HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Roberto Bolaño, Thomas Pynchon y Enrique Vila-Matas. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2026

sábado, 8 de octubre de 2016

Amado monstruo, de Javier Tomeo

Encontré las obras de Javier Tomeo en una pequeñita biblioteca muy cerca de mi casa, paseando por un inmenso parque con pinos de más de treinta metros de altura. La biblioteca llevaba su nombre y mi interés creció al comprobar que dentro, en el mismo recibidor, había una vitrina con la mayor parte de sus obras expuestas. La bibliotecaria se acercó de propio a explicarme su contribución en este mueble-vitrina. Era un tesoro en la ciudad. Y al seguir su delicada presentación recuperé el amor y la atracción por la literatura. No había dudas de que se trataba de un escritor prolífico. Su imaginación había producido casi cincuenta novelas. Desconocido en Zaragoza, pero muy premiado en el extranjero, sobre todo en Francia y Alemania. Ésta fue la que más llamó mi atención. Con ella alcanzó la fama y fue llevada al teatro. Hice caso a mi intuición.

«De acuerdo, soy un nuevo Robespierre que se ha pasado treinta años viendo como su madre hacía calceta.»

H.J. Krugger, director del Departamento de Personal de un Banco, habla con un ligero acento extranjero arrastrando las erres y oscureciendo las vocales. Por razones obvias dice que no puede prescindir de su empleo. Está obligado a mantenerse en la clandestinidad, pues pertenece a la poesía secreta y podrían acusarle de quitacolumnista, además de suponer el fin de su carrera en el Banco. Ahora tiene en frente, para una entrevista de trabajo a Juan D., que lleva treinta años pegado a las faldas de su madre y ha decidido presentarse al puesto de vigilante de Banco, sin la aprobación de su madre. Él no tiene experiencia y dicho empleo requiere el uso de armas de fuego. No vale ir con un garrote, como desearía Juan. El prestigio del Banco depende de las pistolas. Se trata de una cuestión de imagen de empresa.

«En estos tiempos de apoteosis informática, de sofisticadas redes de teleproceso y de dinero electrónico, resultaría de lo más ridículo ver a los vigilantes de cualquier banco armados con garrotes.»

En esa entrevista ellos van a hablar, de música, de literatura, de arte, de gastronomía, incluso de sus madres y, cuanto más se extienden en detalles, más se les permite aligerar sus conciencias.

«He aprendido a clasificar a la gente en dos grandes grupos: el de los que tienen dinero, y el de los que no lo tienen. No me preocupan los linajes, ni los cuarteles en los escudos, sino la cuenta corriente de nuestros clientes y, en última instancia, la educación que sólo puede dar el dinero. Todo lo demás son pamplinas.

Juan D. dispone aún de treinta minutos para convencerle de que es el candidato ideal y le confiesa cada detalle relacionado con el impulso por abandonar la casa de su madre. Le habla del reproche que su madre tiene contra él por haber nacido con seis dedos en cada mano, como si fuera un monstruo. Su madre lo sabe bien. ¿A dónde piensa ir? Los hombres como él deben renunciar al mundo, antes de que el mundo los rechaze a ellos.

«Los hijos son como lámparas en un hogar oscuro y nosotros no nos hubiésemos permitido jamás dejar a su madre en tinieblas.»


lunes, 3 de octubre de 2016

Las chicas, de Emma Cline

Literatura underground. El debut literario de la joven norteamericana Emma Cline requiere atención pues narra, desde una emotividad divergente, la vida de una chica que está luchando con su sexualidad emergente, que le suscita interés, peligro y que le aporta una sensación poderosa. El mensaje de fondo permite revisar la cotidianidad subyacente en la humanidad a través de la calidad en las relaciones personales. Su publicación,  en junio de este verano, ha despertado el interés de muchos amantes de la literatura. Será llevada a la gran pantalla. Requiere un paréntesis.

Las chicas está ambientada en el norte de California, durante el violento final de la década de 1960. En el comienzo del verano, Evie Boyd, una adolescente inteligente y reflexiva que atraviesa por un proceso de soledad, ve a un grupo de chicas en el parque, que le roban inmediatamente su atención, por la consumada libertad de comportamiento, su vestimenta descuidada y su peligrosa aura de abandono. Al poco tiempo, Evie quedará magnetizada por Suzanne, una chica más mayor con una energía enigmática, que le introduce en el círculo de una secta infame, liderada por un carismático músico, llamado Russell que vive en un extenso rancho escondido en las colinas, un lugar inquietante y descuidado, pero que a Evie le resulta exótico, emocionante, cargado de interés y en el que se siente desesperada por ser aceptada por el grupo. A medida que pasa más tiempo lejos de su madre, de su amiga Connie y de los ritmos de su vida diaria, su obsesión por Suzanne se intensifica. Evie no se da cuenta que se acerca cada vez más hacia una violencia impensable, en un momento en la vida de una chica en donde todo puede ir muy mal.

