HURACANES EN PAPEL™ - Reseñas literarias

Sólo me queda esperar la aparición de un Nuevo Tifón Literario de magnitud cinco como los producidos por Joyce, Proust o Kafka. Ese día llegará y mi búsqueda no habrá sido en vano. Huracanes en papel™ 2007-2016

lunes, 31 de mayo de 2010

Corona de flores de Javier Calvo

Javier Calvo es una de las grandes promesas de la literatura actual dentro del panorama narrativo español, nacido en 1973 y adscrito involuntariamente y sin mucha emoción a ese indefinido grupo de jóvenes escritores llamados Generación Nocilla o Luna Nueva. Un clan que cada día que pasa van más por libre, como obliga la buena literatura.

Su obra más valorada por la crítica ha sido Mundo maravilloso (2007), calificada como "grotesca posmoderna" y no hace mucho tradujo Árbol de humo de Denis Johnson, aquella que he comentado por aquí sobre la Guerra de Vietnam en la que las escenas de violencia recuerdo fueron espeluznantes, con un nivel de brutalidad sobrecogedor. Ahora, su nueva novela, se puede ver por todos los escaparates del libro y en las convulsas casetas de la feria del arte letrado.

Pues bien. Si les gusta el ambiente gótico no duden en cogerla pero tampoco se hagan muchas ilusiones. Llenará su mente de atmósferas lúgubres y tenebrosas y conocerán personajes que le helarán la sangre, como Menelaus Roca, anatomista, agorafóbico, fotobóbico y con un pasado de locura homicida que sacan de prisión para que colabore en la captura del Asesino de la Esperanza, un perverso destripador que está cometiendo crímenes atroces por toda la ciudad. Corre el Año del Señor, 1877. Las revelaciones espirituales brotan por la ciudad secreta como si fueran caras de Cristo en las paredes descascarilladas. Sucias calles pedregosas y encharcadas, huella de un estado aún medieval. Casas y edificios de puertas fastuosas pero que guardan pasadizos prohibidos y ocultos secretos por los que matar. Al leerla notarán un alto grado de crueldad. Encontrarán puntos muy interesantes en esta batalla de pseudociencias del crimen, la frenología, la hipótesis de la Araña Basal y la máquina Pseudorquidea para capturarla. También les ofrecerá la posibilidad de descubrir uno de los libros científicos de medicina más influyentes todos los tiempos, De humani corporis fabrica de Vesalio, con profusión de imágenes alegóricas sobre anatomía humana, algunas de las más perfectas xilografías jamás realizadas. La combinación de personajes, Almarrosa, Roca, Semproni de Paula, Max Téller, Blokium y Liberata es un favorable aliciente para leerla de tirón. El final, por su puesto, atroz y deforme. Muy amante de lo grotesco.

Corona de flores posee una narrativa limpia, moderna, rápida. Muy norteamericana. Fabricada con esa bizarra influencia de monstruosidad sobre el género humano que dejó escrito Denis Johnson, aunque ahora en un ambiente completamente distinto, la Barcelona grotesco victoriana de finales del siglo XIX. Sospecho que Javier Calvo sabe que para hablar de posmodernidad, como bien enseña el maestro Pynchon, hay que regresar a este siglo de anarquistas e invenciones descabelladas para instigar a las mentes al codiciado tránsito abisal. Seguiremos explorando.

“El sol no derrama su luz enferma sobre las aguas grises. Las gaviotas no sueltan sus chillidos malhumorados por encima de la Muralla del Mar. La tormenta ha convertido la calle de las Tapias en una marisma llena de remolinos traicioneros donde giran las ratas muertas.”



miércoles, 26 de mayo de 2010

Fuck America de Edgar Hilsenrath

Berlín. En la noche de los cristales rotos, del 9 al 10 de noviembre de 1938, Nathan Bronsky, judío y padre de familia, sufre de los nazis un demoledor linchamiento. A él le destrozan los huevos, violan a su mujer, prenden fuego a su casa, arrasan su negocio, confiscan sus bienes y bloquean su cuenta corriente. No les queda otra opción que escapar. La situación empeora por momentos y ya no queda tiempo. Esa misma mañana escribe al Cónsul General de los Estados Unidos de América para que les consiga visados de residencia en el plazo máximo de tres días para poder huir a América y éste le contesta ocho meses después diciéndole que deberán esperar mínimo trece años para la expatriación. Por lo menos hasta 1952. Cientos de miles de judíos en oleadas migratorias intentan llegar a Estados Unidos pero el sistema de cuotas de inmigración, sutilmente estudiado, busca desde hace veinte años el interés de un electorado marcadamente blanco, anglosajón y protestante. Su petición es inútil. América ya está harta de todos estos judíos bastardos que se apiñan en los puestos más altos de las universidades y Roosvelt en su política de interior no puede pasar por alto la tendencia antisemita de ciertas facciones de la burguesía americana poderosas en número ni resistir la presión de los aislacionistas y los antisemitas del Parlamento. El problema judío resulta demasiado engorroso. América les da la espalda y se desentiende. El tiempo pasa...

