HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

martes, 21 de diciembre de 2010

Body Art de Don DeLillo

Da gusto acercarse al escaparate de la librería y descubrir que por fín ha sido traducida la obra de un genio. Aunque hayan tenido que pasar diez años desde su primera aparición. Puede que esto cambie algún día. Puede que no. Ya me da igual. Lo real es que está aquí. La he leído y soy feliz. Es uno de esos autores que hacen que la palabra alcance un valor sublime, paradigmático.

DeLillo escribió esta novela de atmósfera beckettiana en 2001, cuatro años después de publicar su gran obra maestra, Submundo. Decidió alejarse por completo del que hasta entonces había sido su estilo de ficción. Buscaba un viaje interior. Sumergirse en las misteriosas cavidades del inconsciente. Y por supuesto, lo consiguió.

Body Art es un poema lóbrego de trayecto elíptico que explora los problemas de conciencia de Lauren Hartke, una mujer cuya obra trasciende los límites del cuerpo y del tiempo, en subversibas performances, tratando de llegar a una conclusión sobre el suicidio de su marido, Rey Robles, cineasta de westerns y poeta cinematográfico de lugares solitarios, de paisajes de aislamiento.


DeLillo abandona la iconografía del pop e inicia su novela atendiendo a las cosas más prosaicas de esta distanciada pareja, y para ello describe su interacción durante el desayuno. Lo que nos permite observar el relieve de ambos personajes y explorar más tarde las consecuencias del desenlace.

“Ella dejó correr el agua del grifo sobre los arándanos que portaba en el hueco de la mano y cerró los ojos para disfrutar del aroma que ascendía.”
“Él, sentado frente al periódico, removía el café. Se trataba de su café, de su taza. Compartían el periódico, pero el periódico, en realidad, le pertenecía tácitamente a ella.”

Y poco a poco DeLillo irá recorriendo las murmuraciones subsconcientes de Lauren, la vida emocional de su conflicto. Investigará una vez más en la identidad y en el destino. Paso a paso. Lentamente. Cada frase amplificará el tránsito. La lectura les permitirá penetrar en los subterfugios del alma y les suscitará una nueva catársis puesto que como decía Beckett, el individuo es una sucesión de individuos y si Laura, esta misteriosa artista del cuerpo siente la necesidad de desembarazarse del suyo propio, inventar una naturaleza muerta viva en sus performances, nosotros, hombres desnudos, desprovistos de un lenguaje y una cultura reconocibles, arrojaremos el concepto de verdad al suelo y nos dejaremos salpicar por otros textos que nos depuren y nos permitan redibujar en el recuerdo ese efímero estado fogoso de alteridad en el que lo oculto se respeta mucho más. El tiempo ha retrocedido. Cierro la tapa del libro y... que más da. Siento que puedo sonreir. ¡Disfruten!

jueves, 16 de diciembre de 2010

Dog Soldiers de Robert Stone

Robert Stone decidió ser escritor al releer El gran Gatsby, la útlima gran novela americana, e icono literario de lo inalcanzable. Con veintiún años sintió el deseo de vender su visión, su humo alucinógeno literario y encapsularlo en una novela, al igual que Franzis Scott Fitzgerald. El primer intento le llevó seis años de trabajo, o como él contó, le llevó toda su juventud, pero de ahí surgió en 1967, a sus treinta años, El salón de los espejos, con un estilo propio de los escritores beat, basándose en parte en hechos reales, describió el escenario político dominado por el racismo de extrema derecha de los años sesenta en Nueva Orleans, con el asesinato de Kennedy de fondo, la defensa de los derechos civiles, las protestas hippies y la guerra del Vietnam. La novela fue adaptada en 1970 para la película WUSA con Paul Newman y Anthony Perkins y alcanzó un éxito rotundo. America y los americanos se veían reflejados trágicamente. Robert Stone se volcaba profesionalmente en la escritura. Había nacido otro prosista ciclópeo. Un narrador de ácido existencialismo.