Las chicas está inspirada en el líder satánico Charles Manson y los espeluznantes asesinatos que sus seguidoras cometieron en el verano de 1969. Sin embargo la historia de Emma Cline agarra ese horror en segundo plano. Su protagonista, Evie Boyd, contiene toda la fuerza de esta historia. Ella ha pasado su vida dejando que los días se desmoronen muy lejos, como los restos de un acantilado. Es ya una persona adulta, pero abatida por el cultivo de una invisibilidad gentil viviendo entre los espacios de las existencias de otras personas. Ella capta las demandas deshumanizantes de los hombres, la violencia ocasional con la que se hacen cumplir esas exigencias y las relaciones de explotación que le producen orgullo y desesperación. Pero a esa edad ella necesita aprobación.









La novela de Cline realiza una retrospección de ida y vuelta, con notas de apatía, cambiando entre la vida estática de Evie en la actualidad y el tiempo infame en el que fue una chica de catorce años, recluida en el rancho de Russell, versión clineana de Manson; mientras su país carbonizaba Vietnam y las universidades entraban en erupción. Por esa época sus padres se habían divorciado recientemente y ella se encontraba a la deriva de su padre y su madre, en un forcejeo distraído. La presencia de Suzanne, tan trágica e independiente, como un rey en su exilio, le deja cautiva, además de por su belleza con la que Evie desea congraciarse,  y que le arrastra a situaciones perjudiciales. Todos estos momentos son los más notables de la novela donde la capacidad literaria de Cline para articular las angustias hacia la edad adulta en un lenguaje que es magníficamente poético sin perder la autenticidad de la conciencia del adolescente, las reflexiones melancólicas de su madurez o la impetuosidad de sus impulsos infantiles, deja toda la obra trenzada en armonía. La novela permite ir apreciando todos los cambios psicológicos de Evie, después de pasar las dos primeras semanas en el rancho de Russell, notar su su facilidad para  mentir a sus padres, para entregarse a Russell o para obtener de forma aguda el afecto de Suzanne.

Emma Cline ha escrito una novela explosiva mediante un acto de obsesión y curiosidad, que le llevó a interesarse treinta años después del crimen de Manson, explorando videos en YouTube y leyendo todo tipo de libros sobre el líder y su secta, de la que aporta muy pocos detalles, centrándose en el desenlace de destrucción y el homicidio múltiple que incluía ritos satánicos, nacidos de un lugar tranquilo, desde el que Evie, una de las chicas de Manson se confiesa con plena ebullición, anhelo y terror. Evie alude a los asesinatos infames, con una vergüenza latente y con un asombro silencioso de como "accidentalmente" una vida puede partir hacia el desastre. 

«La vida es un continuo alejarse del filo.»

¿Hasta donde llega este concepto de "accidental"? Cualquier chica no es blanco fácil para sucesos de este calibre. No hay que caer en el temor, una emoción de la que excede esta novela. Algo así sucedería con personas que cultiven el rencor, el aislamiento, la egolatría, o el narcisismo, además de distanciarse por completo de sus familiares y seres queridos; o en personas que buscan obtener poder y seguridad del grupo. Charles Manson vino a este mundo a hacer daño y a manipular. Fue estudiante de la Cienciología para controlar a la gente con métodos sibilinos. Era un psicópata adorador de satán, miembro de la Iglesia de Satán, actualmente metido en la cárcel con una pena de cadena perpetua por todos sus crímenes. Sus conexiones con la masonería y el satanismo han sido demostradas. Las chicas que vivían con él, además de reunir muchos caracteres de la psicopatía, estaban narcotizadas, bajo los efectos de diferentes drogas y siempre en un programa de hipnotización, mediante símbolos, gestos, frases recurrentes para conseguir su manipulación mental. De lo contrario algo así jamás habría ocurrido. Pueden estar muy tranquilas las personas que se rigen por la bondad y la empatía.

«Suzanne tenía los ojos como un muro de ladrillo. Las anfetaminas tensaban sus sienes.»