Nueva York, marzo de 1952. Finalmente la familia Bronsky consiguió los visados y emigró, pero ya sin brillo en los ojos. Con el alma perdida. Su hijo Jakob Bronsky rescató las cartas y ahora las lee en el Donald’s Pub de Times Square, un tugurio frecuentado por negros e inmigrantes. Él es un joven vagabundo, solitario, con cinco centavos en el bolsillo, sin trabajo, que siente la necesidad de escribir un libro, un best seller titulado El pajillero. Una novela basada en hechos reales, sobre los años de la guerra, con el fin de rellenar con la escritura ese agujero grande y negro que hay en su memoria. A partir de ahí le seguiremos continuamente los pasos, como si se tratara de un híbrido entre Charles Bukowsky y John Fante. Ambientes sórdidos frecuentados por putas y chaperos, pensiones de mala muerte plagadas de cucarachas, sus quebraderos de cabeza para trabajar de camarero, limpiaventanas, pasea-perros, lavaplatos o portero, siempre con míseros sueldos, trabajando para escribir y avanzar en su novela, a través de una vida austera, morosa y muchas duchas frias para calmar su polla, y así lograr escribir la última línea de El pajillero. Un testimonio sobre la Shoa, el gueto, la gran muerte, la desesperación y la esperanza.

Un libro sesgado contra la violencia y la barbarie, que nada dice en contra de la limpieza étnica que ahora comete Israel contra los palestinos invadidos, y dedicado especialmente a las nuevas generaciones de Alemania. Narrado con crudeza e ironía, atraviesa las capas más infrahumanas del underground americano para buscar, rebuscar y dar de una vez por todas con la clave del sinsentido. Destacan el negro enorme que orina en los baños del Donald's Pub y la psicóloga Mary Stone con la que podrá profundizar en la tragedia. El final es expectante y muy divertido. Hasta Max Brod, el descubridor de Kafka, jugará un papel fundamental en el desenlace. Todo muy risible, con párrafos salpicados de literatura pero falto de coherencia.

Fuck America es el cuarto libro editado por la Colección La Mujer Cíclope de Errata Naturae, que no sé si por error o adrede cometen una vistosa incorrección en la página 258 escribiendo "alún" en lugar de "algún". Paradojas de la literatura aparte, conocer a Jakob Bronsky, el Arturo Bandini del Holocausto, un poeta de alcantarilla que lucha por su buena vida, nos puede generar sensaciones disparatadas. A mi particularmente me ha sorprendido que este escritor deteste al Premio Nobel Kertész por considerarlo más un documentalista que un literato. Creo que Hilsenrath a sus 84 años no busca la verdad. Con este libro ha querido descubrir lo mal que se portó EEUU con los judíos con tono tendencioso y vengativo. Se declara judío, ateo y sionista, muy preocupado por la presencia de nazis en la Europa del este y Rusia, según él, por antiguos fascistas que pueden resurgir en cualquier momento. Sin embargo no muestra ningún tipo de interés por el genocidio palestino o la sistemática colonización que impera desde la sádica Israel con su Muro de la Vergüenza, como bien anuncian la mayor parte de los intelectuales, entre ellos, Noam Chomsky, Paul Auster, Jonathan Safran Foer, Saramago, Galeano, Jean Marie Le Clezio y un muy largo etcétera jasídico. Así que Fuck America, bien, pero por proteger a la Fuck Israel.

“Los americanos deberían haberlos salvado en 1939.”

domingo, 23 de mayo de 2010

Calle Katalin de Magda Szabó

Desconocía por completo la existencia de esta autora pero el título y la portada me atrajeron. Lo encontré curiosamente en la sección de novedades aunque fue escrito en 1969. El libro llevaba una interesante cinta dorada para anunciar que había sido galardonada con el Premio Cévennes a la mejor novela europea publicada en 2007, coincidiendo con el año de su muerte. Dicha condecoración la otorga el periódico francés Le Monde des Livres, por medio de diez librerías, coordinadas por Sauramps, la segunda librería independiente más grande de Francia, que escogen las once mejores novelas europeas del año, publicadas en el país galo, con la ayuda de un jurado compuesto por escritores y editores de renombre internacional para elegir la mejor de ellas. Ahora había sido traducida al castellano y noté nada más leer la primera página que mis manos sujetaban literatura de altura. Y así fue.