Un año después, Robert Stone fue enviado a Vietnam como corresponsal de un diario británico durante seis semanas y allí fue testigo del mercado de heroína en Saigón, un negocio dirigido por militares, diplomáticos y periodistas corruptos en el sórdido mundo subterráneo de las drogas, el alcoholismo, la perversión sexual, la violencia y la política de soborno. Robert Stone, alterando su percepción con psicodélicos en esa época de la caída de la contracultura de EEUU, la desconfianza justificada de las figuras de autoridad, y el fin del optimismo de la década de 1960, nos muestra en su segunda novela publicada en 1974, lo duro que es ser decente, como el sueño se agrió y se derrumbó en una bazofia de vidas rotas, para así evidenciar que nuestro peor enemigo habita, curiosamente, dentro de nosotros.

La historia de Dog Soldiers gira en torno a cinco personajes perfectamente construidos que quedarán envueltos en el tráfico de heroina. Converse es un escritor de obras de teatro que trabaja en una de las revistas de su suegro, escribiendo artículos picantes, sobre jueces sadomaso o motoristas lesbianas. Necesita darse un respiro y decide largarse a Saigón durante un tiempo, para vivir otras experiencias y tal vez para sacar de allí otro libro. Así que a la mañana siguiente del segundo cumpleaños de su hija despega de Okland con dirección a Saigón para ocupar puestos de los corresponsales independientes que se iban marchando del país. Allí se lía con Charmain, una mujer fría, calculadora, y pieza clave de una red de narcotráfico que sutilmente le propone un plan, presentado con tal habilidad y fascinación que es incapaz de negarse.

“Ella tenía contactos en EEUU, unos cuantos miles para invertir y acceso al coronel Tho, cuya refinería de heroína era el cuarto edificio más grande de Saigón.”

Converse tiene la posibilidad de comprar por diez mil dólares, tres cuartas partes de tres kilos del material del coronel con un dinero cobrado hace tiempo por la adaptación de su obra de teatro. Su parte de la venta en EEUU ascendería a cuarenta mil. No habría riesgo de malentendidos porque todos son amigos. Marge, la mujer de Converse, también acepta participar. Así que la operación se pone en marcha. Hicks Ray, un marinero paranoico de la Marina Mercante enamorado de la filosofía de Friedrich Nietzsche será el encargado de pasar la droga en barco hasta EEUU; Marge, la esposa de Converse, les esperará para recogerlo y participar en este aciago acuerdo de tráfico que les arruinará inexorablemente sus vidas. Antheil, será quien les persiga, un tipo misterioso, que podría estar interesado en detenerlos y conseguir los estupefacientes fuera de la calle, o matarlos y mantener el botín para sí mismo, aunque nadie podrá decirlo con total seguridad.

“La cerveza 33 la hacían con formaldehído. Se rumoreaba que los cigarrillos Park Lane, canutos liados y empaquetados en fábrica con el filtro brillante eran liados por leprosos.”

Saigón emerge como un laboratorio de decadencia. Con un calor pegajoso. Torrentes de Hondas inundando la macrópolis de la corrupción. Detalles muy bien elegidos que nos trasladan a uno de los países más exóticos del planeta y de mayor singularidad, y que en mi caso me han permitido recordar las tres semanas que estuve en este país, conduciendo las famosas Honda Wave por sus más importantes ciudades, como Hanoi, Hue, Hoian, Nha Trang, Da Lat, Da Nang o Ho Chi Mhin. O navegando por la inmensidad del Delta del Mekong, por los misterios del Rio del Perfume con sus decenas de pagodas guardando las flores de loto o por la silenciosa Bahía de Halong que atesora uno de los escenarios geográficos más espectaculares de la Tierra. Puedo decir que yo también sentí en Saigón esa tensión de ciudad caótica y degenerada. Fue allí donde presencié un tiroteo y en donde me vinieron a ofrecer droga dentro de un paquete de tabaco, en una calle plagada de bares frecuentados por niñas con minifaldas a la espera de hombres que se las llevaran de dos en dos, por un puñado de dólares.