Cline ha entrado con fuerza en la escena literaria. Tiene veintisiete años y ha firmado con Random House un contrato de dos millones de dólares por éste libro y otros dos más que saldrán muy pronto. Una vez leas este libro, inevitablemente tendrás ganas de leer algo suave, del pulso de Jane Austen, para rebajar toda la carga negativa que experimentarás con los personajes. Lo bueno es que se lee del tirón. Es muy rápida y muy ágil. Lo malo, que genera mucha aflicción y desasosiego. No hay un sólo personaje que tenga luz. Me ocurrió hace muchos años con Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides.


sábado, 1 de octubre de 2016

El cazador, de Javier Tomeo

Javier Tomeo vivía solo. No tuvo hermanos. No tuvo hijos. Consagró su vida a la literatura. De niño leía a Julio Verne y a Salgari, pero lo que forjó su imaginario más pujante fueron las pinturas de Goya, con sus monstruos y sus personajes sardónicos. Así aprendió a relacionarse con el arte, mediante una experiencia moral, junto a criaturas y personajes incapaces de encajar en el mundo. De esa forma encontró su lugar en el mundo.

El cazador (1969) fue su primer libro, una ruptura con el mundo insípido y un ejemplo lúcido de cómo seguir su propio camino, el único y verdadero. Javier Tomeo trabajaba como abogado en Olivetti, empresa italiana de máquinas de escribir, y un día decidió encerrarse drásticamente en su habitación para disolver las frustraciones del pasado y sumergirse vibrante hacia su propio universo de individuación. El resultado produjo una obra inclasificable, marginal, de contenido pulsional e inconsciente, en trance con su alter ego, precipitándose contra los límites hacia la captura del más allá: su presa más ambiciosa. De estilo condensado, su narrativa avanza por golpes certeros de inteligencia y exactitud. Breve, profundo y matemático, como los delirios de Kafka o la espontaneidad genuina de Poe. Escribe lo que corresponde, y ya nada se puede parecer a él. Tan sólo caben reminiscencias de ligera aproximación, pero toda evocación será injusta. A Javier Tomeo se le lee y a partir de allí ocurre todo y uno entiende el placer de ser un lector minoritario , atípico y heteróclito; un lector de autores que estaban tan cerca de casa que parecían invisibles. Gracias Aragón. 


viernes, 7 de agosto de 2015

Historias escocesas, de R.L. Stevenson

Consciente de irme a Inglaterra por dos meses me apareció en la librería de mi ciudad natal una obra de R.L. Stevenson y no pude resistirme a comprarla. La idea de conocer los verdaderos relatos de Escocia de la mano de uno de los más heroicos literatos del país, me produjo una excitación palpitante por el incipiente deseo de entrar en contacto con la cultura de las tierras sombrías del norte del Reino Unido, envuelto en la prosa adictiva de Stevenson, artesano irrefrenable del lenguaje, a quien los propios indígenas de la isla de Samoa apodaron Tusitala, "hombre que cuenta cuentos", por sus dotes de narrador innato. Tuve así la seguridad de que este libro iba a servirme de instrumento para explorar íntimamente los lugares, escenarios y personalidades que aquí se desarrollaban. La narración de Stevenson con su estilo parco, fino y enérgico me llevó al mismísimo corazón de estas tierras que ahora estoy pisando, sin perder por un instante el asombro de mi mirada. 

Cuentos escoceses está compuesto de cinco relatos. El primero El ladrón de cadáveres se centra en un hecho real ocurrido en Escocia durante los sórdidos días del desarrollo de la anatomía como ciencia, cuando las aulas de la Universidad de Edimburgo debían estar bien abastecidas de cadáveres para las mesas de prácticas de los estudiantes, y criminales sin escrúpulos se las ingeniaban para saquear cementerios y profanar tumbas, e incluso suministrar cuerpos de carne más fresca. Janet la Torcida constituye la primera incursión de Stevenson en el género del cuento de miedo, que tanto apreciaba de niño, pues su nodriza solía dormirlo con ellos. El relato es una historia de brujería y posesión ambientado en un pueblo de Escocía que está anclado en viejas supersticiones, como que el demonio se aparecía en forma de hombre negro. Los risueños cuenta la búsqueda del tesoro de un galeón español naufragado en las escabrosas costas del norte de Escocia. El sótano de la peste es el primer relato que se conserva de RLS. Se cree que fue escrito en el verano de 1864, justo antes de cumplir los catorce años, en un intento por escribir algo sobre los covenanters, o partidarios del National Convenant, un pacto nacional redactado en 1638 para oponerse a las tentativas del rey Carlos I de anglicanizar la iglesia presbiteriana escocesa. La trama de este relato se desarrolla a comienzos de 1667, uno o dos meses después de la insurrección, con la ejecución de los sublevados, en una atmósfera opresiva que nos llevará hacia un sótano donde habita un mal de naturaleza innombrable. El pabellón en los Links esta ambientado en el noreste de Escocia, en un caserón de piedra blanda, expuesta a la mordaz erosión de la brisa costera. Allí se ha refugiado un comerciante perseguido por los miembros de una sociedad secreta italiana: los carbonari, que le reclaman una cuantiosa suma de dinero.