Magda Szabó escribe con una naturalidad exultante. Con poco lo dice todo y su poética sencillez narrativa seduce ya en la primera frase. Al relatar calca la claridad del alma de sus íntimos personajes, cargados de sentimientos, inmersos en concretos escenarios, en elegidas fechas del tiempo y con la memoria fiel a sólo algunos hechos de sus episodios vitales más valiosos.

Szabó fue disidente de un régimen comunista devastador que no le pudo hacer callar. Formaba parte de la élite intelectual húngara y empezó a publicar justo acabada la II Guerra Mundial. El telón de acero no tardó en caer y Szabó vio con dolor como los tanques soviets entraban en Budapest para invadirlo todo, lo que le hizo convertirse durante diez años en una Bartleby, limitándose a cumplir con sus obligaciones como profesora de Filosofía. Su obra, de dimensión europea, es portadora de valores de una civilización hoy amenazada. Muchos países europeos la están ahora rescatando. Se trata de una de las mejores novelistas en húngaro de la historia de su país. Equiparable a la prosa de Imre Kertész. Murió el 19 de noviembre de 2007, con 90 años.

Calle Katalin narra la historia de tres familias que viven en la misma calle de Budapest, rozando el Danubio. Con lo que les pase a estos vecinos desde 1934 hasta 1968 explorará los límites de la culpa colectiva, interesándose por el comportamiento de los habitantes de una calle de la capital magiar que interpretan, cada uno a su manera, la desaparición de una joven durante la guerra. Seremos testigos de la nostalgia de la infancia y el destino que corren las relaciones que nacen de esos años dorados hasta llegar a la vejez. Sabremos como el tiempo reordena los recuerdos y las angustias, como cambiarán sus juicios y su escala de valores. A ellos nadie nunca les advirtió que la separación de la juventud no resultaba alarmante por lo que les quitaba, sino por lo que les daba: ni sabiduría, ni serenidad, ni sobriedad o calma, sino la conciencia de la desintegración del todo. Una obra deslumbrate que ayuda a reflexionar sobre nuestro tiempo en la tierra, nuestras más fuertes relaciones y sobre el regreso a nuestro pasado idílico en caso de no haberlo nunca dañado... nuestra querida Calle Katalin. Adelante con ella.

“A cada ser humano le hes dado tener en la vida una sola persona a quien invocar en el instante de la muerte. ¡Traed a casa a Blanka! ”

lunes, 17 de mayo de 2010

La apuesta de John Boyne

No me convence nada este autor. Ya me pasó en El niño con el pijama de rayas. La escena final es memorable, no digo que no, pero su escritura me sigue pareciendo literatura insulsa. Es rancio. No le saca partido a las escenas. Sus personajes exhalan lasitud. La apuesta aparecía estos días por todos los rincones de las librerías y además de haberse convertido en un masivo éxito de ventas en Inglaterra, pertenecía a la serie Quick Reads, una iniciativa interesante lanzada con el fin de fomentar el hábito de lectura entre los adultos. Creí que la trama sería inquietante, por lo menos. Pues bien. ¡Que equivocado estaba! Me he aburrido hasta el tedio más soporífero. No es mi caso, pero si yo fuese uno de esos adultos que necesitan relatos señuelo para sucumbir a la fuerza que emana de la literatura, con esta obra saldría corriendo y despavorido, lo mismo que Andy en su apuesta con Sarah, y sufriendo un accidente peor, el coma de la sinlectura por mucho tiempo.

Déjenme entonces que por sensatez les haga una recomendación. Aléjense de Boyne. Corran hacia Roberto Bolaño, Paul Auster si hace falta, Cesar Aira, Philip Roth, hay decenas de escritores soberbios, y si buscan algo que les acongoje de verdad, asistan a La muerte de Iván Ilich o disfruten con El paseo de Robert Walser, pero... de verdad, alénjese de Boyne.

viernes, 14 de mayo de 2010

Contraluz de Thomas Pynchon

El viernes pasado, nada más entrar en la librería... ¡zambombazo que va!, me llevé esta erudita sopresa. Lo nuevo de Thomas Pynchon por fin traducido. La cogí inmediatamente. Pesaba como la cabeza de un muerto. Salí pitando con ella, sin pensármelo. Y me encerré en su amplia literatura. Le robé al día todas las horas que tuve. Puedo decir que he sido abducido por esta espectacular superproducción literaria sobre la electrizante aventura modernista del fin del siglo XIX. Una obra severamente ambiciosa y sofisticada, dotada de humor y versátiles extravagancias. Así que vamos por partes porque aquí, hay mucho de qué hablar. De momento les adelanto que he quedado totalmente fascinado con la lectura. Una lectura intensa, maratoniana. 1337 páginas. A unos 2 min./página de media deberán dedicar aproximadamente unas 44,5 horas para leerla. Yo lo he conseguido en 7 días, con un largo fin de semana de cobertura. La trama te lleva rápidamente hasta la página 800, casi sin darte cuenta. Del final hablaré luego, porque es su punto crítico. La diversidad de temáticas puestas en escena, ficción, ciencia, matemáticas, política, filosofía, física, psicología e historia, te envuelven en esa particular atmósfera pynchonesca hacia una aventura a contraluz que busca la quintaesencia del espacio-tiempo y que codicia sobretodo traspasar los umbrales del Tránsito Nanotemporal bajo el dominio de la luz. Se trata de una ficción que conjuga ciencia, fantasía, misterio y metafísica. Nos encontramos ante la sexta novela de Thomas Pynchon, tras cuarenta años de excelsa escritura. Literatura que no se nos puede escapar por su envergadura experimental y su cientificismo apocalíptico.