Y en cuanto al estilo de la novela decir que incita a descubrir el desenlace con una atención ceremoniosa en la vida interior de estos personajes que deben aprender a adaptarse a un futuro muy diferente que les acechará en sus más asentados recuerdos. La novela evoca la memoria de la guerra y sus secuelas con una potente habilidad de atribución como en el episodio de la masacre de elefantes.

“Si en el mundo va a seguir habiendo elefantes perseguidos por hombres que vuelan, la gente naturalmente va a querer colocarse.”

Dog Soldiers ganó en 1975 el National Award, convirtiendo a Robert Stone como el mejor escritor de la era post-Vietnam. Tres años después la novela fue adaptada para la película ¿Quién detendrá la lluvia? , protagonizada por Nick Nolte. Y hace no mucho la revista Time la incluyó como una de las 100 mejores novelas del idioma inglés desde 1923 hasta 2005. Asi que si deciden leerla comprobarán que aquí hay un valor seguro. Para mi, su final, es lo realmente nutritivo y la parte en la que más se disfruta de ese particular realismo alucinógeno que define la literatura de Robert Stone. La parte central puede resultarles un tanto vacua e insustancial, con una atmósfera que les recordará seguramente a las películas de Tarantino y a los parajes de Cormac McCarthy. Yo no he podido sacar ningún tipo de correspondencia con la literatura de Hemingway, como he podido leer en los Blogs de otros críticos. No llega a tanta calidad literaria. Sin embargo la novela supone una experiencia muy interesante, sobretodo por disfrutar de muchos de sus genuinos párrafos psicodélicos. Aún así, sigo creyendo que Árbol de humo de Denis Jhonson es la verdadera obra definitiva sobre la guerra de Vietnam, y la que ha sido capaz de mostrar con el suficiente realismo y vigor los corolarios de esa trágica contienda. Al igual que Dog Soldiers ganó el National Award en 2007, con un nivel de descripciones superior. Es una de esas novelas que permanece brillante en mi recuerdo, por su potencia literaria y por su aparición, puesto que este hecho sucedió justo un mes después de mi regreso de Vietnam, justo después le otorgaron el más prestigioso premio de la literatura norteamericana. Un suceso que baila afín a la sincronicidad. Aunque este tema prefiero postergarlo para la reseña de otra próxima novela que trate sobre lo nuestro y lo casual. ¡Disfruten, Dog Soldiers! La literatura les protegerá.

“Este país nos hace descrubir a todos quienes somos realmente.”


sábado, 11 de diciembre de 2010

El sueño de Galileo de Kim Stanley Robinson

Tengo un amigo, Doctor en Ciencias Geológicas, que ha sabido siempre disfrutar de la ciencia ficción y con el que he podido hablar cómodamente de las obras de Asimov, de El juego de Ender de Scott Card, Estación de tránsito de Clifford D. Simak, La invención de Morel de Bioy Casares, Neuromante de William Gibson, Ora:cle de Kevin O´Donell, Fahrenheit 451 de Bradbury o Ensayo sobre la ceguera de Saramago. Cualquiera que ha caído por fortuna en nuestras manos la hemos compartido, así que el día que me invitó a su casa a comer me habló de esta interesante novela. No quiso contarme nada. Conociendo como me conoce, intuyó que me gustaría, y acertó. De pleno. He disfrutado como un niño con esta cósmica obra de Scifi del género hard que ha robado por completo mi atención durante seis noches y cinco días, agitando mis sueños e inyectándome adrenalina para recorrer la admirable aventura de la ciencia de Arquímedes, Copernico, Galileo o la filosofía de Hobbes. Me ha convertido una vez más en testigo absoluto del placer de la ficción enmarañada con la realidad. La meticulosa ambientación histórica me ha hecho revisar datos y elementos que contextualizan con gran acierto la obra y que convierte El sueño de Galileo, en una ingeniosa y profunda revisión del impacto de sus teorías. Aún así, no he podido encontrar en la red todo lo que me hubiera gustado, como el Tratado de fortificaciones de Ostilio Ricci, escrito por el abate que enseñó a Galileo a emplear las esferas para realizar todo tipo de cálculos sobre distancias y dimensiones. Un tema realmente intersante de geometría que tenía totalmente olvidado y que permite entender como brotaron los razonamientos de Galileo para llegar a su legendaria conclusión: El Sol permanece inmóvil, la Tierra gira sobre sí misma y al rededor del sol al igual que Júpiter y otros planetas. No somos el centro del universo. La concepción de la realidad según las sagradas escrituras es un completo error. Hay que cambiar el chip y si se puede, buscar inteligencia en otros planetas. ¿Por qué no?