Relatos que uno desea que nunca acaben, que son capaces de envolverte y que alimentan la imaginación, la exploración, la inteligencia. Stevenson fue uno de los grandes, un Huracán en Papel, que si lo estudias en profundidad te ofrece una calidad literaria inigualable, para el público más exigente. Debe estar en boca de todos nosotros. No podemos permitir que sea eclipsado. Fue uno de los pocos maestros que tuvo Borges. ¡Blum!



jueves, 2 de julio de 2015

El cartero de Neruda, de Antonio Skármeta

En la costa del Pacífico, a orillas de ese océano con Siete Lenguas Verdes y Siete Tigres Verdes, se gestó El cartero de Neruda de Antonio Skármeta, en un periodo de catorce años para ser ultimado, tiempo en el que pudo volcar su poética visión, lentamente, con la tranquilidad con la que las olas se pasean por el manto marino hasta acariciar la playa, al ritmo que a usted, lector y amante de la literatura de altura, le predispondrá para saborear cada palabra, como si fueran alimento y bebida para su espíritu consternado. Así, de esta forma tan lánguida y sosegada, me nutrí con esta obra, sin saber nada de ella, excepto el nombre del poéta. La cogí minutos antes de salir de casa, del estante donde duermen las mejores obras de los escritores latinoamericanos,  con la idea de irme una semana de descanso al mar, a un rincón del Mediterráneo que me sirve de Isla Negra. Allí leí, pensé y disfruté como solo el mar te pide que lo hagas.

Pablo Neruda murió dos semanas después de que falleciera la democracia en Chile por un cruel golpe de Estado contra Salvador Allende. Con total sincronicidad morían al unísono la libertad y la poesía. No fue casualidad. También le ocurrió a Unamuno cuando Franco dió su golpe de estado. También le sucedió a Stefan Zweig cuando el fascismo de Hitler y Mussolini se apoderó de toda Europa. Vida y muerte, libertad y poesía. De esto trata, El cartero de Neruda y de algo más que prefiero silenciar para que la correspondencia custodiada por Mario Jiménez siga recorriendo el mundo, a través de la lectura, la narración, la literatura y nuestros corazones. Será una preciosa être de sortie en tu verano. ¡Refréscate! Todo lo insólito acontece durante el estío ¡Blum!



«Desnuda eres tan simple como una de tus manos.»


                               El rincón donde leí "El cartero de Neruda". Junio, 2015. Cataluña.

jueves, 11 de junio de 2015

Blitz, de David Trueba

Ayer se desplomó una tormenta en Zaragoza. Explotó cuando llegué a casa. El cielo retumbaba. Me puse a terminar de leer esta novela mientras las gotas resbalaban por el cristal de la ventana, mientras el olor a lluvia entraba en el salón, invitado por la tormenta. Sentí una calma empírea y suprema. Mis ojos recogían las letras, empapándose de ideas y conjeturas, y sentí que me limpiaban, dejándome ante un nuevo estado de tránsito. Hoy he llegado a la última página y ahora entiendo que cada cosa que sucedió durante el proceso de lectura, fue una danza acompasada por los antojos del destino, también los truenos y el chubasco, que fueron lo más auténtico del encuentro.

Encontré el libro el viernes en la biblioteca más moderna y exigua de la ciudad, la CUBIT, con el depósito de obras más pequeño de todas las que conozco. La había visto anunciada en la página web de Anagrama tiempo atrás, y la agarré, sin dudarlo un instante, de la sección de novedades. No esperaba mucho de ella aunque intuía que dentro había un mensaje importante, la portada mostraba cambios, movimiento, acción y una seria duda. El título tenía algo de eléctrico y dinámico al pronunciarse. En pocos días pude completarla. Y éste ha sido el resultado de la lectura.