Fue publicada en EEUU hace cuatro años. En 2006. No quiero ni pensar el tiempo que le ha debido llevar escribirla. Antes de este trabajo publicó en 1997 su ópera magna Mason & Dixon cosechando todo tipo de elogios. Justo este sábado, el 8 de mayo, Thomas Pynchon ha cumplido 73 años. Por supuesto es otro de los fuertes candidatos a Premio Nobel de Literatura, todos los años. ¿Se adelantará a Philip Roth? Lo sabremos.

Bien. Antes de meternos en los rife rafes de la novela hay que prestar atención a esta primera frase que encabeza la obra. Es todo un acierto. Es una cita del Gran Thelenious Monk, tal vez cuando ya estaba en su fase más excéntrica:

Siempre es de noche, si no, no necesitaríamos luz.”

Contraluz arranca con energía, con luz, con mucho movimiento. La macronovela está dividida en cuatro partes: La luz sobre las cumbres, Espato de Islandia, Bilocaciones y Rue du Départ. Los Chicos del Azar o también llamados los Vagabundos del Vacío pilotan un dirigible, el Inconvenience, hacia la Exposición Mundial Colombiana de Chicago, la Ciudad Blanca. Estamos en 1893. Con ellos va un perro llamado Pugnax que lee durante el trayecto La princesa Casamassima de Henry James. Ambientación total. Todo está en funcionamiento, anemómetro, flechastes, obenques, para que la envoltura elipsoidal avance a 1 milla/min por encima de las cabezas de las personas que lo miran asombradas, como si fuera el Globo Ocular de la sociedad, siempre vigilante desde las alturas. Al poco de llegar a Chicago empiezan a aparecer personajes que nunca abandonarán la novela, como el fotógrafo Merle Rideout, pillado in fraganti haciendo fotos a una joven desnuda, Chevrolette McAdoo. El profesor Heino Vanderjuice, Re Ipso, Foley Walker, un malo malísimo capitalista y magnate llamado Scarsdale Vibe y lo dejo aquí porque la lista es cosiderablemente amplia. A los que más deben vigilar son a toda la tripulación del Inconvenience, Lew, Kit y Dally. Con ellos se cierra la elipsis.

Lo meritorio de esta voluminosa novela reside en la labor de ambientación para mostrarnos la opulencia de inventos y ciencia que se vivía en aquella modernista época: Nikola Tesla, Rienmann, Hamilton, Herman Minkowski, Oliver Heaveside, el Walt Whitman de la física, Edison, Michelson-Morley y un larguísimo etcétera. Y cuando digo que es una superproducción me amparo en la espectacular acumulación de objetos de época, anécdotas, literatura, personajes, experimentos y las diversas filosofías que se evocaban en esos años donde reinaba el esoterismo, los mediums, la magia de los escapistas como Houdini, los trucos con espejos y terciopelo negro, para intentar demostrar, que allí, en ese espacio ignoto y misterioso llamado la Cuarta Dimensión, nos esperaba otra nueva extensión de la mente, la Shambhala del misticismo tibetano. Pero como les digo hay mucho, muchísimo, temas de gran calado, como la agitación del sindicalismo anarquista, incluídos los altercados ocurridos en Cataluña. Se cita Cádiz y el estrecho de Gibraltar, los dinamiteros que abren el terreno para el ferrocarril, los atentados contra las monarquías europeas, el ragtime, los tommyknockers, ¿sigo? Mejor lo dejamos aquí. Únicamente dejo anotada una última apreciación. El final. Elíptico y apocalíptico. Es interesante, pero, no consigue la genialidad estructural que nos aportó con Mason & Dixon. Si bien despierta nuestro interés por temas como la bilocación, los Cuaternionistas, el espacio euclidiano o la dispensación automórfica, el reto se queda incompleto en un viaje que seduce y será por mucho tiempo inolvidable. Durante la lectura será muy útil que os hagáis con Espato de Islandia para disfrutar y entender todo lo que hay detrás de la simbología pynchoniana de esta pieza lumínica que resplandecerá con ímpetu y a contraluz en la literatura de nuestro siglo XXI. Pongo el mineral a vuestra disposición. Apreciaréis el tránsito de la luz. Este año está arrancando con fuerza. Siento que la literatura avanza. Disfrútenlo. Pronto llegará traducida su nueva obra Inherent vice. Les dejo un párrafo pynchonesco muy jugoso de este magistral alumno de Nabokov:

