HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

lunes, 27 de julio de 2009

Envidia de Yuri Olesha

Explorando novedades me topé casualmente con otro escritor ruso. Muy pocos lo conocen en Europa y sin embargo se trata de uno de los mejores novelistas rusos del siglo XX. Gracias al tesón de la Editorial Acantilado desde enero de 2009 los amantes de la literatura pueden disfrutar por fin de su obra cumbre.

Yuri Olesha, procedente de una familia noble de origen polaco, estudió en la Universidad de Novorossisk, sirvió en el Ejército Rojo y ejerció como periodista en Moscú donde colaboró en el periódico Gudok, junto con otro elefante de la literatura rusa, Mijaíl Bulgákov (El maestro y margarita) e Ilfe Petrov (Las doce sillas), todos ellos subversivos del sistema soviético. Fortaleció su empeño por mantener vivo el espíritu crítico antes de que la oscuridad estalinista los envolviera a todos, inexorablemente.

Integrante de la Escuela de Odessa, junto a otros escritores como Isaac Babel y Sigismund Krzhizhanovsky, Yuri declaró que los autores que más lo influyeron fueron Robert L. Stevenson, H.G. Wells y Leon Tolstoi.

La innatural y trágica estrangulación a que fue sometida la literatura soviética en el periodo de la gestación estalinista impiden hacer suposiciones que no sean temerarias o fantásticas sobre cuales hubieran podido ser los desarrollos orgánicos y completos de la que sin embargo queda como una de las fases más estimulantes de la búsqueda narrativa del siglo XX. Sabemos que la revolución rusa (1917) no creó de golpe una "nueva" literatura que se distanciara de la tradición unitaria del realismo del siglo XIX, de autores como Gogol y Leskov. Fueron los ornamentalistas como Biely o Remizov, dedicados al decadentismo y simbolismo, los que empezaron a desmenuzar el módulo narrativo unitario a través de disgresiones, utilizando la multiplicidad de planos temporales y espaciales, el uso finalizado del skaz (traducción rítmica de las entonaciones, de los gestos del habla) y la atención privilegiada a la ascensión rítmica de la frase individual, soberana unidad de medida en este progreso literario.

En la década de los años veinte, concretamente en el año 23 y 24 aparecieron en revistas los cuentos de La caballería roja de Isaac Babel, donde el gusto agudo y sensual por la narración breve y concisa, enemiga del análisis psicológico, se exaltó en el uso del skaz, de la reconstrucción física de la lengua individual cotidiana, encendiéndose por momentos de relampagueantes ráfagas líricas. "Cuadros" o mejor dicho flashes, instantáneas de la guerra civil que el autor había vivido y observado junto con una sección de la legendaria caballería de Budionni, revelaron ya los inicios de un tránsito en el estilo literario.

Envidia (1927) fue concebida en esta etapa de permutaciones expresivas. Pasó desapercibida para la crítica porque uno de sus protagonistas apoyaba, al inicio del relato, el sistema soviético. En un principio fue recibida positivamente por el régimen vigente (fue elogiado incluso por el diario Pravda) como crítica al capitalismo y hermanada al sistema comunista. Sin embargo, los límites entre la crítica a ambos sistemas no quedaban claros, y con el tiempo el autor cayó en desgracia y sus libros fueron retirados del mercado. Pese a la aparente y categórica división en buenos y malos de la novela, se dirige con dolida nostalgia al modo "viejo", personificado por cómicas y tiernas figuras de embrollos románticos contrapuestos a aburridísimas y asépticas figuras de autómatas-burócratas, creando una pequeña joya de la narrativa soviética posrevolucionaria.

En Envidia, Andréi Bábichev es un ciudadano ejemplar. Orgulloso director de una fábrica de alimentos que quiere dotar de salchichas a las masas proletarias, ha asumido con entusiasmo la creación del Nuevo Hombre socialista. El azar lo lleva una noche a conocer a Nikolái Kavalérov, borracho y haragán que acaba de ser expulsado de una taberna. Andréi lo invita a vivir en el sofá de su casa, pero su gesto fraterno apenas atemperará el odio teñido de envidia que este refunfuñón y anárquico representante de la libertad siente hacia su benefactor:

Lucho por la ternura, por la inspiración, por la personalidad ... por todas las cosas que trata de aplastar usted, hombre admirable.”

La defensa magistral que realizó sobre la envidia en esta obra, fue todo un alegato de tránsito, superación y regeneración individual y colectiva que puso en jaque el automatismo alienante de una sociedad gris monitorizada por los subyugantes engranajes del estalinismo. Sea cual sea el momento de su lectura inflama un espíritu revolucionario de reconfortante libertad. Tiene la virtud de mover esa manivela universal que despierta nuestra conciencia dormida. Disfrútenla cuanto puedan. Deja huella.