Blitz es literatura de huída, de encuentros y desamor, que empuja a la metamorfosis de los afectos a través de experiencias divergentes y discordantes, en truncada sintonía con aquellos a los que les ha sacudido la actual crisis española. La obra de Trueba simboliza el azar, el destino y la providencia, las tres fuerzas que intervienen en un devenir. Todo personificado en Beto, un arquitecto paisajista en pleno hundimiento sentimental que viaja a Alemania para exponer su proyecto arquitectónico y optar a un cuantioso premio. Marta, su novia, le ha dejado asépticamente por un ex-novio uruguayo en el momento de sacar su nuevo disco. Helga, la traductora que le ayuda, es una mujer mayor que iluminará como un relámpago la vida de Beto. Doce capítulos dedicados, cada uno, a un mes del año, que se escurren como los granos de un reloj de arena.

Aunque la historia pierde cierta verosimilitud con la realidad, es interesante el análisis que arroja sobre las convenciones sociales, los estereotipos vinculantes, la fragilidad de la belleza o el rumbo caprichoso de la fatalidad; y así, entre todo este derrumbamiento afrontado con impulsividad y turbación, la trama avanza como un logos que penetra en las tinieblas, descendiendo al corazón mismo de la Naturaleza Humana. David Trueba va ofreciendo, una tras otra, escenas ociosas y tragicómicas pero que se evaporan en un simple entretenimiento, y que no valen, a mi juicio, la distinción del arte.  Como broche final elige una escena emotiva y afectuosa, pero anodina, que evoca un paisaje de ensueño oscurecido, donde más bien creí ver una escalera que conectaba con el Cielo, y a un hombre convertido en niño dependiente, que sufre ausencia de madre y no sabe bien poner los límites de lo inadecuado y lo imprudente; en lugar del cierre digno y relampagueante que habría electroagitado a cualquier alma atribulada. He sentido que prevalece más, la mano en la nuca de la duda, que el propio rayo ultra-alemanizado. Tal vez por eso, ha sucumbido. Los lectores no estamos para que también nos alemanicen los fenómenos naturales. ¡Cuídense! ¡Blum!


Me comportaba con ella con tal frialdad que después de hacer el amor podríamos haber puesto a enfriar las cervezas en mi corazón.


viernes, 5 de junio de 2015

Los escándalos de Crome, de Aldous Huxley

Una nueva obra ha caído con el peso de sus letras en este reducto de la literatura. Desde este corredor de mundos descubrí que uno sólo es feliz entregándose a la acción y así me moví una vez más como lo hace el viento cuando se revuelve entre los árboles, hasta dar con la primera novela de Aldous Huxley, que estaba dormida en una librería de antiguos y de ocasión, viejos y descatalogados.

La novela se desarrolla en Crome, Inglaterra, en una casa de campo de un matrimonio de la alta aristocracia británica. El Sr. y la Sra. Wimbush invitan a varios personajes para dar una fiesta, son tipos aburridos, egoístas, maniáticos, profundamente desgraciados en medio de sus extravagancias, personas de transición, residuos, desechos de un modo de civilización en decadencia. Y ello, sobre todo, por ser víctimas de una educación descuidada, deficiente y perniciosa. Todos han visto muchas cosas y no han profundizado ninguna. No hay en sus mentes un ideal que dé unidad a lo que saben y un sentido a sus vidas. Allí en Crome sale a relucir todo, como expuestos en el escenario de un teatro.

Aldous Huxley dijo que la piedra de toque del temperamento literario es la sensación de magia, el sentimiento de que las palabras tienen un poder, y que la parte verbal, la técnica de la literatura, es sencillamente una extensión de dicha magia, ya que son las palabras la invención primera y más grandiosa del hombre. Con el lenguaje el hombre ha creado un nuevo universo. Los literatos, descendientes de esos magos, continúan todavía el proceso, ensamblando fórmulas verbales, temblando de gozo y temor ante el poder del encanto producido, pues pueden llegar a evocar emociones hasta en los espíritus vacíos.

Los escándalos de Crome es una sátira escrita por uno de los más inteligentes escritores del siglo XX, que aprovechó la riqueza del lenguaje para concienciar al público de una época social en liquidación, ridiculizando sus vicios y ligerezas, con la agudeza de observación y la precisión psicológica propias de un erudito.

Aunque ya han pasado casi cien años desde que fue escrita (1921), los personajes resultan cercanos y perfectamente reconocibles pues sus personalidades y caracteres podrían pertenecer al Eterno Humano, de tal manera que algún día veas personas y digas que «parecen personajes de Crome». ¡Que el destino no lo quiera!


«Me siento hastiado de ver el espíritu humano encenegado en medio de la plétora social; prefiero describirlo retozando libre y deportivamente en el vacío.»