“Somos luz, ¿sabe?, nada más que luz: somos la luz que se les ofrece a los bateadores de críquet al final del día, los ojos brillantes del amado, el resplandor de la cerilla de seguridad en la ventana del edificio alto, las estrellas y nebulosas en plena gloria nocturna, la luna creciente a través de los cables del tranvía, la lámpara de nafta brillando sobre la carretilla del vendedor ambulante... Cuando perdimos nuestro ser etéreo y nos encarnamos, nos ralentizamos, espesamos y congelamos en... -se agarró ambos lados de la cara y los agitó-..., en esto. El alma misma es un recuerdo que conservamos de los tiempos en que nos desplazábamos a la velocidad de la luz y con su densidad. La primera etapa de nuestra Disciplina aquí consiste en aprender cómo se recupera esa rarefacción, esa condición luminosa, para ser de nuevo capaces de ir a donde deseemos, a través de los cuernos de linterna, a través del cristal y, con el tiempo, aunque corramos el riesgo de partirnos por la mitad, a través del espato de Islandia, que es una expresión en cristal de la velocidad de la Tierra mientras corre por el Éter, alterando las dimensiones y creando una refracción doble... -Se detuvo ante la puerta-. Coma algo, es usted un buen chico.”

viernes, 7 de mayo de 2010

Bilbao - New York - Bilbao de Kirmen Uribe

Literatura de microrrelatos ensamblados hacia la novela collage con el fin de mostrar el declive del mar. El experimento literario de Kirmen Uribe deja salitre en la piel. Moja. Despierta nuestra alma adormecida con su metáfora poética y su afán de universalidad. Desnuda al relato y lo vuelve a vestir de funcionalidad. Investiga el detalle, estudia la forma y construye un contexto total. Un escenario de tesoros ocultos que nos llegan desde la familia, la geografía, la historia y la sociedad.

El inicio es muy potente. Es arrollador. Adictivo. La triple analogía de los anillos del árbol, con los anillos de las escamas de los peces, y la huella de la pérdida en las personas, muestra una sensibilidad fuera de lo común. Al finalizar el primer capítulo volví a mirar la portada y todos los elementos mostrados, la playa desierta, la barca Dos amigos, los fuertes contrastes del color y la fuga del avión, me salpicaron con una intensidad superior. Me envolvía Bilbao. Aurelio Arteta, Ricardo Bastida, los hermanos Zubiaurre, Guiard, Darío de Regollos, las lanchas boniteras, Gernika, Picasso y el cormorán. Un paisaje poético y muchas tragedias para rememorar, mientras caminamos hacia delante. Mientras decimos adiós y nos encontramos con los obsequios del presente.

Bilbao - New York - Bilbao
deja una presencia única en la narrativa española por la belleza y singularidad del latido euskera, por la materna fuerza de sus sentimientos, por el cariño a sus ancestros. Es una novela de fracciones, de contrastes, de idas y venidas, de saltos y reposos, pero sobretodo de la defensa de una identidad en construcción. El hombre y su mar. Maite maite literatura. Maite maite.

“Vuestra lengua parece el mapa del tesoro. [...] Si desenfocas el resto de las letras y percibes sólo la x parece como si te guiaran por la ruta del tesoro.”

miércoles, 5 de mayo de 2010

La historia siguiente de Cees Nooteboom

Otro de los posibles candidatos al Premio Nobel de Literatura. Cees Nooteboom es un escritor neerlandés que derrama en su novela un fuerte sentimiento europeísta y cosmopolita. Siente un fuerte amor por España, por la cultura hispánica y por las lenguas muertas, el latín y el griego. Ha sido traductor de varios idiomas y ha recorrido la mayor parte de Europa en autostop. Su literatura atesora un criterio filosófico y profundo muy cercano a la sabiduría clásica y mitológica. Nos somete a temas imprescindibles para recuperar el alma, entre ellos, la muerte, la metamorfosis, la simultaneidad o la transitoriedad del ser.

La historia siguiente irrumpe en la habitación de un hotel de Lisboa. Herman Mussert, un profesor neerlandés de lenguas muertas, se despierta y siente un extraño escalofrío por la posibilidad de ser otro e incluso por la hilarante posibilidad de estar muerto. La noche anterior se había acostado en su tranquilo apartamento de Amsterdam. Tal vez ese hombre se está muriendo, lo que da pie a que el hombre de Lisboa cuente la historia de su vida y la de dos mujeres que fueron importantes en ella.