Pues bien, lo que ocurrió, tras comprobar que el autor había recibido los más prestigiosos premios de la ciencia ficción, entre ellos el Nebula, Locus y Hugo, es que abrí la tapa del libro, leí su primera página y permanecí en órbita fascinado con el déjà vu de Galileo y el desconocido que se le acerca. Tuve que pausarla tras terminar el tercer capítulo para así consolidar en mi imaginación las espectaculares escenas que aquí se narran con tanta soltura. Kim Stanley Robinson tiene la virtud de montarte en segundos una película de letras que atraviesan el tiempo, el espacio y salpicándote con la más científica modernidad. Proponiendo un nuevo enfoque al fenómeno interplanetario: la Teoría Múltiple de las Multiplicidades. Acojonante.

Pero antes de entrar en ese punto álgido literario pasarán por la ambientación que recrea en la construcción del catalejo de una manera que se me torna ya inolvidable. Galileo inicia su prototipo con 9 aumentos y llegó a conseguir 32, con aplicaciones sobre la luz de lo más sofisticadas. Todos estos detalles le dan mecha a la trama, al igual que la descripción de todas sus indagaciones, los 3.200 km de diámetro de la Luna, la rotación 28 veces más lenta que la Tierra, el ciclo lunar o las incorrecciones de la época sobre el pico más alto de la Tierra a dos mil metros en los Alpes desconociendo la altitud de la cordillera del Himalaya, para compararlo con la altura de un pico lunar que aparece moteado de sol en la zona oscura de la Luna. Y todas sus pesquisas envueltas en un frío del carajo. Como si estuviera a la máxima sintonía con nuestro invierno, como si yo mismo hubiera sido teletransportado a 1610 al tocar sus hojas. Puedo decir que la novela me ha abducido. Es adictiva. He echado en falta disponer en mi casa de un telescopio de aficionado para apuntar hacia Júpiter y abrazar con mi mirada las lunas juveas. Me resarcí explorando por internet y en las páginas de la NASA para acceder a las fotos de diferentes sondas que han patrullado Júpiter, como el Voyager 1 y Galileo. De alguna manera nuestras computadoras actúan también como telescopios con las herramientas adecuadas. Hay fotografías espectaculares que me dejan inexorablemente atónito. Son un estallido de colores e información para especular y disiparse en los confines silenciosos del cosmos.

El momento en el que Galileo es transferido a través del sistema portal del catalejo hasta Europa me dejó intrigadísimo. Justo ahí arranca el especulativo género de la ciencia ficción para desarrollar diferentes teorías sobre la naturaleza del universo. Despliega un abanico de misterios propios del mejor Asimov, como el consejo de Ganímedes, el hielo de la superficie, las Torres Blancas, el anfiteatro, la ciudad subterránea y un desconocido que dice ante el Consejo:

“Éste es el hombre al que elegí para que lo iniciara todo.”
“Éste es el hombre que comenzó a investigar la naturaleza por medio de la experimentación y el análisis matemático. Desde su época hasta la actualidad, la ciencia, empleando este método nos ha convertido en lo que somos. Cuando hemos ignorado los métodos y los hallazgos científicos, cuando hemos permitido que las estructuras arcaicas del miedo y el control afianzaran su poder sobre nosotros, nos ha sobrevenido un desastre implacable.”

