestra Historia. Con esta creación literaria en tono de realismo mágico, se adentrarán en uno de los temas más delicados, silenciados y falseados de la historia de Iberia: su guerra civil. Sin manipulaciones, reduccionismos ni censuras. Todo expuesto para el debate, la lógica, la expresión y la memoria democrática.
En el Estado español, como en otros países europeos, después de la Primera Guerra Mundial, la democracia sustituyó a la monarquía. En España, la Segunda República, que fue elegida democráticamente en 1931, reflejaba los deseos de justicia e igualdad de muchos de los ciudadanos. Su Constitución definía el país como «una república democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en regimen de libertad y justicia». Se crearon medidas progresistas como el matrimonio civil y el divorcio, la educación pública, el voto para la mujer y medidas para una más justa distribución de la propiedad agraria y los salarios, así como la protección laboral. Por lo tanto, el golpe de Estado y la guerra entre dos bandos, fue el resultado de la lucha de clases, a la que se añadió una exterminación bien planificada y un intento de frenar cualquier aspiración de autodeterminación de las naciones que forman parte del Estado español.
El golpe de estado franquista a un gobierno democrático, con la colaboración de la Iglesia católica, provocó 600.000 muertes en sus tres años de guerra, más de 350.000 asesinatos durante la represión franquista (1936-1950), más de 150.000 víctimas de desaparición forzada y más de 30.000 recién nacidos robados por la Iglesia. Actualmente hay constancia al menos de 2.232 fosas documentadas de las que solo se han abierto 390. Este dato convierte a España en el segundo país en el mundo en número de fosas comunes por detrás de Camboya. Los hechos referidos nunca han sido investigados penalmente por la Justicia española, por lo que, hasta el día de hoy, la impunidad ha sido la regla frente a unos acontecimientos que pueden ser constitutivos de crimen contra la humanidad.
Esta obra opera como una gimnasio de la conciencia, como un laboratorio perceptual y ético que rompe la ilusión de un yo aislado y lo expone a su identidad diversa, social y global para reconocer la agresión, entender sus duelos, ponerle palabras, identificar el dolor, la heridas y los traumas que nos son transmitidos.
David Uclés fue portador, desde niño, de todas las historias de este libro gracias a su abuelo Luis, un andaluz de Jaén. Tardó diez años en terminarla y decidió aplicar al montaje de la obra una estructura costumbrista, viajando por toda la península para recoger anécdotas y datos objetivos de cada plaza, pueblo, ciudad o territorio de la guerra para recrear cada capítulo con meticulosidad. Todas sus páginas te mantienen en una constante sorpresa, descrito con riqueza lingüística, repleto de personajes luminosos, grises o turbios. Contempla la linea temporal completa sobre la guerra convirtiéndose en la única obra literaria hasta la fecha en lograrlo. Su público empezó siendo gente muy mayor pero poco a poco el libro llegó a los institutos y la gente joven lo acogió con mucho entusiasmo por su poder pedagógico. Lleva 32 ediciones hasta la fecha. Su lectura es cercana y comprometida. Nos recuerda que el duelo sigue congelado y aún no se ha llevado a cabo de forma abierta, pública y colectiva. Así que es el momento para hacer un esfuerzo de empatía. Es imposible olvidar. Y además es dañino para la salud social e individual.
La península de las casa vacías ha sido premiada, traducida y leída como un manifiesto generacional. Esta obra poética no busca cerrar heridas, sino enseñarnos a habitarlas y evitar la confusión. Han pasado 90 años desde ese golpe de Estado. Si queremos ser protagonistas de nuestro futuro, tenemos que ser valientes y elaborar lo que hemos heredado transgeneracionalmente. La península les espera, con sus luces muertas, torturas, batallas, desaparecidos y sus verdades vivas. Nos hemos acostumbrado a los silencios cargados de emociones que esperan verdad y justicia. La historia es un pasado abierto, inmenso, que guarda significados para quien quiera preguntarse el por qué de la historia y que quiera saber cómo curar el dolor heredado desde la perspectiva de la reparación, haciendo consciente lo inconsciente del genograma. Podemos vivir con las cicatrices limpias sin esconderlas y mejorar el presente a través de nuestras palabras desenterradas. Es momento de más Verdad, más Democracia y más Justicia ¡Blum!