“Los dioses pueden transformarse a sí mismos, los hombres sólo pueden ser transformados.”

La novela nos envuelve en la nómada vida de Herman Mussert que siente su contemporaneidad salpicada con las sabias y clásica gotas del mundo grecolatino. Reflexiona su existencia desdoblada en base a las pistas que Ovidio dejó en su libro Metamorfosis, en base a la doctrina de la armonía de Pitágoras o a los pensamientos que nos llegaron de Sócrates. Descubre una atracción hacia la muerte entendida como cavilación catártica hacia la metamorfosis existencialista. Lo que la noche anterior era miedo ahora es emoción.

“El destino pertenecía a profetas ciegos, oráculos y coros que anunciaban la muerte; no pertenecía al jadeo junto al frigorífico, al manejo torpe de condones, esperar en una Holanda a la vuelta de la esquina y citas clandestinas en un hotel de Lisboa.”

La virtud de esta lectura se reduce en la posibilidad de permutar y transitar por un mundo de meditaciones y de transformaciones invisibles, o como dijo Nabokov, de sentir las incomparables punzadas de las misteriosas maniobras mentales necesarias para pasar de un estado a otro. La posibilidad de pensar en la inmortalidad aunque sólo sea un instante. Esta novela toca y contagia un espíritu revitalizante. Tomen. Observen la vida desde esta barandilla.

martes, 4 de mayo de 2010

Homer y Langley de E.L.Doctorow

Interesante novela sobre el Síndrome Collyer sin un sólo ápice de moralidad. El laureado y uno de los posibles candidatos a Premio Nobel de Literatura, Edgard Lawrence Doctorow, revisa a sus 78 años la historia de un mito en Nueva York. Cuando él era adolescente encontraron los cadáveres de los hermanos Collyer en su mansión de la Quinta Avenida. En cuestión de horas se convirtieron en leyenda, en seres mitológicos. ¿Se trataba sólo de unos seres excéntricos que coleccionaban basura? No. El caso escondía un tipo de secreto mayor. Una crítica social. Se habían apeado de todo. En realidad fue una forma de emigrar, de huir. Procedían de una familia adinerada, con todas las ventajas, pero decidieron cerrar las puertas y ventanas de su mansión, como dos personajes de una historia de Poe, convertida ahora en el centro de un círculo de hostilidad hacia el ondulante exterior de sus vecinos los acreedores, la prensa, la municipalidad, y, por último, el futuro.

Hacinados desde el suelo hasta el techo con imponentes montañas de periódicos, cajas, maletas, un total de catorce pianos, media docena de juguetes de tren, lámparas de arañas, rollos de alfombras, un chasis de automóvil Modelo T y más de cien toneladas de basura, desde órganos humanos hasta munición de artillería pesada sin utilizar. Homer y Langley pasan gran parte de su vida como anacoretas, habitando en un reino sofocante delimitado por los muros de su casa, un inframundo hundido en la inmensa macrópolis de Nueva York. Objetos y deshechos recogidos desde una conducta obsesivo-compulsiva que concluyó en un trágico Síndrome de Diógenes, los cadáveres de los hermanos Collyer fueron encontrados por la policía, en su casa, infestada de ratas. Murieron de inanición y varias enfermedades.

21 de marzo de 1947, la policía entra en la mansión de los Collyer

La pregunta que nos persigue durante toda la lectura es, ¿cómo dos vástagos de una de las más antiguas familias de Nueva York llegaron a un final tan triste y ridículo? Esta historia ha fascinado a los escritores durante años. En 1954, Marcia Davenport la noveló en The Brother's Keeper, y en 2000, Richard Greenberg le siguió con The Dazzle. Ninguna de ellas publicadas en España. La leyenda nos llega ahora literaturizada por Doctorow, con su mezcla patentada de realidad y ficción, sin ningún tipo de resonancia moral, al contrario que hubiera sucedido en manos de Poe. Es simplemente una historia deprimente de dos confinados que se retiraron de la vida para presidir su propio reino de los escombros.

El registro de la policía dentro de la mansión de los Collyer

Doctorow va poco a poco narrando los sucesos más importantes que se producen en la familia Collyer. Langley, el mayor, sufrió un ataque con gas mostaza durante la I Guerra Mundial y regresó a su casa herido y posiblemente loco. Su hermano, Homer, quien narra la historia, se quedó ciego cuando era adolescente pero se convirtió en un experto pianista y disfrutó de la atención de muchas mujeres con las que se sentía un seductor impotente.