Pero luego el interés crece todavía más con la misión que tienen preparada: SUMERGIRSE BAJO EL OCEANO DE HIELO DE EUROPA, uno de los satélites de Júpiter, para descubrir que hay allí. Tal vez otra inteligencia superior a la nuestra. Brutal. Como veis está lleno de temas fascinantes que suscitarán un Nuevo Tránsito de con-ciencia. Disfrutadlo.



Teoría de Supercuerdas (Subtítulos en español) - Brian Greene

viernes, 3 de diciembre de 2010

Historias de Robert Walser

La infancia de Robert Walser estuvo oscurecida por la enfermedad psíquica de su madre y la situación financiera de su padre, que empeoraba, de año en año. Walser, vidente de lo pequeño y lo nostálgico, quiso formarse como actor y no aguantó mucho tiempo en ningún puesto como empleado. Permaneció unos años en Berlín desde 1905 a 1913 y en 1914 publicó estas Historias, dejando una vez más impresa la huella de su estilo sensitivo y vehemente. El más solitario de los escritores solitarios que deambulaba a cualquier hora del día, convirtiéndose en el deambular mismo de su recluso devenir, dejó escrito entre todos estos relatos uno que debo ensalzar por su colorido y ritmo apasionado: Kleis en Thun.
La naturaleza es como una sola gran caricia. ¡Qué alegre y doloroso puede ser aquello.
El personaje de Kleis proyecta la identidad singular de Robert Walser en cada uno de sus movimientos literarios durante su estancia en Thun. En este relato podemos observar cuales eran las preocupaciones y deseos del autor, sus hábitos para escribir, precedidos de paseos en los que lanza su alma hacia el panorama espléndido, sagrado y silencioso que se abría a sus pies. Cualquier pregunta que podamos hacernos sobre Walser será respondida por Kleist, inundado de contagiosa vitalidad. Ahora que el bosque se teñirá de blanco y perderá sus hojas, es una buena lectura para disfrutar. Se la cedo, pero no olviden las otras veinte restantes. No dejan de asombrar.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Los hermosos años del castigo de Fleur Jaeggy

He inhalado en estado puro el alma de Fleur Jaeggy y he sentido frescor y perplejidad. He sentido fascinación. He acariciado hoja por hoja lo abstracto y lo absoluto. Lo que pertenece eternamente a la piel. De la misma manera que entré en el instituto Benjamenta con Robert Walser, de esta misma manera, natural, poética, absoluta y en soledad, Fleur Jaeggy me ha cogido de la mano y me ha transportanarrado a Los hermosos años del castigo, los años de su infancia-adolescencia en el Bausler Institut, un internado femenino en Appenzell (Suiza), próximo a Herisau, muy cercano al manicomio en el que Robert Walser fue ingresado, allí donde dejó sus ultimas pisadas en la nieve tras un sempiterno paseo, roeado de prados y abetos, verdes y nevados. Hundidos en la inmortalidad. Con esta muerte nace la novela de la enigmática Fleur Jaeggy. Una escritora de la que nada sabía, una frágil Bartleby que nunca se deja fotografiar y que dedica su vida a la escritura en vez de a publicar, igual que Walser, igual que Melville, igual que aquellos escritores de pulsiones negativas, de nihilismo burgués, que nos atravesaron la epidermis haciendo un uso meramente decorativo con la palabra, como estetas copistas de la realidad. Ahora ya lo saben, esto es, otro Huracán en papel. Suyo es. Disfrútenlo. Jamás debería rozar el olvido. Suscita tránsito y alteridad.

“El aire era pesado, de convalecencia torpe. La inmovilidad de un escritorio en un rincón, los cajones cerrados, los tiradores de marfil, hacían pensar en un invisible escribiente, sin pluma ni papel, que dictaba sus cartas a la nada.”