Langley Collyer

Los padres murieron durante la gran epidemia de gripe de 1918, y tras el regreso de Langley, los hermanos establecieron juntos la limpieza de la casa y durante mucho tiempo mantuvieron un compromiso con el mundo. Homer tiene un romance con Julia, una sirviente de la casa; Langley tiene un corto matrimonio con una mujer tempestuosa. Homer vincula sus platónicas emociones hacia Mary Elizabeth Riordan, que trabaja como su asistente en un cine mudo cuando él es contratado para que toque el piano. Visitan tabernas, discotecas y clubs, donde conocerán a Vincent el Gánster.

Langley se vuelve cada vez más excéntrico, alzando su tedio en su Teoría de los Reemplazos, una hipótesis cínica que sostiene que "todo en la vida se ha sustituido": que los niños son el reemplazo de sus padres, y que las nuevas generaciones de genios, los jugadores de béisbol y los héroes son sustitución de las generaciones anteriores de genios. Langley crea su propio proyecto para que pueda crear una Collyer edición de todos los tiempos, un periódico quijotesco de uso general donde se resumen todas las variedades de la experiencia humana en un conjunto de historias.

Los sucesos nos van dando diversas pistas sobre la personalidad de cada hermano. Montan en su gran salón una pista de baile cobrando entrada a sus vecinos. Homer descubre que las personas que acuden se sientan en las sillas cuando suena música rápida y alegre. Descubre con su virtuoso oído que van allí para abrazarse e ir a la deriva por el salón. Arrastran los pies con un sonido sinuoso y soñoliento. Emitían un extraño sonido ultraterreno.

Dirigiéndose directamente a nosotros en una voz un poco melancólica, Homer se convierte en un narrador bastante atractivo, que cuenta su vida de una manera muy conmovedora, ya que dibuja un retrato de las personas que entran y salen de su vida como un desfile que está pasando delante de nuestros ojos: la encantadora María Elizabeth, que deja de asistir a una universidad católica junior para servir en las misiones de paises subdesarrollados; Harold Robileaux, el nieto de su cocinera y un cornetista con talento, que va a la guerra y nunca regresa, y el Sr. y la Sra. Hoshiyama, una pareja de japoneses, tranquila y laboriosa que se dedican al cuidado de la casa Collyer hasta que son arrestados por el FBI y enviados a un campo de concentración a raíz de Pearl Harbor.

Los hermanos Collyer mantienen entre ellos una dependencia que nos puede recordar perfectamente la relación de Hamm y Clov, los personajes que están igualmente aislados en la casa tablero de Fin de partida de Samuel Beckett. Una tragedia similar. El mismo ambiente antisocial y un estilo de vida que raya lo absurdo.

Langley deja de pagar las facturas y pronto entra en guerra con la ciudad y con la compañía de electricidad y agua, que terminan por apagar el suministro. La prensa empieza a hacer artículos sobre los hermanos, y a escribir sobre la decadencia de unos ciudadanos y la caída de una familia de buena reputación.

En su afán compulsivo Langley continua día tras día con su mastodóntico proyecto: enumerar y archivar artículos por categorías: invasiones, guerras, matanzas, accidentes de automóvil, tren y avión, escándalos amorosos, escándalos religiosos, robos, asesinatos, linchamientos, violaciones, tropelías políticas con un subapartado para las elecciones amañadas, fechorías policiales, vendettas entre bandas, huelgas, incendios en casas de vecindad, juicios civiles, juicios penales, etcétera, etcétera. Una categoría aparte incluía las catástrofes naturales, tales como las epidemias, los terremotos y los huracanes. Todo ello para recopilar suficientes datos estadísticos para reducir sus hallazgos a las clases de sucesos que eran. Después llevaría a cabo más comparaciones estadísticas hasta establecer el orden de las plantillas, que le permitiría saber que artículos debían ir en primera plana, cuales en segunda página, y así sucesivamente. Por cinco centavos el lector dispondría de un retrato en letra impresa de nuestra vida en el planeta. Un proyecto absurdo y descabellado que le generaba grandes expectativas y le mantenía el ánimo en el punto que a él le gustaba, sin más finalidad que sistematizar su propia visión lúgubre de la vida.

Y mientras tanto, las cosas en su casa parecen multiplicarse. Corredores de fardos de periódicos, montones de equipos, artículos de colección y de chatarra: las tripas de los pianos, motores envueltos con cables, cajas de herramientas, pinturas, piezas de carrocería, neumáticos, sillas apiladas, mesas sobre mesas, cabeceras de cama, barriles, pilas de libros derrumbados, lámparas antiguas, montones de ropa y alfombras enrolladas.

El caso se hizo en pocas horas una leyenda en Nueva York

Después de sólo seis horas de atravesar angostísimos pasadizos a través de todo tipo de objetos inimaginables, se tuvo la inmensa suerte de localizar el cuerpo sin vida de uno de los hermanos, Homer, sentado en una silla. Efectivamente fue suerte encontrar en sólo seis horas el cuerpo de Homer porque a pesar de que decenas de bomberos y policías trabajaron a destajo, no se pudo encontrar el cuerpo del otro hermano, Langley, hasta 18 días después (8 de abril de 1947). Hubo para ello que remover y retirar 136 toneladas de material diverso. Lo curioso de todo es que el cadáver del segundo hermano apareció a escasos metros del primero, lo que da una idea del infierno en que se había convertido aquella casa.

La silla en la que encontraron muerto a Homer Collyer

El cadáver del segundo hermano apareció en gran parte comido por las ratas y bajo una cantidad ingente de miles de libros, periódicos y otros objetos de todo tipo. Falleció aplastado por un derrumbe mientras intentaba acceder al rincón de la casa en donde se hallaba su hermano Homer para darle de comer pues éste era paralítico además de ciego. Nunca llegó pues murió aplastado por el camino. Su hermano Homer, como la autopsia posterior reveló, falleció de hambre y sed en una lenta e interminable agonía.

Como ven, una novela muy interesante que trastoca una vez más la historia de EEUU. Aunque la descripción de las excentricidades es leve y poco satisfactoria, puesto que no ahonda mucho en los motivos que les lleva a este calabozo antisocial, el relato nos presenta un bosquejo de este macabro caso inclinado hacia la crítica social y en sintonía con los esbozos que Don Delillo realizó en Submundo para ofrecernos una nueva visión de la sociedad norteamericana, desde el inframundo. Al terminar la lectura sentirán un fuerte deseo de emprender la interpretación de este inolvidable mito urbano. Yo les incito a que lo lean e incluso les hago un préstamo. Disfruten.

“Debemos plantar cara al mundo: no somos libres si es a costa del sufrimiento ajeno.”

lunes, 3 de mayo de 2010

Moderato cantabile de Marguerite Duras

Literatura introspectiva con el tempo de la nouveau roman. Esta es la historia de una fascinación que transcurre en diez días. Anne Desbaresdes acompaña a clases de piano a su hijo para que sea instruido por la estricta profesora Giraud. La partitura es una sonatina de Diabelli que debe tocarse en Moderato cantabile, un ritmo moderado y cantante, como si se tratara de una canción para dormirse. Y este será el continuo compás del que pretende huir la novela con un lirismo poético. La sobriedad y continencia de esta pieza pronto nos hará entender que está en total sintonía con el mundo de deseos ocultos, represión y tedio en el que vive Anne, una rica mujer llena de hastíos que está inmersa en una lluviosa ciudad de provincias, como una moderna mademe Bovary.

Un hecho insólito cambiará por completo su vida. En la calle un gentío se agolpa en la puerta de un café. Llega una furgoneta negra. Es la policía. Anne baja a ver lo que sucede. Han matado a una mujer que yace en el suelo inerte. Un hombre, aferrado a sus hombros, la llama calmadamente Amor mío. Amor mío. Es su amante y asesino. La besa afligido en sus labios que emanan hilos de sangre. El signo de la pasión más verdadera.

Este accidente generará en la protagonista una fascinación absoluta que le subyuga a ahondar en sus anhelos y fantasías más escondidos. Al día siguiente entra en el café para conocer más detalles de la historia entre esos dos amantes y allí conocerá a un interesante hombre. Chauvin. La seducción y el sentido de vivir con libertad se desprenden poco a poco del decoro moderato cantabile que gobernaba su anterior vida.

Atrapados en este giro inusitado ya no podrán dejar la lectura hasta conocer el cautivador desenlace. Y en cuanto a la autora, a muchos de ustedes les sonará por un libro muy famoso que llegó a ser un éxito mundial y que consiguió el Premio Goncourt en 1984: El amante. Es una escritora que no podemos perdernos. Marguerite Duras nació en Saigón, Vietnam. Fue novelista, guionista y directora de cine francesa. Pasó su infancia y adolescencia en la Indochina Francesa. Al volver a Francia estudió Derecho, Matemáticas y Ciencias Políticas. Estuvo siempre muy cercana desde sus letras a la literatura de Stendal, Flaubert, Virginia Woolf, Kafka o de franceses como Sartre o Camus. Se interesó por la exploración de los flujos de conciencia y evitó hacer descripciones de cualquiera de sus personajes para profundizar en el verdadero magma de su psicología. Al igual que Beckett destaca en la severidad y el minimalismo de su estructura narrativa. El efecto final de esta obra es imponente. De fondo quedan el Boulevard marítimo, las magnolias, el sonido de la sirena, los melancólicos pasos de Anne Desbaresdes y la atrayente excepción a la regla. Otro Huracán en papel que les incitará a un enigmático tránsito. Sopesen y exploren, amantes de la Literatura de Altura.